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Decir que Arda estaba triste sería un eufemismo. Estaba completamente destrozado.
En cuanto llegaron al hotel después del partido, solo pudo lanzarse a la cama, abrazar la almohada y llorar. Llorar con todas sus fuerzas, hasta que los sollozos desgarraban su garganta.
Sus compañeros de selección lo habían invitado a cenar con ellos, pero Arda no quería comer. No quería ni siquiera verlos. Se sentía jodidamente culpable.
¿De qué servía haber ganado ese último partido? ¿De qué servía su gol? ¿De qué servía ser el MVP del partido? Ya estaban eliminados. Ya habían pasado vergüenza. Ya medio país los detestaba. Ya habían sido humillados frente a todo el mundo. Una plantilla con jugadores en la élite del fútbol, una plantilla con la "joya" del Real Madrid, había perdido vergonzosamente contra Australia y Paraguay. Sabía que su selección no era candidata al título, pero al menos esperaba llegar a octavos, o quizá a cuartos. No perder en primera ronda.
Dios. Había tanta gente enojada con él. Tantas personas que habían apostado a su selección y perdieron dinero por su culpa (Autor: yo uno de ellos, pero no culpo a mi chico Güler, solo a mi incipiente ludopatía) Tantos memes y burlas en internet. Se odiaba a sí mismo por aquello que había dicho antes del partido contra Australia: "Vamos, chicos. Somos mucho mejores que ellos. Vamos a demostrarlo desde el primer minuto". Había sido un bocazas. Solo quería animar a sus compañeros, quizá ganar algo de "Aura", pero solo había conseguido humillarse a sí mismo y a todo su equipo. La cantidad de edits y memes en TikTok que había visto con esa frase, usándola para reírse de él... la cantidad de post que decían "Twink turco domado por canguros australianos", "Turco pasivo culeado por la furia guaraní". Le revolvían el estómago solo de recordarlos.
Sabía que estaba cayendo en espiral. Se dio cuenta de que había llegado a un punto de no retorno cuando se levantó de la cama y fue rápidamente al baño. Tomó una de esas cuchillas de afeitar que daban gratis en los hoteles. Se quitó los pantalones y se quedó mirando sus muslos, las pequeñas cicatrices descoloridas que los pintaban de arriba a abajo, esas que siempre cubría con los shorts deportivos.
Arda acercó la cuchilla. Solo quería que el dolor y la opresión en su pecho se detuvieran. Solo quería traducir su angustia a un dolor físico que pudiera manejar.
La apoyó contra su muslo carnoso.
Y cuando estaba a punto de hacer el corte, no pudo.
No pudo.
Solté la cuchilla contra el suelo del baño y volvió a llorar, las lágrimas rodaban por sus mejillas y caían al suelo junto a la cuchilla. No podía. Le había prometido a su novio que no lo haría otra vez. Le había prometido que no recaería, que no se haría daño. No podía decepcionar a alguien más. No a él.
Rápidamente se subió los pantalones y salió del baño. No podía quedarse ahí más tiempo o caería en la tentación. Buscó su teléfono con manos temblorosas.
Eran la 10pm.Tal vez ya estaba dormido, teniendo en cuenta de que en Nueva York ya eran la 1am.
Pero tenía que llamarlo. Tenía que hacerlo. Él mismo le había dicho que cuando tuviera esos pensamientos destructivos lo llamara, que no importaba el día ni la hora, que si lo necesitaba, marcara su número. Claro, eso era en Madrid, donde la hora era la misma y no tenían un Mundial de por medio. Pero...
Arda sabía que no podía salir de este espiral sin él. Rápidamente marcó su número y esperó.
El teléfono sonó cuatro veces antes de que contestaran.
—What's happening? —preguntó una voz adormilada al otro lado. Sonaba confundido. Arda estaba seguro de que ni siquiera había mirado quién llamaba, solo había cogido el teléfono por inercia.
—Jude...—
Su voz no pudo evitar quebrarse.
Al escuchar eso, todo el sueño de Jude desapareció. Su mente se puso completamente alerta.
—¿Arda? My Darling, ¿qué pasa? ¿Estás bien? ¿Estás llorando?—
—Jude, yo... yo no puedo más —dijo Arda entre lágrimas levantando su puño izquierdo—No puedo, no puedo. Soy, soy un fracaso y.… y casi recaigo y todos me odian y.…—
—Hey, hey, pequeño, tranquilo. Escucha mi voz, ¿vale? —dijo Jude con voz calmada. Podía escuchar las lágrimas de Arda y estaba casi seguro de que se estaba golpeando la cabeza con las manos—¿Recuerdas lo que te dije cuando nos fuimos de Madrid? Sé que lo recuerdas. Dímelo—
—Que... que el Mundial era para que lo disfrutara y que pase lo que pase, tú ya estás orgulloso de mí—
—Muy bien. Eso fue lo que dije. Eres un pequeño muy inteligente—Jude intentaba que su voz transmitiera calma. Sabía cómo tratar a Arda en una crisis, pero normalmente estaba ahí en frente, no por teléfono
—Arda, sé que te estas golpeando la cabeza. Por favor baja la mano—Dijo Jude con esa voz que solo usaba con el turco—No nos hacemos daño,carño.Los golpes no calman los pensamientos—
Arda alejo el puño de su cabeza, casi como si las grandes manos de Jude las estuvieran sujetando y la bajo para agarrar las sábanas.
