Work Text:
Kim Dokja se había preparado para muchas cosas el día que llegara su cumpleaños.
¿Una fiesta sorpresa de parte de toda la compañía? Bien puede fingir que está sorprendido incluso si ya lo había previsto.
¿Los niños dándole regalos extraños? Está seguro de que tiene la dureza mental como para soportar un par de bromas inocentes.
¿Han Sooyoung empujando su cara a un pastel? Tenía suficientes monedas invertidas en agilidad como para evitarlo y luego obligarla a ella a terminar con crema en la cara.
¿Yoo Sangah, la ganadora invicta cuando se trata de beber alcohol, invitándolo a beber? Eso... Bien, su tolerancia había mejorado, podía lidiar con ello. Claro.
Pero Yoo Joonghyuk— Yoo Joonghyuk, de todas las personas—
¿Yoo Joonghyuk, su adorado protagonista, la persona que retrocedió más de mil veces para conocerlo y luego viajó por millares de universos, sólo para encontrarlo y sacarlo de su pozo de soledad? ¿El protagonista perfecto en casi todo sentido al que había apoyado y casi adorado por más de diez años y una eternidad? ¿El mismo que, de hecho—?
Kim Dokja se ahoga y siente su cara arder como si se estuviera incendiando, y en su mente se pregunta una y otra y otra y otra vez cómo, cómo terminó él— cómo terminó esto así.
Con Yoo Joonghyuk frente a él, en la cama que nunca pensó compartir con alguien más, con una forma tan distinta a lo que recuerda, pero tan, tan—
De hecho, es Yoo Joonghyuk.
Y Kim Dokja es un tonto. Uno que vuelve a ahogarse con aire y cierra los ojos y lleva una mano a su boca, presionando sus propios dedos en su piel para mantenerse en tierra y recordarse, recordarse que ya no está soñando, mientras traga la saliva acumulada sobre la lengua que se siente repentinamente entumecida dentro de su boca con dientes apretados. Sus pensamientos se enredan y giran y giran en tanto su otra mano se aferra a las sábanas sobre el colchón.
Siente un golpecito en su costado, que le obliga a abrir los ojos de nuevo y levantar la cabeza. Se traga un jadeo y sus cejas se arquean, y está seguro de que no puede ponerse más rojo, de verdad que no, ya ha llegado a su límite.
O tal vez pueda superar ese límite. Al menos, si es que la mirada afilada de la otra persona se mantiene fija sobre él, de esa manera en que le causa escalofríos por todos lados y aumenta en él la necesidad de comenzar a temblar, aunque lo único que pueda sentir a su alrededor sea calor. Calor ardiente y abrasador subiendo desde su vientre a su pecho y garganta y arremolinándose en su rostro y aplastando su cerebro ya casi en cortocircuito.
Kim Dokja no cree que pueda lidiar con esto. No así. No con Yoo Joonghyuk en esta forma que lo había visto usar una sola vez y luego tal vez entre vestigios tras un velo de inconsciencia en mitad de una antigua lucha entre la vida y la muerte, aunque no menos bello de lo que definitivamente es. La figura frente a él es tan diferente a la original, más curvada en unas zonas y suave en otras. Es casi como la tentación tomando una forma corpórea y hecha solamente para tentar a un dios desdichado como él.
(Puede permitirse pensar que es por él, ¿verdad? Puede permitírselo. Él quiere permitírselo, sólo por esta vez. Sólo por hoy.)
Para mala o buena suerte, Kim Dokja es terriblemente débil a las tentaciones ahora mismo. Tan jodidamente vulnerable, que la sola imagen de su protagonista recostado entre las almohadas de su cama, en una posición que le recuerda mucho a la imagen de un monarca viendo desde arriba a un mero súbdito, tan lejano pero tan majestuoso; mientras usa lo que se suponía que era un gusto culposo que nadie más debería usar en su contra, el vestido negro y apretado adhiriéndose a las curvas del cuerpo de ensueño, los detalles plateados brillando entre la poca luz de la habitación entre cada ligero movimiento de respiración, el diseño terriblemente cautivador—
Una de las piernas de Yoo Joonghyuk vuelve a moverse sobre la cama, rozando el costado de su cuerpo tenso. Con la rodilla ahora en alto, Kim Dokja da un vistazo a la piel desnuda gracias a la terrible abertura vertical que deja descubierta incluso hasta un lado de la cadera. No hay rastro de prenda alguna debajo.
Dokja se ahoga de nuevo. Alcanza un nuevo nivel de rojo.
Escucha una risa baja escapando de la boca de Yoo Joonghyuk, y se sentiría molesto por ello, al menos si sus ojos pudieran apartarse de donde se han deslizado de nuevo por las piernas del protagonista, apenas comprendiendo la existencia de unos ligueros apretando la carne de los muslos.
De verdad, esos eran unos malditos ligueros.
Kim Dokja realmente podría hacer cortocircuito ahora mismo. Morir por la sobrecarga de información.
Moriría feliz, al menos.
—Kim Dokja.
