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¿Quién eres?

Summary:

"El doctor dice que eventualmente regresarán tus recuerdos pero que no podemos forzarlos. Eres un alfa observador y se que cada teoría que necesites refutar en tu mente ingeniosa necesita una evidencia sólida. Mis palabras no bastaran para que te acerques a Aventurine por voluntad propia pero no lo trates mal."

"Llévatelo al palacio. Dijiste que eventualmente regresarán mis recuerdos, pero él… es ruidoso. Invade mi espacio personal. Me molesta sus feromonas"

"Es tu esposo."

"No recuerdo tal hecho. Estuve muchos años solo en esta mansión y me pides que de un día para otro comparta mi hogar. No puedo darle lo que él necesita de mí. No me pidas que finja un amor que no tengo por él. Es un desconocido."

 

Un AU realeza omegaverse. Ratio le da amnesia temporal borrando seis años de su vida, incluyendo la existencia de Aventurine (quien es su esposo) y sus hijos.

Notes:

Hace tiempo tenia ganas de este AU. Otra contribución al fandom español que somos bien poquitos los que leemos en este idioma.

Aclaraciones: Ratio es alfa, tiene el titulo de Duque heredado de sus padres y como verán, hace seis años la única persona que confiaba es en Caelus.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: ¿Estoy casado? Imposible

Chapter Text

Siente las voces conmocionadas a su alrededor, la luz vaga se entrecruzaba entre sus párpados, una necesidad fuerte de volver a cerrar los ojos lo invadió, el cansancio terrible se instalaba y se profundizada a sus huesos. Una punzada en el centro de su cabeza ascendía cada vez que trataba de tolerar la luz natural de donde sea que se encontrará.

─ Duque Ratio ¿Cómo se encuentra?

Parpadeo un par de veces. Tosió, su palma abierta se elevó a un costado, en una señal de necesidad de un líquido que aliviara la irritación de su garganta. Agradeció que una sirvienta lo entendiera lo suficiente para extenderle uno.

Bebió hasta saciarse, apagando la fastidiosa arenilla que se alojara en su boca, por fin había desaparecido la neblina de su mente. Se sentó en lo que parecía una cama doble, bastante grande y ostentosa para su gusto, analizó cada persona en la habitación. Ah, esa persona que le habla debe ser un doctor, pero no es el médico habitual de la familia Ratio. Extraño, un doctor canoso, bastante demacrado, cercano a la vejez.

No confía. Su voz se endurece, sabe que muestra dominación con sus feromonas alfa. No relevara su estado de salud a un desconocido

Informe de la situación.

Hay una pausa del médico, baja su cabeza en signos de sumisión. Ve como trata de modular, un leve tintineo de nerviosismo en cada palabra. Hay un leve encogimiento en su cuerpo, como si tratará de evitar el ambiente tenso cargado de feromonas. 

Duque. ─ Exhala cohibido. ─no fue mi intención agobiarlo ni traspasar limites indeseados. Me ha informado su sirviente que se ha recibido un golpe en la cabeza en la práctica de equitación al caer de un caballo. Salvó a su alumno cuando su caballo se descontrolo.

 Es un curso de acción dentro de su personalidad que parece encajar. Si estuviera en una posición de profesor, es oportuno pensar que tendría una responsabilidad con sus alumnos, pero hay un problema… no recuerda ese suceso. Para ser exacto, no recuerda ser tutor de equitación. Es cierto, es una habilidad que posee, tenia un vasto conocimiento que podría ser perfecto para la enseñanza. No le desagrada la idea.

Vuelva a encontrar su propia voz. Más calmado.  

─ ¿Cómo está mi alumno?

─ Estaba asustado… pero con la noticia que usted despertó, seguro estará más tranquilo. Todos sus alumnos fueron enviados a sus hogares para evitar un descontrol durante su descanso.

¿Quedarse en cama descansando? Un acto demasiado amable, irreal. Un Duque no se quedaría en la cama por un sencillo golpe. Estaba bien mientras sus capacidades cerebrales siguieran intactas. Ordeno que se fueran de la habitación, sin excepciones. Ninguno se atrevió a desafiar sus palabras. Se retiraron, más aliviados por la salvación de no desatar una equivocación. Algunos no disimularon sus expresiones de sorpresa, como si su actitud no correspondiera a lo habitual.

