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La luz de la habitación de Reo estaba apagada a pesar de lo nublado que estaba el día. Hacía algo de frío, pero la batería de su computadora portátil y la cabeza de Nagi sobre su muslo derecho le impedían percibirlo del todo. Además, su concentración estaba en la pantalla de su laptop ubicada sobre sus rodillas, puesto que dentro de dos días sería el último examen del semestre. Reo no necesita tanta nota, de hecho, todo lo que debe hacer es ir, poner su nombre y entregar la prueba, pues con la nota mínima aprobaría, sin embargo, no quiere sacrificar su promedio de esa manera.
Un bostezo escapó de sus labios sin evitarlo, el sonido provocando que Nagi se removiera en su posición recostada a su lado.
Reo le mandó una mirada hacia abajo y sonrió suavemente. Nagi llevaba a su lado cerca de 30 minutos, obstinado como él solo decidiendo que no le importa que Reo esté estudiando, ya que él podía disfrutar de su compañía de todas maneras durmiendo a su lado sobre la amplia cama.
El plan era que Nagi llegara temprano. Pasarían el tiempo juntos del medio día hasta la hora en que tuvieran que irse a la aclamada fiesta de fin de semestre que Bachira se molestó en organizar para el grupo (léase organizar como decirles a todos que vayan a su casa el jueves). Harían acto de presencia. Saludarían y quizás bailarían una o dos canciones dependiendo de qué tan fuerte le pegara la cerveza barata a Reo, y luego volverían al departamento. Volverían a la habitación de Reo y volverían a estar exactamente igual: abrazados sobre la cama. Era el plan perfecto, pero había sucedido un imprevisto.
No era usual para Reo olvidar la fecha de un examen, no obstante, con todo el ajetreo del final de semestre, efectivamente olvidó el último examen de una materia que ya daba por aprobada.
Nadie lo iba a entender si se excusaba de no ir a la fiesta con algo así. No necesitas nota, ¿para qué vas a estudiar si ya lo sabes todo?, es algo que cualquiera de sus amigos le diría. Lo bueno es que Nagi es diferente. Entendió el problema de inmediato y se restó a sí mismo del inicio del plan, dejándole tiempo a Reo para que estudie el rato que necesite mientras él puede solo quedarse a su lado y cerrar los ojos.
Aquella comprensión le llenaba de sentimientos lindos por Nagi, así que al verlo removerse en sueños, no puedo suprimir las ganas de acariciarle la cabeza.
—¿Te desperté? —le pregunta con voz suave, rodeando incluso lo maternal.
El otro gime en su garganta por el gusto de ser acariciado y entierra más su mejilla en la cadera de Reo, sintiendo la suavidad de sus pantalones de casa.
—No —responde a penas, decidiendo abrazarse del muslo del muchacho a su lado como almohada.
Reo soltó un risita, sin dejar de acariciarlo.
—Ya casi termino, ¿sí? —es una mentira, pues le falta una unidad completa para repasar, pero a Reo le conmueve ver a Nagi tan adormilado, tan indefenso a su lado, que quiere ayudarlo a tener paciencia con aquella mentira piadosa.
No obstante, no es algo necesario, porque Nagi se afirma más de su cuerpo y enrosca sus piernas, quedando en posición fetal sobre la cama.
—Aquí estoy perfecto. Qué cómodo… —murmura adormilado entre dientes. No pasan más de 20 segundos y se puede escuchar su respiración acompasada y ligera.
Reo retiene una risa corta cubriéndose los labios con una mano. No quiere volver a despertarlo.
Se fuerza a sí mismo a volver a su estudio. Sus ojos están algo cansados luego que pasa una hora, así que debe removerse para tomar sus lentes de lectura, provocando que Nagi se despierte por un instante, solo para volver a quedarse dormido en seguida.
Reo no le presta mucha atención. Sigue leyendo y memorizando la materia que ya sabe, deslizando dos dedos por el mouse táctil de su laptop para bajar y bajar por el documento que no parecía tener fin.
El día continuó pasando, el mitigado sol se fue escondiendo más a pesar de que las nubes de invierno hacían lo posible para ocultarlo. La penumbra de la habitación de Reo se hizo más evidente justo al instante en que logró cerrar el documento de su pantalla.
Con una sensación de victoria, Reo estiró los brazos, tratando de estirar su cuerpo de la posición que tenía su cuerpo adormecido por la manera en que se quedó quieto por tantas horas. En algún punto Nagi se había removido y estaba descansando sobre la almohada, aunque ahora ya había vuelto a despertar por el movimiento del colchón.
El otro le mandó una mirada divertido por el cabello desarreglado de Nagi.
—Buenos días —jugó con una sonrisa, llevando su mano hacia las hebras platinadas para ordenar un poco su peinado.
Nagi abrió los ojos lentamente, parpadeando para acostumbrarse al cambio de luz.
—¿Reo, ya estudiaste? —fue lo primero que le preguntó.
El aludido afirmó con un sonido de la garganta.
—Hace un momento… aún estamos a tiempo de comer algo tranquilamente antes de salir —explicó mientras movía su laptop y la dejaba sobre la mesa auxiliar de su alcoba—. Puedo preparar algo… pasta… o tortilla de arroz, ¿qué dices?
Nagi seguía recostado, el único movimiento de su cuerpo era el ocasional parpadeo. Estaba quieto solo mirando a Reo hacia arriba, quien curioso por la falta de respuesta se giró hacia el otro muchacho, creando un contacto visual algo intenso.
Una mano de Nagi se movió hacia arriba hasta rozar la punta del flequillo más largo de Reo. Lo sostuvo entre su dedo índice y pulgar, sin halar o frotarlo, solo queriendo ese pequeño contacto.
Reo parpadeó algo confundido.
—¿Nagi? —suelta en duda, y el nombrado parece reaccionar, como quien se da cuenta que todas las palabras en su mente no han sido expuestas verbalmente.
—Reo, compré preservativos como me pediste antes —dice sin rodeos. Aquella forma honesta de expresarse hace que el corazón de Reo se acelere un poco y sus mejillas comiencen a sentirse más calientes—, ¿no los quieres usar? —pregunta finalmente, y la mano que estaba sosteniendo el mechón de cabello decide tocar más piel, así que con cuidado el dedo índice hace contacto con la sonrosada mejilla.
Era cierto que Reo se lo había pedido, pues él era quien llevaba el recuento de ese tipo de utensilios y Nagi con su expresión nula era perfecto para mandarlo a comprar estas cosas que a él le daban más vergüenza a pesar de que era un joven adulto sano. No se lo había pedido para necesariamente usarlos ahora, más bien era para tener en caso de necesitarlos, pero por supuesto que Nagi prefiere preguntar de manera directa evitando los rodeos.
Aunque a Reo así le gusta más de todas formas. Sin dejar espacio a los malos entendidos. Si esta extraña relación había funcionado entre los dos era porque ahora Nagi decía las cosas en lugar de solo pensarlas.
A pesar de eso, vacila al responder por culpa de los nervios del principio: —¿Tú… quieres…? —era una pregunta algo tonta considerando que Nagi fue quien había sacado el tema en primer lugar.
No obstante, si Reo necesita una reafirmación, Nagi jamás pensará en que es una pregunta tonta. Quizás algo molesta, solo por el hecho de que le toma más tiempo y, por tanto, retrasa las cosas. Más explicaciones significan menos tiempo enredándose con el muchacho a su lado.
La mano que acariciaba la mejilla de Reo se retira y ahora con ambas manos sobre el colchón, Nagi se impulsa hacia arriba, quedando sentado más a la altura del rostro de su compañero. Se miran dentro de un lapso que ninguno de los dos quiere acortar. Los ojos de Nagi brillan cuando encuentra su tesoro amatista y amaría solo quedarse así con el dueño de su corazón.
—Solo si Reo quiere —enfatiza tocándole con un dedo en el pecho.
El aludido sonríe suavemente al escucharlo, se siente lindo estar así. En la oscuridad de su habitación la atmósfera se vuelve más íntima, e incluso algo romántica de una manera que no los presiona a hacer nada sino que es agradable.
Las manos de Reo son más agresivas cuando lo agarra por el cuello. Reo en general es más agresivo cuando se emociona, pero eso a Nagi le gusta. Con sus manos lo agarra y lo termina acercando para que puedan besarse. Reo está sonriendo cuando sus labios se encuentran y Nagi le besa ambos labios con cuidado, pues su energía es mucho más tranquila a pesar de lo contento que está por poder tocar al otro de esa manera.
El beso se estira. No hay un patrón establecido en cuanto a sus besos, solo juegan entre ellos con una química que no tiene explicación, y cuando abren más la boca hay una risa linda por parte de Reo entre sus alientos, luego, se acaba la risa. El silencio del cuarto es interrumpido al instante por besos mojados. Sus lenguas se rozan y sus mejillas se sonrojan. Las manos de Reo pierden agarre y terminan en el pecho de Nagi, quien sube un mano para sostener la de Reo por el dorso sobre su pecho con la esperanza de que sienta lo rápido que va su corazón cuando se besan así.
El beso es delicioso y dura más que solo un instante, perdidos entre las sensaciones. Pronto se separan porque Reo se echa hacia atrás. Nagi busca verlo de inmediato, y lo encuentra mirándolo de vuelta con ojos entre cerrados, rostro caliente y una sonrisita linda.
Nagi se mueve hacia adelante, siguiendo el ritmo natural que Reo le ha impuesto de manera inconsciente y vuelve a buscar sus labios cuando sus rodillas lo afirman y le permiten ponerse encima.
Los besos vuelven y las manos se buscan sobre la ropa. Reo lo tiene agarrado por su sudadera en un puño que casi tiembla por la fuerza en que lo sostiene, mientras que separa sus piernas para que Nagi quede más cómodo entre ellas. El peso del cuerpo de este se hace cada vez más notorio a medida que Nagi se deja caer más sobre su el otro, y es sumamente agradable. Le quita la respiración de la manera más rica.
Se vuelven a separar, pero esta vez es por el calor. Nagi se quita su sudadera, quedando en una ligera playera, y vuelve abajo, aunque esta vez es para ayudar a Reo con su propia ropa: le levanta la camiseta hacia la altura de su pecho y su boca besa entre medio de ambos pectorales. Reo suspira ante el contacto y si es sincero está algo desesperado. Nagi era demasiado bueno a veces logrando encenderlo en un parpadeo. Ya se sentía duro y pesado en su entrepierna, así que sus piernas se remueven buscando más roce por ahí.