A pesar de todo, una voz lo saca del trance y de los pensamientos de muerte, y rápidamente levanta la vista de donde la había mantenido, por más tiempo del necesario, justo sobre las piernas a cada lado de su cuerpo.
Cuando mira hacia arriba, sólo puede mantener una expresión atontada.
El rostro frente a él es tan hermoso que definitivamente no hay comparación con nada más bello en el universo. El largo cabello negro que cae en cascada sobre las almohadas y alrededor de los hombros de esta persona, enmarcando los lados redondeados y casi volviendo suave la expresión tan fría y tan natural, es tan precioso. Ojos de ónice observan a una sola persona y esa persona es solamente Kim Dokja, quien siente que puede hundirse en cualquier momento si solamente se concentra un poco más en lo que tiene enfrente.
Una voz interior le dice que no puede ser real.
Es demasiado bueno para ser real. Tal vez sólo está soñando de nuevo y—
—Kim Dokja, ojos arriba.
Dokja parpadea varias veces, apenas captando que se ha perdido entre un océano de pensamientos, mientras sus ojos se habían desviado a un sólo lugar.
Todo el calor que se había ido por un segundo regresa como una patada en la cara en el momento en que se da cuenta de que se había quedado viendo el pecho de Yoo Joonghyuk.
—Yo... no estaba... —balbucea, como un completo idiota, levantando rápidamente la vista de nuevo a la preciosa cara femenina. No es un alivio, porque hay un ligero brillo de desagrado en los ojos de Yoo Joonghyuk.
Mierda, Kim Dokja no puede evitar maldecir terriblemente en su interior, recordándose y repitiéndose a sí mismo que esa mirada de asco no debería hacerlo sentirse caliente.
Lamentablemente, su cuerpo no está de acuerdo con sus ideas y Dokja sólo puede sentir el horror subir a su garganta cuando percibe más apretados sus pantalones.
Es tan patético. Tan jodidamente patético.
—¿No estabas qué, Kim Dokja?
Si Kim Dokja no tuviera el cerebro casi derretido en este momento, hubiera podido notar la voz ligeramente burlona de su compañero.
Por desgracia, no puede pensar mucho. No lo suficiente como para salvarse a sí mismo.
—No estaba... Yo... —vuelve a balbucear, manteniendo los tonos rojos en sus mejillas mientras sus ojos temblorosos tratan de mantenerse fijos en el rostro de Yoo Joonghyuk. Pero no puede, si sigue mirándole, tal vez vaya a desmayarse. Pero tampoco puede apartar la vista porque ninguno de sus músculos reacciona. Está atrapado y ni siquiera su conciencia parece querer cooperar—. Yo sólo... me perdí...
—¿Mirándome el pecho?
Dokja hace un sonido ahogado y finalmente hace un movimiento, que es llevar ambas manos a su rostro para ocultar su expresión de vergüenza pura, y gemir dolorosamente. La tienda en sus pantalones también crece y él sabe que nunca se ha sentido más humillado en su miserable vida.
Es demasiado. Jodidamente demasiado.
Para mala suerte suya, Yoo Joonghyuk no parece querer detener la situación. No hay misericordia alguna en su rostro.
—Está bien.
Kim Dokja separa los dedos para mirar de nuevo al... ¿a la protagonista? ¿Puede llamarle así? Aunque es Yoo Joonghyuk y está seguro de que Yoo Joonghyuk no es una mujer y—
—Siempre tuve en cuenta que eras un hombre que se dejaba llevar por la lujuria —comenta Joonghyuk, con un tono aburrido. Quita la mirada de Dokja en el momento en que el lector suelta un ruido de sorpresa y ofensa mezcladas.
—No es... —intenta excusar, pero se detiene abruptamente a medio camino. Sus manos han dejado de ocultar su rostro y han bajado, pero lamentablemente una de ellas se ha puesto prácticamente sobre uno de los muslos de su compañero.
Kim Dokja aparta la mano como si hubiera tocado fuego.
Yoo Joonghyuk le da una mirada mortífera.
No te pongas duro, no te pongas duro, no te pongas duro, maldita sea, gime y ruega por dentro el pobre lector abandonado por dios, mientras aprieta sus puños sobre sus rodillas y cierra los ojos para calmarse y no delatar más sus problemas físicos.
—Kim Dokja.
El nombrado no abre los ojos y, como un mocoso, sólo niega fervientemente con la cabeza. Esa es su única respuesta y no piensa cambiarla, ni siquiera si sabe que está viéndose más estúpido que de costumbre. No importa, no en este momento.
Yoo Joonghyuk suspira.
—Kim Dokja, ojos aquí.
Dokja quiere volver a negar, pero entonces siente un toque en su barbilla.
Abre los ojos de golpe en el momento en que es obligado a levantar la cabeza y volver a mirar a su protagonista.
Traga por reflejo la saliva que se ha acumulado dentro de su boca, apenas llegando a notar que el toque en su piel es, de hecho, de parte de los dedos de Yoo Joonghyuk sujetándole.
No exactamente de las manos.