Aferrada a su naturaleza, se dedicó a observar y analizar. Se miró al espejo de cuerpo ¿Ah? ¿desde cuándo no lleva su cabella atado? ¿por qué lo traía libremente hasta los hombros?

(Me encanta cuando no tienes tu cabello amarrado, es encantador)

Se sorprendió ¿qué-…? Volteo a ver la habitación, confirmando su estancia solitaria, ese susurro… sonó muy clara, masculina, en un toque demasiado suave.

Sus ojos divagaron alrededor, no parecía su habitación habitual, la decoración… aunque eran de su gusto, no perdería el tiempo seleccionándolas. Debía ser el trabajo de alguien más.

Se amarro de nuevo su cabello en una cola baja. Al abrir su armario… ¿qué es esta ropa tan… ostentosa? No, más bien, ni siquiera parecía de su tamaño. Está confundido. Esta es su hogar, su mansión, está seguro. El techo ni las baldosas han cambiado.

Siente un agobio interno, se siente casi desesperado. Hasta él mismo podía captar sus propias feromonas la angustia que propagaba, un toque ácido. Se froto el cuello, tratando de tranquilizarse.

─ Analiza tu alrededor. Te golpeaste la cabeza, estas en una habitación que está amueblado a tu gusto, pero no recuerdas haber hecho esos cambios… Esos sirvientes, no recuerdo a ninguno de ellos.

Trata de profundizar en su mente, bucea en sus últimos recuerdos que sabe que son lo único real de todo este teatro mal hecho. Inhala, exhala. Recita su presentación.   

─ Mi nombre es Veritas Ratio, tengo veinte años. Tengo el título de Duque desde que mis padres fueron asesinados cuando tenía 16 años. Conforme una alianza con el príncipe Caelus para ayudarlo a ascender al trono… por ese acto, muchas veces me han intentado asesinar…

Asesinar, ah, tiene sentido. De nuevo trataron de matarlo. Seguro eso lo llevó a una pérdida de memoria. Nada grave, eventualmente recuperará la memoria. No debe sucumbir al miedo, solo… debe buscar al príncipe. Lo terrible es que tiene mucha gente en su dominio y no sabe en quien confiar. Todos son potenciales traidores ¿y cuanto de su memoria perdió? ¿semanas, años?

Se asusta ante la posibilidad de haber perdido años de memoria ¿y si…? Su mano tiembla y detesta la idea que sus sentimientos lo andan dominando. Necesita alguien quien le informe el contexto. Necesita a Caelus, a ese príncipe insoportable omega ruidoso que puede llamar amigo. 

Se cambia de ropa, a una más implacable. Debía ver al príncipe urgentemente, es el único sensato, el único omega que confía en esta vida. Necesitaba un plan, no podía revelar su pérdida de memoria. Los demás podrían aprovecharse de su ignorancia en los eventos actuales que desconoce.

Justo cuando abre la puerta, escucha una voz aturdida, un cuerpo que se tambalea hacia atrás y un par de ojos de un color bastante raros ¿un avgin? ¿el contrato un avgin en sus dominios? No esta vestido como mayordomo ¿no estaban extintos? ¿no son una raza milagrosa?

─ ¡Veritas, me asustaste! No sabía que-

No pudo ocultar la sorpresa en su expresión. Su nombre sin título. Abría la puerta de un Duque sin llamar antes ¿quién era? El rubio seguía hablando, su preocupación parecía genuina, hablaba con un amor y una necesidad que no reconocía. Su alfa interior se sacudió, en una necesidad de ronronear, opacar la preocupación de este omega rubio de ojos bonitos.

No- ¿qué? ¿Qué fue esa línea de pensamiento? Se dio media vuelta, siguiendo su camino. Era peligroso, ese avgin era peligroso. Su camino fue intercedido, el rubio parecía no rendirse, colocándose delante de él.

─ ¿A dónde vas? Debes reposar, es peligroso que salgas. Vamos a la habita-… ─en esa línea de palabras, vio como una mano intentaba aproximarse a su rostro, vaciló, rehuyendo hacia atrás. ─ción… ¿Que sucede…?

