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Lo que quiero

Summary:

Charles se da cuenta de lo impulsivo que fue aventarse al mar por Erik, sin embargo, no es nada de qué arrepentirse.
Día 2: Lujuria a primera vista/Fetiche con mutaciones

Notes:

Escrito con apoyo de mi pareja, que me acompañó y ayudó durante estos duros tiempos (Escribir smut)

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Ahora que Charles se encontraba sentado al lado de Erik en el camarote del barco, pudo darse cuenta de lo impulsiva que fue su decisión de aventarse al mar.

Pero era justificable, al menos en lo que a él concierne. Había una persona en el agua a punto de perder la vida tratando de capturar a Shaw, claro que él no se iba a queda parado sin hacer nada. ¿Arruinó su traje? sí, pero bueno, la ropa va y viene, la vida no.

Entonces, podía aceptar impulsividad en estas situaciones ¿no?

Por su lado, Erik estaba mirando al hombre, ¿Charles se llama?, desde la otra esquina del camarote, fijándose en el agua que aún seguía resbalando de su cabello. Aquel tipo que lo salvó de ahogarse era muy… interesante. Su forma de vestir no era común, y definitivamente su telepatía no era algo que un ser humano pudiera hacer. Era extraño saber que justo ahí, había alguien que era igual a él.

—Pudiste ahogarte, ¿sabes?—Erik habló sin mirarlo directamente, inseguro de si debería intercambiar palabras con él. —Fue algo impulsivo lo que hiciste.

Charles sonrió, pues no era posible que le dijera justo lo que estaba pensando.

—No puedes decir que fue impulsivo cuando tú estabas dispuesto a ahogarte para derribar ese barco.

Erik suspiró indignado, ¿qué se creía? Ni siquiera sabía lo que estaba haciendo, ni por qué. No había razón lógica para que Charles se arriesgara por él.

—Pero te lanzaste por la borda, arriesgando tu vida en el oleaje para salvar a un desconocido.

—Ah… sí, creo que eso hice ¿verdad?

Esa fue la primera vez en toda la noche que ambos cruzaban miradas. Mientras Charles lo observaba atentamente, Erik no podía evitar perderse entre los profundos ojos azules y los labios rosáceos.

Aquel hombre que lo salvó era realmente apuesto, no había manera de negarlo. No sólo era su físico, había algo igual de atrayente en su personalidad.

Charles también se había perdido en los rasgos de Erik, pero no sólo en eso. Era difícil de explicar, pero haber sentido la mente del otro había sido una experiencia diferente a lo que estaba acostumbrado, y llevaban tan poco tiempo de conocerse, que tal vez sería raro decírselo así sin más.

Ambos se quedaron en silencio, sintiendo cómo sus prendas se iban secando.

—Eh… ¿Tienes solo ese traje de buzo?— Charles preguntó, pues él podía regresar al hotel para cambiarse de ropa, pero de Erik no sabía.

—Sí, me hospedé en un hotel cerca de aquí.

Ahora, eso era información relevante para Charles.

—¿Ah sí? ¿en qué hotel?

Normalmente, Erik hubiera desconfiado del interés que el telépata tenía, pero dada la situación, igual y no pasaba nada por decirle.

—El que está en South City Park

—¡Oh! Justo ahí nos estamos hospedando— Charles sonrió, poniéndose de pie frente a Erik. —Te podemos llevar, ¿en qué habitación te hospedas?

Erik enarcó la ceja al ver al telépata tan entusiasmado.

—Creo que te estás tomando muchas libertades, Charles.— Erik dijo en un tono burlón.

—Ah sí…— el telépata dio un paso hacia atrás— Tienes razón, ni siquiera me he presentado formalmente.— Charles inhaló y exhaló profundamente. —Es sólo que no todos los días me encuentro con otro mutante, mucho menos uno tan bueno con su poder.

Extrañamente, aquel arranque de euforia le había parecido lindo a Erik.

—Tranquilo, debo confesar que también me emociona saber que hay más mutantes aquí afuera. — Por primera vez en la noche, Erik sonrió. —Eres interesante, Charles.

Interesante. Eso quería decir que tal vez sí se podrían conocer mejor. Porque después de lo que presenció, Charles en serio quería conocerlo mejor.