Antes de darse cuenta, está sujetando el tobillo vestido con medias negras y quiere apartar el toque desvergonzado y la posición terriblemente comprometedora que está mostrándole Yoo Joonghyuk. Pero su cuerpo de nuevo se niega a obedecer y sus ojos se sienten tan, tan, tan tentados a bajar por el delgado trozo de tela traslúcido y luego deslizarse por la piel suave de los muslos atrapados con ligas negras que tanto desea probar la flexibilidad y más tarde ir debajo de la seda del vestido que cubre con su diseño la parte entre—
Un pensamiento fugaz cruza por la mente de Kim Dokja.
Deliberadamente cierra la boca antes de soltar ese pensamiento, y desvía la mirada hacia el otro lado de la habitación.
Sin embargo, su intento de distraerse se ve interrumpido cuando escucha a Yoo Joonghyuk chasquear la lengua, y justo después percibe una presión directamente sobre su ingle.
Dokja jadea y se inclina velozmente hacia adelante, agarrando con su otra mano el otro tobillo y deteniéndole antes de que siga empujando su entrepierna.
—Comienza a prestar atención, Kim Dokja —gruñe Yoo Joonghyuk, con una mueca que, a pesar de verse tan molesta, no hace nada para opacar la belleza indudable de su rostro.
Kim Dokja siente que podría derretirse.
Sin embargo, no lo hace, porque su protagonista le muestra piedad al apartar su toque y darle espacio para respirar. Dokja lo agradece infinitamente mientras lleva una mano a secar el sudor que se desliza por un lado de su frente.
Su respiro no le dura mucho. Una pierna se engancha en su espalda y lo empujan hacia el frente.
Su mejilla se presiona por encima del abultado pecho femenino, y su oído capta perfectamente los latidos bajo la piel.
Una parte de su mente le dice que debería estar cayendo en espiral luego de haber sido presionado así por la belleza que trasciende de sus sueños, pero hay otra parte dentro suyo que lo mantiene en calma, recordándole que, de hecho, la persona que tiene cerca es solamente Yoo Joonghyuk.
Y Yoo Joonghyuk tiene el corazón latiendo tan rápido.
(Está nervioso.
Está tan nervioso, al igual que el propio Dokja.
Y eso es tan lindo.)
No puede evitar sentir otro tipo de calidez subiendo por su piel.
Hay un par de brazos deslizándose por su espalda, sosteniéndolo más cerca. Y se siente bien. Este tipo de amabilidad y estos toques, tan distintos a los anteriores. Es mucho más suave, más amable. Kim Dokja puede lidiar mejor con esto.
El lector mueve los brazos, pasándolos por debajo del cuerpo ajeno, abrazando la delgada y suave cintura mientras de acomoda mejor sobre la suave almohada de carne en la que se ha convertido su compañero de vida y muerte.
Bien, si lo llama así, puede sentir que la timidez se va.
Sí, este sólo es Yoo Joonghyuk.
Ese bastardo que no dudaría en mirarlo mal y amenazarlo de muerte cuando hiciera algo que no le gustara.
Sólo es—
Hay un toque en su frente. Un beso suave sobre su cabello y su piel.
Kim Dokja se retracta, no puede lidiar con esto.
Yoo Joonghyuk ve cómo el insufrible hombre sobre su cuerpo levanta la cabeza para mirarlo, pero para sorpresa suya, la expresión en el rostro de Dokja es todo lo que nunca se hubiera imaginado que vería en él.
Si entrecierra los ojos, Joonghyuk podría ver corazones en las pupilas de Kim Dokja.
Y eso es—
Es tan jodidamente lindo.
Tanto que hace que en su estómago golpee la sensación de gusto y se aferre más fuerte al lector. Yoo Joonghyuk nunca ha sido de los que se inhiben llegados a un punto así, como lo hace su estúpido compañero, así que vuelve a inclinarse para dejar otro beso sobre él, esta vez en la punta de su nariz. Cuando se aparta para mirarlo, Kim Dokja tiene las pupilas casi tragando por completo sus irises y éstas se ven borrosas de tanto que tiemblan.
Joonghyuk también percibe que los brazos a su alrededor se aprietan más.
Sonríe un poco y vuelve a bajar, esta vez pegando sus labios a los de su lector.
Escucha a Dokja hacer un sonido, una especie de gemido, tal vez de sorpresa, o de gusto, realmente no lo sabe. Pero maldición, es lo más bonito que Joonghyuk ha escuchado antes. Y quiere escucharlo de nuevo.
Sus manos, más pequeñas pero no menos fuertes, agarran con fuerza de la camisa de Dokja y lo obligan a levantarse en sus rodillas para alcanzar mejor su boca. Kim Dokja, extrañamente obediente como un cachorro, le obedece mientras continúa presionado cerca, sus brazos nunca apartándose del abrazo alrededor de su cintura, sus dedos comenzando a clavarse sobre la tela del apretado vestido, como si quisiera rasgarlo al momento siguiente. Pero él no lo hace, porque su atención está en abrir la boca y jadear y dejar que Yoo Joonghyuk le meta la lengua hasta la garganta.
