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Hoy es tiempo y este es lugar

Summary:

—¿Me vas a seguir llamando sunbae?

—¿Eh?

—Así no nos van a creer —dijo Till, tocándole el brazo en una caricia coqueta. Ivan sintió que se le levantaba el pelo en todo el cuerpo—. ¿No deberías usar algo más personal?

—¿Como qué?

Un día, Ivan descubre por medio de un reel de Instagram que tiene una relación con Till. Sus agencias y la producción les piden fingirla para conseguir más audiencia y aprovechar el furor que causan juntos. Sin otra opción, ambos aceptan, el único tema es que, ¿a veces pareciera que no es tan de mentira?

Notes:

Todos mis planes para la tiiv week valieron chorizo porque tuve una semana pesadísima y además no me gustó el final original de este fanfic, y eso siempre significa que va a terminar mucho más largo de lo que esperaba, así que decidí trabajarlo con calma y subirlo tarde. Ni modo, pipipi 0(-(

En fin, espero les guste! ✨

(Letra: Los Calientes de Babasonicos)

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Si no te apreciara tanto
te daría un beso que te haría temblar.
Como yo te quiero mucho
te lo voy a dar igual…

—¡Ivan!

Ivan alzó la mirada de su teléfono, buscando a Mizi entre la gente del comedor. La vio correr hacia él entusiasmada, parecía que algo bueno había pasado porque llevaba una sonrisa enorme en el rostro.

—¡Felicidades! —dijo cuando llegó hasta él y lo rodeó con los brazos.

—¡Gracias! —respondió, abrazándola de vuelta—. ¿Qué festejamos?

—No te hagas —su expresión cambió a un puchero. Casi le gana una sonrisa cuando le dio un manotazo en el hombro—. ¿Por qué no me dijiste?

—No tengo idea de qué hablas.

—¿Sobre Till-sunbae? —insistió, como si fuera súper obvio. Luego le dio un pellizco, haciendo un gesto de disgusto—. Y me tuve que enterar por un reel en Insta. Qué malo eres.

—¿Qué sobre sunbae?

Mizi rodó los ojos, sacó su teléfono y le mostró la pantalla, era un clip de un programa de chismes de la farándula. En el vídeo hablaban sobre la nueva parejita a la que atraparon en medio de una cita en un bar del centro de la ciudad. Las imágenes del lugar se le hicieron familiares, tardó un momento en darse cuenta de que era ese bar tan popular donde los invitaron a un festejo hace poco. El bar le pertenecía a un empresario famoso, quien organizaba fiestas exclusivas y prestaba su espacio para las reuniones que tenían las celebridades, era el tipo de lugar que Till odiaba y donde Ivan sabía que sucedían las conversaciones más huecas.

Sin querer se perdió en el recuerdo de esa noche de hace unas semanas, cuando Till lo invitó a irse pronto para ir a cenar. Le preguntó si podía acompañarlo a fumar afuera, pero hablaron unos minutos a un costado del edificio y entre la plática terminó convenciéndolo de ir a un lugar de comida corrida, donde lo conocían por su nombre, no como Till el actor estrella, sino Till el hijo de Io. Fue una cena increíble, pero lo mejor fue que caminaron juntos hasta su casa y se quedaron dormidos mientras miraban un programa de variedades.

Se preguntó qué tenía que ver la noticia con él, hasta que escuchó su nombre y el de Till, fuerte y claro. Reaccionó, mirando bien el vídeo que mostraban, su propia espalda cubría el cuerpo de su sunbae mientras hablaban afuera del edificio. El cigarro apagado que entretuvo Till todo el tiempo estaba censurado de la forma más absurda, la imagen granulada por la pobre iluminación de las lámparas led, se apreciaba muy poco de su rostro, pero podría reconocerlo con un simple pixel.

—… ¿Ah?

En el vídeo Till le acomodaba un trozo del cabello, lo miraba con una sonrisa y en el siguiente instante Ivan se acercaba, de modo que la imagen congelada al final lucía como si le hubiera dado un beso. Las palabras de los comentaristas recién se registraron en su mente: relataban la premisa de una relación confirmada, no sólo por las imágenes sino por sus agencias y el equipo de producción.

—¡¿Qué?!

—No me dijiste nada —reclamó Mizi, sacudiéndolo por el brazo—. Pensé que éramos amiguis.

Antes de que Ivan pudiera responder, alguien le tocó el hombro. Sintió el estómago en el piso cuando volteó y vio quién era, a Mizi se le iluminó el rostro y repitió, emocionada:

—¡Sunbae, felicidades!

—Gracias, Mizi —respondió Till, con una sonrisa tranquila. Quién sabe si era fingida o no, pero se imaginó lo peor—. ¿Te puedo robar a Ivan un momento?

Su amiga asintió de inmediato, dándole palmaditas en el brazo para animarlo a ir con él. Ivan quería rogarle que no lo dejara solo, pero sabía que no tenía manera de evitar la incómoda conversación que tendrían. Así que se dejó tomar la mano y lo siguió en silencio. El recuerdo del pasillo era borroso, pero podía rebobinar el sonido de la puerta cerrándose con un clic detrás de ellos y el rechinido de la silla cuando le ofreció el único asiento disponible.

Negó, pero debía verse muy afectado, porque Till suspiró y le puso una mano firme en el hombro. Ivan acató la orden, guardando las manos dentro de las mangas de su suéter, agradecido de que mantuviera el contacto durante toda la junta.

A él todo le sonó a estática, puras palabras que no le hacían sentido hasta que la voz de Till irrumpió en la sala. Sonaba cansado, algo irritado, pero escucharlo igual lo ancló a la tierra.

—¿Y no se les ocurrió consultarnos primero?

—Sabíamos que iban a decir que no.

Un suspiro pesado e Ivan comenzó a procesar lo poco que escuchó en medio de su trance: una "estrategia de marketing", usar los rumores de un romance apasionado, una revelación seguida de aceptación para demostrar que el equipo y la empresa estaban comprometidos con la comunidad y, por supuesto, para colgarse del revuelo que acababan de provocar.

Revelar una relación con Till, una que no existía pero que no podía negar porque su agencia ya había dado un comunicado oficial confirmándola. No entendía cómo es que convencieron a su agencia de hacer algo así, al otro lado de la oficina su manager lucía igual de confundido que él. Habría apreciado que por lo menos se lo mencionaran antes, no enterarse por medio de un reel de Instagram en medio del comedor de la empresa. Se preguntó si Till también se enteró así, si es que estaba más enojado con ellos o con él por no saber mantener su distancia personal, por haber provocado esos rumores.

Ivan quiso que la tierra se lo tragara vivo.

Después de un momento de tensión, Till volvió a hablar.

—Malditos mañosos —refunfuñó, quitando la mano de su hombro para frotarse la cara, como si le hubiera caído el peso del mundo encima—. Okay, está bien.

Ivan se giró a mirarlo con los ojos bien abiertos.

—¿Sunbae?

Él no dejó de mirar hacia el frente, pero vovió a ponerle la mano en el hombro y eso fue suficiente para clavarlo a su lugar.

—¡Genial! Hicimos una agenda …

El resto de la reunión se la pasó concentrado en los dedos que le hacían figuras sobre el suéter, en la vibración de su voz cuando discutía algún detalle, en la calidez de su palma que se quedaba como ahí un fantasma cada que retiraba la mano para hacer un gesto o cuando la trasladaba más cerca de su cuello para acariciarle el cabello.