—Supongamos que te digo mi número de habitación, ¿qué pretendes hacer con esa información?

Charles se sonrojó, pues sí tenía una idea pero ahora sentía que había sobre reaccionado.

—¿Visitarte?— Charles trató de calmar su temblorosa voz —¿Invitarte por un trago?

Erik se mantuvo sereno, disfrutando la manera en que Charles se iba poniendo cada vez más nervioso. Para ser un telépata, no parecía ser muy bueno con esto de socializar.

Y sí, usualmente Charles era este carismático casanova que se la pasaba conquistando personas, sobre todo mujeres, ayudándose de su telepatía para verse confiado. Pero es que Erik no era cualquier persona. Dios, el hombre levitó un ancla en el cielo con tanta precisión que se sintió intimidado.

De una manera muy peculiar.

—Bien, lo acepto. Estoy en el 415.— Erik se levantó, —Necesito bañarme, nos vemos en media hora ¿está bien?

Oh dios, Charles estaba demasiado distraído viendo lo pegado que puede ser un traje de buzo cuando está húmedo que por poco no capta que Erik estaba aceptando la invitación.

—Genial, perfecto, estoy en el 426.— el telépata se apuró a decir antes de quedarse en silencio admirando el cuerpo de Erik. —Entonces llegamos y en media hora nos vemos en el lobby.

—Perfecto.

Erik salió del camarote y Charles sólo atinó a quedarse parado. Acaba de conocer a un nuevo mutante. Uno muy poderoso. Uno que lo considera interesante. Y le aceptó un trago.

—Perfecto.— dijo Charles con una sonrisa tonta.


La media hora pasó muy rápido, y Charles no sabía si ese era un buen o mal indicio de lo mucho que estaba anticipando esta salida con el desconocido. Que en realidad no era tan desconocido porque Charles pudo alcanzar a ver una gran parte de la vida de Erik en esos segundos que pasó dentro de su mente.

—Charles ¿llevas mucho tiempo esperando?

La voz de Erik lo sobresaltó.

—No, no, para nada, acabo de bajar.— Charles sonrió, disimulando el nerviosismo. —Dime, ¿prefieres fiesta o algo más reservado?

—Vamos a un bar. No soporto el ruido, ni a mucha gente en un sólo lugar.

Charles asintió y tomó el brazo de Erik.

—Entonces vayamos a un bar.

—Vamos.

Charles era una persona bastante peculiar, si Erik era honesto. Tanto que a pesar de ser un telépata, no lo podía clasificar como una amenaza. Su complexión delgada y un poco baja no ayudaba, y aún así, Erik no creía que Charles fuera de esos peligros latentes.

Tal vez por eso le aceptó la invitación.

El camino fue corto, pues apenas cruzaron la avenida se encontraron con un bar tranquilo, con poca gente.

—¿Ahí está bien?—Charles preguntó, observando desde afuera.—Hay poca gente y la música no está muy alta.

—Creo que está bien, —contestó Erik mientras guiaba a Charles hacia dentro. —Así podemos hablar de por qué te interesa tanto conocerme.

Charles se sonrojó en cuanto Erik dijo eso, pues de hecho sí se aceleró un poco en esto de querer conocer mejor a otro mutante. Pero vamos, era el segundo que conocía en toda su vida, claro que le interesaba.

Le interesaba y no tenía nada que ver con la manera en que Erik pudo manipular el metal con tanta precisión. Ni con sus grandes manos. Ni su figura esbelta y musculosa. Era pura curiosidad científica, pues jamás había encontrado otro mutante tan desarrollado. Sí, definitivamente era eso.

—Entonces,— Erik dijo, acercándose a una de las mesas vacías. —me querías conocer porque soy un mutante y tú también.

Charles asintió mientras tomaba asiento justo al lado de Erik.

—Como decía, no todos los días se conoce a un mutante allá afuera, sobre todo no uno que parece manejar muy bien su mutación.

Erik miró fijamente a Charles, decidiendo creer su explicación.

—Acepto el halago, pero créeme, conseguir manejarlo así no fue fácil.