—¿Está bien así, Reo? —le pregunta con la boca entretenida con uno de sus pezones.
Y Reo asiente, sus caderas inquietas.
Pasa unos segundos más en donde su pecho es besado por todos lados y Reo reacciona positivamente, mas el calor en su cuerpo lo estaba haciendo perder la sensación de realidad.
A Reo le cuesta hablar cuando se calienta así, por lo que debe suspirar un par de veces y concentrarse para poder decirlo:
—Nagi, vamos muy lento —logra quejarse con esfuerzo, tratando de resistir el reflejo de poner su pierna sobre el torso del otro para atraerlo más hacia su cuerpo.
No hay una respuesta verbal del muchacho sobre él, más bien, este lleva ambas manos a la cadera de Reo para agarrarla y así presionarlo contra su propia entrepierna. Ambos gimotean por el roce delicioso y Nagi se alza abandonando la suave piel del pecho de Reo para besarlo nuevamente en la boca. En esa nueva presión entre sus cuerpos, Reo le sostiene por donde puede; los hombros, por el cuello, por su cabello y rostro de manera inquieta sin dejar de soltar gemidos contra la lengua del otro cada vez que sus entrepiernas se rozaban aún con la tela de sus pantalones evitando un contacto más directo.
El vaivén era caliente y satisfactorio, la restricción de la ropa solo generaba más y más gusto por el restriego de sus furiosas erecciones aprisionadas. Reo sucumbió y atrapó la cadera de Nagi con sus piernas, atrayéndolo imposiblemente más apegado a sí mismo. Ambos estaban respirando fuerte, deseosos por más contacto, por más piel, por más del otro, pero imposibilitados de alejarse un segundo si quiera para poder retirar la ropa que sobraba debido a lo bien que se sentía.
Ninguno quería parar así que así estuvieron por varios insufribles minutos, restregando sus durezas una y otra vez, acumulando calor en todo el cuerpo, intercambiando alientos calientes, miradas de deseo y disfrutando de los gemidos que podían arrancar de la garganta ajena.
No es que fuese una prueba para ver quien resistía más, aunque Nagi fue el primero en rendirse al no soportar el asfixiante calor. No porque haya perdido la paciencia, sino porque la excitación ya no podía ascender más. Había llegado a su límite y si esto continuaba, iba a terminar en sus pantalones, resultado que no sería del todo desagradable, aunque se supone que deben ir a la fiesta de Bachira luego y una mancha en esa zona sería difícil de explicar.
Qué molestia.
De un movimiento repentino, Nagi se alejó del cuerpo bajo él. Estaba sudando por su cuello y su aliento estaba pesado. Echó una última mirada al otro muchacho, quien se encontraba en una situación similar a él en cuanto a lo caliente que se sentía su cuerpo, y se concentró en lo que debía hacer. Sus manos no perdieron ningún segundo en ir hacia la banda elástica del pantalón de Reo, bajándolo sin chistar por el notorio bulto de enfrente.
A Reo se le aceleró la respiración y gimió su nombre al verlo así, mas Nagi no vaciló.
Al momento en que la erección de Reo salió de la asfixiante tela, Nagi bajo por el cuerpo ajeno para tomarlo en su boca mientras sus manos abrían sus propios pantalones.
—Na-Nagi… —murmuró contra la palma de su mano, ya que a pesar de que estaban solos, a Reo no le fascinaba llamar la atención de los vecinos.
El aludido gimió al escuchar su nombre así, poniendo todo lo que pudiera del pene de Reo en su boca, deslizándolo por su lengua y succionando hasta que sus mejillas internas hicieran una cómoda pared para que el tronco se deslice por el movimiento ascendente y descendente su cabeza. La piel sensible de la punta ya estaba mojada y receptiva producto del restriego de antes, así que solo restaba disfrutar de la textura y sabor.
Reo lloriqueó de gusto por el trato, sus piernas se movieron inquietas y sus manos fueron al cabello de Nagi. De su boca solo salían palabras de aliento, de lo rico que se sentía y de cómo Nagi era increíble. Todo aquello tenía un efecto en cadena sobre el cuerpo a punto de venirse de Nagi, quien se empeñaba por chupar mejor, más profundo, más húmedo y caliente, mientras su mano se movía sin piedad sobre su propia erección. Las palabras de Reo lo excitaban más, lo hacían querer esforzarse más para él se sienta bien.
A pesar de su intento por aguantar y continuar en ese estado en que está cerca de su orgasmo aunque no llegando del todo, no aguantó más al darse cuenta del sabor del pre-semen. Su lengua lo captó y al solo pensar en lo cerca que estaba Reo de su orgasmo, él tuvo el suyo. En su mano, dentro de su ropa interior. Nagi gimió una vez, brusco y seco, sin sacar a Reo de su boca ni una sola vez. Cuando bajó de su orgasmo, se dedicó solo a succionar y las manos del otro le dieron golpecitos en su hombro.
—Ya, ya —pedía a medias, la voz de Reo estaba algo ida— Nagi, ya me vengo… —y exhala, porque Nagi lo sostiene de su cadera y lo fuerza a seguir ahí, sin permitir que eyacule en ningún otro lado que no sea su boca.
Aquello Reo lo agradece internamente. Cierra los ojos y se deja ir. Su gemido es mucho más largo, más increíble y delicioso que oír en comparación del gruñido que soltó Nagi antes. Es la mejor de las melodías para este, así que lo recibe todo, sin desperdiciar nada, queriendo todo de Reo en él.
Reo se relajó en su boca y lo dejó ir. Tragó y se relamió los labios.
—Ven acá, Nagi, escúpelo —soltó quien aun luchaba por recuperar su aliento.
El aludido recupera su aliento también al apartarse de la entrepierna del otro y alzarse para poder abrazarlo. Nagi acomoda su rostro en el pecho ajeno y cierra los ojos, relajándose con el fuerte golpeteo del corazón de su compañero.
—Ya tragué —responde cuando puede, y esas palabras generan un sonido en la garganta de Reo, como cuando se encuentra algo asqueroso.
—Raro —murmura, aunque pone sus manos por la espalda del otro, acariciándole suavemente. Puede sentir en la yema de sus dedos la ligera capa de sudor que se acumuló en la piel, dejando en evidencia el enorme calor que de pronto se generó entre ellos.
Nagi sigue descansando sobre el pecho nuevamente cubierto con la camiseta de antes, ya con la respiración más acompasada.
—Que Reo no pueda… no quiere decir que es para todos igual —respondió de pronto en voz baja, haciendo que el aludido de un respingo.
Reo odia eso de sí mismo, o, más bien, detesta tener ese defecto: le cuesta trabajo tragar, y lo habían descubierto juntos de la manera más poco erótica posible, pues solo con Nagi estuvo dispuesto a dejar que alguien le acabara en la boca. Reo tiene arcadas al final, no sabe si el sabor o la textura del semen, pero no logra controlarlo del todo. Una vez Nagi terminó con semen y otros residuos en sus zapatos. No ha sido su mejor momento, aunque al menos es algo que ambos ya dan por entendido.
Lo peor de todo es que Reo es terco, pues ha intentado varias veces superar aquella molesta espina.
Así que al escuchar que Nagi le dice eso, se mantiene en silencio. Algo avergonzado a pesar de que a esta altura ya es un asunto que tiene más o menos superando.
No obstante, la falta de respuesta no es un buen indicador, así que Nagi se alza de su posición y busca el rostro de Reo. No le encuentra la mirada al principio y está algo sonrojado.
No sabe si fue por el comentario que hizo, aunque de todas maneras lo aclara: —A mí me gusta hacerlo… —murmura y se acerca para besarle por el mentón de manera tierna, luego un beso en la mejilla—. Reo tiene un buen sabor… —asegura, buscando los labios del otro—, puedes probarte si…
Y no puede. Reo le pone su palma sobre la boca y lo aleja de forma algo brusca.
—Basta con eso, es asqueroso si me piensas besar luego de lo que hiciste —es su racionalidad hablando, en un momento de calentura no cree que algo así le importe.
Nagi lo entiende. Se aparta de encima.
—Mah… —suelta para sí, rodando hacia el lado vacío de la cama, y luego sentarse e inclinarse hacia uno de los costados para bajar de la cama—. Reo se lo pierde.
Este lo ve ponerse de pie y se incorpora un poco, de pronto recordando que seguía con el pene afuera, así que se sube su ropa interior aun en esa incómoda posición.
—¿Dónde vas? —inquiere al ver a Nagi rodear la cama.
El otro le manda una mirada, ya llegando a la puerta.
—A lavarme, sino no me dejas besarte —explicó brevemente, ya tomando el pomo de la puerta.
Reo se siente algo avergonzado, aunque aún así pregunta: —¿Qué hay de ti? ¿no quieres que yo…? —y le indica hacia sus pantalones.
Nagi se mira a sí mismo y frunce el ceño suavemente.
—Está bien así, ya terminé antes —su tono es suave al responder, y luego de esas palabras, sale en dirección al baño que está opuesto a la habitación en el pasillo.
Reo se queda sobre la cama preguntándose en qué momento Nagi tuvo su orgasmo, pues no se dio cuenta.
En el baño, este se lava tal como dijo que haría. Pone agua en su boca y la mueve de un lado a otro. Mientras hace eso piensa en que se supone que iban a usar los condones que trajo y no lo hicieron. Eso era un desperdicio, sobre todo cuando Reo ya había aceptado hacerlo. Debe reconocer que estuvo algo desesperado por tocarlo y no tuvo la paciencia de preparar el cuerpo del otro para poder penetrarlo propiamente tal, sino que decidió irse por lo más rápido.
Era igual de disfrutable. Claramente lo era. Pero… eso no quitaba que era un desperdicio.
Así que al salir del baño, va a brevemente al salón de estar en busca de su mochila a por la caja de preservativos que compró. Se la dejó en el bolsillo del pantalón y se devolvió a la habitación.
Al abrir la puerta con un ligero empuje, notó de inmediato que Reo ahora estaba boca abajo en la cama, mirando algo en la laptop que usó para estudiar.