Entre líos de saliva y gemidos bajos, las cabezas moviéndose en diferentes ángulos para llegar a probar hasta el último rincón de la boca ajena, los minutos pasan y la habitación se siente cada vez más caliente, sumiéndose en sonidos ligeramente húmedos. Es embriagador.
Cuando se separan, se toman un momento para respirar, mientras los hilos de saliva que conectan sus labios se cortan.
Dokja se relame los labios, que ya están hinchados y rojos. Joonghyuk no evita mirar allí y sentirse satisfecho de ser el causante de dejar en ese estado a su compañero.
Kim Dokja se inclina hacia adelante de nuevo, y Yoo Joonghyuk cierra los ojos. Pero en vez de sentir la boca del lector sobre la suya de nuevo, lo siente en su mejilla.
Abre los ojos de golpe e intenta mirarlo, pero entonces tiene una mano sujetando su otra mejilla. No sabe cómo no percibió el movimiento, pero no puede concentrarse en eso cuando Kim Dokja prosigue con sus besos, sólo presionando su boca sobre su piel, bajando por las comisuras de sus labios y luego a su barbilla.
No lo detiene.
Dokja deja de besar cuando llega a su cuello y, en su lugar, chupa su piel. Joonghyuk tiene que apretar los dientes y ahogar un suspiro de gusto ante la sensación. Sus manos se aferran más fuerte a la espalda del lector, casi rasgando la tela de la camisa. Kim Dokja no se inmuta por eso y continúa bajando.
La mano en la mejilla de Yoo Joonghyuk baja y se desliza suavemente, entre caricias que causan cosquillas leves, hasta detenerse bajo el cuello del vestido. Los dedos tocan la tela y luego llegan a la abertura que deja descubierta la piel sobre su pecho. Y Joonghyuk se siente repentinamente sensible allí, lo que le hace tragarse otro gemido en cuanto esos mismos pálidos y largos dedos se meten bajo la ropa.
—Kim Dokja.
El recién nombrado suelta una risa baja desde el cuello de Yoo Joonghyuk, donde sólo presiona besos amorosos. Joonghyuk traga ruidosamente al escucharle, sintiendo que algo se remueve en su vientre ante el sonido de esa risa y la sensación de la piel ajena presionando la suya, las yemas de los dedos pasando descaradamente por el comienzo de sus senos. Causa cosquillas y, al mismo tiempo, es tan caliente.
Sin poder evitarlo, Yoo Joonghyuk presiona sus rodillas contra las caderas de su compañero, y sus dedos finalmente rasgan un poco de la ropa de Dokja.
El mismo deja escapar un siseo bajo.
—Qué agresivo, Yoo Joonghyuk. Y sólo es un toque leve.
—Kim Dokja, no juegues —advierte, apenas con la voz compuesta. Le da una mirada molesta al hombre oculto en su cuello, odiando por completo la sonrisa de suficiencia que enseña con tanto descaro. Pero sabe que no puede apartarlo, no importa cuánto lo desprecie.
Al final, lo quiere más de lo que lo odia.
Y el maldito Kim Dokja probablemente lo sabe.
Los dientes del mismo maldito hombre pronto se cierran contra su cuello. Yoo Joonghyuk aprieta los labios para no dejar escapar el vergonzoso gemido de sorpresa. Los dedos de Dokja se apartan de su lugar y continúan bajando por sobre la tela de la ajustada ropa, tanteando con satisfacción cada lugar que alcanza y que Joonghyuk le permite, mientras el mismo continúa aferrándose a él y suspirando por lo bajo.
Los suspiros se convierten en un jadeo ahogado en cuanto una mano completa presiona entre sus piernas.
—Ah, realmente no hay nada abajo.
Probablemente no se esté refiriendo a la ropa.
Yoo Joonghyuk siente una vena hincharse en su frente y aprieta los dientes. Cuando está a punto de llamar a Kim Dokja y amenazarlo de muerte, es repentinamente detenido por la boca del mismo volviendo a subir a la suya.
Yoo Joonghyuk no tiene idea de cómo este bastardo se ha recuperado tan rápido de su anterior estado de timidez y vergüenza, pero lo maldice completamente.
(Y tal vez también lamenta no haber podido ver más de un Kim Dokja convertido en un cachorro necesitado de cariño. Había sido lo suficientemente tierno y adorable como para hacer que su corazón golpeara más fuerte de lo que ya golpeaba.)
Lamentablemente, los pensamientos enojados de Joonghyuk maldiciendo a su compañero de vida y muerte se desvanecen mientras la lengua astuta del mismo se mueve por toda su boca. No es que le guste, de hecho, Dokja es un besador tan desordenado que le repugna, pero se siente bien, de alguna manera, ser presionado tan desesperadamente. También evita que piense mucho en la falta de peso entre sus piernas, ahora convertido en una sensación húmeda y viscosa y resbaladiza, y la mano intrusa que se desliza por su cadera descubierta para ir justo allí, colándose desde un lado a la parte frontal del vestido abierto.
