Chapter Text
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Su nombre es Nakamura Okuto, estudiante de tercer año de preparatoria y, sin duda alguna, un chico gay muy tímido.
Sin embargo, nada de lo anterior es relevante para el momento específico que Nakamura está viviendo en este instante; un momento estresante para cualquier estudiante japonés promedio.
No, no son los exámenes de universidad. Esos ya los presentó y aprobó, consiguiendo entrar a la universidad que quería, esa con dormitorios incluidos que le permitirán irse de casa.
No, tampoco habla del último festival deportivo o del último festival cultural. Ambos ya sucedieron y Nakamura... bueno, se divirtió, si es completamente honesto consigo mismo.
De lo que habla es de la graduación.
Y no, no la ceremonia. Sabe que dirán su nombre y pasará al podio como uno más, sin causar ningún revuelo o bullicio, porque su presencia durante los tres años de preparatoria se mantuvo igual de invisible.
Quizá uno que otro lo reconozca, algún estudiante fuera de su clase o algún profesor, más nadie, más allá de sus compañeros de graduación (y eso tampoco lo espera demasiado), hará de su presencia en el podio, recibiendo su diploma como un “gran” acontecimiento.
Entonces, teniendo en cuenta esto...¿En qué consiste dicho momento estresante?
A decir verdad, nada tiene que ver con su tercer año o con la graduación en sí, o quizá sí. No, de hecho sí tiene que ver, y muchísimo.
Porque fue el conocimiento inevitable de saber que sus días de escuela terminaron, que su vida tomará otro rumbo, lo que le hizo tomar la decisión definitiva más importante de su vida.
Hoy, luego de la ceremonia preparada por la escuela, cuando lleguen las despedidas y todos estén muy ocupados llorando lágrimas de cocodrilo, prometiendo no olvidarse de manera ingenua o asegurando que seguirán frecuentándose, él llamará a Aiki Hirose a un lugar apartado y le confesará sus sentimientos.
Solo pensarlo le da ganas de vomitar.
Aun así, aunque su estómago y sus glándulas sudoríparas estén haciendo una fiesta en su contra, Nakamura está decidido. Aquí, sentado junto a sus compañeros, escuchando a su próximo exdirector dar el discurso de despedida, se repite una y otra vez mentalmente: “Voy a hacerlo, voy a hacerlo, voy a hacerlo”.
Puede sentir las miradas cautelosas y ligeramente desconfiadas de las personas cerca de su asiento, de seguro a causa del tipo de aura concentrada que está emitiendo. Espeluznante, opinarían algunos, aunque Nakamura no entiende a qué se refieren.
No es que importe.
Las miradas son lo de menos. Está acostumbrado, por así decirlo, sin mencionar que lo prioritario en su cerebro es su misión. Por eso desvía la vista un poco hacia la derecha, al frente, y echa un vistazo a la parte posterior de la cabeza de su objetivo.
(...¿Por qué eso suena como si fuera un sicario?)
No, no, no objetivo, no.¡Su propósito!.
El cabello castaño se mueve ligeramente cuando Hirose, su centro de atención, echa la cabeza hacia atrás y bosteza de forma disimulada a causa del aburrido discurso. Nakamura se contagia del bostezo, todo porque lo mira fijamente y sin pestañear, en busca de aliento para mantener su resolución.
No obstante, en el momento en que su boca se abre de forma ridícula para bostezar, Hirose parece sentir su mirada, porque gira levemente la cabeza en su dirección. Sus lindos y adorables ojos grandes color chocolate, buscan el origen de aquel presentimiento de estar siendo observado. Toma unos cuantos segundos para que Hirose se encuentre con sus ojos y se dé cuenta de que era él el culpable.
Nakamura cierra la boca de inmediato, tragándose el bostezo y, en su lugar, haciendo una expresión tonta y forzada que si no se equivoca, provoca que su compañero de la derecha suelte un ruido extraño y ligeramente alarmado. Una vez más, no le importa cómo de rara se ve su cara aguantando un bostezo a medias, porque Hirose parece encontrarle gracia, resoplando antes de cubrirse la boca para acallar la risa y evitar ser regañado.
Ah~
Nakamura se siente dichoso de ser quien lo haga reír, aunque sea a costa de su cara ridícula.
La dicha se duplica cuando Hirose se recompone y le dedica una sonrisa maliciosa de medio lado, sin dejar de mirarlo, antes de alzar la mano, específicamente dos dedos, y agitarlos en un saludo acompañado por el movimiento de sus labios en una frase silenciosa que Nakamura no logra interpretar.
Maldita sea, ¡¿por qué nunca aprendió a leer los labios?!
Aun así, decide interpretar aquel gesto como un simple hola, que devuelve de forma torpe asintiendo con la cabeza y alzando a medias su propia mano con cierta timidez. Quiere patearse por no lograr hacer algo mejor, sin embargo, la interacción no dura más de unos cuantos segundos. Después del saludo, Hirose vuelve a girarse como si nada, como si no hubiese dejado el corazón de Nakamura completamente derretido, y concentra una vez más su atención en el discurso que continúa al frente.
Nakamura apenas logra refrenar el impulso de llevarse una mano al pecho, lleno de cariño con tan poco.
Su resolución de confesarse acaba de renovarse.
¡Sí! ¡En definitiva, hará esto!
Y lo hará hoy.
