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Español
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Published:
2026-07-10
Updated:
2026-07-10
Words:
4,940
Chapters:
1/12
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Bartender

Summary:

Enzo es un estudiante que trabaja en un boliche para mantenerse y Julián un cheto que no está acostumbrado a que le digan que no.
Cuando un rechazo hiere su orgullo, decide volver al boliche una noche más. Y otra. Y otra. Las veces que sean necesarias para conquistar al bartender nuevo.

Chapter 1: 1

Notes:

Otra vez, acá está 🫠
lo voy a modificar un poco y agregar el tipo de cosillas que verán en el capítulo, así que para poder verlas no desactives el Creator's Style.

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

Enzo lleva apenas dos noches trabajando en Onyx y ya había visto de todo. Desde borrachos pesados que insistían en pedir más alcohol cuando apenas podían sostenerse en pie, pibes con guita que ni se molestaban en mirarlo a la cara cuando le tiraban la tarjeta sobre la barra, hasta parejas que se devoraban a besos en el medio de la pista sin importarles la presencia del resto.

Sin duda ese boliche no era el tipo de lugar al que Enzo saldría, no porque no le gustara salir, sino porque, por un lado, ahí adentro había gente que gastaba en una noche lo que él necesitaba para vivir una semana, y por otro, Onyx era un mundo que no tenía nada que ver con él ni con la gente con la que se rodeaba. Definitivamente, si no fuera porque trabajaba detrás de la barra, nunca habría cruzado esa puerta. Pero el sueldo era bueno, las propinas todavía mejores, y cuando uno es un estudiante que necesita pagar el alquiler, con facilidad podía guardarse lo que pensaba de esas personas para atenderlos con la mejor sonrisa.

Esa noche Julián entró al boliche con sus amigos, tranquilo, familiarizado con el lugar, como si le perteneciera, al igual que casi todas las personas que iban a ese lugar. A su paso, saludaba a conocidos, intercambiaba abrazos rápidos con algunos y soltaba risas exageradas con otros.

La música retumbaba en el pecho y en sus pies, y las luces destellaban sobre la multitud abarrotada. El cordobés y sus amigos habían llegado ya con un par de tragos encima, resultado de la previa en su casa.

—Amigo, este lugar siempre está explotado. — gritó Paulo, intentando hacerse escuchar sobre la música, a la vez que intentaba pasar entre un grupo que bailaba en ronda.

—Qué raro, ¿no? Un sábado a la noche y un boliche lleno. — respondió Joaquín, sarcástico. —Te dije que había que sacar mesa.

Rodrigo, que caminaba a su lado, hizo un gesto con la cabeza hacia la barra.
—No empiecen. Vamos a pedir algo antes de que esto se llene más.

Julián asintió, siguiéndolos, y a la vez que caminaba, observaba el ambiente. Le gustaba sentir que conocía ese lugar mejor que cualquiera. Pero al llegar a la barra notó una cara nueva.

—Che… —fue todo lo que Paulo dijo, señalando disimuladamente con el mentón al bartender que se encontraba en la otra punta de la barra.

El chico detrás de la barra tenía el cabello oscuro, cayéndole un poco sobre la frente. Concentrado, preparaba un trago, con movimientos rápidos mientras charlaba con la persona a la que estaba atendiendo.

Rodrigo silbó con las cejas levantadas.

—A la mierda.

Julián frunció el ceño y se apoyó en la barra, observándolo con más atención.
—Debe ser nuevo, nunca lo había visto acá. —confirma Joaquín.

Luego de obtener sus bebidas, aunque lastimosamente no habían sido atendidos por el chico nuevo, se dirigieron al VIP, donde continuaron bebiendo y riendo entre ellos, como solía ocurrir casi todos los fines de semana.

Luego de un rato, decidieron bajar a la pista para bailar y seguir tomando.

Los cuatro bailaban, juntos, con un vaso en la mano y el celular en la otra, respondiendo mensajes o arreglando con quién terminarían la noche.

La mirada del cordobés recorría la pista, viendo como a esta altura de la noche, la mayoría de las personas actuaba bajo los efectos del alcohol. Volvió a observar la barra, donde ese chico nuevo seguía trabajando sin descanso. Con más detenimiento pudo observar los tatuajes que viajaban desde su cuello hasta sus manos, y el contraste con su sonrisa cálida. Y tampoco pasó por alto la manera en que su camiseta negra se ceñía a sus brazos y a su pecho.