—Me imagino. —el telépata alzó el brazo para llamar a la mesera, —¿Cerveza o cóctel?

—Cerveza, si tienen alemana, mejor.

Charles asintió, pidiendo una bebida para él y la cerveza para Erik.

—Alemana… ¿Gustos exóticos?

—Se podría decir.

Charles entrecerró los ojos con sospecha.

—O es porque no eres de aquí, ¿verdad?

Erik asintió y habló

—¿Por qué me preguntas? ¿Acaso importa?

El telépata negó con la cabeza, sonriendo.

—No es que sea relevante, pero es parte de conocer a alguien.— Charles se acomodó en el asiento, acercándose un poco más a Erik. —Yo soy de Westchester, aquí en Estados Unidos.

Para Erik, Charles parecía una persona genuina, pero decirle sobre su origen era algo demasiado delicado como para decirlo así, sin más.

—Si no me quieres decir, está bien.— ese tono, más que ser tranquilizador, le hizo sospechar a Erik.

—Ya sabes de dónde vengo, ¿no es así?

El telépata se tensó inmediatamente. Sí, técnicamente sí lo sabía, de nuevo, vio toda la vida de Erik pasar por su mente cuando se lanzó al agua por él.

—Mira, lo sé, pero no quiero saltarme estas conversaciones.

—¿Lo sabes?— Erik se enderezó en su asiento — ¿Entonces para qué preguntas?

Siendo honesto para sí mismo, era una pregunta completamente válida, considerando lo que la gente piensa de los telépatas.

—No, yo- Es decir, podría no hacerlo, pero no sería correcto ¿Me entiendes?

Erik frunció el ceño.

—No realmente. Si ya sabes algo, no hay necesidad de pedir explicaciones.

—Tiene que ver más con el consentimiento-

—Eres mejor persona que yo, siento que en tu lugar sacaría información de todos.

Charles lo miró fijamente por un momento antes de soltar una risilla.

—Crecer con telepatía cambia nuestra perspectiva. Pero no te voy a mentir, puede que haya algún telépata allá afuera que lo use a su beneficio.

—¿Tú no lo harías?

Antes de que el silencio entre ambos se hiciera incómodo, la mesera llegó con las bebidas para los dos. Charles las tomó mientras le mostraba una sonrisa a la joven, quién sonrió de vuelta y se fue.

—¿Quieres saber más de eso? ¿O lo dejamos para otra ocasión?

Ahora fue el turno de Charles de enderezarse.

—¿Me estás diciendo que planeas quedarte un tiempo más?

Erik ladeó su cabeza, frunciendo ligeramente el ceño.

—¿Por qué suenas tan sorprendido por eso?

—Ah, por lo que vi, me sorprende que quieras quedarte otro poco por aquí.

Erik tomó su tarro y se lo llevó a los labios. Charles lo vio dar el primer trago de cerveza y optó por tomar de su margarita.

Después de que Erik dejara su tarro sobre la mesa, se puso a trazar líneas en la superficie fría y empañada.

—Dime, Charles, ¿Qué fue lo que hizo que quisieras salvarme?

Charles tomó un poco de la sal alrededor de la copa con el dedo y lo puso en su lengua. Era una pregunta simple y a la vez difícil de contestar, pues con su telepatía de por medio, Charles solo puede hablar de manera intensa.

—Verás…— comenzó mientras seguía tratando de acomodar sus ideas. —Cuando estaba en el barco, sentí una punzada dolorosa y ruidosa que me obligó a escuchar…

Una carcajada salió de sus adentros mientras se pasaba la mano por el cabello

—Dios, ¿Cómo digo esto sin sonar como un desquiciado?

Erik enarcó la ceja al escuchar y ver al telépata tan agobiado.

—Dilo, cualquier cosa que digamos de nuestras mutaciones va a sonar igual porque no somos “normales”— El metalokinético hizo énfasis en las comillas.

—Nunca había sentido una mente tan impactante y hermosa como la tuya.

Claro, de los miles de descriptores eso era lo que más se acercaba. Erik se congeló mirando a Charles, como esperando al remate de un chiste. Porque sí, él no esperaba ninguno de esas palabras, mucho menos del lindo extraño que estaba sentado frente a él.