Porque... porque si no es hoy, no será nunca. Su tiempo se acaba y Nakamura, aunque es feliz con la amistad que ha construido, presiente (como descubrió hace semanas) que este será el final.
.
Está hecho. Ya no hay marcha atrás.
La ceremonia terminó y los ahora exestudiantes de tercer año se felicitan y despiden entre lágrimas o sonrisas. Lo clásico, como ya predijo.
Sorprendentemente, Nakamura sí tuvo algunos compañeros de los cuales despedirse. Kawamura por ejemplo, fue una de ellas, quien curiosamente también le pidió un momento a solas para hablar y por supuesto, él le dijo que sí, pues ella es...
Ni siquiera sabe si llamarla amiga, porque aunque fue una de las compañeras más cercanas con las que coincidió durante los tres años de preparatoria, nunca le preguntó si en verdad podían considerarse amigos. Tal vez la etiqueta quedó implícita desde la primera vez que coincidieron en el evento de firmas de su autor BL favorito, o quizás eran simplemente colegas fudanshi-fujoshi. Sea como sea, la chica es de su aprecio, podría decirse que le guarda cariño y gratitud (por tantos mangas gratis de él y Hirose), así que le dedicaría el tiempo que quisiera y porque no, podrían hablar de la próxima novela que sacaría el autor de Love Bento o podían hablar sobre... lo que fuera que ella quisiera decirle.
Claro.
Después de que hablara con Hirose.
Porque, como dijo, ya está decidido.
Después de despedirse de los pocos compañeros con los que convivió y acordar un momento para hablar con Kawamura, se dirigió a paso decidido hacia su adorable Hirose y le preguntó si podía darle un momento para decirle algo.
Con el corazón en la garganta y las palmas asquerosamente húmedas, igual que el cuello y la frente a causa de los nervios, se le ocurrió pensar por un segundo que Hirose diría que no porque tenía cosas más importantes que hacer.
Tan rápido como llegó el pensamiento, se fue.
Porque Nakamura conoce al menos lo suficiente a Hirose y sabe que es amable, es precisamente uno de los rasgos que le encantan de él. Así que nunca respondería de forma tan despectiva.
Luego, en el microsegundo que duró aquella tranquilidad, se le vino encima otro temor: Que Hirose respondiera que podían hablar ahí mismo, frente a sus amigos, inconsciente de lo importante que Nakamura quería decirle. Sin mala intención, por supuesto; solo asumiendo que sería una despedida más como el resto.
Su pánico creció el doble y su cerebro hiperactivo lo regañó por ser tan imprudente de acercarse cuando estaba rodeado de gente. ¡¿En qué estaba pensando?!. Maldita sea, no podía decir lo que tenía que decir frente a sus amigos.
No en un millón de años.
Nunca.
De ninguna manera.
Por muchas razones, empezando por el hecho de que ellos no saben que es gay, mucho menos que le gusta Hirose. Y no, no se avergüenza de ninguna de las dos cosas, pero sabe por experiencia cómo son algunas personas, especialmente los chicos, cuando descubren a alguien que le gustan otros chicos y-
Oh no.
Oh no.
Hirose sonrió y su corazón se detuvo. Su mirada era relajada y cómoda, estaba abriendo la boca, de seguro para preguntarle qué necesitaba y por convencionalismo social forzarlo a decirlo ahí mismo, ya qué lo normal cuando quieres hablar con alguien es decirle para que lo buscas cuando te lo pregunta ¿no? Si no dice nada quedará como un rarito ¡¿verdad?!.
Pero no podía decirlo ahí.
No podía. No podía. No podía
Esto había sido una mala idea.
Él no...
—Claro. ¿Vamos detrás de las canchas de baloncesto? Creo que allí ya no hay nadie.
En el instante en que Hirose por fin respondió, los pensamientos de pánico de Nakamura frenaron en seco. Una sensación parecida al alivio los reemplazó mientras asentía repetidamente de forma torpe y esperaba, parado como una estatua incómoda, a que Hirose se despidiera de sus amigos.
Esperó mientras soportaba las quejas que le lanzaban por dejarlos por "alguien como Nakamura". Y esperó mientras Hirose les dedicaba una sonrisa tensa, claramente hastiado de los reclamos, Hasta que finalmente, lo llamó para comenzar a caminar juntos hacia la salida del auditorio.
Permanecen en silencio mientras avanzan hacia la zona de las canchas, observando a las familias que ya salieron y a los estudiantes de tercero hablar, felicitarse y despedirse de personas que Nakamura ni siquiera tiene idea de quiénes son. Tampoco son relevantes, a decir verdad.
Lo único en su mente es el constante pensamiento de:
Esto de verdad está pasando.
Y percibe, en la boca del estómago, un cosquilleo molesto que crece y crece paulatinamente. Nada que ver con mariposas, por el contrario; Nakamura lo reconoce como miedo, mezclado con una pizca de inseguridad y nerviosismo.
Mira de reojo a Hirose, que camina con la vista al frente, una ligera sonrisa y las manos detrás de la cabeza en una postura relajada, completamente ajeno al lento, pero seguro, ataque de pánico de Nakamura.
Ya no son solo las palmas y la frente las que sudan. Puede sentir la humedad en el cuello y la espalda, y cada paso se siente como plomo. Una voz comienza a susurrarle desde el subconsciente que confesarse es una una pésima, malísima idea.