Verlo así le molestó un poco. Es que, ¿qué no había dejado de estudiar ya…? No quería que Reo lo volviera a no tomar en cuenta por estar estudiando, así que analizó sus posibilidades de recuperar su antigua posición y, al juzgar por el hecho de que Reo se había quedado solo en ropa interior, logró deducir que no eran bajas sus posibilidades.
Cerró la puerta tras él sin hacer ruido y por el borde se subió a la cama, gateando hasta ponerse sobre Reo. De manera intencionada afirmó su entrepierna sobre su trasero.
—Creí que Reo ya había estudiado —murmura sobre el hombro del muchacho, y desde esa altura puede ver que efectivamente estaba abierto el documento que estuvo leyendo durante la tarde.
Reo no le presta demasiada atención.
—Sí, sí, solo estaba verificando algo que olvidé —contesta sin más, pero no cierra la ventana.
Nagi se mueve para poder besarle la nuca por la parte en que sus cabellos más largos se separan al tenerlo suelto, mientras que sus brazos lo rodean como puede por el torso.
—Reo nunca olvida nada —es la respuesta que le da al mismo tiempo que con sus dientes baja un poco el cuello de la playera del otro y da un pequeño beso.
El aludido ríe suavemente por el cumplido y a la vez divertido por las cosquillas en su piel.
—Es verdad —coincide, aunque al parecer no quiere sonar tan ególatra y admite: —O, más bien, sé usar el calendario del celular —lo dice entre dientes, aunque Nagi lo escucha perfectamente y le hace algo de gracia que está hablando de más. No puede evitar pensar en que sus besitos lo estaban poniendo nervioso. Fuera de despejar las sospechas, Reo continúa: —Oh, bueno, sí olvidé el examen de esta asignatura… así que supongo que sí olvido cosas con cierta frecuencia…
Nagi sube un poco, dando otro beso pequeño y lento en la nuca del otro.
Así tan apegados estaban que logra darse cuenta de que Reo da un pequeño movimiento en sus piernas, evidencia de que sí estaban funcionando sus besos.
—Reo —le interrumpe lo que sea que fuese a decir.
Y se restriega contra él. Su casi erecto miembro roza por entremedio de sus glúteos.
De todas las reacciones, Reo suspira.
—¿Qué es esto…? —inquiere volteándose ligeramente por su hombro derecho para poder verlo a los ojos. Nagi se alza con los brazos y separa su pecho, pero su estómago seguía apegado a la espalda baja de Reo. Se miran un segundo —¿Sientes… energía por la siesta de antes…? —Nagi no sabe por qué su actuar tiene que tener un a razón, aunque no vacila en responder:
—Dijimos de usar los preservativos —contesta y vuelve a bajar. El repentino movimiento hace que Reo se volteé derecho y Nagi le habla cerca del oído— ¿Ya no quieres?
No espera respuesta y los besos que había dejado sobre el hombro y cuello han vuelto. Reo cierra los ojos y aprieta un poco los puños. Se sentía algo mal de ceder ante el deseo pues sabe que tiene que salir luego, pero no puede. No se puede resistir. Alarga la mano y cierra la tapa de su laptop, dejándola en el mueble de antes.
Nagi levanta la playera de Reo por los costados, tocando piel. Pasa la ropa por la cabeza y no se preocupa de que se la quite por las manos, pues va directamente a repartir besos y tocar los músculos de la espalda y torso del otro.
A Reo le gusta recibir besos así y estaba comenzando a perder más fuerza de resistencia, no obstante, se sentía algo frustrado: ¿Es que él era el único a quien le interesaba ir a esa fiesta?
Bueno, era Nagi con quien competía, así que la respuesta era algo obvia.
Sin embargo, podía dar algo de guerra.
—No me he duchado —le dice al pensar en una excusa válida y que Nagi aceptaría si en verdad le hiciera sentirse incómodo.
—Mentira —responde sin chistar un segundo—. Tu cabello huele a champú —agrega, y llega hasta la espalda baja de Reo. Sus dedos se entretienen con sus costados, tocando su cintura y la textura de los abdominales del estómago.
Reo entierra el rostro en la almohada. Ya sabe lo que quiere hacer Nagi y quiere poder disfrutarlo, de verdad que sí, pero debe hacer el último intento: —¿Y si solo me lavé el cabello? —suelta con la voz que le queda. Se siente rojo en su rostro y sus manos aprietan las sábanas bajo su cuerpo.
La voz de Nagi suena extrañamente segura cuando le dice que huele su loción en su piel. —Solo pones loción después de ducharte —Reo sonríe tiernamente por eso. Nagi lo conocía de esa manera y cree que es algo lindo.
De todas formas, suspira. Ya no le importa esa dichosa fiesta.
—Tal parece que no tengo salvación —bromea con un tono que Nagi conoce bien. Las manos de este ya están bajando la ropa interior.
—Correcto —afirma, tocando una nalga en una caricia sensual, luego apartándola suavemente, y sin más preámbulos su boca besa la entrada de Reo.
Este suelta un gritito por el contacto sorpresivo. Se tensa un poco, pero las manos del otro le acarician por sus caderas para que se calme. Sus muslos tiemblan ligeramente ante la primera sensación de humedad y decide cerrar los ojos. Nagi le estimula por alrededor del anillo y sus manos le sostienen en posición agarrando parte de sus caderas y su trasero, sin permitir que escape o se aleje, cosa que a veces ha pasado. Incluso por reflejo Reo se aleja, así que debe evitar aquello.
Pasa la lengua por la piel sensible, lamiendo una y otra vez por la pequeña abertura. Espera poder estimularla pronto, porque quiere poder entrar pronto. Sus manos aprietan a Reo contra él en un arrebato de placer, porque le encanta sentir su trasero contra su cara. Lo presiona más y más, hasta que no es suficiente. Quiere sentirlo completamente sobre él.
El pene de Nagi da un espasmo ante la idea que ha tenido.
En busca de satisfacer su reciente necesidad, se separa del trasero de Reo y le habla desde su posición.
—Oye, Reo… —lo llama con algo de dificultad.
El aludido suelta un gemido y Nagi lo ve asentir varias veces con la cabeza.
—Sí, estoy listo —le escucha que responde, y Nagi se muere por cogérselo de inmediato tal como se lo ha permitido, pero lo que su cuerpo pide ahora es otra cosa.
—N-no, Reo, es… —no puede terminar.
—¿No? —exclama casi asustado el otro, volteándose a verlo.
Nagi pone su mano en su nalga y le acaricia suavemente, como rogándole que se calme.
—Digo, sí, pero primero… —con su mano libre se apunta a sí mismo con el dedo índice—, ¿te sentarías en mi cara? —pide finalmente sin siquiera parpadear.
Reo, por el contrario, parece confundido.
—¿A…Ah? —duda con extrañeza.
Nagi se vuelve a indicar, ahora al nivel de su rostro—. Que te sientes en mi cara —aclara, y se mueve rápidamente, como si supiera que Reo va a alegar o, en el peor de los casos, a negarse, así que debe ser más veloz que las ideas del otro. Nagi se acomoda boca arriba en la cama, respirando pesado y poniendo ojitos grandes hacia Reo, quien solo le miraba algo perdido desde su posición.
Se miran un segundo.
—Por favor —pide, y Reo suspira pesadamente.
Se averguenza, pero se mueve. Por el rabillo del ojo ve como Nagi se masajea a sí mismo por sobre los pantalones para aliviar algo de presión, así que decide apresurarse también. Sin pensarlo mucho, se ubicó mirando hacia los pies de su compañero y luego se remueve hasta poner ambas rodillas a la misma altura de los hombros del otro, aunque no se atreve a bajar aún.
Hay un segundo completo donde vacila, y se nota:
—Reo, se supone que…
—¡Y-ya sé! —alega, pues tiene mucha vergüenza. No odia las cosas que Nagi le propone hacer en la cama, aunque habían veces —como esta— en la que debe armarse de valor para cumplir los deseos de su único tesoro.
Nagi tiene una buena vista, así que no se queja y le da su tiempo. Si ve hacia arriba puede ver las redondas pompas que quiere contra su cara. Puede ver mucho de Reo en esa posición, por lo que le encanta y le prende mucho: su mano se mueve algo inquieta por sobre su pantalón una vez más antes de agarrar las caderas de Reo de ambos lados, apretando el músculo, intentando halarlo hacia sí sin tanta fuerza como si fuese a obligar, sino a modo de demostrarle lo mucho que deseaba el sensual contacto.
Con un quejido pequeño Reo se rinde y se sienta. De inmediato siente la boca de Nagi y agacha la cabeza en derrota. Le gusta lo que hace y gimotea por el calor de la lengua del otro contra su entrada. Una y otra vez, haciendo que los dedos de sus pies se recojan y que su aliento se agite más y más.
Reo se da cuenta de que pronto está moviendo sus caderas al ritmo en que siente varias lamidas y besos por detrás. Debe cerrar los ojos y ambas manos buscan la propia piel. Una palma acaricia su erección y la otra picó uno de sus pezones solo para aumentar más el placer del sensual contacto.
A pesar de su creciente calentura, trata de soportar su peso por varios minutos, mas la insistencia de las manos de Nagi en sus caderas y muslos, lo hacen finalmente poner todo su peso encima de su cara y siente todo en su zona más sensible. Nagi suelta un gemido ahogado cuando está todo el peso sobre él y, al estar contento con eso, puede usar una de sus manos para estimularlo por sus testículos, presionando suavemente en la piel sensible entre estos y su entrada, hasta llegar con cuidado a poner un dedo dentro al estar ya lo suficientemente estimulado por su trabajo oral de antes.
Reo se queja y pierde fuerzas. Siente que va a terminar así y no sabe si quiere de esta manera. Desearía poder aguantar más, pero sabe que es inútil, pues su erección se siente húmeda y pesada en su propia mano debido a la increíble excitación del momento.
No obstante, no puede evitar querer dar una pelea digna.
Sus ojos se fijan desde arriba en la erección aprisionada de Nagi. Piensa en la presión que debe sentir, en lo mucho que le gustará si alivia ese dolor. Así que, sin darle más vueltas, Reo se inclina hacia adelante hasta que su rostro queda a la altura de la entrepierna del otro muchacho.
Quien estaba recostado no es del todo consciente del movimiento, hasta que se da cuenta que el trasero de Reo se va hacia adelante y al instante su pene entra en contacto con el aire del ambiente. Jadea una vez, sin dejar de tratar a su compañero de la mejor forma que puede con un dedo, mas le cuesta volver a ello cuando el otro lo agarra en su propia boca.