—Te gustó el barman nuevo, eh… —dijo Rodrigo con una sonrisa cómplice. —Está bastante lindo la verdad.

—Andá a hablarle. —Paulo acotó, codeándolo.

—¿Decís?

—Más vale. No dejás de mirarlo. Probá, ¿qué es lo peor que puede pasar?

—Que lo rechacen. —contesta Joaquín, con una sonrisa maliciosa.

—¿A Julián? Naaa, imposible. —refutó Paulo, dándole un empujoncito.

Y, aunque Julián no era una persona engreída, debía reconocer que nunca nadie le había dicho que no. Siempre había sido al revés. Era él quien estaba acostumbrado a marcar el límite y presenciar la decepción o, en algunos casos, el enojo reflejado en el rostro de quienes intentaban conquistarlo. Además, las personas que lo rodeaban le recordaban lo atractivo que era. Era imposible escuchar eso una y otra vez sin que, en algún punto, terminara creyéndoselo.

Por otra parte, su confianza se acrecentaba al estar pasado de copas. Por lo que, pasándose una mano por el pelo, le dio el vaso a Joaquín y avanzó decidido hasta la barra, casi abalanzándose sobre la superficie. Apoyó un codo en la superficie y fijó sus ojos en el morocho, que se mantenía concentrado en su trabajo.

—Holaaa. —alargó la palabra mientras agitaba su mano en el aire para llamar la atención del barman, que después de entregar un trago, se acercó a él.

Enzo se inclinó sobre la barra para hablarle de cerca.

—Hola, ¿qué vas a tomar?

La voz profunda pero amable del morocho provocó un leve escalofrío que subió por su espina dorsal.

El cordobés inclinó la cabeza y lo escaneó con la mirada, con una sonrisa traviesa.

—Mmm, no sé. ¿Qué me recomendás?

Enzo suspiró internamente. En dos jornadas trabajando ahí ya podía reconocer con claridad a los clientes que se acercaban con la intención de sólo pedir un trago, y cuándo, solo buscaban tirarle onda.

Frente a él, había un chico de rulos castaños pegados a su frente sudada, de una belleza extraordinaria, y sus ojos marrones vidriosos por el alcohol. Era, objetivamente, precioso. Pero Enzo conocía demasiado bien esa mirada, producto de la desinhibición que daba un par de copas de más, que podía hacer que cualquiera confundiera un bartender con el amor de su vida.

—Y… viéndote bien, yo te recomiendo un agua.

Julián puso cara de indignado, completamente fingida.

—Daaaaale, no seas malo. —frunció su boca en una especie de puchero, que, en cualquier otra situación hubiera encontrado vergonzoso. —Dame un vodka con speed.

—Dale.

Enzo se puso a preparar el trago con eficiencia, intentando ignorar la atención constante del castaño, que no dejaba de observar cada movimiento de sus manos tatuadas.

—¿Sos nuevo? —preguntó el cordobés, apoyándose aún más en la barra.

—Sí, empecé ayer.

—Me parecía. Yo siempre vengo con mis amigos y nunca te habíamos visto.

—Ah, mirá. —el tatuado terminó rápidamente el trago y lo empujó hacia él sobre la barra. —Tu trago. Mi compañero te cobra por allá.

Julián lo agarró y le dio un sorbo. Hizo un gesto dubitativo.

—Mmm, ¿no me lo podés hacer más fuerte? Al trago, obvio. —Sonrió con picardía.

Enzo frunció el ceño sin disimulo, pero igual agarró la botella y le echó un buen chorro extra de vodka.

—Listo, ahí tenés. Que lo disfrutes.
Julián le dio otro trago. Estaba fuerte como la mierda. Contuvo la mueca de asco y tragó con dignidad.

—Gracias. Riquísimo.

El morocho le regaló una sonrisa de labios apretados y se puso a atender a otros clientes. Julián, en cambio, se quedó en la barra, mirándolo de reojo, mientras, de a pequeños sorbitos, tomaba su bebida. Algo en su falta de reacción ante su chamuyo le dio ganas de seguir insistiendo.

