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Las vueltas de la vida

Chapter 4: Capítulo 4

Summary:

Continuación de fragmentos de la vida de Nakamura como un chico gay universitario, que poco a poco explora su nuevo mundo, uno el cual deja de tener a Hirose como su sol.

Notes:

Lo siento mucho, sé que prometí en capítulos anteriores que el cuarto sería el último del arco de Nakamura en la universidad para por fin dar paso a Hirose en el capítulo cinco, pero…pasaron cositas…y esas cositas incluyen el capitulo del miércoles en el que aparece por fin Hanna. No lo he visto, aunque ya sé que pasa y debo decir que eso influyó a:

1.Que quisiera escribir más sobre la vida de Nakamura, alargando los fragmentos de la universidad.
2. Que esté molesta con Hirose, así que estoy preparando algo para él. (Hablaré más de esto en las notas finales).

 

Advertencias:

1. En este capítulo se hará mención de comportamientos homofóbicos, abuso paternal y discriminación. También un pequeño ataque de angustia de parte de Nakamura más o menos al final del capítulo. Para que lo tengan en cuenta.

2. Este capítulo tiene MUCHA interacción entre Minamoto (el OC) y Nakamura.

Es interacción importante para desarrollar la personalidad de Nakamura que tendrá de adulto, pasará de ser un “chico tímido gay” como en el anime, a uno un poco más seguro de si mismo y más maduro en algunas cuestiones de la vida como persona homosexual en los 90.

Pero no quiero que sea un milagroso “puff se volvió atrevido de golpe” sino que quiero relatar como sus experiencia poco a poco desarrollaron su mentalidad y le dieron valentía. Así que de nuevo, si no te gustan los OC con protagonismo, te recomiendo no continuar porque quizás este no es tu tipo de historia.

Sin más que decir, disfruten el capítulo!.

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

—Bu-e-nos dí-as —Nakamura pronuncia sílaba a sílaba a medida que escribe el mensaje en el teclado—Qué-tal-fue-tu-fin-de-se-ma-na —Los caracteres se convierten en kanji en la pantalla verdosa y Nakamura cuenta el límite en la esquina inferior de su teléfono. Es un poco ridículo. Sabe que no lo ha sobrepasado, más revisa por una costumbre nerviosa porque en el fondo quiere escribir más. Quiere preguntarle más a Hirose —¿Tal vez debería preguntarle si también está en época de exámenes? —se pregunta para sí mismo pensando qué otra cosa podría agregar. 

Quiere hablar de todo, contarle de todo y preguntarle de todo, al tiempo que ignora el dolor en su pecho que le recuerda constantemente cómo seguir insistiendo a Hirose no le hace ningún bien a su amor no correspondido, en especial teniendo en cuenta que Hirose cada vez más contesta de forma esporádica. Nakamura no lo culpa. Debe estar ocupado y Hirose de seguro también usa sus mensajes de texto para comunicarse con personas más importantes que Nakamura, sin mencionar que ninguno fue muy dado a la tecnología y depender solo de un móvil es… tedioso. La comunicación es un poco lenta y limitada. Sería más sencillo intercambiar cartas… si quizás no fuera tan incómodo o extraño pedirle a Hirose que le dé su dirección postal, por más que quiera hablar con él más regularmente. 

De hecho, es como si sus charlas no tuvieran un inicio en sí, sino que… continuaran donde lo dejaron, girando en un ciclo de "cómo estás", "hola", "qué tal la universidad" y nada realmente profundo o extenso, a pesar del deseo de Nakamura de que lo sea. 

Suspira largo y agotado antes de hacer una mueca a la pantalla y, a falta de decidirse por qué más escribir, envía el saludo seco. Después deja el celular sobre su cama. Ya no se queda mirando la pantalla como las primeras semanas esperando un mensaje instantáneo. Sabe que no pasará y que lo más probable es que se demore hasta la tarde o hasta mañana, incluso, pues no sería la primera vez. Así sobrevive, con mensajes intermitentes cada dos días cuando siente que Hirose se acuerda de él y le regala un pedazo de su vida. 

—Soy patético… —se lleva las manos al rostro y se inclina sobre sí mismo. Sus piernas están por el lateral de la cama apoyadas en el suelo, pero siente el impulso de subirlas para poder sentarse hecho una bolita y esconder el rostro allí. 

—Yo usaría mejor el calificativo "espeluznante", pero si tú lo dices.

Su compañero de habitación lo detiene de encogerse, sobresaltándolo y haciéndolo brincar en la cama. Luego de darse cuenta de que acaba de entrar y de asimilar sus palabras, Nakamura le mira mal.

—Qué grosero.

Su compañero se encoge de hombros sin malicia y cierra la puerta tras él, quitándose los zapatos y dirigiéndose de lleno a su computadora. Carga dos libros superpesados que, según le entendió antes de que saliera esta mañana, son sobre programación o algo parecido. Uno de ellos era sobre el cableado interno de la CPU, ese armatoste debajo del escritorio que a veces silba cuando se recalienta y que al inicio, antes de que se acostumbrara, asustaba a Nakamura.

Su compañero deja los pesados libros sobre la mesa y abre una bolsa con un montón de disquetes. Nakamura lo observa sin mucho interés, más que todo para tener algo que mirar que otra cosa. 

—Y bien, ¿por qué eres patético? —le pregunta sin dejar de sacar los disquetes y escaneándolos con la mirada como si pudiera vislumbrar a través del material de plástico, girándolos de un lado a otro mientras revisa quién sabe qué. 

Nakamura lo piensa un poco. Después de casi seis meses de compartir espacio vital con este individuo y de que un día le trajera comida a Icchi y dijera “también es mi deber alimentar al polizón”, Nakamura le tomó bastante aprecio. Es sencillo hablar con él y muchas veces se encuentra preguntándole cosas sobre su carrera o hasta pidiéndole que le enseñe nuevos trucos sobre su propio teléfono que no conocía. Su compañero es un conspiranoico de la tecnología y adora divagar sobre cómo se imagina que será el mundo en unos años con las computadoras. 

Nakamura sabe que a estas alturas, puede contarle parte de sus problemas con más confianza, así que se plantea por un momento si responder o en su lugar preguntarle por los disquetes para distraerlo y que se explaye en una conversación larga y tendida sobre su proyecto, de paso distrayéndole también de lo mal que se sintió hace un momento al pensar en Hirose. Es más sencillo regresar al estado en el que ignora la punzada y vive sus días normalmente en espera del siguiente mensaje. 

Tomando una decisión, mira de reojo su celular y en un murmullo bajo contesta:

—Solo estoy un poco decaído, nada más.

No es una verdad completa, aunque tampoco es una mentira.

Su compañero deja de mirar sus disquetes, redirigiendo su atención a él.

—¿Ocurrió algo?

¿Lo hizo? la verdad es que… no. No ocurrió nada que no estuviera ya pasando. Solo él aferrándose. Para empezar, ni siquiera volvió a pedirle a Hirose salir desde la última vez, hace dos meses, como se prometió a sí mismo; convencido de que no llegaría a ninguna parte más allá de incomodar a Hirose.

—...No en realidad…

Su compañero hace una mueca que Nakamura para este punto de su convivencia cree poder interpretar como un “no me convences, pero no sé cómo continuar desde aquí la conversación”. Observa cómo deja los disquetes sobre el escritorio y se sienta al revés en una silla giratoria, apoyando los brazos cruzados en el respaldo, dedicando de lleno su atención a Nakamura. 

—Quieres... no sé... ¿hablar de ello?

Debería hacerlo. Pero no puede.

—Está bien. Es solo estrés por los exámenes, el gimnasio y tantos libros que debo leer. Desearía que hubiese alguna especie de biblioteca virtual que englobara todo y pudieras buscarlo en un santiamén solo colocando la pregunta.

—¡Ya verás que en unos años la habrá! No solo serán foros y la biblioteca de la universidad. El internet está creciendo cada vez más.

—Sí, sí. Pues espero que me toque.

Sonríe agridulce, tomando aire antes de impulsarse hacia arriba con un “un, dos”. Al quedar erguido sobre sus dos pies, estira la espalda y hace sonar un par de vértebras con un sonido de satisfacción. Es hora de dejar el desánimo atrás. El día recién comienza y debe aprovechar su sábado al máximo.

—Hablando de estudio, quedé de encontrarme con Minamoto a las doce en la biblioteca de la facultad, así que me iré ya. Él es inesperadamente puntual cuando se trata de reunirnos.

Observó el reloj de pared que estaba en su lado de la habitación, encima de la pecera de Icchi (quien estaba durmiendo en su jarroncito). Las manecillas marcaban poco más de las once y media. Estaba justo a tiempo.

—Ja, si tan solo fuera así para las clases, ¿no? —se burla su compañero, recordándole lo mucho que se queja de que Minamoto llegue tarde a todas las clases y luego le pida a Nakamura que lo desatrase—Por suerte ya casi podrás librarte de ser su tutor. Ya casi acabamos el semestre. 

Es cierto. Siguió estudiando con Minamoto y enseñándole, así como preparándolo para los exámenes tal cual como prometió. Sin falta, cada sábado se reúnen y a veces entre clases en días de semana. En ocasiones, las sesiones de estudio terminaban siendo simplemente sesiones en las que acababan conversando de esto y aquello. 

Minamoto terminó siendo un buen oyente y Nakamura ni siquiera se dio cuenta de cuándo fue que empezó a divagar con él sobre pulpos y todo tipo de animales marinos. Debió ser por culpa de uno de los temas de su clase de Biología General donde vieron invertebrados y donde Minamoto mencionó algo como: 

—Recuerdo que esto lo vi en la primaria. 

Desde ahí fue como si un grifo se abriera y Nakamura se explayó y explayó hablando de lo poco que enseñaban los colegios y lo fascinantes que eran las criaturas del mar, en especial los pulpos. Le avergonzaría más el recuerdo si no estuviera incluido el:

—Vaya, de verdad es fascinante cuando hablas más de dos oraciones seguidas, Nakamura-kun.

Que en su momento lo ofendió y luego le hizo sonrojar porque, en efecto, divagó. Y no fue la única vez. Era… cómodo hablar con Minamoto.

—Quizá… —respondió distraído, al mismo tiempo que tomaba su mochila con los apuntes que repasarían hoy—Supongo que dependerá de si compartimos materias el próximo semestre.

Se encogió de hombros y no dijo nada más, despidiéndose de su compañero, que le dirigió una mirada curiosa y una ceja alzada antes de que le diera la espalda. Porque por supuesto, ambos notaron que Nakamura implícitamente dejó la idea en el aire de que seguiría dándole tutorías a Minamoto.