—Siento que no…no puedo respirar—
—Inhala y exhala pequeño, como te dijo tu terapeuta. Recuerda los ejercicios de respiración—
A través del teléfono podía escuchar a Arda intentando controlar su respiración. Escuchaba como se calmaba un poco pero notaba que se le estaba haciendo difícil, salir de su cabeza.
—Muy bien pequeño. Por favor, vas a decirme cinco cosas que veas, cuatro que escuches, tres que sientas y dos que huelas. Vamos, Arda, yo sé que tú puedes.—
—Veo... veo la cama y el televisor. Veo también la... la puerta de la habitación y la alfombra. También las almohadas blancas...—
—Eso es, sigue—
—Escucho tu voz y el sonido de la ciudad afuera y el aire acondicionado y.… no, no escucho nada más, Jude. No sé, no sé.—
—Arda, tranquilo. Está bien. Dejémoslo en tres, ¿vale? Dime qué sientes —dijo Jude con la voz calmada.
—Siento la... la tela de las sábanas, el teléfono en mi mano derecha y las lágrimas en mis mejilla—La voz de Arda se calmaba poco a poco.
—Eso es. Solo falta poco—
—Puedo oler el champú que usé después de la ducha, que huele a coco, y.… y también el detergente de hotel de las sábanas—
—Good job, my boy —dijo Jude con orgullo—Ahora respira conmigo, sigue mi respiración y mientras lo haces piensa en cosas buenas. Como esa vez que fuimos a esa feria y yo gane ese enorme peluche de un gorila para ti—
Arda respiró siguiendo la respiración de Jude a través del teléfono. Recordando los buenos momentos con Jude y con sus amigos, las citas con Jude, los regalos de Jude, las noches de FIFA y pizza con sus compañeros del Madrid.
Poco a poco sentía cómo su corazón se calmaba. Aún se sentía angustiado, pero ya no estaba en ese pozo oscuro.
—¿Cómo te sientes? —preguntó Jude.
—Mejor—
—Eso es bueno... Arda, cariño. No te entendí muy bien ¿recaíste? —preguntó Jude. Arda había hablado rápido y su voz era llorosa, así que no había entendido del todo bien.
—No, no. Yo... yo iba a hacerlo, pero me detuve. Yo... te prometí que no lo haría más y no quería decepcionarte—
—Tú nunca me decepcionas, Arda —dijo Jude, y su voz era cálida—Pero te detuviste y me llamaste, como habíamos quedado. Muy bien hecho. Estoy orgulloso de ti mi pequeño—
Arda se acurrucó contra la almohada con las mejillas aún húmedas por el llanto. Se sentía débil, pequeño, completamente superado.
—Jude... te necesito. Yo no sé si puedo...—
—Shhh, tranquilo, cariño. Sé que me necesitas y vas a tenerme lo más pronto posible—
—Pero tienes partido el sábado y estamos a cinco horas de vuelo, y yo debo volver a Turquía, y tú estás con la mente en el partido... No quiero ser una carga—
—Nunca eres una carga, Arda. No digas eso —dijo Jude con voz firme—El Mundial no importa en este momento. Olvídate de eso. Ahora solo importas tú—
Jude puso la llamada en altavoz y cambió de pantalla en el teléfono, empezando a teclear buscando cómo solucionar esto.
—Arda, hay un vuelo que sale de Los Ángeles a Nueva York a las 12:30 a.m. Voy a reservarte un asiento. Necesito que empaques tus cosas, que hables con tu capitán y le cuentes lo que está pasando. Yo voy a esperarte en el aeropuerto cuando aterrices y te voy a cuidar aquí, ¿de acuerdo? —La voz de Jude era práctica, con ese tono que solía usar en el campo de juego.
—Okay...—
—Necesito que seas fuerte y valiente. Que intentes estar tranquilo durante el vuelo, ¿de acuerdo? Yo sé que mi pequeño Arda puede hacerlo. Sé que mi pequeño Arda es un buen chico. ¿Puedes hacer eso por mí?—
—Sí... sí puedo hacerlo—
—Muy bien. Voy a tener que colgar porque tengo que arreglar unas cosas para tu llegada, pero si te sientes mal puedes llamarme, ¿está bien?—
—Sí—
—Muy bien. Tranquilo, sí... ya pronto estaremos juntos —dijo Jude antes de colgar.
Arda se quedó todavía abrazando la almohada. Se sentía un poco más tranquilo al saber que iría a Nueva York a estar con Jude. Jude siempre lo hacía sentir mejor. Ahora debía ir a hablar con su capitán turco y explicarle la situación. Se llevaba bien con él y sabía de la relación especial que tenía con Jude. Solo esperaba que no se enojara por dejar el barco, aunque ya estaba hundido.
Por otro lado, Jude se levantó de su cama sin importar que eran la 1:20 a.m. Compró el boleto para Arda y le reservó un Uber que lo llevara al aeropuerto. Envió toda la información por mensaje y se dispuso a salir de su habitación. Debía hablar con Harry. Él era su capitán y tenía que contarle toda la situación.
Tocó la puerta y esperó. Sabía que lo más probable era que aún estuviera despierto. Harry solía trasnochar.
