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Más que una Navidad

Summary:

El frío hace mucho tiempo dejó de sentirse en la piel de Aether, desde que está acurrucado en los brazos del amor con Chasca. No importa el tiempo o la estación, ellos pudieron encontrar una temperatura equilibrada y cómoda desde que comenzaron a estar juntos.
Después de la primera navidad, las cenizas restantes del pasado a veces regresan a la cabeza del rubio, quien las mira y solo puede sentir alegría por cómo había comenzado a celebrar la navidad junto a Chasca.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

– ¡Despierten!, ¡ya es navidad! –.

Aether y Chasca se encontraban mentalmente preparados para escuchar el irrumpimiento escandaloso que haría Clara para despertarles y avisarles de que salieran cuánto antes a la sala.
No es la primera vez que su hija, fungía de alarma en las mañanas.

Como bien es sabido, debían salir al salón decorado anteriormente, donde estaba esperándolos un árbol que irradiaba un sentimiento de una inmaculada alegría.

Lo que los hizo abrir los ojos como par de persianas, mientras se encontraban abrazados, fue la patada que Clara le dió a la puerta de su habitación para abrir.

Chasca fue la primera en levantarse, miró de reojo en dirección a la puerta y puso una sonrisa encantadora, al ver la alegría de su pequeña hija, llena de energía y entusiasmo por descubrir que regalos le habrían traído.

Aether por otro lado, pegó un bostezo enorme que se cubrió con una mano.

– Mmmm...hace menos frío de costumbre –. Diría, susurrando con la somnolencia presente en su expresión.

Se subió las mangas de su camisa, al sentirse más cómodo con la temperatura de la mañana.

– ¿Eso es bueno? –. Cruzada de brazos, Chasca se encontraba bastante activa de energía en sus palabras.

Aether giraría el rostro, asintiendo varias veces en un tono acogedor.

– ¡Por supuesto!, prefiero un clima más cálido o caluroso, que estar con tanta ropa encima –.

– Pero en navidad y el tiempo frío, tenemos una buena excusa para estar abrazados –.

– Chasca, todos los días dormimos abrazados –. Aether sonrió entre dientes, y Chasca hizo un puchero cómico, compartiendo entre ellos una mirada amorosa.
– Da igual si hace calor, porque nos abrazamos desnudos; solo nos cubre una manta y le ponemos seguro a la puerta. Cuando está haciendo frío, aunque llevemos ropa puesta, nos abrazamos para entrar en "más calor" –. Aether fue el primero en levantarse, para quedarse sentado en la cama.

La pelirroja rápidamente lo siguió y se acercó a su esposo, poniéndose detrás de su espalda para decirle algo al oído:

– Los dos estamos de acuerdo en que es más divertido y beneficioso estar acurrucados, incluso si nos encontramos con más calor del necesario y terminamos quemados –. Chasca puso una mano moviéndose peligrosamente en el hombro del rubio, ella lo empezó a masajear, poniendo una expresión seductora.

– ¡Oigan, tortolitos!, ¿pueden dejar de seguir acurrucados en su nido por un ratito y bajan como personas normales a abrir regalos? –. Al fondo de la puerta, la figura de una tragona troglodita con cara de póker, apareció para romperles el momento.

– ¿Tú compraste regalos, Paimon? –. Preguntó Chasca, mostrándose escéptica de forma cómica y real.

– ¡Comprados con el dinero salido del bolsillo de Paimon!, ¡hmm!; ¡se quedarán sin aliento cuando los vean! –. La albina asintió una vez, mostrando cara llena de orgullo e hinchando el pecho.

– Como Paimon se ha portado inmaculadamente bien este año, Paimon espera ver más dulces de regalo –.

La pelirroja gimió "honestamente" preocupada, como si hubiera recordado algo, que haría temblar los deseos de Paimon.

– Igual el problema no es que te portes mal, Paimon. Sino que comes demasiado y la navidad se ve obligada a darte menos dulces...porque comiste de más en todo el año –.

Dicho esto, Paimon pondría una expresión llena de terror.

– ¡¿E-Eh?!, ¡pero se supone que la navidad es una época para no preocuparse por cuánto comes! –. Ella trató de razonar, sonando al borde de la desesperación ante las palabras de Chasca.

– Pero tú no te preocupas por todo lo que comes de enero a noviembre. ¿Por qué deberías recibir dulces entonces, si el límite lo excedes en los primeros 11 meses del año? –.

La precisión de Chasca para dramatizar y darle seriedad al tema, acertaron en la dirección donde más sensible es Paimon, el estómago.

Luego de haber reflexionado sobre esto en silencio, sus ojos se abrieron llenos de horror.
Paimon se puso totalmente pálida y toda su emoción pasó a la angustia.

– ¡PAIMON PROMETE SEGUIR UNA ESTRICTA DIETA DE TRES COMIDAS DIARIAS EL AÑO QUE VIENE!, ¡PERO POR FAVOR NAVIDAD, DALE DULCES A PAIMON! –.

Ella salió disparada a la sala entre gritos de súplica y promesas, esperando que los dioses de la navidad tuvieran piedad con ella.

– ¡Hey!, eso fue muy ingenioso –. Aether llegaría a tomar los brazos de Chasca, poniéndolos en su cuello; él le dió un beso a cada mano. Ella no pudo evitar echarse encima, con el rostro pegado sobre la mejilla del rubio, ambos se rieron en complicidad.

– Paimon no descubre la verdad, y encima le adviertes de no pasarse de glotona en todo el año...estoy seguro que con el poder de tu palabra, aprenderá para la siguiente navidad –.

Chasca escapó una hermosa sonrisa, provocando que Aether se sonrojara y la mirara detenidamente, cautivado por lo cerca que tenía aquellos ojos azules oscuros.

– Me merezco algo por eso, ¿no? –. Diría la mujer sonriendo con ternura, antes de plantarle un gran beso en la mejilla a su esposo.

– Si Chasca tiene un deseo más en esta navidad, trataré de cumplirlo –.

Después de estar con la cara apoyada en su mejilla, ella lo miró nuevamente y con total seguridad, expresó su único deseo.

– Quiero que sigamos pasando más navidades así. Contigo, Paimon, y la familia que venga –. Con los ojos cerrados, permaneció entre respiraciones totalmente alejadas de corrosiones y angustias.

Ahora, Chasca no sentía ninguna perturbación, solo estaba llena de alegría y deseos por seguir viviendo esta vida con él.

Aether acarició una de las manos de su esposa. Ella sonreía relajada, pero ese deseo también resonó en los pensamientos del rubio. Los dos querían que todos los días fueran iguales, llenos de felicidad, momentos para el recuerdo, ver el crecimiento de su amor en el tesoro que tienen, llamado Clara.

– Para que eso suceda, tenemos que seguir disfrutando de esta navidad, y de todo lo que pase en el año antes de que regrese el invierno –.

Las dulces y significativas palabras de Aether, tenían todo el sentido, algo que Chasca demostraría con sus sentimientos por el nido que ha formado junto a él.

– Disfruto de cada navidad. Todas son especiales a su manera; las que tuvimos en Teyvat, las que tuvimos antes de Clara...ahora estas, con nuestra hija creciendo –.

– ¿Y recuerdas nuestra primera navidad? –.

Aether no tardó en rectificar el nombre de esa navidad.

– Querrás decir, "nuestra navidad en Teyvat". Después de todo, nadie supo que es eso, y solo yo te hablé del evento –. Chasca calló, recordando detenidamente como sucedieron las cosas en la primera navidad, llena de nostálgica alegría.

– Aunque a una parte de mí le hubiese gustado ver la navidad entera en Teyvat...creo que, el haberla celebrado nosotros dos juntos en aquella oportunidad, la hace especial y una celebración única –.

– Como si fuera nuestro propio evento –.

Chasca entrecerró sus ojos, soltando un gemido pensativo con la cabeza extrayendo recuerdos que pudieran contraargumentar la palabra del rubio.

– No tanto como el día de nuestra boda de matrimonio, o el momento del nacimiento de Clara...pero si, lo pondría en ese nivel –.

En esa navidad pasó algo más que una celebración, por tal razón, debía considerarse como una fecha importante en las vidas de los dos tortolitos.

Aquella navidad en Teyvat ocurriría en una situación radicalmente diferente a la actual.

Una guerra acababa de terminar recientemente, había un objetivo por parte de Aether, y con ello un viaje, el de recuperar a su familia, pensamientos que todavía estaban en proceso de aclararse...pero con la particularidad, de que ya existía el amor entre ellos dos.

Tenían esa navidad tallada en los recuerdos permanentes de su amor, como una seña característica que marcó un porvenir en el futuro de Aether y Chasca juntos.

Todo ocurrió en una noche, en la que un sentimiento de culpa señaló a Chasca hasta la saciedad.

La curiosidad de ver a Aether tomando licor hizo que terminara presionándolo; a medio camino, ella sintió el repentino freno de arrepentimiento diciéndole que tratara de pararlo.

Pero Aether no se echó atrás y cuando ya no podía más, las emociones más sensibles que estaba escondiendo salieron como si llevasen tiempo, tapadas con medidas de poca resistencia.

Al igual que una residencia con goteras, Aether terminó por mostrar todas sus debilidades emocionales.

Ella no tardó en sacarlo de la taberna de la Arena Sacrofuego, llevándolo a la Relajatetera donde él se desahogó en plena noche. Allí estuvo para escucharlo todo el tiempo que hizo falta, consolándolo con palabras de seguridad, abrazándolo, dándole más amor si lo necesitaba para que pudiera sentirse acompañado.

Cuando el peso del chico se sintió más liviano, actuó rápidamente para llevarlo sobre sus brazos, hacia su habitación.

La pacíficadora ingresó, no cerró del todo la puerta ya que pensaba irse después de dejarlo en su cama. Cuidadosamente acostó al chico en una buena posición, arropándolo con la manta. Tenía un rostro exhausto, más desvalido, haciendo sentir pesada a la pelirroja.

Nada había cambiado en la disposición del cuarto de Aether. Tenía una foto en la mesa de su escritorio, que había tomado con Chasca en la Tribu Plumaflora; algunos recuerdos de Natlan, de otras partes de Teyvat, un clóset, la chimenea completamente vacía.

Esta vez había algo más, haciendo que todavía no abandonara la habitación de su pareja. Un árbol verde, puesto frente a la ventana al otro lado de la habitación; tenía extraños decorativos de varios colores, eran pequeños bombillos, también habían pelotas de varios colores.

Este árbol ocupaba un buen espacio en el otro rincón de la habitación. Casi rozaba el techo, tenía una pequeña muñeca de Lumine colgada en uno de los costados más visibles en el medio del árbol, adornado con pequeños muñecos de madera sobre sus amigos de Teyvat.

Los materiales, artesanales, ya sean de madera o algodón, colgaban en cada parte del árbol.

La punta del mismo, seguía vacía, algo faltaba.

Bajo el árbol, habían cajas envueltas de colores primitivos y alegres: rojo y verde. La diferencia residía en los patrones de las envolturas, pero todos tenían uno o los dos colores mencionados.

Además, habían otros detalles bajo el árbol. Gorros de color rojo y con una bola blanca; bufandas de color rojo, blanco y verde.

Había causado un problema innecesario a su pareja, quien pasó un momento amargo de depresión por culpa de presionarlo a tomar alcohol.

Es por ello que sentía esto, como una oportunidad de hacer algo bueno por él.

Después de estar sosteniendo un gorro grande de piel esponjosa, decidió llevárselo. Habían tres, pero ella se llevó uno.

Cuando terminó de estar en la habitación, se puso de pie y antes de marcharse, volvería para agacharse frente a la cama, esta vez con el propósito de acercar los labios a la frente de Aether. Después de hundir los labios en su piel, plantándole un beso de perdón, Chasca miró al durmiente Aether, mientras pensaba en lo que debía hacer para compensar su pequeño error.

××

– ¿Te gusta el gorro? –.

– Si, pero lo siento algo ajustado –.

Chasca se había probado aquel gorro que había tomado la noche anterior, cuando acababa de llegar el viajero que la encontró cerca de las ruinas de Ochkanatlan.

Chasca pensaba devolverlo, cuando él lo pidiera amablemente; sin embargo, esperaba una señal para tensar la cuerda y conseguir lo que quería.

– A-A mí me gusta como te queda –.

No se tuvo que voltear, para imaginar una expresión tierna de timidez en el rostro del chico, bajando el rostro. Sus tartamudeos a la hora de halagar la belleza de Chasca, siempre lo delataban.

– No parece un simple gorro que puedas cargar todo el año –. Ella haría una comparación, teniendo en su otra mano, el sombrero de la Tribu Plumaflora que la acredita como pacificadora y que pasó a mirarlo.

– ¿Puedo saber?, realmente me gustaría escuchar la historia de estos gorros –.

Chasca hizo algo inteligente. Había dejado caer sus intenciones, pero a la vez, le estiraba el gorro sin trampas, para que Aether no se sintiera incómodo o presionado a contarle.

Él optó por acompañarla, sentados en las rocas y contemplando el paisaje, que respiraba las trágicas cenizas del pasado, en el aire del presente más esperanzador.

– El gorro es, uno de los tantos símbolos que representa...una festividad –. Después que Aether lo tomó, se lo puso encima.

Chasca se quedó mirándolo; se le había salido una sonrisa sorprendida, por lo lindo que se veía Aether con el gorro rojo en su cabeza. Lamentablemente, se tuvo que contener. Deseaba agarrar su rostro, para llenarlo de besos en forma de picotazos en la cara...pero eso rompería el hilo de la explicación.

– Solo tenía tres, porque aparte de mí, la festividad solo la conoce Paimon...y también mi hermana –.

Una presión intrínseca subió como un elevador, del estómago al pecho de Chasca, quien dudó en hacer la pregunta. Fue el propio Aether, quien decidió decirle, para no alargar el asunto.

– Desde que empecé el viaje en Teyvat, solo Paimon y yo usamos los gorros. Siempre dejé el de Lumine...p-porque ni siquiera tenía a otra persona a quien prestárselo –. Aether se quedó con las palabras atragantadas en la garganta, respondiendo después de un momento de titubeo que lo había congelado momentáneamente.

– Solo nosotros sabíamos de la navidad; y como confío en Paimon, entonces decidí contarle de la fiesta que adoptamos de nuestros viajes pasados por otros mundos –.

Aether volvería a mantenerse en silencio, mientras bajaba el semblante, con los ojos perdidos en el recuerdo que alguna vez había significado un momento de felicidad para él.

Darse cuenta que uno de los gorros, siempre estaba guardado para alguien que está muy lejos, hacía que Chasca sintiera un dolor quemándole el pecho.

A lo largo del año, ella solo celebraba el cumpleaños de Cusco y de Chuychú. Las cosas habían cambiado, sin su hermana menor, celebrar o recordar su cumpleaños tenía un peso diferente y complicado.

Imaginarse a Aether celebrando solo algo que compartía con su familia, le encoge el pecho.

– Cuando usamos estos gorros, siempre es antes del final de año. Nosotros adoptamos la celebración de la navidad, al tener un significado que nos quedó marcado...y-y nos hacía pasar un tiempo alegres, de estar haciendo lo que nos gusta juntos. Vivíamos libremente con nuestros viajes y disfrutando de nuestra compañía; podíamos hacer una comida especial, darnos regalos, celebrar la llegada del día de la navidad, recordar las cosas que hicimos en el año y disfrutar del sabor de la vida –.