El resto de la tarde fue bastante normal. Se encontró con Minamoto, que ya les había apartado un lugar; abrieron los libros, estudiaron y cuando no encontraron algo que Nakamura estaba seguro de que vendría en el examen obligó a Minamoto a mover el trasero y levantarse a buscar la enciclopedia.

—Agh, ¿por qué? Los profesores deberían simplemente decirnos qué entrará específicamente en el examen y qué no.

—Si hacen eso, todos pasarían —contestó Nakamura sin prestarle mucha atención, guardando el libro que acababa de tomar del estante y regresándolo a donde estaba. No, ahí no está el tema que buscaba sobre la clasificación filogenética de los moluscos... —...Tal vez deberíamos probar usando la computadora de la biblioteca. Puedo hablar con la encargada para reservar un espacio.

Habló para sí mismo y Minamoto lo miró aburrido.

—No soy muy fan de la tecnología… Ni siquiera sé bien cómo usar una computadora.

—¿Es por eso que siempre prefieres las revistas de moda que lees a escondidas cuando te aburres en clase? —Le increpa Nakamura con una sonrisa de medio lado pequeña, a lo que Minamoto primero lo mira incrédulo (con razón, pues esto de bromear es demasiado nuevo entre ellos y ni el mismo Nakamura se cree que lo esté haciendo), antes de sonrojarse y darle una mirada fulminante.

—¡Oye!, si quiero mantener mi estilo debo mantenerme a la vanguardia

—Ya…—no le da la importancia que busca a como Minamoto acentúa su mohín, en cambio finge no darse cuenta —Quizás podrías hablar con mi... compañero de cuarto. Él es un fanático y podría darte consejos. 

Susurra ligeramente cohibido al caer en cuenta de que estuvo a punto de llamar a su compañero “amigo”. Aún tiene ciertas reservas con eso de llamar a la gente tan libremente amiga, pues no está seguro de si aplica o no. Se hablan, más no tiene certeza de si son cercanos.

Lo mismo pasa con Minamoto.

—Paso. En casa de mis padres hay dos computadoras, todos mis hermanos tienen celular menos yo y, ¿sinceramente? Nunca me interesó ni lo uno ni lo otro. 

Así que Minamoto tiene hermanos. Es la primera vez que lo escucha en los meses que se conocen y... espera, ¿todos tienen teléfono?

—¿Todos ellos?

De repente Minamoto parece incómodo, como si cayera en la cuenta de lo que dijo.

—Ah... sí. O sea, no son supersofisticados ni nada, es solo que... bueno... a papá le gusta mantenernos comunicados.

Y no sería tan sorprendente si tan solo los teléfonos no fueran... tan caros. No sabe cuántos hermanos tiene Minamoto; por cómo lo dijo deduce que muchos. No obstante, Nakamura sabe que pocas personas de su edad tienen un teléfono propio y más aún uno de alta gama. Él tiene uno sencillo que sus padres le dieron al iniciar la preparatoria y le advirtieron que no fuera a perderlo. Su hermana no tuvo el privilegio porque tenía la fama de perder todo lo que es importante (sin mencionar que al ser Okuto el mayor, debía ser quien mantuviera el contacto por si acaso) y sabe que la mayoría de sus compañeros tampoco tuvieron porque, bueno, muchos no eran hijos únicos y entre más integrantes tenga la familia, más probable es que el teléfono lo tenga únicamente el mayor por el tema de la responsabilidad, o solo los padres.

Excepto, claro, Hirose, que según le comentó una vez en segundo año, su teléfono se lo regaló su hermana en su entrada a la preparatoria con uno de sus primeros sueldos.

Así que si toda la familia de Minamoto tiene uno, además de varias computadoras, significa que Minamoto debe venir de una posición económica... privilegiada.

Uuuggh, debí aceptar que me pagara cuando me lo propuso al principio.” Se reprocha a sí mismo pensando en todos los mangas BL que pudo haber ahorrado para comprar. Y luego se abofetea mentalmente por sonar como un buscafortunas.

—¡Como sea! —desvía rápidamente el tema, como cada vez que comienzan a hablar de territorio personal. No lo culpa, pues Nakamura hace lo mismo cuando Minamoto empieza a invadir su espacio—No me opongo a una cita con tu guapo compañero de cuarto, pero si es para hablar de tecnología, mejor no.

Ahí está de nuevo su coquetería que confunde a Nakamura. ¿Cómo puede hablar tan casualmente de salir con otro hombre?

Si fuera por bromear como Takeuchi y Hirose cuando estábamos en preparatoria lo entiendo, pero...” 

Pero el instinto le decía a Nakamura que no era así y él... prefería no indagar.

—Vamos a preguntar si podemos usarla —finiquita, dando por terminada la plática.

Minamoto protesta que entonces será él quien use el aparatejo a lo que Nakamura no pone oposición. De todos modos, no es como que no sepa usarla para lo básico. Él solo quiere estudiar y su concentración está ahora puesta al mil por ciento en pasar sus exámenes con la mejor nota.

Nunca se ha sentido tan motivado académicamente como ahora con la carrera de sus sueños y nada lo va a distraer.

Ni siquiera Minamoto.

Y mucho menos el contacto de Hirose que pesa en su bolsillo, todavía con un mensaje sin responder.

 

 


 

Observa la pantalla distraído mientras el profesor termina de organizar los papeles al frente. Hirose respondió esta mañana con un “¿Sabías que Takeuchi y su novia rompieron?” A lo último que Nakamura preguntó hace dos días sobre “Qué hay de nuevo”.

Tardó dos días en contestar y ¿eso es lo que le dice?. Nakamura no sabe cómo sentirse. Es decir… ¿es algo? ¿No?. Bueno, en definitiva califica en la categoría de “nuevo”. Lastima que no le interesa en lo más mínimo la vida amorosa de Takeuchi, por más que conociera quién era su novia. Fueron juntos a clase después de todo y era del grupo de Kawamura.

No negará que la decepción al leer los caracteres fue instantánea. Pese a recordarse que no tenía porque, la punzada que marchita la esperanza picó un poco más al leer una respuesta tan trivial y… ¿sosa? de parte de Hirose.

Él no lo hace por mal, Nakamura está seguro. Lo más probable es que solo prosiguió la conversación con lo primero que se le ocurrió. Es lo que se repite, porque si no terminará deprimido. Y hoy no es un día para estar deprimido. 

Es verdad que quería saber algo más personal sobre Hirose, cómo iba en la universidad, si también estaba en exámenes, cómo se ha sentido, sí está viviendo en el campus universitario como él o no, si fueron difíciles las clase, si todavía escucha la misma banda o amplió su repertorio musical. Todo, quiere saberlo todo.

Ah, no tiene caso.

Ni siquiera está seguro de qué responder. O sabe qué quiere responder, más no está seguro de que sea lo adecuado.

Entonces, al no obtener nada de lo que buscaba en su cerebro y no poder ser más libre con como desea expresarse, tiene que hacer de tripas corazón y tragarse el mal sabor de boca en favor de concentrarse en su profesor, que termina de organizar los papeles por orden alfabético y ahora, con un carraspeo fuerte de la voz, llama la atención de los alumnos.

—Silencio. Silencio todos— Poco a poco los murmullos se apagan y los ojos son puestos en el podio —Como saben, hemos culminado el primer semestre de clases. Como se dijo al principio, esta materia constaba para poder pasarla de trabajos, asistencia, exámenes parciales y el examen final de semestre, cada uno con su respectivo porcentaje.

Nakamura traga grueso.

Es la primera materia de la semana. La primera que anunciará los resultados.

Es conocedor de que hay un tablón en el salón principal de la facultad que el día de hoy, en el transcurso de la mañana, será actualizado con los promedios y las personas que pasaron las diferentes materias de las carreras del edificio de ciencias naturales. No las notas exactas, pues son información confidencial que llega a cada estudiante en su boletín, pero sí como guía para los estudiantes que deberán acercarse a la sala de maestros a solicitar cursos de invierno o recuperación de materias.

—En mi materia acostumbro regresar a cada uno de ustedes su examen final para que lo revisen y podamos hacer retroalimentación juntos. Sé que es una modalidad muy escolar para algunos, sin embargo,  tengan en cuenta que no todos los profesores serán así de indulgentes con ustedes.

Continúa el profesor y Nakamura asiente de acuerdo con él. Agradece que el profesor lo haga porque así podrá saber de una vez si brinca de alegría o si debe echarse a llorar.

¡No quiere perder su primer semestre!

—Bien, entonces comencemos por la primera fila. Pasen a buscar su examen.

Uno a uno los estudiantes se levantan y Nakamura, ubicado en la cuarta, se remueve ansioso. Trata de respirar, adentro y afuera despacio, buscando calmarse. No lo logra.

No solo por el resultado del examen final de semestre.

No.

Mira a su derecha, donde está Minamoto, quien luce pálido a pesar del rubor artificial de sus mejillas y el maquillaje en los ojos, y mucho más nervioso que él. Siente como si su nerviosismo se le estuviera pegando a Nakamura. ¡Y eso es decir mucho, pues Nakamura es un ser nervioso y tímido por naturaleza!

—Oye —le susurra a Minamoto, quien salta ligeramente en su asiento y luego mira a Nakamura. Dios, en serio está como un papel. O sea, lo entiende, pero aun así...—Tranquilo. Estoy seguro de que nos fue bien.

No está seguro si sus palabras sirven de algo o para empezar por qué lo anima. Sin embargo, no le gusta ver el terror en el rostro de Minamoto, quien rígidamente asiente y vuelve la vista al escritorio, donde juguetea nervioso con sus manos, raspando con una de sus uñas pintadas de azul marino el color de otra de las uñas, descascarándolo.

—No hagas eso. Te levantarás la cutícula.

Nakamura lo regaña y Minamoto le sonríe tenso.

—No sabía que conocías la palabra cutícula.

Nakamura resopla divertido. Si está para hacer bromas, entonces no está tan mal. Luego llega el turno de su fila y Nakamura replantea su afirmación anterior. O más bien si sus nervios de hecho están justificados porque de repente también comienzan a sentirse tan inquieto como vio a Minamoto.

Cada paso es pesado como plomo. Hasta que llega al frente, toma su examen, intercambia unas palabras que no recordará de los nervios con su profesor, mira el resultado y...

...nota perfecta.

Sacó una nota perfecta.

Mira de inmediato a su profesor, quien le sonríe con suficiencia, consciente de que Nakamura está boquiabierto a causa de lo que dice el papel.

—Felicidades, chico. Debo decir que, aunque apenas estás comenzando, parece que serás bastante prometedor. Porque esa nota— señala con la barbilla el papel —Es justo un reflejo de tus resultados del semestre en mi materia.

Oh por dios. Es la primera vez que Nakamura recibe un halago de un profesor. Quiere llorar; llorar de alegría. Quiere reír. Quiere agradecerle a su profesor. Su parte racional es consciente de que es solo la primera materia, faltan cinco, así que este resultado todavía no significa nada. Otra parte de él dice: “Al diablo. ¡Voy a gozar esto!”