Se sintió incorrecto, casi cegador. Había una atracción que no podía negar, pero no lo conocía, ni sabia su nombre, si solo se guiará por un rostro atractivo, habría perdido su fortuna hace años.

Intento rehuir de una mirada, no era propio de él, al bajar por el cuello contrario vio una mordida, no era fresca, parecía que ya tenía años, perfectamente cicatrizada ¿este omega tenía compañero y se atrevía a coquetear, a actuar con cercanía con él? ¡Que descarado!

Inaceptable. Indecente. Claro, un cazafortunas. Otro más a la lista. Un intento devastador, su anterior yo debió caer en sus garras, en sus encantos lo cual es decepcionante porque su objetivo de vida jamás ha sido tener compañía si no descubrir el conocimiento y la veracidad.

Su mayordomo personal se instala a su lado con un medicamento para aliviar el dolor, pero ignora el gesto. Fue proactivo, pero no es una orden que solicito. Hace una elección de palabras más neutral, dirigidas a su sirviente.

─ Informa a la familia real que realizare una visita extraoficial al palacio.

Es urgente, no dijo. Era Duque, no había necesidad de proporcionar más información, eran diferentes grados. Si Ratio hubiera prestado más atención y no se centrará tanto en la molestia de desconocer su entorno, notaría que Aventurine llevó su palma a su propio estómago, inquieto. Sus feromonas parecían ansiosas.

─ No estás en condiciones de una visita, acabas de lesionarte y el médico te indico reposo. Podrías haber muerto. Un golpe en la cabeza es mortal, siempre dices que la salud es lo primordial.

Ratio no respondió, era su intención no responder, realmente lo intento, pero la voz involuntaria lo traiciono. 

─Necesito hablar con el príncipe.

Maldición.

─ ¿El príncipe? ─El rubio arquea una ceja, en una actitud confusa. Como si las intenciones de Ratio fueran desproporcionadas. ─ Lo dices como si fuera un asunto urgente pero el príncipe solo tiene tres años.

─ ¿Dos años? Imposible.

Su lengua ¿porque hablaba con tanta normalidad con este omega? Una facilidad para expresarse, odiaba esta informalidad. Se sentía expuesto.

Cerró los ojos, suspiro. Piensa, analiza. Esta en un contexto demasiado surrealista. En el mejor de los escenarios, Caelus tuvo descendencia y se corono la máxima autoridad del país. En el peor de los casos, el príncipe que conocía fue obligado a casarse por ser omega y sometido a engendrar un primogénito a un alfa indeseado ¿Y si perdimos? Era un riesgo lógico que cada decisión aplicaba y podría explicar la presencia de este avgin en sus dominios, porque es irracional que se haya emparejado voluntariamente, debía ser una pieza en un ajedrez sangriento que lo vigilaba. Estuvo tan perdido en su mente hasta que siente una presión en su cuello que lo espanta, un frote suave.

¡Qué haces! ─Retrocede. Fue muy invasivo. Ese omega frotó la glándula de su muñeca en su cuello, como si… como si fuera totalmente normal asaltar su espacio personal.

─Estas estresado, y me vas a estresar a mí también. Estas sobre analizando. Tus feromonas están intranquilas. ─El rubio se acerca nuevamente, ejerciendo una suave presión en su antebrazo, siente un leve tironeo. ─ Vamos a la habitación a dormir

En su mente cruza la idea de aceptar, irracional. No lo hará. No importa, necesita ver a Caelus pero… ¿y si esta persona al frente suyo es confiable? Podría contarle. Revelar su pérdida de memoria, pero ¿qué tal si no? La última persona que confió lo enveneno cuando ascendió a Duque.

No. Ratio. No seas imprudente.

─No hay necesidad. Descansa. Es un asunto urgente.

El omega entrecierra los ojos, como si realmente el raro entre los dos fuera el mismo Ratio ¿y por qué necesita la aprobación de este avgin de irse? Podía darse la vuelta y largarse, pero dentro suyo hay una sensación que le obliga a quedarse porque intuye que este omega haría cualquier acción para que se quedará.

