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No es incómodo el tacto, solo es una escena inusual pero jamás lo etiquetaría como desagradable. Puede sentir como la respiración de Aventurine que choca contra la marca de su cuello se suaviza, más pausada y graduada, hay una satisfacción interior de sus instintos por apaciguar la amargura y tristeza de su pareja, pero el terreno desconocido de seguir ese hilo de pensamiento aún es muy temprano para colocarle una etiqueta.
Aleja su rostro lo suficiente para comprobar el estado del rubio. Está durmiendo, o muy cerca de cruzar esa línea. Debe estar muy exhausto si puede dormir en una posición muy incómoda que originalmente solo era un abrazo reconfortante.
Escucha dos golpecitos en la puerta, hay una voz femenina que pide permiso para entrar. Es muy conocida, es suave y puntiaguda. “Puedes entrar”. Oculta muy bien su asombro ante la nueva presencia. Yukong. No la misma de sus recuerdos; salvaje, potencial y energética, ahora su esencia explayaba una melancolía, alegría y una esponjosa serenidad. Su informante en los mundos bajos, actualmente vestida con un traje de mayordomo, con un ligero distintivo en los puños de su traje. Hay una urgencia en preguntarle ¿también pudiste lograr tu felicidad? ¿encontraste a tu mejor amiga perdida? Hay un respeto hacia ella. Porque si Ratio tenía noción en lo que le quedaba por sacrificar por su venganza, Yukong ya había sacrificado todo, no por venganza, si no para reencontrarse con una amiga preciada.
Pero hay un razonamiento rápido en su mente. No, por supuesto que no. Si no, estaría viajando con su amiga, en cambio, es una sirvienta personal de Aventurine. Yukong es omega, las reglas sociales le permiten ser sirviente personal de un aristócrata omega.
Yukong es perspicaz, antes que Ratio elabore la pregunta, ella responde. Aventurine no ha dormido adecuadamente ya que consoló ayer a su hijo Isaac por una pesadilla. Dio una orden muy estricta que lo despertaran cuando Ratio lo hiciera, pero entre que por fin logro dormir y entre que Ratio salió de su habitación, solo hubo una diferencia de cuatro horas. Sumándole que es el mes usual que Aventurine se cansa más de lo habitual.
─Si desea, puedo llevar al Duque Aventurine hasta su habitación. ─Ella se acerca, muy educadamente extiende sus brazos hacia Ratio.
Ratio sabe que Yukong podría cargarlo, tiene una fuerza suficiente para cargar a dos personas, pero Aventurine se aferra al cuello de su traje, como si Ratio se fuera a ir, es un miedo real como cada dedo se arruga ante la tela. Siente un vuelco en su pecho, es como un ligero dolor, y no puede negar que es preocupación.
Puede cargarlo, es una simple acción. No tiene que significar algo.
Yukong va por delante, guiando el camino. Ella no hace preguntas, sonríe sutil. Ratio se da cuenta que están yendo a su habitación, o bueno, técnicamente es de los dos al ser esposos, pero no es difícil deducir que Aventurine ha estado durmiendo en la habitación de su hijo.
Cuando intenta dejarlo en la cama, el rubio aún se aferraba a él, resistiéndose a separarse, escucha un quejido incomodo, reclamador pero que finalizo con un sonido de angustia que se originaba desde el fondo de su garganta y escapaba por sus labios. Ratio solo tiene el conocimiento simple que funcionará, no hay recuerdos, pero solo lo sabe. Acaricia el cabello de Aventurine, siguiendo la cascada suavemente.
─Estamos en nuestra habitación. Necesitas dormir adecuadamente ¿puedes hacerlo… por el bebé? ─Susurra con un tono muy suave que el mismo desconocía que tenía.
Aventurine aún adormilado, musita algo inentendible, asiente y muy lentamente debilita el agarre hasta que termina depositado en la cama, abrigado con dos sabanas que se extienden por encima del hombro. Ratio observa su rostro unos minutos solo para verificar que está durmiendo profundamente.
Ratio mira la puerta. Debe irse. Aún tiene documentación por revisar, específicamente la que no es muy legal. La que oculta detrás de una pared en su biblioteca personal. Informes, actas de fallecimiento, nombres de personas desaparecidas. Ratio siempre fue meticuloso así que no duda que lleva un registro de su gente.
─Si me permite hablar Duque. ─Yukong inclina su rostro hacia abajo, sus manos elegantemente depositadas en su abdomen, en una posición recta y formal. Ratio le permite. ─El Duque Aventurine se mostraría muy feliz cuando despierte y ve que esta a su lado.
Sugieres que me quede aquí resguardando. Siempre le han enseñado a ser productivo. El tiempo se invierte sabiamente en acciones, en investigar y estudiar. Su parte lógica se enfatiza en remarcar que quedarse sería malgastar el tiempo, solo podría observar al omega dormir ¿Vas a invertir tu tiempo valioso en él?
No. Responde su naturaleza racional y lógica, aquella que siempre se negó a tener a alguien preciado a quien proteger y amar, porque significaría tener una debilidad. Pero recuerda la forma que Aventurine se aferró a él y destruye tan fácilmente toda conjetura.
─Me quedaré. Trae un libro de la biblioteca, el que esta al fondo con tapa dorada.
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Cuando es la hora del almuerzo, Ratio tiene que despertarlo, es importante almorzar, es la comida más importante del día, pero Aventurine se muestra tan somnoliento que Ratio debe pedir que le traigan el almuerzo a la habitación.