Y eso hace.

Sonríe como nunca cree haberlo hecho antes, contagiando a su profesor, quien asiente en afirmación antes de que Nakamura se incline en señal de respeto y gratitud y regrese corriendo, eufórico, a su asiento.

No puede creerlo.

¡Nota perfecta!. Y por lo que le entendió a su profesor no solo en el examen final, ¡sino también en el semestre entero!

Él.

Por primera vez no es solo bueno, o promedio.

Es... es perfecto.

Ya no siente tanto miedo de las demás notas. Siente que de verdad puede hacer esto. ¡Puede aprender sobre biología Marina y convertirse en el mejor biólogo de todos!.

Está tan feliz y dichoso que no nota cómo Minamoto se sienta a su lado, callado como nunca lo ha estado desde que lo conoció.

 

 

 


 

Minamoto, después de los exámenes, no asiste. Nakamura sospecha por qué. Después de la semana anterior, cuando los tablones fueron publicados, ambos pudieron ver sus promedios. A Minamoto no le fue...Bueno, no perdió precisamente las materias, mas tampoco diría que le fue bien.

Pasó por poco y, si bien no tiene que recuperar ninguna, por lo que Nakamura supo, uno de sus profesores, de una materia que no comparten, le pidió hablar con él. 

Nakamura al inicio siente que su ausencia podría deberse a que está deprimido. Minamoto, según ha aprendido, puede ser muy emocional. Pero luego de que pasa una semana entera, Nakamura está... preocupado.

Cosa curiosa, su preocupación lo ha distraído de intentar enviar mensajes a Hirose. Recién lo recuerda cuando estúpidamente se le ocurre enviarle un mensaje a Minamoto para inmediatamente recordar que no tiene celular y, en cambio, ve el último mensaje recibido de Hirose, uno de hace tres días.

Vaya cosa extraña. Fue él quien esta vez dejó a Hirose esperando y no al revés.

De inmediato le contesta antes de irse a clase. Es el inicio de su segundo semestre.

Algunos profesores lo felicitaron al terminar el anterior pues, en las demás materias, también pudo ver los frutos de su esfuerzo. No perfecto, como en Biología General, pero sí fue de los promedios más altos de la clase en el semestre entero.

Nakamura se siente orgulloso de sí mismo y con la energía renovada para iniciar el nuevo ciclo académico. Excepto por...la incertidumbre de no saber nada de Minamoto. 

No tiene forma de conocer si compartirán materias también este nuevo semestre, ya que vagamente hablaron de su pensum para lo que seguía del año y Nakamura no recuerda qué clases le tocaban a Minamoto. Si no comparten ninguna, al menos sabe que el chico, al estudiar Biología, una carrera hermana a la suya, estará en la misma facultad. Así que se plantea buscarlo.

No quiere parecer... desesperado. Y quizás está extralimitándose, exagerando o actuando de más. Pero ya no puede fingir que no le preocupa Minamoto. Él es...

Lo más cercano que ha tenido a un mejor amigo.

Y así, sentado en las gradas de su primera clase del segundo semestre, es cuando Nakamura se da cuenta de que...Quiere poder llamarlo abiertamente su mejor amigo. Es la segunda vez que quiere ser amigo de alguien con tanta fuerza.

Piensa en Hirose. En cuando anhelaba estar cerca de él. Y luego piensa en Minamoto, con quien fue cercano (a la fuerza) antes de que pudiera decirse que tenían una amistad. Fueron situaciones, de cierta forma, similares y contrarias.

Y Nakamura...

Vaya…

Nunca había pensado que su mundo podría ampliarse tanto en tan poco tiempo, más allá de... su querido Hirose.

—Si hoy no aparece, iré a la oficina de apoyo al estudiante a preguntar por él.

Quizás Minamoto no tenga teléfono, pero en su casa deben tener uno, ¿no?.  Él no vive en el campus, así que debe estar asistiendo a la universidad desde su casa y, si allí hay dos computadoras y todos tienen móvil, entonces tiene que haber un fijo sí o sí.

Su plan de acción se ve interrumpido cuando por la puerta entra una chica...No.

Un chico desaliñado.

Es Minamoto.

De nuevo está usando la peluca de la primera vez, cosa extraña pues ya había empezado a arreglar su cabello azabache cuando le llegó a media espalda. Está vestido con pantalones holgados, mixtos, pues aunque son bonitos no diría que son de mujer, y su ropa está sin planchar, otra cosa rara ya que Minamoto siempre está impecable.

Lo más raro no es el moño improvisado de su peluca o su ropa, estilizada pero sin el toque deslumbrante. Es que lleva gafas oscuras grandes de playa, en interiores…en otoño.

A las siete de la mañana cuando el sol ni siquiera ha salido del todo.

La pequeña alegría que le da verlo y saber que comparten clase se borra cuando la desconfianza da lugar a otra cosa.

Minamoto escanea el sitio y se encuentra con él, que le sostiene la mirada. Al principio vacila, más luego de un momento, de inmediato Minamoto se apresura hacia su dirección, el puesto vacío a su derecha, de nuevo la cuarta grada, la que ya considera su lugar. Nakamura no deja de mirarlo fijamente, esperando que su mirada penetrante le dé a entender sus preguntas silenciosas.

¿Dónde estaba?

¿Por qué lleva gafas?

Y...

¿Lleva más maquillaje de lo usual o es su imaginación?

Nakamura tiene un mal presentimiento.

—E-Ey, de nuevo juntos, ¿eh, colega? —La sonrisa pintada de Minamoto lo saluda, más Nakamura no responde y eso hace que flaquee en los bordes —Qué…¿Qué pasa? Tu mirada da miedo.

—¿Dónde estuviste la última semana de clases? —No era su intención sonar a reproche, no obstante para alguien que estuvo lidiando con un Minamoto pegado como garrapata durante meses, bueno... considera justificado preguntar.

Minamoto no responde. Y la nueva profesora, pidiendo silencio al ingresar al aula, lo salva de tener que contestar.

 

 

 


 

Nakamura no se rinde. Al acabar la clase le insiste a Minamoto, yendo tras suyo de inmediato. Es curioso como las tornas se voltearon luego de 6 meses y es ahora él quien está persiguiendo a Minamoto.

Al parecer se dirige hacia las afueras de la facultad, por el camino principal que guía hacia los torniquetes de la primera entrada de la universidad, la que da a la avenida. Cuando Nakamura, aún detrás de él, persiguiéndolo, le cuestiona por qué se va o por qué no asistirá a las demás clases, este le responde sin voltear ni disminuir ni un poco el paso que no tiene más hasta la tarde.

Si es verdad o no, Nakamura no tiene forma de saberlo; por ende, confía en su palabra y lo sigue afuera, apresurando el paso al tiempo que Minamoto lo hace. Tampoco vacila cuando Minamoto, incómodo, le pregunta (todavía sin mirarlo) si no va a perder su clase. Un simple y escueto «No» es lo que le da por respuesta antes de increparlo de nuevo sobre su paradero, sin otorgarle la oportunidad de escapar ni de cambiar de tema. 

—Ya te dije, no tenía ganas de venir. Es todo.

Nakamura frunce el ceño. sintiéndose frustrado. ¿Qué puede decirle? ¿Esto prueba que no son tan cercanos si Minamoto no quiere contarle? ¿Quizás solo él se imaginó su amistad? O quizás...¿Se trata de algo grave?

—Tus... tus lentes —le increpa en cambio, buscando desesperado por algo que pueda revelarle que sucede con Minamoto. ¡Su vestimenta de hoy también es rara! y no solo está el hecho de los lentes, si no la peluca. Todo es tan extraño.

—Ah... es... por el sol —La excusa suena tan débil, y no solo porque se la dijo en voz extremadamente baja, sin dejar de darle la espalda o caminar, sino porque no hay sol. Están en una mañana gris de otoño y ambos lo saben.

Nakamura se frustra más. Aprieta los puños a los lados y quiere sacudirlo para que le cuente qué le pasa. No lo hace, pues no se atreve a cruzar la línea, ni se siente capaz; La cohibición en su interior se lo impide. Pero oh, cómo quiere hacerlo.

Tiembla de frustración y, con los dientes apretados, respira y cuenta hasta diez antes de armarse con todo el valor que puede, estirar la mano y detener a Minamoto de la muñeca. Lo gira hacia él por la fuerza del impulso que detuvo abruptamente su caminar. Minamoto lo mira, primero sorprendido, o eso intuye por el gesto de la parte no cubierta de su rostro. Luego los labios se aprietan en lo que parece un intento de contener las palabras o, más bien, un intento de contener el pánico que refleja el resto de su cuerpo tenso. 

Nakamura le devuelve una mirada decidida, pese a que su cuerpo está igual de tenso y se siente completamente fuera de lugar por actuar de forma tan impulsiva. Sea cual sea el tipo de cara que le dio a Minamoto, fue suficiente para que el chico se encogiera sobre sí mismo y renunciara a cualquier intento de huida. Luce pequeño y derrotado, desviando ahora la vista hacia el asfalto, no hacía Nakamura. 

Están parados en medio de los transeúntes que los miran con curiosidad, a unas cuantas cuadras de la entrada de la universidad, aunque todavía alcanzan a escuchar el bullicio de los estudiantes dentro. Un mundo que sigue moviéndose, lleno de adolescentes estresados como ellos, pero ajenos a la tensión que se construye a unos metros. 

—No confías... —comienza en un susurro, inseguro de completar la frase. Sin embargo, incapaz de guardarla por más tiempo, la fuerza fuera de sus labios—¿No confías en mí? 

Quién sabe qué clase de mirada le da Minamoto a través de los lentes oscuros, aunque puede deducir que podría ser una llorosa por la forma en que un jadeo roto escapa de su boca y su nariz se arruga. Lo observa apretar los dientes, al igual que el puño de la mano que aún tiene sujeta. 

Luego, de la nada, Minamoto se suelta bruscamente de su agarre, tirando de su mano hacia atrás. Antes de que Nakamura proteste, en lugar de seguir con su escape o retirar el brazo, Minamoto cambia la posición y es quien lo sujeta esta vez para, seguidamente, tirar de él y comenzar a caminar por el mismo trayecto, hacia la misma dirección desconocida en la que iba, con la diferencia de que ahora lleva a Nakamura consigo, siendo arrastrado. 

—¡O-Oye! —Nakamura comienza, sin entender que está sucediendo, más Minamoto no lo suelta y continúa.

Continúan hasta avanzar un par de manzanas hacia los edificios bonitos y sofisticados del barrio contiguo a la universidad.