—¿Jude? —dijo el delantero al abrir la puerta—¿Qué pasa?—
—Necesito hablarte—
Harry se hizo a un lado y lo dejó pasar a su habitación. Ser capitán tenía la ventaja de que no compartía cuarto con nadie.
—Dime qué pasa. Tienes mala cara—
Jude le contó todo. Kane ya sabía sobre su relación con Arda y Jude alguna vez le había contado un poco sobre la neurodivergencia y los problemas mentales de Arda, así que no le tomó tan de sorpresa lo que Jude le contaba. Mientras más hablaba, Harry entendía por qué Jude tenía esa cara, estaba profundamente preocupado. Cuando le contó su plan de traerlo en un vuelo y que se quedara en su habitación de hotel, Harry entendió que Jude necesitaba que lo cubrieran.
El plan de Jude no era ortodoxo y sin duda violaba normas de la FIFA y la federación, pero Harry no iba a culparlo. Si su novio Lucho estuviera pasando por una crisis así, él haría lo mismo, e incluso más. Hasta viajaría a Miami, donde Colombia iba a jugar el próximo partido, y se quedaría con él, abrazándolo, y le importaría una mierda el partido contra Panamá. Al menos Jude era un poco más sensato, no quería perderse el partido, pero quería estar para su novio en este momento difícil.
—Está bien, lo entiendo —dijo Harry poniendo una mano en su hombro—Yo haría lo mismo—
Jude sonrió, sintiéndose validado.
—Hablaré con el entrenador y Arda puede quedarse en tu habitación para el partido. Pero cuando clasifiquemos a dieciseisavos, deberás buscarle un hotel y transporte en la ciudad que viajemos si sigues queriendo tenerlo cerca, o buscarle el vuelo a Turquía—
—Sí, lo haré. Gracias, Harry —dijo abrazando al delantero del Bayer.
—No es nada. La salud mental de tu novio es importante—
Jude sonrió y con eso se retiró. Debía empezar a planear cómo iría al aeropuerto a recogerlo y cómo decirle a su compañero de habitación, Reece, que buscara otra habitación mientras Arda estuviera allí.
Tenía mucho que hacer, pero al menos podía dormir al menos cuatro horas antes de que llegara su pequeño.
Gracias a Ala, su capitán Çalhanoğlu lo entendió. El mayor habló con su técnico, que también lo entendió. Arda no sabía si era porque era Arda Güler, o porque era uno de los máximos referentes de la selección, o simplemente porque lo apreciaban, que eran tan amables y permisivos con él.(preferiría no pensarlo demasiado, odiaba pensar que talvez tenía un trato preferencial por ser del Madrid o que sentían lastima de el por ser así.)Su capitán incluso lo ayudó a empacar y lo acompañó hasta el Uber que Jude había enviado. Antes de subir, le dijo:
—Bunların hiçbiri senin suçun değil (Nada de esto es culpa tuya) —
Arda sonrió un poco, su capitán decía eso con total convicción, como si en verdad lo creyera.
El viaje en Uber fue tranquilo. Se colocó sus audífonos y se repitió mentalmente las palabras que siempre le decía Jude: "Todo va a estar bien. Estás aquí. Estás ahora. Y estás seguro"
El vuelo en avión no lo sintió mucho, solo la ansiedad normal por estar encerrado en una lata aérea. Hizo ejercicios de respiracion.Escucho un podcast. Y se puso a ver The Green Mile, cuando la película termino ya estaban aterrizando. Le temblaban un poco las manos mientras tomaba la maleta y caminaba por el aeropuerto en busca de la puerta que le habia indicado Jude.
Arda encontró la puerta y a través del cristal vio al inglés junto a un Uber. Llevaba una gorra y una sudadera, intentando pasar desapercibido, lo cual no funcionaba con Arda quien podría distinguir a ese moreno alto entre un billón de personas.
En cuanto paso las puertas el turco no pudo evitarlo, salió corriendo y lo abrazó con todas sus fuerzas. No le importaba quién lo viera. Solo quería fundirse con el inglés.
Pero sabía que, aunque eran las 8 a.m., había gente por ahí que los podría reconocer, y no podían darse esos lujos. Se alejó un poco, y vio como el inglés tenía una gran sonrisa en su rostro .
—Hola, pequeño —dijo Jude agarrando su mano—Vamos al hotel para que puedas descansar—
Se metieron en el auto y metieron la maleta en el maletero. El trayecto en Uber fue silencioso. Arda agarraba el brazo de Jude con fuerza, pero no lo miraba ni hablaba. Sabía que si lo hacía, se iba a romper, y no podía permitirse tener una crisis en el asiento trasero de un Uber.
Llegaron al hotel. Jude tomó su maleta con la mano izquierda y con la derecha agarró la mano del turco. Entraron por la parte de atrás para que los fans y la prensa no los vieran. En el pasillo se encontraron con gente de la federación y algunos jugadores ingleses, que saludaron a Jude y miraron un poco a Arda, pero no hicieron ninguna pregunta. Arda lo agradecía. Agradecía que no preguntaran y no saludaran. No estaba en el estado mental para plática social innecesaria.
En cuanto entraron a la habitación, Arda se sentó en la cama de la derecha, que supuso que era la de Jude porque estaba sin hacer. El turco miró para todos lados y habló por primera vez desde que salió de Los Ángeles.