Le recuerda que ambos son chicos, que nadie (y mucho menos Hirose) sabe que él es gay. Y de nuevo, no se avergüenza de serlo. Sin embargo, no es ingenuo. Sabe que los prejuicios y el rechazo son el común denominador.
No cree que Hirose lo vaya a mirar con asco. No obstante, tampoco logra imaginar (por más que quiera) un escenario en el que ocurra lo contrario y... lo acepte.
Es decir, en sus divagaciones y fantasías sí que puede verlos: a él y a Hirose tomados de la mano, compartiendo besos, abrazos y... romance. Romance puro y duro. Y si bien adora perderse en estas fantasías, la realidad es diferente.
Y dicha diferencia radica en que Nakamura, a sus diecisiete años, acepta con dolor y una tremenda resistencia el hecho de que Hirose muy probablemente no sienta lo mismo por él. En realidad, lo normal es que Hirose sea heterosexual y Nakamura termine haciendo el ridículo.
¿No?
Porque…
Él es la paria social después de todo.
Así que, una vez más…
¿Cuál es la razón para seguir caminando al lado de Hirose hacia las cada vez más cercanas canchas de baloncesto, donde se supone que le dirá lo que siente?
Debería dar marcha atrás. Debería...
—Sabes, después de la graduación deberíamos ir a tomar algo o salir por ahí. Ya no tenemos clases mañana y los chicos de la clase estaban planeando una pequeña despedida.
Hirose rompió el silencio, interrumpiendo por segunda vez en menos de una hora su frenética negatividad. Era casi mágico, como si supiera que Nakamura lo necesita en el momento justo.
—¿Irás? —continuó, ajeno a cómo Nakamura recién aterrizaba en la realidad del momento y dejaba atrás las ideas que lo atormentaban.
—Eh... emm... yo... no lo sé. No tenía ni idea— Tartamudeó sin querer en un intento de recomponerse. Sintió cómo sus mejillas se sonrojaban de vergüenza por responder de forma tan ridícula frente a Hirose.
Por suerte, el chico no comenta nada de su actitud. En cambio, alza una ceja, extrañado.
—¿En serio?— Frunce el ceño y hace un murmullo pensativo antes de chasquear la lengua— Esos tontos a veces olvidan invitar a los que se supone que deben ir.
Nakamura aprieta los labios para tragarse la sonrisa al escuchar cómo Hirose se refiere a él como alguien que se supone que debería estar allí. Su delirante corazón brincó feliz ante el pensamiento de que Hirose lo quería presente. Y las siguientes palabras casi terminaron de derretirlo.
—Bueno, ahora que lo sabes, irás, ¿verdad? Será divertido.
Le resulta imposible no sonreír, especialmente al ver los ojos relajados de Hirose, con ese pequeño brillo entusiasmado mientras espera una respuesta.
Hirose en serio lo quiere allí.
Porque (Nakamura quiere creer) es importante para él. Quizá no de la misma forma en que Hirose lo era para él, pero sí en alguna medida.
Porque lo consideraba uno de sus amigos.
Y en cuanto recordó el hecho de cómo lo ve Hirose, el sí automático que casi sale con la facilidad de la tabla del uno se queda atorado en su garganta. Era demasiado sencillo no negarle nada a Hirose, si tan solo la palabra amigos no le hubiese recordado la verdadera razón por la que estaba haciendo todo esto de la confesión.
Amigos.
Una hermosa y terrible palabra en medidas iguales.
Durante su primer año, después de caer loquito por Hirose a primera vista, esa fue su meta. Su propósito en la vida más preciado. Lo que lo impulsó a actuar, aun cuando terminó haciendo el ridículo más veces de las que le gustaría admitir.
Lo cual, a la larga, resultó ser algo bueno.
Porque no solo consiguió convertirse en su amigo, sino que además descubrió que Hirose ya lo consideraba uno desde mucho antes. Uno de los mejores días de su vida.
Ahora bien, a medida que los meses pasaron y se convirtieron en un año, y luego en dos, Nakamura también fue madurando. Al igual que sus sentimientos cada vez más intensos por su compañero de clase.
Es tonto, si lo piensa. El cómo no se detuvo a considerar cómo evolucionaron sus emociones, o siquiera a dedicarle un segundo pensamiento, hasta hace apenas unos meses, cuando recibió el formulario obligatorio de "planes para el futuro", ese que debía entregar a su profesor con un detalle estimado de lo que quería hacer después de graduarse: Escuela técnica, universidad, trabajo, intercambio. Y así sucesivamente.
Un estimado de un plan seguro y trazado.
Detalle super importante en la vida de cualquier joven japonés saludable que se aproxima a sus veinte años.
Nakamura sabía perfectamente qué quería hacer y era estudiar biología marina en la Universidad de Ciencias de Tokio. Así que esa parte nunca fue un problema. Lo que revolvió su cerebro fue otra cosa. La epifanía de que iba a graduarse e iba a emprender un camino hacia su futuro.
Lo que trajo la pregunta inevitable que surgió después.
¿Estaría Hirose en ese futuro?
O, más concretamente...
¿Estaría él en el futuro de Hirose?
Por supuesto, Nakamura quería a Hirose en el suyo. No obstante, el castaño tenía su propio formulario y su propio plan. Uno que, pensándolo con la cabeza fría, muy posiblemente no incluyera a Nakamura.
Porque fue entonces cuando también se dio cuenta de algo.
Sí.
Son amigos.