Nagi estira el cuello hacia atrás en un gemido delicioso a los oídos de Reo y sin querer empuja hacia arriba con la cadera en busca de más penetración. No era justo, es lo que piensa de pronto sofocado. El frío de antes está en el maldito olvido con el calor del ambiente en la habitación.
Él realmente no iba a durar si hacía eso.
—Reo —le llama como puede, una de sus manos trata de tocarlo por la espalda y así llamar su atención para frenarlo, aunque no lo consigue del todo.
El sonido de las succiones, húmedas y eróticas, irrumpen en la penumbra, haciendo que Nagi cierre los ojos encantado por la atención. Reo lo succiona tan bien y con tanta dedicación que no puede hacer más que solo dejarse hacer por unos segundos más, sintiendo la húmeda pared de sus mejillas internas y el calor de su lengua por la punta cuando retrocedía. El ritmo y el calor amenaza con llevarlo a la locura en cuestión de minutos, hasta que recuerda que dejó algo a medio hacer: despierta de su placentero ensueño y abre los ojos, estaba algo atontado por la increíble sensación que le regalaba aquella boca en su máximo esplendor, y decide con dificultad volver a lo suyo. Sus manos fuerzan las caderas hacia abajo y sigue besando en el punto que hace a Reo perder el ritmo en su succión y hacer un sonido grotesco cuando su glande por accidente golpea más allá de la pared de su garganta.
Nagi escucha como lo quita de su boca y toma aire con dificultad.
—Nagi —escucha que ruega en voz quebrada y pequeña—. Nagi, d-de verdad…
¿De verdad lo iba a hacerle venir así?
La respuesta es sí. Es lo quiere con todo su ser. Hacerlo tener un orgasmo de esta manera podría incluso elevar más su propio placer.
Reo gime más fuerte, a penas logrando poner besos húmedos y lamidas en el glande que tenía frente suyo, vuelto loco por el placer, intentaba continuar, pero era demasiado. Con una mano intentó agarrar la erección de Nagi para masajearlo con su palma y así poder continuar con su batalla imaginaria contra su propio cuerpo, sin embargo, fue en vano, ya que su imaginario contrincante se sentó más derecho, provocando que su cuerpo se moviera hacia adelante por el empuje. Reo reaccionó avanzando por la cama con sus manos, hasta que su rostro quedó pegado al final del colchón y pudo sentir el pene de Nagi contra su pecho.
No podía tocarlo en esta situación.
Y por otro lado, sus piernas quedaron separadas sobre los hombros del otro, mientras este aún tenía su boca entre sus piernas.
Era imposible. Reo había perdido antes de siquiera tener una oportunidad.
Así que simplemente aceptó la derrota.
—Nagi —murmuró por última vez contra el cobertor de su cama y la presión en su zona baja comenzó a liberarse. Su gemido fue opacado por la tela, aunque no lo suficiente para pasar desapercibido por su compañero, quien pronto se dio cuenta de que Reo estaba viniéndose por los pequeños espasmos de su cuerpo.
Se apartó con cuidado sin querer sobre estimularlo más y tomo aire. Dejó caer de a poco el cuerpo de Reo hasta que este logró afirmarse con las rodillas sobre la cama.
Nagi tomó aire, observando el cuerpo del otro frente a él desplomado y agitado. La evidencia de su corrida estaba en las sábanas y un poco en el estómago de Nagi.
La imagen que se le ofrecía de Reo en esa posición, estirado y agotado le prende un montón. Sin quererlo realmente sus caderas se mueven en busca de contacto, encontrándola con el estómago bajo de Reo. Su pene se sentía muy duro y listo, así que Nagi siguió buscando más fricción contra la sudorosa piel del otro muchacho. El vaivén lo tenía a punto de acabar, solo rozándose con la piel de Reo, y este sin tener que hacer nada para que el simple peso de su cuerpo y la desnudez de este le hiciera querer tener su orgasmo de esa manera tan patética.
A Nagi le encantaría tener más orgullo que eso, pero no puede evitarlo porque se siente demasiado bien. Y solo basta con que Reo gane algo de conciencia de lo que está haciendo con su cuerpo para que se mueva al ritmo.
Con ese suave movimiento, se deja ir. Sus manos agarran con fuerza la cintura de Reo mientras la eyaculación cae en la piel de este y en las sábanas.
Han hecho un desastre, no obstante, ha sido increíble.
Ambos están cansados. Aún está oscuro afuera y, en teoría, si se apresuraran, todavía podrían llegar a la fiesta de Bachira.
Reo se remueve, queriendo voltearse y poder incorporarse sobre la cama.
—Estoy muerto —suelta, acariciándose un hombro.
Nagi hace un sonido de afirmación, sin moverse de su lugar. Se echa hacia atrás y queda recostado.
Al incorporarse, Reo mira a su alrededor, notando las sábanas salidas de los extremos de la cama. A penas se había dado cuenta del desorden que habían hecho, pues su mente estuvo ocupada en otras actividades, sumado con la oscuridad de la tarde que había aumentado con forme pasaba el tiempo.
Sin embargo, no puede darle mayor importancia a un detalle así. No en esas circunstancias, al menos.
—¿Quieres dormir? —le pregunta a Nagi, pero parece que este ya está dormido, ya que no responde nada.
Reo sonríe para sí y con la fuerza que le queda agarra las sábanas y las pone sobre ambos.
Finalmente se termina acomodando dándole la espalda a Nagi y pone una almohada bajo su cabeza. Se acurruca mejor y Reo cierra los ojos, dispuesto a dormir. Bosteza una vez, gustoso, aunque no pasa ni un minuto y las manos de Nagi le sostienen de la cintura y lo atrae hacia él. El contacto de su trasero con la entrepierna del otro muchacho es inevitable en esa posición, mas lo que Reo no esperaba era sentir una nueva erección.
Soltó una risa pequeña y con más malicia que otra cosa se restregó contra la dureza del otro, queriendo molestarlo un poco.
—¿Estás bien, Nagi? —inquiere divertido, y su compañero solo gruñe contra su espalda.
Finalmente se aburre del roce y se queda quieto. Aun así, el pene de Nagi sigue contra su trasero. Mas vivo que hace unos segundos debido al contacto que le dio con sus pompas.
—Reo… —lo escucha musitar y el aludido sonríe.
Ambos están cansados, pero parece que sus cuerpos no quieren aceptarlo.
—Hay lubricante en el cajón —le dice con un deje de sensualidad, aunque parece una sugerencia, como probando si Nagi realmente quiere continuar o solo era un reflejo de su zona sensible al haber tenido un buen orgasmo antes.
No supo bien qué esperar, así que solo aceptó el destino cuando Nagi se movió con pesadez hacia el costado opuesto en busca del buró. Reo suspiró al no saber qué sentir: cuando invitó a su compañero a su departamento no era con la intención de tener una maratón de sexo, aunque ahora que estaba sucediendo, no podía decir que no le fascinaba la idea.
Nagi volvió a su lado y de manera gentil empujó un costado de su cadera, dejándolo boca abajo.
—Yo quiero hacerlo —murmuró Nagi contra la piel de su espalda, y una de sus manos se aventuró hacia su trasero, toqueteando y buscando el punto que ya había estimulado antes con su boca.
Reo soltó un pequeño gemido. Su rostro se escondió en la almohada, avergonzado una vez más de ser tocado ahí a pesar de que hace un rato el toque era muchísimo más vergonzoso.
—De acuerdo…
Nagi tomó esa luz verde de inmediato y puso lubricante en su mano. Con paciencia se acomodó al lado de Reo como para que pudieran estar ambos acostados de manera cómoda y a la vez que su mano pudiera alcanzar su entrada. Al principio delineó la ovalada forma, notando que la piel sensible ya estaba cediendo ante su dedo índice, así que no esperó mucho más para introducirlo de a poco. Muy lentamente, como si temiera dañarlo a pesar de que para Reo era una acción a la cual estaba más que acostumbrado.
Una vez dentro, Nagi se acercó más y dio besitos pequeño en el hombro. Una disculpa por la incomodidad que le está haciendo pasar, pero su pene estaba pesado y buscando algo con que rozarse.
—¿Está bien así? —le preguntó con ternura, moviendo su dedo índice un poco más rápido. La verdad es que tanta paciencia no tenía en ese momento.
Por su parte, su compañero giró el cuello para evitar mirar a Nagi a la cara a pesar de que la oscuridad de la habitación mantenía todo lo que hacían como un secreto. Jadeó ante la sensación y apretó las sábanas con ambas manos.
—Sí, sí —murmuró a duras penas, tomando aire. De pronto fue como si en su habitación solo hubiera aire caliente.
Nagi gimió ante la respuesta y su dedo se volvió para luego empezar a estirar con otro. Reo gimió lastimosamente, parecía ansioso.
—Nagi, ya- a… así está bien —no sabe si estaba bien, pero no quiere esperar mucho más.
El aludido negó con la cabeza, moviendo más sus dedos, buscando en el interior de aquel apretado canal.
—No aún, no quiero que Reo la pase mal —jamás le había desgarrado la piel interna porque Nagi escucha atentamente las señales de su compañero, sin embargo, eso no quería decir que no sintiera la necesidad animal de meter su pene ahora y rápido.
La paciencia se le acababa y su cuerpo estaba muy caliente, incluso al punto en que una pequeña gota de sudor caía por su nuca. Nagi debe afirmar su frente en el hombro de Reo para poder concentrarse en otra cosa que no fuera lo caliente que se sentía por todos lados.
Lo peor es que Reo no paraba de dar sonidos lindos y reacciones en pequeños espasmos que lo hacían querer gobernarlo de una vez. Reo era tan lindo así y no sabe si es físicamente posible para él aguantarse mucho más.
—Reo —lo llama cuando ya tiene suficiente. Este asiente al instante, entendiendo, y se acomoda de lado, tal como las manos de Nagi le están pidiendo ahora, agarrándolo con fuerza de las caderas y que así quede de espaldas hacia él.
Nagi se recuerda a segundos de entrar en él de que no se ha puesto condón, así que suspira una vez antes de voltearse hacia el cajón de antes. El otro lo apresura y él realmente nunca ha sido bueno poniéndose el látex con rapidez, pero hoy parece que sus manos están muy hábiles. O quizás sea solo sobrevivencia: si no entraba en Reo ahora, iba a morir.