No supo qué hacer ni qué decir hasta que todos se dispersaron y ambos se quedaron solos en el pasillo.

—Qué malo eres, sunbae —reclamó, su tono leve—. No me dejaste decir nada.

—¿Ibas a decir que no? —sus miradas se encontraron, una pequeña sonrisa le alzaba los labios—. No nos dejaron opción de todas maneras.

—Pudimos decir que esto no es parte de nuestro contrato —dijo Ivan, observando la línea de sus cejas arquearse. Nervioso, continuó—: Nadie nos va a pagar extra por esto, creo que pudimos exigir una compensación...

—¿Necesitas que te paguen por esto?

Si Ivan fuera un poco más iluso, un poco más ingenuo, habría creído que le estaba preguntando si necesitaba que le pagaran para estar con él. Quiso decirle la verdad: que lo amaba como nunca había amado a nadie y que se estaba muriendo por dentro porque sentía que esa era la única manera en la que le haría caso. Quería decirle que lo adoraba, que pensaba en él cada segundo del día, que no quería a nadie más que a él.

Como no podía decir nada de eso, se tragó el sentimiento en la garganta y negó.

—No, sunbae —dijo, bajando la mirada para que no notara lo difícil que le era no arrodillarse a rogarle que fuera real, que lo quisiera como él lo quería desde que lo conoció. Se mojó los labios—. Sólo no me parece justo que lo hayan decidido por nosotros.

—Mm, sí. Tampoco me gusta eso.

No supo qué más decir, así que se quedó callado. Justo cuando estaba considerando inventarse una excusa para irse, Till hizo un sonido pensativo y se recargó en la pared, tomándole el brazo para acercarlo como cuando platicaban en sus ratos libres.

—¿Me vas a seguir llamando sunbae?

—¿Eh?

—Así no nos van a creer —dijo Till, tocándole el brazo en una caricia coqueta. Ivan sintió que se le levantaba el pelo en todo el cuerpo—. ¿No deberías usar algo más personal?

—¿Como qué?

—No sé —se alzó de hombros, mirándolo con una sonrisa burlona—. ¿Cómo sueles llamar a tus chicos?

Ivan sintió un sonrojo subirle por todo el rostro.

—Sunbae…

Él sólo se rio ligero.

Antes de trabajar en Alien Stage, y contrario a lo que la agencia mostraba de él, Ivan tenía un historial de relaciones bastante amplio: idols, modelos, actores, staff y también uno que otro productor. Todo detrás de escenas, a escondidas de su propia agencia y violando su contrato a sabiendas de las consecuencias. Su mánager estaba harto de encontrarlo a media besuqueada con su amiguito de turno cuando se suponía que debía de estar grabando un vlog para el canal del grupo, o leyendo el guion para el programa que estaría conduciendo en un rato.

Era un secreto a voces en el medio que Ivan pasaba de brazos en brazos, pero que hasta Till lo supiera era mortificante.

—¿Cómo te gusta llamarlos? ¿Mm?

—No sé de qué hablas —mintió, tapándose la mitad de la cara con el reverso de la mano. De pronto sintió su brazo cerrar la distancia hasta su cintura y jadeó de sorpresa cuando lo hizo pegarse más—. Sunbae…

—Hyung.

Ivan parpadeó, y luego entendió a lo que se refería. Asintió.

—Deja de burlarte de mí, hyung.

—No aguantas nada —dijo Till en medio de una risa que lo hipnotizó.

Verlo de tan buen humor lo puso contento, por lo menos no lo odiaba por lo que estaba pasando. Sintió que algo de la tensión en sus hombros desaparecía y rio con él.

Salir con Till, aunque fuera de mentira, era un sueño: al inicio creyó que las cosas serían incómodas, que su relación iría en picada y que sentiría resentimiento en su mirada cada que estuvieran juntos; pero quizás Till de verdad era tan buen actor en la vida real como en sus grabaciones, porque cada que lo saludaba con un beso y le acariciaba la cintura al pasar, Ivan sentía que le sacudía un poquito más el corazón.

Estaba acostumbrado a los toques furtivos, a los besos rápidos y a las miraditas cómplices, al anonimato en sus relaciones, así que salir públicamente con alguien se sentía extraño.

Ahora, salir con el hombre que le robó el corazón la primera vez que lo vio en una pantalla era otra cosa. Cada uno de sus gestos lo agarraba en curva, le sorprendía la confianza tan íntima con la que lo tocaba para acercarlo si no lo escuchaba bien o para moverlo por la cintura cuando no notaba que estaba estorbando en el camino, le hablaba cerquita al oído y se reía mirándolo con los ojitos brillosos, como si de verdad le emocionara estar a su lado.

Así que no decía nada cuando se quedaban solos, sin nadie que les cuestionara su relación, y Till continuaba el acto: ponía su brazo alrededor de él, le desenredaba el cabello con los dedos, lo hacía sentarse junto a él sólo para pasar el rato, a veces ofreciéndole su regazo como almohada y otras usando su hombro para descansar un rato entre actividades.

Otras veces iniciaba besos, lo acariciaba hasta que llegaba al borde de su ropa y hacía una línea en su piel con la punta de sus dedos, como llevándose un recuerdo de él. O quizás dejándole uno, porque después de eso no podía pensar en otra cosa más que en ese minúsculo toque.

—Hyung, nadie nos está viendo —se atrevió a recordarle alguna vez, sin encontrar las fuerzas para soltarlo. Rogó que no sintiera lo frías y temblorosas que tenía las manos, que no notara sus nervios—. No tienes que estar todo el tiempo conmigo, ¿sabes?

Till gimió una queja en su hombro y frotó la mejilla sobre él, Ivan sintió escalofríos al sentir que sus labios le rozaban el cuello. Sintió su palma entera acariciarle la espalda hasta llegar a su pantalón, pero pasó de liso hacia su costado. El agarre en su cintura se afianzó, sus cuerpos se pegaron un poco más. Gritó en sus adentros, deseando que bajara y lo acariciara, que le metiera las manos dentro, que…

—¿Quieres que me vaya?

—No dije eso.

—¿Entonces qué quieres? —la pregunta flotó en el silencio durante un momento, Till alzó la cabeza para mirarlo a los ojos. Lo ponía tan mal—. ¿Mm?

Ivan sentía que el corazón le latía a mil cuando hacía esas cosas. Sabía que si lo dejaba insistir un poco más le diría todo lo que quería de él, le confesaría su amor y todas las fantasías que tenía desde antes de conocerlo en persona. Así que se escondía en su abrazo y lo dejaba suspirar risillas en su cabello, fingiendo estar avergonzado para que no notara que sus latidos golpeaban su pecho,+ en un intento de abrirlo para mostrarle todo lo que había dentro.

 

˙✧˖°🎬 ༘ ⋆。˚

 

—¿Cómo que actuado? —preguntó Mizi, mirándolo como si acabara de decir una locura. Ya arrastraba un poco las palabras y tenía esa mirada juiciosa que ponía a la gente tan nerviosa—. ¿Desde cuándo?

—Desde que lo anunciaron.

—¿Y aceptaste?

—No me dieron opción.