El rubio se acerca, muy cerca. Ratio sostiene la mirada en él, sin querer levantar sospechas.

─ ¿Cómo me llamo?

Imposible, está persona ha intuido que algo está mal. Más bien, eran lo realmente cercanos para que este avgin supiera el comportamiento normal de Ratio, no él que presenta a la realeza, el que usa en su hogar, cuando está solo.

No sabe la respuesta. No es su naturaleza huir de una conversación. Tampoco puede aceptar el hecho de pérdida de memoria a un desconocido. Odia la idea de usar su voz alfa, la repudia.

Siente que tiene que admitir la derrota, abre los labios con la intención de revelar la situación, pero escucha una voz infantil, unos pasos acercarse con una velocidad no agraciada, escucha su risa y ve como un niño pasa por su costado y va directamente a abrazar al Avgin, lo llama mamá.

Ratio no es estúpido. Ese niño se parece mucho a él, tienen el mismo color de cabello, su rostro infantil es una copia exacta de cuando Ratio tenía cuatro años, exceptuando los ojos, son una fotocopia de los del rubio.

El pensamiento lo asusta. Esta emparejado con este Avgin, más profundamente de lo que pensaba. Tienen un hijo. Tiene un hijo. Esta casado.

Es mucha información de golpe, su cabeza le duele, como si una electricidad estática lo invadirá, incapaz de romperse, siente una punzada, su mente está tratando de recordar a la fuerza. Siente que en cualquier momento se va a desmayar.

Apreta los dientes por el dolor, se inclina a un mueble, sosteniéndose. Da bocanadas de aire tratando de despejarse. Rechaza la cercanía de su aparentemente esposo cuando este se acerca, tratando de ayudarlo. Lo va a empeorar, si el origen del dolor es por ellos.

El niño no parece entender la situación, lo llama papá, múltiples veces, preocupado y dicha acción solo logra empeorar su estado.

(¿Y cuál nombre te gustaría colocarle a nuestro hijo?)

(No te hagas el desentendido, Veritas. He visto que tienes un libro con muchos nombres enmarcados. Realmente estas emocionado por tu segundo hijo)

(No puedes culparme...)

(¡No lo hago! Es lindo ver cómo te preocupes por mí, además estoy de acuerdo con el primer nombre que escogiste. Además, yo escogí el nombre de nuestra primera hija)

(¿Te parece bien Isaac Ratio?)

 

 


 

Ratio se despierta inquieto, trata de secar el sudor de su rostro. Está de nuevo en su habitación. Las sábanas se enredan en sus extremidades que lo dificulta levantarse.

─Al parecer estas preocupando mucho a tu querida familia. Es inusual en ti, Ratio.

Ahí se da cuenta que no está solo, hay otro acompañante, sentado, una pierna cruzada sobre la otra, sonriente. Solo están los dos.

─Príncipe Caelus.

Caelus ríe, como si le hiciera gracia toda la situación.

─De verdad perdiste la memoria, hace años no usan ese título conmigo. Ahora me suelen decir su majestad, su alteza, mi rey.

─… Ascendiste al trono. Eso es…

Hay un alivio indescriptible en su interior, no puede expresarlo en palabras, la magnitud de su misión, años de sufrimiento que se alivian en un toque esperanzador que no perdieron. La tensión de sus hombros que ha cargado desde tan joven desaparecen. Hay responsabilidades, pero no la carga mental de romper su promesa.

─ ¿Excelente? Gracias a tu ayuda. ─ Caelus le una ligera palmada en el hombro. No lo aparta, a pesar de que en otras situaciones no le gusta la idea que lo toquen. ─ Lo importante ahora es saber en qué época te sitúas. 