El rubio se pasó la mano por los ojos, alejando los atisbos de tristeza que amenazaron con hacerle soltar lágrimas.

Aether parecía estar resignado al asunto de su hermana, pese a que no dejaba de hacerle daño cuando pensaba en ella. Había pasado toda la vida, viajando únicamente con su familia, y Chasca comprendía que todo siguiera sintiéndose extraño, pese a los años que han llovido en este viaje sin ella a su lado.

Chasca agarraría inmediatamente con la misma agilidad y sigilo que una víbora atrapando su objetivo, la mano libre de su pareja. Al levantar el rostro, él pudo sentir seguridad y paz en la expresión que le transmitía; además, la calidez y suavidad de su agarre, trajeron una sensación de compañía que realmente necesitaba.

Chasca no quería seguir obligándolo a recordar lo que pudiera volverlo triste, pero si insistía en continuar el camino de los recuerdos del pasado, entonces ella lo escucharía sin perderse ningún detalle en lo más mínimo, sin soltar su mano.

Cuántas historias le contó ella sobre la vida que había tenido hasta el día que Aether puso un pie en Natlan. Cuántas historias le contó Cusco a Aether, hablando como un padre real sobre la vida de su hija rebelde que rescataron en la tribu.

Chasca siempre quería escuchar todo lo que Aether tuviera pensado guardar en sus pensamientos, todo sobre su vida antes de aparecer en Natlan; si quería hablar de eso con alguien, por eso se habían comprometido a demostrarse amor y confianza. Si hubiera la necesidad de llegar a más cariño para aumentar el brillo alegre de su estrella, Chasca no dudaría en hacerlo; no importa si se encontraban a solas como en este momento, o si se encontraran en público.

Ella genuinamente quería saber, y si es posible, formar parte de la celebración. No se lo diría a nadie.

Aether comprendió los pensamientos de Chasca, así que le explico con más profundidad el significado de la navidad y como ha disfrutado de aquella celebración, primero con Lumine antes de separarse, y ahora con Paimon en su viaje por Teyvat; al fin pudo entender la presencia y el contexto del árbol en la habitación, las cajas envueltas, los gorros y bufandas.

Por suerte, aún no llegaba el momento de celebrar la navidad. Quedaban unos días para ese momento.

Todo lo que envolvía la celebración de la navidad, convenció a Chasca de hacer algo especial con Aether. Sin tener alguna idea en mente para lo que pretendía preparar, ella levantó la mano del chico, envuelta en las suyas, mirándolo frente al cielo brillante, con la brisa meciendo el cabello de ambos.

– Quiero celebrar la navidad contigo –.

Podía ser una respuesta esperable, pero Aether no evitó enseñar una sonrisa inconsciente. Los ojos dorados del héroe, se encontraban más iluminados y vivos, al borde de ponerse a llorar.

– Siempre voy a agradecer cualquier segundo de tu compañía –.

Chasca pensaba en que eso no fuera un simple segundo; quería convertir la navidad, en un momento para ambos. Donde pudieran rodearse de felicidad y diversión, mientras vivían su primera celebración como enamorados.

La pacíficadora pasó al modo incógnito después de aquella conversación, mientras Aether mataba las horas explorando los últimos lugares disponibles de Natlan.

El rubio siempre entraba a la Relajatetera por la noche, donde su territorio de bolsillo no mostraba evidencias que pudieran delatar la presencia de sus amigos. Gordi tampoco dió detalles importantes, así que después de asegurarse de que toda la zona estuviera segura, dormía hasta el siguiente día.

Aether tenía una corazonada positiva sobre esta navidad. Sería la primera con Chasca, la primera que podría compartir con alguien además de Paimon y Gordi, y la primera en la que los tres gorros rojos serán usados.

Cuando recogió este pensamiento, se había percatado de que necesitaba un gorro más.

Si bien, esa persona no aparecería en esta navidad, en estos años celebrando navidades en Teyvat, Aether siempre se aseguró de guardar un gorro más.

Esa tarea tendría que ser ocupada para el próximo año, pues ahora, pasaría la navidad con Paimon, Gordi...y con su amada pareja.

El rubio estuvo a unos segundos de rendirse bajo el mundo del sueño. Pero antes de quedar dormido, llegaría una idea tan fuerte, que sobrepasó su mente y le abrió los ojos con mucha fuerza.

– ¿Qué regalo voy a darle a Chasca? –.

La duda se plantó, y desde ese momento se convirtió en un obstáculo inmenso, capaz de perturbar su serenidad. Aether se puso las manos en la cabeza, suspiró y miró al techo, esperando que un simple trozo de cemento le tirara una propuesta y calmara dicha ansiedad.

××

– ¿Un regalo para Chasca?, ¿pero que no le diste uno ya en su cumpleaños? –.

Pensándolo bien, ¿debía darle un regalo especial como el arco que le dió en su cumpleaños?, aquel hecho a su medida y con los detalles que caracterizan a la tribu Plumaflora.

Aether pensó que sería buena idea consultarlo con Cusco...increíblemente lo único que consiguió, fue una duda haciéndolo reflexionar como estúpido.
Sin contar la incredulidad que llevaba encima el padre de Chasca.

El héroe de Natlan creía que ella se merecía todo, no importa si es un regalo para un cumpleaños, la navidad, o de cortesía. Chasca no demandaba regalos, pero Aether se sentía en deuda con ella, no solo por haber logrado que abriera el corazón y terminara amándola después de todo el esfuerzo que ella hizo para conquistarlo.

Tampoco solía pedirle regalos, puesto que Chasca era más amorosa. Siempre lo toma por sorpresa, pero al hacerlo con sus mejores intenciones, Aether termina avergonzado y entregado a ella.

Sacando respuestas, Aether solo tenía en mente darle el mejor, o los mejores obsequios posibles para Chasca.

No podía repetir el patrón de conseguirle otro arco, puesto que no llevaba ni un mes con el que le había dado.

Los caminos llevaban a una respuesta, debía encontrar más opiniones de expertos en Chasca.

Algo le tendría que gustar, pero si le preguntaba directamente, siendo la única a la que le ha contado sobre la navidad, se daría cuenta de cuál es su objetivo.

– S-Si...eh...es que...gané un poco de mora en la última exploración –. Aether inventó la excusa más plausible posible, sudando un poco delante de Cusco.

– Yo...quería saber un poco lo que le suele gustar a Chasca –.

– Ah, eso es fácil, hombre. ¡A ella le encanta que no estés en peligro en ningún momento! –.

– ¿No hay algo...que sea más...fácil de conseguir? –. Aether seguía sintiéndose nervioso e incómodo por pedirle a esto a su padre, más aún después de las entendibles palabras anteriores.

Cusco no estaba siendo duro, en su lugar, puso la mano en el hombro de Aether.
– No sé si llamarlo fácil, pero creo que lo único que Chasca aceptaría como regalo, es recibir tu aprobación para acompañarte a donde sea que vayas –. Aether guardó silencio con los labios apretados de inseguridad, mientras Cusco intentaba convencerlo de que no había problema, si podía llevarse a Chasca con él en su viaje.

– Mira, chico. Si has podido vencer al Abismo de Natlan, estoy seguro que podrás superar cualquier enemigo que se atraviese en tu camino. Nosotros vamos a estar bien, así que si la pacificadora siente que ya ha cumplido su propósito y busca nuevos horizontes...me sentiría disconforme, si tengo a Chasca aquí, si no siente que debe ser el lugar donde quiere estar –.

Aether sabía con certeza, y todos los habitantes de Natlan ya hablaban de ello en algún momento de cada día, que Chasca es la más fuerte de esta nación después de Mavuika. No es por una cuestión de fuerza, o si podía ser peligroso. Él no estaba seguro si Chasca lo amaba tanto, para abandonar todo y hacer una vida a donde sea que vaya.

Los nervios faciales del rubio, sacaron una sonrisa graciosa al padre de Chasca. Pues en el fondo, si sabía que Aether está considerando seriamente la opción de llevarla; Cusco solo quería empujarlos, de la forma más sutil, ante el amor tan especial que tenían ellos.

– Solo asegúrate de responderle antes de que te vayas de Natlan, o ella decidirá por tí –. Cusco lo advirtió, sonando muy tranquilo y amable con él.

– S-Si... –. Dijo Aether en un tono bajo.

Después de la conversación con Cusco, Aether siguió buscando respuestas en la tribu.

Los siguientes consultados estaban en la misma Tribu Plumaflora, y como ya había preguntado a Cusco, por descarte seguían Mutota e Ifá.

Los dos hombres se miraron con cierta confusión, al momento que Aether llegó a preguntarles.

Parecían estar tramando, puesto que Ifá se encontraba con una expresión más fija y llena de sospecha al devolverle la mirada a Tumaini.

– Cualquiera diría que con lo seria que anda, está esperando un anillo de matrimonio como mínimo –. El hombre veterisaurio se cubrió los labios, soltando el murmullo algo malhumorado.

– ¡¿E-EH?! –.

Mutota vió como la cara de Aether se puso igual que el volcán de la Comunidad de la Feracidad.

De la absoluta timidez, estalló en un intenso color carmesí ante tales expectativas y abrió la mandíbula estupefacto.

– ¡T-Tranquilo, colega! –. El jefe de la tribu estiró ambas manos al frente, puesto que Aether parecía estar hiperventilando.

– Lo que pasa es que, hoy Chasca está en su propio mundo...y seguro tiene que ver contigo. Parece que estaba haciendo algo en casa, cuando detectó la presencia de Ifá afuera de la residencia y lo echó a gritos –. Hasta al propio Mutota, le costó no echarse a reír, limitándose a sonreír entre dientes.

– ¡Ni siquiera ví lo que estaba haciendo así que no estaba espiando, por favor! –. Ifá se cruzó de brazos, negando de malhumor.
– No es culpa mía que ande tan distraída para no escucharme llegar y que confunda las cosas. Hasta me amenazó, por si "decía algo de lo que había visto" –. Aún mostraba confusión por la reacción repentina por parte de Chasca, sacudiendo una mano con vehemencia.

Chasca no solía responder con agresividad, así que tendría que estar haciendo algo relacionado para Aether...y si recordaba que hace poco, le dijo que lo acompañaría a celebrar la navidad, una presión subía por el pecho del chico.

– ¡N-No se preocupen!, de seguro Chasca está preparando una sorpresa para Aether –.

Paimon también barrió las dudas fuera, pero esas palabras cayeron como una bola ardiente hacia el estómago del rubio.

– Tal vez podrías darle su propio Cacucu –. Sugirió Ifá, encogiéndose de hombros sin ánimo de hablar.

– Aether, yo creo que ella está esperando que le dejes acompañarte en tu viaje por Teyvat. Si le permites que te acompañe a Nod Krai, creo que Chasca lo celebraría un día entero –. Mutota lo dijo, sin estar diciéndolo en broma. Su sonrisa tenía honestidad, y no pensaba en dejar enjaulado a uno de sus compatriotas si quería volar al mundo exterior.

No había nadie que no notara los deseos palpables en los ojos de Chasca — incluso los Ashas sentían sus intensos pensamientos directos — desde que volvió del Resort Brisapacible con Aether. Los dos pasaron las vacaciones juntos, y ella había escuchado de sus preparativos para viajar a Nod Krai.

Aether estaba considerando darle el permiso, pues Chasca ha puesto todo de su parte y desde que terminó la guerra, lo ha estado acompañando por las otras tribus para ayudarlo en su exploración.

Las pequeñas dudas que tenía aún, cada día se iban disipando.

Ella estaba dispuesta a meter las manos en el fuego de lo desconocido, donde podría mirar con sus propios ojos, el tamaño de los problemas que habitan fuera de lo perceptible en el mundo de Teyvat y sus reglas; las historias que puede encontrar en cualquier parte del universo; cómo es la vida de un viajero como Lumine y él.

Las nubes se alejaban, pero empezaba a mostrar el deseo propio de querer a alguien peleando junto a él y tomando su mano, mientras sigue este viaje sin fin.

Siguiente consulta, en los Vástagos del Eco.

Su objetivo, palideció cuando escuchó al viajero preguntarle que podía regalarle a Chasca. Esto le provocó un suspiro y su espalda se encurvó decaída.

– Por lo que más quieras, dime que esto no es una excusa para que le haga mejoras al riflespíritu de Chasca... –.

– ¡N-No!, ¡nonono! –. Aether respondió rápidamente, sacudiendo las manos sin freno ante la mirada tan apática que puso Xilonen.

– Esto no tiene nada que ver, solo te estoy preguntando si sabes algo que le guste a Chasca... –. Concluyó con un tono bajo y sumiso, para que Xilonen no se molestara.

– Pero tendría más sentido si me lo hubieras preguntado hace unas semanas, cuando era su cumpleaños. ¿Por qué ahora? –. Xilonen sospechó, poniendo una cara de duda alzando la ceja en dirección del chico, mientras se ponía una mano en la cadera.

– P-Para el cumpleaños del próximo año...¿no? –.

Xilonen mantuvo su expresión inmóvil, llena de desconfianza por la respuesta que le dió.
No tenía remedio, así que dejó pasar el asunto con un resoplido resignado.

Al menos no estaba obligada a hacer mejoras de artefactos, por los momentos.

Después de pensar un poco en los recuerdos que tiene de Chasca, Xilonen contestó:

– Mira, puedo decirte que si le regalas accesorios como pulseras, lentes, zarcillos, ella los aceptará –.

– Vale, lo tengo –. Aether sacó una libreta, anotando las palabras de Xilonen enseguida.

– Si te animas a regalarle ropa, estoy seguro que no dirá ni un pero, da igual que prenda y estilo le consigas –.

"Ajá", dijo Aether sin dejar de anotar las sugerencias, considerando las opciones totalmente válidas. Sin embargo, todavía no estaba convencido de si regalarle un poco de todo, pueda ser suficiente para esta navidad.

Xilonen se quedó callada, por lo que Aether levantó su rostro, como un pequeño saurio confundido al no recibir la porción de comida esperada.

– Realmente no creo que Chasca sea quisquillosa, Aether. Ella te ama, con toda su alma. Lo que menos le debe importar, es si eres bueno dándole regalos –.

Aether tuvo un temblor en los músculos faciales, viéndose obligado a bajar la cara, con una mirada ansiosa.

– P-Pero...siento que es demasiado buena conmigo. Por ello, debo darle lo mejor –. Habló con una ligera impotencia hacia si mismo, haciéndolo ver adorable a ojos de la mujer de cabello claro.

– O no te valoras lo suficiente, lo cuál me hace entender porque no tiene problema en ser cariñosa contigo públicamente...sin importar el momento –. Xilonen volvió a tomar una bola de aire, antes de ponerle su mano en el hombro.

– Si quieres darle lo mejor, dale un bebé –.

Pasaron unos segundos eternos para Aether, quien creyó que debía limpiarse las orejas. Se sacudió la cara, parpadeó repentinamente como si estuviera en trance, y Xilonen parecía esperar su respuesta a la sugerencia.

– ¿E-Eso no es demasiado? –.