Su amiga pausó, parpadeando lento, estaba irritada. Viendo su confusión, miró alrededor para asegurarse de que ninguno de sus compañeros estuviera cerca, y decidió contarle un poco más, pero cada cosa que decía parecía acentuar su dolor de cabeza. Mizi se sobó las sienes con un suspiro del tamaño del planeta.

—Ivan, eso fue hace un montón —le recordó—. Casi un año.

—¿Sí, y…?

—Y terminamos de promocionar hace, ¿qué? ¿tres, cuatro meses?

—No podíamos “terminar” en cuanto acabara la serie —dijo, como si eso explicara todo. Lo consideró un momento más y agregó—: No sería realista.

—¿Realista? ¡Si parecen casados!

—Hyung es muy buen actor —se alzó de hombros y desvió la mirada. Pensar en el tema lo ponía inquieto—. Y a mi no me cuesta porque… ya sabes.

—Dios —susurró Mizi, que se terminó la botella de cerveza de un trago y suspiró profundo—. Estoy demasiado peda para esto.

—¿Para qué?

—Olvídalo, háblenlo ustedes.

—¿Eh?

Su amiga hizo un gesto hacia su espalda, cuando volteó a ver a qué se refería, Ivan vio una figura conocida haciéndose paso en el bar. Sintió el corazón acelerado, sabía que lo encontraría ahí, pero verlo siempre le despertaba algo dentro. Vestía una chamarra gruesa y un gorrito con el cabello hacia atrás, se veía adorable con la frente descubierta y la cara roja. Parecía un poco irritado después de su reunión en la sala VIP, siempre lucía así después de hablar con gente importante en el medio, decía que le quitaban un pedacito de alma cada que tenía que portarse amable con un ejecutivo que le hablaba como si le debiera algo.

Till se acercó a ellos y se deslizó por el asiento, saludando a Mizi de forma amable, pero sin muchos ánimos. Ella devolvió el saludo, esperó un momento antes de inventar una excusa, tomó su cartera y se fue. Ivan ni siquiera la escuchó, demasiado concentrado en el brazo que lo rodeó por la cintura.

Soltó una risilla.

—Hyung.

—¿Mm?

—Qué guapo te ves.

No pudo evitar que se le acelerara el corazón al ver su sonrisa, el sonrojo quizás estaba ahí desde antes por el alcohol, pero igual sintió las mejillas más calientes cuando le dio un beso. Till cerró los ojos y pegó la nariz debajo de su oreja.

—Ya me quiero ir —confesó bajito, rodeándolo con ambos brazos—. ¿Te vas a quedar otro rato?

—Nah, ya tomé mucho —admitió Ivan, mostrándole la botella que no se pudo acabar. La verdad era que no recordaba si era suya o de Mizi, pero en algún momento comenzó a tomar de ella y de pronto le supo demasiado amarga, así que la dejó ahí—. Siempre se me va la onda cuando tomo con Mizi.

—Por lo menos sigues despierto.

—Apenitas, ja, ja, ja…

Till le quitó la botella de la mano y se bebió lo que quedaba de un solo trago, sin quitarle la mirada de encima. Ivan por fin se dio cuenta de que tenía los ojos enrojecidos, si tuviera que adivinar diría que estaba tan aburrido con la reunión que tuvo, que terminó tomando más de lo que debería.

Devolviendo la botella a la mesa, Till se acercó de nuevo a su oído.

—¿Te quedas hoy conmigo?

—Creía que ese era el plan.

Es el plan —aseguró él, dejándole un beso en la mejilla—. ¿Nos vamos?

Ivan asintió y salieron juntos.

Se durmió en el taxi, a mitad de un relato sin sentido que ni siquiera recordaba bien porque quizás se lo estaba inventando, o puede que estuviera mezclando los chismes que le contó Mizi hace un rato. No estaba seguro, pero cuando Till lo jaló a su hombro se sintió tan cómodo que no supo en qué momento se durmió, sintiendo su aroma mezclado con el del cigarro y contento de verlo después de una semana entera sin poder coincidir.

Cuando llegaron a su departamento, Ivan ya se sentía un poco más despejado. No sobrio, pero por lo menos ya identificaba una pared de una puerta, así que entró, se quitó los zapatos y se sacudió el abrigo como pudo. Escuchó que Till le preguntaba algo, pero lo único que supo fue que su cama se sentía deliciosa, que olía a él. Hundió la nariz en la almohada, se cobijó hasta el cuello y suspiró de gusto.

—Te hablo, Ivan.

Lo ignoró hasta que le dio unas palmaditas en su hombro. Hizo un sonido para preguntarle qué quería.

—Que te digo que tomes agua, te va a doler la cabeza.

—Mnhhh.

—Ivan.

—Al rato —alegó, tapándose la cara con el cobertor.

Un suspiro. Escuchó el sonido de la tapa enroscándose en la boquilla de la botella y cómo la ponía sobre el buró. Luego la cobija se levantó, Till se deslizó dentro, pegándose a su espalda; lo agarró de la cintura y le dio un beso en el hombro. Sonrió, el estómago le burbujeaba de felicidad, sentía el corazón lleno.

—Hyung —lo llamó, pegándose un poco más.

—Me vas a tirar —se quejó él, empujándolo para que le hiciera espacio.

Ivan se rio, removiéndose de nuevo, buscando molestarlo un poco. Cada que renegaba, se recorría más. Aprovechaba la diferencia en sus tamaños para moverlo hacia atrás. Entre más enojado lo escuchaba, más brusco se movía, más fuerte se reía.

Su idea era detenerse justo cuando Till estuviera en el mero borde, rodar de regreso al otro extremo y burlase un poco, pero quizás no midió su distancia lo suficiente, porque de pronto sintió un apretón en la cadera.

—Aplácate ya, Ivan.

El sonido de su gruñido lo sorprendió, sintió los dedos en su cadera enterrarse en su piel y no fue sino hasta entonces que se dio cuenta: la respiración en su cuello era entrecortada, el calor que sentía en la espalda era espeso, como esas veces en las que sus besos privados se volvían húmedos y ambos terminaban demasiado agitados, cuando se separaban, evitaban mirar abajo y fingían que nada pasó.

Probó empujar hacia atrás.

—Ivan…

El bulto se pegó a su trasero e Ivan soltó un suspiro tembloroso. El agarre en su cadera se apretó, no para detenerlo si no en una caricia dura, llena de lujuria. Su deseo se le impregnó en la piel, lo recorrió como electricidad.

—Hyung —gimió.

Till acarició un poco más, metiendo las manos en su ropa, descubriendo pedazos de su piel con la palma entera. Estaba demasiado mareado para seguir todos sus movimientos, pero sus caricias se sentían tan bien que no podía pensar en otra cosa. Antes de darse cuenta, ya estaba jadeando, pidiéndole más, guiándole las manos para que lo tocara en todos los lugares donde nunca había sentido sus manos.

—Ivan, cálmate —escuchó que le decía, pero sus besos húmedos en el cuello lo distraían.

—Hyung, nghhh…

—¿Qué quieres?

—Mmh…

—Así no te entiendo —dijo, con la respiración pesada.

Sonaba un poco irritado, impaciente.