Ratio busca en su último recuerdo. Responde con sinceridad, sin omitir ningún detalle: su ultimo recuerdo es cuando Caelus fue envenenado en la guerra por el trono del país, en el primer año de conmemoración del fallecimiento de su Majestad, el padre de Caelus. Recuerda la devastadora imagen del príncipe vomitando sangre, prometiéndole que no se rendiría ante cualquier evento futuro que involucrará su muerte. Ratio recuerda el pulso débil de Caelus, hay una desesperación interna en ese recuerdo, pero sabe controlar su exterior y solo el ligero temblor en su diestra lo atormenta. Habían pasado días y el príncipe no despertaba. El médico no podía descubrir el veneno y cada oportunidad se desvanecía entre sus dedos, como arenilla desesperante. Se atreve a admitir que tuvo miedo, miedo de quedar solo. Sus padres fueron asesinados, sus sirvientes eran peones que en cualquier momento lo traicionaban, su tutor de Academia trato de envenenarlo y ahora Caelus parecía dar su ultimo respiro delante suyo, incapaz de evitarlo.

Caelus se muestra pensativo, comprensivo. Se endereza en su asiento. Su tono de voz es más abierta, más accesible a una conversación apacible. Hay un ligero aroma de manzanilla y lavanda, sabe que intenta calmarlo y funciona correctamente. Su alfa se acicala ante el recuerdo, ante un aroma familiar. Lo necesita.

─Tiene sentido que no recordarás a Aventurine. Él me proporciono la cura de ese veneno ya que fue creado en su tierra natal que destruyeron. Luego de salvarme la vida, te pedí que lo protegieras ¡Y bien que lo protegiste, tan bien que le hiciste dos hijos!

Caelus se burla. Ratio farfulla por la vergüenza que implica las palabras.

─Eso fue hace seis años. Ratio, sé que en esa etapa de la vida desconfiabas de todos, excepto de mi por la esperanza que descubrieras los asesinos de tus padres, pero actualmente estamos en una época de paz. Hace tiempo acabo la guerra interna. Ascendí al trono hace cinco años. Me casé, tengo una hija.

Calculando. Ratio tendría actualmente veintiséis años pero esta atrapado en las memorias de su yo de veinte años.

─Es… parece muy perfecto, un idealismo irreal ¿entonces todo acabo? ¿Qué hay de mí?  

─Te casaste con Aventurine y por lo que he visto, son muy felices juntos. Antes eras muy reacio ante cualquier interacción humana, pero él te ha cambiado para bien. Puedes confiar en él.

─No puedo. ─admite Ratio. ─No lo conozco. Me pides que viva como si no fuera ayer que me senté a tu lado y rezaba ante un Dios que nunca creí para que despertarás.

Como si Caelus adivinará su siguiente petición. Se adelanta.

─ El doctor dice que eventualmente regresarán tus recuerdos pero que no podemos forzarlos. Eres un alfa observador y se que cada teoría que necesites refutar en tu mente ingeniosa necesita una evidencia sólida. Mis palabras no bastaran para que te acerques a Aventurine por voluntad propia pero no lo trates mal. Se más comprensivo.

─Llévatelo al palacio. Dijiste que eventualmente regresarán mis recuerdos, pero él… es ruidoso. Invade mi espacio personal. Me molesta sus feromonas. 

─Es tu esposo.

─No recuerdo tal hecho. Estuve muchos años solo en esta mansión y me pides que de un día para otro comparta mi hogar. No puedo darle lo que él necesita de mí. No me pidas que finja un amor que no tengo por él. Es un desconocido.

Caelus entrecierra los ojos, lo esta juzgando. El entrecejo que se produce en su rostro parece querer debatir la opinión de Ratio, sabe que tiene razón, pero la objetividad y sensatez de aquellas palabras lo deja en una controversia. Hay un silencio devastador, el aroma acido se instala en el albino pero también fluctúa la indecisión. Ratio sabe que su amigo esta buscando el fundamento perfecto para derrocar su postura y no haya lugar a contraargumentos.

 ─ ¿hazlo por mí?

Ratio hace una expresión de desagrado ante un argumento tan emocional.

─No. Inténtalo de nuevo.

Caelus se lleva las palmas a su cabello, se despeina de la frustración. En un momento, sus pupilas brillan, una bombilla aparece arriba de su cabeza.