El preservativo llegó a la base de su tronco y Nagi se volvió a acomodar. No le importó mucho usar su fuerza para llegar de una vez hacia donde quería estar, porque con ambas manos sostuvo a Reo para apegarlo a su cuerpo, espalda contra su pecho, y luego con una mano guiándose hacia el interior.
No encontró mayor resistencia, así que se deslizó hasta donde más pudo. Reo lo soportó bien, no obstante, Nagi notó una cosa.
Detuvo su movimiento y le habló con sus labios apegados al suave cuello: —No dejes de respirar —en una advertencia que hizo a Reo temblar. No sabe como Nagi puede pretender que no pierda el aire cuando está tomándolo así. Tan cerca, tan apegados y tan íntimo. De todas formas, asintió y soltó gemido cuando su acompañante siguió entrando.
Una vez estuvo del todo, Nagi pasó un brazo por su cuello, queriendo tenerlo muy cerca al permitir que se acomode sobre su extremidad como si fuera una almohada. Esa mano le abrazó por el pecho y le presionó hacia él.
Reo ya solo podía quejarse y concentrarse en respirar. Sus ojos se cerraron y cuando se comenzó a sentir mejor, empezó también a mover de a poco su cadera, iniciando así el ritmo al que sus cuerpos querían bailar.
Las primeras penetraciones siempre eran así: lentas, suaves y con cuidado, mostrando de manera indirecta el cuidado que querían tener con el otro. Unas pequeñas palabras de aliento, varios suspiros y besos pequeño en la piel. Luego, ya no. Cuando el ritmo comenzó a acelerar, Reo se encontró a sí mismo siendo forzado a alzar una pierna por la mano de Nagi bajo su rodilla, como si necesitara abrirlo más, para poder entrar más.
Hay un golpeteo entre sus pieles y sonidos de gemidos, bocanadas desesperadas en la habitación. Reo ya se mueve también, buscando más y más contacto, mientras que Nagi busca lo mismo con sus propias caderas, dando lo mejor de sí para cogérselo tal y como quería: solo buenas sensaciones. Solo Reo bajando y subiendo como loco por su pene, regalándole su calor y queriendo que se quede dentro más y más. Su voz quebrada y que parecía que iba a llorar. Los movimientos involuntarios de sus piernas, sus manos sin saber qué hacer más que agarrarse de las sábanas. Es como si su mente solo pensara en una cosa. En aquello que Nagi le daba con ganas, pues se estaba volviendo loco del deseo por el otro muchacho y le fascinaba. No podía pensar en algo mejor o que valiera más su esfuerzo.
Así que quiso demostrárselo.
Nagi bajó la pierna de Reo y salió de su interior recibiendo un sollozo sucio, mas Nagi se acomodó por detrás para ponerlo de rodillas y manos. El cuerpo de Reo se dejaba tratar maravillosamente. Es como si solo tuviera que darle una pista de cómo lo quería y ya se posicionaba de manera perfecta.
O quizás solo Reo era perfecto.
También era perfecto recibiendo su pene otra vez y gimiendo gustoso al sentilo dentro. Notó que los pies de Reo se pusieron sobre sus canillas y lo presionaba hacia él, como sin dejarlo escapar.
Pero Nagi no iba a ningún lado. Menos así, tan junto y enterrado en él.
Una mano le sostuvo cerca de la nuca, afirmándolo en posición y el nuevo vaivén volvió a traer más sonidos de piel chocando y los sonidos de placer de ambos. El rostro de Reo estaba oculto en la almohada y toda la cama se movía con las insistentes embestidas que recibía. Para él era todo increíble a pesar de lo vulnerable que se sentía así, pero le encantaba. Quería que Nagi se quedara así toda la noche, haciéndolo suyo una vez más, mientras que Nagi tenía la mirada fija en la espalda del muchacho bajo él, a penas pudiendo distinguir su cuerpo por la oscuridad de la noche, aunque sus ojos ya estaban acostumbrándose, porque en definitiva podía ver cómo su culo daba algo así como rebotes sobre su virilidad.
Eventualmente fue demasiado para ambos, aunque sobretodo para Reo, que ya cercano a la locura al sentirse tan lleno, debe avisarle que está cerca de su orgasmo. Su voz a penas se entiende, quebradiza y agotada como está, pero su compañero lo entiende.
—¿Más rápido? —la voz de Nagi tampoco está mucho mejor. Su cuerpo está sudado, sus manos agarrando todo lo que puede de Reo para que siga siendo suyo una y otra vez en un ritmo que lo mantenía en un estado de disfrute que no podía explicar.
Ante la pregunta Reo soltó un gemido y asintió con la cabeza de manera rápida, no sin dejar de agregar: —Más adentro —rogó en un hilo de voz.
Las manos de Nagi no dudaron en bajar de inmediato hacia las redondas nalgas que estaban frente a él para poder separarlas. El inicio de su pene todavía estaba visible para él, aun cuando entraba bastante, así que siguió la petición de manera obediente y entró del todo. En una situación normal para Nagi era lo suficientemente excitante y placentero solo entrar. Incluso solo con la punta era rico y disfrutable, así que no era su estilo penetrar a Reo con todo, sino que ir de a poco y solo si su compañero lo pedía iría más en serio, pues sabe que es algo grande y no quiere herirlo, así que hacía algo así solamente cuando le pedía que él entrara del todo.
Al perderse en el cuerpo de Reo, ya no ve nada de su pene y solo esa idea le marea y amenaza con llevarlo al límite. Su compañero gimotea lastimosamente y Nagi quiere llevarlo a su orgasmo, así que baja y pone sus manos a ambos lados de la cabeza de Reo, estando completamente encima sin recargar su pecho en su espalda. Con ese ángulo la penetración tiene más presión, más fuerza y su compañero se vuelve loco así. La presión hace que el interior de Reo se sienta más apretado y la verdad era que Reo podía sentir todo.
En un montón de palabras incoherentes y gemiditos que quiere grabarse en la mente, Nagi le besa la nuca, sin dejar de embestirlo por detrás. Escucha que dice algo sobre lo increíble que era, aunque no está seguro de si escuchó bien, pero decide que no importa.
Reo no tarda más que eso. Se empuja a sí mismo como puede contra su erección, buscando su final y ahí estaba.
Desde arriba puede ver cómo Reo se estira hacia adelante y tiembla; una suave sacudida por su columna y también sus piernas, mientras sus manos se agarran de las sábanas como si su vida dependiese de eso. Nagi no puede evitar querer abrazarlo al sentir como se aprieta más desde su trasero, así que sus brazos lo abrazan por la espalda, cargando su peso por completo y acompañándolo mientras termina de venirse.
Nagi lo escucha suspirar, tomar aire cuando se calma, su semen esparcido en la cama a pesar de que no tocó su pene en ningún momento.
—Na-nagi… —este se separa un poco, quiere escucharlo.
Se encuentra con los ojos de Reo después de un buen rato. A penas puede verlos bien por la oscuridad, pero estos brillan de una manera que no puede ignorar.
Reo estira su mano y le agarra por detrás del cuello, forzándolo a bajar hasta que pueden besarse. Es más lengua y más saliva que otra cosa, a demás, el ángulo es incómodo en el cuello de ambos, sin embargo, es suficiente para Nagi. Un beso húmedo así siempre le servía de sobremanera para estimularlo hasta el final, podría hasta terminar solo con eso.
Suelta un gimoteo sobre los labios de Reo y una de sus manos agarra la cadera del de abajo para sostenerlo firme. Entra en él unas cuantas veces más, y Reo le pide sobre su boca que se venga dentro con una voz que le desgarra la cordura. Las palabras son excitantes a pesar de que está usando un condón, así que Nagi complace. Su frente se reposa en la sien del otro y su voz normalmente pausada y floja se hace presente directamente en el oído de su amante. Se viene en un delicioso espasmo. Cierra los ojos y lo disfruta, entrando lo más que puede en Reo. Siente su calor y el aroma de su sudor. Sus manos lo aprietan más porque lo quiere más cerca y está seguro de que va a dejar una marca en esa zona, mas no le importa mucho en ese preciso momento. Reo es suyo de esa forma, por al menos esta noche, es suyo completamente. No de ningún idiota que pudiera tenerle interés en esa estúpida fiesta de Bachira. Si al menos puede tenerlo con él una noche más, está perfecto.
Así todo está perfecto.
Nagi está agotado, así que descansa un poco sobre el otro.
Reo suelta una risita.
—Si vas a dormir, al menos sal de mí —suelta de manera divertida y se remueve.
Nagi gruñe una vez y se aleja. Retira su semi erección y con esfuerzo se saca el condón. Lo anuda y lo deja de manera descuidada en algún punto del piso. No le puede importar menos en ese momento. Se voltea hacia el otro lado de la cama y respira hondo. Lleno de satisfacción y cansancio.
La habitación está en silencio, solo ambas respiraciones se escuchan. El ambiente sigue caliente al punto en que las ventanas de Reo están empañadas.
De pronto, en todo ese silencio, hay un sonido de llamada. Es el celular de Reo, y este se estira como puede para agarrarlo. Su teléfono estaba en la mesita más cercana a Nagi, así que se estira por sobre él para agarrarlo, a lo que Nagi, sin tener una pisca de tonto, aprovecha la cercanía para abrazarlo por la cintura.
Reo esta algo incorporado en la cama para poder contestar, recargando su peso entre su acompañante y su almohada.
—¿Hola? —la voz de Reo está algo rasposa, y no hay duda de que sea así después de que estuvo gimoteando por más de una hora entre todo el ajetreo que tuvieron.
Desde la otra línea, la voz de Bachira es distinguible incluso para Nagi debido al silencio de la habitación y lo cerca que estaba de la llamada.
Su amigo le pregunta donde está, pues la fiesta ya ha comenzado hace cerca de una hora.
Reo frunce los labios y le pega una mirada a Nagi, como si esperara que él le diera una respuesta a pesar de que, de los dos, Reo solía ser quien tenía respuestas más rápidas. No obstante, su compañero estira una mano hacia la mesita auxiliar y le enseña a Reo que compró una caja de 10 condones. Reo la mira, luego a Nagi, luego a la caja y la manera en que su compañero la está moviendo suavemente, como dándole su respuesta.