Jadea sobre la boca de Kim Dokja cuando los nudillos del mismo tocan levemente ese lugar, y sus piernas se tensan contra él, sin poder cerrarse como lo haría por reflejo. La sensación se dispara cuando los dedos del hombre se deslizan entre el calor y los fluidos, creando un sonido de chapoteo que hace que sus orejas enrojezcan por completo.
Kim Dokja sonríe, apartándose del beso en la boca para dejarle uno en la mejilla, gustoso de escuchar los suspiros encantadores escapando de los bonitos labios rojos mientras mantiene su toque delicadamente sobre la zona caliente de su protagonista. Se muerde los labios al oír otro gemido, más audible, en cuanto su pulgar presiona el manojo de nervios hinchado en la parte superior, y Dokja está seguro de que su ropa ha comenzado a empaparse con sus propios fluidos debido al placer que le causa este tipo de estimulación.
Presiona otro beso sobre la boca de la fémina, llamando su atención mientras frota su nariz sobre su mejilla de manera afectuosa.
—Mi Joonghyuk-ie es tan lindo de esta manera —murmura contra el oído de su protagonista, quien se retuerce en el momento en que vuelve a frotar contra su punto más sensible. Al mismo tiempo, un dedo se hunde en el caliente interior, consiguiendo un espasmo completo. Deja otro beso dulce sobre el rostro femenino—. ¿O preferirías que te llame bonita? Porque eres tan, tan bonita, Joonghyuk-ah.
—Hah... Kim Dokja... —le llama, y de alguna manera hay un atisbo de advertencia entre los jadeos de placer. Las cejas oscuras se fruncen pero tiemblan tanto, al igual que los ojos brillosos y las pupilas bellamente dilatadas—. Tú...
—¿Yo? —aventura, tildando la cabeza mientras sus dedos aumentan de velocidad, otro de ellos probando el borde hasta que se hunde fácilmente junto con el primero, ambos presionando las paredes calientes que los absorben. La sonrisa de Dokja se vuelve en algo que Joonghyuk no puede descifrar—. Joonghyuk-ah, tienes que terminar tus frases.
El maldito descarado.
Yoo Joonghyuk quiere golpearlo en la cara.
Pero no puede, porque su cuerpo ha comenzado a dejar de responderle correctamente y sólo puede tomar lo que se le ofrece; besos amorosos en el rostro, una mano tentando el resto de su cuerpo, pinchando las zonas suaves en su pecho, cintura, caderas y muslos, y dedos largos presionando su interior y el exterior de su sensible epicentro, causando espasmos en su vientre bajo y la sensación indudable de tirones y el deseo de una descarga. Es tan extraño, pero Joonghyuk no puede decir que le disguste.
Antes de darse cuenta, hay tres dedos dentro suyo. Y una tensión que ha comenzado a volverse desesperante.
—Suficiente... —murmura apenas, entre respiraciones erráticas. Gira con cierta dificultad la cabeza para mirar a su compañero—. Kim Dokja, estoy... voy a...
—Está bien, bien —consuela el hombre, besando su frente pero sin detener sus dedos. Yoo Joonghyuk aprieta los dientes y chilla cuando las yemas presionan hacia arriba y el pulgar se resbala contra la protuberancia hinchada, causando un sonido de chapoteo más fuerte—. Un poquito más, ya casi estás allí.
—Dokj–
No puede terminar de llamarlo cuando un latigazo de sensaciones se dispara desde su vientre y el calor golpea todos sus sentidos. Aprieta con fuerza los labios pero ni siquiera eso evita el sonido que escapa de su garganta, mientras lo único que puede hacer es presionar sus rodillas con fuerza contra el cuerpo ajeno, sus piernas tensándose mientras su espalda se arquea y termina escondiendo su rostro en el cuello de su compañero, al mismo tiempo que sus paredes sufren espasmos y aprietan los dedos en su interior y puede sentir más líquido caliente escapando y manchando sus muslos y su trasero, ensuciando el vestido. Su mente ni siquiera se molesta por eso último, se queda tan en blanco, sin dejar de escuchar los latidos de su corazón directamente en sus oídos.
Cuando el subidón de placer baja lentamente, siente que regresa en sí. Yoo Joonghyuk sólo puede quedarse perdido un rato, intentando procesar lo que acababa de suceder.
Escucha la risa de Kim Dokja contra su oído. Pero lejos de molestarle, hace que todo su cuerpo vibre. Y un hormigueo se dispara en cuanto los dedos se deslizan fuera de su cuerpo, creando sonidos húmedos y pesados, los resabios del reciente clímax golpeando levemente cada rincón de su cuerpo, pero no es suficiente.
No es suficiente.
Jadea y mira a Dokja. El hombre le sonríe de manera tan natural, como si no acabara de arrastrarlo al orgasmo más potente de su vida.
Es injusto.
Quiere estrangularlo.
No evita hacerlo. Sus manos, que se habían mantenido arañando la espalda de Kim Dokja, se deslizan hasta el cuello del mismo. Con la agilidad de un maestro del combate, enreda sus piernas sobre su contrario y ambos giran sobre la cama, dejando a Joonghyuk arriba esta vez, y con los dedos presionando a manera de advertencia alrededor del delgado y pálido cuello del lector.