─Siempre has sido un hombre correcto, Veritas Ratio. ─ Hay una burla en esas palabras. Como si ya tuviera la victoria. ─ Aventurine me salvó la vida en aquella ocasión, es equivalente a darle todos los méritos de salvador. En retrospectiva, según tus propios principios, tu le debes la vida a él. Es un héroe. Si él no hubiera llegado con el antídoto en ese momento ¿Dónde estaría yo? Probablemente muerto ¿Dónde estarías tú?

Probablemente exiliado y muerto, no dice. Es verídico. Ratio suspira.

─Se puede quedar.

Caelus celebra su victoria. Luego todos los eventos sucesivos ocurren tan rápido que ni él logra procesarlos adecuadamente. Su hijo corre por la puerta, ve las pequeñas lagrimas inundando sus mejillas y salta a la cama, se aferra a Ratio en un abrazo. Sería una escena tierna y agradable si no fuera que el dolor de cabeza vuelve a aparecer, las punzadas aumentan de intensidad y rompen cada pensamiento coherente.

Vuelve a perder la consciencia.

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Cuando vuelve a despertar, sabe que ha pasado dos días. Hay una sirviente beta que le comunica que su hijo fue alejado de esta torre y su esposo tuvo que acompañarlo porque el pequeño de cuatro años no logra comprender porque su papá no puede verlo.

Hay una preocupación en su corazón que desconoce, sus instintos. Decide ocupar el tiempo sabiamente descubriendo los cambios. En un momento desea preguntar si el niño esta bien pero es una pregunta tonta, porque es obvio que no esta bien.

Un cachorro necesita las feromonas de sus dos padres para crecer adecuadamente, además que ayuda a reforzar el lazo afectivo, fortalece el sistema inmunológico contra enfermedades y una variedad de comprobaciones que podría dictar fácilmente, pero Ratio no se le puede acercar, aunque quisiera.

Les indica a los sirvientes que lo ayuden a vestirse hasta que ve la notable incomodidad en sus rostros, están inmóviles, nerviosos, sin seguir sus órdenes. Ahí cae en cuenta, cierto, está casado. Es impropio y una falta de respeto a tu pareja que otras personas lo ayuden a cambiarse de vestuario. Aún así, es una orden y en otras circunstancias, sus sirvientes lo hubieran obedecido sin rechistar pero estos parecen dudar y no acatan inmediatamente, debió volverse indulgente.

Ratio nunca quiso emplear los castigos físicos en sus dominios aunque fueran legales en términos de jerarquía social, le parecía una estupidez hasta que la gente empezó a aprovecharse de sus buenas intenciones, recuerda las múltiples veces que tuvo que armar justicia ante los intentos de asesinatos.

No necesitaba gente que no le obedeciera. Hay un gélido ambiente que se adentra en la habitación, un profundo deseo de someter y mostrar dominancia, el tenso aroma del chocolate amargo con menta. Ve cada sirviente arrodillarse ante la presión, hay quejidos ahogados ante el pánico. La brasa en su interior crece, esto era lo correcto. No dan lugares a traiciones futuras, acaba el mal desde la raíz. Su sangre se calienta ante su fuerte naturaleza, hay una espada en su mano que agarra con fuerza, su única compañía.

(Somos iguales. No tengo a nadie, tú tampoco ¿quizás podríamos hacernos compañía?)

Esa voz molesta. Desaparece, eres un desconocido en mis recuerdos. Ratio quiere demostrar su punto, que ningún recuerdo lo ata ni podría manejar su actitud. El maneja su vida. Alza su espada, el filo es indudablemente cruel.

(Puedo decirlo, eres directo pero tu naturaleza no es ser cruel. Te han fallado tantas veces que temes volver a confiar en alguien. Prefieres estar solo desde el principio porque no quieres decepcionarte)

¿Y tú eres diferente?

(Jajaja ¿por qué no lo averiguamos juntos?)

Sabe que es irreal, porque no hay nadie cerca suyo además de los sirvientes, pero siente un toque espectral que lo envuelve, en un cálido abrazo que lo apacigua, entre el fuego solo quedan brasas y su mente se aclara como un cristalino lago. Es fácil deshacerse. Es fácil dejarse llevar y cerrar los ojos, que el roce amable lo arrope.

Suspira. Guarda su espada en la funda. Sus digitales tocan la marca en su cuello, la piel irregular por la mordida. Fue la marca quien lo tranquilizo.