Aunque, a estas alturas sentía que ya no podía llamarlo extraño.

—Jamás creí que llegaría el día en que alguien llamara mi mente “hermosa”

—Bueno, créeme. He estado en muchas mentes desagradables y no compartes nada con esas.

—No creo que hayas estado en tantas mentes, te ves joven.— Erik rió. — ¿Cuántos años se supone que tienes? ¿Veinte?

—Veinticinco, así que no tan joven.— Charles le dio otro trago a su margarita. —¿Y tú? No calculo más de treinta.

—Eres bueno.— Erik copió el movimiento y tomó otro trago de su cerveza.— Tengo veintiocho.

—Veintiocho y con ese control sobre tu mutación… Para tus sesenta vas a ser imparable.

—Si sigo con esta racha de querer sobrevivir a un mundo que me odia, puede que sí.

Cierto, Erik lo dijo y Charles ya lo había visto, la maestría que poseía sobre su mutación tenía mucho que ver con todo el tiempo que estuvo luchando por su supervivencia.

—O solo por el hecho de aprender, —Charles sonrió y puso sus dedos sobre su sien,— incluso de divertirte.

En ese momento vio como Charles hizo que un hombre borracho se pusiera a bailar en medio del bar.

Erik no pudo evitar reír. A pesar de lo jodido que era ver lo fácil que Charles tomaba control sobre la mente de otra persona, estaba lo suficientemente relajado para no preocuparse por su integridad.

—¿Esa es tu idea de diversión? — Erik dijo con malicia. — Es sólo un borracho controlado por ti.

Charles estaba a punto de contestar, pero vio a Erik concentrado buscando a su alrededor.

—¿Por qué no lo intentas con alguien que esté un poco más sobrio?

—No voy a arruinarle el turno a los que están atendiendo, Erik.

De nuevo, el otro se quedó en silencio, esta vez sopesando algún pensamiento suyo.

—Inténtalo conmigo entonces.

—¿Qué?

En otra situación, Charles se hubiera negado rotundamente. Pero él y Erik estaban pasando un buen rato.

—Bien, no te voy a hacer nada, sólo voy a meterme a tu cabeza.

Erik sonrió, como si realmente estuviera entusiasmado de sentir a Charles en su mente otra vez.

Charles tomó su copa y bebió el resto de la margarita de un trago.

—Bien, ven para acá…— Charles puso sus manos sobre las sienes de Erik, quien lo miraba con una mezcla de admiración y ansias.

Charles cerró los ojos y dejó que su mente se entrometiera en los pensamientos de Erik.

¿Cómo te sientes?

Charles preguntó mentalmente tan pronto como su mente se instaló en la de Erik.

—Bien…— Erik lo estaba mirando fijamente mientras del resto de su cuerpo estaba inmóvil en el asiento. —Muy bien.

El telépata sonrió, pues ahora podía aprovechar para mostrarle a Erik cómo se siente ser controlado.

—Siento cosquilleo en mi nuca ¿es normal?

—Sí, es normal. Es ahí a donde llegan las señales telepáticas.

Sin perder más tiempo, Charles hizo que el brazo de Erik tomara el tarro, y al poco tiempo, Erik se tomó la cerveza sin ser participe activo. Cuando dejó el tarro en la mesa, Charles terminó la conexión telepática, dejando que Erik recuperara control sobre su cuerpo.

Erik se recargó en el respaldo de su silla, jadeando mientras veía a Charles.

—¿Y? ¿Qué opinas?— el telépata preguntó mientras veía a Erik tratando de controlar su respiración. —¿Genial? ¿Interesante? ¿Aterrador?

Se notaba la insistencia de Charles mientras hablaba emocionado, pues no siempre tenía la oportunidad de saber un poco más de cómo las personas se sienten durante el control mental.

—Mi turno. — Erik dijo con una voz grave, usando su magnetismo para atraer a Charles hacia él. —Ya estuve aquí toda la noche tratando de averiguar lo que quieres de mi desde que me rescataste y nada.

La respiración agitada de Erik lo hizo sentir confundido por un pequeño momento.

—Charles, dime qué es lo que quieres.

Fue entonces que la inocencia se perdió del rostro de Charles, dejando en su lugar una sonrisa ladeada.