Pero no amigos cercanos. No como Omori, a quien nunca dejó de tenerle celos, por más infantil que le pareciera admitirlo. Puede que durante el último verano hubiesen salido unas cuantas veces, que se encontraran por casualidad e incluso que Hirose hubiera ido a su casa (Una maravillosa historia para otro momento) Aun así, nada de ello significaba que Hirose lo tuviera presente en su futuro. O, de tenerlo, no lo haría de la forma en que Nakamura deseaba.
Porque la palabra amigos ya no era una sombrilla lo suficientemente grande para cubrir el torrente de sentimientos que cargaba. Nakamura quería...
Más.
Quería estar a su lado, poder consentirlo sin límite, cuidarlo con amor. Ser su todo así como Hirose lo es para él.
Claro, ser amigos le permitirá continuar al lado de Hirose en algún grado, si se esfuerza lo suficiente por mantener la cercanía como ha venido haciéndolo…lastima que no es como quiere permanecer.
Porque los amigos se separan, se alejan y quizás, y quizá, si el destino lo permite, vuelven a encontrarse. Pero de nuevo, Nakamura no es cercano a Hirose, la distancia fragmentaria su relación sin duda, y su tiempo para fomentar la cercanía terminó. Caducó en el momento en que lanzaron los birretes al aire y felicitaron a su promoción por terminar la preparatoria.
Nakamura sabe que las probabilidades de seguir formando parte de la vida de Hirose son bajas. Es por eso que quiere, necesita, hacer esto. Necesita decirle la verdad.
Pues…si va a perderlo entonces dará todo hasta el final y al menos logrará que Hirose comprenda una pequeña fracción de lo que significa para él.
Con su resolución reforzada una vez más, tomó aire y negó con la cabeza con una sonrisa tranquila.
—Primero me gustaría decirte algo. Luego tal vez decida si voy o no.
Dependiendo del resultado, Nakamura podría convertirse en el hombre más dichoso del planeta...o podría querer morirse de pena moral.
Hirose le dedica una mirada curiosa y se encoge de hombros antes de tararear de acuerdo.
—Suena justo —Luego se detuvo y, con las manos en los bolsillos, se apoyó contra la pared del recinto al que acababan de llegar, mirando a Nakamura con paciencia—Entonces, ¿qué querías decirme?
Nakamura tragó grueso el cúmulo de saliva y se giró hacia Hirose por completo, tan rígido como una tabla. Y quién sabe qué tipo de aura estaría emitiendo, porque pudo ver la sonrisa de Hirose tensarse apenas un poco antes de que este resoplara divertido.
—Yo… —Comenzó y se detuvo de inmediato. Sus ojos observaron cualquier cosa menos a Hirose, con la excusa de asegurarse de que no hubiera moros en la costa. No los había, estaban solos — Yo... bueno... —Balbuceó de nuevo como un tonto.
Comenzó a frustrarse, a la vez que su corazón latía desbocado y las palmas estaban incómodamente húmedas. Cambió el peso de un pie a otro mientras buscaba frenéticamente en su memoria alguna referencia de confesiones que hubiera visto en un BL.
Él tenía todo preparado. ¡De verdad!: El discurso, las palabras correctas, básicamente la conversación cargada de adoración. Incluso había imaginado varias posibles reacciones de Hirose.
Algunas lo hacían llorar de alegría.
Otras, llorar de dolor.
Y justo cuando más lo necesitaba, su cerebro decidió quedarse completamente en blanco. ¿Cómo se confesaba alguien siquiera? ¿Decía simplemente "me gustas" y ya?. O sea, así pasaba en la ficción. La cosa es que Nakamura nunca se había confesado antes, porque solo había estado enamorado de Hirose.
Bueno...
Y quizá de aquel niño en la primaria con el que descubrió que era gay.
Pero eso era todo.
—Oye —Hirose lo llamó, siendo la tercera vez que lo sacaba de una espiral mental ese día—Estás muy nervioso— agregó, con una risita divertida y unos ojos pícaros que le robaron el aliento a Nakamura —Sea lo que sea que vas a decirme, tranquilo. No muerdo —Finalizó con un puñetazo juguetón en el hombro.
Nakamura sintió cómo sus mejillas se calentaban un poquito.
Okay. Cierto.
Hirose era Hirose. Solo debía calmarse y decirlo, el chico se lo tomaría bien.O al menos eso esperaba.
Lo malo es que de verdad ya ni siquiera recordaba qué había planeado decir. Como si su cabeza hubiese borrado el casete y entrado en mantenimiento, dejándole un único recuerdo de un manga que de repente le viene a la mente. Uno vergonzoso….¡Muy vergonzoso!
¡Ugggh!
Bueno...Era mejor que nada.
—Tu... ¡tu segundo botón! —Balbuceó al fin. O más bien gritó. Lo suficientemente fuerte como para sobresaltar a Hirose y hacer que quisiera patearse a sí mismo.
—...¿Qué?
Una reacción completamente razonable. Ni siquiera podía culpar a Hirose; de hecho, era su propia culpa por no haber sido claro. Por ello se aclara la garganta, toma aire y comienza de nuevo.
—Me refiero a que... me gustaría que me dieras... si es posible...— Su voz fue disminuyendo a medida que las palabras salían, demostrando su nerviosismo e inseguridad.
Bajó la mirada un segundo, apretó los puños a ambos lados del cuerpo y respiró hondo una vez más.
No.
No iba a echarse atrás ahora.
