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¿Qué son los colores?
En este mundo, solo aquellas personas que encontraban a su alma gemela podían ver los colores. Rojo, azul o amarillo —y todos los demás colores que, según investigadores, provenían de esas tres principales fuentes—, nadie podía distinguirlos. Nadie que no hubiese encontrado a su alma gemela podía saber si el cielo de verdad era azul o si el césped era verde.
Para la enorme mayoría de personas, el mundo era simplemente gris .
Diferentes gamas de gris: claros, oscuros, intermedios — era fácil distinguir qué significaba cada uno, los niños aprendían a hacerlo (y aprendían su equivalente “en color”, a pesar de que posiblemente jamás pudiesen verlo por sí mismos).
Ni siquiera las cámaras podían captar los colores, quizás porque eran inventos humanos, quizás porque no podían tener alma, y por lo tanto, no tenían el privilegio de ver los colores del mundo.
Roier se sentía como una cámara — ciego a los colores, sin alguien a quien llamar su ‘destinado’ por más que lo buscara. Quizás había nacido sin alma, quizás su destino no era tener un alma gemela, sino ser un simple espectador de la felicidad de otros.
Sentía envidia de sus amigos — varios de ellos, en realidad. Porque por más que suene bizarro (es decir, ¿Cuáles eran las posibilidades?) ellos habían encontrado a su persona destinada, y tenían el privilegio de ver los colores, de ser amados y tener alguien a quien amar.
Y quizás por eso Roier no tenía un alma gemela. Porque era una persona horrible, porque envidiaba a sus amigos en vez de estar felices por ellos, porque sentía que esa felicidad debía ser suya — él no era estúpido, sabía que había desarrollado una obsesión con algo que no podía controlar.
Roier miró sus manos, se miró a sí mismo en el espejo.
Su piel gris, su ropa gris, su cabello gris — ¿Cómo sería verse en color? ¿De qué tono es su cabello? Las lunas en sus mejillas, que eran unas raras marcas de nacimiento, ¿de qué color son? ¿Y sus ojos?
Era extraño. No saber su propia apariencia, era demasiado extraño e inquietante.
¿Cómo sería ver los colores de alguien más?
Roier odiaba el bullicio. Odiaba los lugares llenos de gente, y odiaba sentirse sofocado.
Por eso, todas las mañanas, salía de su casa antes de siquiera el sol apareciera — el viento fresco de la madrugada le quitaba todo rastro de sueño, el ocasional ruido de los autos por la carretera y la presencia de alguna que otra persona era lo único que le impedía pensar que estaba solo en el mundo.
Por más que, a veces, se sintiera de esa manera.
(Y aún así, por alguna razón que desconocía, siempre había estado rodeado de personas — amigos, conocidos. Era una persona “popular” en la preparatoria, pero él definitivamente no se sentía así.)
El camino a su preparatoria era siempre el mismo, llegar cuando la preparatoria todavía estaba vacía, saludar al hombre de seguridad en la entrada y subir hasta el segundo piso. Su salón le permitía ver el patio principal y la entrada a la escuela, en especial porque se sentaba al lado de la ventana, casi al final del salón.
Por eso pudo notar una persona, un estudiante que no reconoció, pasar por la entrada. Roier miró el reloj colgado arriba del pizarrón, y confirmó la hora en su celular — aún faltaban unos veinte minutos para que comenzara a llegar más gente.
Bueno, no era de su incumbencia; sentía curiosidad por quien era, pero no se importaba lo suficiente como para quedarse pensando en eso.
Aún así, no podía negar que ese chico era bonito — desde su asiento, podía ver su cabello desprolijo y enredado, pero de una manera que era atrayente; parecía ser alto, el uniforme de verano mostraba los músculos en sus brazos. Roier se detuvo a ver las cicatrices que cubrían su piel — las de sus brazos eran grandes y notorias, así como la que cubría su nariz de forma horizontal.
Roier no sabía en qué momento su mirada se había detenido en el rostro del chico, así que se sobresaltó un poco cuando el muchacho levantó la mirada.
Oh. Roier jamás había visto un rostro tan atractivo como el del muchacho.
Sus ojos se encontraron por solo un segundo, antes de que Roier volteara rápidamente la cabeza y sus ojos se fijaran en su celular.
Y Roier descubrió dos cosas esa mañana.
Primero, quizás debía disculparse con Molly por burlarse de sus historias sobre amor a primera vista.
Segundo, el cielo realmente era de color azul. Un hermoso azul claro.
El salón estaba más animado que de costumbre, para la absoluta desgracia de Roier. Ni siquiera sus auriculares, que en la publicidad decía que cancelaban el ruido, podía hacer que las voces disminuyeran.
Sintió unos toques en su brazo. Volteó la cabeza para ver como Jaiden intentaba llamar su atención, aún tenía la mochila sobre su hombro, así que recién debió haber llegado. Bueno, ya no podía hacerse el dormido, así que se quitó los auriculares y los guardó en su mochila.