En lugar de usar sus palabras, Ivan se arqueó para buscar contacto con su erección. Contento con el jadeo que provocó, le tomó una mano, se la llevó directo a la boca y se metió algunos de sus dedos a la boca. Se dedicó a lamerlos, chupándolos de a uno en uno, aprendiéndose de memoria cada uno de sus nudillos, la textura de su piel. Dejó que presionara sobre su lengua, que la recorriera hasta casi llegar a su garganta, que la atrapara entre los dedos.

La saliva se le acumuló, cayéndole por el borde de la boca; sentía el cuello húmedo por sus besos mojados, cada movimiento de su cadera lo hacía sentir su pene duro. Se lo imaginaba en su boca, tocando el fondo de su garganta, su sabor volviéndolo loco.

Gimoteó, sus dedos no eran suficientes, lo quería a él.

—Ahh, Ivan… Mhh.. —gimió Till, frotándose lento, dejándole sentir su extensión entera—. Uff…

—¡Mghh, hyumg!

—Ja, ja, qué desesperado.

Ivan se sacó sus dedos de la boca, giró la cabeza hacia él y, para demostrarle que sí, soltó el gemido más cerdo que pudo lograr, seguido de una risilla que pareció avergonzarlo más. Sentía la cabeza dándole vueltas, pero no fue tan difícil desabrocharse el pantalón como lo fue quitárselo. Notando sus esfuerzos tan patéticos de patear la tela fuera de sus piernas, Till decidió ayudarlo, arrancándole todo de un jalón.

Aunque le sorprendió su impaciencia, igual hizo caso cuando le señaló que se diera la vuelta. Se agarró de su cuello y subió la pierna a su costado para darle mejor acceso a la mano que lo recorrió hasta llegar a su trasero. Recién teniéndolo de frente se dio cuenta de lo mareado que parecía él también. Le encantó encontrar deseo en sus ojitos brillosos, enrojecidos por el alcohol, y pensó que, si sólo así podría tenerlo, entonces tomaría la oportunidad sin dudarlo.

Volvió a guiarlo, inquieto.

—Hyung, te quiero dentro —rogó, observando su rostro: tenía la mirada oscurecida, el ceño ligeramente fruncido, la boca abierta, el aliento caliente. Verlo tan excitado lo hizo sentir electrizado—. Apúrate, ¿por qué te tardas tanto?

—Ya voy, ya voy —al mismo tiempo, metió un dedo dentro y antes de que pudiera reclamar o rogarle por más, un segundo dedo entró casi a la fuerza—. ¿Contento?

—No, hyung, te quiero a ti —alegó Ivan, sacudiéndose para animarlo a mover los dedos—. Métemela así, no me importa.

—Estás loco —lo acusó Till.

Pero igual empezó a estirarlo, a meter y a sacar los dedos, provocando una sensación de ardor caliente. Ivan enterró el rostro en su cuello, se aseguró de dejarle marcas en todos lados, de acariciarlo entero por debajo de la sudadera, de apretar sus pezones hasta que los sintió tan duros como su erección, que no dejaba de frotarse con la suya.

Un tercer dedo entro, Ivan echó la cabeza hacia atrás, suspirando de gusto.

Till comenzó a besarlo, desde la manzana de adán hasta la barbilla y después le alcanzó los labios. Se besaron entre suspiros, conociendo bien la boca del otro, el ritmo que les gustaba, el ángulo en el que sus labios encajaban mejor. Después de todo no eran tan ajenos.

Algo entre ellos cambió desde que tuvieron que grabar ese primer beso en el set, los gestos entre ambos se volvieron un poco más íntimos, los roces, las miradas, el espacio personal disminuyó de a poco; y entonces se encontraron escondiéndose en lugares apartados, en salas vacías y en sus espacios personales. Al inicio se daban besos ligeros, nada más que sus labios moviéndose juntos, después Ivan intentó traspasar la línea y terminó resbalando hacia un beso que lo dejó agitado, sin aliento, deseando más.

Así que Ivan siguió probando hasta dónde podía llegar, Till siempre parecía un poco avergonzado con sus avances, pero igual lo dejaba pegársele, como si no supiera que era suficiente un gesto suyo para detenerlo.

Pensándolo bien, hasta parecía que disfrutaba tenerlo a su merced sin tener que mover un sólo dedo. Y tal vez eso era lo que quería de él: alguien que estuviera a su disposición, que le fuera fiel y no le pidiera nada a cambio.

Él podía darle eso, si tan sólo se lo pidiera en lugar de ser tan vago.

—Ah, hyung, eres un… ah, un idiota.

Till pausó, tardó un momento en procesar lo que decía.

—¿Qué?

—Un idiota, un pedazo de inútil, un pendejo —canturreó, agarrándole la muñeca para indicarle que continuara. Gruñó al darse cuenta de que estaba congelado—. Ash, ¿me tienes aquí rogándote y no puedes darme ni una nalgada?

—¡¿Qué?!

"¿Qué? ¿Qué? ¿Qué?" ¿Sólo eso sabes decir, hyung? —se quejó, agarrándole el rostro para morderle los labios, asegurándose de encajarle el colmillo para sacarlo de su trance. Rio al escuchar su quejido de dolor—. ¿Sabes? Si yo quisiera, podría regresarme al bar y en unos cinco minutos encontraría a alguien que me coja.

Las cejas de Till se fruncieron, sus dedos comenzaron a moverse dentro de él, ya no sólo expandiéndolo, sino penetrándolo. Su ritmo duro, intenso.

—Ivan, no bromees con eso.

—No es broma, lo he hecho antes.

—¿Y para qué quieres buscar a alguien si ya me tienes aquí?

—Te estás tardando —dijo, intentando fingir que no le afectaba nada el dedo que frotaba justo en su próstata. Un par de movimientos más y no pudo fingir más, pero continúo—: Ngh… Cobarde… ¡Ah!

—Cállate.

—Mnhh, ni siquiera pudiste pedirme que saliera contigo —reclamó en un berrinche, su conciencia le dijo que debía callarse, pero su mente estaba tan difusa que sólo pudo reír. Se sintió muy estúpido de pronto—. La agencia te tuvo que hacer el favor, ¡cobarde!

—No sabes lo que dices.

—Ngh, claro que sé: cobarde, cobarde… Ah, cobarde… Mmhh…

—Estás borracho, Ivan —le recordó, como si él no arrastrara las palabras ni tuviera un sonrojo permanente. Cambió el ritmo de su mano a uno más lento, dedicándose a acariciar su próstata lento, presionando lo justo para hacerlo temblar—. Después hablamos, ¿sí?

—¡No quiero hablar, quiero que me la metas!

—¡Cállate ya!

Ivan quiso carcajearse al verlo tan agitado, pero el calor lo llenó desde el punto donde su dedo presionaba, un placer espeso comenzó a recorrerlo. Lo único que pudo hacer fue gemir, agarrarse de él y moverse en busca de más. Sintiendo que estaba cerca, sacó el miembro de Till de sus pantalones y comenzó a masturbarlos juntos. Dejó que lo besara con la boca abierta, que le dejara saliva en todos lados y prestó atención a cada sonido que hacía, a su expresión tan concentrada.

No pasó mucho antes de sentir que el cuerpo se le agarrotaba en un placer agudo.