—¿Y tú compañero de habitación?—
—Le dije a Reece que se cambiara de habitación mientras estás aquí. Va a quedarse con Trevoh. Sabía que te gustaría estar en un espacio seguro —dijo Jude, sentándose a su lado.
Al escuchar que estarían solos, Arda por fin se rompió. Lloró. Lloró igual o peor que como había llorado anoche en su habitación. Sus sollozos rompían su garganta y todo su cuerpo temblaba.
Jude rápidamente lo envolvió en sus grandes brazos y lo sostuvo. Lo contuvo como sabía que Arda necesitaba. Lo acomodó e hizo que se recostaran juntos mientras le acariciaba la espalda. No intentó tranquilizarlo. No le dijo que todo estaba bien. No le dio soluciones. Solo lo sostuvo. Lo sostuvo como sabía que Arda necesitaba en este momento.
Jude besaba sus sienes y lo sostenía con fuerza. Debería estar con sus compañeros, preparándose para el entrenamiento, pero no importaba. Él había traído a Arda hasta aquí y lo iba a cuidar, sin importar que eso le costara la titularidad en el partido contra Panamá. Su novio siempre sería primero.
Arda lloró hasta cansarse. Sus ojos ya no tenían más lágrimas. Estaba totalmente seco y agotado.
—¿Quieres algo de comer? —preguntó Jude, viendo que Arda estaba más calmado.
—Ujum —asintió Arda.
Jude se separó de él con cuidado.
—Voy a bajar al comedor y te voy a traer algo de comer. Tranquilo, vuelvo pronto —dijo, dándole un beso en la frente.
Jude bajó rápidamente al comedor. Pidió si podían darle unos wafles con tocino y miel de maple, y un chocolate caliente para llevar a la habitación. No era lo más saludable, pero quería consentir a su chico. Cuando Arda tenía una crisis, una comida reconfortante siempre lo hacía sentir mejor.
Tomó la bandeja y subió rápido a la habitación.
—Ya volví, Arda —dijo mientras dejaba la bandeja en la mesa junto a la ventana.
—¿Arda? —preguntó al no recibir respuesta.
Se volvió y vio que Arda estaba profundamente dormido. Se había acurrucado entre las sábanas y tenía un ligero puchero. Jude no pudo evitar sonreír. Su pequeño chico estaba agotado de tanto llorar.
Metió la comida en la mini nevera de la habitación, todavía cubierta con el plástico que le habían puesto los camareros, y se recostó junto a Arda. Le acarició el cabello, cuidando el sueño del turco.
Arda durmió una hora y media. Se levantó un poco desorientado, parpadeó varias veces para despejar la neblina de sus ojos. Vio que Jude estaba recostado contra la cabecera de la cama con su teléfono. Cuando notó el movimiento de Güler, lo bajó.
—Buenos días, dormilón. ¿Descansaste? —preguntó.
Arda asintió.
—¿Te sientes mejor?—
Arda volvió a asentir. Aún se sentía profundamente culpable y dolido, pero llorar hasta cansarse y la siesta lo habían recuperado un poco.
—¿Necesitas algo? Te traje algo de comer hace un rato. Está frío, pero rico—Jude se empezó a levantar para ir por la comida, pero Arda lo detuvo agarrando su muñeca con las dos manos.
—¿Qué pasa? —preguntó Jude, deteniéndose.
Arda tragó el nudo de su garganta y se dispuso a hablar.
—Daddy... —
Jude se quedó completamente quieto. Arda lo miraba con esos ojitos brillantes de cachorrito y sus labios rojizos temblaban. Jude conocía esa expresión. Jude conocía ese apodo. Arda solo lo usaba cuando estaba en "ese" espacio mental, ese espacio mental donde quería ser cuidado y adorado más de lo normal, donde quería ser deseado y mimado.
—What's wrong, my baby? —preguntó Jude con voz suave.
—Yo... te necesito, papi. Te necesito mucho—
Jude sonrió y volvió a sentarse en la cama contra el cabecero. Palmeó sus muslos, invitándolo a subirse.
Arda lo hizo con gusto y se montó sobre el inglés con una sonrisita.
—¿Mi pequeño necesita mimos extra? —preguntó Jude, acariciando el cabello del turco.
—Yes...—
—Yes,who?—
—Yes, daddy —dijo Arda con sus ojitos brillantes.
—Papi va a darte muchos mimos —dijo el inglés, y bajó sus manos para meterlas dentro de su camiseta, acariciando la suave piel de su cintura.
Arda soltó un pequeño gemido. Le gustaba mucho la sensación de las grandes manos de Jude contra su piel.
Jude se acercó y unió sus labios en un beso suave pero cargado de lujuria. Era como su relación: una caricia suave y amorosa, pero llena de deseo desenfrenado. Jude mordió el labio del menor y Arda gimió. El inglés aprovechó el descuido para meter la lengua y explorar la boca del turco.
Con movimientos expertos, el inglés le quito la camiseta, solo separándose de sus labios por un milisegundo antes de volverlos a unir devorándolos con hambre, ahora sin la camiseta Jude recorrió su piel suave de arriba a abajo rozando sus costillas, acariciando sus pectorales y bajando otra vez hasta agarrar sus caderas.