Alzó la cabeza de nuevo con renovada determinación y, por fin, miró a Hirose directamente a los ojos. Lo vio estremecerse por alguna razón, incluso retroceder un paso hasta quedar a ras junto a la pared, acción que Nakamura no supo exactamente cómo interpretar. Así como tampoco el brillo extraño que cruzó los ojos de Hirose durante un instante.
Lo dejo de lado por un momento en favor de no distraerse y perder la resolución del momento. Por más que adorara el color chocolate de sus pupilas, tenía cosas más prioritarias que sacar de su interior y expresar al chico de sus afectos.
—M-me gustaría que me dieras el segundo botón de tu chaqueta.
Ahí estaba, lo había dicho.
Algo sencillo, pero si Hirose entendía el significado implícito...entonces sería un frase con un significado mucho más poderoso.Y de verdad, de verdad esperaba que lo entendiera.
A juzgar por la forma en que la sonrisa pequeña de Hirose desapareció poco a poco, reemplazada por una expresión de genuina sorpresa con la boca abriéndose ligeramente, Nakamura asumió que sí lo había hecho.
Hirose cambió el peso de una pierna a otra y cerró la boca, apretó los labios. Su mirada se desvió hacia un lado, lejos de la silueta de Nakamura quien una vez más no supo, o más bien no quiso predisponer, a interpretar la reacción.
Aunque juraría que lucía…afectado, a falta de otra palabra mejor. ¿De forma buena o mala?, todavía no podía determinarlo.
—¿Mi segundo botón? — Habla por fin, sin verlo. No obstante, más que una pregunta para él, sonó como si estuviera repitiendo la petición para sí mismo —Es…— Hirose negó con la cabeza y detuvo lo que fuera que iba a decir. Después, observó a Nakamura de reojo.
Ya no quedaba rastro de la tranquilidad con la que habían caminado hasta las canchas.
—¿Hay algún significado detrás de que me lo pidas?
De nuevo, no suena exactamente como una pregunta. Al menos no una cuya respuesta Hirose desconozca. En cambio, tiene... tiene ese tono que usan las madres cuando saben que hiciste algo, pero quieren darte el beneficio de la duda para que lo rectifiques primero.
O bueno, es el que reconoce que usa a su mamá con él. Aunque bastante más autoritario y aterrador mientras que Hirose no suena como ninguna de las dos cosas. En su lugar parece más…Inseguro. Y, se atreve a decir, intimidado.
Nakamura no pica el anzuelo del todo. Es cierto que está preparado para confesarse, sin embargo ya no lo está tanto para decir las dos palabras explícitamente. Por ende, en vez de decir de forma directa lo que se supone que ahora debe confesar (según el orden natural de las cosas y como suele ocurrir en las historias que ha leído), reúne cada onza de voluntad de su cuerpo para no apartar los ojos de Hirose, asiente con fuerza y añade:
—El... significado tradicional.
Puede ver cómo Hirose vuelve a apretar los labios y se endereza, como si estuviera frente a una figura de autoridad, demostrando la seriedad con la que ahora se está tomando las palabras de Nakamura.
—Ya veo —es lo único que responde. Todavía sin mirarlo de lleno.
Y Nakamura…
Nakamura quiere que lo mire. De repente siente la necesidad de buscar en sus ojos qué está sintiendo. Qué está pensando respecto a su loca petición.
Guiado por el impulso repentino de capturar los ojos de Hirose, sus palabras salen atropelladas esta vez, sin pensarlo demasiado.
—Sé que quizá no se pueda... o que ya tengas a alguien a quien quieras dárselo —Observa atento cómo Hirose da un respingo y desvía del todo la mirada mientras un pequeño sonrojo comienza a extenderse por sus mejillas. Si Nakamura está en lo correcto o no es algo en lo que prefiere no detenerse o terminará con el corazón roto antes de tiempo —Sin embargo, necesitaba decirte esto porque yo...
Da un paso al frente.
Desesperado por darse a entender.
Por transmitir lo que su alma lleva años gritando.
Ese sentimiento hermoso y cruel que lo ha atormentado y endulzado a partes iguales desde el primer día de preparatoria hasta el último.
—Yo te daría mi segundo botón sin pensarlo si me lo pidieras.
Por fin logra empujar las palabras hacia afuera.
Y Hirose...Finalmente, Finalmente lo mira del todo. Dándole una expresión que puede resumirse sin problema con la palabra “Estupefacción”. Lo cual era esperado, y evidente en retrospectiva. Con los ojos chocolates abiertos de par en par, la boca cayendo abierta y la sorpresa expuesta en cada facción de su rostro.
El entendimiento se instala poco a poco en su postura, y justo antes de que Nakamura pueda continuar, nota cómo el sonrojo anterior se intensifica, lo que le provoca una pequeña sensación de orgullo. Porque consiguió transmitir aunque fuera una fracción de lo que siente. Porque esa pequeña fracción produjo una expresión tan preciosa.
—E-espera — Hirose lo interrumpe antes de que pueda decir ni mu. Casi alarmado, alza la mano en medio de ambos, remarcando con el gesto su petición de detenerse, para luego fijar con intensidad sus ojos chocolates en sus negro ceniza —¿Hablas en serio?
Nakamura no puede hacer otra cosa que asentir con fuerza. Habla más que en serio.