Yoo Joonghyuk no puede evitar pensar en lo fácil que es marcar la piel de Dokja.
Quiere marcarlo; con sus dedos, con sus dientes, con todo en su poder.
Así que presiona, sus dedos comenzando a enrojecer la piel, e inmediatamente recibe un sonoro gemido de la sucia boca del lector. Joonghyuk también nota que el bulto en los pantalones, sobre el cual ha terminado sentándose (a propósito), salta ligeramente. Algo en sus entrañas se remueve al imaginarlo bajo la ropa, y no pierde tiempo en frotarse lentamente por encima.
Kim Dokja gime más fuerte.
Este hombre desvergonzado—
Yoo Joonghyuk no quiere verse en un espejo, porque está seguro de que el calor en su rostro es un rubor vergonzoso, y tal vez podría encontrar en sus pupilas los mismos corazones que había visto aparecer en su compañero. Y no quiere. Dios, realmente no quiere reconocer la imagen patética que podría estar dando por un hombre igual de patético.
Así que, en su lugar, se inclina y atrapa la ruidosa boca ajena. No deja de molerse contra el cuerpo ajeno, empapando la parte delantera del vestido hasta filtrarse apenas sobre el pantalón. O es que esa humedad no es suya, sino del bastardo caliente y necesitado que tiene debajo, y la idea hace que su interior arda mucho más.
Cuando lo siente luchar, aferrándose a sus muñecas y golpeando los dedos sobre su piel, Yoo Joonghyuk deja de apretar el cuello de Dokja y le permite respirar al separar sus labios. Y mientras el lector recupera el aliento, deja besos en su rostro y mordidas en su mandíbula y cuello.
—Joonghyuk-ah.... —le llama, entre respiraciones fuertes, mientras los dedos se deslizan por los fuertes brazos que podrían seguir asfixiándolo sin esfuerzo, pero que le permiten la indulgencia de seguir consciente.
Yoo Joonghyuk es alguien benevolente. Especialmente benevolente con el idiota de Kim Dokja. Así que deja que el mismo lo acerque para besarlo de nuevo. Es entonces que aprovecha a mover sus manos a otros sitios.
Joonghyuk se deshace de los botones de la camisa ajena más rápido de lo que un Dokja con el cerebro sobrecalentado podría, y no escucha quejas más allá de un gemido vergonzoso cuando hace a un lado la tela y roza uno de los pezones endurecidos. Sonríe un poco por eso y vuelve a intentarlo, yemas calientes presionando las protuberancias sobresalientes y sensibles, consiguiendo más ruidos y manos aferrándose a su nuca, dedos entorpecidos enredándose en el largo cabello que se ha convertido en un velo, una espalda arqueándose cerca.
Al mismo tiempo, Yoo Joonghyuk baja su toque por el vientre plano y blanco, rasguñando la cintura para dejar marcas de posesión allí también, deslizándose por debajo de la tela del vestido que se derrama sobre el cuerpo ajeno, hasta enganchar los dedos en el comienzo de los pantalones de Kim Dokja. Inmediatamente recibe una reacción, que es Dokja levantando las rodillas y empujándolo ligeramente hacia el frente, mientras frunce el ceño. Aun así, en ningún momento rompe los besos ni se niega al toque, así que Joonghyuk se deshace de los botones y la cremallera para pronto ir a la cinturilla de la ropa interior y bajarla sin perder tiempo.
Cuando su mano agarra la circunferencia caliente, Yoo Joonghyuk puede escuchar a Kim Dokja gemir fuerte. Aunque, en realidad, podría compararlo más con un lloriqueo, al menos por cómo el lector se separa abruptamente, se muerde los labios y arquea las cejas, sus ojos volviéndose brillosos mientras intenta alejarse pero no consigue nada más que ser presionado más cerca contra el colchón. El color rojo regresa a él con fuerza, y Joonghyuk se siente tan satisfecho por verlo así de nuevo, vibrando en estos tonos y desviando la mirada para presionar la cara contra la almohada, tratando de tragarse los sonidos patéticos que van en aumento mientras su mano juega con la erección, sus dedos tentando la punta mojada y bombeando de arriba abajo con un ritmo amable.
Inclinándose, Joonghyuk vuelve a besar a su lector. Dokja le devuelve el gesto, casi desesperado, mientras su entrepierna y su pecho es atendido por manos que han dejado atrás la suavidad para volverse más agresivas, deseando llevarlo al orgasmo más rápido de lo que su mente pueda procesarlo.
Kim Dokja no encuentra la fuerza para negarse. No es que pueda siquiera pensar en negarse. Todo se siente tan bien, como una chispa que ha incendiado todo a su alrededor. Sólo puede tomar lo que se le da mientras observa la belleza hecha persona tocándolo por todos lados y viéndole con un amor y cariño que no tiene derecho a rechazar.