– Con Chasca nunca se sabe... –. Susurró la mujer de ojos verdes perdidos en la nada. No tardó en decir algo distinto, devolviendo la vista, cargada de convicción y apoyo a Tumaini.

– Pero no soy una experta del corazón y las preferencias de la pacificadora. Solo sé, como su amiga, que el único regalo que probablemente anhele de tí, es si aceptas todo el amor que te está entregando...después, la vida para ustedes será un camino de luces –.

Xilonen estaba diciéndole que no se avergonzara del amor de Chasca. Si es posible, que hiciera lo mismo y más, para que pueda haber un amor fluido sin desequilibrio.

Aether agradeció con una sonrisa el consejo de la forjadora.

Antes de continuar a los últimos destinos, Aether paró a tomar una comida suficiente que apacigüe su estómago, y al dragón llamado Paimon.

La vida le dió la oportunidad de seguir la consulta, mientras almorzaba con la presencia de Mavuika en la Arena Sacrofuego.

Sin tapujos, le pidió a la Arconte sus mejores recomendaciones para un regalo a Chasca.

– Invítala a beber –.

– Yo la invité hace poco, y los dos terminamos bebiendo en la taberna –.

– Ah, pues...¿no salió bien? –.

Mavuika tomó un trago de vino al expresar su duda, mientras Paimon masticaba gustosamente en silencio su porción de comida. Aether comía con más calma, mientras mantenía la conversación.

– Bueno...Chasca me insistió en que bebiera. Pero no sé qué pasó cuando me puse a beber. Ella no me dijo lo que pasó luego...según Paimon, Chasca parece sentirse culpable después de ese día –.

Mientras Aether recordaba lo que podía, se dió cuenta que después de lo ocurrido en la taberna, al día siguiente Chasca le pidió saber sobre la navidad y decidió acompañarlo a celebrar juntos.

“No creo que haya sido capaz de incomodarla o herirla, pero entonces...¿qué pasó esa noche?”.

Aether sintió una punzada de frustración, al tener este nuevo dilema que no lo dejaba tranquilo.

“No...ella no parecía estar incómoda, más bien su mirada se sentía como si estuviera en la obligación de compensar algo...si tan solo pudiera saber qué demonios hice después que bebí”.

A medida que más vueltas le daba a los análisis de las expresiones y comportamientos de Chasca desde entonces, Aether pasó a comer con más rapidez inconscientemente.

Mavuika no tardó mucho en tener otra idea...similar.

– Entonces, invítala a comer –.

Aether había olvidado la primera propuesta, y con la segunda, volvió a mirar a la Arconte con cara de póker, manteniendo la comida entre medias de los labios al parar de masticar.

El rubio disimuló que consideraba su idea, asintiendo con una sonrisa nerviosa.

“Estas propuestas no van para ningún lado, pero agradezco tu esfuerzo por escuchar mis cuestiones, Mavuika”. Por dentro no estaba convencido, sin embargo, había hecho descubrimientos y nuevos avances gracias a la simpleza de esta conversación.

– ¡Viniste al mejor lugar para buscar regalos! –.

– Eh, no. Mualani, no vinimos a comprar en tu quiosco –. Aether trató de parar el frenesí de intensidad que subió en el comportamiento de la joven, cuando le contó sobre su consulta.

– ¡Heyheyheyhey!, ¿quién dijo que van a pagar?, ¡la casa invita! –.

El rubio estaba ligeramente incrédulo y abrió la mandíbula, ante la excesiva amabilidad que la chica siempre mostraba con él.

Paimon cruzó los brazos, negando varias veces sin parecer sorprendida.

Manteniendo el secretismo, la pequeña hada se cubrió la boca un momento para decir algo en voz baja:

– Paimon se pregunta cómo nunca le hace falta el dinero a esta chica. Es imposible que su familia sea millonaria –.

– A lo mejor estamos ante la favorita de la jefaza de la tribu, ya sabes... –. Aether puso una mirada discreta a su compañera albina, haciendo señas con las manos, como si estuviera pasando billetes.

– Lo cierto es que Paimon no sabe si Mualani le da tantas facilidades a otras personas, como te las hace a tí... –. Paimon miraría llena de sospecha a la risueña y alegre chica, antes de dirigir la mirada a su compañero, quien no entendía a donde estaba llegando con ese punto.

El ruido de los objetos que revoloteaban y eran amontonados en el quisco, despistó el rumbo peligroso de la conversación.

Vieron una inmensa cantidad de cosas puestas por Mualani, encima de la tabla de mostrador.

– Mualani, yo solo quiero saber de tu opinión hecha como amiga de Chasca...de qué cosas le llaman la atención –. Poniendo las manos unidas en un rezo suplicante y apretando los dientes con una sonrisa tensa, Aether prefería no pasar el día buscando entre las montañas de objetos que ella quería mostrarle.

– Ah, pues...le gustan los arcos –.

– ¿Y qué más? –.

– Le gustan los qucusaurios –.

– Detalles muy relevantes que desconocía hasta que me has iluminado la mente, pero necesito más –.

Paimon entrecerró los ojos con desgana ante las respuestas tan taciturnas, por parte de Mualani.

Aether es realmente bueno para guardar paciencia, pero quizás no había una amistad tan cercana, como ellas aparentaban en el Resort Brisapacible.

– ¡Ah, ya sé! –. Mualani se levantó del mostrador, con los brazos alzados en el cielo. Aether pensó que por fin iba a decirle algo que valiera la pena.

– ¡A Chasca le encanta el Resort Brisapacible!, seguro que si la invitas a pasar un tiempo juntos allá, querría quedarse a vivir en ese lugar –.

Precisamente ya habían ido al Resort Brisapacible a mediados del año.

Si hubiese sido una nueva zona que nadie conocía de Natlan, habría sido una opción valorable.

– ¡Y también le gusta mucho la Tribu Plumaflora! –.

Aether reprimió las palabras que revoloteaban en la punta de sus labios, terminando por tomar un largo suspiro. Este narrador no piensa exponer los pensamientos que cruzaron por la cabeza de Tumaini en estos momento.

– Entiéndela, Aether. Mualani no ha salido de Natlan en toda su vida –.

Aether compró el argumento consolador de Paimon, para tomarse esta consulta con más ligereza.

Al pasarse un momento con los ojos profundamente cerrados, algo iluminó el cerebro del chico. Rebuscando por sí mismo, una vieja conversación con Mualani, precisamente sirvió de apoyo para ayudar a Aether.

– Me dijiste que tuviste una pelea con Chasca por un juguete, cuando eran niñas –.

Mualani respondió con un asentimiento de cabeza, sin decir nada, para que Aether continuara con el punto.

– Nunca me dijiste cuál era el juguete –.

Mualani cambió rápidamente de actitud, algo que puso alerta a Aether. Ella dejó la efusividad, y ante la respuesta que exigía el rubio, los nervios comenzaron a aparecer en su rostro.

– ¡AH!, ¡el juguete...claro!...jajaja... –. La chica empezaría a rascarse la nuca, con el rostro cabizbajo y fingiendo una risa claramente incómoda.

– Mualani, no queremos saber lo que pasó, solo dinos que juguete es... –. Paimon se acercó poco a poco, hasta quedarse cerca del rostro de la morena y mostrarle una sonrisa. Después, bloqueó la vista de su compañero para susurrarle unas palabras únicamente a Mualani.

– Por favor, dínoslo, que el viajero quiere regalarle algo a su novia o entrará en pánico –. El rubio trató de inclinarse, extrañado por el secretismo.

Mualani cedió, así que aprovechó no solo para describirles el juguete con exactitud, sino que les contaría el contexto de la pelea con la pequeña Chasca y el posterior desenlace.

Ella había ido con sus padres, quienes estaban haciendo negocios con la Tribu Plumaflora. La pequeña joven de cabello claro, aprovechó para explorar un poco las cercanías del pueblo de la tribu, en donde acabó topándose con una cosa extraña.

Un trozo de papel estuvo a punto de salirse volando, solo ella se dió cuenta. Pudo haberlo dejado irse hacia el cielo, pero la silueta le llamó la atención y pudo sostener aquel objeto ligero, que colgaba de un hilo colgante.

El dibujo del trozo de papel era la figura de un qucusaurio; Mualani pensaba traerlo de vuelta, pero su mente infantil y la vista de fondo con otros qucusaurios sobrevolando las montañas y colinas de la Tribu Plumaflora, en dirección a Ochkanatlan, la hizo sentir como si estuviera manejando un qucusaurio.

La pequeña Mualani, reía de asombro y emoción, puesto que al controlar el hilo en sus manos, la silueta del qucusaurio se movía de un lado a otro, e incluso podía bajar o subir más en el aire.

Este juguete era irreal y demasiado realista para alguien, todavía muy joven.

El problema llegó, cuando la dueña de ese cometa encontró a esta niña, jugando con su juguete.

La dueña era más grande que Mualani, unos metros. El cometa se había escapado gracias al aire, cuando Chasca le perdió el ojo por un segundo.

Ya venía malhumorada, porque Cusco y Chuychú querían hacerle un chequeo antes de que pudiera irse a jugar con el cometa.

Al volver al sitio donde dejó el juguete, Chasca solo se llenó de cólera y desesperación por encontrar el regalo que le habían dado.

Nada más girarse Mualani, la niña más grande, que tenía el cabello suelto de un color rojo oscuro tan largo que le cubría un ojo, jaló el hilo hacia su dirección para quitarle el cometa.

Mualani argumentó con total sentido, que ella lo había salvado, y si no fuera por su intervención, se habría ido volando.

El inconveniente que Aether y Paimon lograron encontrar en escasos segundos, ante el cuento de Mualani, es que estaban hablando de una historia de niños.

La Chasca pequeña, todavía no estaba pensando en ser pacificadora cuando creciera, precisamente.

Entre forcejeos, algunos golpes y varios empujones violentos, las dos perdieron el control del hilo en sus manos. El cometa nunca volvió a ser visto, puesto que el viento les impuso una lección a ambas y lo arrastró muy lejos.

Mualani se libró de golpes más serios de Chasca, gracias a que la misma pelirroja se contuvo de cierta forma con el enfado inicial por perder el juguete que le regalaron, y porque Cusco tuvo que intermediar en el conflicto.

– Quien diría que después de pelearse y perder un cometa, terminarían siendo muy buenas amigas muchos años después –.

– ¡Nunca sabes dónde y como encontrarás a tus amistades! –.

Aether rodó los ojos, sintiendo una sensación de deja vü ante los acontecimientos del pasado.

– Con todo lo que nos ha pasado en las anteriores naciones, compro perfectamente ese discurso –. Dijo encogiéndose de hombros, comprensivo.

Luego en silencio, Aether susurró a la nada.

– Me sorprende que hubieran cometas en Natlan –.

– Fue un regalo de Mavuika. Puesto que Chasca ya estaba entrando a los Peregrinajes del Retorno del Fuego Sagrado. ¡Claro que la más joven en ganar el Peregrinaje sigue siendo Kachina!, pero Chasca no entró a la misma edad que ella lo hizo –. Mualani se jactaba de orgullo y emoción al pensar en la guerrera de los Vástagos, a la vez que también hablaba del pasado de Chasca.

Al final, Aether volvió a llevarse una agradable sorpresa en la consulta por el Pueblo de los Manantiales.

Ahora, pudo empezar a pensar en una idea inicial de lo que podría darle a su pareja.

Faltaba una ultima consulta, para resolver las dudas del regalo y de sus propios pensamientos al respecto de la relación que está llevando con la pacificadora.

Después de escuchar las opiniones de Mualani, Aether fue a parar a los Augures Vientonocturno. Necesitaba la sabiduría y la experiencia de alguien, que aunque no sea considerada una amiga de Chasca, ha debido de escuchar su historia desde el día que llegó a la tribu Plumaflora.

– ¿Algo que le guste a Chasca? –.

– Si –.

– Bueno...¿tú, no? –. La más veterana de la tribu lo señaló, con las palmas de ambas manos estiradas hacia él.

– Se supone que está locamente enamorada por tí. Yo no veo mucha ciencia en lo que tienes que regalarle –. Ella creía haber resuelto el asunto, poniendo un rostro conclusivo para que Aether abandonara su morada.

Él cerraría los ojos, poniendo una ligera mueca encurvada en una sonrisa contenida. Es obvia la ironía que usó Citlali para responder a esta petición.

“Me guardaré tus sabias palabras de ironía, para mí diario de la fuente de la sabiduría”.

– ¿Qué dijiste? –. Citlali inclinó el rostro de forma casi paranormal, como si un verdadero espíritu malévolo estuviera controlándola, provocando que Aether palideciera seriamente por su tono sombrío.

– R-Respetemos los acuerdos, ¿si? –. Como un acto de defensa de emergencia, el rubio tocó un tema delicado mientras la señalaba levemente y se alejaba unos metros.

Escuchar las cuestiones de Aether, se volvió el único consuelo que le quedaba a la abu Itzli.

Aether ya estaba preparado para irse pitando si Citlali perdía la paciencia; puesto que se ha vuelto complicado tener unas conversaciones amenas con la chamán de cabello rosa, después de que hiciera público su romance con Chasca...finjan sorpresa.

El caso es que Aether recurrió al truco que mantiene con algo de estabilidad, esta relación amistosa entre ellos:
El tráfico de novelas ligeras.

Cuando Citlali vió que no trajo ni una mísera hoja de papel, ella pondría una cara diciendo abiertamente:
"Tienes un minuto para abandonar este lugar".

Pero ella no pensaba romper toda su conexión con Aether, no solo por las novelas que él es capaz de conseguirle.

Aether todavía es demasiado inocente para comprender el distanciamiento tomado por ella, y mucho menos estos comportamientos.

El problema es que las diferentes ideas pasaban alrededor de la cabeza y el corazón de Citlali, y de eso él no tenía ni un poco de culpa. Si acaso, ella debió haber sido más decidida y no dejar que los buitres le quitaran la atención de su más preciado amigo, perdiendo la oportunidad de que exploraran algo más que una amistad.

– Si hay otras novelas que te hayan llamado la atención, puedes–.

– "¿Como reencarné en la todopoderosa Shogun Raiden?". Búscame esa, y la quiero para la próxima vez, sin excusas eh –. Citlali cruzó los brazos, mirando con un atisbo de timidez adorable y acompañado de un ultimátum que ni ella misma pensaba cumplir.

Aether escuchó el nombre y sonrió.
Él se aseguró de anotar el nombre, puesto que conocía la novela de la editorial Yae. Si hasta los Arcontes ambulantes han echado ojeadas a aquellas páginas cargadas de imaginación por parte de los seres humanos de Teyvat. Como para no saber a cuál se está refiriendo.

– Entonces... –.

– Si, si. No lo olvidé; qué puede gustarle a Chasca como un regalo... –.

Citlali guardó silencio y Aether ni respiró, para dejar que la experta pudiera darle una luz a seguir. Sin embargo, había un problemita que Citlali se dió cuenta.

Estaba haciendo de consejera del amor, cuando no ha tenido uno. ¿Acaso serviría darle recomendaciones, por situaciones que ha leído en otras historias anteriores?

“Las cosas serían mejores, si yo fuera esa novia. Solo con leerme la mente, ya sabría que me gustaría”.

– Si pudiera leerle la mente a Chasca, me sentiría como un acosador. Podría arruinar nuestra relación –.