Por lo que, después de pensarlo un poco, y cuando el barman estuvo lo suficientemente cerca, lo llamó.

—Ey, vos.

Enzo giró la cabeza ante el llamado.

—Sí, decime.

—Nada,solo quería saber tu nombre.

—Enzo.

—Lindo nombre. —dijo, con una sonrisa que el barman respondió con otra. —Yo soy Julián.

—Bueno, Julián. ¿Necesitabas algo?

—Si… Te quería preguntar si no me pasarías tu Instagram.

Enzo soltó una risa. —Na, perdón, no puedo.

Eso hizo que el cordobés frunciera el ceño de inmediato, inconforme con la respuesta.

—No nos dejan. —mintió. Apenas era su segunda noche trabajando en Onyx. Lo último que necesitaba era que lo vieran chamuyándose a un cliente en pleno turno. Era mejor cortar la situación de raíz.

—Ah… bueno… disculpá. —dijo levantándose, decidido a irse, con el ego herido.

El morocho sonrió con los labios apretados y volvió a trabajar.

Y Julián regresó con sus amigos, que lo miraban expectantes.

—¿Y? ¿Qué onda? —preguntó Paulo.

—No me dio ni bola, chicos. —Se encogió de hombros, como si no le importara en absoluto.

—Bue, igual tampoco está tan bueno —dijo Joaquín revoleando los ojos.

—Dale, Joa... No te hagás el boludo —acotó Rodrigo.

—No puedo creer que alguien se haya resistido a Juli... eh... —Paulo meneó la cabeza, incrédulo.

—Y bueno, capaz no es gay —soltó Rodrigo con simpleza.

—¿Con esa pinta?. — agregó Joaquín.

—Sí, tiene razón Joaco. —comentó Rodrigo.

—O capaz es porque es nuevo y no quiere quedar mal de entrada —teorizó Paulo, tratando de consolar a Julián. —Sí, debe ser eso.

Julián sonrió y se terminó su trago de un golpe.

—Bueno, si es así, volvemos el finde que viene y me le tiro de nuevo.

Sus amigos rieron y decidieron continuar con la diversión de la noche.

Julián miró de reojo a la barra. Enzo seguía atendiendo, ajeno a sus pensamientos.
____________________________________________________

 

Este sábado la previa se estaba llevando a cabo en el living de su departamento, pero Julián seguía en su habitación, cambiándose de ropa una y otra vez sin quedar del todo conforme. De un jean pasaba a otro, de una remera a una camisa. Quería estar perfecto.

Si bien la idea de la noche era salir con sus amigos y pasarla bien, una parte de él tenía otro objetivo: volver a intentarlo con el nuevo barman. Su ego había quedado afectado como nunca antes.

Julián había intentado buscarlo en el Instagram del boliche, pero no tuvo éxito. Así que esa noche, se prometió que lo intentaría de nuevo, pero si no funcionaba, ya está. No iba a humillarse por un desconocido por más lindo que le pareciera.

Mientras tanto, en el living, sus amigos escuchaban música, hablaban entre ellos y tomaban. La noche ya se estaba poniendo buena. Paulo estaba con su novio, Leandro, que también se había unido al grupo. Él ya estaba al tanto de la situación, por lo que todos alentaban a Julián a conquistar al barman.

—Mirá si se enamora de vos y después ligamos tragos gratis. —dijo Rodrigo con una sonrisa.

—Bue, pará. Quiero ver si me lo puedo culear nomás.—contestó Julián, sirviéndose vodka en un vaso.

—¿Y qué sabés? Mirá si terminan de novios y tenemos una cita doble. —insistió Paulo, más entusiasmado que el propio Julián.

—Pará, Rodri. Primero hay que averiguar si es gay. —intervino Julián de nuevo.

—Dale, Juli. Es obvio que es trolo. Mi radar no falla. —Rodrigo lo dijo como si fuera una verdad absoluta.

La noche siguió entre risas y consejos de dudosa utilidad para la misión de Julián.

Apenas entraron al boliche, la primera parada fue la barra. Rodrigo y Paulo se adelantaron a pedir los tragos y, al ver a Enzo, volvieron con sonrisas cómplices.

—Ahí está tu novio, Juli. —soltó Paulo, burlón.