Continúa hasta entrar al vestíbulo de uno de los edificios de apartamentos, saludar al portero con un asentimiento rápido de cabeza y entrar en un ascensor bastante moderno, en opinión de Nakamura.

Es ahí cuando cae en la cuenta, por la facilidad de su entrada, de que...Van a la casa de Minamoto. Tiene que serlo, si no, ¿Cómo más los dejarían pasar?.

Minamoto no ha dicho ni una palabra. Lo sigue apretando de la muñeca y de reojo Nakamura nota cómo tiembla, como si tratara de aguantar las ganas de romperse. Así que lo deja, entendiendo que tal vez necesita un polo a tierra. Y él también, porque empieza a sentirse nervioso e invasor.

Comienza a pensar que se metió probablemente donde no lo habían llamado. 

Salen en el piso siete y Minamoto lidera de nuevo hasta una puerta a mitad del pasillo que abre al sacar un llavero con un personaje moe de anime de ojos grandes que Nakamura vagamente reconoce. Cuando la puerta se abre, Minamoto al fin lo suelta y entra primero, dejando la puerta abierta para que lo siga. Nakamura lo hace nervioso y como quien no quiere la cosa, cerrando vacilante la puerta tras de sí.

El pasillo que lo recibe está vacío, indicando que Minamoto entró de lleno al apartamento. Así que se quita los zapatos y los deja junto a los estilizados de su compañero.

Sigue sus pasos más adentro y se encuentra con una amplia sala bellamente decorada, con tonos ochenteros, una alfombra mullida de color café claro y lunares café oscuro que hacen contraste. También nota muchos cuadros de arte  barroco asi como un televisor más grande que el de su casa cuya antena se encuentra recogida en una muestra de que no se ha usado recientemente; también ve un reproductor de VHS debajo del mueble donde esta el TV, asi como uno mas pequeño que reconoce como uno de CDs y casetes.

Vaya, un reproductor tres en uno; sino estuviera en este tipo de situación se hubiese maravillado por él, y por la decoración en general, como por ejemplo las lámparas de lava de diferentes colores haciéndoles compañía en la mesa de centro (nunca había visto unas).

Pero no es el momento. Tampoco el estado de ánimo correcto, menos cuando deja de escanear la sala y dirige su mirada al centro donde encuentra, parado dándole la espalda, a Minamoto. 

Está temblando, más que antes. Tardíamente, gracias a un sonido inconfundible de un sollozo,  Nakamura se da cuenta de que Minamoto ya no aguanto más fingir que nada ocurría. 

Está llorando. 

Nakamura no sabe con seguridad qué hacer. Se altera totalmente, como pez fuera del agua. Entra en pánico y siente que debe decir algo, la cosa es  ¡No se le ocurre qué!. Lo único que atina a ordenar su cerebro es acercarse y poner una mano en su hombro. En cuanto lo hace, Minamoto se gira y Nakamura jadea de horror.

Ya no tiene los lentes puestos y las lágrimas borraron un poco el maquillaje, dejando ver el enorme morado en su ojo derecho y la pequeña cortada que cruza su ceja izquierda. Antes de que pueda reaccionar, Minamoto amaga a lanzarse hacia él para abrazarlo, antes de detenerse en seco y mirarlo conflictuado, inseguro de si puede hacerlo o no. 

En ese momento Nakamura se da cuenta de que Minamoto lo necesita. Su amigo lo necesita. Toma la iniciativa y lo envuelve en sus brazos, iniciando él el abrazo. Minamoto lo devuelve enseguida y su llanto adquiere más volumen, desahogándose en el hombro de Nakamura.

Es la primera vez que Nakamura consuela a alguien.

Y nunca creyó que sería tan triste.

 

 

 


 

—Mi padre es un médico cirujano reconocido. Trabaja para varios hospitales como residente o por contrato. Y mi madre es enfermera jefe del Hospital Nacional —comienza a narrarle Minamoto después de que Nakamura, una vez que se desahogó y dejó de llorar, inseguro y en voz baja le preguntara si quería hablar de ello, señalándole el moretón en el ojo. 

Minamoto tímidamente asintió y lo guio al sofá. Permanecieron en silencio hasta que tomó la palabra.

Recostado de lado, Minamoto mantiene la cabeza cerca de la pierna de Nakamura, rozándola ligeramente con la coronilla. Sin embargo, por su postura, parece inseguro de si acomodarla en su regazo o pedirle permiso para hacerlo. Nakamura tampoco está seguro de estar preparado mentalmente para tener a alguien en su regazo, sea amigo o no. Solo ha querido tener así a Hirose y ha sido en sus fantasías, por lo que no menciona nada y, en cambio, permanece al menos cerca de Minamoto, sentado a su lado, escuchando. 

—E-entiendo... —responde en voz baja a su inicio, todavía sin relacionarlo con la herida, mas instándolo a continuar. 

—Todos mis hermanos estudiaron o van a estudiar algo relacionado con la medicina porque es... es el negocio familiar, ¿sabes? —Minamoto no lo mira. Tiene la cabeza ladeada sobre el sofá, con la vista fija al frente, hacia la televisión apagada—Tengo tres hermanos mayores, una hermana mayor y una hermana menor... Dos son cardiólogos, otro neurocirujano como papá y la otra es pediatra... 

Nakamura sigue sin entender a dónde va con todo ello, pero no lo interrumpe.

—Mi hermana menor dice que será cardióloga como Kakeru-niisan —Nakamura supone que Kakeru-niisan es uno de sus hermanos cardiólogo—Toda una familia de médicos prestigiosos que asisten a cenas hasta con el primer ministro…¡La maravilla de la sociedad, la ejemplar familia tradicional perfecta!— finaliza alzando el brazo en un ademán exagerado, como si presentara un espectáculo. Más sus palabras destilaban cierto…rencor.

Oh. Ahora Nakamura entiende hacia dónde va la conversación, junto con un par de cosas más.  

La primera: en efecto, Minamoto es rico, como pensó en un principio, y al parecer más de lo que dimensionó. La segunda, parece haber cierta inconformidad con su familia, a juzgar por la voz monótona con la que relata las carreras de sus hermanos y sus padres, o la ironía teñida de odio de su frase.

Una familia de médicos.

Y Minamoto estudia biología. Que no es precisamente una carrera de la rama médica.

—Entonces... supongo que tus padres no están de acuerdo con tu elección de carrera... ¿verdad? —pregunta suavemente, inseguro de si acertó o no. 

Va despacio, desentrañando la razón tras su aspecto y el moretón en su rostro que ahora, con más calma, puede notar que no es de un morado tan prominente; no es tan oscuro o verdoso, lo que significa que no fue hecho recientemente sino, tal vez, hace unos días. Días que coinciden con la ausencia de Minamoto.

Minamoto resopla con cierta ironía antes de incorporarse con dificultad. Nakamura nota como se soba su costado y hace un mueca de dolor, al igual tiene cuidado al momento de acomodar la pierna. Se pregunta si…si el moretón en su rostro no es el único que tiene.

—...Biología es lo único que me dejó estudiar...por así decirlo —Nakamura alza una ceja intrigado—Yo quería... quería estudiar…—Minamoto lo mira de reojo, temeroso. Parece a punto de decirlo antes de arrepentirse—Algo diferente. Pero mi padre paga mis cuentas, ¿sabes? Mi universidad, mis libros, todo en vida depende actualmente de él…—Finaliza en un susurro frustrado.

Nakamura no sabe qué decirle. Pero siente un poco de enojo en nombre de Minamoto al imaginar lo frustrante que debe ser no solo no tener apoyo, sino que tu vida pertenezca a alguien más.

Al menos sus padres nunca le dieron importancia a lo que iba a estudiar. No sabe si es mejor la indiferencia o no, pero agradece haber tenido, por lo menos, autonomía. 

Por otro lado, ¿es posible que Minamoto fuera golpeado por causa de su carrera? ¿por qué? ¿y por qué a estas alturas?. Honestamente, es un poco excesivo a su parecer en caso de que la respuesta sea sí.

—Pero…no entiendo…es…es por tu carrera que…—no termina la pregunta, más le da una mirada de arriba a abajo señalando su estado de forma implícita. Minamoto sonríe de medio lado sin gracia.

—Más o menos…¿quieres escuchar una historia trágica?—dice de forma jocosa, aunque sin que suene en realidad divertido. Nakamura asiente —¿Recuerdas que falté el primer mes de clases, cierto?

—Sí. Recuerdo que mencionaste que fue por el servicio militar.

Minamoto le da un murmullo afirmativo—Cuando me gradué de preparatoria tenía dos opciones: o estudiaba medicina o prestaba el servicio militar.

—Pero... ya no es obligatorio.

—Mi padre no estaba a favor de lo que quería hacer —respondió encogiéndose de hombros.

—Entonces... ¿Cómo es que terminaste en biología...?

Nakamura observa cómo el rostro de Minamoto se contrae y de nuevo las lágrimas aparecen en sus ojos. Su nariz se arruga y sus cejas se juntan profundamente en un intento de no llorar, mas no puede hacerlo. Dos gotas grandes se derraman de sus ojos a la vez que sus manos van a su cabeza en dónde tiran de la peluca. 

Nakamura contiene la respiración al ver primero el gorro protector que la sostenía y luego, al retirarlo, la cabeza rapada estilo militar de Minamoto. De nuevo, como al inicio, según le comentó. Su cabello cuidado y peinado, antes largo hasta media espalda, se ha ido. Ahora parece desigual y demasiado corto.

—Tuve una fuerte discusión con él el día de los exámenes de ingreso a la universidad. Le dije que no los presentaría... no terminó bien…

Ese "no terminó bien", sumado a la forma en que Minamoto aprieta su cuero cabelludo, le da una idea a Nakamura.

Es raro. Nunca había sentido enojo en nombre de alguien, menos hacia un desconocido. Alguien que no fuera Hirose. Y de repente se da cuenta de cuánta influencia tuvo su primer amor sobre él. Porque aquí, sentado en el sofá de Minamoto, viéndolo tan indefenso y destrozado, siente que quiere...

Que quiere...

No sabe qué quiere.

Pero se siente muy enojado.

—¿Él fue... él fue quien te rapó la primera vez?—pregunta en un susurro y Nakamura tiene que tragar el ácido en su garganta cuando Minamoto asiente. Se pregunta si solo fue rapar su cabello, o si le hizo algo más, como aparentemente lo hizo ahora. No quiere saber, no siente que sea justo con Minamoto sacarlo a colación.

—Como asistía a un colegio solo de varones, no prestaron mucha atención a mi cabello los últimos meses antes de graduarnos... pero fue horrible... tuve que mantenerlo corto por orden suya. Odiaba cómo me veía en el espejo. ¡No era lindo! ¡Me gustan las cosas lindas! ¡Me gusta verme lindo! 

Grita frustrado, apretando los dientes antes de calmarse y seguir.