– ¡¿QUIERES DEJAR DE ESCUCHAR LO QUE PIENSO?!, ¡NECESITO TRATAR DE PENSAR! –. Citlali agarró su almohada entre las manos, apretándola hasta el punto de casi romperle la tela.

“Ya pues...como si tú no hubieses hecho lo mismo, hace unos momentos”. Aether desvió los ojos, siendo incapaz de ocultar sus pensamientos más directos.

Citlali detuvo sus ideas, puesto que en esta ocasión, Aether tenía toda la razón.

“La próxima vez, solo te dejaré pasar si muestras la prueba de la novela en tus manos”.

Finalmente el dúo dejó la discusión en segundo plano, para tratar de encontrar una respuesta a la necesidad que Aether estaba averiguando.

Citlali no le reclamó a Aether el porqué no era capaz de saber por sí mismo, los gustos de Chasca.

Ella escuchaba muchos de los pensamientos que él nunca le decía a la pacificadora directamente.

Había tantos sentimientos enternecedores que la hacían emocionarse, como otros que llegaban a poner roja a Citlali, resultando inverosímil que pudiera tratarse de los pensamientos de la misma persona. Para verse muchas veces muy tierno, es probable que Chasca haya creado un lado invisible en el corazón del rubio.

Tumaini se reprimía, aunque lo negara; ya sea porque es muy tímido, o porque es un novato en el amor y no quiere perder a Chasca de ninguna manera.

Hasta ella podía escuchar, la ansiedad acogiendo el aura del rubio, quien esperaba los consejos de la mujer de cabello rosa y ojos azules, con un silencio sepulcral.

– ¿Chasca alguna vez te ha exigido cosas materiales? –.

– No –.

Citlali tomó la pequeña información, mientras reflexionaba sin dejar de mirar al pobre Aether.

“Pero el arco que le dí en su cumpleaños...no ha dejado de usarlo desde entonces. Creo que le encanta, y me alegra”.

Citlali se llevó una mano a la cara, ocultando la ternura que sintió ante la dulce emoción explotando del pensamiento de Aether. Así como ese pensamiento, ha escuchado un montón.

Ahora entendía como Aether debió escuchar sus pensamientos más intensos al principio, en este caso, el amor había hecho que se volviera más tierno de lo que ya lo considera.

– ¿Ella tiene algún deseo de acompañarte a alguna parte, que no sea Natlan? –.

– Bueno, está muy obstinada en esperar que yo le dé mi permiso de acompañarla en mi viaje por Teyvat –. Comportándose como un niño inocente, Aether sonreía a la nada, tímidamente, mientras se rascaba el brazo.

– ¿Y? –.

Aether miró la mano levantada de Citlali, respondiendo a los pocos segundos.
– Lo he considerado, pero... –. La sonrisa, volvía a endurecerse y una mueca ligeramente asustada nació en los labios temblorosos de Aether.

– Mira, entiendo tus preocupaciones –. Citlali detuvo a Aether en seco, antes de que entrara en conflicto.

– Si eres el único que está dudando, eso va a hacer sentir mal a Chasca. Deberías pensar un poco también en tí; ahora que tienes a alguien...dispuesta a hacer cualquier cosa por tener una vida entera a tu lado, sin importar a donde vayas y el camino que tomes... –.

El chico de cabello dorado asintió varias veces, sin decir nada.

Citlali continuaría con su recomendación de consejera, enfriando el malestar propio que amenazaba sus sentimientos.

– Yo he visto todo el crecimiento y evolución de Chasca desde el día que apareció en la tribu Plumaflora. Jamás la había visto tan humanizada y pacífica, valga la redundancia, desde que se enamoró de tí; porque Chasca no vió simplemente un amor o un nido en tí, Aether. Eres una estrella que ella quiere seguir hasta el infinito –. Las palabras tan dulces y conmovedoras de Citlali, lograron animar al chico, sonriendo en medio de un sonrojo y los ojos brillando de emoción.

– Y honestamente, aunque le regales los mejores vestidos, los accesorios más caros del mundo, una mansión...lo que sea. Eso no es lo que le importa, Chasca no es materialista –. Los ojos dorados de Aether se abrieron con la seriedad repentina de Citlali, quien ahora se había vuelto muy respetable y sabia en este momento.

– Ella quiere estar segura, de estar haciendo las cosas bien contigo. Por la razón de que puedo escuchar tu mente, sé lo mucho que la amas y lo ocultas –. Citlali lo señaló justo en el pecho, algo que Aether no debatió.

– No solo tienes que hablarle de tus miedos y pensamientos, tienes que hablarle de tus sentimientos más profundos...de todos los que escondes. Los apasionados, los adorables, los lascivos–.

La cara de Aether se puso roja rápidamente, parando a Citlali al agitar las manos como un ave.

– E-Espera...¿tú has escuchado–.

– TODO, Aether. Puedo saber todo lo que piensas de Chasca; desde su amor, su rostro, su cabello, su ropa, y su cuerpo –.

Cuando ella confirmó el peor de sus presagios, él se volvió más rojo que una duraznoliva.

Su gemido ahogado se escuchó al quedar con la mandíbula abierta, nunca se le pasó por la cabeza que alguien pudiera romper la privacidad de sus pensamientos por Chasca de tal manera; estaba incrédulo. Para él, esto era un iceberg que conducía al fin.

“¡AY NO!...ahora me va a chantajear con mis pensamientos para que le traiga más novelas”. El chico se puso las manos en el rostro, ocultando su vergüenza, mientras pegaba suspiros hacia el suelo.

Si se iba ahora, sería terminar la consulta y darle una poderosa arma de doble filo a alguien como Citlali.

– Si lo hubiera querido usar a mí favor, lo habría hecho hace tiempo. Después de todo, yo he ido escuchando todos tus pensamientos por ella, desde que conectamos nuestras mentes por primera vez –.

Aether tenía una expresión abatida, mirando al suelo, incapaz de decir nada. Ya no valía la pena ocultar el sonrojo de vergüenza que lo cubría, volviendo su cara en un calor insoportable.

“Lo increíble es que conmigo o con las demás, no pareces mostrar ese mismo pensamiento lascivo. Al final, voy a pensar que Chasca es una bruja”.

Citlali sacó la conversación de su cabeza y abrió los labios, evitando que Aether pudiera responder a la duda extraña que ella tenía.

– Aether, lo que te quería decir es...que le regales tú amor, todos los días a Chasca. Si ella te regala el suyo, al menos debes demostrar de alguna manera que no solo lo aprecias, sino que no quieres que te deje de amar; y sé que la amas, mucho más de lo que ella te ama –.

Citlali le demostró su apoyo, colocándole la mano en el hombro suavemente. Aether estuvo mirándola por varios segundos, y su forma honesta en este momento, le dió seguridad y la respuesta que estaba buscando.

“No quiero perderla, pero tampoco quiero alejarme de ella. Debo tratar de ser mejor, demostrando mis sentimientos. Solo con eso, las cosas deberían ser incluso mejores de lo que ya son”.

Citlali asintió con una sonrisa alegre, ante la convicción que había rescatado Aether al final de esta consulta. Todas habían resultado valiosas, y podía sacar algo de cada una.

– Citlali –. Aether le dió una hermosa sonrisa, mirándola directamente a los ojos.

– Dime, Aether –. Ella se acercó levemente, con un pequeño rubor en la cara, volviendo su voz en una de doncella enamorada.

– ¿Cuándo dejarás de espiar mis pensamientos? –. En la inocencia del tono, había una genuina súplica en la pregunta del viajero.

Citlali pondría una sonrisa oscura que perdió todas sus coloridas emociones, cerrando los ojos lentamente.

– Oh, Aether...lárgate de aquí AHORA antes de que pierda mi aprecio por tí, estúpido –.

Se terminó la consulta.

Chasca estaba haciendo muchas cosas a destajo, menos su labor de Pacificadora porque, gracias a los Arcontes, no había conflictos que resolver.

Esta es la oportunidad más fácil de hacerle un regalo a Aether. Por ahora, no sabía cuando es el día de su cumpleaños, pero la navidad servía como una excusa puesta en bandeja.

Durante las noches, pasaba por la Relajatetera a hacer preparativos para el día pautado. Quería hacerlo una sorpresa, dentro de lo posible.

Gordi la ayudó bastante, Paimon también lo haría durante algunas horas de ciertas noches.

Paimon y Gordi le compartieron más información de la navidad, al estar invitada para la celebración.

Los tres decidieron guardar las decoraciones, para darle una pequeña sorpresa a Aether.

– Quiero impresionar a Aether. No tenía por qué regalarme un arco...y la calidad del arma es superior a todos los arcos que he usado. No lo uso solo porque es un regalo suyo, sino que realmente, es el arco de mejor calidad que he tenido hasta ahora –.

Chasca se encontraba lidiando con sus propios dilemas, preguntándose donde encontrar algo del calibre que el arco regalado por Aether.

Pese a tener mucho dinero, el viajero no es alguien exquisito con las cosas y ella lo ha podido observar.

– Paimon te da una recomendación muy sencilla y efectiva. ¡Regálale muchos besos y abrazos a Aether, y verás lo feliz que se pondrá! –. La sola idea, puso a la flotante albina muy emocionada de ternura y movió los pies con alegría.

– Estoy de acuerdo –. Apuntó Gordi, asintiendo hacía la pelirroja.

– Aether sería más que feliz, si tú lo acompañas a celebrar la navidad con él –.

No tenían que rogarle o motivarla con alguna regalía, Chasca haría eso y más, solo por el adorable Tumaini.

Suena simple, pero conociendo a Aether, él le conseguirá un regalo, sea cual sea.

Rebuscando entre los recuerdos, recordó algo que estaba colgado en las paredes del cuarto de Tumaini. Marcos de fotos, a parte de tener imágenes con sus amigos en Teyvat, guardaba muchas sobre su compisaurio.

Lo cierto es que Aether no parecía tener nada de recuerdos fotográficos o de figuras sobre su hermana.

Otras ideas podían llegar al rescate, pero necesitaba seguir maquinando mientras ayudaba con los preparativos. Además, también quería lucir algo diferente, a parte de llevar el gorro navideño como novedad de la celebración.

Cada noche, después de que Aether se quedaba dormido, el grupo se reunía en una pequeña cabaña en la playa para probar y hacer todos los adornos que usarían.

××

– Analizando patrones y resultados más comunes de regalos entre parejas –.

Los claros ojos azules provenientes de una voz femenina y estilo robótico, se iluminaron en círculos luego de hacer una búsqueda en su memoria.

Chasca quería agregar más descripciones, esperando que su nueva amiga pudiera servir como consejera y encontrar una idea. Antes de abrir los labios, Ineffa ya había terminado su proceso.

– Puedes regalarle chocolates a Aether –.

– Me guardo la idea, me será efectivo cuando estemos en febrero. ¿Qué más puedes decirme? –.

– ¿Qué tal, regalarle ropa? –.

Chasca permaneció callada, asintiendo lentamente repetidas veces ante la segunda sugerencia.

– Seguro, y puede ser algo característico de la tribu. No sé...tal vez puedo enseñarle a hacer las pintadas, o puedo darle un traje de la Tribu Plumaflora –. La pelirroja se llevó una mano a la barbilla, frotándose la piel con un dedo, mientras divagaba y hablaba en tono bajo para si misma.

Chasca podía ver nuevos caminos abriéndose, ante las simples sugerencias que Ineffa le estaba dando.

Darle un regalo a Aether sería complicado, y seguramente va a terminar dándole más de uno.

¿Le importará?

“Absolutamente, si él acepta mis acciones sentimentales, entonces podrá aceptar mis obsequios. Además, le debo mucho desde que lo conocí”.

Hinchó el pecho, antes de mostrarse más decidida a hacer una navidad increíble para Aether.

– Me dijiste que él te compró un arma, ¿no has pensado en regalarle una también? –.

– Incluso si tengo el dinero para comprarla, no sé qué arma puede impresionar a Aether...y yo sé que él tiene todo tipo de armas –.

Pese a la indecisión, no descartaría darle un arma en el futuro. La misma Paimon le ha dicho, que Aether tiene otras espadas más duras y afiladas, que la que usa actualmente. Tendría que preguntarle, porque no usa sus mejores armas.

La lista de obsequios iba creciendo para la pacificadora, quien después de meditar la opción, volvió a hablarle a Ineffa.

– Si quieres que siga dándote más alternativas para un regalo a Aether, pasaremos el día sin hacer otra cosa –.

Chasca se llevó la mano al rostro, escapando un suspiro convencida y de comprensión. Todavía había otras personas a las que quería preguntarle al respecto.

Ella le dió varias palmadas a Ineffa en el hombro, mirándola amablemente.

– Está bien, tus respuestas me sirvieron, de verdad –.

– Dejando de lado las preferencias que comparten las parejas románticas de Teyvat... –. Ineffa cambió su expresión a una más humana, mostrando apoyo a la pelirroja.

– Por lo que he visto del viajero en estas semanas en Natlan, no tengo dudas de que él no va a pedirte nada... simplemente no quiere estar solo, pero es nuevo igual que tú en esta nueva fase de amor y está asustado de cometer un error, o que lo dejes en cualquier momento –.

Chasca mantuvo una sonrisa callada. Bajó los ojos, asimilando aquellas palabras que buscaban seguir animándola a mantener sus sentimientos tan evidentes como hasta ahora. Quizás debía ser más suave en sus invitaciones, para que Aether se sintiera seguro de soltarse con ella de otras maneras.

– Intentaré darle varios regalos, pero lo importante es que pase lo que pase, estaré ahí con él. Puede que sea el regalo que más necesite al final...y quizás, puede ayudarlo a desbloquear toda la sensibilidad con sus sentimientos más escondidos por mí –.

Chasca sabía más que nadie, lo difícil que fue cautivar y romper las barreras gigantes escondidas en el corazón de Aether. Ahora, solo tenía que seguir tratando con cuidado, hasta el momento que la semilla se convirtiera en un hermoso fruto y los dos pudieran sembrar un futuro sin dudas.

××

Quería y sentía una obligación, presentarse ante su familia para hablarles de sus dudas.

Aunque no tuvieran la respuesta concreta y lógica más clara, era suficiente para que Chasca pudiera saber qué tenía el apoyo de las alas de su madre y su hermana.

Reunidos en el nido en las cercanías de Ochkanatlan, los dos qucusaurios estaban parados a sus lados y ella se sentó, con las piernas recogidas.

Silenciosamente trataba de tener nuevas ideas de regalos para Aether. Ante la tardanza, en su búsqueda dentro del mar de pensamientos que trataba de pescar, buscó un aventón de Coya y Chimpú.

– ¿Qué puedo regalarle a Aether? –.

Estaba a disposición de escuchar cualquier cosa que dijeran, y ella estaba esperando, descifrar toda clase de ideas por parte de sus familiares más longevos.

Los dos qucusaurios se miraron, Chasca vió el intercambio por el rabillo sin tener que levantar sus ojos. Mantuvo la boca cerrada, sin despejar la vista del paisaje de la antigua tierra de las cenizas.

– Chu, ¿chuuuuuu?
(Hermana, ¿nos ves la cara de saber lo que les gusta a los humanos?) –.

El graznido de Coya, tenía cierta incredulidad por la carga de aquella pregunta.