— ¡Buenos días, Roier! ¿Te enteraste? Hoy entrará un nuevo alumno.
Roier la miró con confusión. ¿Un nuevo alumno a esta altura del año? Las clases ya habían empezado hace tres meses. Le dijo exactamente eso a Jaiden, quien se alzó de hombros y se acercó un poco más a él para susurrarle.
— Al parecer, fue transferido de otra preparatoria por golpear y casi matar a un chico, y dicen que no era la primera vez que hacía algo así.
— ¿No debería estar en una correccional?
Jaiden volvió a alzarse de hombros; — Todas las veces era en defensa personal, según él. Y cómo las personas que golpeó tenían historial de molestar a otros alumnos, lo dejaron pasar con castigos leves.
Roier solo asintió con la cabeza. Si era así, entonces suponía que no debía ser tan malo...
No pasaron más de cinco minutos para que el profesor entrara al salón, efectivamente callando a los adolescentes que miraban la puerta como halcones, listos para despedazar a su nuevo compañero.
El profesor, viendo la ansiedad de sus alumnos, se aclaró la garganta antes de llamar al adolescente parado detrás de la puerta, y habló antes de que los murmullos comenzaran otra vez;
— Como ya saben, a partir de hoy tendrán un nuevo compañero, ¿podrías presentarte?
La verdad, Roier no estaba realmente sorprendido, desde que Jaiden se lo dijo, ya había esperado que el chico de esa mañana podría ser su nuevo compañero.
El chico bonito tenía una expresión... bueno, sería mejor decir que carecía de expresión alguna. Sus ojos azules fríos no miraban a nadie en concreto, parecía estar fijado en la pared al final de la clase no estaría ignorando a Roier, ¿verdad?
Una voz ligeramente grave y rasposa resonó en el salón vacío; — Cellbit Balanar.
Fue lo único que el muchacho respondió, aunque fue suficiente para dejar a varios al borde de sus asientos, ansiosos por revelar los secretos del recién llegado.
Cuando era evidente que Cellbit no iba a decir nada más, el profesor se aclaró nuevamente la garganta, y escaneó el salón para encontrar un lugar vació.
Roier, quien había estado prestando atención indirectamente (porque definitivamente no iba a mirar fijamente a su, tal vez, quizás, probablemente, alma gemela), se dió cuenta demasiado tarde que el único asiento vacío estaba detrás suyo .
— Toma asiento, detrás de Roier. De Luque, por favor levanta la mano.
Huh. Roier levantó la mano, intentando no mirar los ojos del recién llegado, por suerte, Jaiden estaba muy ocupada analizando a Cellbit como para darse cuenta de su incomodidad.
(Por cierto, ¿Jaiden siempre tuvo su cabello color azul? No le había prestado mucha atención hace unos minutos, pero definitivamente le había sorprendido un poco — ¿habrá elegido ese color al azar? Nunca le preguntó si había conseguido a su alma gemela, y Jaiden nunca le comentó nada al respecto...)
Cellbit ignoraba las miradas de sus compañeros, yendo en línea recta hacía su nuevo asiento. Roier hasta pensó que también iba a ignorarlo, si no fuese por un pequeño murmullo que le hizo erizar la piel.
— No lo acepto.
Juraría que fue imaginación suya, si no fuese porque ahora sentía una mirada clavada en su nuca; Roier lo ignoró.
Mentiría si dijese que su cuerpo entero no había temblado cuando la voz rasposa de su alma gemela (¿entre signos de pregunta?) era dirigida a él, pero Roier pensaba que había hecho un buen trabajo en esconder su reacción.
Solo que él no contaba conque Jaiden era extremadamente perceptiva cuando él menos quería que lo fuese.
Ahora sintiendo la mirada de la chica encima suyo, sabía que al toque de campana, iba a ser cuestionado como si fuese un criminal. Ya podía sentir el inminente dolor de cabeza.
Dicho y hecho, luego de una clase sumamente aburrida (¿Qué vejestorio que odia la juventud pensó que era buena idea dar matemáticas a las ocho de la mañana?), Jaiden casi se rompe el cuello al girarse para interrogar a Roier, quien solo suspiró y comenzó a guardar sus cuadernos.
— Estás raro.
— Oh, wow, eres muy elocuente. ¿Pensaste en ser detective?
Jaiden blanqueó los ojos y acercó su silla hacia la mesa de Roier; — Hay algo que no me estás contando, lo sé muy bien, ¿qué es?
— Podrías usar tu instinto para averiguarlo.
— Roier.
Suspiró pesadamente, mordiéndose el labio inferior para evitar decir algún comentario sarcástico. Sabía que Jaiden no se lo tomaría a mal, pero podía ver que estaba genuinamente preocupado por él.
Discretamente miró atrás suyo. No sabía en qué momento se fue, ni siquiera escuchó la silla moverse o sus pasos, pero Cellbit ya había salido del salón.