Ratio siente que es el acto más vergonzoso que ha hecho en su vida al darle de comer en la boca a Aventurine ya que se resistía mucho al comer porque quería seguir durmiendo. Siente la mirada pesada de Yukong sobre él y eso lo mortifica más. Es un acto muy íntimo, muy privado, que debiese ser cotidiano al ser esposos pero hay un grado de timidez por el público, específicamente por Yukong que no es una desconocida.
Cuando ella le sugiere que podrían dormir juntos por la noche, Ratio replica muy rápidamente un “¡No! ¡Eso es-“
Se queda en silencio. Se sumerge en su vergüenza. Cierto. No es indebido, es mi esposo.
Al final Ratio debe repetir el proceso para la cena, hay una leve sospecha que Aventurine podría estar haciendo esto apropósito, pero la desecha porque ha decidido confiar en esta persona. Ya no es un desconocido. Llamarlo solo un conocido se siente incorrecto, pero decir que son amigos tiene un tono raro y no expresa totalmente su situación actual.
Luego de otro cuarto libro leído, una sirvienta le expresa su preocupación por El señorito, refiriéndose a Isaac, tiene altos índices de querer dormir pero no quiere estar en la cama solo. Ratio no se atreve a despertar a Aventurine y no sabe el comportamiento de Isaac como para saber si entenderá y dejará dormir tranquilamente a su madre.
─Tráelo. Haré una pequeña apuesta.
Apuesta ¿apostar? Es extraño, el no usaría esas palabras. No es su esencia. Una sirviente trae a Isaac entrecerrando los ojos, apenas soportando estar despierto. Ratio evita mirarlo directamente, cerrando los ojos, es un razonamiento simple. Sabe que Isaac aun conserva un poco de consciencia porque lo llama “Papá”, es muy débil. Se guía por la voz, toca un poco su rostro, con su muñeca donde está su glándula roza suavemente la frente de su hijo. Hay una concentración de feromonas que se elevan en la habitación, es apaciguador, hay una deliciosa presencia de chocolate endulzado con leche, es refrescante, acogedor. Ratio sabe que ha funcionado cuando escucha la respiración calmada de Isaac, durmiendo pacíficamente.
Según los libros que leyó en la tarde, las feromonas de los padres pueden calmar la ansiedad de los hijos en las edades infantiles, eso incluye las pesadillas. Que Aventurine haya sido incapaz de hacer lo mismo, demuestra que hay una fluctuación anormal en sus feromonas, es probable que el estrés haya desbalanceado su propia naturaleza.
Esa noche, Ratio duerme en un sillón que es lo suficiente largo para acostarse en él. Aún no esta preparado mentalmente para dormir en la misma cama.
Como el estado de sueño de Isaac se debe a las feromonas de Ratio, no puede abandonar la habitación o se arriesga que vuelvan sus pesadillas, y por consiguiente, despertaría a Aventurine.
Lo recuerdo, a Aventurine le gusta apostar. Es su ultimo pensamiento antes de dormir.
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A la mañana siguiente, se despierta muy temprano, seguramente por la incomoda posición y la superficie que durmió. Se cambia de vestimenta en una habitación de invitados. Su esposo e hijo (es raro llamarlos así) aún siguen durmiendo.
Escucha ruidos por el pasillo, hay mucho movimiento y duda que sus sirvientes madruguen a las seis de la mañana en un día cualquiera. Desde la ventana donde se puede visualizar la entrada a la mansión, esta aparcado un lujoso carruaje rosado que puede prometer que no estaba ayer.
Camina por los pasillos, es raro no encontrarse a los sirvientes, hasta que llega al salón principal, esta ordenados en columnas, muy rectos, con uniforme implacable y sus rostros cabizbajos. Hay un cambio en la iluminación del salón, se asoma una gran oscuridad que no le permite ver por donde camina.
─La única verdad es la realidad.
Hay una voz infantil femenina que predomina, aún esta oscuro por lo que sus ojos se enfocan en el supuesto origen de la voz hasta que vuelve a hablar, la habitación se ilumina por segundos, pero no logra ver correctamente, solo una silueta sin forma. El salón se vuelve a oscurecer. El origen de la voz cambia, a otro extremo de la habitación.
─No hay genio sin un gramo de locura. Conocerse a si mismo es el principio de toda sabiduría.
Vuelve a ocurrir lo mismo hasta que la habitación se vuelve a iluminar y hay aplausos de los sirvientes, ahora de forma permanente. Al inicio de las escaleras, en un punto más alto que Ratio debe levantar la mirada, hay una silueta infantil, vestimenta escolar y con una extraña cabeza de escayola, en una silla elegante en una posición reflexiva. Ella se levanta, trata de subir al barandal de la escalera, Ratio escucha un “¿Me pueden subir? Por favor” con una voz muy tierna hacia uno de sus sirvientes. Cuando la suben al barandal, con dos sirvientes afirmándola por seguridad. Ella apunta con su índice a Ratio.
Hay un silencio y Ratio sinceramente no sabe que pensar.
─y, por cierto, me expulsaron de la Academia por tres días.
Ratio se pregunta porque sus sirvientes le siguen las ocurrencias de su hija de seis años. Quiere pensar porque ella es la primogénita y por lógica es la futura duquesa. La han expulsado de la Academia por tercera vez en el año, seguramente recibirá otro informe donde le van a cobrar un laboratorio o biblioteca completa, es una genia caótica, peor que él.
… Ratio se rehúsa a admitir que por el acto vergonzoso de su hija es que ahora la recuerda.