– No voy a cuestionar las recomendaciones que me hagan, al final seré yo quien decida cuál es el mejor opción –. Chasca las invitó abiertamente a decir lo que piensen. No tenía intenciones de horrorizarse o poner peros, pues apreciaba que ellas la apoyaran enternecedoramente en su amor por Aether.

Además, alguna vez podrían arrojar una idea que realmente valga la pena.

– Chuu, chuuuu, ¿chuuuu?
(Bueno, ya que insistes, ¿a Aether no le gustaría que tuvieran un hijo?) –.

– No sé si pasará, mamá. Por lo menos ahora mismo, te puedo decir con certeza que no es lo mejor –. Chasca fue lo más sutil en aclarar la sugerencia, más cerca de ser un deseo que una idea volando sobre la cabeza de Chimpú.

– Él está centrado en recuperar a su hermana, y yo lo entiendo. Por eso quiero convencerlo de acompañarlo en el vuelo de su viaje –.

Ella estaba poniendo todo el esfuerzo, en demostrarle a Aether que estaría como un apoyo y alguien para traer más facilidad en el viaje que ha tenido por Teyvat.

Además, se supone que es la última parada en el viaje de Aether. Pase lo que pase, Chasca quería estar allí presente, ayudándolo a recuperar a Lumine, pese a que esté aliada con un obstáculo de su viaje, la Orden del Abismo.

– Chuuuu, ¿chuuuuuu?
(He visto que Aether sabe bastante de hacer comida, ¿por qué no intentas prepararle algo que pueda sorprenderlo?) –.

La idea de Coya fue bastante humana, algo que sorprendió gratamente a Chasca. A fin de cuentas, pasó de ser una niña que comía las recompensas de sus cacerías con Chimpú y Coya al vivir adentrada en la naturaleza, a poder aprender a hacer su propia comida como humana; y desde que está junto al viajero, ha aprendido muchas recetas del extranjero.

Se sentía preparada para poder mostrarle sus habilidades culinarias a Aether, y la fiesta de navidad sería la oportunidad perfecta para sacar todo el arsenal, dándole una muestra.

– Hmm, esa idea me gustó. Puedo preparle algo grande como muestra de agradecimiento –.

De hecho, ahora ese sería uno de sus principales objetivos para la fiesta.

No estaba decidido la disposición y lo que prepararían para la cena navideña, pero Chasca pensaba encargarse de una parte si o si. Convencer a Paimon y Gordi no sería complicado, si es por habilidades, entonces les enseñaría que por lo menos no va a incendiar la cocina o hacer un sándwich carbonizado, como hicieron otros invitados de la Relajatetera.

– ¡CHUUUUUUU!, ¡CHUUUUUUUU!
(¡EHHH!, ¡EHHH!, ¡SE ME ACABA DE OCURRIR EL MEJOR REGALO QUE LE PUEDES DAR A AETHER!) –.

– ¡Entonces dímelo ya, mamá!, ¡me estás causando genuina ansiedad! –.

– ¡Chuuuuu...chuuuu!
(¡Proponle matrimonio, hija!) –.

Chasca permaneció atascada segundos después, sin saber qué responder a la idea de su madre.

En sí, no la consideraba imposible, pero tampoco sabía si era correcto hacerlo ahora.

Después de abrir los labios y hacer un amago de hablar, perdió las palabras, bajó la cabeza y cerró la mandíbula sin saber qué decir.

En esta ocasión, Chasca no estaba tirando la idea al baúl de las ideas desechables. A diferencia de la idea de tener hijos, un matrimonio, si tenía más posibilidades de ocurrir en el corto plazo...el problema que corría en la cabeza de Chasca es:

“¿No es muy pronto para casarnos?”.

– ¿Chuuu?, ¿chuuuuu, chuuu?
(¿Qué?, ¿está mal que tú seas quien le proponga matrimonio y no quieras esperar más a que él decida actuar?) –.

Lo cierto es que, si fuese por Chasca, podrían casarse hoy mismo.

– No, no tengo problema en hacerlo yo. En realidad lo estoy considerando, pero debo pensarlo en estos días –. Chasca habló en voz baja y compartió una sincera sonrisa, ligeramente tímida y sonrojada a su madre.

– Gracias por ayudarme con esto, significa mucho para mí –. Dijo, mirando a los qucusaurios que más conoce de todo Natlan.

– ¡Chuuuuuu!
(¡Olvida todo lo que hayamos dicho antes y apuesta por el matrimonio!) –. Chimpú estaba convencida, asintiendo entre chillidos alegres.

– ¡Chuuuuuuu!, ¡chuuuu!
(Seguro que Aether se echará a llorar en tus pechos cuando se lo propongas, ¡dale, hermana!) –.

Chasca puso la mano en los labios, riéndose en silencio por el cambio de idea que tuvo Coya por culpa de Chimpú.

Tener a toda la familia entusiasmada y llena de emoción por ayudarle con cualquier cosa respecto a Aether, demuestra que no solo están a favor de su relación, sino que también lo han aceptado como alguien cercano a ellos.

××

Al atardecer volvió a la tribu en el riflespíritu ceremonial. Necesitaba encontrar a Cusco, por suerte lo ubicó rápidamente en un globo aerostático.

Estaba hablando con unos mensajeros de los Retoños, acompañado por Ifá.

El grupo de mensajeros bajó del globo, luego de estrechar las manos con Ifá y Cusco, asintiendo en conjunto mientras se escuchaban unas risas que tuvieron. Al principio, la pelirroja notó que el veterisaurio estaba tranquilo y no tenía pensado marcharse, pero cuando la sombra de Chasca empezó a acercarse al globo, lo vió alzar la cabeza amenazado. Ella juró ver una leve tensión palideciendo el rostro del moreno, obligando a éste a moverse para abandonar el globo.

Algo le dijo Cusco, que Ifá confió en su palabra y terminó por no huir del globo de manera repentina. A ella si le parece extraño, pero a ellos no.

El hombre de cabello castaño le propinó una palmada un poco dura en la espalda, pero la inseguridad estaba apoderada en la expresión de Ifá.

– Mira, si vas a venir a reclamarme, por lo de ayer... –.

– ¿Qué pasó ayer? –. Chasca no lograba entender porque Ifá se encontraba a la defensiva, casi al punto de ponerse detrás de su padre, como si la pelirroja estuviera con los ojos inyectados de sangre y quisiera matarlo.

– Qué me echaste de tu casa cuando pasaba a saber si habías visto un iktomisaurio deambulando por los techos. Apenas puse un pie afuera de tu residencia, te pusiste a berrear y amenazar –.

– Ah, ¿eras tú el que pasó ayer en la mañana por mi casa? –.

El día anterior estaba haciendo decorativos navideños, con varios objetos de la Tribu. Al sentir una presencia que estaba cerca de su residencia, no dudó en responder agresivamente para alejar a cualquier buitre que descubriera las decoraciones y empezara a hacerle preguntas.

Chasca no sabía que se trataba del veterisaurio, pues no le dió tiempo de decir una sola palabra.

– ¿Ves?, te dije que mi hija solo estaba resolviendo sus propios conflictos que le ha provocado el amor por Aether –. El hombre puso una mano en el hombro del chico de cabello claro, señalando con la otra hacia Chasca.

Solo ella no entendía las conversaciones e ideas que tenía exactamente Cusco.
A saber lo que podía estar diciéndole a los demás. No resulta molesto, pero siempre debía estar con precaución en caso de tener que aclarar algunas cosas.

Ella si le ha contado varias cosas privadas de su amor con Aether, pero se ha asegurado de que solo sean migajas y muy dispersas. A fin de cuentas, Chasca es un libro abierto cuando se trata de mostrar su cariño por Tumaini.

– Si a conflictos te refieres, al hecho de estar pensando en algo para hacerle un regalo a Aether, entonces si puedo decir que le atinaste –.

Chasca también fue consciente de darle rienda suelta a la imaginación de su padre, dándole más razón.

Cusco abriría los ojos, escapando una sonrisa emocionada e impactada.

– ¡¿Qué le vas a regalar?! –.

– La coincidencia trae vida, eh –. Ifá sospechó en lo que pudiera estar haciendo la parejita, a diferencia del efusivo padre de Chasca, soltando una enrevesada ironía, con una mano sobre los labios en modo de análisis sospechoso.

– Tengo algunas opciones, pero no lo he decidido aún. Cuando ya esté resuelto las dudas, puedes volver a preguntarme y te lo diré –. Tarde o temprano tendría que volver a escuchar al curioso de Cusco preguntando, Chasca estaba consciente de que debía saberlo, pero el recuento de resultados será ya después, cuando termine la fiesta de navidad y pueda darle los regalos a Aether.

No quería filtraciones, ni que nada pudiera arruinar la sorpresa para Tumaini.

Y ahora, llegaba la parte más complicada y vergonzosa de la consulta.

– Y-Yo precisamente...vine...porque pensé, que podrías recomendarme...algún regalo para darle a Aether –. Entre suspiros complicados, un poco de vergüenza por decir esto con Ifá delante, Chasca pidió un poco de ayuda de su padre y bajó el rostro con lentitud, agradeciendo que el sombrero ocultara su sonrojo y los ojos inquietos.

Necesitaba salir de dudas obligatoriamente, para no perder más días y preparar todo lo que quería.

El veterisaurio se acercó sigilosamente a Cusco, sin que la pacificadora se percatara.

– Epa Cusco, como que este conflicto es tan serio que la Pacificadora no puede resolverlo sin ayuda... –. Sonó impresionado, por la mirada desviada y pasiva que mostraba Chasca en un momento como este.

Realmente Aether había logrado enamorar a Chasca, y resultaba divertido de ver. Al tenerla comiendo de su mano, que actuara tan volátil como en este momento, ruborizada, aprovechándose de esconder el rostro al bajar la cabeza y llevar el sombrero puesto, daba ternura; Ifá valoraba su propia vida, así que no quería ponerse una cruz encima y soltar cualquier risotada tontorrona, para ganarse la muerte contra ella.

– ¡P-Pero claro que sí, Chasca!; pregunta lo que quieras y trataré de darte la ayuda más clara posible. Siempre desearé lo mejor para Aether y para tí, hija mía –.

– Ehhh, a mí no me preguntes. Los únicos romances que mejor conozco, son entre los saurios –. Ifá sacudió ambas manos después de las palabras de Cusco, mostrándose reacio a participar en la colecta de consejos.

– Pero si quieres darle realmente un regalo que lo impresione, trata de ayudarlo a que participe en el siguiente Peregrinaje del Fuego Sagrado y seguro estará feliz –. El veterisaurio se iría de la reunión familiar, luego de haber dado su opinión.

“No es mala opción. Si a parte, le propongo a Aether que participemos en equipo, lo pondrá muy feliz de estar en el Peregrinaje por primera vez”.

Solo sería cuestión de llegar a un acuerdo con Mavuika, pues la Arconte también sabe del interés que Aether tiene por participar en el Peregrinaje. No deberían haber obstáculos para lograrlo, al tratarse del reciente héroe de Natlan.

Ya estando únicamente con su padre, Chasca tragó saliva y tomó aire en sus pulmones antes de contarle la idea más fuerte que estaba considerando, del regalo a Aether.

Para decírselo, tuvo que poner la mirada en el horizonte, rodeado de silencio. Sentía la expectante mirada que posó su padre amablemente, sobre ella.

– En todo este tiempo que he estado con Aether, no le había hecho un regalo –.

– Y dinero no te falta, así que espero que no sea cuestión de que hayas venido para pedir un apoyo monetario –.

Chasca se rió levemente, bajando los ojos por un momento ante el comentario reservado de Cusco.

– Gracias a los Arcontes, no tenemos problemas con eso. Ya he decidido los regalos que quiero darle, pero hay uno que estoy considerando seriamente –.

Ante la manera tan directa de Chasca en llevarse una mano a los labios, mirando perdidamente a las colinas de la tribu, Cusco se puso a su lado y estuvieron un rato en silencio.

– ¿Si yo le regalo a Aether un anillo de matrimonio, lo aceptará como una propuesta o como un regalo? –.

Cusco la miró estúpidamente en pánico e incrédulo ante la declaración de poco conocimiento que hizo su hija, en un tono desconocedor. Aguantó el grito atragantado en su garganta, quedándose boquiabierto sin más.

El pobre hombre estaba cargado de emociones fuertes, que simplemente se quedó petrificado de una ligera alegría en el interior.

– T-Tú...¿quieres darle un anillo de verdad? –.

– Si existiera algo mejor en el mundo que pudiera darle a Aether, entonces me esforzaría por conseguirlo –.

Fue el turno de Cusco para suspirar, cubriéndose el rostro con la mano mientras dejaba entrever una mueca sonriente y amplia.

“Mi muchacha está haciendo hasta lo imposible por ganarse el derecho de acompañar a Aether en el viaje de su vida...¿acaso tendré que pedirle yo mismo a ese chico, de que se la lleve de aquí, con todo el amor tan hermoso que quiere ofrecerle Chasca?”. El padre estaba pudiendo descubrir facetas nuevas y conmovedoras de la pelirroja, por culpa del sentimiento especial que ella tiene hacia Tumaini.

Es conmovedor, y como padre de Chasca, ver esta evolución desarrollada de la pelirroja lo emocionaba, siendo imposible no esconder su alegre sonrisa.

Si esta es la apuesta de Chasca por tratar de tener el visto bueno de Aether para seguirlo en su vuelo, entonces no habría porque no apoyarla. Cusco la apoyaría con todo lo relacionado en su romance con el viajero, sabiendo lo que pueden significar algunas cosas, como el hecho de su deseo de acompañarlo en su vuelo.

Cusco miró a su hija unos segundos, antes de abrir la boca:

– Si quieres hacer llorar a Aether, entonces, no veo porque no deberías hacerlo –.

Chasca rápidamente salió a responder, poniéndose pálida por la forma de decirlo de su padre.

– ¡Pero yo no quiero hacer llorar a Aether! –. Los ojos se le habían abierto, pensando que genuinamente podría deprimir a su pareja con el regalo.

– ¡No, Chasca!, cálmate. Me refiero a que Aether llorará de alegría, no sé si le vayas a dar la alegría mas grande de su vida... –. Cusco le puso la mano en el hombro, sonriendo para confortarla y quitarle la idea errónea.

– Quieres decir...¿que un anillo, puede hacerlo más feliz que encontrar a su hermana? –.

– E-En realidad, es un tema complicado si lo comparamos –.

Cusco no sabía responder bien a eso. Después de rascarse la nuca con la mirada desviada, continuó el ímpetu que tenía sobre esta propuesta que Chasca estaba contándole.

– Pero quizás, ese anillo signifique la tranquilidad de que pase lo que pase al final del viaje, tendrá una felicidad asegurada contigo. Estoy seguro de que eres la alegría más grande que ha tenido, en todo su viaje por cada nación de Teyvat –.

Una suave sonrisa se dibujó en los labios de Chasca, validando y creyendo firmemente en la seguridad de su padre.

– En vistas de que quieres viajar con Aether, y solo has pensando en él cómo al único que deseas darle un anillo, entonces yo creo que debes hacerlo –.

Todavía no lo tenía en sus manos, pero Chasca ya sostenía una idea precisa del anillo que quería junto a Aether. Los pájaros, los qucusaurios y el viento silbaban alegremente en aquella tarde, haciendo más precisos los pensamientos silenciosos de Chasca.