La mirada de Till se quedó sobre él todo el tiempo, observando cada uno de sus espasmos y continuando el movimiento de su mano lo mejor que pudo hasta que lo sintió relajarse. Entonces sacó los dedos y se levantó, sin dale tiempo para recuperarse. Por un momento, Ivan entró en pánico, pensando que lo había hecho enojar de verdad, pero sintió que le levantaba la pierna de un jalón.

Antes de poder mirar lo que sucedía, sintió algo duro y caliente frotarse entre su trasero.

—¡Ah, hyung!

—Ya, ya voy —renegó Till, que escupió sobre su mano y usó la saliva para facilitar su entrada.

Se acomodó entre sus piernas y comenzó a entrar, agarrándose a su muslo, besando su rodilla, mordiendo y dejando marcas donde alcanzaba. Así, comenzó a penetrarlo, duro y profundo, sin darle oportunidad de tomar aire cuando se movía en el ángulo exacto, sus pieles sonaban cuando se encontraban a medio camino.

—¡Hyung, hyung! —gimoteó Ivan, agarrándose de la almohada. Intentaba mirarlo, pero cada movimiento lo hacía rodar los ojos hacia atrás y no podía más que jadear en busca de aire. Sentía un ligero jalón en la pierna, pero no podía más que mantenerla elevada como su hyung la quería—. ¡Ah… hyungg!

"Hyung, hyung, hyung" —se burló Till, con la respiración agitada—. ¿No sabes decir otra cosa?

—Yo hice… uff, ese chiste, ahhm, primero —dijo en tono berrinchudo y saltó de sorpresa al sentir el golpe a mano abierta que le dio en el trasero—. ¡Ah! ¡Till hyung!

—Ahh, te pones tan apretado —siseó Till, dándole otro golpe y dejando la palma ahí para acariciarlo un momento—. Mnghh, Ivan…

Entonces dio otro golpe, esta vez en su muslo, imprimiendo un poco más de fuerza.

—¡Ah! ¡Till! —gritó, sintiendo que veía estrellas por un momento—. Me… nghh… me voy a… Till, Till…

Lo escuchó balbucear algo, pero no pudo escucharlo bien, demasiado concentrado en el placer que lo envolvía entero. Sintió su mano sudada tomarle el miembro, moviéndose arriba y abajo en un ritmo desincronizado, pero que acompañado de las estocadas erráticas le hacían sentir cada vez más cerca.

No le faltó mucho, de pronto su cuerpo se deshizo en temblores y espasmos, en gemidos profundos. Luego sintió humedad, en el vientre y también dentro de él.

—Mghh, hyung —lo llamó, con los párpados y el cuerpo pesados.

Unos besos húmedos y una voz intentaron llamar su atención, pero lo único que sabía era lo satisfecho que se sentía y el sueño que comenzaba a llevarlo lejos de su consciencia. Hizo un sonido con la garganta, incapaz de formular nada coherente, pero no importó, porque en el siguiente instante cerró los ojos y no supo más de sí.

 

˙✧˖°🎬 ༘ ⋆。˚

 

Ivan abrió los ojos, sin poder enforcarlos muy bien, la habitación no estaba muy iluminada, pero el rayo de sol que formaba una única línea en la pared hizo que su cabeza palpitara en dolor. Volvió a cerrar los ojos, pero el dolor continuó. Soltó un quejido, como el de un animal herido, y de inmediato sintió algo moverse detrás de él.

—¡¿Qué pasó?!

—Ugh, hyung, no grites —pidió, agarrándose la cabeza para intentar detener el dolor.

Escuchó el colchón rechinar y sintió cómo Till se bajaba de la cama. Se negó a abrir los ojos, pero no le fue difícil adivinar que salió de la habitación. Por un momento se preguntó si había sido demasiado grosero, pero su cabeza palpitó y no pudo pensar más en ello.

Después de unos minutos, escuchó pasos entrando de regreso a la habitación.

—Toma —esta vez su voz fue baja, casi un susurro.

Le costó abrir los ojos para ver lo que le ofrecía, una pastilla circular que reconoció. Se sentó, lamentando la pérdida del calor del cobertor, aceptó la pastilla y se la tomó con la botella de agua que le ofreció. En ese momento le vinieron varias cosas a la cabeza, pero era demasiado para arreglarlo en ese momento, así que aceptó la invitación a volver a acostarse. Dejó que Till lo rodeara con los brazos y que le guardara el rostro en el pecho.

Dormitó un rato, rumiando si sería más sano irse a casa a pensar las cosas con la cabeza fría. La situación le taladró la cabeza, anoche se había decidido a no ser más que un juguete para Til si así lo quería, que de todas maneras estaba acostumbrado a esas relaciones sin sentimientos de por medio, pero la sobriedad le recordó que eso no era lo que él quería.

En realidad, lo quería todo de él: estar en cada ámbito de su vida, en cada pensamiento, en cada acción. Quería recibir sus mensajes todas las mañanas, despedirse cada noche con la promesa de un mañana y planear cosas a futuro juntos. Quería subirse a un crucero con él, ir a citas públicas no programadas, subir fotos sin pasarlas por su mánager para asegurarse de que fueran acorde con la agenda. Quería que lo besara y que sintiera las piernas débiles igual que él, que lo quisiera, que no pudiera vivir sin él.

Pero en lugar de eso tenían una relación fingida que lo confundía todos los días.

—¿Cuándo crees que se termine? —preguntó de pronto.

—¿Mm? ¿Qué cosa?

Ivan se alzó sobre su costado con el brazo y señaló a ambos con un gesto.

—Esto —dijo, dejando la punta de los dedos en su pecho—. Nuestra “relación”.

—Oh.

Silencio.

Tuvo miedo de ver su expresión, pero no pudo evitar que su mirada subiera hasta encontrar su rostro y se sorprendió de verlo tan nervioso.

—No sé… ¿Tú quieres que termine?

—Tiene que terminar en algún momento.

Por un instante, sus ojos se cruzaron y le pareció ver una inmensa tristeza en ellos.

—Sí, supongo.

—Entonces, ¿cuándo?

De pronto, Till se sentó en la cama, mirándolo como si acabara de insultarlo. Le sorprendió verlo tan agitado de la nada, así que se quedó quieto en su lugar, con el corazón a mil.

—Si quieres terminar sólo dime —gruñó.

—Hyung, no hay nada que terminar —le recordó, confundido por su reacción. Se tomó un momento para sentarse también, sintiendo que el aire de la habitación se ponía más frío, o tal vez eran sus propios sentimientos que estaban a flor de piel—. Nunca hemos sido nada, me refiero a…

—¿Nada? ¿Y qué han sido estos últimos meses?

Ivan parpadeó, supo que lo que sea que dijera en ese momento estaría mal.

—¿Una… estrategia de marketing?

El efecto de sus palabras fue inmediato, el rostro de Till se desfiguró en una mezcla de enojo y tristeza profunda. No comprendió bien, pero le dolió el corazón al verlo llevarse las manos a la cabeza, verlo encogerse en sí mismo. No entendía lo que sucedía, se suponía que esa conversación terminaría rápido con la conclusión que ya conocía, que él regresaría a casa destruido por hacerse ilusiones falsas, que tendría que averiguar cómo seguir con su vida a partir de entonces.

Quiso decir algo más, arreglar lo que sea que haya dicho mal, algo.

—Qué estúpido soy —escuchó su susurro—. Ni siquiera soy uno de tus amiguitos, o como les llames.