Dientes se encajan en su cuello y Dokja vuelve a gemir, tensando los dedos de los pies en el momento en el que se encuentra casi allí, en el borde del clímax. El contraste entre el dolor de los pinchazos en su piel y la fricción en su miembro causa explosiones en su cerebro, empujando a un lado cualquier tipo de pensamiento coherente.
Sin embargo, cuando ya casi está a nada de alcanzar su orgasmo, los dedos que le acariciaban con tanto esmero se detienen y se aprietan abruptamente y con rudeza contra la base de su erección, deteniendo cualquier ida al nirvana.
Un lloriqueo patético se le escapa sin querer y rápidamente baja la mirada, respirando pesadamente. Sólo puede ver, entre borrones y temblores, la tela del vestido desparramada sobre su vientre, ocultando más allá. Inesperadamente, hace que jadee con sorpresa, el corazón martillando sus oídos. Intenta moverse, pero las gruesas piernas a cada lado de sus caderas le detienen por completo, y ni siquiera puede alzarse porque inmediatamente Yoo Joonghyuk decide sentarse encima suyo.
Un aullido sale de entre sus labios y se arquea cuando la humedad pegajosa y el calor abrasador se presiona sobre su erección, y no puede moverse porque una mano se empuja contra su garganta y lo aprieta contra la cama, las uñas clavándose en su piel y quitándole el aire. Kim Dokja siente que sus ojos ruedan hacia atrás en su cabeza en el momento en que siente cómo Joonghyuk se frota contra él.
Yoo Joonghyuk gruñe sobre él, con un gusto bestial. Al inclinarse hacia adelante, su largo cabello oscuro envuelve a Dokja, mientras su otra mano se mantiene de apoyo sobre el vientre del mismo. Sus caderas tartamudean varias veces, la tensión en sus muslos haciendo mella en sus movimientos, pero no se detiene. Kim Dokja continúa haciendo ruidos ahogados y termina aferrándose a su nuca y espalda.
Se ve tan lindo así.
Tan lindo. Tan lindo. Tan lindo.
Joonghyuk quiere—
—Quédate quieto —suspira, y suena menos amenazante de lo que hubiera deseado. No es que pueda hacer mucho, de todas maneras, con su mente al borde del colapso debido a las sensaciones físicas y las imágenes placenteras. Sólo puede buscar desesperadamente el final—. Hah... Kim Dokja... Dokja...
Dokja no le responde con palabras, en su lugar, mueve sus manos y se aferran a su cintura, apretando la tela del vestido.
Yoo Joonghyuk siente otro tirón en el vientre cuando los dedos del hombre apenas tocan la piel desnuda de sus caderas.
No piensa mucho más cuando se remueve hacia arriba, escuchando los sonidos húmedos que hace al separarse de la fricción constante. Suelta el cuello de Kim Dokja y lo deja respirar correctamente, aunque tal vez él ni siquiera quiera eso, pero no puede concentrarse en ello cuando baja las manos, repentinamente temblorosas, hasta el borde de la parte delantera del vestido y lo levanta a su boca, donde lo sujeta entre sus dientes.
Con sus manos libres, sostiene de nuevo la erección de su compañero, mientas que con su otra mano desliza los dedos entre los pliegues y los separa para deslizar la punta caliente alrededor de su agujero y frotarse superficialmente. Varios suspiros se le escapan y la saliva se acumula en su boca, manchando la tela negra de la prenda, en tanto ve a Dokja sostenerse en sus codos y gemir mientras de muerde los labios y observa hacia abajo.
Yoo Joonghyuk siente estática en el cerebro cuando los ojos de Kim Dokja viajan a su rostro de nuevo. La expresión tonta y excitada y necesitada que le muestra es tan preciosa y, antes de darse cuenta, está sentándose por completo sobre la dureza del mismo.
Ahoga un chillido contra la tela del vestido y sus uñas se aferran a la cintura delgada de Dokja. El mismo también hace un sonido, más un gemido de puro y sorpresivo gusto, y cae sobre el colchón mientras sus manos saltan sobre los muslos que se aprietan de nuevo contra sus caderas, los dedos enterrándose tanto que rasgan las medias negras.
Joonghyuk gime, y cuando el ardor y la extraña sensación cambian de la incomodidad al placer mental de sentirse lleno hasta el tope, comienza a deslizarse y moverse, de manera temblorosa. Sus músculos protestan varias veces pero sólo puede atinar a cerrar los ojos y centrarse en el contacto contra su carne sensible.
Es bueno. Le gusta tanto.
Tanto como sigue adorando los sonidos que suelta Dokja.
Al volver a mirarlo, Joonghyuk no puede evitar pensar en que sigue siendo lo más lindo que ha visto.
El vaivén aumenta poco a poco, los ruidos húmedos volviéndose cada vez más fuertes, junto con las respiraciones y tensiones. Yoo Joonghyuk consigue alcanzar otro clímax con un poco de estimulación de sus propios dedos, y babea en cuanto ve a Kim Dokja retorcerse gracias a los espasmos que le regala su interior. Con ello, también decide soltar el vestido e inclinarse para volver a besarlo, atreviéndose a morderlo hasta sacarle sangre y un par de gruñidos que, maldita sea, se escuchan tan terriblemente bien que su vientre revolotea una vez más.