– ¿Mi madre humana también te regaló un anillo a tí o–.

– Nonono, el que le dió el anillo fuí yo –. Dijo Cusco entre risas, pasando a recordar días del pasado cuando estaba a punto de comenzar su familia en la tribu Plumaflora.

– En mi caso, fue en un día como cualquier otro...no estábamos celebrando nada particular. Simplemente me sentía listo de dar el paso, para iniciar una vida junto a alguien más y yo la elegí a ella –.

Chasca prefirió centrar la atención en la anécdota de Cusco, pues podría servirle como ejemplo y él era consciente, de que ella esperaba un poco de guía por su parte.

– Recuerdo que entonces, no tuve el apoyo de mi familia. Aunque la guerra no estaba tan cruenta por aquel momento, consideraban que perdería revoluciones y no sería más valiente que antes –.

– ¿Por qué decían eso? –.

– Porque así como no quería que tu madre muriera en la guerra, tampoco quería que mi familia lo hiciera. Los amaba a todos. Varios de ellos fueron guerreros de mecha muy corta. A primera hora, serían los primeros en aparecer en la primera línea de la zona de conflicto, para tratar de matar monstruos del Abismo –.

– Eso explica más del porque has sido tan prudente conmigo –.

– ¿Y te parece eso malo? –. El hombre estiró las manos abiertas a ambos lados, sin arrepentimiento por querer a su hija adoptiva con más cautela.

Chasca entendía porque Cusco adoptó la posición que tomó, no solo con ella especialmente, sino con Chuychú y su madre humana.

Si a veces este asunto lo molestaba, no tenía que ver con ellos. El sentimiento de la pérdida, la llevó a ver las cosas con un reflejo más claro, aunque al principio hubo un distanciamiento con Cusco y lo que ambos pensaban al respecto de lo ocurrido con su hermana.

Nunca había experimentado la pérdida, pero la muerte de Chuychú le dejó una lección que poco a poco, empezó a verle sentido. Quería ponerla en práctica, con el nuevo propósito que deseaba alcanzar: vivir al lado de Aether en todo lo que haga, siendo el propósito del nido de la vida que quiere hacer.

– No, en absoluto. Ahora lo entiendo, todo. A veces quiero hacer lo mismo por Aether...pero como no puedo hacer nada para pararlo, quiero apoyarlo en su viaje, y en todo los que venga después –.

Cusco vió la mano de Chasca cerrarse, pero no la apretó, sino que estaba más en un estado de "querer y no poder" debido a la respuesta faltante que deseaba escuchar del rubio.

El anillo podría cerrar todas las dudas. Para Aether, sería tener la seguridad de que alguien estará y lo amará sin importar lo que pase; Chasca quiere recibir la aprobación de Aether, para emprender vuelo a su lado y comenzar una vida nueva sin ataduras, restricciones ni miedos.

En la tribu todos entendían que Chasca, pese a ser la Pacificadora, llevaba dentro de sí un espíritu libre. Si Cusco se opusiera, sería cortarle las alas y obligarla a cumplir con promesas que ya habían caducado al terminar la guerra contra el Abismo.

Chasca sabía que después de este viaje en Teyvat, la vida de Aether como viajero no terminaría aquí. Las cosas seguirían, por lo que si o si, ella quería volar para acompañarlo en ese futuro.

Ella escuchó las historias de Aether, quien ha enfrentado peligros desconocidos para toda la tribu y sus padres, tan fuertes o incluso de un nivel aterradoramente superior al Abismo.

Esto no la asustaba. Estaría más angustiada si decidiera quedarse.

Porque también se veía capaz de servir como una mano para que él no siga enfrentando este viaje solo.

– Tienes todo mi apoyo –. Cusco le dió una palmada al hombro de Chasca, quien asintió con un poco de nerviosismo escondido en la seriedad de sus labios.

– Todavía no sé muy bien si el anillo para Aether es por un día especial, o porque ya has decidido que quieres amarlo por el resto de tu vida –.

“En realidad...creo que es el día más especial y perfecto, para poder decirle que mi vida está junto a él”.

Aether no tenía preparado algo más allá de los regalos. Paimon y Gordi le dijeron con antelación a Chasca, que no se excediera simplemente para tratar de abarcar la mayor felicidad posible para el viajero.

Las recomendaciones le entraron por un oído y le salieron por otro.

Con más ímpetu, debía poner todo sobre la mesa, y no solo los regalos y el anillo que estaba pensando darle.

El día de la celebración, Aether descubrió cuando salió de la habitación por primera vez en el día, que Chasca se había adelantado con su primera amabilidad. En colaboración de Paimon y Gordi, los tres decidieron encargarse de poner las decoraciones en mitad de la noche cuando él dormía.

Inclusive, Chasca aprovechó para analizar el árbol navideño de Aether y usó uno de los tantos árboles que está plantado fuera de casa, como réplica modelo y adornarlo en la sala. Habían trabajado de sorpresa por estos detalles, dejando gratamente impactado al rubio.

Las paredes estaban decoradas con luces de color verde y rojo. La casa se había vuelto animada desde que Chasca frecuentaba con su presencia, algo que correspondía de igual forma con el ánimo de Aether.

El árbol del salón tenía figuritas de saurios, seeles, aranaras, melusinas, todos hechos con varios minerales que están en Natlan y materiales de la tribu de Chasca.

Pese a haberla invitado y permitido que celebrara con él la navidad, Aether no estaba seguro del todo si vendría. Por una parte, no quería mostrarse desesperado e ir a buscarla; si un problema surgía, sería reprochable que fuera a pedirle que viniera.

A fin de cuentas, Natlan no estaba celebrando nada y todo el mundo tenía que seguir ocupado.

Pese a ser la primera vez que celebraría navidad, siendo especial al ser con Chasca, la inseguridad lo hacía sentirse reprimido e impotente.

No sabría cuándo vendría, porque tampoco le dió una hora exacta, como mínimo si aparece antes de que se haga navidad sería lo idóneo.

Tampoco sabía si aparecería con algo distinto encima, pues aunque se trate de una celebración especial, lo importante para Aether es que todos pudieran disfrutar.

Tener a Paimon y Gordi, pudo distraerlo por varias horas. Transcurría el día, sin señales de la persona que Aether quería ver.

Bajo el árbol de la sala, habían varios regalos envueltos con telas de Fontaine y Inazuma. Desde que Aether despertó por la mañana, nunca pasó a su habitación.

Se había puesto a pasear por el jardín y el resto de la Relajatetera al mediodía, comprobando que todo estuviera en orden y si hallaba algo extraño.

– Ay, el pobre viajero está realmente nervioso –.

– Si no tardo más de lo esperado, debería presentarme a la Relajatetera por la tarde –.

– ¿Qué más te hace falta, Chasca?; Paimon aquí ve muchos regalos para Aether –.

Después de colocar lo más ordenado y cómodo posible las cajas bajo el árbol en el salón, Chasca se puso de pie y exhaló.

– En realidad...estoy probando unas cosas con Citlali. Sabes lo complicada que es en ciertas peticiones, y no pensé que fuera más difícil cuando le pides consejos sobre escogencia de ropa –.

Por lo que estaba escuchando, Chasca estaba lista para darle una navidad cargada de agradables sorpresas a su pareja.

El resto de la mañana y el mediodía fue un duelo cargado de reflexión para Aether, quien al atardecer y ante la soledad que persistía en la Relajatetera, decidió tomar un baño y matar más tiempo.

Aunque vió la acumulación de regalos en el árbol, la ansiedad solo crecía dentro de él constantemente.

Lo dicho a Paimon no fue una falsa señal, ya que al salir del baño, escuchó a su compañera hablando con la esperada Chasca desde la cocina.

Por la mañana, ya había adelantado varios aperitivos que estaban destinados a la cena navideña.

“Me alegra que no vaya a sobrar nada de comida”. Habiendo confirmado la aparición de Chasca, las inseguridades que tenía desde que había despertado, fueron despejadas.

– ¡Se va a desmayar de la emoción cuando te vea! –.

– Solo espero que Citlali realmente me haya ayudado a escoger la mejor elección con el atuendo –.

Aether caminó sin hacer el más mínimo ruido a la cocina, escuchando el tono de expectativa y dudas en la fuerte voz de Chasca.

No pensaba encontrar nada diferente al cruzar a la cocina y saludarla. Paimon notó de reojo la llegada del rubio, haciendo que pusiera una sonrisa de intriga.

El rubio observó la sonrisa extraña de Paimon, y entonces giró los ojos hacia la persona que estaba de espaldas a él.

“¿Chasca?”. Es lo que hubiera dicho, mientras abría la mandíbula en silencio.

La sangre del viajero subió en menos de un chasquido, al momento de ver de frente a Chasca con el atuendo especial.

Los ojos dorados del rubio brillaron al borde de las lágrimas, a la par que su rostro se teñía de un color más oscuro que el rojo del traje de Chasca.

– Hola, Aether. ¿Esto es suficiente para contar como un traje navideño? –. Ella se llevó los brazos detrás de la espalda, para dejarle sutilmente la posibilidad de mirarla al detalle, sosteniendo una sonrisa que complementaba la espectacularidad de su apariencia.

Rápidamente Aether cerró los labios, sintiendo como todo dentro de sí mismo temblaba y despertaba una idea, de pasar las manos en los lugares donde sus ojos estaban siendo chismosos.

El shock provocó que se pusiera a hiperventilar, incapaz de responder sin trabarse, tartamudear o dar un tono agudo como palabra. No podía respirar adecuadamente sin jadear.

Si Aether tuviera la claridad mental de expresar su opinión del traje de Chasca, sería: "Rozando la legalidad".

Si bien portaba un conjunto de tela roja y el suave algodón blanquecino, con el sombrero navideño que le dió, varias partes tenían tatuado el tono sugestivo del conjunto.

Las cuerdas rojas que sobresalían en las partes desnudas de la piel de Chasca, apretaban los puntos más fuertes que ella tiene, desde el frente donde la cuerda apretaba su busto, como en sus piernas; tampoco quería saber la capacidad del algodón para no revelar el punto medio de sus senos.

Todavía no estaba ni la mitad de la cena navideña lista, pero Chasca había venido como si estuviera diciéndole en tono provocativo a Aether, que ella estaba dispuesta a convertirse en su cena.

La sensualidad combinaba esplendorosamente con los colores que lucía Chasca, dejando a Aether sin una respuesta coherente en sus pensamientos.

“Pues si, Citlali le dió toda su bendición a estos tortolitos y también quiere ayudarlos en su amor, ¡jejeje!”.

Paimon se puso las manos en los labios, sonriendo entre dientes ante la interacción adorable y divertida de sus compañeros.

Aether tuvo que acostumbrarse a ver a Chasca con el atuendo especial, mientras hablaban de los ingredientes y platos que habían discutido la última vez que se vieron. La pelirroja supo, leyendo la mirada del viajero, que el vestido fue un puntazo, pues Aether no podía quitarle los ojos de encima.

Es mucho más de lo que imaginaba, pero en presencia de Paimon y Gordi, trataría de no ser tan desconsiderada e ignorar su presencia para seducir a Aether frente a ellos.

El atardecer de tonalidad anaranjada adornó la ventana de la cocina. Sin prisa, ayudándose mutuamente y compartiendo varias conversaciones del día a día en Natlan, pasaron el tiempo cocinando en un ambiente que respiraba a comodidad.

– ¿No es raro que al celebrar la navidad, falte la nieve? –.

– La navidad no se celebra cuando hace nieve, ni porque sea en una fecha concreta de diciembre. Sabes que marca un día especial, donde aprovechas para recordar todo el año y desearle a todos, que sigan pasando una vida buena –. El viajero volvía a mirar hacia atrás, cuando hablaba calmadamente y nostálgico de las navidades pasadas.

– ¡Paimon adora la navidad, porque estamos todos juntos y comemos comida que no acostumbras en todo el año! –.

– Y en navidad, todo el mundo se une para ablandar sus corazones en solidaridad, y se hacen promesas importantes que esperan cumplir en el futuro –.

Junto a Aether y Chasca, Paimon y Gordi también echaban una mano en la cocina. Todos sus discursos, alimentaban el gusto de la pacificadora por estar presente en la navidad.

– ¿No has pensado alguna vez, en contarle a alguien de Teyvat sobre esta celebración? –.

– ¿A parte de Paimon, Gordi y a tí? –.

Chasca respondió con un "si" ligero. Aether detuvo sus manos, terminando de condimentar un pollo; no lo pensó mucho, y tampoco parecía encontrarle sentido a la idea.

– Lo haría, pero...cuando termino de explorar cualquier lugar, no suelo volver después de haber completado mi viaje. Conocí mucha gente especial antes y después de llegar a Natlan, pero no sé si crean en la navidad –. Por las expresiones esquivas, Aether no mostraba ánimo de pensar en alguien más que no sea Chasca.

– Tú has sido diferente, y nunca pensé que podría considerar a alguien en Teyvat que...sea especial...de forma personal y más allá –.

Probablemente muchas personas de este mundo que han conocido a Aether, tienen una mejor valoración de lo que él pudiera pensar, y así tal vez dejaría de ser tan modesto.

Sin embargo, Aether no pedía más que esto.

– De todas maneras, prefiero que la celebración quede entre nosotros. Estoy con las personas que más quiero y confío desde que llegué aquí –. La dulce mirada apreciativa del rubio a la pelirroja, hizo que su pecho suspirara de ternura.

– No voy a impedirte que no se lo cuentes a los demás, tampoco quiero que con esto pienses que tienes una obligación de guardar el secreto. Te lo conté, porque creo que eres la indicada para saberlo –.

– Está bien, entiendo tú punto. Si alguna vez considero correcto y oportuno mostrarle a alguien sobre la navidad, lo pensaré antes de revelarlo...pero es verdad, que me gusta la idea de que la navidad solo sea entre nosotros –.

Llevaba un sentido particularmente romántico y especial, mantener esta celebración como un momento especial. Chasca además, creía que sería súper especial con los regalos que tenía listos.

A parte de ayudar a preparar los platos de la cena, Chasca tuvo la oportunidad de encargarse de hacer los postres. Le pidió a Aether que le dejara hacerlo sola, pues ella quería mostrarle lo que podía preparar gracias a sus aprendizajes.

El tiempo siguió transcurriendo, hasta el momento más esperado por Paimon, la cena navideña.

Había comida digna de una celebración única y especial, suficiente para los 4, incluido si alguien quedaba con espacio para permitirse más platos.

No había nieve, pero seguía haciendo algo de frío. Por supuesto, quien más notaba esto, es quien vestía para la ocasión de la fiesta.

Luego de pasar media hora disfrutando de la comida, entre risas y conversaciones, Aether aceptó acompañar a Chasca al jardín fuera de la casa un rato.

El viento movía el cabello de la mujer, quien tenía que ver totalmente inmóvil, como el viento rozaba su piel y levantaba ligeramente su vestido, siendo observada entre sonrojos y shock por parte del rubio. Los latidos de su pareja, llegaban hasta sus oídos, resultando adorable que al verla con el vestido navideño no pueda ocultar su nerviosismo.

– P-Perdón por no haber pensado en usar un atuendo diferente –.