—Ambos, papá y mamá, decían que era lo mejor... que estaban cansados de verme con el cabello largo como una mujer... como un asqueroso depravado…—aprieta sus puños con rabia estrujando la peluca—desde…desde que conocí las revistas de moda, a veces…a veces jugaba con mi hermana menor a disfrazarnos y…me gustaba, me gustaba maquillarme, y maquillarla….me gustaba usar ropa brillante y extravagante….jugar con mi hermana me hacía sentir libre…claro, mis hermanos también opinaban como mis padres, que era un comportamiento inapropiado para un joven en desarrollo…asi que a empecé…bueno, cuando no me veían, empecé a tomar su maquillaje de fantasía sin que lo notaran o el maquillaje de mi madre, y lo probaba en mi baño durante la noche, o compraba revistas de moda a escondidas…

Minamoto pronuncia aquellas palabras con odio mientras las lágrimas vuelven a caer. 

—Pero luego de lo que pasó con mi cabello…bajé mi rendimiento académico porque estaba deprimido asi que…Mi madre se sintió culpable o eso creo porque intercedió por mí. Dijó que era humillante verme con un aspecto desaliñado frente a otras familias. Según ella: "¿Qué dirán los de nuestro círculo social al saber sobre sus calificaciones?" —Nakamura no está seguro de que eso cuente como interceder, pero no dice nada—Así que al final pudimos negociar algo diferente y... terminé en biología. Lo convencí de que al menos eso me serviría para la parte investigativa de la medicina, aunque no para la práctica. 

Minamoto termina su relato, más sus lágrimas no cesan. Hipa descontrolado, un poco ahogado, por el intento de contenerlos. Nakamura siente de nuevo el impulso de abrazarlo así que como la primera vez, no se refrena y lo hace. Quiere decirle que lo lamenta, no obstante no sabe si sería lo adecuado.

Considera mejor dejarlo así cuando siente a Minamoto apoyar la frente en su hombro y relajarse.

—Mi padre nunca... no, más bien nadie de mi familia. Ni mi madre ni mis hermanos mayores... nunca han aceptado cómo actúo, cómo me gusta vestirme, las cosas que me gustan... el tipo de personas... que me gustan...si supieran lo que soy…sería peor—Dice lo último en un susurro sin concretar ni afirmar nada.

Pero Nakamura siente que se le salta un latido al pensar en las implicaciones de su frase.

Lo deja de lado por el momento cuando Minamoto sigue hablando.

—Este apartamento es de mi hermana. Ella lo paga y me deja quedarme aquí porque esta cerca de la universidad. No porque empatice conmigo. Más bien creo que me tiene lástima porque piensa que soy "el descarriado" y que simplemente estoy pasando por una etapa pasajera, que tarde o temprano entraré en razón... bueno, y porque no lo usa, ya que trabaja mayormente en el extranjero —Habla con rabia, desahogándose un poco más—A veces la ropa que uso es suya, otra la compro a escondidas con lo que me dan de mesada o…la hago yo... pero nadie de mi familia lo sabe. Si lo supieran... si supieran que comencé a usar ropa de mujer o a vestirme de forma “afeminada”…

—¿Por eso fuiste el primer día vestido de chica? ¿A modo de protesta silenciosa? —Minamoto asiente contra su hombro y Nakamura suspira. He ahí una de las respuestas que quería y no se siente satisfactorio en lo absoluto.

Minamoto aprovecha no estar bajo el techo de sus padres para ser él mismo, aunque sea a escondidas, al menos dentro de la universidad. Una universidad donde, irónicamente, se vio obligado a asistir.

—Los golpes... ¿fue porque te descubrió?

—No... no exactamente…—Minamoto se separa del abrazo, mas no se aleja. En cambio, sube los pies al sofá y se acomoda de modo que quede recostado con la cabeza sobre el hombro de Nakamura, quien lo deja ser—No mentí cuando dije que no fui a la universidad porque no tenía ganas, o al menos, asi fue los dos primeros días luego de ver mis calificaciones. Pero…No sabía que papá tenía llaves del apartamento. Ni que estaba pendiente del calendario del semestre. Al tercer día de estar holgazaneando llegó de imprevisto… Qué suerte que ese día no estaba vestido de chica, ¿no? 

Ríe con amargura. No obstante, Nakamura no lo imita.

—No le hizo gracia verme sin hacer nada. Comenzó a cuestionarme por mi promedio, cuando se lo dije estaba furioso. No le gustó el hecho de que, después de haber negociado hacer esta carrera, a duras penas lograra aprobar…me exigió regresar a casa para…reflexionar mis acciones

—Me imagino que debió considerarlo... un error grave —susurró Nakamura, percibiendo el enojo contra los padres de Minamoto crecer un poco más. 

—Ojalá hubiese acabado ahí—Minamoto escondió el rostro contra su hombro, buscando refugio en el hueco de su cuello antes de suspirar agotado —Dado que me negué, él mismo gritó que empacaría mis cosas. Traté de detenerlo. No podía dejar que viera mi habitación—Nakamura no estaba seguro de por qué, pero presintió que se enteraría dentro de poco—Mamá me retuvo y bueno... digamos que a mi padre no le hizo gracia entrar a una habitación llena de telas de costura, bocetos de vestidos, un maniquí improvisado y algunos pósteres de chicos, entre otras cosas lindas que conseguí estos meses.

—¿P-pósteres de chicos?

Aunque Minamoto no lo miró, Nakamura juraría que hizo un puchero avergonzado.

—Estaban a buen precio... e ingenuamente nunca pensé que alguien se daría cuenta. Vivo solo y mi hermana respeta mi privacidad cuando viene.

—Ya veo…—Ahora sí entendía por qué no quería que entraran—Así que eso terminó de enfurecerlo.

—"Enfurecerlo" es un eufemismo—Minamoto soltó una risa amarga—Me llamó depravado, desviado. Me preguntó si había vuelto a esas tonterías de antes y cuánto tiempo más iba a durar la etapa. Mi madre estaba escandalizada también. Fue un caos —Se encogió un poco más sobre sí mismo—Por supuesto, no me quedé callado. O intenté no hacerlo. Pero bueno... algunas personas creen que la violencia es una forma de educar a los hijos.

Nakamura sintió que algo se revolvía dentro de él. No porque hubiese vivido lo mismo, no lo ha hecho. Siempre ha ocultado cada parte de sí que pudiera provocar una reacción semejante. Aun así, escuchar a Minamoto le producía una sensación incómodamente familiar: el miedo.

La certeza de que había aspectos de uno mismo que ciertas personas jamás aceptarían. Ni siquiera quienes se supone deben amarte como eres, como tus padres. La diferencia era que Minamoto había sido obligado a enfrentarlo y Nakamura todavía seguía escondiéndose.

—E-eso es tonto... —explotó, hablando más fuerte de lo que pretendía. Nunca aprobaría la violencia, mucho menos contra alguien que simplemente intentaba ser él mismo.

Minamoto sonrió con amargura y volvió a acomodarse sobre su hombro.

—Lo sé... también creo que es tonto... —susurró. Un par de lágrimas cayeron de nuevo de sus ojos—Pero no pude hacer nada. Regresé a su casa y volví aquí solo cuando me lo permitió ayer... Todavía dependo de él y es... —más lágrimas cayeron— y es tan frustrante…

Se cubrió con una mano, comenzando a llorar con más intensidad, separándose del hombro de Nakamura para mantenerse unido.

—Yo solo quiero ser yo mismo sin tener que hacerlo a escondidas de nadie. ¡Qué importa el qué dirán! O quisiera... quisiera que dejara de doler cuando quiero hacer lo que me gusta, cuando quiero ser libre.

Nakamura apretó los labios. Qué raro. Él también sentía ganas de llorar ahora. De hecho... podía sentirlas en el borde de sus ojos.

Pensó en su familia, en sus compañeros, en cómo sintió pánico cuando Kawamura descubrió que le gustaba el BL. En su madre observando mal a parejas del mismo sexo que vio una vez en el metro; una entre un millón, y solo ellas, dos chicas, recibían miradas. En su padre llamando travestis asquerosos a quienes veía en televisión. En su miedo a decirle a Hirose que le gustaba por ser rechazado y señalado. En su miedo a decirle a su compañero de cuarto quién es. En el pensamiento de que quería ser más para Hirose, pero saber que no podría. 

En Hirose y cómo, de forma amable y delicada, cada vez se alejaba más de él porque... él era solo el chico gay que casualmente tuvo la oportunidad de ser su amigo, pero ni siquiera fueron íntimos lo suficiente como para conservarlo en su vida. 

Piensa en su BL escondido debajo de la cama. En su entrenamiento en el gimnasio y cómo todavía le avergüenza que lo vean, por eso va a horas donde casi no hay gente. En cómo todavía se le dificulta hablar en voz alta. En como…tampoco se siente libre.

Piensa... piensa en lo valiente que fue Minamoto para enfrentar a su padre dos veces pese a salir mal parado y…

—Y-Yo también quisiera ser completamente libre... —susurró con la voz quebrada, las lágrimas a punto de salir; piensa en que... él tampoco quiere tener miedo a nada. Quiere poder mostrarse como es—¡Qu-quiero decir! —se corrigió de inmediato—Sé que no se trata de mí ni nada…—Cayó en cuenta al instante de que este era el momento de Minamoto y que lo estaba acaparando. 

Pero Minamoto, quien dirigió su atención a él al verlo erguirse alterado, se limpió las lágrimas y lo miró primero curioso, antes de reír débilmente. Una risa corta y acuosa que sonó más bien como un resoplido húmedo y nasal por los mocos.

—Así que también tienes un secreto que quieres ocultar, Nakamura-kun.

—No diría que es así... Yo no... tengo que ocultar mi aspecto ni nada de mi familia.

—¿De verdad? Imaginé que esa aura tétrica era una fachada, ya que eres muy guapo —Le dedicó una sonrisa ladina que quizás hubiese tenido un efecto mejor si su rostro no estuviera rojo, hinchado de llorar y con el maquillaje corrido (sin contar el moretón).

Quizás el Nakamura del pasado se hubiera sonrojado o molestado. Este, sin embargo, se alivió de que Minamoto al menos ya se sintiera mejor como para bromear con él.

—Siento decepcionarte —le devolvió la broma, limpiando las pocas lágrimas que alcanzaron a salir por empatía a Minamoto. ¡Qué bueno que no lloro!—Sin embargo sí... hay cosas que quisiera cambiar de mí…—Y no sabe por qué, pero lo siguiente que sabe es que abre la boca para revelar algo que no planeaba—Por ejemplo... Quisiera poder hacer que mi corazón dejara de doler cada vez que pienso en... cierta persona.