—Ah, lo siento, Bachira, no podré ir. Me siento algo enfermo —y luciendo sus dotes de actuación, tose una vez.
Su amigo desde la otra línea le dice: —¿De verdad? Ah, qué lástima… Oye, Reocchi, ¿y sabes algo de Nagicchi? Lo llamé varias veces también y no contesta —su voz era de tristeza quizás algo actuada, pues podía imaginarlo con un pequeño puchero.
Reo mira a su compañero, sin saber qué decir.
Nagi parpadea y le pide el teléfono alzando una mano. Reo duda, pues el otro suele ser del tipo que dice verdades sin medir tanto las consecuencias, pero en ese momento no lo pensó mucho y le pasó la llamada.
—No iré. Buenas noches —fue lo que dijo en voz pesada y cortó sin darle oportunidad a Bachira de decir algo.
Aquello sacó una buena carcajada de Reo, quien no podía hacer otra cosa sino aceptar la ruda sinceridad de Nagi en la mayoría de los casos.
Al ver que se reía, Nagi aprovechó para dejar el celular sobre la mesa de nuevo y se volteó después para volver a abrazarlo por la cintura. Le dio un par de besos en la piel de la cadera, aprovechando que lo tiene para sí.
Reo frenó su risa de a poco, y su mano fue a acariciar el cabello de Nagi, el cual estaba algo húmedo por el sudor. Su propio cabello debería estar igual.
—¿Qué haces…? Vamos a dormir —le dice con afecto, acariciándole la nuca.
Los besitos de Nagi no cesan, de hecho ahora sus manos están agarrando una porción de muslo y acariciándolo.
—Por la semana de exámenes… no hemos podido hacer esto hace tiempo… —murmura Nagi, como abriendo su corazón—. Iba a ir a esa fiesta solo para estar con Reo… te extrañé estos días —sus labios apegados en la piel de la cintura de Reo, haciéndolo temblar por el aire que soltaba al hablar y la humedad de los besos.
Con el riesgo de parecer hipócrita porque acababa de permitir (y exigir, un poco) que el otro muchacho lo cogiese de manera ruda y algo fetichista, Reo se sonrojó de manera furiosa por las palabras de Nagi que rebosaban de ternura, quien por suerte estaba ocupado dejando más y más besos por su cadera, avanzando peligrosamente hacia su muslo. Si bien Nagi y él estaban juntos de manera casual, no era raro que le dijese esas cosas que hacían que su corazón quisiera estallar dentro de su cuerpo. No se habían declarado, por lo que ninguno de los dos sabía lo mucho que el otro anhelaba una relación más allá de tener un amigo con beneficios.
Reo sabe lo que quiere su corazón, pero su mente de separar las cosas tenía que ser superior.
Nagi sabe lo que quiere su corazón, pero su profundo respeto por no ir contra lo que Reo dice, le mantiene al margen.
Así que finalmente son eso: dos cuerpos desnudos que hacen el amor como dos almas gemelas, no obstante, a los ojos de todos los demás, son simples amigos. Compañeros de vida, si uno quisiera buscar un término más apropiado.
Quizás es por ser consciente de lo aparentemente imposible de tener una relación seria con Nagi la razón de su sonrojo. Reo piensa que eso es algo que se lo diría a su novio, no a un amigo.
Así que sonríe suavemente y le acaricia el cabello, mientras que Nagi ya estaba dando una lamida al hueso de su cadera. Al acariciar su cabellera, el otro le mira desde abajo, y esos ojos tienen otro brillo. Reo se asusta un poco, mas no dice nada negativo cuando Nagi se alza, se vuelve hacia él, encima, y lo deja sobre la cama.
Reo sonríe con picardía ante la posición y sus manos buscan las mejillas contrarias. Le pide que baje hacia él de manera silenciosa, a lo que cualquier petición de Reo es una orden para Nagi.
Así que baja. Y sus labios de besan nuevamente. Su piel se roza y hay un nuevo calor entre ambos pechos.
Se besan largamente y de manera afectuosa, hasta que Nagi se separa.
Se miran a los ojos, como buscando confirmación o algo similar.
—¿Me traes agua? —la pregunta de Reo lo hace tomar un respiro de realidad. La tentación de volver a perderse en su cuerpo es gigante, a penas controlable, mas han hecho esto ya varias veces.
Lo mínimo que puede hacer es traerle agua.
—Voy —accede con voz suave, moviéndose de encima para poder levantarse de la cama.
Antes de que pueda sentarse del todo en un costado de la cama, Reo le sostiene por el antebrazo y le manda una sonrisa.
—Y no pierdas la emoción —le susurra y los ojos púrpuras miran de manera rápida hacia su regazo.
Nagi parpadea. Se había puesto algo duro con los besos que le estaba dando en la cintura antes, pero bien sabe que no porque exista una erección necesariamente tiene que hacer algo para bajarla. A veces se va sola si la ignora, y tampoco esperaba que Reo quisiera continuar.
Lo único que puede hacer es asentir con la cabeza. Tal parece que le espera una larga noche, pues se emociona aún más solo al pensar en ponerse entremedio de las piernas del otro. Otra vez.
Pero quien cuenta.
Nagi hace una parada rápida por la cocina. Toma un vaso grande y lo llena de agua del grifo, bebe un poco y luego lo rellena para Reo. En la habitación, este le manda una mirada cuando llega y le agradece el vaso con una sonrisa pequeña. Nagi se sienta en la cama y decide prender la luz de noche, pues la oscuridad en la que estaban sumergidos era excitante y privada, pero la luz tenue también era bastante acogedora.
Reo bebe del vaso y Nagi lo mira. En especial sus ojos se enfocan en cómo su manzana de adán sube y baja para tragar el agua. Luego, mira su cuello. Nota un pequeño chupón al borde cerca de la oreja izquierda y siente algo extraño. Le gusta que esté ahí y se pregunta a sí mismo si se sentirá tan valiente como para reforzar aquella marca. Su compañero ha sido explícito respecto a que no le gustan las marcas de ese tipo, pero… ¿quién sabe? Quizás Reo esté más permisivo con él.
Solo con él.
Así que cuando termina de beberse el agua con un suspiro gustoso, Nagi no pierde el tiempo y se acerca. Lo mira a la cara un momento, apreciando sus bellas facciones, y luego le besa. Es un beso suave, disfrutando de lo pomposos que se han puesto los labios de Reo por sus actividades, hasta que se separa y vuelven a ubicarse como estaban antes: Reo separa sus piernas y Nagi presiona su pecho contra el otro. Ahora están completamente desnudos y la luz ayuda a poner más el tono.
Reo siente el peso de Nagi y debe apartarse para respirar bien, es en ese movimiento que el muchacho se inclina sobre su cuello y lo llena de besos, obligándolo sin malicia a suspirar y cerrar los ojos, altamente receptivo al trato. Sus mano rodean la espalda de Nagi, le toca con las yemas de los dedos por su columna y repasa varios de sus músculos, hasta llegar a su cabello.
Todo está en calma al disfrutar de los tratos, hasta que siente una mordida. No es bruta ni dolorosa, pero sí es algo que no admite.
—Nagi —lo llama entre abriendo los ojos, algo mosqueado. Si bien Nagi es su amante más nuevo que ha incluido en su abanico de posibilidades, es también quien lo conoce de más tiempo, por lo que está seguro de que sabe que una mordida está fuera de sus límites.
El aludido se separa un poco. Da un último besito como en disculpa y se termina de alejar del todo.
—Perdón —musita con voz perezosa, sus ojos entrecerrados y buscando comprensión.
Reo alza una ceja en duda.
—¿Está… todo bien? —inquiere pasando una mano por su cuello y sobándose. Teme que se haya marcado aquella mordida.
Nagi asiente suavemente.
—Solo lo quise hacer… si te molesta, podemos parar… —suena algo inseguro y tal sensación se confirma con la mirada esquiva.
Mas Reo solo hace un puchero al final.
—No quiero parar… —responde con seguridad y una de las manos de Reo sostiene la mejilla izquierda de Nagi en una petición de que le mire.
Así lo hace.
Se pierde en sus ojos como lo ha hecho una y otra vez. Reo le sonríe pequeñamente y lo atrae para darle un beso en la punta de los labios, suave y pequeño.
—Hazme no estar enfadado contigo —le dice con diversión y Nagi entiende a lo que va.
Se levanta enderezando su espalda. El otro queda recostado en la cama, sus ojos brillantes y expectantes de lo que va a pasar: Nagi le sostiene sus piernas, haciéndose más espacio entre ellas y se mueve hacia un lado para buscar otro preservativo.
Desde abajo Reo acomoda su cabeza sobre su almohada y mira a su compañero en cada movimiento. Cómo abre el pequeño paquete cuadrado y pone el látex por su erección. Mira como le agarra por sus muslos y lo separa. Lo hace de manera suave, como pidiendo su permiso o dándole el tiempo suficiente como para que se arrepienta si quiere hacerlo. Reo jamás se iba a arrepentir cuando lo trataba así. Los ojos de Nagi no ven otra cosa que no sea su cuerpo, su increíble piel, y sus toques son delicados en esta. Reo está algo acostumbrado al trato más brusco con sus compañeros de cama; movimientos solo guiados por el deseo carnal, sin embargo, el sexo con Nagi era algo diferente.
Es obligado a salir de sus pensamientos cuando él entra de a poco. Debe respirar profundo, no porque duela —ya está estirado de todas formas—, sino por el golpeteo en su pecho y el calor que subió a su rostro de repente al sentirse nuevamente penetrado.
—¿Está bien…? —escucha que le pregunta y su voz ronca, floja, hace que su sangra baje hacia su entrepierna.
Reo cierra los ojos y se voltea. Asiente la cabeza para responder de alguna manera a su compañero mientras intenta sobrellevar aquella sensación que lo gobierna. Está sumamente excitado y se debe calmar a sí mismo.
Nagi entra hasta aquel punto es que se siente cómodo, calentito y apretado, así que suelta una bocanada. Tiene algo de calor en todo el cuerpo otra vez y, si quitara todo lo caliente que está, se siente muy cansado a pesar de la siesta que tomó antes. Han estado horas haciéndolo, piensa en el momento que las piernas de Reo lo envuelven por sus caderas y da un pequeño movimiento. Es lógico que esté cansado, se dice a sí mismo, ahora moviéndose él también para seguirle el ritmo al otro muchacho suyo.