Después de un pequeño silencio, Chasca se puso de frente a él y le mostró una cálida sonrisa, iluminando la oscuridad que envolvía el paseo por el jardín.

– Aether, no me quejo porque te veas igual. Yo creo que estás bien. Esto lo hice porque quería impresionarte, y hacer lo mejor posible en esta navidad. Es nuestra primera navidad juntos, y quiero pasar mil navidades más a tu lado –.

Chasca colocó las manos en sus mejillas y chocaron narices al juntar rostros, mientras una sonrisa pequeña y hermosa coloreaba el rostro enrojecido del chico de brillantes ojos dorados.

– Chas...tú me has impresionado, desde el día que me enamoré de tí. Cada día te amo más; gracias a tí, mi energía para seguir viajando por Teyvat se renovó al completo –.

Tuvo que tragar saliva en medio de sus palabras, cerrando los ojos un momento, calmando el nudo creciendo en su alma debido a la emoción.

– Yo realmente quiero pasar mi vida entera contigo. Aún tengo que decidir unas cosas antes de irme a Nod Krai, pero este ya es uno de los días más felices de mi vida –.

– Significa mucho para mí que digas eso –. Chasca se encontraba llena de felicidad, agradeciendo que todo saliera bien y estén pasando horas totalmente plácidas.

Aprovechando la privacidad, Aether tomó su oportunidad de resolver la duda del porque, Chasca tomó la iniciativa realmente en saber sobre la navidad.

– ¿Podrías decirme, qué te llevó a interesarte en la navidad?, nunca te dí ninguna pista al respecto –.

No había forma de no esconder la verdad. Pues Aether ya debió haber intuido cuando comenzaron las cosas, y ella volvía a mostrar un poco de responsabilidad al recordar tal tristeza que tenía al héroe de seis naciones, en un estado débil y vulnerable que nunca vió.

Pues aunque lo ha consolado varias veces, esta ocasión fue algo que se debió a una petición de Chasca, la de que probara alcohol.

– Fue algo accidental, pero también...siento que debía hacer algo, para compensar mi error por obligarte a hacer algo que no querías –. Chasca pondría las manos en sus mejillas, siendo observada con incredulidad y genuino desconcierto por los ojos inocentes de Aether.

– ¿Me ví ridículo la noche que me invitaste a beber? –.

– Si alguien te puso en ridículo en primer lugar...fui yo. No hiciste nada malo, de hecho al principio te veías como un lindo cachorrito; pero se me rompió el corazón cuando empezaste a llorar, y tuve que sacarte de inmediato de la taberna. Aunque no lo veas así, realmente lo siento por obligarte a que tomaras –.

Aether esperó a que terminara, para ponerse a reír para sorpresa de la pelirroja quien se encontraba sin palabras. El dolor que derramó en los llantos y lágrimas, era real, ¿por qué reía después de lo que pasó?

– Está bien, acepto tus disculpas –. La sonrisa de Aether, cautivaba y contenía los sentimientos de culpa que tuviera Chasca.

– Sé que si alguna vez caigo...podré apoyarme en tu ala –.

– No importa el momento que lo necesites, Aether –.

La pelirroja tomó a Aether de la mano después de haber hablado del tema, llevándolo hasta la pequeña zona de playa que había bajando por el jardín.

La luna se encontraba tranquilamente resplandeciendo en lo alto, dándoles un poco de luz natural, y el viento mecía todo alrededor de ellos. Ese viento jugaba a favor del viajero, quien era llevado por Chasca, y cada vez que la brisa golpeaba la ropa navideña de la mujer de cabello rojo largo, tenía la oportunidad perfecta de mirar lo que había bajo el escote de su espalda.

Gracias a los Arcontes que Chasca lo estaba llevando, sino, Aether se habría detenido en seco o directamente caería desmayado ante la nueva ola de calor que opacaba por completo el frío pegando en sus brazos. El calor hormigueaba, hasta llegar a sitios donde la ropa le cubría.

Bajo los candentes y carnosos muslos de Chasca, apretados por las finas cuerdas rojas, solo habían más líneas. Si este vestido no cruzaba la linea de la lascividad, entonces Chasca tenía unos parámetros distintos de la moda.

Aether no se quejó, ni dijo nada. Sin embargo, no soportaba seguir viéndola y permanecer así tranquilo.

Ni siquiera lograba encontrar algo que lo distrajera y desviar la vista.

Sino fuera porque Chasca lo llevó a donde quería traerlo, Aether no sabría que habría pasado.

Pensó que las cosas se calmarían, aunque no sabía porque lo llevó hasta la playa.

Al seguir aturdido con semejante belleza y sensualidad frente a sus ojos, que llegaba a seducir incluso a su entrepierna, no se percató de la rapidez con la que ella rompió la distancia.

Chasca abalanzó el rostro como un qucusaurio que atrapa su presa, logrando pegar sus labios a los de Aether.

Él no pensó en parar esto, pues ya estaba lo suficientemente borracho de calor por culpa del traje de Chasca. Si quería hacerle esto, entonces respondería con más energía.

Cuando las frías manos de los guantes blancos de Chasca tomaron sus manos, no esperó más, y actuó por cuenta propia al dejar que lo llevara hacia la zona de algodón que cubría los puntos medios de su busto.

En los ojos de Chasca podía leerse un ardiente placer:
"Puedes abrir y jugar con tu primer regalo, ahora".

Apenas bastaron unos dedos sobre la tela, que bajó plácidamente para dejar al descubierto lo que terminó por volarle la sangre a Aether hasta el cerebro.

La pelirroja empujó hacia la arena al viajero, quien quedó incrédulo momentáneamente hasta que Chasca se tiró encima suyo.

El postre todavía no tocaba, pero después de una sonrisa completamente oscura y ansiosa por parte de Chasca, y luego de analizar cuidadosamente la situación, Aether aceptó la idea de darle una pequeña probada si eso es lo que ella quería que él hiciera.

Regresaron a la casa de la Relajatetera después de relajar un poco los estímulos que sentían mutuamente, para tomar el postre junto a Paimon y Gordi.

– ¿Hace tanto frío como para cargar bufandas? –.

Paimon no preguntó con ninguna malicia, al momento de recibir a la pareja que había salido a tomar un tiempo de paseo afuera.

La pelirroja había salido con Aether sin llevar nada en el cuello, pero ahora tenía algo cubriéndola; Chasca debió haber jugado de más con el cabello de Aether, quien estaba ligeramente despeinado.

El traje de Chasca se había subido un poco más del busto, casi cubriéndolo por completo, además que llevaba su bufanda roja cubriéndole el cuello.

Había cierta complicidad en sus sonrisas enamoradas, dejando a Paimon la duda, como una moneda de mora que nunca termina de caer en el aire.

Terminaron de vaciar los platos de postres, Aether disfrutó inesperadamente los dulces que Chasca había hecho por si sola, dejando la vara muy alta después de haberla probado antes de regresar a comer.

Faltaba poco tiempo para que terminara el día y pudieran celebrar navidad todos juntos, ya habían agotado todo lo que se podía hacer.

Al quedarse un momento con la mirada perdida en el árbol que montaron en la sala, Aether tuvo un chispazo de claridad y se acordó que todavía no había puesto sus regalos en el árbol.

Gordi, Paimon y Chasca dejaron todo lo que prepararon en el árbol.
No le importó que esta vez no usaran el árbol suyo; pero tenía que ir a sacar sus regalos del cuarto.

Había sido extraña la sonrisa emocionada y nerviosa con la que Chasca lo estuvo mirando, mientras subía por las escaleras.

Después de sacar los regalos envueltos del clóset de la habitación, se detuvo un momento a encender su propio árbol.

Bajo la alfombra donde estaba el árbol, vió una pequeña y peculiar caja de un color rojo y naranja. La tomó por varios segundos, quedándose con cara de póker.

“No debería verlo, por ahora. Si esto está aquí...supongo que es mejor abrirlo en el cuarto. Lo haré después”. Lo más seguro es que se tratara de algo hecho por Chasca. Entonces volvió a poner la caja en su lugar, pensando en abrirla cuando regresara a ordenar todo para ir a dormir.

Después de que Aether ordenara sus cajas en el árbol, prefirió esperar con el resto sentados en el salón.

Nadie pudo notar los nervios dentro de Chasca, pues Aether no estaba sabiendo ocultar sus emociones de que pudieran terminar la celebración de una buena manera.

Si la navidad se convertía en una costumbre única para ellos, no lo sabrían, pero Aether y Chasca deseaban pasar días así. Querían estar juntos, y faltaba un último paso para que nunca se separaran; esta medianoche pondrían el último bloque, para emprender un nido de vida juntos.

A falta de pocos minutos, todos se habían reunido bajo el árbol. Las mascotas que Aether tenía en la Relajatetera, también fueron a unirse al círculo que estaba hecho.

El proceso de entendimiento entre los animales de la Relajatetera con Chasca, resultó divertido y adorable. Ella estaba acostumbrada a los saurios, pues apenas se encontraban animales domésticos en las tribus de Natlan.

En poco tiempo, los animales encontraron un sentimiento de seguridad en ella. Muchas veces, Chasca terminaba arrastrada a entrar en los juegos que las mascotas de Aether querían.

Los lobos corrían tras ella y le ladraban, si Chasca emprendía vuelo en el riflespíritu por la Relajatetera. Les encanta perseguirla.

A los gatos les gustaba montarse sobre su cuerpo, sin importar la posición; a la mínima oportunidad que vieran a Chasca totalmente inmóvil, trataban de alcanzar los accesorios que tenía de la Tribu Plumaflora con sus patitas. Muchas veces le tiraban la visión, o se le subían a los brazos o al sombrero, pues los gatos al ver cualquier pluma pensaban que podía haber un ave cerca.

Sentada frente al árbol, tenía un gato de color blanco y rayas rubias, enrollándose sobre su vestido. Aether estaba un poco inquieto al prestar atención a la escena, pues el vestido de Chasca no es extremadamente largo y la tela de algodón podría bajar más de lo debido; no quería volver a calentarse como afuera en la playa, más aún por culpa de un gato revoltoso.

Aether tenía a sus lobos sobre las rodillas, así que estaba inmovilizado de ternura por si sucedía algún incidente.

– Puede que todo se sienta diferente desde que llegaste –. Chasca dejó de pasar la mano por el estómago del gato, levantando el rostro y dirigiendo su mirada a Aether, con ojos de agradecimiento.

– Pero...eres parte de mis recuerdos y de mi vida desde hace más de un año; aunque perdí algo, me dí cuenta a tiempo del cambio que supusiste para mí, al llegar a Natlan –.

La mejilla de Aether se tornó de un color brillante, al momento que Chasca estiró su mano y la apoyó en su piel. La sonrisa que puso, bajando los ojos ligeramente avergonzados y respirando nervioso, se hacía notar con más precisión gracias a las luces del árbol.

Chasca acarició varias veces su mejilla, logrando que Aether cediera y inclinara el rostro hacia la mano apoyada. Ahora, la pelirroja tenía dos mascotas en su control, una maullando sobre su regazo; y la otra mascota, de cabello rubio, estaba quedándose dormida al haberse dejado dominar mansamente por su pareja.

Muy despacio se arrastró, hasta quedarse al lado de Aether. No lo notó, hasta que la mano y los dedos de Chasca se detuvieron.

Esta vez hubo una mirada, llena de sentimientos cargados de esperanzas y luces en los iris de Aether y Chasca. Juntaron sus rostros, sin besarse, solo apoyaron nariz y nariz, frente a frente, compartiendo una sonrisa pacífica.

– Gracias por dejar que me convirtiera en tu esperanza –.

El gato que estaba revolcado encima de Chasca, pasó al regazo de Aether, poniéndose a jugar con los lobos que descansaban en cada pierna del viajero.

– En realidad, yo soy quien debo agradecerte...por haber aceptado mi invitación de celebrar la navidad. Ya te he dicho mil gracias por todo lo que has hecho conmigo, hasta el día de hoy –.

Aether miró con cierta indecisión a los ojos de Chasca; al pasar unos segundos, no pudo contener algo que necesitaba decirle con toda honestidad.

– Eres de las pocas alegrías que me ha dado Teyvat...y probablemente la mejor de todas –.

Después de los susurros que solo compartían entre ellos, la pelirroja le devolvió la sonrisa y enrolló a Aether en un abrazo acogedor, lleno de calidez.

– ¡REGALOS, REGALOS!, ¡LLEGÓ LA HORAAAA! –.

El abrupto grito de euforia por parte de Paimon, atrajo la atención de todos que la miraron con ojos perplejos. Las campanas del reloj daban finalmente las 12, entendiendo que la navidad acababa de llegar.

– Paimon, ejem...ejem...no te adelantes –. Gordi le dió unos pequeños golpecitos con la tetera en el costado, reprochándola con amabilidad.

– E-Eh...es verdad... –. Paimon trató de reír, pero se le notaban las ansias.

– ¡Feliz navidad! –. Gordi miró a la tierna pareja, envuelta en sonrisas y cariño mientras disfrutaban del acogedor ambiente formado en la sala.

– ¡Feliz navidad!, ¡vengan aquí que sino Paimon les abrirá sus regalos! –. La pequeña albina les devolvió una sonrisa tierna a sus compañeros, antes de tirarse de cabeza contra las cajas amontonadas bajo el árbol.

Aether soltó una risa dulce por la emoción evidente de su guía, mientras seguía sostenido por los brazos de Chasca alrededor de su estómago. Su mejilla comenzó a sentirse caliente, cuando los labios de la pelirroja comenzaron a picotearlo con cálidos y repetidos besos, cargados de felicidad.

Después de unos segundos en silencio, dejando a Chasca que hiciera su muestra de amor más normal que tanto disfrutaba, con una sonrisa tímida, ella le dijo en  susurro al oído capaz de ponerle la piel de gallina:

– Feliz navidad, Aether –.

– Feliz navidad…Chasca –. La mirada que él le dio, estaba al borde de las lágrimas, llenas de puro agradecimiento y amor por ella, al estar aquí en este momento.

Un segundo después, se movieron rápidamente bajo el árbol a disfrutar juntos con Paimon y Gordi. No pensaban quien recibiría más regalos, pues ambos ya habían disfrutado y dado como exitosa, la celebración de navidad que tuvieron.

Aunque no tuviera a Lumine celebrando la navidad desde que empezó el viaje por Teyvat…Chasca había llegado a llenarlo, de una nueva sensación de alegría en la vida.

“Y por mil felices navidades, más”. El deseo de las dos almas entrelazadas en la unión del amor, se volvieron en un solo futuro.

Puede que no fuera la fiesta de navidad más pomposa y rimbombante que pudieran haber hecho. Eso no les importaba. A ellos les llena estar todos juntos.

Chasca no estaba sorprendida por recibir un regalo de Aether, pese a haber celebrado su cumpleaños y recibir el arco hace unas semanas. Lo que la cautivó, fue la creatividad que había optado para elegir el regalo.

– ¿Esto tiene que ver con Mualani, cierto? –. La pacificadora tampoco había olvidado dicho recuerdo de la infancia, mirando el cometa precioso y preciso de lo que es un qucusaurio.

Ver la sonrisa cada vez más amplia de Chasca, le hizo desligarse de todas las ansiedades. Seguramente ella lo invitaría a jugar con los cometas en alguna parte, ya sea en Natlan o en la Relajatetera.