Bajo la mirada expectante pero paciente de su amiga, Roier pensó por algunos segundos en lo que le diría, pero simplemente murmuró.
— ¿Ya conociste a tu alma gemela?
Jaiden frunció el ceño en confusión, para luego relajar su expresión y negar con la cabeza.
— No, pero tampoco me interesa hacerlo.
La expresión confundida pero hesitante de Roier debía ser muy obvia, quizás por la sorpresa de haber escuchado por primera vez que alguien no estaba interesado en encontrar su alma gemela, porque la chica sonrió levemente antes de explicar.
— Bueno, no me interesa encontrar a mi alma gemela de manera romántica , porque no estoy interesada en formar ese tipo de relación con alguien.
— ¿De manera romántica?
— Oh, bueno... Usualmente, las almas gemelas son solo referidas como un lazo romántico inigualable entre personas, ¿cierto? Pero no se suele hablar de todo lo descubierto.
La chica se cruzó de brazos, pensando en sus siguientes palabras.
— Verás, el vínculo romántico entre destinados no es el único que existe en este mundo, ¿sabías que existen personas con más de un tipo de alma gemela? — al ver la expresión aún confundida de su amigo, ella rio un poco antes de seguir hablando; — Y no me refiero a que tienen más de una pareja, sino que hay vínculos igual de fuertes que el de las personas destinadas, pero son esencialmente diferentes.
— ¿Cómo... Pueden ser igual de fuertes, pero ser diferentes?
— Porque existen diferentes tipos de amor, Roier.
Jaiden lo miró por la ventana, viendo a las personas en el patio; — Alguien puede ser el amor de tu vida, pero también puedes amar a, por ejemplo, un amigo, y no sentirte atraído de manera romántica, simplemente esa persona significa algo muy importante para tí.
— Entiendo, ¿ya encontraste a alguien así?
Esta vez, Jaiden lo miró fijamente, con una gran sonrisa.
— ¡Claro! Tú, Foolish, Slime, Philza... Todos mis amigos significan todo para mí, el amor que siento por ustedes...
La chica apuntó a sus propios ojos, haciendo que Roier abriera los suyos, sorprendido.
— ... Le dan color a mi vida.
Roier realmente no sabía como reaccionar —la verdad, estaba más sorprendido que Jaiden podía ver colores desde hace sabe-cuanto-tiempo y nunca se lo dijo—, así que solo asintió con la cabeza, aun si sentía como una pequeña sonrisa quería formarse en sus labios.
— ¡Pero! Suficiente de mí. Sé que preguntaste por un motivo, suelta la sopa.
Recordó como Cellbit le había susurrado su negativa (que, para su información, Roier rechazaba su rechazo) de aceptarlo como su alma gemela, haciendo que su humor vuelva a caer por los suelos, Jaiden dándose cuenta de eso.
— Bueno... Puede decirse que esta mañana por fin comencé a usar lo que nos enseñaron en el jardín de infantes.
El estruendo que hizo la silla de su amiga le hizo cerrar los ojos de dolor, aunque no tardó en abrirlos para ver la expresión de Jaiden; tenía los ojos abiertos como platos y parecía estar rodeada de pequeñas estrellas, definitivamente feliz por él, pero dudando de si felicitarlo o no, por su actual estado de ánimo.
— ¿¡Quién!? — preguntó luego de unos segundos de abrir y cerrar la boca como un pez, sin saber qué decir.
— Uh... Adivina.
Roier escondió su rostro entre las manos — no había sido tan irónico cuando le dijo a su amiga que podía ser una detective, pues su habilidad de deducción e instintos realmente eran más que buenos , aunque a veces los odiaba.
... Por eso Jaiden no tardó en mirar la mesa de Cellbit, luego a Roier, luego a la mesa de Cellbit y nuevamente a Roier. Antes de dar un pequeño grito.
— Oh, ¡OOOHH! Eso es.. ¿bueno, malo? Uhh, ¿felicidades, o lo siento mucho...?
Inevitablemente, la confusión de Jaiden le hizo reír, aligerando un poco su humor, aunque su risa era más bien seca.
— No creo que mi alma gemela quiera ser mi alma gemela, Jai...
La chica tenía una expresión preocupada tras escucharlo — especialmente, porque Roier solo usaba apodos con sus amigos cuando estaba más vulnerable.
— ¿Acaso él te dijo algo...?
Roier se encogió de hombros; — Me susurró que no lo aceptaba, y estaba evitando mi mirada todo este tiempo.
— Quizás... necesites hablar con él. Tal vez tiene algún motivo para no querer aceptarte.
— Tal vez...
Murmuró, mirando por la ventana, antes de levantarse de su asiento y hacerle una seña a Jaiden para que ambos salgan del salón
El primer receso estaba a pocos minutos de terminar y aun no habían comido nada — ambos iban a estar de mal humor hasta el próximo receso si no comían algo ahora.
— Por cierto, el azul te queda bien, Jai.
— Gracias, ¿sabías que tus ojos son color miel?