En ese momento, varias cosas ocurren al mismo tiempo: primero Hirose abre y cierra la boca como un pez fuera del agua sin saber en lo absoluto que responder, lo cual está…digamos… Bien. Después de todo, Nakamura imaginó muchas reacciones así que todavía no se alarma…
Después, la boca de Hirose se tuerce en una mueca avergonzada y un largo quejido escapa de su garganta mientras sus mejillas vuelven a encenderse un tono más rojo antes de llevar ambas manos a su cabello y poco a poco se encoge sobre sí mismo hasta terminar agachado, escondiendo el rostro entre las rodillas.
Muy bien.
Nakamura definitivamente no esperaba esto.O sea, sí supuso que estaría nervioso, no que se transformaría en una especie de armadillo humano quejándose en el suelo.
—...¿H-Hirose? —Pregunta nervioso mientras lo observa pasarse las manos frenéticamente por el cabello.
Todavía no lo ha rechazado o respondido con asco. No ha dicho nada, de hecho, más allá de varios sonidos estrangulados. Lo que es positivo, ¿verdad?. O sea, tampoco es como si hubiera aceptado sus sentimientos; simplemente están allí: uno de pie, incómodo y el otro hecho bolita en el suelo.
Nakamura no tiene idea de cómo proceder desde ese punto. Quizá debería aclarar que no espera nada de él. Sí, parece lo correcto pues Hirose está demasiado alterado y Nakamura comienza a sentirse culpable por ser la causa de su incomodidad.
—Mira, sé que esto es…–
—¡Espera!. Detente ahí un segundo. Estoy tratando de ordenar mis ideas —Hirose lo interrumpe de golpe, alzando un brazo completamente recto frente a él. La mano abierta y los dedos rectos imitando una señal universal de alto.
—C-Claro —Nakamura se calla al instante como un buen chico y permanece rígido como una tabla, mirando la pared de enfrente mientras Hirose piensa enroscado sobre sí mismo en el suelo.
Al cabo de quién sabe cuánto tiempo, Hirose exhaló largo y sonoramente. Después se incorporó hasta quedar a la altura de Nakamura y lo miró con determinación. No había rastro de asco, desagrado o enojo en su rostro, lo que le provocó a Nakamura un profundo alivio.
Tampoco encontró lástima.
Ni incomodidad de la mala.
Mucho menos desprecio.
Lo que veía era a un Hirose serio, aunque no cruel ni severo, más bien ligeramente sonrojado (lo cual le parece adorable sin importar la situación en la que están) Y, al parecer, resuelto tras pensar profundamente en lo que fuera que había estado meditando hecho bolita en el suelo.
—Nakamura, tú…—Tomó aire profundamente, inflando su pecho antes de asentir para sí mismo—Me agradas muchísimo. Te apreció de verdad.
Nakamura escuchó atento. Una parte de él feliz por escuchar unas palabras que nunca había recibido de forma tan explícita. ¡Y viniendo de Hirose era como el billete ganador de la loteria!
La otra…
La otra comenzaba a escuchar los primeros acordes de una tragedia anunciada.
—Y debo decir que es... es la primera vez…—Sus mejillas se pusieron todavía más rojas que al inicio y su mirada flaqueó, desviándose a un lado mientras se removía nervioso en su lugar hasta que pareció recordar su determinación y volvió a mirarlo de inmediato— Es la primera vez que un chico se me confiesa y... no estoy seguro de qué decir.
Okay. La respuesta hasta ahora no está mal ¿Cierto?. Nakamura mismo admitía que, en la posición de Hirose, tampoco sabría qué responder si otro chico llegara de la nada y le dijera de forma implícita que le entregaría su corazón si se lo pidiera, usando una tradición escolar.
—No obstante intentaré responderte y ser honesto —Prosiguió antes de que Nakamura pudiera contestar nada. El pecho de Hirose se infla por segunda vez cuando toma aire profundo de nuevo —Escucharlo me hizo muy feliz, siendo sincero —Los ojos de Nakamura se amplían al mismo tiempo que un brillo se aloja en sus pupilas, y algo peligroso comienza a crecer en su pecho.
Esperanza
—No porque un chico se me confesara en sí. De hecho, nunca se me ocurrió que algo similar me pasaría nunca —Hirose no dejaba de mirarlo mientras se sinceraba, a lo que Nakamura comenzaba a intimidarse ante la sinceridad de sus ojos —Creo que me hizo feliz porque eras tú y...
Oh por dios. ¡lo hizo feliz por que era é!. ¡Por que era él! Un grito interno de un mini Nakamura bailando en su cabeza se ahoga en su garganta al mismo tiempo que su corazón late desbocado, influenciado por la esperanza, a punto de salirsele del pecho.
¿Esto de verdad estaba pasando?
¿Era posible que Hirose...?
Que Hirose...
—Me pareciste muy genial hace un momento. Teniendo el valor de decir lo que sentías sin importar…prejuicios o que podrías pasar — Hirose sonrió con timidez —Hablo en serio. Fue super cool.
A Hirose le había parecido cool. ¡¿ÉL?! ¡Le pareció cool!. A Hirose lo hizo feliz porque había sido Nakamura quien lo dijo y le pareció super cool.
No le desagradaba.
No le producía repulsión.
Nakamura se sentía entrando a las puertas del cielo.
—Y respeto eso. Respeto mucho a las personas que tienen el valor de expresar lo que sienten sin importar los demás.Son…son muy admirables para mi, me gustaria ser asi.
Corrijan lo anterior, Nakamura se sintió dentro del cielo. Esto estaba saliendo mejor que cualquiera de sus fantasías.