La sensación de besar a Jude siempre era demasiado. Capturaba todos sus sentidos, volvía su mente nublosa de placer. Si de por sí ya estaba en ese estado mental, los besos y las caricias de Jude solo lo hundían más profundo. No se dio cuenta en qué momento empezó a restregar sus caderas contra el regazo de Jude. Lo hizo de manera automática. Sus pantalones le apretaban la entrepierna y solo necesitaba estimulación.
—Pequeño ansioso —dijo Jude con voz burlona mientras se separaba del beso—Pero no puedo culparte. Pasaste por mucho. Necesitas que papi te cuide, ¿verdad?—
Arda asintió frenéticamente y volvió a restregarse contra el regazo del mayor.
—Entonces, cachorrito, si tanto lo necesitas, dile a papi qué es lo que quieres—
Arda tomó la mano derecha de Jude separándola de su cintura y la llevó a su trasero.
—Oh, ya veo. ¿Quieres los dedos de papi, verdad?—
—Sí, papi, los necesito mucho—
—¿Cómo piden los niños buenos?—
—Daddy, can you give me your fingers please? —dijo eso en inglés y con ese puchero que sabía que derretía a Jude.
—Qué pequeño tan educado —dijo Jude con una sonrisa.
Levantó a Arda de su regazo y lo acomodó en la cama, boca abajo. Le puso una almohada en las caderas para que las levantara y le bajó el pantalón y los boxers, dejando su lindo trasero al aire.
—Siempre tan lindo para mí—
Arda sintió cómo Jude se levantaba de la cama. Rápidamente volteó la cabeza y soltó un gemido lastimero.
—Papi ya vuelve, cariño. Voy al baño por algo. No tardaré. Quédate aquí y no te toques—
Jude caminó hasta el baño, tomó un paquete de toallitas húmedas y buscó en su neceser un ungüento y la pequeña botella viajera de lubricante.
Volvió a la cama y se acomodó. Abrió el trasero de Arda y lo limpió con cuidado. Arda era un chico muy limpio, pero a Jude le gustaba prevenir. Lo limpió correctamente. Con otra toallita también limpió los testículos y el pene de Arda, que se aplastaba incómodamente contra la almohada.
—Listo. Ahora mi bebé está limpiecito—Le dio un besito en una de las mejillas y se levantó para tirar las toallitas usadas.
Volvió rápidamente y empezó a darle besos a Arda desde el omóplato hasta la curva de su trasero.
—Sé que quieres los dedos de papi, pero tengo muchas ganas de comerte. ¿Vas a dejar que papi te coma?—
Arda asintió con la cabeza y levantó el trasero.
—Sabes que me gusta cuando me hablas, Arda—
—Sí, papi puede comerme, pero sé gentil. Nada de mordiscos —dijo el turco.
—No te preocupes. Papi hoy solo quiere consentirte—
Dicho esto, Jude empezó a besar su trasero y a hacer ligeros chupetones. Nada doloroso, nada que molestara a su pequeño. Solo pequeñas muestras de amor.
Siguió bajando de su trasero y empezó a besar sus muslos carnosos, dejando besos dulces en cada cicatriz descolorida.
—Mi bebé es muy valiente —dijo con los labios sobre su piel—Un pequeño muy valiente y bueno, que no tiene por qué castigarse a sí mismo—
Beso los muslos un rato más y luego volvió a subir. Besó su perineo. Con sus manos separó su trasero y dejó al descubierto su agujero arrugado. Estaba rosado y se contraía pidiendo a gritos que Jude lo tocara.
Jude sonrió antes de pasar su lengua de arriba a abajo, sacándole un jadeo al turco. A Jude le encantaba comer culo. Siempre le había llamado la atención y lo había intentado con varias parejas, pero aunque le había gustado, el vello púbico lo hacía retroceder un poco, dejándolo solo para momentos muy específicos. Jude no tenía nada en contra del vello corporal, pero la sensación del pelo rasposo sobre su lengua no era su favorita. Pero con Arda nunca había tenido ese problema. El pequeño turco se depilaba con cera religiosamente. La sensación del vello lo sobre estimulaba demasiado y prefería estar lampiño.
Jude estaba perdido en el deseo mientras pasaba su lengua por el agujero en círculos y de arriba a abajo. Podía escuchar a Arda gemir y sus caderas se elevaban buscando más. Jude decidió meter la lengua, acariciando los bordes mientras pasaba sus manos de arriba a abajo por el cuerpo de Güler.
—Papi, por favor —rogó el turco.
Le encantaba cómo Jude se lo comía, pero necesitaba más. Necesitaba sus dedos con urgencia.
Jude lo ignoró, al menos por unos minutos. Siguió devorándolo como si su futuro en el Mundial dependiera de ello. Cuando estuvo saciado, retiró su cara. Ahora el ano de Arda estaba cubierto de su saliva. El pequeño no dejaba de soltar gemidos lastimeros, como un cachorrito que ruega por salir a pasear.
—¿Estás listo para mis dedos? —preguntó Jude, tomando el lubricante que había traído.
—Sí, sí, sí, papi, los necesito, los necesito ahora—
—Tranquilo, pequeño ansioso —dijo con una sonrisa.
Abrió su trasero con una mano y vertió una generosa cantidad de lubricante que hizo que Arda se removiera un poco ante la repentina sensación. Jude empezó a extenderlo con sus dedos para calentarlo un poco.
—¿D-d-de dónde sacaste lubricante? —preguntó Arda, un poco extrañado. ¿El lubricante estaba entre las cosas que regalaba el hotel? ¿Como las cuchillas de afeitar y la seda dental?