─Retírense. No deseo que nadie me moleste por el resto del día.

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Hay informes esparcidos por el escritorio. La cantidad de firmas y gastos anuales es asombrosa. No superan su capacidad de ganancia, pero la diferencia entre rendimiento y el pago lo deja asombrado.

Entre sus manos esta el acta de matrimonio. Su principal objetivo. Cada palabra escrita lo desconcierta… es… ¿no es engañoso? Los matrimonios entre la aristocracia siempre han sido desiguales, generalmente la gente con mayor posición social no suele compartir sus riquezas ni sus títulos, en un acto de proteger sus bienes. Pero su matrimonio tiene estipulado que su titulo de Duque es compartido con su cónyuge, otorgándole los beneficios que conlleva tener el segundo titulo más alto del Reino. Sus bienes y riqueza, la mitad están a nombre del matrimonio en conjunto. No se caso por bienes separados. Encuentra otro papel adjunto, el dominio de su propia Mansión es administrado por Kakavasha Ratio, es decir, él tiene más poder en cuanto a manejar a todo aquel trabajador contratado, no, más bien, su cónyuge es quien contrata a la gente que trabaja acá.

Le dio su apellido. El apellido que Veritas tanto se aferra porque es el único regalo que jamás lo podrían quitar de sus padres. El título que atesora porque es el único legado que tiene y protege con su vida.

Las evidencias lo dejan helado, se recuesta en el respaldo de su asiento. Prácticamente si me divorcio, él se lleva la mitad de todo. Debe haber una razón de tal acto tan desproporcionado ¿amenaza, extorsión, un acuerdo? ¿por amor?

Ratio arroja todos los documentos al suelo. Apoya su frente en el escritorio y se oculta entre sus brazos como si quisiera borrarse. Imposible. Jamás haría un acto tan descabellado por sentimentalismo. Los sentimientos nublan el juicio. El amor es un sentimiento lejano que nunca buscó ni desea tener.

─Realmente hiciste un desorden ¿encontraste algo bueno?

Ratio no tiene el animo correcto como para querer debatir, refutar o esclarecer las palabras. Se endereza en su asiento y mira fijamente al rubio. Esta usando un bloqueador de olores, por eso no sintió sus feromonas cuando ingreso a la oficina.

Caelus mencionó que esta persona es confiable. Él único que sabe las respuestas de sus enigmas mentales es esta persona.

─ ¿Por qué firme esta acta de matrimonio donde te cedo la mitad de todo lo que poseo?

Kakavasha se ríe, hay una ligera burla agradable que Ratio se niega a categorizar como lindo.

─Porque me amas.

Ratio espera que continue hablando, pero no lo hace, es una respuesta simple y corta, como si fuera lo suficiente para justificar todo el enrollo de su mente.

─En el acta te llamas Kakavasha pero Caelus se refiere a ti como Aventurine ¿por qué?

─Era un avgin refugiado, escapando de una trata de esclavos, era adecuado cambiar mi nombre para despistar a mis captores. Luego se volvió costumbre que me llamaran Aventurine pero sigo usando mi nombre real en otras circunstancias, más íntimas.

Hay un cambio de tono en la ultima parte, más sugerente, en una pausa más atrayente. No desea preguntar porque tiene el presentimiento que se va a encaminar a una dirección que no puede controlar. Agradece el toque en la puerta, el rubio es quien permite la entrada de una sirvienta, hay platillos con dulces que se depositan en el escritorio.

─No has desayunado y seguramente pensabas saltarte el almuerzo ¿por qué no me acompañas a comer? ─ Aventurine ya tiene un dulce entre sus dedos.

 En su interior hay un rechazo genuino a la comida. Mira el postre, se ven de su gusto, pero hay una voz en el fondo que lo alarma, no confíes.

─No esta envenenada. ─Sonríe Aventurine adivinando su línea de pensamiento. Le da un mordisco al postre, demostrando su punto. El mismo dulce mordisqueado se lo extiende a Ratio. Duda al principio, pero finalmente acepta.