—Hyung, no. Claro que no… —balbuceó, sintiendo las mejillas calientes. Odiaba que mencionara sus ligues pasados, le hacía sentir superficial, aunque sabía que se lo había ganado a pulso—. Nada que ver… ¿De qué hablas?

—Está bien, ya entendí.

—No. ¿Qué estás entendiendo? —insistió, tomándole el brazo para intentar que lo mirara, pero Till sólo se encogió más—. Hyung, contéstame.

Él se sacudió su mano, sin decir nada. Sintió que el corazón se le caía a los pies, de pronto se sintió muy desesperado, así que lo jaló sin medir su fuerza. Till jadeó de sorpresa, lo miró con los ojos llenos de lágrimas. Se veía irritado, triste, inquieto.

—¿Qué quieres, Ivan? —dijo con la voz ronca, intentó volver a sacudírselo—. Ya me dijiste que fui una estrategia de marketing, ¿qué más quieres que entienda?

—¡Hyung, no!

—¡¿Entonces qué?!

—¡No sé! No sé qué estamos haciendo. Me confundes —admitió, tembloroso. Se aferró a él, sintiendo que todo se terminaría si lo soltaba—. Aceptaste ese estúpido trato como si nada y me tratas como si todo fuera real, como si… ¿Es tan fácil fingir que quieres a alguien?

—¿Qué?

—Deja de responderme con preguntas —su tono duro los sorprendió a ambos, pero Ivan no podía controlar el temblor en sus manos, ni lo que salía de su boca—. Si sólo querías a alguien con quién pasar el rato, sólo tenías que decirme.

—Lo mismo te podría decir a ti, ¡fuiste tú el que me buscó primero!

—¡Deja de gritarme!

—¡Deja de acusarme! ¡Tú también me confundes!

Por fin, Till se soltó de su agarre y se levantó de la cama, buscó su pantalón en el suelo y se lo puso con las lágrimas rodándole por el rostro. Se mordía el labio con una rabia que nunca le había visto, y se veía adorable, pero estaba demasiado confundido para poder apreciarlo bien.

Entró en pánico cuando lo vio dirigirse a la puerta.

—Hyung, ¿a dónde vas?

—Tengo hambre —anunció y salió, dejando la puerta abierta.

Ivan se quedó congelado, sin saber qué hacer.

Al final se animó a seguirlo, no se puso más que la ropa interior, agradeciendo no haberse quitado la sudadera anoche, y salió a paso rápido detrás de él. Ni siquiera terminaba de entender su reacción, pero se paró en la entrada de la cocina a mirarlo en silencio. Lo vio sacar cosas de la alacena, del refrigerador y ponerse a mezclar, se interrumpía para limpiarse la cara, pues las lágrimas y los mocos no dejaban de caerle en cascada.

Después de unos minutos sin decir nada, pero agradecido de que no lo haya corrido, Ivan caminó lento hacia la cafetera y la puso a andar. Se quedó mirando la máquina funcionando, el líquido oscuro goteando dentro de la jarra de cristal, el olor a café llenando la casa. Su mente intentaba hacer sentido de la situación, pero sus pensamientos se dispersaron hasta que la cafetera terminó su tarea. Buscó la taza en color rojo en la alacena, intentando no atravesarse en lo que hacía Till ni mirarlo mucho, y la puso servida a un lado de la mezcla.

Él miró la taza, con los ojos hinchados y la nariz roja. Suspiró y en lugar de tomarla, estiró el brazo hasta la alacena para pasarle otra taza en color verde. Ivan quiso llorar cuando entendió la indicación, pero sólo agradeció bajito y se sirvió leche.

Cuando miró la mesa, se dio cuenta de que había una pila de hotcakes en un plato amplio, dos platos vacíos y los botecitos con miel, chocolate y leche condensada que compró el día que Ivan mencionó que se le antojaba desayunar hotcakes. Desde esa vez su alacena se empezó a llenar de toppings, de botecitos con cosas dulces, de mezclas para preparar chocolate, malteadas, de caramelo para las palomitas, tés y más azúcar de la que podía comer solo. Pensándolo bien, Ivan había invadido bastante de su vida y él simplemente lo dejó.

No se sentó hasta que Till se sirvió, pausó y miró su asiento.

—Gracias, hyung —dijo bajito.

No obtuvo respuesta, así que se sirvió en silencio.

Cuando los platos estuvieron vacíos, Ivan se ofreció a lavarlos mientras Till tomaba una segunda taza de café, recargado en el respaldo de la silla con la mirada perdida como si se hubiera rendido por completo. El silencio se sintió muy extraño. Por lo general era él quien hablaba cuando estaban juntos, pero casi siempre lo acompañaba alguna melodía que Till tarareaba o que tocaba con los dedos en alguna superficie, sino es que ponía música en la bocina e imitaba los acordes en una guitarra imaginaria.

Una vez que terminó de lavar, se quedó sin nada más que hacer, así que se hizo chiquito en su lugar y esperó a que lo corrieran.

Después de un rato se dio cuenta de que eso no iba a pasar, algo le hizo clic en la cabeza y supo que, si él quisiera, lo habría corrido en el instante en el que comenzó a meterse en su vida, a acumular cosas en su alacena. No lo habría invitado anoche, ni lo habría limpiado cuando se quedó dormido, no lo habría cuidado hasta que se le quitara el dolor de cabeza, ni habría desayunado hotcakes en lugar de algún caldo milagroso para la resaca. También se dio cuenta de que no quería, no podía irse. No soportaba la idea de poner un pie fuera de ese departamento.

Se sintió muy avergonzado.

—Hyung —lo llamó, tragándose el nudo en la garganta.

—¿Mm?

—¿En serio me vas a dejar ir? —eso captó su atención, su mirada irritada lo electrizó. Fingió tallar una mancha en la encimera para ocultar el temblor en sus manos—. Ayer le negué un trago a un chico muy guapo, y sólo para que hoy te rindas así de fácil.

Su suspiro cansado lo puso un poco más nervioso, también le dio luz verde.

—¿No te da vergüenza? Me agarraste todo flojito anoche.

—Ivan.

—Supongo que tenía razón, eres un cobarde.

Esperó un momento, con el corazón acelerado, pensando que no le funcionaría. No tenía idea de qué haría en ese caso, ya estaba demasiado avergonzado para intentar otra cosa, pero afortunadamente no estaba equivocado: escuchó la silla rechinando, pasos y de pronto estaba atrapado entre su cuerpo y la cocineta.

—¿Vas a seguir con tus cosas?

—Mm, no lo sé —se alzó de hombros, subiéndose a la encimera para rodearlo con las piernas, le faltó un poco de aire para continuar. Igual suspiró cerca de sus labios—. Ya te tengo aquí, ¿para qué?

—¿No que era una estrategia de marketing?

—Ya, hyung, no te enojes —rogó, tan quejumbroso como pudo sonar. Sabía que adoraba cuando se ponía así, aunque lo negara y le hiciera gestos de hastío. Continuó, bajito—. Juraba que tú pensabas eso de mí.

—¿Después de todo este tiempo?

—Nunca dijiste nada.

—Tú tampoco —le recordó con un suspiro—. ¿De verdad creíste que estaba actuando?

—Eres muy buen actor, hyung.

—Dios, mejor cállate ya, me estoy enojando.