—Lo traje junto con mis productos de aseo —explicó Jude.
—¿Por qué?—
—Bebé, papi a veces también necesita cuidarse a sí mismo, así como tú también te cuidas cuando papi no está, ¿verdad, pequeño? ¿Verdad que a veces te tocas cuando papi no puede hacerlo?—
Arda asintió.
—Bueno, yo también hago lo mismo. No le des tantas vueltas, mi pequeño. Siempre que me toco pienso en ti —dijo Jude y empezó a empujar su dedo medio en el ano del turco.
—¿Piensas en mí?—
—Oh, sí, cachorro. Pienso en ti todo el tiempo —dijo introduciendo más su dedo—Pienso en tus lindos ojos, en tu linda boquita, en ese hermoso trasero. Pero no solo eso... también pienso en lo valiente y bueno que eres—
—No... hng... no soy valiente —dijo con voz entrecortada, pues Jude empezaba a mover sus gruesos dedos dentro y fuera de su orificio.
—Sí lo eres. Eres el más valiente de todos. Diste la cara por tus compañeros. Diste lo mejor de ti en cada partido. Marcaste un gol y fuiste MVP —
Al dedo pronto se le unió otro, estirando más al pequeño, que gemía.
—No sirvió de nada... ya estábamos fuera, nosotros... —Las lágrimas empezaron otra vez a brotar. Era una mezcla de dolor y placer: placer por cómo Jude lo penetraba hasta la tercera falange, y dolor porque se sentía como un fracaso.
—Sí sirvió, pequeño. Sirvió para demostrar que solo fue mala suerte. Que el partido contra Australia y Paraguay no los define. Que son mejores y lo pueden hacer mejor —Jude hablaba con convicción mientras marcaba un ritmo profundo y rápido.
Ellos solían hacer esto. Cuando la mente de Arda estaba en espiral, Jude lo follaba mientras lo consolaba. Cuando estaba sumiso y deseoso de placer, era más receptivo a las palabras de Jude. El inglés podía decirle las cosas como eran: podía decirle que no era un monstruo como él creía, que no estaba roto, que simplemente era un chico viviendo la vida. Que esos comentarios en redes sociales no lo definían. Que la voz en su cabeza no lo definía. Que él era más que suficiente. Y como las barreras mentales de Arda se bajaban por completo para recibir órdenes y placer, Jude lograba colar algunos de esos consuelos en su subconsciente.
Y a veces funcionaba. Como cuando Jude lo consoló porque se sentía un traidor al ser musulmán y homosexual. Esa noche Jude lo folló y le recitó algunos versículos que hablaban sobre el amor de Alá, y cómo si Alá lo había creado, también lo había creado gay y lo amaría así. Jude ni siquiera creía en Alá y no sabía si en alguna parte del Corán estaba eso que dijo, pero sus consuelos se colaron en el cerebro del turco y todo funcionó. Porque Arda nunca más volvió a pensar en eso. Nunca más volvió a sentirse culpable por amar a un hombre y amar a Alá.
—Fue mi culpa... ahg —gimió el turco.
—No se culpa a un hombre por lo que hacen once —dijo Jude—¿Recuerdas lo que decimos en Madrid? Ganamos juntos, perdemos juntos. Eso es un equipo—
—Ahg —Arda solo pudo gemir. Las palabras de Jude le golpeaban el corazón.
—Aún eres joven, pequeño. Tienes 21. Para el Mundial del 2042 tendrás 37, y estoy seguro de que seguirás jugando estupendo—Jude se acercó y le besó el hombro—Esto no te define, Arda. Vienen mejores cosas para ti—
Arda asintió con la cabeza mientras las lágrimas resbalaban por sus mejillas. Lágrimas de alivio y placer.
—Ahora dilo, cachorro. Dilo —dijo Jude, dejando una ligera palmadita en su trasero—Di que no es tu culpa, que eres un buen jugador y que la próxima lo harás mejor—
—Yo... yo no soy culpable. No es mi culpa lo que pasó. Somos un equipo, yo... ahg... soy un buen jugador y.… y la próxima vez lo haré mejor. Ahg—
—Ese es mi buen chico—Recompensó a su pequeño curvando sus dedos contra su próstata, haciendo que Arda gimiera tan alto como para que se oyera en el pasillo.
—Papi, eso... eso es... ahg...—
—Lo sé, pequeño. Papi te está haciendo sentir bien—
Arda estaba reducido a una pequeña cosita de placer. Solo podía gemir y sollozar. Repetía algunas palabras en turco, algo así como "Baba, baba, baba lütfen" (Papá, papá, papá, por favor). El placer era demasiado para su pequeño cuerpo. El turco agarró su propio antebrazo y empezó a mordisquearlo.
—Oh, ¿qué pasa ahí? —preguntó Jude, reduciendo el ritmo de sus dedos—¿Mi pequeño necesita algo en su boquita?—
Arda asintió frenéticamente.
—¿Quieres chupar el pulgar de papi?—
—Evet, baba(Sí, papá) —sollozó en turco.
Jude sonrió. Había aprendido algunas palabras en turco, sobre todo las que Arda solía decir cuando estaba en ese estado de excitación donde su mente se confundía y los idiomas se mezclaban.