—¿En serio quieres saber?

Erik lo tomó por el cuello para acercarlo aún más.

—Dime.

Fue cuando el maldito de Charles se mordió el labio inferior.

—Mejor te muestro.

En la mente de Erik, de pronto se comenzaron a ver imágenes de él, mojado por el mar. Lo pegado que estaba aquel traje de buzo al cuerpo de Erik. La prominencia que Charles notó más de una vez mientras se secaban en el camarote del barco.

—Desde que sentí tu mente en mi cabeza, no he podido pensar en otra cosa que no seas tú…— Charles susurró— Tu maldito y bien torneado cuerpo.

Y lo mucho que quiero que me cojas ya.

Charles agregó telepáticamente.

Eso fue suficiente para que Erik tomara a Charles de la muñeca, arrastrándolo a la barra donde azotó el dinero, y después llevándolo a la calle.

—Lo hubieras dicho antes.— Erik dijo soltando a Charles y tomándolo por la parte trasera de las rodillas para cargarlo sobre su hombro. —Llevo toda la noche tratando de ignorar tus malditos ojos azules y tus jodidos labios rosas.


Si les preguntaran, ninguno sabría decir con exactitud cómo fue que llegaron hasta el cuarto piso del hotel. Sólo saben que llegaron, y que Charles fue directo a la habitación de Erik.

En cuanto Erik cerró la puerta, el telépata lo tomó por el cuello de la camisa, para acercarlo a sus labios y besarlo apasionadamente. Tan pronto como lo hizo, Erik lo azotó contra la puerta atrapando a Charles con su cuerpo.

El estruendo pudo haber despertado a más de un vecino, pero poco les importó.

Erik tomó a Charles por la cintura para acortar aún más los escasos centímetros de distancia entre ambos; las grandes y duras manos del amo del magnetismo tuvieron en Charles tal efecto que el telépata solo atinó a gemir y apretar con más fuerza la camisa de Erik.

Aquel beso y las desesperadas caricias continuaron mientras sus jadeos y respiraciones entrecortadas llenaban el silencio de la habitación. Cuando Erik necesitó aire, se apartó. Viendo hacia abajo, el metalokinético cruzó miradas con el telépata, quién lo estaba viendo con ojos suplicantes. Podía sentir sus piernas temblando con debilidad, Dios, ¿Cómo no había notado lo mucho que Charles lo necesitaba?

Lo necesitaba y lo quería ahora.

—Cama…ya— Charles jadeó

Por favor.

Eso último lo dijo Charles a través del vínculo telepático que había creado entre ambos.

Erik sonrió pícaramente y cargó a Charles en sus brazos.

Una vez en la cama, Charles obligó a Erik a soltarlo.

—¿Qué estás-?— La pregunta se quedó a medias, pues Charles empujó a Erik a la cama, haciendo que se sentara en la orilla.

Entonces, Charles subió a la cama, poniendo sus rodillas en ambos lados de las caderas de Erik. El otro sólo podía ver a Charles expectante; sin mucha espera, Charles comenzó a desnudarse lentamente, controlando a Erik para que no pudiera hacer más que mirar.

Charles podía sentir lo ansioso y excitado que estaba Erik mientras la ropa se deslizaba por su cuerpo.

Erik gimió con desespero mientras apreciaba la imagen que Charles le estaba dando. Su esbelta figura bañada por la luz de luna que entraba por la ventana. Esa tersa y suave piel que rogaba por ser mancillada.

Era increíble el deseo desbordante que sentía por alguien que apenas conocía.

¿Quieres ayudarme?

Charles preguntó telepáticamente mientras tomaba la hebilla de su cinturón.

Erik tragó saliva y asintió con desespero. En cuanto Charles le liberó el control de una mano, el mutante hizo un ademán para arrancar el cinturón y bajar el pantalón de Charles con urgencia.

Ambos soltaron una risilla y Charles sonrió, mostrándose completamente a Erik quien solo pudo acomodarse en la cama debido a la creciente incomodidad que le generaba la entrepierna en el ajustado pantalón.