Por otra parte, Aether se vió sonrojado y sin palabras ante la cantidad de regalos que había encontrado en el árbol, todos por parte de Chasca.

Chasca le había conseguido un sombrero, del estilo que todos llevaban en la Tribu Plumaflora; realizó un encargo a los forjadores de minerales de los Vástagos para que hicieran pequeñas figuras de viejos amigos que Chasca había escuchado de Aether: su Compisaurio, Teppei, los aranaras, Yeht, la melusina pintora de Fontaine y su perro mecabot, Zichiong, Idyia. Todas las figuras tenían la apariencia exacta como él los recuerda, pero hechas por manos de profesionales artesanales.

También recibió una chaqueta dorada con el nombre de Tumaini, dibujada en la espalda del traje.

– Pensé como otro regalo, darte un arma…pero creo que ya tienes suficientes –.

– Podrías enseñarme a usar el arco, sería como un regalo para mi –.

– Ok. Entonces no quiero peros, cuando yo te ordene que practiques conmigo –.

Aether respondió con un leve “si, si” entre risas, cuando Chasca lo señaló sutilmente para que no se negara. Llevó el dedo hasta hundirlo un poco en su mejilla de forma tierna, mientras Paimon y Gordi compartían una pequeña risa con los intercambios entre el dúo que disfrutaba de su primera navidad juntos.

Los regalos de Chasca se centraron en su mayoría a él, pero también tuvo tiempo de encontrar algo adecuado para los demás. Le regaló accesorios que Gordi podría llevar encima de la tetera, y a Paimon le dió un peluche de tepetlisaurio para que lo pudiera tener a la hora de dormir.

Para ser la primera vez que Chasca participaba en la navidad y en el momento de abrir regalos, entendió rápidamente la sensación de alegría al compartir este día junto a Aether y los demás.

Es lo más cercano a una familia que podía tener el viajero. La no presencia de Lumine pesaba, y las navidades anteriores se sintieron con falta de chispa; ahora que Chasca estaba unida a la navidad, Aether solo ha sentido un agradable calor que a esta fecha en los años pasados, no se sentía tan intenso.

Siempre trataron de encontrar una manera de hacer más inolvidables las navidades, pero los intentos de Aether solo servían para no pensar en su propia soledad. Este año que no tuvieron tiempo de preparar algo diferente, y con la llegada de Chasca, esta navidad se había convertido en la mejor.

Pero todavía, faltaba un regalo más que él mismo llegó a olvidar. Tenía el significado más grande, especial e importante que Chasca podía darle; no pensaba verse presionada por los nervios, al momento de que Aether se dirigiera a descansar en su cuarto.

En silencio, subió con él. Aether no sabía que decir, ni tampoco esperaba lo que pudiera contener esa cajita que observó, antes de abrir los regalos con Chasca y los demás en el salón.

Solo las luces que estaban puestas sobre las paredes y los techos, seguían alumbrando el interior de la Relajatetera, después que Paimon y Gordi fueran los primeros en irse a descansar.

Paimon tenía la habitación al lado de Aether, así que nada podría impedir a Chasca acompañarlo, para expresarle sus más claras intenciones con el amor que siente por él; ella no quiere amar a otra persona, como lo ama a Aether.

– Gracias por acompañarme este día –.

No es suficiente para Chasca, acompañarlo simplemente en una celebración o un día en particular. Quería a toda costa, acompañarlo todos los días a donde sea que vaya.

– No fue nada, en serio. Me encanta la navidad y todo lo que se envuelve en esta celebración; gracias a tí por enseñármela –.

Guardaron silencio al llegar al segundo piso de la vivienda. Cuando Aether apoyó la mano en el pomo de la puerta de su cuarto, Chasca susurró algo pensando a futuro:

– Para el 14 de febrero, ya tengo algunas ideas que podríamos hacer juntos –.

De buen humor, Aether resopló con una sonrisa cómica ante las expectativas que maquinaban en los pensamientos de su pareja. Sin embargo, él creía en lo que Chasca dice y recibirá con los brazos abiertos, los momentos que puedan crear.

Aunque él prefería crear momentos alegres junto a ella todos los días.

Sobre el árbol de Aether, seguía la pequeña caja. Mientras se acercaba a recoger nuevamente el regalo envuelto en un lazo del mismo color que los lazos rojos sobre el cuerpo de Chasca, la puerta se cerró, sin que lo notara.

– ¿Aquí hay un regalo? –. Sin levantar el rostro, se sabía que la pregunta solo estaba dirigida para la persona que estaba con él en la habitación.

– Lo hay…y…quiero que sea el regalo más importante que te dé en toda mi vida –.

Aether se quedó mudo y paralizado ante las palabras de Chasca. Al sentir su mano tomándole el hombro, volteó, para encontrar un rostro decidido pero que no sabía cómo transmitir las palabras que quería decirle en este momento.
La presión y valor que debía haber en una caja tan pequeña, comenzó a poner nervioso al rubio, viéndose tierno a los iris azules de la pacificadora de Natlan.

Cuidadosamente, Chasca tomó el regalo y desenvolvió el lazo en la pequeña caja delante de él, todo esto ante la atenta y sorprendida mirada de Aether, que gestaba un sentimiento de emoción creciendo ante el brillo de los ojos de Chasca.

Un grito ahogado sobrevino de los labios del chico, al ver el contenido que había en la pequeña caja misteriosa. Los ojos se le empezaron a llenar de lágrimas gruesas en menos de un segundo, quedándose con la expresión temblorosa de emoción.

Pese a tener los ojos vidriosos, Aether se dió cuenta que no estaba soñando. No podía moverse, pero la felicidad que transmitía su rostro al ver un anillo con alas doradas y rojas, lo sobrecogió de algo que jamás experimentó hasta ahora.

– Quiero darte mi amor a tu lado, como el regalo más grande que puedo darte –.

Aether siguió llorando, soltando leves sollozos entre suspiros ante la inclinación de Chasca, poniendo una rodilla en el suelo y tomando su mano con total seguridad.

– Quiero que llores sobre mi, cuando algo sea demasiado pesado y doloroso para ti. Quiero que rías y estés alegre, para recordarte que no tienes porque estar solo. Quiero darte mi fuerza como ala, para que no tengas que estar peleando en desventaja. Quiero que no te rindas si no encuentras la solución a los problemas, pues yo puedo impulsarte al cielo a ver las cosas con claridad... –.

Chasca no tenía estudiado lo que debía decirle, pero si se trataba de algo importante como Cusco le mencionó, entonces necesitaba esforzarse en transmitir con palabras, lo que quería con Aether. No pasaba por un simple presente, quería construir algo y saber si él estaba de acuerdo en ese futuro, donde ella estaría a partir de ahora como más que una compañera de viaje y una pareja.

– Pero lo más importante que quiero saber es...¿te gustaría que yo sea tu esposa, y quien tome la osadía de seguirte en tu viaje más allá de Teyvat? –.

Aether soltó una risa hermosa, mientras las lágrimas bajaban de sus mejillas de un tono muy colorido. El silencio estaba matando y haciendo sentir miserable a Chasca, pero por él, esto no significa más que una prueba para seguir demostrando su profundo amor.

La posibilidad de haberse precipitado rondaba en la cabeza de Chasca, lo cuál la haría morirse de vergüenza y y decepción contra si misma. Lo que menos quería, es que esta relación pudiera desviarse por un movimiento acelerado.

En cualquier momento sentía que empezaría a temblar de nervios.

Aether tenía un nudo en la garganta, pero pudo soltar unas palabras en medio de tartamudeos y una aguda voz.

– ¿R-Realmente soy yo...la persona a la que quieres amar hasta la eternidad...tanto para comenzar una vida nueva? –.

– Nada me haría más feliz que, volar contigo y acompañarte en tu camino para hacer esa vida nueva, juntos –.

Aether es el nido de Chasca, donde ella quiere estar.
Él lo había entendido y aceptado, acercando más su mano a Chasca, quien tenía el anillo listo para colocárselo. La pelirroja esperó una sola frase, sintiendo un brote de alegría apunto de hacerla muy feliz.

– ¡Si!...¡por favor! –.
Ante la respuesta afirmativa entre lágrimas del rubio, fue el turno de Chasca para soltar sus propias emociones y llorar al recibir la aprobación más importante de su vida.

– Quiero que Chasca sea algo más que mi pareja o esposa...quiero que volemos juntos y miremos más allá del cielo y las estrellas –. En medio de las emociones, él logró que Chasca volviera a ponerse de pie y la atrajo en un abrazo.

Chasca salió del trance, agarrando la mano de Aether quien dejó que ella colocara el anillo plateado de tonos dorados y rojos, sobre su dedo.

– Quiero que esta sea nuestra primera navidad, la primera como esposos. Quiero que pasemos el resto de nuestras vidas juntos –.

– No sabes lo feliz que me hace escuchar tu respuesta –.

Los dos lloraron, llenos de alegría y una sonrisa compartida entre besos. Les costaba mantener el silencio, pues estaban cruzando a un nuevo estado para su relación, que solo podía seguir mejorando y fortaleciéndose con esta decisión.

Aether no ha olvidado a Lumine, pero con Chasca a su lado, puede afrontar la vida con un optimismo que nunca antes había tenido en este viaje por Teyvat.

Mientras continuaban los besos de celebración por una navidad memorable, Aether se transformaba y había llevado las manos a los glúteos carnosos, que estaban expuestos de su esposa.

Pese a sus movimientos salidos de la oscuridad, todavía había un lado de inocencia y timidez que lo llevó a hablarle a Chasca.

– ¿P-Puedo?... –.

Chasca sonrió por la ternura del sonrojo que brillaba en su rostro, aún cargado de lágrimas emocionadas.
– Ahora que nos casaremos, no necesitas pedirme permiso, y no tendré que pedirte permiso. Lo haremos cuando y donde sea –.
En mitad de las palabras suavizantes y lascivas, Chasca sonrió de forma traviesa, quitándose los nudos de las cuerdas rojas sobre el traje. El conjunto navideño cayó sin hacer un solo ruido, haciendo que Aether escapara un suspiro tembloroso al verla.

– Yo también he esperado demasiado por tus semillas de amor. Espero que liberes todo o tendré que ayudarte con eso –.

Desde ese día han pasado incontables navidades, pero el punto de partida para lo que construyeron desde entonces, no lo han olvidado. Además, también fue la primera vez que compartieron después de mucho anhelo — especialmente para Chasca —.

A su alrededor, no había el mismo entorno que los acogió en la primera navidad que celebraron.

Al abandonar Teyvat, tuvieron que dejar la Relajatetera y a Gordi; además, Lumine quiso rehacer su vida de viajera después de que Aether pudiera llegar a la verdad que tanto quería. La navidad se volvió algo de 3 solamente, pero Aether estaba más que satisfecho con la presencia de Paimon y Chasca a su lado.

Cuando finalmente terminaron el viaje en Teyvat, Aether ya había elegido que hacer ahora, y Chasca no se opuso a la idea de viajar a otros mundos.
Construyeron su nido de confort, luego encontraron un buen lugar, acompañados únicamente por la compañía inseparable de Paimon.

Finalmente después de haber agitado el jardín por años, una semilla de su amor se convirtió en algo real.
Clara llegó para unirse a la fiesta de la navidad, y los tortolitos acordaron abandonar la vida de viajeros, para disfrutar. La niña es la extensión de una luz cegadora de ternura, creada por el amor de Aether y Chasca.

Ahora son 4…pero seguramente Clara no será la única.

Al llegar al recuerdo de la primera navidad, donde la unión se consumó, admiró el anillo adornado en su mano mientras su esposa e hija compartían risas al abrir un regalo bajo el árbol. Clara tenía en sus manos, un muñeco de qucusaurio hecho de forma artesanal, y estaba alzando hacia arriba con alegría.

“Por mil navidades más como esta…”

Fue lo que llegó a sus pensamientos mientras miraba el mismo anillo en la mano de Chasca. Inconscientemente sostuvo una sonrisa amplia, al mirar el resultado de lo que había causado la navidad para ellos.

Al estar tan callado y quieto, alejado del ánimo cargado de risas y energía feliz, se ganó la curiosidad de su esposa e hija que lo miraron cariñosamente, animándolo a qué abriera sus regalos.

– ¡Papá!, ¿no vas a abrir los regalos?, ¡me esforcé mucho en hacer varios para ti! –.

Chasca lo agarró del brazo gentilmente, jalándolo para que se acercara al árbol.

– Vamos Aether, si de casualidad no me compraste nada este año, no es como si te fuera a castigar. Yo lo entendería. Pues me porté muy mal contigo cuando nos acostábamos –.

Aether puso una cómica sonrisa irónica y entendedora de lo que trataba de decir. Clara no sabía nada del contexto real de sus razones para portarse mal.

– ¿Por qué te portabas mal con papá, mamá? –.

– Simplemente quería jugar mucho con él. No te apresures, Clara. Podrás descubrirlo y entenderlo cuando crezcas y encuentres a la persona ideal –.

“¿Entonces te has portado mal conmigo desde que nos casamos?”. Aether no dijo nada, pero en su mente se divertía con los mensajes subliminales que Chasca sabía que solo podía entender él.

Definitivamente Clara anotaría la frase de "persona ideal" para tratar de encontrarle un sentido; pero en este momento, solo pensaba en abrir sus regalos y comer las sobras de la cena navideña.

– No le hagas caso al humor navideño de tu madre, Clara –. Aether le dio un ligero abrazo a su esposa por detrás, apoyando el rostro sobre su hombro, señalando a la niña de ojos dorados y cabello rojo que crecía de la misma forma que el de Chasca.

– Si en verdad me has hecho regalos, te estarás ganando puntos con los espíritus navideños para la siguiente navidad y conmigo para tu cumpleaños –.

Clara destapó una adorable carcajada, observada en silencio por parte de sus padres, sonriendo completamente orgullosos y conmovidos por la ternura de su hija.

– Oye, Paimon…¿quién te dio esos dulces? –.

– Clara, ¿por qué tienes escondido un regalo en la espalda?, si no lo abres ahora, vamos a sospechar de sus triquiñuelas –.

Pese a que se estuviera desarrollando un tráfico de dulces en pleno intercambio de regalos en navidad, se vivía un ambiente puro y agradable en el hogar que construyeron Aether y Chasca.

Notes:

No recuerdo la última vez que escribí un One Shot, y uno bastante largo. Creo que es lo mejor que puedo hacer ahora, para no crear fanfics sin conclusión y dejarlos en el aire.

¿Qué será lo siguiente que suba?
Al 100% puedo asegurar que la siguiente historia será del Chasther. Tengo ideas. Bastantes. La cosa es centrarme en una y empezarla a construir paso a paso sin dejarla de lado o olvidarla.

Y...no tengo más que decir.
Espero que les haya gustado este One Shot tanto como a mí el escribirlo, y también espero seguir subiendo cosas de vez en cuando.

Nada me impedirá seguir liderando el barco del Chasther y hacerles más historias.

Recuerden que no estoy ni enterado de que está pasando en el Genshin actualmente. Soy jugador de ps4, así que he perdido todo contacto con el juego desde principios de año.

Que pasen un buen día, tarde o noche. Nos vemos en la siguiente publicación...ojalá sea pronto.