—Oh... ¿te refieres a la persona a la que le escribes tan seguido? —Nakamura lo mira alarmado a lo que Minamoto se torna cohibido, rascándose la cabeza y jugando con la peluca entre sus dedos—O sea, no es que te estuviera espiando... —comienza con una timidez rara en él—Es que notaba que usabas ese teléfono para comunicarte con alguien y no es normal, ¿sabes? es decir…¿Cuántas personas conoces que usen tanto su teléfono? a menos que sean profesores o gente de negocios y aun ellos, en su mayoría siguen usando bípers. 

Nakamura siente que se sonroja, dándole la confirmación a Minamoto, quien bufa con, si Nakamura no se equivoca, ironía.

—¿Por qué quieres que te deje de doler el corazón? ¿Acaso es tu... enamorada?

"Más bien enamorado... y no lo es", piensa, mas no dice.

Es cierto. Minamoto no sabe que es gay y una vez más piensa... lo genial que sería no tener que ocultarlo. ¡¿Por qué al mundo le tiene que importar si le gustan las mujeres o los hombres?!

—En realidad... fue alguien que me rechazó.

Minamoto abre la boca y jadea incrédulo.

—¡¿Cómo?! —Todo rastro de tristeza desaparece y parece casi ofendido. De hecho, enojado. Nakamura no entiende por qué—¿Cómo es que alguien...? ¿Por qué rayos...? O sea, ¿por qué alguien pensaría en...?

Balbucea de forma incoherente sin completar una oración. Parece cada vez más enojado sin razón. Se lleva ambas manos a la cara y gime contra ellas. Nakamura respinga y se aleja un poco, ligeramente nervioso.

¿Qué le pasa?

—¡¿Cómo a alguien se le ocurriría rechazar a alguien como tú?!

—Oye…—Nakamura entrecierra los ojos  porque ¿Qué se supone que quiere decir con eso? ¡¿Alguien como él?! Hace un instante creyó que tuvieron un lindo momento de conexión y ahora ¿Minamoto lo está  insultando?—¿Qué se supone que significa eso?

Minamoto va a replicar, pero al quitarse las manos de la cara su expresión cambia a pánico al notar su mirada de reproche.

—¡No, no! ¡No me malinterpretes! Me refiero a que eres... eres…—Sigue balbuceando y el color sube a sus mejillas poco a poco, Ya no solo por el llanto, más bien parece que Minamoto... se está sonrojando—Eres... un... muy buen partido —Termina en un susurro.

Y Dios, Nakamura no sabe qué hacer con este Minamoto apenado que se remueve en el mueble sin devolverle la mirada. Se pone al día con sus palabras y siente cómo sus propios pómulos se calientan.

—Eh... gracias... creo…—Tartamudea a falta de coherencia para decir algo más

Prefiere dejar de lado la actitud de Minamoto y, en cambio, le explica las razones de Hirose, ya que no quiere que Minamoto piense que lo hizo por mezquino ni nada por el estilo. No fue culpa de Hirose, se recuerda.

—...esta persona... tuvo razones válidas para rechazarme —aclara.

—Pues no lo entiendo —insiste Minamoto, haciendo un puchero y cruzándose de brazos, con la peluca enredada entre ellos —¿Qué razones tendría esta chica para decirte que no?

Una vez más, no sabe qué lo impulsó, quizás fue la honestidad de Minamoto hace un momento, quizás fue la intimidad de la situación, cómo el chico se abrió él. Cómo Nakamura se dio cuenta de que lo considera un amigo valioso. O cómo Minamoto se indigna en su nombre aún sin saber el contexto, gesto que, aunque no lo admite, le parece un poco dulce.

Al final abre la boca y no puede creerse a sí mismo por un milisegundo que esté a punto de revelar por primera vez, en voz alta, su mayor secreto a alguien más por voluntad propia.

—Porque era un chico... no una chica—Ahí está, lo dijo.

Ocurren varias cosas al mismo tiempo. Primero, Minamoto cierra la boca y se queda en blanco. Un pequeño "oh" sale de sus labios, que Nakamura imita con otro "sí, oh", antes de rascarse tímidamente la cabeza. Después, los ojos de Minamoto se agrandan más y más a medida que la comprensión se asienta.

Nakamura se siente muy nervioso porque, si bien Minamoto pudo haber insinuado o no que son iguales y sí, se viste de mujer y lo que algunos llamarían "afeminado" aun cuando usa ropa de hombre, no hay garantía cien por ciento de que... bueno, le gusten otros hombres. Porque claro, decir que el hecho de que te guste vestir como mujer o que te identifiques con una, a ojos de Nakamura no quiere decir que automáticamente te guste tu mismo género.

Según como él lo ve, bien podría Minamoto identificarse como mujer (cosa que tampoco ha afirmado en realidad) pero gustarle las mujeres. ¡Hay otras mujeres a las que también les gustan las mujeres!. Ahora bien, su nerviosismo aumenta a medida que Minamoto no dice nada.

Está a punto de excusarse, decir que fue una broma, cuando por la mirada de Minamoto cruza una luz momentánea y parece temblar, ya no por llanto, sino por emoción. Es casi como si no pudiera contenerla.

En cámara lenta, Nakamura observa cómo se lleva ambas manos a la boca, suelta un chillido y un segundo después su mundo se gira de su eje cuando es arrastrado por la fuerza de gravedad hacia abajo. Su espalda cae contra el sofá, su mirada se llena del techo de la habitación antes de ser invadida por el rostro alegre de Minamoto. 

Demasiado alegre. Porque en su alegría literalmente lo tacleó sobre los cojines y ahora está encima de él, mirándolo desde arriba. Nakamura siente cómo una venita palpita en su frente, enojada. ¡¿Qué le pasa?!

Quiere quitárselo de encima antes de recordar que está sensible y herido, pues el golpe en el rostro, si bien es el más visible, a juzgar por su relato de la pelea con su padre y la forma en que se mueve con cuidado a veces, no garantiza que sea el único que tenga.

—¡También te gustan los chicos!— la exclamación sobreemocionada de Minamoto lo saca de sus pensamientos. No está preguntando para rectificar sus palabras, está afirmando ya convencido, y con ese "también", todas las dudas de Nakamura sobre la sexualidad de Minamoto se aclaran.

He ahí una pregunta más contestada de su baúl de preguntas. La diferencia es que esta vez... sí se siente satisfactorio.

¡Es la primera vez que conoce a alguien como él!

Es cierto que lo sospechó cuando lo conoció, y no quería acercarse a Minamoto ni con un palo de tres metros al inicio por pánico de que fueran iguales y eso sacara a Nakamura del clóset. Ahora, seis meses después, aquí están, tumbados sobre el sofá de Minamoto, compartiendo su secreto mutuo. Y Nakamura...Nakamura se siente feliz de ser comprendido y de comprender a alguien. Alguien que vive una situación similar.

Es agradable...Sentirse acompañado.

—Sí... —susurra cohibido, todavía sin quitar a Minamoto de encima, quien luce dichoso, apoyando ambas manos en su pecho para mantener el equilibrio sobre el regazo de Nakamura. 

Al responder, Minamoto cambia de posición y pone sus manos en ambas mejillas de Nakamura y las aprieta, formándole una cara de pez antes de reírse en voz alta.

—¡Lo sabía! ¡Ja! Quiero decir, no lo sabía. ¡Pero lo sospechaba! ¿Sabes por qué me senté al lado tuyo el primer día? —Nakamura niega con la cabeza como puede, con las mejillas aún atrapadas entre las manos de Minamoto. Nunca se lo dijo y él nunca preguntó —Porque cuando cruzamos miradas fuiste el único que no me miró ni con curiosidad morbosa ni con asco—comenzó, sonriendo radiante—Lo que vi en tu mirada por un segundo fue curiosidad genuina y... admiración... 

Termina con una sonrisa cálida y los pómulos teñidos de rosa.

—Estaba tan nervioso por mi acto de rebeldía y ver ese tipo de mirada en ti, aunque fuera un segundo, me atrajo. Y luego sentí... ¿Cómo decirlo?...—Se quedó pensando mientras miraba el techo—...una vibra.

Nakamura sabe a qué se refiere porque también la sintió, razón por la cual su instinto le gritó que se mantuviera lejos de Minamoto. Sin embargo, inevitablemente terminó en su órbita.

—Supongo que me atrajiste a tu órbita, Nakamura-kun —Ríe al final. Lo chistoso, es que  Nakamura podría decir que fue lo contrario, ya que fue justo lo que pensó.

—Diría... que fuiste tú quien me forzó a estar en la tuya —Bromeó de vuelta, sonando amortiguado por cómo Minamoto seguía estrujándole las mejillas.

Ugg ¡Le estaba doliendo! Así que le apartó las manos de un manotazo y luego se revolvió para que se quitara de encima. Minamoto obedeció y se sentó a su lado, en su posición anterior. Aún parecía un niño en una dulcería, rebotando sobre sí mismo y susurrando cosas como:

—Es la primera vez que conozco a otro chico gay de verdad…—Nakamura, aunque no sabe a qué se refiere con el "de verdad", puede estar de acuerdo con él. 

—Si…es…osea, no es la gran cosa, pero …no sé…Se siente bien conocer a otro chico gay— susurra para sí mismo con una pequeña sonrisa. Se pregunta momentáneamente si en un futuro será la normalidad, si ya no tendrán que ocultarse por temor al qué dirán. Más ahora, que no es común, su pecho se siente cálido al entender que encontró alguien que comprende lo que es no seguir la norma de la sociedad.

—¿Verdad que sí?—Le responde Minamoto, haciéndole saber que alcanzó a oírlo. Siente cómo el color le sube al rostro y por inercia esconde la cara entre las manos. Quiere decir que olvide lo que dijo, pero Minamoto lo interrumpe con una pregunta que no espera, recordándole cómo llegaron al tema—Pero entonces... ahora entiendo por qué dices que este chico te rechazó.

Cierto.

Hirose.

Comenzaron hablando de Hirose.

—Es heterosexual... ¿no? —preguntó Minamoto. Nakamura confirmó su pregunta con un asentimiento lento, sin mucho más que agregar—Ya veo...

Un incómodo silencio se levantó entre los dos. Nakamura reflexiona sobre el peso de lo que acaba de compartir, así como de lo que acaba de escuchar. Espera de corazón que, aunque no hizo mucho, haya ayudado a Minamoto al menos a desahogarse un poco, pues no hay manera por ahora de que pueda hacer o tomar acciones respecto a su situación de dependencia con su padre.

Por otro lado, creyó que revelarle a Minamoto la verdad sobre Hirose lo haría sentir mejor. Si bien en parte sí logró su cometido, pues como dijo, se sintió satisfactorio hablar abiertamente con alguien sobre su sexualidad (no solo hablarla, sino compartirla y sentirse acompañado), el tema de Hirose, más que calma, le trajo... dolor.

