Chapter Text
Internado Crimson Valley.
Una universidad internacional ubicada en un claro en medio de un bosque de arces rojos; una institución que llevaba al menos 100 años proveyendo de educación avanzada a hijos de elites .
Y recientemente, también comenzó a aceptar gente becada para que realicen sus estudios superiores en su establecimiento.
Melissa sabía que era una manera de aplacar a los medios, pues la exclusividad que quería mantener la universidad les hizo recibir fuertes críticas en las noticias.
De todas maneras, la mayoría de alumnos provenientes de clase alta sólo podía mantener una cara amigable por un corto periodo de tiempo.
No tuvieron que pasar más de dos meses para que la morena escuchara rumores de gente huyendo de la institución en llanto, o algún grupo que había hecho un mal tan grande que sus padres seguro tendrían un dolor de cabeza al limpiar el desastre de sus mimados hijos.
Melissa sentía pena por esas personas, pero su propia situación le impedía hacer algo al respecto.
Porque después de todo, una chica pobre que fue adoptada por una pareja millonaria era un hermoso cuento de hadas… pero no para el tipo de gente que la rodeaba —sólo había recibido comentarios pasivo-agresivos y burlas disfrazadas hacia su persona desde que había llegado al internado.
A pesar de que su personalidad carismática y amigable le permitió tener su lugar en la comunidad, realmente se sentía fuera de la misma.
Las miradas tanto de desdén como envidia estaban presentes casi todos los días de su vida.
Estaba agradecida por la amabilidad que le habían ofrecido sus padres, pero a veces pensaba que habían desperdiciado la oportunidad de adoptar a alguien más… apropiado.
Sea como sea, suficientes problemas tiene por sí misma, intentar hacerse la heroína podría terminar muy mal para ella.
Melissa, asomándose por la ventana, vio como alguien estaba sentado contra la pared, escondiéndose detrás de unos arbustos; podía escuchar un llanto ahogado, esa persona debía estar llorando a escondidas.
… Sí, era mejor no hacer nada.
Melissa no quería terminar así.
— ꒰ა ˚₊ ✧・┈・╴ : ╴・┈・𐑺 ‧₊˚໒꒱ —
Melissa odiaba las clases de religión, no porque tuviese algo en contra de la creencia en alguna entidad superior, sino porque eran clases obligatorias en todas las carreras, y la profesora que las impartía tenía una voz que le hacía quedar dormida.
Por eso, cuando la lectura por fin había terminado, a la morena le costó unos momentos despabilarse y comenzar a guardar sus cuadernos.
Escuchó unos golpes al fondo de la clase; luego, el sonido de las mesas y sillas, y unas risas.
— ¿Qué acaso tienes un nido en el cabello?
— ¿Verdad que sí? Celine, querida, deberías aprender lo que es usar el cepillo.
— Oh, ¿quieres que te lo cortemos?
Melissa apretó un cuaderno sobre su pecho, mordiendo su labio inferior. No tenía que interrumpir, no podía .
Tanto ella como las chicas detrás suyo se sobresaltaron al escuchar un golpe; Melissa giró levemente para poder ver de reojo.
La chica a la que estaban molestando había golpeado su puño contra la mesa, mientras que su otra mano tenía un par de tijeras… por la manera en la que brillaba con innecesarias decoraciones doradas, muy probablemente se las había quitado a una de las bravuconas.
— Você ia fazer o que mesmo, idiota?
— Ugh… No eres divertida, Celine.
— Le diremos a la preceptora que nos robaste esas tijeras.
A pesar de que las chicas estaban temblando y su voz delataba su nerviosismo, aún tenían la capacidad de seguir diciendo estupideces.
La chica… “Celine”, volvió a pegarle a una mesa, ahora dándole una patada a una de las patas.
Las demás se asustaron, y se empujaron para salir corriendo del salón. Una de ellas, antes de irse, tiró uno de los cuadernos sobre la mesa, esparciendo todas las hojas por el suelo… Eran muchas hojas.