Este suelta un sonido con la garganta y ya están haciéndolo nuevamente. En cada estocada hay un sonido húmedo por el roce del lubricante y el preservativo, además del golpeteo de sus pieles y sus palabras pequeñas que se decían como motivación entre respiraciones agitadas.
Nagi busca aire y se mueve más rápido. Su cuerpo estaba buscando alivio otra vez, por lo que casi sin querer acelera su ritmo y separa más las piernas de Reo por la base de sus muslos. Obtiene un gemido agudo y un sonido de gusto, así que continúa. Sus ojos caen en la imagen de Reo frente a él, con su cabello desparramado en la almohada, cubriéndole el rostro. Tiene el rostro volteado hacia el lado izquierdo, por donde no le llega la luz de la mesita que ha encendido antes y eso Nagi tiene que solucionarlo.
Baja a su nivel hasta encontrarse frente a su mejilla (ya que Reo tiene el rostro volteado) y le da un besito ahí para llamar su atención.
—¿Reo no va a mirarme? —le pregunta sobre su sien, sin dejar de penetrarlo. Las manos de Nagi lo abren más, al punto en que quien está arriba debe ponerse sobre sus rodillas por la forma en que lo está levantando.
Escucha como el aliento de Reo se pone raro. No tiene ningún ritmo y hay una resistencia en sus piernas, como si no quisiera ser puesto de esa manera, aunque Nagi conoce que esa reacción es una mera fachada ya que, lo que realmente importa, lo está apretando de una manera en que a penas le permite entrar y salir del interior.
—Me gusta cuando Reo me mira —le confiesa, y sabe que es codicioso. ¿Cuándo no lo ha sido? Siendo que lo que más quiere es tener a Reo solo para él.
Su compañero solloza. Sonidos avergonzados salen de su garganta y con la mano se cubre. Nagi lo permite porque a pesar de ese inútil intento por mantener la cordura, todavía puede escuchar los sonidos que hace en su garganta y aquellos ruidos son los que no se pueden ocultar.
—Na-nagi —es débil y entremedio de varios gemidos.
—No quiero que Reo se pierda el show —le confiesa y solo así hace que se volteé un poco en su dirección. A pesar de la sombra que cubre la mitad de su rostro, Reo se ve hermoso.
—¿Estás cerca? —le pregunta Reo en un susurro lamentable, y el aludido debe asentir. Debe hacérselo saber: su vientre está presionado, siente aquella tensión en los testículos y piensa que el otro puede darse cuenta en lo fuerte que sus manos lo están agarrando de las piernas.
Reo, de todas las cosas, sonríe pícaramente aún si está hecho un nudo de sensaciones que lo hacen ver como un desastre.
Una de sus manos toca su propio pene y lo bombea. Nagi lo capta y se excita de sobremanera. Había algo en ver a Reo tocándose a sí mismo que simplemente le provocaba. Le hacía querer entrar más y más y hacerlo completamente suyo.
Así que termina por reposar su peso hacia adelante. En esta posición parece que estuvieran abrazados, mas sus pelvis se mantienen elevadas para lograr una penetración satisfactoria para los dos.
Reo le alienta. Le dice justo sobre su cuello y directo en su oído que quiere todo de él. Su brazo libre lo envuelve por el cuello y lo mantiene en un abrazo lo más apretado que logra. Nagi simplemente se deshace: termina dejando caer más su cuerpo, y en respuesta para acomodarse, Reo separó sus piernas al punto en que sus rodillas estaban casi a la altura de sus codos. De alguna manera eso le dejó aún mas espacio a Nagi y entró más en su cuerpo.
Un par de embestidas fueron suficientes. Nagi acabó dentro del condón y dejó reposar su cuerpo sobre el de Reo. A penas volvió el control de sus extremidades, una de sus manos bajó a reemplazar la de Reo sobre el húmedo pene que rozaba con su estómago y lo masturbó así, estando él dentro todavía.
Su compañero se agitó y volvió a apartar la mirada, cosa que a Nagi le disgustó: todavía dentro suyo y con el aliento desacompasado, siguió el movimiento de su mano y el de su cadera, aprovechando sus últimos instantes de erección a pesar de que se estuviera sobre estimulando a sí mismo con eso. Con su mano izquierda agarró parte del mentón de Reo y lo hizo mirar al frente.
—Tampoco me lo quiero perder —le dijo de muy cerquita. Al punto en que casi estaba encima.
Fue la combinación entre sentirse atrapado por el cuerpo de Nagi y la estimulación en todos sus puntos buenos, que Reo tuvo su orgasmo. Este llegó sin aviso, solo cerró los ojos de repente y su espalda se estiró para elevarse. Su esperma cayó sobre toda la mano de su compañero, manchando hasta su estómago por la presión de su corrida.
Pronto se calmó y suspiró en gusto. Una sonrisa linda adornó sus labios al sentirse satisfecho.
—Eres increíble —musitó entremedio de su nube a la par que Nagi salía de su interior y anulaba el nuevo preservativo utilizado.
Al escuchar eso, no pudo evitar tener un pensamiento: Si fuese tan increíble… Reo no necesitaría a otras personas. Aunque no era la primera vez que pensaba algo así, era la primera vez que se sintió tan cerca de decirlo.
No lo hizo, obviamente. Su miedo de perder a Reo, aunque fuese una pequeña porción de él y no su ser completo, era más grande que las ganas de decir lo que piensa.
Perderlo simplemente no era una opción.
Así que optó por otra. Apagó la luz y se acomodó a su lado, poniendo su rostro contra el hombro de Reo y acariciándole la mejilla en un mimo que derrochaba ternura.
Pronto la mano de Reo tocó su cabello y le acarició.
—¿Cansado? —Nagi asintió. Estaba muy cansado. Reo hizo un sonido en la garganta, luego se giró para poder poner al otro contra su pecho. Había sudor, pero al otro no le importaba. Incluso eso le gustaba de Reo.
Se mantuvieron así varios minutos: Nagi acurrucado en el cuerpo del otro, y Reo acariciándole el cabello de manera suave, como sabe que le gusta. Las yemas de sus dedos rozando a penas con el cuero cabelludo, otorgándole una sensación de gusto que lo estaba llevando a un merecido sueño.
El silencio de la habitación era agradable. Solo en la compañía del otro y estando muy cerca. Sus pieles a punto de fusionarse y sus corazones en un mismo latido. Reo jugando con su cabello, doblando las puntas de sus mechones más cortos al seguir la forma natural en la que se curvaban.
Nagi desearía quedarse así. Calentito en una cama con Reo, pero el día de mañana llegaría. Y luego de desayunar, está seguro de que tendrá que irse.
El problema es que él nunca quería irse.
—Pensaba… —soltó Reo de pronto y Nagi pasó saliva, como si así pudiera tragar sus pensamientos innecesarios— en que podríamos… ya sabes… —un dedo fue a su hombro, haciendo formas irregulares.
—¿Hm? —es todo lo que puede responder.
El otro parece dudar un segundo antes de decirlo: —Podríamos hacerlo… conmigo arriba… para que no te canses más.
Nagi abrió los ojos en sorpresa. ¿Reo quería… continuar?
Antes de que pudiera responder algo, Nagi se encuentra a sí mismo siendo movido por su hombro hasta quedar boca arriba. Su espalda se hunde en el colchón por su peso, y a penas Reo se pone encima, sentado sobre su pelvis, se hunde un poco más.
La sonrisa del muchacho es divertida, aun si a penas podía verla con la oscuridad de la noche. Debe admitir que tiembla en anticipación al sentirlo así. Cuando está arriba es una sensación totalmente diferente.
—¿Qué me dices? —la voz del otro lo desconcentra, forzándolo a prestarle atención. Antes de verlo, siente cómo se acerca a él, encerrándolo con sus brazos. La boca de Reo da besos en su cuello, en su mentón y ambas mejillas, con una dulzura que a Nagi le cuesta creer que sea algo que le ofrece por igual a todos sus compañeros de cama. Están tan cerca que cuando lo mira frente a frente, puede ver a la perfección sus ojos—, ¿me das una más? —su voz es pequeña, susurrante.
El aludido lleva sus manos a su cintura y lo sostiene un momento. Aprecia un momento el espacio apretada bajo las costillas, aquel que le hacía lucir una fina cintura que prácticamente llamaba a ser sostenida. Le gusta en demasía. Nuevamente pasa saliva y se pregunta a sí mismo si puede ponerse erecto otra vez.
—¿Qué pasa? —le pregunta Reo, quizás entendiendo su expresión de duda o interpretando la falta de respuesta. Le habla bajito y sensual: —¿no puedes? —se aparta lentamente hacia arriba y con un dedo delinea hacia abajo. Toca la punta de la nariz de Nagi con la yema de su dedo, luego delinea la comisura de sus labios, el relieve de su mentón, baja por su cuello dedicándole un repaso extra a su manzana de adán, por sus clavículas, sus pectorales, y le mira a los ojos mientras baja por su estómago, acariciando de manera fantasma sus abdominales.
Nagi ya se sentía algo duro cuando Reo le tocó los labios, así que con su mano sostuvo la muñeca de su acompañante y asintió.
Reo sonrió suavemente y se inclinó hacia la mesita, para sacar por última vez un preservativo. Lo abrió de inmediato, por lo que el otro tuvo que objetar: —Yo puedo hacerlo, Reo —advirtió, alzando sus manos como para quitarle el condón, mas lo no logró.
El otro negó con la cabeza lentamente.
—Yo lo hago —aseguró con un brillo lindo en sus ojos. Se movió hacia atrás y acomodó ambas piernas para que ahora pareciera que está sentado sobre el muslo de su compañero y así poder tener al alcance su pene. Reo le fijó la mirada y se sonrojó un poco. Sin advertirlo, lo sostuvo en su mano. Nagi gimió y buscó su mirada. El otro le sonrió de lado y se lamentó de manera fingida—. Aw, sé que puedes más que esto —murmuró, moviendo su mano de arriba abajo.
Quien recibía el trato cerró los ojos. Sus labios se separaron y soltó otro sonido de gusto porque qué demonios... Era solo su mano. Hace unos minutos había estado en su interior, sintiéndose más que increíble, ¿cómo era posible que lograra llevarlo a una erección completa solo con su palma? Justo cuando Nagi estaba por encontrar la respuesta, escuchó más que vio cómo Reo ponía un poco de saliva en sus dedos para poder seguir haciéndole esa paja.