—Ouh, ¿no estabas enojado ya? —preguntó y rio cuando notó el tic en su ojo. Le acarició el cuello, sólo para ver sus mejillas sonrojadas. Después de un momento, se animó a preguntar lo que tanto miedo le daba saber—. ¿Entonces sí me quieres?

Aunque su voz sonó mucho más bajita de lo que esperaba, igual fue como si le hubiera disparado directo al corazón: su rostro entero se pintó de un rojo brillante, seguido del cuello y las orejas. Sus ojitos verdes miraron abajo, sus labios temblaron, de pronto no sabía dónde poner las manos.

Se veía adorable. Se lo quería comer a besos.

—¿Hyung? —insistió, tomándole las manos para ponérselas en la cintura, las tenía calientes y muy sudadas.

Tardó un momento más en reaccionar, no le importó.

—Sí, mucho.

Su voz fue trémula pero sincera, su mirada por fin estaba sobre él y eso fue suficiente para él. Tenía algo de esperanza en los ojos, a pesar de las lágrimas que le acentuaron las ojeras y el cansancio. Le acarició las mejillas, había mucho que aún no entendía, pero con esa expresión suya supo que esos últimos meses fueron igual de reales para ambos

—Yo también te quiero, hyung —le confesó y le dio otro beso, después otro, y paró para decirle algo más—: Sólo te quiero a ti, ¿sí?

Till abrió los ojos lento, como si temiera que no fuera real, como si aún temiera su rechazo. Debió notar algo en su mirada, porque sus hombros se relajaron, le dio otro beso y luego lo abrazó como si de verdad se le hubiera escapado por un momento.

Estuvieron así un rato, acariciándose lento, suave, encontrando consuelo en la presencia del otro. No dijo nada cuando sintió la sudadera húmeda en el hombro, así como él no mencionó cómo le temblaban las manos ni lo frías que estaban.

—No me vuelvas a hacer esto, Ivan —pidió, separándose para limpiarse bien con una servilleta que alcanzó en la cocineta—. Hasta me duele la cabeza.

—¿Quieres que te ayude con eso?

—¿Mm?

No le dio tiempo para considerarlo, lo empujó hasta que tuvo suficiente espacio para arrodillarse frente a él. Puso las manos en su pantalón y lo miró por debajo de las pestañas, esperando su aprobación. Se veía un poco gracioso con los ojos hinchados y la nariz como pelota, pero igual le encantó ver hambre en él, el mismo deseo que encontró la noche anterior cuando tenía sus dedos dentro.

Le abrió la bragueta, le desabrochó el botón y sólo bajó la tela lo suficiente para sacarlo. Estaba un poco excitado, pero aún flácido, eso no lo desanimó. Se escupió en la mano para comenzar a masturbarlo, poniendo la punta sobre su lengua. No tardó nada en ponerse completamente duro, Till parecía bastante más sensible de lo que se imaginaba. Anoche no se había dado cuenta ni de eso ni de lo vocal que era con sus expresiones de placer, le fascinó sentirlo tan tembloroso cuando lo metió entero en su boca, escucharlo tan deshecho lo puso inquieto.

—Ahh, Ivan… Mgh… —jadeó, enredando los dedos entre su cabello.

Lo miró desde abajo, bombeando lento, usando la lengua para acariciar su extensión entera. Sintió un leve apretón en la cabeza, así que se aseguró de relajar la mandíbula y abrir bien la garganta, le apretó la pierna en una señal silenciosa. Till lo miró con la boca abierta, la respiración pesada y el ceño fruncido. Le tomó la cabeza con la palma bien abierta, pero esperó a que repitiera su señal.

Ivan se agarró de su pantalón con un gemido profundo y dejó que lo empujara hasta que su nariz tocó el pelo de su entrepierna, hasta que lo sintió en la garganta y los ojos se le humedecieron.

—Haah… Iva-ahn…

Contento con su reacción, apretó la garganta y eso pareció ser todo para Till, que comenzó a penetrarlo buscando su propio placer. No le importaba que no lo dejara respirar bien, ni que el agarre de su mano ardiera con la fuerza que le estaba tomando el cabello, estaba encantado sabiendo que podía hacerlo perderse de esa manera.

Cerró los ojos, centrándose en las sensaciones, aprendiendo la forma de su miembro, su sabor, la textura, el olor de su piel y cada pliegue de su piel. Aprendió que lo forzaba un poco más cuando parecía que estaba por ahogarse y se le salían las lágrimas, que le gustaba pausar para quedarse un momento extra en su garganta, que se volvía un poco más fiero cuando le enterraba las uñas en los muslos, cuando le arrastraba los dedos por el pantalón en un acto desesperado.

De pronto su ritmo flaqueó, dejó de ir tan profundo y se quedó sólo en su boca, frotando sólo la punta en su lengua, dejándolo respirar. Apenas recuperó un poco de aliento, comenzó a chupar y a lamer, el sabor que escurría de él lo volvía loco.

—Mghh… ahh, voy a… Nghh…

Quiso decirle que se corriera en su boca, pero con su mano guiándolo sólo pudo gemir y mirarlo, intentando que entendiera su ruego. Su mano subía y bajaba en su propio falo, goteando el piso de la cocina. Para su suerte entendió lo que quería, le tomó la mandíbula, metió un dedo en su boca para mantenerla bien abierta y se frotó en su lengua hasta que lo atacó un temblor y el líquido comenzó a fluir.

Till se sostuvo de la cocineta, sin dejar de mirarlo, con los ojos nublados y el aliento caliente. Feliz de tener su mirada encima, frotó la punta de su propio pene con el pulgar, apretando en cada caricia hasta que se vino en su propia mano, gimiendo con la voz ronca y desgastada.

Finalmente, recargó la frente en su pierna, intentando recuperar el aliento. Se sentía mareado, aún demasiado caliente. Lo quería dentro, quería su cuerpo pegado al suyo, volver a escuchar su placer.

Decidió aprovechar la mezcla espesa de semen y saliva que tenía en la boca, la escupió en la mano donde se corrió y se metió dos dedos de una vez. Sabía que no le hacía falta mucha preparación, así que trabajó tan veloz como pudo.

—Ivan, ¿qué haces? —jadeó Till, sorprendido.

Ivan frotó el rostro en su pierna, sus pensamientos dispersos, como una mezcla de zumbidos en su cabeza. Metió otro dedo, por pura cortesía, sabía que podía recibirlo sin mucho más. No podía pensar en otra cosa más que en su deseo, el que observaba en su rostro, la crudeza con la que se metió hasta su garganta.

—¿No? —preguntó, acercándose para besar la base de su pene.

—Dios, ¿eres así de caliente?

—Hyunggg.

—Sí, sí, ya —se rio, ayudándolo a levantarse. Lo tomó por la cintura y comenzó a besarlo, metiendo la lengua en su boca. Hizo un sonido de disgusto al probarse dentro de su boca—. Guácala, sabes a semen

—Je, je, sí —dijo y se lamió los labios, luego lo acercó para besarlo otra vez.

Entre beso y beso, Till lo subió a la encimera de nuevo, le alzó las piernas y comenzó a frotarse entre ellas, sin despegarse de su boca, acariciándole el pecho, apretando sus costados, sus piernas. Cada toque lo ponía más impaciente, pero sus gimoteos terminaban amortiguados cuando sus lenguas se enredaban. Irritado por no obtener lo que quería, lo mordió, encajándole el colmillo ahí donde todavía tenía la marca de anoche.