El joven Xavier se lamió los labios y jalando a Erik de nuevo, Charles comenzó a besarlo, sintiendo un escalofrío al restregarse en el regazo de Erik. Sus labios no se despegaron ni un segundo mientras iba abriendo los botones de la camisa que Erik aún tenía puesta.

En cuanto liberó el torso de Erik, Charles aventó la camisa lejos.

—Acuéstate.

Charles comandó, presionando el pecho de Erik con su mano sólo para poder deslizarse hacia abajo besando, mordiendo y lamiendo el torso definido del otro, quien solo podía jadear.

—Charles…

¿Duele?

El telépata preguntó a través de su vínculo al ver que Erik se estaba retorciendo. El otro inmediatamente negó con la cabeza, dándole permiso a Charles de continuar.

Así que él prosiguió, deslizándose aún más hasta llegar a la frontera que lo separaba de aquel bulto palpitante que no hacia mucho, había sentido restregándose entre sus nalgas.

Charles se mordió los labios con ansias mientras desabrochaba el botón del pantalón de Erik. El otro aprovechó para bajar el cierre, ayudando al telépata a liberarlo más rápido. Cuando Charles jaló el pantalón y la ropa interior, dejado el miembro de Erik al descubierto, su corazón latió con más fuerza. Sentía el calor que emanaba la entrepierna de Erik, cómo este lo invitaba a aproximarse a él, su respiración haciendo que la erección de Erik palpitara con más fuerza.

Charles tomó el miembro entre sus manos y comenzó a usar aquellos labios rojizos, delirio de Erik, para estimularlo con cautela y deseo. Erik no podía hacer más que retorcerse por los movimientos del telépata. El cosquilleo en la parte trasera de su nuca lo estaba obligando a centrarse sólo en las sensaciones, disfrutando de la humedad y el calor de la boca del otro.

Vamos, amo del magnetismo, muéstrame lo que puedes hacer.

Erik sintió una descarga eléctrica recorrer su columna. En cuanto Charles lo liberó del tortuoso letargo, Erik hizo un ademán, convirtiendo la rígida base de metal en tentáculos que tomaron por sorpresa a Charles, inmovilizándolo.

—Querías ver lo que puedo hacer ¿No?— Erik se levantó y tomó la barbilla de Charles entre sus dedos. —Mi turno, schatz…

Con otro ademán, Erik amarró los brazos de Charles a su espalda. De la misma manera, amarró los tobillos a los muslos del telépata, forzándolo a quedarse abierto de piernas en una posición lasciva y cautivadora, todo un espectáculo para su disfrute.

—Te voy a hacer disfrutar tanto como me has hecho sentir, Charles.— Erik susurró, acercándose amenazadoramente al cuerpo ahora indefenso del telépata.

Por favor.

El Maestro del magnetismo tomo los muslos del telépata y aproximo su boca a la entrepierna de Charles quien solo pudo gemir al sentir la humedad escurriendo entre sus piernas.

—¡Erik!

Charles jadeó, retorciéndose inútilmente mientras trataba de soltarse de aquella prisión metálica.

—Charles,— Erik se separó por un momento —en el bar me preguntaste por la precisión de mis poderes. — Recuperando el aliento, él continuó— Te lo voy a mostrar.

Erik tomó a Charles en su boca una vez más, y mientras lo hizo, con una mano comenzó a transformar una parte del metal de la habitación en un sólido fálico. Una vez listo, Erik se separó.

—Oh Schatz… Vas a disfrutar esto tanto como yo.

Usando aún más saliva, Erik humedeció el pequeño objeto y lo aproximo a la entrada de Charles, quien solo podía sentir la presión incrementando en dicha zona.

—Erik…— Charles no podía decir algo más que no fuera el nombre de aquel mutante.

—Relájate, schatz.— El telépata lo hizo, y en cuanto su cuerpo se destensó, el objeto invadió su interior. El gemido que siguió fue tan fuerte que Erik en una fracción de segundo creo una mordaza de metal para silenciarlo.

—Sé considerado, Charles. No queremos molestar a nuestros vecinos ¿Verdad?

—Hnngh

Claro que Charles no podía decir algo más, en especial no si su boca estaba bloqueada por el metal.