Ahora rememora el día, hace ya siete meses, cuando Hirose le dijo que no sentía lo mismo. El atardecer luego de la ceremonia, la silueta culpable y arrepentida de Hirose. Sus palabras dulces, no obstante hirientes cual cuchillo desgajando el órgano vital de Nakamura en una herida aún abierta y sangrante.

—Ey... Nakamura-kun…—Escucha la voz de Minamoto llamándolo por lo bajo; en su tono hay un gesto de alarma, no exactamente pánico, sino sorpresa mezclada con premura.

Nakamura no entiende la razón hasta que percibe sus mejillas mojarse con dos pequeñas lágrimas que acaban de caer de cada uno de sus ojos. Seguido de eso siente dos manos cálidas sobre sus pómulos.

Minamoto se apresuró a tomar su rostro por segunda vez, ya no estrujándolo y forzándolo a hacer una mueca ridícula. En cambio, acunándolo con delicadeza, borrando el rastro de agua a cada lado con sus pulgares; mismo rastro que fue de inmediato reemplazado por dos líneas nuevas de agua, y luego otras, y otras, hasta que supo que no tenía caso limpiarlas.

Nakamura encuentra la mirada de Minamoto. Se ha tornado seria y tenuemente triste. Triste en su nombre, reemplazando el gesto destrozado que tenía al dejar salir a la luz la historia con su padre y su familia.  Vagamente la voz de su cabeza le recuerda que esto se trataba de Minamoto, así que se apresura a restregarse los ojos, por encima de las manos de que lo sostienen, buscando borrar cualquier signo involuntario de angustia que pudiera haber llegado a él en un descuido. 

Minamoto retira las manos despacio cuando Nakamura aparta el rostro y se se limpia con más ahínco, mas no se aleja de su posición. Sus muslos siguen tocándose en el sofá, así como tampoco deja de mirarlo con la misma expresión seria.

—Si quieres llorar... hazlo. Dijiste que aún te duele pensar en ello, ¿no?

—No hay... —comienza, tratando de regular su respiración. Debe componerse, no es el momento ni el lugar. Y si lo reflexiona cuidadosamente, tampoco hay motivos para dejar salir las lágrimas, puesto que ya lloró lo que tenía que llorar el día después del rechazo—N-No hay…No-No hay r-razones para que… l-llore —se fuerza a terminar la oración sin regresarle la vista a Minamoto.

—No estoy de acuerdo —Una mano se estira con vacilación. Nakamura observa cómo los dedos se contraen antes de decidirse y encontrar los suyos, envolviéndolos con más determinación que al inicio. Él no la aparta, aunque tampoco corresponde el gesto —Tú me escuchaste hablar de la historia de mi familia homofóbica, ¿no? Es justo que yo te oiga desahogarte —Sonríe tenuemente.

Una vez más Nakamura no corresponde el gesto.

—Él... —las palabras se atoran en su garganta, su cerebro envía la orden de qué le conteste a Minamoto para inmediatamente después enviar una señal a su boca de no hacerlo. Se siente reticente; No quiere hablar de Hirose.

No se siente listo.

No.

No tiene que estar listo. Porque no hay nada que decir.

—Él me rechazó porque no siente lo mismo. No le gusto de esa forma. Ya que soy un chico, solo me ve como amigo —La oración sale completa y sin pausas, lo más rápido que su lengua puede moverse para que el tono no sea roto por el llanto que todavía trata de reprimir sin éxito. Pese a sus esfuerzos, no se oye natural o convincente; al contrario, la frase sale mecánica, casi robótica, como un guion que leyera de un teleprónter en su cabeza. 

Reprimiendo, reprimiendo y reprimiendo el dolor que crece y crece con cada palabra. Con cada pensamiento intrusivo que llega a él sobre Hirose, sobre sus días de preparatoria, sobre lo mucho que lo anhela, sobre el día del rechazo, sobre el día en Yokohama. 

Duele, duele, duele y... el espiral de dolor se detiene en seco cuando siente cómo Minamoto aprieta su mano con fuerza, tirando de ella para obligar a Nakamura a que lo mire a los ojos. 

Nakamura no cede; en cambio, continúa justificándose, leyendo el guión en su mente (porque es la realidad, es como es) —Él fue amable. De verdad... No dijo nada malo. No me despreció por ser como soy. No... no le desagradó. Él no... él no… 

Quiere decir que no lo rechazó de la forma que quizás piensa Minamoto. Que Hirose fue extremadamente cuidadoso. Que prácticamente casi lloró por él. Que se sintió mal por rechazarlo. 

—Él... él se sentía mal por rechazarme… Mucho.

—Pero aun así lo hizo…—Susurra Minamoto. A lo que Nakamura siente un poco de enojo en nombre de Hirose.

—¡¿Y qué se supone que hiciera?! ¿Qué me aceptara? ¡¿A sabiendas que no siente lo mismo?! —Espeta con una mezquindad que nunca creyó tener dentro.

Minamoto se sorprende por un mísero segundo antes de volver a su actitud calmada. Es increíble cómo, con el maquillaje corrido, el ojo morado, la ceja partida y el cabello rapado hasta la raíz (una imagen que al mismo Minamoto le parecería horrorosa), a Nakamura en este momento le parece... imponente.

Quiere que Minamoto deje de observarlo…así. Pues lo hace sentirse expuesto.

—Bueno... tú querías que lo hiciera, ¿no?

Y Nakamura...Nakamura siente que su mundo se mueve porque él...Él nunca tuvo esperanza (Sí la tuvo). Él sabía que Hirose lo rechazaría (Quería que no lo hiciera).

—¡Claro que no! —se soltó de la mano de Minamoto con brusquedad—. Yo... estaba bien con ser su amigo. Solo su amigo— Mentiroso. Sisea la voz de su conciencia. Él quería más, por eso fue que se confesó.

Él sabía que Hirose no lo miraría con asco, pero no creía que lo aceptaría. Y aun así...Recuerda cómo, a medida que Hirose le halagaba, la chispa de la esperanza comenzó a crecer en su pecho solo para ser aplastada con una sola oración: "Yo no puedo darte mi segundo botón, Nakamura-kun."

—Si estabas bien siendo solo su amigo, si es así entonces ¿por qué confesaste?— Minamoto dio en el clavo, cerrándole la boca a Nakamura.

—Porque…—No quería decirle la verdad, se negaba a darle la razón, aunque fuera infantil.

—Porque querías más —pero Minamoto termina por él. Nakamura se inclina sobre sí mismo en el sofá, subiendo las piernas al mueble. Quiere esconderse, así que oculta el rostro entre las rodillas —Y aún lo haces... por eso le sigues buscando. 

—No es así... yo... ¡ya decidí seguir adelante! –Puede sentir cómo sus ojos pican, como la vista se nubla más, sus mejillas están insoportablemente mojadas y la nariz comienza a gotear; cierra los párpados con fuerza y aprieta, empujando más la cara hacia sus propios muslos—Hirose... él fue amable conmigo... f-fue honesto, se-se sentía mal por rechazarme y yo lo acepté. ¡S-Sabía que…que no me iba a corresponder!. Le-Le dije lo que le dije por mí. ¡Por eso acepté seguir adelante! —Su voz se agrieta y las palabras le fallan. Las cuerdas vocales flaquean al intentar seguir hablando.

Odia lo débil que suena.

Odia que cada cosa se oiga como una excusa endeble.

—Yo... nunca he estado enamorado de esa forma —retoma la palabra Minamoto, hablándole despacio, en voz baja, como quien le habla a un animalito asustado. Así tal cual como se siente Nakamura. ¿Cómo es que se voltearon las tornas ahora y es él quien necesita ser consolado?—Pero se nota que a este Hirose... lo amas mucho. Y eso de seguir adelante... no parece estar funcionando. 

Nakamura aprieta los labios porque siente un sollozo estruendoso abrirse paso para escapar de su garganta. Quiere que Minamoto se calle, que cambie de tema.

—A veces tu mirada se pierde a lo lejos y se vuelve triste. O miras tu teléfono mucho tiempo. O te ves... melancólico cuando te pierdes en tus pensamientos. Ahora entiendo por qué...

—Por favor, no sigas…—Murmura. Sin embargo, Minamoto continúa.

—Es porque tienes el corazón roto —Siente una mano en su espalda que acaricia de arriba abajo con suavidad—Y no... y no te has dedicado a sanarlo como corresponde

La mano se detiene cerca de su nuca.

Nakamura, al escuchar sus palabras, se endereza a medias y lo mira mal.

—¡He hecho de todo! Dejé de invitarlo a salir porque sé que le incomoda. Trato de no enviarle mensajes tan seguido para que no sienta que lo acoso. Las veces que salimos con sus amigos fui paciente y disimulé mi incomodidad. Y espero pacientemente a que me conteste cuando tiene tiempo. ¿Qué más quieres que haga?

—Eso no suena…—Minamoto se calla un momento, su boca se contrae en una mueca frustrada antes de respirar hondo y continuar. La mirada que le da parece de reprimenda, como si lo que Nakamura acabara de decir le hubiese molestado y aun así se contuviera para permanecer calmado —...¿No te das cuenta de que todo lo que acabas de decir fue sobre lo que él necesita, lo que él siente o lo que le incomoda? ¿Dónde estás tú en todo eso, Nakamura-kun? Porque, sinceramente... no suena a que estés intentando superarlo. Suena a que sigues reorganizando tu vida alrededor de él. 

A Nakamura le cae como un balde de agua fría.

—Yo no... yo solo…—ya no puede luchar más. Las lágrimas salen a borbotones, su voz se rompe del todo, junto con su compostura, distorsionando su rostro en una expresión de angustia pura. Una mueca fea con los dientes apretados, las mejillas rojas y mojadas, así como la nariz mocosa por más que sorba.

—¡Yo no sé cómo dejar de amarlo! —grita al final con la voz acuosa, frustrado, tratando de cubrir desesperadamente su rostro—Lo-Lo he hecho –hip- por…por tanto tiempo que no -hip- no sé…—Sorbe por la nariz y se ahoga un poco con su llanto— No sé…No sé cómo dejar de hacerlo…

Minamoto se arroja sobre él y lo abraza, apretando su cuerpo y conduciendo su cabeza hacia el hueco donde se unen su hombro y su cuello. Lo deja llorar allí mientras le acaricia la espalda, apretandolo contra su cuerpo.

Nakamura llora y llora entre lamentos que apenas se entienden como un: ”Duele... duele mucho”... y “Hirose no tiene la culpa... es mía... solo mía..”.

—No... no es tu culpa, Nakamura-kun. Nadie elige a quién amar

Nakamura no refuta esta vez. En cambio llora más porque siente...Siente que necesitaba oírlo y no tenía ni idea.

Minamoto continúa.