—¡Ay, Ivan!

—¡Ups!

En lugar de discutir con él, Till respondió azotando la mano en su costado. El choque hizo eco en la cocina y su gemido lo acompañó, lo cual avergonzó más a su hyung que a él, que tenía la cabeza hirviendo en calentura. Otro golpe, un gemido más exagerado, un sonrojo más intenso en su rostro.

—Hyung, métemela ya —renegó, apretándolo entre las piernas. Un golpe más lo sorprendió—. ¡Angh! ¡Hyunggg!

Till parpadeó, rodando los ojos en el proceso para despejarse, pero su expresión sólo se volvió más hambrienta, más feroz, parecía que a él también se le subió la calentura a la cabeza.

—Perdón, me distraje.

—Ja, ja, ja, no te conocía así —suspiró, moviendo la cadera para invitarlo dentro una vez más.

Esta vez funcionó, un ardor caliente lo sofocó desde dentro, lo sostenía como si no quisiera darle oportunidad de arrepentirse. Cerró los ojos un momento, centrándose en el placer que no le dejaba llenar sus pulmones por completo, moviendo la cadera para igualar su ritmo. Ya no era consciente de lo que salía de su boca, surgía desde un lugar muy profundo, pero no importaba porque cada sonido era acompañado por el choque de sus pieles y una expresión de Till, que lo quemaba con su calor ahí metido entre sus piernas.

Se veía tan perdido como él: tenía el cabello despeinado, pegado a la frente por el sudor, estaba sonrojado hasta el pecho, su boca se mantenía abierta incluso cuando le besaba el pecho y le dejaba rastros de saliva. Lo besaba gimiendo su nombre, le devoraba la boca y lo sentía cada vez más profundo, más intenso.

—Hyung, me vas a… uff… a dejar todo marcado —reclamó, cruzando los pies detrás de él para obligarlo a quedarse lo más profundo posible. Un pequeño momento de lucidez lo alcanzó—. Nghh, tengo una sesión de fotos, uhmm, pasado mañana, ¡ah!

—¿Sí?

—Mmhmm.

—Ni modo.

De pronto, la cocina dio vueltas, apenas pudo poner los pies en el piso cuando Till lo dobló contra la encimera, subiéndole la sudadera sólo para usarla como agarradera. El cuello le apretaba un poco, le robaba el aliento lo suficiente para marearlo sin dejarlo completamente a la deriva. Ivan se sostuvo del borde con una mano y se apoyó en la pared con la otra, sintiéndolo entrar entero de una vez. El agarre en su cintura bajó, sus palmas agarraron su trasero, lo apretaron, lo separaron y entre caricias buscas, sintió que le escupía justo ahí donde sus cuerpos se unían.

—¡Cochino! —exclamó, encontrando su ritmo con sus propias sacudidas.

—Mira quién lo dice.

En lugar de responder, Ivan arqueó la espalda y soltó una serie de gemidos salidos de película porno. Esta vez ya se esperaba la nalgada, pero no la mano que comenzó a masturbarlo, frotando justo en sus lugares más sensibles mientras lo penetraba profundo. Comenzó a temblar entero, sintiendo que el aire frío no le era suficiente para calmar el fuego acumulado en la parte baja de su cuerpo.

—Ahh, Till, Till —lo llamó en un hilo de voz, pegando la frente a la encimera—. Mmhh, poquito, ¡ah!... Uhmm, poquito má-ahh, hyungg…

—Ngh… Sí, mi amor, uff —jadeó Till, bajando para pegarse a su espalda y besarle detrás del cuello, sin soltarle la sudadera—. Haah, estás tan caliente, mnhh.

De pronto, una estocada profunda le agarrotó el cuerpo entero y le oscureció la vista. El placer lo recorrió en varias oleadas, el calor explotó en su vientre y cuando se dio cuenta, ya estaba derramado sobre la encimera, temblando con cada roce del miembro dentro de él. No podía evitar los gemidos suaves que acompañaban cada movimiento, quiso continuar sacudiéndose con él, pero todos los estímulos juntos lo volvían inútil, así que se dejó hacer agarrándose del brazo que tenía apoyado a su lado.

Pegó la mejilla a la superficie, mojada por su propio sudor y saliva, poniendo atención a la voz de su hyung. Para su sorpresa, se dio cuenta de que le decía palabras de adoración, le susurraba te quieros y lo llamaba amor. Escucharlo le llenó el corazón, le aclaró un poco el zumbido en su cabeza y le recordó la sinceridad en su voz cuando afirmó que sí lo quería.

Entonces, el movimiento cedió, su voz se quebró y lo sintió correrse dentro, profundo y muy caliente.

Se quedó quieto, recuperando el aliento y también algo de lucidez de a poco. Esperó hasta que Till salió de él, hasta que le soltó la sudadera y le dio algo de espacio. Lo primero que hizo fue bajar la mano hasta su trasero, buscar la humedad que se derramaba de él. Intentó devolverla dentro con los dedos.

—Mmh…

—Dios, Ivan, ¿qué te pasa?

Se rio con su reacción, levantándose con cuidado. La cabeza todavía le daba vueltas, así que agradeció que lo abrazara y lo sostuviera, que le diera besos en todo el rostro. Lo rodeó con los brazos y se pegó a él, satisfecho. Sentía que el mundo entero se le había bajado de los hombros, de pronto lo inundó el sueño, el cansancio.

Frotó sus mejillas juntas, encantado con las manos que lo recorrían, que reconocían su cuerpo, que masajeaban justo donde sentía sus músculos comenzar a enfriarse; que lo querían y adoraban.

—¿Una siestita? —preguntó.

—Sí, pero vamos a bañarnos primero —Till dio unas palmaditas en su espalda baja—. Estamos todos cochinos.

—Me gustas así de cochino.

—Tonto.

—¿Ya no me vas a decir mi amor?

Una pausa. Ivan se recargó en su hombro y lo vio volver a sonrojarse entero, soltó una risilla.

—¿Por qué eres así?

—Porque te quiero, hyung.

Otra pausa, esta vez Till le dio un beso en la mejilla.

—Yo también te quiero, amor.

Notes:

Este fanfic iba a tener unas 5k palabras y terminó con 9k y no sabía que estaba haciendo en ningún momento de su desarrollo. De hecho terminé de editarlo y ya se me olvidó qué sucede, así que espero tenga sentido JAJAJAJA

De nuevo muchas gracias a @tiivweek por organizar la ship week de este año!!

Notitas:

  • La empresa sabía que se traían algo, pero pensaban que estaban juntos en secreto, no que fueran unos babosos lol
  • A la semana de estos sucesos, Ivan ya estaba instalado en el depa de Till, y sus vecinos los odian, je.
  • Mizi: no que actuado lol; Ivan, sentado encima de Till: detalles, ok.
  • Till ya estaba planeando un crucero para su aniversario, por cierto (sí fueron).

Tengo otro fanfic pendiente para este evento, pero saldrá cuando tenga que salir 0(-(

Eso es todo por ahora, volveré pronto, espero ✌

Me encuentran en twitter como @_chickenbrown, a veces subo hilos y aus, je

Gracias por leer!! ✨