— ¡Diviértete recogiendo todo eso, Celine!
Gritó, saliendo del salón. Las pocas personas que quedaban en el salón murmuraron, antes de también salir rápidamente.
“… Eso fue increíblemente infantil” , pensó Melissa, relajando su cuerpo, terminando de guardar sus cuadernos en su mochila. Al menos no había escalado a algo más peligroso.
Escuchó un suspiro atrás suyo, y luego el sonido de hojas arrugándose.
Decidió ignorarla, sería… demasiado hipócrita de su parte preocuparse por ella ahora. Quizás la tendría en cuenta cuando les hagan tener trabajos grupales, así al menos la ayudaría académicamente.
Al levantarse de su asiento, el crujido debajo de sus zapatos le hizo bajar la mirada. Había pisado sin querer las hojas que habían caído cerca suyo.
Sintió la mirada de Celine dirigirse hacia ella, “puta madre” .
Carraspeando para ocultar su incomodidad, la morena se agachó para recoger los papeles cercanos a ella.
Podía sentir los ojos de Celine clavados en ella, seguramente estaría pensando que era una idiota por estar ayudándola ahora…
— Uhm, — Melissa se acercó a la chica, extendiendo las páginas hacia ella; — Aquí tienes.
No recibió respuesta, la chica solo seguía mirándola, podía ver como fruncía más el ceño por cada segundo que pasaba, haciéndole ponerse más nerviosa.
¿No pensaría en atacar con las tijeras, verdad?
Melissa dejó las hojas sobre la mesa, con movimientos mecánicos, la presión sobre ella y el silencio ponían sus nervios de punta.
— Ah, las dejaré aquí entonces… ¿Uhm?
Los ojos castaños se abrieron en sorpresa, las páginas sobre la mesa y las que ella sostenía — que no se había importado mucho en ver su contenido, se les hacía muy conocidos.
“Espera un segundo.”
Entre-cerró sus ojos, los dibujos —aunque parecían más garabatos, para ser sincera— mostraban escenas que cualquiera pensaría que eran normales.
Una habitación con arquitectura gótica, un campo con calabazas, árboles y una luna llena, un lago con una pequeña isla en el medio, un cementerio.
Melissa hubiese pensado que Celine solo estaba siendo edgy , pero algo en especifico le hizo helar la sangre.
Había dos figuras en cada uno de los dibujos; eran solo sombras, sus rasgos como ropa y cabello eran difíciles de percibir, pero Melissa podía distinguirlas bien.
Porque esas dos figuras aparecían en sus sueños todas las noches, en los mismos escenarios, desde que había pisado el campus del internado.
— ¿Celine, tú…?
— Já parou de enfiar o nariz nas minhas coisas?
Fue interrumpida bruscamente, haciéndole fruncir el ceño, pero inmediatamente recordó que su primera impresión no había sido exactamente buena, así que levantó ambas manos en son de paz.
— Lo siento mucho, no era mi intención…
Celine arqueó una ceja, su boca haciendo una mueca de disgusto, mientras metía bruscamente los papeles y cuadernos en su mochila.
(Melissa notó que la mochila de Celine tenía parches de tela cocidos, el material claramente viejo.)
— Espera, Celine, tengo que preguntarte algo…
La rubia pasó por el lado de la morena —oh, ella era un poco más alta que Melissa…— sin prestarle atención. Melissa se quedó sola en el salón.
Dio un suspiro, quizás se había confundido, porque no había manera alguna de que sean exactamente sus sueños, quizás eran escenas de alguna película o libro…
Melissa vio una página arrugada debajo de la mesa que, aparentemente, era de Celine.
Vacilando un poco, se agachó para levantar el dibujo, suspirando y cerrando sus ojos luego de ver los garabatos.
Era quizás el único dibujo que podía entenderse fácilmente: una daga, el mango tenía un diseño complicado.
Que era el mismo que había aparecido en su sueño la noche anterior.
Melissa debía hablar con Celine.