—Por lo tanto, aunque me dejaste sin palabras, creo que lo menos que puedo hacer es tomarme tu confesión con la mayor seriedad que puedo y responder a conciencia— Hizo una pequeña pausa para respirar entre su discurso—Es lo que mereces. Quiero hacerlo porque... porque lo mereces, Nakamura.
Aquí venía.
Oh, Dios.
Aquí venía.
Hirose tomó aire. Enderezó los hombros…Y luego se inclinó hacia adelante en una reverencia educada.
Una reverencia que marcó la tragedia de Nakamura incluso antes de que sus oídos registraran las palabras.
—Como dije, te aprecio mucho, muchísimo. ¡Lo juro!. Pero no me siento de la misma manera —habló con la cabeza inclinada en una respetuosa disculpa —Eres... eres un amigo al que le tengo mucho cariño. Es fácil hablar contigo. Me siento cómodo y me divierto —otra pausa acompañada del sonido de la saliva siendo pasada con fuerza por la garganta de Hirose al tragar y recuperar el aliento —Sin mencionar que no tengo nada en contra de que te sientas atraído por mí como hombre o por otros hombres en general…Sin embargo, yo…
Hirose se detiene por tercera vez, parece vacilar, ajeno a como toda la serotonina abandona el cuerpo de Nakamura dejándolo frío, cada vez más helado por dentro a medida que cada palabra se asienta en su cerebro.
Hirose le estaba diciendo que no rechazaba su homosexualidad. Lo que es bueno; el Nakamura racional valoraba eso enormemente. Pero sus palabras amables eran apenas paños de agua tibia sobre la herida que comenzaba a abrirse en su pecho, y el Nakamura emocional sentía como sangraba metafóricamente en un torrente cada vez más abundante.
—Yo no puedo darte mi segundo botón, Nakamura-kun— Tragó saliva de forma audible otra vez antes de rematar con:—De verdad lo siento.
Y ahí estaba la respuesta.
Hirose alzó la cabeza con cautela con su rostro lleno de culpa y arrepentimiento. Como si él mismo sufriera por haber tenido que rechazarlo. Lucia temeroso de haberlo lastimado.
Ah.
Nakamura realmente se había enamorado de un hombre muy amable. Y estaba contento por ello. Por lo tanto, aunque el dolor aumentaba dentro de su pecho y podía sentir las lágrimas aproximándose, sonrió.
Melancólico, sí.
Triste, por supuesto.
Pero sincero.
—No pongas esa cara — hablo despacio en un intento por regular su tono de modo que no se notara como su voz empezaba a flaquear. Su propósito era borrar la culpa del bonito rostro de Hirose — Está bien — Cerró los ojos sin perder la sonrisa, rogando internamente para que sus párpados barran las lágrimas hacia adentro al menos un tiempo más.
— Pero-
—Dije lo que dije porque lo necesitaba. No porque esperara ser correspondido.--- corta la réplica de lo que sea que fuera a decir Hirose, incapaz de escuchar algo más de sus labios, fuese amable o no.
Hirose no pareció de acuerdo; inhaló con fuerza y apretó los labios. La expresión de arrepentimiento en su rostro empeoró en vez de aliviarse.
—De verdad lo lamento, Nakamura-kun. Eres... eres un amigo genial y yo...
Nakamura alzó una mano para detenerlo.
—Lo entiendo. —Y curiosamente no estaba mintiendo.—Y me hace feliz que pienses asi de mi, que me tengas en tanta estima a pesar de…ya sabes —Hirose pareció quedarse sin palabras. Respondió con una mueca incómoda y dolida, una que sin querer le hizo cierta gracia agridulce a Nakamura, quien por inercia soltó un bufido — Sin embargo admito que no esperaba que fueras tú quien terminara con cara de querer llorar.
Hirose jadeó avergonzado y se llevó una mano a los ojos por reflejo, como si acabara de descubrir que realmente estaba a punto de llorar. Aquello logró ampliar ligeramente su sonrisa agridulce y un pequeño arrebato de minúscula valentía se aloja en su pecho para dar el cierre que siente quedaría perfecto:
—Sabes…Me alegro de haberme enamorado de ti, Hirose-kun.
Vaya...Al final no había sido tan difícil decirlo.
Hirose jadeó con fuerza y el rojo terminó de cubrir todo el rostro. Parecía como si su cerebro hubiera entrado en cortocircuito regalando a Nakamura un última bonita expresión que decidió conservar a forma de imagen mental para siempre en su memoria.
Bueno.
Ya había llegado al límite de hasta dónde podía fingir serenidad. Era hora de retirarse a llorar como una Magdalena en la privacidad de su casa.
—Supongo que eso es todo —Tomó aire.—Era lo que quería decirte.
Se dio la vuelta para marcharse antes de que una mano se cerrara alrededor de su muñeca deteniendolo en seco.
—Estamos... ¿Estamos bien? —preguntó Hirose con una inseguridad desesperada.
¡Oh!, por supuesto. Se refería a su amistad. Preguntaba si seguía intacta y por instinto Nakamura quiso responder que sí. Hasta que recordó el formulario de carrera, el que le puso a reflexionar sobre su futuro y el futuro de Hirose.
En cómo las personas terminan separándose tarde o temprano. Entonces descubrió que no era capaz de asentir ni de negar, ya que simplemente no estaba seguro. En cambio, ajustó mejor la mochila sobre sus hombros (la última vez que la usaría como estudiante de preparatoria) y retiró con cuidado la mano de Hirose de su muñeca.