—Toma, mi niño. Chupa—
Arda no perdió tiempo. Tomó el pulgar de Jude entre sus labios y empezó a chuparlo como si fuera un chupete. A Arda siempre le había gustado tener algo dentro de su boca; lo ayudaba a calmarse. Siempre le gustaba mordisquear el cuello de Jude cuando estaban acurrucados, o chupar sus dedos cuando estaba exaltado. Jude siempre era muy dulce y, cuando lo veía alterado o mordisqueando sus labios o un bolígrafo, le pasaba su propio dedo para que le sirviera de consuelo.
—That's my boy —dijo Jude, y retomó las embestidas con la misma intensidad, golpeando su próstata una y otra vez, haciendo que Arda gimiera alrededor de su pulgar.
Jude sabía que Arda no duraría mucho. Lo sabía por la forma en que apretaba sus dedos, por la forma en que chupaba su pulgar y por la forma en que se restregaba contra la almohada.
—Sé que estás cerca, cariño. Puedo sentirlo —dijo Jude con una sonrisa— Puedes venir cuando quieras. Te lo mereces—
Arda gimió. Estaba al borde. Podía sentirlo, ese nudo en su estómago que se retorcía de placer.
—I love you, puppy. Cum, cum for daddy—
Eso bastó para que Arda viniera. Con un fuerte gemido se derramó por completo en la funda de la almohada, manchándola con su semen. Su ano apretó los dedos de Jude con fuerza. Todo su cuerpo se tensó, un escalofrío recorrió todo su ser, y luego se derrumbó completamente flácido contra la cama de Jude.
—Bien hecho—
Jude esperó a que la respiración de Arda se calmara un poco para sacar sus dedos con cuidado. Los limpió con una de las toallitas húmedas y luego limpió el trasero de Arda del exceso de lubricante.
—Lo hiciste muy bien, mi pequeño. Lo hiciste muy bien por papi—Jude alzó un poco las caderas de Arda para quitar la almohada manchada y la lanzó al suelo. Le limpió el semen y lo dejó como nuevo.
—Papi va a ponerte un poco de crema, ¿de acuerdo? —dijo Jude mientras tomaba el ungüento.
No habían tenido una sesión especialmente ruda, pero a Jude siempre le gustaba cuidar a su bebé.
Se colocó un poco de la crema blanca y la extendió por su ano rosado, dejando una ligera capa. Cuando terminó, se acercó y le dio un beso en la parte baja de la espalda.
Se levantó de la cama, tomó las toallitas sucias y las desechó en el baño. Dejó el lubricante y el ungüento otra vez en su neceser y, antes de volver con Arda, tomó unos boxers y una de sus camisetas oversize de esas que a Arda le quedaban enormes.Saco la comida de la mini nevera, Arda no se comería todo así que solo tomo uno de los wafles con una servilleta y el chocolate que ya estaba frio.
Volvió a la cama y Arda no se había movido ni un poquito. Seguía explayado sobre el colchón. Jude coloco la comida en la mesita de noche y se sentó junto al turco.
—Vamos, pequeño —dijo, tocando su muslo para que se volteara.
Arda gruñó. No quería moverse.
—No seas un bebé gruñón. Tengo que cambiarte y tienes que comer. No puedes quedarte desnudo y con el estómago vacío—
El menor negó con la cabeza, negándose a moverse de esa extraña y cómoda posición.
—No me hagas repetirlo Güler—
Arda, con un puchero, se puso boca arriba y cruzó los brazos. No le gustaba que lo movieran luego de un momento así. Solo quería quedarse completamente quieto y tranquilo, tal vez que Jude le acariciara el cabello y simplemente existir hasta que la neblina se dispersara y lograra salir de ese estado.
—No me pongas esa carita —dijo Jude con una risa—Arriba las caderas—
Arda las levantó, todavía con los brazos cruzados. Jude le subió los boxers, unos de algodón gris oscuro que le quedaban un poco grandes al turco.
—Ahora manos arriba —dijo Jude con voz dulce.
Arda descruzó los brazos, pero no quitó el puchero. Cuando Jude le puso la camiseta azul oscuro que le llegaba un poco más abajo del inicio de sus muslos, el turco volvió a cruzar los brazos.
—No seas un gruñón. ¿Papi acaba de darte un orgasmo y tú haces pucheros? —Jude solo pudo reírse
—Vamos siéntate, te traje un wafle y chocolate para que comas—
—¡HAYIR! (¡NO!) —
—Arda…—
Al ver que Arda no descruzaba sus brazos, ni quitaba su puchero, Jude decidió usar otra estrategia —¿Con que así serán las cosas?—
Jude se acercó y empezó a hacerle cosquillas en los costados, y con la boca se acercaba a su estómago para hacerle pedorretas, que siempre eran la debilidad del turco.
Arda empezó a reír y a retorcerse. Era muy cosquilloso y Jude no tenía piedad.
—¡Para, para! —logró decir Arda mientras se retorcía y pataleaba.
Jude redobló sus esfuerzos, arrebatándole más carcajadas a Arda.
—¡Papi, para, por favor! ¡No puedo!—
—Solo si me prometes que te vas a levantar y comer—
—¡Lo prometo…lo…lo prometo papi!¡Ahora suéltame, por favor, no aguanto más! —dijo retorciéndose de la risa.
Jude sonrió y se alejó.
—Muy bien ahora a comer —dijo, dándole un besito en la frente.