—Dale andá, capaz la otra noche solo se estaba haciendo el difícil. —agregó Rodrigo.

Cuando Julián se acercó, Enzo estaba preparando un gin tonic para una chica que lo miraba fijamente, siguiendo cada movimiento de sus manos y la forma en que sus brazos se flexionaban bajo la camiseta negra. "Te entiendo", pensó Julián.

—Buenas, ¿qué vas a tomar? —lo sacó de su trance otra voz. No era Enzo, sino otro de los barman.

—Emm... ¿no me puede atender él? —preguntó Julián, señalando sutilmente a Enzo.

El chico levantó una ceja. —Está ocupado —respondió seco, señalando cómo Enzo seguía con su trago.

—No importa. Lo espero. —dijo Julián con una sonrisa.

El barman se encogió de hombros y siguió atendiendo a otro cliente.

Cuando el morocho terminó y entregó el trago con una leve sonrisa, se giró hacia él.

—Hola. ¿Qué te preparo? —preguntó con voz neutra.

Julián miró la carta. —Mmm, dejame pensar.

—Sí, obvio. Tomate tu tiempo. —respondió Enzo antes de girarse para atender a otro.

—¡Ya elegí, ya elegí! —dijo Julián apresurado. —Un... gin.

A Enzo se le escapó una pequeña sonrisa mientras se ponía a preparar el trago.

—¿Te acordás de mí? —preguntó el cordobés, tanteando el terreno. —Soy el que te pidió el Instagram. — admitió con la poca vergüenza que le quedaba.

—Sí, me acuerdo. —respondió Enzo cortando la conversación.

Julián decidió insistir.

—¿Cómo viene la noche?

—Tranqui.

—Que bueno. Y… ¿Te gusta ser barman?

—Sí... —Enzo se encogió de hombros. —Hice el curso cuando terminé la secundaria y ahora me sirve para bancarme el alquiler mientras estudio.

—Sí... —Enzo se encogió de hombros. —Hice el curso cuando terminé la secundaria y ahora me sirve para bancarme el alquiler mientras estudio.

—Ah, ¿qué estudiás? —Julián vio una oportunidad de charla.

—Educación física.

—Mirá, qué bueno che.—respondió, asintiendo, sin saber muy bien qué decir. —¿Te va bien?

—Sí, qué sé yo... —el morocho le entregó el trago. —El año que viene me recibo.

—¿Cuántos años tenés? —preguntó Julián tras tomar un sorbo.

—Veintitrés.

—Yo veinticuatro. Aunque no me preguntaste.

A Enzo se le escapó otra sonrisa. —¿Y estudiás?

—Sí, administración de empresas.

—¿De dónde sos? —preguntó Enzo, esta vez prestándole verdadera atención.

—De Córdoba.

—Me parecía que tenías una tonada distinta. ¿Y te viniste hasta acá para estudiar eso? — Sin querer, el tono de juicio fue evidente en su pregunta. —Digo, podrías haber estudiado en Córdoba.

—Sí, pero mis amigos se vinieron para acá y no me quería quedar solo.

Enzo simplemente asintió. Antes de que pudieran seguir, otro barman lo llamó.

—Enzo, dejá de boludear. Mirá la cola que se está armando.

Enzo miró al cordobés por última vez con una mueca en su rostro, antes de volver a hacer su trabajo.

Julián se alejó con su grupo, que se encontraba bailando en ronda.

—¿Y? ¿Cómo te fue? —preguntó Paulo.

—Hubo un avance. Tiene 20 años y estudia educación física.

—¿Y esa información de qué mierda nos sirve? —se quejó Joaquín. —¿Te lo chamuyaste o no?

—Pará, boludo —respondió Julián con mala cara. —Hay que hacer un trabajo fino.
____________________________________________________

Horas después, cerca de las cinco de la mañana, la noche iba llegando a su fin, por lo que decidió volver a la barra para hacer el último intento.

—Volví —dijo con una sonrisa, sentándose en una banqueta.

El boliche estaba más vacío, por lo que en la barra no había casi nadie y Enzo se veía agotado.

—Hola, de nuevo. ¿Qué vas a tomar?

—Un fernet.

—Linda mezcla hiciste hoy —comentó Enzo mientras lo preparaba.