—Debo irme. —Hirose quiso hablar de nuevo, pero Nakamura continuó antes de que pudiera hacerlo—Creo que al final no iré a la fiesta de despedida —Intentó sonreír antes de añadir—Si alguien pregunta, ¿podrías decirles que me fui a casa?
No creía que nadie preguntara. Bueno, quizá Kawamura…Ah, cierto. Ella también le había pedido hablar a solas, sin embargo no tenía batería para buscarla o sostener una conversación. Por suerte tiene su número. Podría escribirle después para disculparse y proponerle tomar un café algún día, ahora que ambos tendrían algo más de tiempo libre antes de comenzar la universidad.
Por su parte, Hirose dudó y se removió inquieto en su lugar, mirando a Nakamura con cierto desespero, sin borrar esa culpa que Nakamura de verdad deseaba quitar de sus hombros.
La mano que Nakamura había apartado terminó aferrándose a la correa de su propia mochila antes de que el muchacho diera un paso hacia él amagando a querer retenerlo.
—Si es por mí que no quieres...
—No —Lo interrumpió con suavidad —Simplemente quiero pensar algunas cosas. No te preocupes —Le dedicó una sonrisa, lo más tranquila que pudo.
Una que Hirose no devolvió, de hecho, parecía no creerle a su pobre intento de tranquilizarlo. No lucía contento ni para nada de acuerdo con su decisión de querer irse o de estar solo. Pero por suerte no insistió, y en su lugar con una expresión resignada, terminó por asentir.
—Entonces... supongo que nos veremos después— Hirose se encogió de hombros desanimado y se rascó la nuca, despeinándose algunos mechones.
—Sí…—Nakamura ajustó la mochila una vez más—Nos veremos por ahí, Hirose-kun.
Y así, Nakamura se marchó. No miró hacia atrás. No creía poder soportar ver a Hirose una vez más sin romper a llorar allí mismo, en las canchas de la escuela.
Ni siquiera recuerda cómo llegó al automóvil donde sus padres lo esperaban, mientras su hermana al verlo le reprochó por tardar tanto. Sus padres le preguntaron dónde había estado, incluso le ofrecieron hacer algo para celebrar, sin darse cuenta de cómo luchaba por mantenerse unido, por no romper a llorar como un niño, hiperventilando como si el aire se negara a llegar a sus pulmones.
Él respondió que no tenía ganas e ignoró los comentarios de sus padres y hermana queriendo Instigarlo a ser un poco más alegre y activo porque era “una ocasión importante y “Okuto no debes ser tan amargado”.
Cada gramo de su cuerpo estaba agotado y su corazón se sentía marchito. Solo quería encerrarse en su habitación y no salir en toda la noche. Así que se mantuvo firme en la negativa hacia sus padres y se resignó a escuchar sus quejas mientras regresaban resignados a cada al notar que no daría un brazo a torcer con lo de la celebración. Logró ocultar su desamor a su familia mientras hablaban de quién sabe qué, y las palabras se perdían como ruido de fondo.
No fue difícil.
Tampoco era difícil ocultarles cosas, pues nunca habían sido especialmente cercanos y Nakamura sabía perfectamente cómo lo mirarían si descubrieran quién era realmente. Si supieran que acababa de confesar su amor a otro chico.Y que había sido rechazado.}
No habría consuelo, solo críticas. O quizá alivio de que no hubiera ocurrido algo que considerarían aberrante como dos chicos juntos en una relación romántica, porque Dios no lo quiera.
Desde ese momento recuerda poco, no más allá de llegar a casa y encerrarse en su habitación. Rememora al menos un poco más allá de las lágrimas, siendo consciente de que lloró hasta quedarse sin fuerzas, más que cuando Hirose consiguió novia. Más que cuando Icchi enfermó gravemente y casi muere.
Más de lo que recordaba haber llorado en toda su vida.
Lo curioso es que también recuerda otra cosa. Que después de terminar de llorar...
Se sintió mejor.
Y que, mucho tiempo después, se descubrió pensando:
“Me confesé.Dije lo que sentía y de alguna manera... no salió tan mal”
Con los días comprendió algo: Aun habiendo sido rechazado, era un ciclo que necesitaba cerrar. Su amistad con Hirose había sido durante años su propósito. No obstante sus sentimientos exigían algo más, algo que Hirose no podía darle, lo que no era incorrecto.
Así funcionan las emociones.
Así funcionan las personas.
Nakamura comprendió semanas después, el día antes de marcharse a la universidad, que jamás habría podido ser el amigo eterno de Hirose por mucho que lo quisiera, pues al final del día supo de sí mismo que en el fondo era codicioso, cargando un corazón que anhelaba una conexión más profunda e íntima.
Una que Hirose no tenía ninguna obligación de corresponderle y aun así, lo había rechazado con amabilidad. Incluso cuando no estaba obligado a hacerlo.
Sí.
Nakamura estaba listo para cerrar aquel capítulo de su vida y guardarlo como un recuerdo bonito.
Y sí.
Todavía amaba a Hirose. Pero confiaba en que el tiempo terminaría curando un corazón roto, como suele hacerlo. Así que selló la última caja de su habitación antes de bajarla al automóvil que lo llevaría hacia su nueva residencia universitaria.
Hacia una nueva vida.