Arda se sento y se recostó contra la cabecera de la cama. Jude le entrego la servilleta en el wafle y el chocolate frio.
El turco lo comio,la verdad era que si tenia hambre pero no iba a admitirlo, así que fingió no quererlo mientras masticaba el wafle
—Spoiled brat…—dijo Jude sonriendo.
Mientras Arda comia,el ingles fue al baño a cambiarse por una ropa mas cómoda ya que aun tenia la sudadera con la que habia ido a recibir a Arda al aeropuerto.
Cuando volvió el turco ya habia terminado de comer y habia dejado el plato y la servilleta en la mesita de noche
Jude se acomodó en la cama y abrió los brazos. Arda rápidamente se acurrucó y escondió su cabeza en el cuello del moreno.
Jude lo abrazó con fuerza y le acarició el cabello como sabía que le gustaba al turco. Sabía que su pequeño estaba en un estado mental un poco confuso. A veces incluso no hablaba cuando se ponía así, solo hacía pucheros y señalaba cosas o su vocabulario se reducía a Si y No. Jude sabía cómo tratarlo. Jude siempre sabía qué hacer con Arda. Jude siempre sabía cómo tratarlo cuando tenía una crisis, siempre sabía cómo calmarlo si estaba ansioso, siempre sabía cómo follarlo si estaba excitado, siempre sabía qué decir y cuándo decirlo.
Jude creía que todo eso del amor predestinado y las almas gemelas era una tontería. Pero desde que conoció a Arda, desde que lo besó en esa celebración cuando levantaron la Champions en la temporada 2023/2024, el inglés supo que toda su vida había estado esperando a Arda. Todas esas relaciones, todo ese sexo de una noche, todas esas fiestas rodeadas de hombres cuyos nombres no recordaba... todo eso había sido para prepararlo. Para enseñarle lo que NO debía hacer y poder ser su mejor versión con el turco.
Arda se movió un poco, giró la cabeza y miró fijamente a Jude. El moreno era tan hermoso. Por una razón lo habían puesto en el Top de jugadores más guapos del Mundial. Arda acarició la mejilla de Jude con su mano derecha, dejando que sus dedos recorrieran sus líneas de expresión.
—Daddy...—
—Tell me—
—Gracias. Gracias por todo...—
Jude sonrió y agarró la mano que acariciaba su mejilla, besándola.
—No tienes que agradecerme. Para eso estoy aquí. Soy tu novio. Siempre voy a cuidarte—
Arda sonrió. Esa pequeña sonrisa que no había mostrado en toda la semana, no desde el partido con Paraguay. Pero Jude, oh, ese inglés siempre sabía cómo sacársela.
—¿Crees que... pueda ir a verte en el partido de mañana? Ya estoy aquí y quiero verte jugar y alentarte—
—¿Mi pequeño cachorro quiere ir a ver a su papi jugar? —preguntó Jude con una sonrisa, y Arda asintió con emoción.
—Hablaré para conseguirte un puesto en un palco discreto—
—¿Y puedo llevar tu camiseta? Me pondré una chaqueta encima, pero quiero... quiero sentirte contigo —dijo Arda con los ojos brillantes.
—Sí. Te daré una de mis camisetas. Te daré la blanca. ¿Esa te gusta?—
Arda asintió.
—Muy bien. Entonces voy a dártela—
Arda volvió a sonreír y se abrazó al cuello de Jude. Parecía un koala.
—Tendré que hablar con algunas personas, pero por ahora, ¿qué tal si nos echamos una siesta?—
—Yo ya dormí una siesta —se quejó Arda. No tenía sueño. O bueno, sí, sí tenía sueño. Estaba agotado. Pero quería seguir abrazando a Jude.
—Una siesta de hora y media, debes dormir más. Ese pequeño cuerpo necesita descanso —dijo Jude, besando su cabello— Además, yo también necesito descansar un poco, así que no me contradigas—
Arda hizo un puchero y dejó una pequeña mordida en el cuello del inglés como demostrando que no estaba de acuerdo. Pero aun así no protestó. Se abrazó más fuerte a Jude y cerró los ojos, dejando que el cansancio lo alcanzara.
—Seni seviyorum, Jude (Te quiero, Jude) —murmuró con voz somnolienta.
Jude le besó la cabeza y simplemente sonrió con los ojos cerrados.
Sabía que no todo estaba resuelto. Una charla y un poco de sexo no cambiaban mágicamente las inseguridades y los conflictos de Arda. Y muy seguramente debería llamar a su terapeuta en Madrid para que le diera una consulta virtual y asegurarse de que el turco estuviera tomando su medicación, a pesar de lo mucho que se quejara de que sabía mal.
Sabía que no podía reconfigurar su cerebro. Pero podía estar allí. Ayudándolo. Apoyándolo. Amándolo. Cuidándolo. ¿No era eso, al final del día, el amor? Estar ahí incluso cuando la persona no quiere estar.
Cuando era niño, uno de sus mayores sueños era levantar la Copa del Mundo. Ahora, con casi 23 años, su sueño seguía siendo el mismo: "levantar la Copa del Mundo". Pero le había añadido un extra: ganar el Mundial y besar a su novio Arda Güler durante la celebración.
Un tonto enamorado. Sí. Pero un tonto enamorado de Arda Güler.
¿Podemos culparlo?