—Sí, pero no me hace mal.

—Qué suerte.

—Debés quedar hecho mierda después de esto, ¿no? No te queda energía para nada...—dijo el cordobés, observando cómo Enzo bostezaba.

—¿Y para qué quiero energía? —replicó Enzo, mirándolo directo a los ojos.

—No... digo... no sé... —titubeó, haciéndolo reír.

—Sí, termino muerto. Pero hay que bancársela —le pasó el trago.

Julián lo probó y puso cara de disgusto.

—Nah, esto está re suave, boludo. Como cordobés me ofende.

Enzo se rió y le puso más fernet.

—¿Siempre te gusta fuerte? —preguntó con una sonrisa.

—Sí, por lo general. Y el fernet también —siguió Julián el juego.

Enzo soltó una risa. "Bien Julián", se dijo el castaño a sí mismo.

—¿Por qué no me pasaste tu Instagram? —soltó de golpe.

—No sé —se encogió de hombros.

—¿Y me lo vas a pasar en algún momento o no?

—No sé.

—¿Y si yo te paso el mío y vos me seguís?

—No.

—Pero, ¿por qu...

Antes de que pudiera terminar, otro cliente interrumpió.

Julián decidió terminar su trago.

El barman levantó la vista. A diferencia de la semana pasada, esta vez los ojos del castaño no estaban empañados por el alcohol.

Había vuelto y lo había intentado de nuevo.

Era un chico ridículamente lindo. De esos que llamaban la atención apenas cruzaban una puerta. Enzo no era idiota; lo había pensado desde el primer momento. Y, siendo sincero consigo mismo, dudaba volver a cruzarse con alguien así fuera de esas cuatro paredes.

Capaz esta era la única oportunidad que tenía… Y la estaba dejando pasar de largo como un boludo.

La idea apareció tan rápido como intentó descartarla.

Cuando se estaba levantando de la banqueta, la voz de Enzo lo interrumpió:

—Enzo Fernández.

—¿Eh?

—Mi Instagram. Enzo Fernández, así nomás.

Julián sonrió. Cuando les contó a sus amigos, estos lo celebraron como si hubiese sido una gran victoria. Y es que lo era.

A eso de las seis de la mañana, el castaño ya estaba nuevamente en casa. Lo primero que hizo al llegar a su casa fue buscarlo. Su perfil era privado, por lo que al apretar "seguir", inmediatamente apareció "pendiente". Decidió esperar un rato. Seguro cuando llegara a su casa lo aceptaría.

Se quedó dormido con el celular en la mano.
Esa noche, apenas llegó a su departamento, el moreno tiró su mochila al lado de la puerta y se dejó caer sobre su cama con un suspiro agotado. Se quitó las zapatillas de una patada, dejó las llaves sobre la mesa y, por primera vez desde que había salido del boliche, sacó el celular del bolsillo.

julianalvarez solicitó seguirte. 15m Aceptar Eliminar

Enzo soltó una risa por la nariz.
Se quedó unos segundos mirando el botón de Aceptar, con el pulgar suspendido sobre la pantalla.
Suspiró y, antes de tomar una decisión, entró al perfil.

julianalvarez



 

 


 


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Liked by paulodybala and others julianalvarez 🌴☀️🌊 View all 26 comments
paulodybala te amoooooo mira esa carita😭😭
rodridepaul por más viajes juntos
joacocorrea ❤️
Agosto 13, 2025

julianalvarez



 

 


 


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Liked by paulodybala and others julianalvarez 🇮🇹 View all 22 comments
paulodybala a todos lados juntos🫶
joacocorrea no te animaste a subir como terminaste después de la joda cagón
Febrero 18, 2025

julianalvarez



 

 


 


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Liked by paulodybala and others julianalvarez latelyyyy View all 20 comments
paulodybala se hacía el que estudiaba🤌🤌
joacocorrea se hacía el modelo
rodridepaul usaba al perro para bebotear ahi va
Septiembre 12, 2024

Enzo recorrió las publicaciones una por una, observando viajes por distintos lugares del mundo, paisajes paradisíacos, restaurantes donde una cena debía costar más que todo lo que él ganaba en un fin de semana, fotos en fiestas, y un grupo de amigos que parecían salidos de una publicidad.