Tal vez pueda volverse adicto a esto.
Kim Dokja no puede pensar distinto. Con las sensaciones en la cúspide de su comprensión natural, y casi al borde del precipicio, apenas puede hacer más que gemir de placer y aferrarse al cuerpo ajeno mientras se mueve superficialmente y tiembla, mientras busca desesperadamente cada toque de Yoo Joonghyuk y desea, desea, desea escucharlo justo a su lado y besarlo y amarlo y—
De pronto, siente estática por todos los lados, y en mitad de otro beso asfixiante, sus ojos van hacia atrás de nuevo. Sufre un espasmo completo y se aferra más fuerte a su protagonista, manteniéndolo completamente cerca mientras su vientre se aprieta y se corre en el calor que lo abraza con fuerza. Por inercia, mantiene un movimiento constante hasta que las repeticiones bajan de intensidad.
En todo el tiempo, Joonghyuk no ha dejado de besarlo.
Cuando finalmente acaba, su protagonista se separa. Respirando con la boca abierta, Dokja puede ver la lengua rosada y la saliva cayendo en hilo desde los labios llenos de su sangre hasta su propia boca. No encuentra algo más caliente que eso.
Ambos respiran con fuerza, sólo quedándose allí un momento.
Cuando la adrenalina baja, Yoo Joonghyuk es quien se tira hacia el frente, ocultando su rostro en el cuello de Dokja.
Kim Dokja enreda sus dedos en el largo cabello, y besa suavemente sobre la frente sudorosa.
En el momento en que consigue reponerse, Joonghyuk vuelve a erguirse y, con una fuerza que Dokja no comprende, se pone de pie y lo hace sisear debido al deslizamiento sobre su sensible entrepierna.
Entonces, en esta nueva posición desde abajo, Kim Dokja ve a Yoo Joonghyuk tirar hacia atrás su largo cabello húmedo mientras suelta un largo suspiro. Su mirada baja por el cuello pintado con mordiscos y chupetones, a la piel descubierta sobre el pecho, bajando por la cintura delgada y las caderas desnudas en los lados, el vestido ocultando los fluidos que manchan el interior de los muslos, mientras una de las ligas en uno de ellos se ha torcido y las medias tienen agujeros.
Kim Dokja traga pesado.
—El tiempo nos alcanzó —declara de pronto Yoo Joonghyuk, entre jadeos leves, y aunque Dokja es bueno comprendiendo sus frases aleatorias (mentira), en realidad no comprende lo que quiere decir esta vez.
Al menos, hasta que ve a Joonghyuk retroceder y caer sentado sobre el colchón, mientras su cuerpo comienza a cambiar.
Dokja se sienta abruptamente y su expresión es blanca.
Yoo Joonghyuk observa su cuerpo vuelto a su tamaño y forma original; músculos más firmes y rostro más afilado, el largo cabello negro se desvanece como humo y regresan los casi imperceptibles hilos plateados entre ellos (que, de alguna manera, combinan tan hermosamente con los detalles del todavía más ajustado vestido). El hombre chasquea la lengua con fastidio en cuanto ve más roturas en las medias y a los lados de su ropa.
—Kim Dokja, tenemos que–
No se le da la oportunidad de terminar. Kim Dokja se abalanza repentinamente sobre él.
—Ese fue un buen regalo de cumpleaños —celebra Dokja, con una gran sonrisa luminosa, mientras se encarga de servir café en una taza y luego ir y tomar asiento a un lado de su compañero, ambos cómodamente compartiendo espacio en la cálida cocina de su hogar.
Joonghyuk le suelta un gruñido de advertencia, pero no rechaza el café que le extienden. Las ojeras bajo sus ojos brillan, pero no vuelven menos hermoso su rostro malhumorado.
Kim Dokja enseña los colmillos en su sonrisa y se inclina más cerca de Yoo Joonghyuk, ignorando deliberadamente otro gruñido en su contra y un bajo "Kim Dokja" que bien podría ser el último aviso antes de que realmente ocurriera algo peligroso.
Pero no es que eso importe.
—Muchas gracias, Joonghyuk-ah. Fuiste tan original con tu regalo y me gustaría decirte que–
—No lo esperes el próximo año.
—Maldición.
Kim Dokja pierde toda su emoción y se derrite sobre la isla de la cocina.
Yoo Joonghyuk sonríe detrás de su taza de café, agradeciendo que el bastardo a su lado no usara detección de mentiras.
—Por cierto... —Dokja vuelve a hablar, mirando desde su posición baja a la cara de su protagonista. Éste le observa de reojo, con falso desinterés—. ¿Dónde conseguiste esa ropa? No me digas... —Un jadeo de horror—. ¿Te lo dio Perséfone?
Yoo Joonghyuk decididamente no contesta eso.
—Joonghyuk–
—Voy a quemar ese vestido.
—¿Qué? ¡No, espera...! Si es por lo de ayer...
—Kim Dokja.
—... Está bien.
Kim Dokja es débil.