Ya era suficiente.
—Suficiente —soltó casi agonizando. Reo se detuvo al segundo, y Nagi le aclaró: —Ven aquí —rogando misericordia, palpó su muslo, esperando que se entienda lo que está pidiendo.
Reo sonrió contento, casi orgulloso de su hazaña.
—Voy —respondió bajito.
Aún con la nula luz, Reo encontró el lado correcto del condón y con solo un ejercicio manual logró ponerlo en su lugar. Le dio el último toqueteo con su mano y volvió a levantarse sobre sus rodillas para acomodarse esta vez de manera definitiva sobre la erección del muchacho bajo él. Se tomó un segundo extra para poner lubricante en sus dedos y aplicarlo por la entrada de su canal, solo para estar seguro de que todo iría bien.
Al estar satisfecho con su trabajo, estaba ansioso.
Para su sorpresa no tuvo que esperar mucho. Nagi estaba ansioso otra vez, así que este lo agarró de las manos para que esté casi sobre él. La cabeza de Reo se apoyó en su hombro, exponiendo su parte baja para que así Nagi pueda colar su mano hacia donde se unen sus entrepiernas y dirigirse hacia donde quería entrar. Reo sintió como separaba su trasero con la otra mano y al segundo sintió la punta rozándolo por fuera.
Gimió gustoso y con una mano ayudó a Nagi a separarse también. Ninguno se cohibió con los gemidos de gusto cuando la extensión del que estaba abajo entró de a poco. Reo presionaba hacia abajo, queriendo sentirse lleno otra vez.
Una vez estuvo bien adentro, Reo soltó un sonido de gusto. Recobró la cabeza a penas y se recordó a sí mismo que él iba a tomar las rindas del asunto, así que eso hizo.
Con algo de dificultad se sentó. Nagi lo agarró de sus muslos, y se intentó sentar con él casi por inercia, mas el otro le volvió a poner en su lugar con un empujón que sería agresivo si no se conoce el contexto de la situación.
—Te dije que yo lo haría —le explicó, sonriendo feliz por estar de esa manera.
Nagi gimió en su garganta.
—Lo que diga el jefe, supongo —musitó en respuesta con algo de dificultad. Su cabello estaba casi cubriendo sus ojos, así que con una mano se quitó su flequillo hacia atrás. Lo que fuera por ver a Reo mejor.
Aquello fue todo el permiso que necesitó su compañero, pues de inmediato sus piernas comenzaron a trabajar para poder lograr un buena penetración.
Reo se movía lento al principio, como siempre le gustaba ir de menos a más y eso estaba bien. Casi siempre prefiere que sea él quien controla el ritmo, pues así sabe que no está imponiendo un vaivén incómodo y que Reo está disfrutando. En esta posición no llega a salir del todo y sus ojos solo pueden ver a Reo. Reo y cómo salta sobre él. Como se afirma con sus manos hacia atrás y sus caderas siguen cogiéndose a sí mismo con lo quiere que disfrute. Reo se siente rico. Se siente como un cosquillo o un masaje. Es tan agradable y tan rico, que solo quiere disfrutar de como su trasero sube y baja, de cómo gimotea su nombre y sus piernas tiemblan. Nagi siente algo húmedo en su estómago y decide que quiere verlo.
Sin interrumpirlo, extiende una mano hacia la luz de noche para encenderla.
Reo se sorprende por el cambio, pero no deja de montarlo con ganas, solo pone un expresión de confusión.
—Quiero verte —responde a ese gesto, y con ambas manos sostiene las rodillas de su compañero y las separa.
Reo pierde el ritmo al ser abierto de esa manera. Sus manos se afirman hacia atrás y está sumamente excitado. Solloza al darse cuenta que así está mostrando todo.
Y Nagi no disimula la vista, pues ambos irises están pegados en la entrepierna del otro. Puede ver el pene de Reo, erecto y orgulloso, golpeando entre su muslo y su estómago en cada estocada, puede sus testículos moviéndose al ritmo y, por supuesto, puede apreciar el agujero de Reo estirándose una y otra vez para recibir los centímetros que quedan afuera cada vez que se levanta un poco para formar la penetración.
—Ah… Reo… —suelta desde bajo y debe admitir que quiere cambiar posiciones y continuar von su propia fuerza, pero le encanta Reo así. Mostrándole todo, abriéndose para él de esa forma y dejando que lo tenga todo para sí.
Su compañero asiente frenéticamente—. ¿Querías… hm… verme? —y Nagi puede jurar que sus muslos se separan aún más.
Reo era sucio así.
Estaba jugando sucio así.
Así que se incorpora sobre sus codos y a esta altura Reo está con las manos y los pies sobre la cama, haciéndose cargo de todo el movimiento.
Los ojos de Nagi no se despegan del cuerpo frente a él y honestamente no puede decidir que no quiere ver más. A veces desearía poder grabarlo y observarlo desde más ángulos. Todo en Reo era hermoso, aun si trata de buscar algo negativo, no puede.
Está estúpidamente enamorado de él. ¿Qué más puede hacer?
—Parece que es Reo el que quiere que yo vea todo —responde luego, pues le costó pensar en algo cuerdo qué decir, mas no hace falta. En el sexo se pueden decir estupideces entre ellos producto de la calentura y luego ya no hablan de eso.
Reo pega un gritito, y va más rápido.
—Estoy… a punto… —advierte, cerrando los ojos y alargando el cuello hacia el techo.
Nagi se sienta mejor, trayendo a Reo en una especie de abrazo que en realidad usa para ayudarlo con las embestidas. Su compañero le abraza de vuelta por la cabeza, sosteniéndose con fuerza, ya que el nuevo ritmo es más rápido y no podría recobrar el control aunque quisiera. Nagi lo estaba haciendo bajar hacia su pene una y otra vez y otra vez le estaba mordiendo el cuello, pero en lugar de enfadarse, Reo sintió su esperma salir. El roce del glande con los abdominales de Nagi le dieron el último impulso y tocó el cielo.
Se estiró hacia arriba, observando el techo que producto de la luz mostraba unas sombras extrañas. Su cuerpo parecía de trapo al ser tratado así y tembló por todos lados al sentir su orgasmo.
Las manos de Nagi lo sostuvieron cerca, cerrando el abrazo ahora que el movimiento había cesado. No sabe si Nagi se corrió también, aunque no puede pensar en eso ahora. Su mente está vacía y su cuerpo se siente completamente relajado, ahí, sentado sobre el pene de la persona que juró jamás incluir en su círculo especial.
Él sabe lo que está haciendo. Está jugando con fuego al tener una amplia preferencia de Nagi como su compañero sexual. A nadie más trataba así, entonces, ¿qué hacía a Nagi especial? ¿Es porque fue su amigo antes? No tenía sentido lo bien que se sentía así, siendo abrazado, recibiendo besitos pequeños por su piel mientras descansaba su mentón sobre la coronilla del otro. Sus brazos rodeándole los hombros, sus manos haciéndole cosquillas o un masaje en su espalda.
Sabe lo que está haciendo, porque hace meses que su corazón golpetea muy fuerte cuando está con Nagi de esta forma. Golpetea de una manera en que no lo hace con los otros y eso lo tiene consciente de su posición.
Las manos del otro lo acarician, por la espalda, sus brazos, su cintura y sus piernas. Le besa el pecho y el cuello, y Reo se siente sonrojar.
¿Qué es esto…? ¿Qué están haciendo…?
Reo se separa un poco para verlo a la cara. Con ambas manos le sostiene por debajo del mentón y le mira. Los ojos de Nagi están entrecerrados, porque está cansado, pero también está sonrojado de manera linda. Se echó su cabello hacia atrás antes, así que puede observar su rostro guapo y varonil, aspecto que solo consigue cuando se quita su característico flequillo de la frente. Sus pómulos son más prominentes así y se puede apreciar lo recto que tiene el puente de su nariz.
Oh, Reo estaba jodido. Y no solo sexualmente.
Después de largos segundos de solo observarlo, le da un piquito en los labios, que acaba casi enseguida.
—¿Te viniste? —le pregunta con curiosidad.
Nagi parpadea una vez. Asiente luego.
—Justo después de ti —informa y Reo sonríe de manera floja.
Vuelve a acercarse para darle un besito en los labios, esta vez dura un poco más aún si es solo en la comisura.
—Bien —suelta cuando de separan, y se estira un poco para poder quitarse de encima.
Nagi lo ayuda con sus manos para que pueda bajarse. Lo acomoda a su lado y ambos quedan estirados en la cama viendo hacia el techo.
Ninguno dice nada. En un momento, Nagi se removió para quitarse el condón, pero eso fue todo. Estuvieron quietos, solo mirando las marcas del techo, cada uno en sus pensamientos.
—Mañana… podríamos ir a desayunar… a la cafetería de la esquina… —Nagi tira una oportunidad. Espera no sonar como sonó en su cabeza.
El otro se relame los labios.
—Si Chigiri no me mata por no haber ido a la fiesta, seguro —responde tranquilamente, aunque en su interior no está nada tranquilo ante la posibilidad de algo así como una cita con Nagi.
El otro suelta aire.
—Dile que estabas conmigo —y suena sencillo en su mente.
Mas Reo suelta una risita.
—¿Haciendo qué…? —gira la cabeza para verlo a los ojos, y Nagi imita su gesto como un espejo.
Parpadea una vez—. ¿Co…giendo? —inquiere en voz plana, haciendo reír a su acompañante de cama, así que rectifica: —¿Estudiando?
Reo niega con la cabeza, divertido.
—Ninguna es buena opción —concilia y de pronto se mueve para pasar el cubrecamas que estaba a los pies de la cama sobre ambos cuerpos.
—Pensaremos en algo… —comenta con voz perezosa y acomoda su cabeza sobre la almohada que tiene más cerca—. Ahora a dormir.
Reo le encuentra la razón. Cualquier problema que tuvieran, aun si es entre ellos, no se va a solucionar ahora. Lo mejor era descansar y pensar las cosas con claridad para el día siguiente.
Así que apaga la luz y se acomoda también. Ninguno duerme de inmediato, por el contrario eligen quedarse despiertos varioa minutos para escuchar la respiración acompasada del otro.