—Tranquilo, dime qué es lo que quieres.— Erik dijo mientras empujaba más adentro el objeto.

¡Más! ¡Quiero más!

Erik devolvió el mensaje con una sonrisa.

—¿Así que quieres más?— Erik sonrió con lascivia y sin darle tiempo de pensar, chasqueó los dedos, haciendo que el objeto dentro de Charles comenzara a vibrar con potencia.

—¡Hmmph!

Mientras Erik admiraba a Charles y la manera en la que se retorcía de placer, el telépata aprovechó para obligarlo a quitarle la mordaza.

—Ah, ya veo lo que quieres, Charles.— Erik sonrió en cuanto quitó la mordaza. Sin tiempo que perder, el metalokinético hizo un ademán con su muñeca, obligando a Charles a quedar de cabeza.

—Abre la boca.

La voz de grave del otro hizo que Charles estuviera a punto de gemir, sin embargo, ningún ruido salió, pues ahora tenía la boca llena con el miembro duro y palpitante de Erik.

—Tan obediente…— Erik no perdió tiempo y comenzó a mover sus caderas, usando la boca de Charles para darse más placer.

El telépata tenía los ojos llenos de lágrimas, pues apenas podía respirar. No le importaba, el quería seguir disfrutando de las sensaciones que Erik le estaba dando. El objeto vibrando en su interior, el miembro de Erik casi asfixiándolo eran demasiado buenos. Pero no era suficiente. Lo necesitaba a él.

Con la fuerza necesaria, Charles le pudo mandar un mensaje telepático.

Te necesito dentro, Erik. Por favor.

— Ah, mírate. Ni siquiera tuve que decírtelo.

Erik sonrió y se alejó de Charles, dejando que el metal vibrara mientras poco a poco controlaba el resto de la estructura para dejarlo a la altura perfecta. El mutante tenía su miembro en las manos, listo para darle a Charles lo que quería.

—Mira lo duro que estás, schatz.— Erik se burló,acercándose para frotar ambos miembros juntos en lo que alcanzaba el metal para retirarlo de Charles.

—¡Erik, por favor!— Charles gimió.

Erik finalmente retiró el juguete, haciéndolo sentir vacío. Después de ello, le dio una nueva forma al metal en su mano, y sin advertencia, lo puso alrededor de la sensible cabeza de Charles.

—Qué-

La pregunta se vio interrumpida en cuanto Erik hizo que el metal vibrara de nuevo, pero ahora estimulando por fuera. Charles sentía que enloquecería de placer hasta que sintió una gran, caliente y palpitante presión en su entrada. Ni siquiera pudo procesarlo completamente hasta que Erik empujo sus caderas contra las de Charles, llenándolo por completo.

El telépata solo podía repetirle a través del vínculo lo mucho que necesitaba que siguiera, que lo embistiera más rápido, más fuerte. Erik no sabía si era mejor escucharlo en su cabeza o ver lo extasiado que Charles se veía.

Sus ojos estaban nublados por el placer, y dios, sus labios rogaban por ser mordidos. Sin siquiera pensarlo, Erik tomó el labio inferior del telépata entre sus dientes mientras comenzó a embestirlo con más fuerza.

Y en lugar de palabras, el vínculo telepático no era más que una serie incoherente de sensaciones que Charles compartía con él, haciendo que Erik sintiera el mismo placer que él estaba experimentando.

Esta sería una larga noche.


El sol comenzó a asomarse a través de la ventana, dando la luz directamente a la cara de Charles.

—Hmmg, todavía no.— Se quejó mientras se tapaba el rostro con una almohada.

A su lado, Erik sonrió al verlo comportarse así.

—Oye, ¿no se supone que teníamos que vernos en…— Erik vio su reloj— diez minutos con los tipos de la CIA?

—¡Mierda!— Charles se levantó de un salto, buscando su ropa. Fue en medio del frenesí que el telépata razonó lo que Erik acababa de decir.

—¿Te vas a quedar con nosotros?

—No veo por qué no, todos vamos tras de Shaw, ¿no?

Charles sonrió cálidamente. Tal vez su impulsividad no era tan mala después de todo.

Notes:

No recuerdo cuándo fue la última vez que escribí smut, pero ahí ta.