—Quizás no puedo comparar a tu Hirose con mi padre, pues mi padre es una persona clasista de lo peor, pero... ¿Qué no es la amabilidad también un arma peligrosa? —Nakamura no responde, continua sollozando a mares—Quiero decir, sería peor si fuese cruel. Sin embargo, es más fácil lidiar con la ira que con la compasión, la lástima o la explicación de cómo eres un buen tipo y todo eso. Es demasiado... así ni siquiera puedes ser egoísta con tus sentimientos y seguir adelante.

—No quiero ser egoísta…—protesta. O al menos eso cree alcanzar a decir, pues su voz suena muy rota y es ahogada por el cuello de Minamoto.

—¿Por qué no? No está mal ser egoísta, Nakamura-kun. Al menos aquí no tienes que serlo con él. Entiendo que este Hirose no sienta lo mismo y está bien, pero también está bien ser mezquino—Minamoto lo abraza más fuerte y una mano se posa sobre su cabello, acariciándolo —Aquí puedes decir lo que piensas. Lo que de verdad deseas. Ya no tienes que guardarlo para ti, dejalo salir…lo necesitas.

Nakamura niega con la cabeza con vehemencia. Una cosa son sus fantasías, permitirse que su cerebro divague e imagine escenarios. Otra muy distinta es decirlo en voz alta. Ya que al hacerlo...Al hacerlo tiene que estrellarse con la realidad.

—Dijiste que quieres que deje de doler, ¿no? —Nakamura asiente —Entonces desahógate. No vas a dejar de amarlo mañana, así como yo no me liberaré económicamente de mi padre en un parpadeo. Pero al menos te sentirás mejor y quizás... sea el primer paso. 

Y Nakamura reflexiona entre la bruma del dolor agonizante...¿Qué más da? ¿Por qué no?

—Quería…—Empieza, con la voz temblorosa, amortiguada contra la piel de Minamoto—Quería que me correspondiera —Admite al fin. Lo mismo que dijo Minamoto, solo que ahora en voz alta—Quería que me dijera que siente lo mismo —Continúa y siente cómo la llave de agua que goteaba se abre cada vez más, volviéndose un chorro de emociones imposibles de retener—Quería que me dijera que le gusto. ¡Que se dio cuenta de que no solo le gustan otros hombres, sino que le gusto yo! —Dice más fuerte, con la voz más estable —Quería besarlo, acunarlo, mimarlo. Quería salir con él, tomarlo de la mano, acostarnos en la misma cama y hablar de todo o de nada.

Minamoto lo abraza más fuerte y esta vez Nakamura alza los brazos y le corresponde sin dejar de hablar.

—Quería decirle "te amo" y que él me dijera "yo también" —En la última parte un sollozo lo ahoga y tiene que luchar por controlar la respiración mientras Minamoto tararea y ahora acaricia su costado con la mejilla, arrullándolo—Me lastimó que me rechazara —Admite por fin—Y sé que no es su culpa, ¡lo sé! Sé que no puedo forzarlo a tener la misma orientación que yo. Hirose es amable, es la mejor persona que he conocido... pero yo... yo…

—Está bien. Puedes decirlo. Es un espacio seguro.

—Yo me siento enojado cuando no me contesta. Me sentí decepcionado cuando invitó a alguien más a nuestras salidas. Siento que mi corazón se rompe una vez más cuando trato de cuidar todos mis caracteres para enviarle un mensaje que le transmita mi interés por su día y él me responde con dos líneas banales que parecen más una formalidad que cualquier otra cosa.

—Tienes derecho a enojarte. No invalides lo que sientes…—Y si Minamoto se lo dice solo a él o a ambos, Nakamura no lo sabe, pero lo abraza más fuerte, transmitiendo un "tú también" implícito.

—Quiero... quiero que deje de doler, pero me da miedo dejar de amarlo —Termina su diatriba con un exhalación larga, tal cual como un globo cuando pierde todo el aire.

Ahí está.

Lo dijo al fin.

—Lo entiendo... Yo quiero ser libre, pero tengo miedo al fracaso... y también al rechazo. Si sirve de algo, ¿me tienes a mí? Quizás no pueda hacer que deje de doler, pero... puedo ayudarte a que lo superes y a que dejes de tener miedo de hacerlo. 

La reacción instantánea de Nakamura es decirle que no. Que no quiere olvidar a Hirose. Mas la punzada en su pecho lo hace reconsiderar.

Han sido siete meses agotadores de estar en este limbo en el que sabe que no es correspondido y que debe dejar ir este amor, más se niega a hacerlo, esperando algo que no sucederá. Es peor que en preparatoria, cuando al menos no tenía la certeza de ser rechazado porque no había intentado nada.

Quizás ahora es tiempo de sanar. De hacerlo en serio.

—...lo sé…—pronuncia al final y aprieta el abrazo de Minamoto, ocultando todo lo que puede el rostro en su cuello e ignorando cuán húmeda y llena de mocos dejó la elegante camisa—...Tú también me tienes a mí—agrega por lo bajo después de un rato, cuando sus lágrimas, que siguen fluyendo, al menos le permiten hablar con claridad—Puede que no pueda hacer nada con tu familia, pero... seré tu apoyo de ahora en adelante porque eres... eres mi mejor amigo.

—Y tú el mío…—Se ríe Minamoto entre contento y acuoso, Y es cuando Nakamura se da cuenta de que también está llorando —Uno a quien amo mucho. Nunca dudes de ello.

Es la primera vez que le dicen a Nakamura que lo aman. Se siente... bien. Como un bálsamo fresco después de semejante aluvión emocional.

Se aparta del cuello de Minamoto, mas no se aleja, a lo que Minamoto aprovecha para apoyar su frente contra la de Nakamura. Él no se aparta, en cambio se quedan así, medio abrazados; manteniendo la cercanía, frente con frente en señal de compañía o consuelo, o ambos.

—Nos debemos ver horribles —Minamoto rompe el silencio al cabo de unos minutos, una vez que ambos se calmaron lo suficiente para que de las lágrimas solo quede el rastro mojado en sus pómulos.

Nakamura resopla divertido—Tenlo por seguro

Minamoto hace una mueca de desagrado y se aparta al fin. Luego se incorpora —Iré a lavarme la cara y quitarme el maquillaje. ¿Tenías clase, no?

—Sí, pero no creo que tenga ánimo para ir.

—Entonces quédate aquí. Podemos pasar la tarde charlando en el sofá. O tengo algunas revistas de chismes que mi padre no encontró cuando vino e hizo su allanamiento de abuso parental con la excusa de poder llevarme de vuelta a casa. También tengo revistas con chicos guapos~ — finaliza con voz cantarina y picaresca.

Nakamura siente cómo tenuemente sus pómulos se calientan. Nunca ha ojeado revistas con chicos guapos…ahora que la posibilidad se presenta…tal vez siente un poquito de curiosidad. Además, hablar de Hirose y admitir todo lo que tenía guardado lo dejó exhausto a nivel emocional. No quiere pensar en nada complejo.

—Suena…Suena bien —Sonríe un poco antes de recostarse en el respaldo del sofá mientras Minamoto tararea contento y, dando saltitos, se pierde por el pasillo. No sin antes arrojarle un paquete de pañuelos desde la distancia para que se limpie.

—Por cierto, ahora que abrimos el corazón el uno al otro, creo que lo más adecuado es que me llames Masato—le dice con un brillo despampanante en la mirada que contagia una sonrisa cálida en Nakamura.

—Entonces... supongo que puedes llamarme Okuto.

Y Masato se ilumina cual farolito, regresando a su camino hacia lo que Nakamura supone es el baño, dando más saltitos, como un niño de jardín infantil. Nakamura lo mira irse antes de relajarse en el sofá y observar el techo.

Curiosamente ahora se siente...bueno, no mal. Más liviano, quizá. Piensa que esta vez, ahora sí en serio, podrá seguir adelante. Aunque le dé miedo. 

Esta vez está listo para intentar dejar de amar a Hirose, porque esta vez no está solo.

 

Notes:

Curiosidades del capítulo:

Como dije al inicio, este capítulo es muy importante para el desarrollo de Nakamura, así que espero haber transmitido bien las emociones que siente y hacerle justicia al personaje, además de que espero lograran tomarle a Masato el mismo cariño que yo. Recuerden que en esta historia será un personaje principal, así que si los OC no son lo suyo, aún están a tiempo de irse (no es el único OC que habrá, aunque sí el más relevante).

A decir verdad, aproveche que ya entregue la segunda etapa de mi tesis para revisión y que ahora tengo el fin de semana libre para dedicarme a escribir como maquina asi que pude traerles el capítulo 3 y 4 editado.

Aunque no puedo prometer cuándo posteare el quinto. Mientras el trabajo, el hogar y la universidad sigan tranquilos, quizás sea el próximo domingo, sobre todo porque ya se nos va el anime y tocará vivir a base de imaginación.

Ahora respecto a mi enojo con Hirose…soy consciente que es infantil, pero tal cual como le dije a mi besti, me senti como la mejor amiga cuyo amigo gay le rompio el corazón su crush hetero y ahora quiere ver sangre correr. Sé que Hirose no tiene la culpa, él no sabe que Nakamura lo ama y su sexualidad (en el canon) es dudosa, pero eso no me impedirá defender el corazón de Nakamura! (inserte grito de corazón valiente)

Así que, por eso el POV de Hirose tardará un capitulo más. Primero quiero que Nakamura sea feliz, viva su universidad, quiero escribir como crece y luego…bueno, será sorpresa.

Notes:

Quiero aclarar que yo amo muchísimo a Nakamura y me dolió hacerlo sufrir, pero todo tendrá un propósito.

Este fic esta planeado para ser un long fic de unos 15 capítulos en cuyo tema central será “Qué pasa cuando te enamoras a destiempo de la otra persona?” es decir, cuando tu crush se enamora de ti cuando tu ya no lo amas, básicamente jaja y surgió de mi deseo de hacer que Hirose se esfuerce por conquistar a Nakamura.

No me malinterpreten, me agrada Hirose, pero cuando leí el manga estaba enojada con él por razones que comentaré en capítulos futuros.

Y hablando de eso. Serán posiblemente actualizaciones lentas. Si bien el esquema del fic ya está terminado y el borrador de cada capítulo está hecho, actualmente ando en el último semestre de la universidad y también trabajo así que…si, no habrá calendario de actualización, pero trataré de no tardar mucho.

Por último quiero hacer una mención honorífica a mi bestie quien fue quien me insistió en ver “Ganbare Nakamura-kun!” y fue una de las mejores decisiones de mi vida. También ella es con quien la idea de este fic nació y con quien planee la mayoría de la trama. Bestie, espero te guste, esto es en tu honor

En el próximo capítulo veremos a: Nakamura universitario y un personaje nuevo juju.