No se da cuenta que sus ojos se iluminan al probar el dulce y hay un genuino sentimiento cálido extendiéndose en él, sus feromonas se matizan en un alegre y reconfortante sensación.

─ ¿Por qué comemos dulces tan temprano? No debe ser bueno para la salud.

Hay un imperceptible sobresalto en los hombros de Aventurine. Ratio es observador, pero no comprende la magnitud de su pregunta. Hay un nerviosismo en su voz que trata de camuflar.

─ ¿Supongo por qué se me antojo? No te preocupes, de vez en cuando hacemos esto. Tengo tu permiso, solo no debo excederme. Mhm… ¿cuántos era el máximo, cinco dulces?

La marca en su cuello le punza, avisándole que no está mintiendo, pero no es toda la verdad.

─Eran dos dulces como máximo.

Ratio se sorprende de sus palabras. Él no… no hablo conscientemente. Ni siquiera recuerda si hubo una conversación de dulces en el pasado ni el motivo porque le restringe. Hay un tenue brillo de esperanza en Aventurine, pero Ratio debe romper esa ilusión rápidamente.

─No he recordado.

La decepción visible se plasma en el rostro de Aventurine. Hay un silencio que solo es evitable por los pequeños mordiscos del rubio en el postre. Ratio no sabe cómo o porque, pero es un pensamiento invasivo saber que Aventurine esta perdido en sus pensamientos y el lazo que los une por la mordida le da una fricción angustiante. Ratio no esta angustiado ni ansioso así que sabe que el sentimiento le pertenece a la persona al frente suyo.

¿Cómo se consuela a una persona? Es terrible. Medir sus palabras para no lastimar. Siempre fue directo, sensato y sin adornar sus palabras en énfasis bonitos.

─Piensas que te voy a abandonar y deshacer el lazo de compañeros.  

─ ¿Y no es verdad?

─Yo… ─Murmura. No es su naturaleza mentir. ─Nunca pensé en abandonarte.

─Le dijiste a Caelus que me llevará al palacio ¿no es lo mismo que abandonar?

Sí, suena similar a abandonar. No le recrimino que escuchará una conversación ajena a escondidas. Los dos son personas adultas, quiere creer que conversando pueden solucionar lo que sea que hay ahora.

─Perdón, no pensé como te afectaría aquella petición. Solo… es extraño. Tienes un conocimiento total de mi persona pero para mí eres un total enigma. Me siento expuesto. No han pasado ningún día que estoy despierto y estas influyendo en mis decisiones, de una manera tan natural que me asusta. ─admite, deshaciendo el nudo que hacia en su corazón que desconocía que tenía arraigada. ─ Me afecta cuando te veo triste y no encuentro una explicación lógica, y sé la respuesta pero sería admitir que todo lo que creía, mis principios que tanto defendían ya no existen y no hablo de principios básicos o elegantes. Mi razón de vivir siempre fue la venganza, no me importaba el modo, solo deseaba lograrlo, fue mi única razón por años y lo único que me mantenía vivo ¿y ahora debo admitir que mi razón de vivir cambio drásticamente? ¿Qué mi razón de vivir ahora eres tú y mis hijos?

Es un proceso lento. Aventurine siente un remolino en sus pestañas, trata de aguantar las lagrimas que se acumulan en el borde pero la emoción es un pozo profundo que lo agobia y a la vez hay una sensación protectora que le dice que todo estará bien. Es Ratio quien se acerca a abrazarlo, se arrodilla frente a él porque Aventurine esta sentado. Hay un contacto gentil entre cada uno, no hay presión. Ratio libera sus feromonas, no intenta oprimir ni intimidar, solo un fuerte deseo de consolar.

Son las hormonas. En este mes me desestabilizo emocionalmente, siempre es el más complicado.

¿Este mes? Oh Dios. Es fácil la deducción. Aventurine está embarazado. Un omega en cinta en el mes más complicado de su embarazo con su alfa amnésico. Espera ¿No es el tercer hijo? ¿Su actual yo es una bestia sexual que se la piensa engendrar continuamente? ¡Debería darle un descanso! ¡Apenas tiene veintiséis años! ¿¡Acaso piensa llegar a los cuarenta con siete hijos?! ¡Tú, tú, bestia!