Levantó la vista del celular y recorrió con la mirada su pequeño monoambiente. La cama sin hacer, los apuntes de la facultad desparramados sobre la mesa, la mancha de humedad en el techo que cada día parecía agrandarse un poco más y la mochila que había dejado tirada al entrar.

Soltó una risa.

¿Qué hacía un pibe así fijándose en un bartender?

Volvió a la parte superior del perfil. Miles de seguidores, decenas de comentarios y cientos de personas dejándole corazones en cada publicación. No tenía sentido.
O Enzo no había podido detectar que estaba actuando bajo los efectos de alguna sustancia, o todo aquello era una joda. Algún tipo de apuesta estúpida, un experimento social, o el tipo de boludeces que hacían los chicos con demasiada plata y demasiado tiempo libre.

No iba a prestarse para eso.

Bloqueó el teléfono sin aceptar la solicitud.

Enzo no lo aceptó. Ni ese día, ni en toda la semana.
____________________________________________________

—Es que no entiendo… ¿para qué me da su Instagram si después no me acepta?

Julián caminaba junto a sus tres amigos después de salir de la facultad, listos para otro fin de semana.

—Capaz es de los que no revisan mucho Instagram —opinó Rodrigo.

—O capaz te stalkeó y confirmó que no le gusto.—respondió Julián.

—A ver, Julián… —interrumpió Paulo—. ¿Tantas ganas de garchártelo tenés o solo te está pegando en el ego?

Julián se quedó en silencio un momento.

—Un poco de las dos —terminó admitiendo.

Joaquín se rió.

—Amigo, te está boludeando como los mejores.

—No, pará. El otro día en la barra se reía conmigo, me seguía el juego… —el castaño explicó. —Si no estuviera interesado, me hubiese cortado el rostro al toque.

Rodrigo asintió, pensativo.

—Puede ser. Capaz le divierte verte insistir.

Entre suposiciones, siguieron caminando hasta que tuvieron que separarse para ir cada uno a su casa.

—Bueno… Nos vemos a la noche —dijo Paulo, tras despedirse de todos.

—¿Vamos a salir? —preguntó Rodrigo, dudando. —No sé si tengo tantas ganas.

—Dale, boludo —se quejó Paulo. —Lean va a salir con sus amigos… Ya saben. Tengo que vigilar.

—Bueno, no sé, amigo. Te aviso.—respondió Rodrigo.

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A las tres de la mañana, después de una tarde de insistencias por parte de Paulo, todos estaban en el boliche.

Julián y Joaquín se acercaron a la barra a pedir unos tragos. Los atendió el otro barman, no Enzo. Justo cuando estaban por darse vuelta para volver con sus amigos, una voz los detuvo.

—¿No conocés otro boliche vos, que siempre venís acá? —la voz grave de Enzo captó su atención de inmediato.

Hoy estaba particularmente lindo, pensó Julián. Su pelo desordenado dejaba caer un pequeño flequillo sobre su frente. Llevaba una remera blanca y un jean común, pero igual se veía demasiado bien.

Julián revoleó los ojos.

—¿No puedo venir cuando quiera? ¿Sos el dueño o qué? —Su voz sonó más seca de lo que pretendía.

Joaquín se acomodó en una de las banquetas para presenciar el intercambio con atención.

—Obvio que no. Te estaba jodiendo. No te enojes. —Enzo tenía las cejas levantadas y una sonrisa en el rostro.

—Obvio que se va a enojar —interrumpió Joaquín—. Le pasaste tu Instagram y después no lo aceptaste. Cualquiera.

Julián le lanzó una mirada asesina a su amigo.

—¿Ah, sí? ¿Estás enojado por eso? —Enzo lo miraba divertido.

—No, enojado no… Pero, ¿por qué no me aceptaste? —preguntó Julián.

—Nunca dije que lo iba a hacer.

—¿Y para qué me lo diste entonces?

—Porque me lo pediste —respondió el tatuado, como si fuera lo más obvio del mundo.

—Daaaale, dejá de boludearlo, ¿querés? —intervino Joaquín, ganándose un golpe en la rodilla por parte del cordobés.

—¿Y vos sos? —preguntó Enzo, con curiosidad.

—Joaquín, el mejor amigo de Juli.

—Mirá. Un gusto. Soy Enzo.

—Sí, ya sé. Ya te conocemos todos.

—¿Todos? —el barman clavó la mirada en Julián.

—Sí, porque te vemos en la barra —intentó arreglarla Joaquín—. Ahora decime… ¿que opinás de mi amigo?

— ¿Qué opino?

— Sí, ¿te parece lindo?

—¡Joaquín! —Julián quería desaparecer—. Dejá de decir boludeces. Vamos.

—No, que diga. No es tan difícil, Juli. Es sí o no.

—Sí… —respondió Enzo, captando la atención de los dos al instante—. Es fachero.

Joaquín lo miró, exasperado.

—Lindo dije, no fachero.

—Joaco, cortala —Julián le agarró la muñeca, listo para arrastrarlo de ahí.

—¿Por qué? ¿Tiene algo de malo decirle a otro hombre que es lindo? ¿Sos homofóbico Enzo? —soltó Joaquín de repente.

—No, para nada. —contestó Enzo, sin inmutarse. —Ah, bien... ¿Y con los hombres qué onda? —¿Qué querés decir? —Si te gustan. —¡Basta! Vamos, dale —Julián no aguantó más y lo levantó de la banqueta, desapareciendo entre la multitud.

Enzo los vio alejarse con una sonrisa en los labios.

Julián empujó a Joaquín entre la gente hasta llegar al sector donde estaban los demás.

—Sos un pelotudo, ¿cómo vas a preguntarle eso? —bufó, agarrando su trago de la mesa.

—Ay, Juli, no te hagas el indignado. Te dijo que sos fachero, te tiró un centro.

—"Fachero" es la forma más heterosexual posible de decir que no me quiere coger. —refunfuñó Julián antes de darle un sorbo a su trago.

—O capaz no es tan obvio como vos querés que sea —intervino Rodrigo, que había escuchado la conversación—. No todos andan por la vida dejando en claro a quién se quieren coger y a quién no.

—¿Y qué querés que haga? ¿Que me pase meses tirándole indirectas como un pelotudo?

—Y... es un poco ya lo empezaste a hacer.

Julián chasqueó la lengua y miró hacia la barra. Enzo seguía atendiendo, charlando con algunos clientes como si nada.

Julián suspiró y se pasó la mano por el pelo. ¿Realmente valía la pena seguir insistiendo con Enzo?

Después de unos tragos más y que la noche transcurra sin pena ni gloria, Julián se separó de sus amigos.

—Voy a fumar —dijo sin esperar respuesta y se dirigió al patio del boliche.

El aire fresco le golpeó la cara cuando salió. Sacó un cigarrillo del paquete y lo encendió, apoyándose contra una de las barandas. No fumaba con frecuencia; de hecho, solo lo hacía en noches como esa, cuando necesitaba cinco minutos de silencio y la excusa perfecta para alejarse de todo. Cerró los ojos un segundo, disfrutando el silencio relativo del lugar.

Enzo aprovechó su descanso de diez minutos para despejarse y salir a tomar aire, cuando vio a Julián apoyado contra una de las barandas, solo, con la vista perdida en algún punto del piso.

Lo más lógico era darse media vuelta o, como mínimo, ponerse a fumar en cualquier otro rincón del patio. Bastante contradictorio había sido ya durante la última semana. Primero se negó a darle su Instagram. Después terminó pasándoselo. Más tarde ignoró la solicitud porque estaba convencido de que nada bueno podía salir de todo eso.

Así que acercarse ahora era, sencillamente, una pésima idea.

Sin embargo, antes de que pudiera convencerse de lo contrario, sus piernas ya habían empezado a caminar.

—¿Me das fuego?

Julián giró la cabeza y se encontró con Enzo, parado a su lado con un cigarrillo en la boca.

—¿No tenés vos? —preguntó Julián, sin moverse.

—Si tuviera no te estaría pidiendo.

Julián le lanzó una mirada de pocos amigos, pero igual sacó el encendedor y se lo alcanzó.

—Gracias. —dijo Enzo, encendiendo su cigarro y devolviéndole el encendedor.

Se quedaron un momento en silencio, fumando. La música del boliche llegaba amortiguada desde adentro, mezclada con las voces de la gente en el patio.

—Qué vocero tenés. —comentó Enzo de repente.

Julián soltó una risa breve.

—No le des bola. Es un boludo.

—No sé, me cayó bien. Dice las cosas de frente.

—Sí, demasiado de frente. —resopló Julián.

Enzo lo miró de reojo, con una pequeña sonrisa en los labios.

—No me molesta.

—Sí… pero… Igual no respondiste. —el cordobés lo miró de reojo, “disimuladamente”.

—Si te dije que sos fachero.

—Esa no era la pregunta. Además también... te preguntó algo más. —Añadió Julián en un murmullo.

—¿Querés que te diga si me parecés lindo? —Enzo ignoró completamente la última frase, sin poder encontrar una respuesta concreta.

Julián sintió que el corazón se le aceleraba un poco, pero se obligó a no reaccionar.

—No sé. Como quieras.

Enzo soltó una carcajada baja y tiró la colilla del cigarro al suelo.

—Es que, tenés que entenderme. No puedo andar chamuyando en el laburo.

—¿Por qué no?

—Y... soy muy nuevo todavía. No me la quiero mandar.

Julián suspiró, apagando su propio cigarro contra la baranda.

—¿Mandártela? ¿En qué sentido?

—Con vos, digo.

Julián abrió la boca para responder, pero en ese momento alguien salió al patio llamando a Enzo.

—Tengo que volver a trabajar. —dijo el barman, enderezándose.

Julián asintió con una sonrisa resignada.

—Bueno...

Enzo dio un par de pasos hacia la puerta.

—Y, Julián...

El cordobés levantó la vista.

Enzo se quedó unos segundos mirándolo, mientras negaba con la cabeza.

—No necesitás que yo te diga que sos lindo... Ya lo sabés.

Julián soltó una risa por la nariz.

—Bueno, pero quería saber igual.

Enzo volvió a sonreír.

—Sí...

Hizo una breve pausa.

—Obvio que me parecés lindo.

Y otra para juntar valor.

—Muy lindo, en realidad.

Y sin esperar respuesta, se metió de nuevo en el boliche, dejándolo ahí, con el cigarro apagado en la mano y el corazón latiéndole en los oídos.

____________________________________________________

La conversación entre Julián y Enzo dejó a Julián con una sensación de expectativa, de que algo más podía pasar. Las palabras del barman le quedaron dando vueltas en la cabeza mientras volvía con sus amigos.

—Bueno, bueno, bueno… Pará —dijo Rodrigo, apoyando su trago en la mesa—. Contanos todo.

Julián, entusiasmado, les relató la secuencia con lujo de detalles. Joaquín lo miraba con una sonrisa de suficiencia, mientras Rodrigo asentía y Paulo escuchaba en silencio.

Hasta que Paulo dejó de mirar a Julián y enfocó su vista en algo detrás de él. Frunció el ceño, inclinándose apenas hacia adelante.

—Juli… —murmuró, pero Julián seguía hablando.

—Y cuando se estaba yendo, me miró y me dijo que le parezco muy lindo. ¡Lindo me dijo! ¡No fachero, lindo! —exclamó, emocionado.

Pero Paulo no respondió. Sus ojos estaban clavados en Enzo, que estaba en una esquina del boliche. Contra la pared, sonriéndole a una chica delante de él, que lo mantenía acorralado, con las manos en su pecho, con demasiada confianza.

—Pero bueno... Me dijo que como es nuevo no se la quiere mandar. Pero me tiene ganas. Es obvio. — tal vez esas no eran las palabras que salieron de la boca de Enzo, pero para Julián estaba claro que era así.

Paulo tragó saliva y miró a Julián, que seguía sonriendo.

—Che, Juli… —intentó de nuevo.

Julián levantó la vista y notó la expresión de su amigo.

—¿Qué pasa? —preguntó, confuso, antes de tomar otro sorbo de uno de los tragos que había en la mesa.

Y antes de que Paulo pudiera decir algo, vio cómo Enzo le agarraba la mano para desaparecer juntos por unas de las puertas detrás de la barra.

Después de eso el trago le supo amargo.

Notes:

me da cringe este fic pero queda tan lindo con estos cosos 🥺

igual me costó un huevo próxima actualización en tres meses