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Problemas familiares

Summary:

Segunda temporada de Problemas maternales.

Desde que William se fue todo cambió para los Kaulitz, Tom sabe que Will no es bueno para él, pero aún así lo necesita… Y Bill también. Este problema ahora involucra a la familia completa.

Notes:

Yo la verdad sí había pensado en la continuación de esta historia, sin embargo, no me había animado a escribirla porque sería más turbia que la primera, aunque con un final retorcido pero bueno dentro de lo que cabe (?).

Pero para mis pocos seguidores que apoyan comentando, me dijeron que sí, que por favor lo escriba, y luego tuve un sueño dónde me imaginé varias escenas, así que fue el impulso necesario.

Se necesita leer la primera temporada ☝️.

Dedicatoria especial a Killy porque amó mucho a estos insanos jijiji

Advertencias: Tom tiene vagina en este fic, no es mujer, es intersexual y es madre de Bill. Bill tiene TID: Trastorno de Identidad Disociativa, lo que antes se conocía como trastorno de personalidad múltiple. William tiene TAP: Trastorno Antisocial de la personalidad, en buen cristiano, es un psicópata.

También habrá mención de depresión post parto, abuso infantil, incesto madre/hijo, manipulación, coerción, así que se recomienda discreción, si estos temas no son para ti, eres libre de irte. Si te llama la atención, te invito a quedarte.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter Text

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El lidiar con la pérdida de una persona, por más que no hubiera muerto como tal, significaba un luto, un duelo… Y aquella sensación era la que atormentaba a Tom, quien estaba pasando nuevamente con sufrir el abandono de un hombre el cual amó, no… Corrección, no era en pasado, lo amaba, seguía haciéndolo, así fuera un maldito psicópata mitómano que lo había manipulado y engañado para embarazarlo, sabía que era su forma “peculiar” de amar, que William se caracterizaba por ser terco, y precisamente por eso no se había rendido, sólo que como él no cooperó, lo embarazó contra su voluntad y… No disfrutaba a su hijo, pero tampoco Tom lo hacía.

 

Tomi era la prueba de todo lo que hizo… Era su pecado hecho carne, idéntico a él pero con los cabellos oscuros de William… De Bill.

 

William nunca disfrutó a su hijo, y el único que estaba ejerciendo la labor de padre era, irónicamente, su padre biológico, Bill, su propio hijo, al cual Tom le estaba dando esa carga, pero es que no podía, sentía un rechazo total hacia Tomi, porque nunca lo deseó, y no lo veía como suyo, sólo era el recordatorio de todo lo que pasó, y cómo es que lo único que le quedaba de William era ese bebé que no quiso en primer lugar. 

 

Lo sabía… Cómo es que no sentía ningún apego por su hijo menor, al punto de ni siquiera querer darle de lactar, por más que tuviera los pectorales doliéndole por los nudos al estar tan repleto de leche, y cómo se acrecentaba cuando lo escuchaba llorar, y es que Tomi era tan llorón.

 

—Es que necesita a su mami, mamá, sólo quiere un abrazo, quiere cariño, quiere que lo ames, ¿por qué lo tratas así? ¿No ves que le duele? —preguntó Bill cuando Tom se había quejado de que Tomi no se que callaba.

 

—¡No me importa, porque no lo quiero! ¡Nunca lo quise! —rebatió Tom sintiéndose tan frustrado al ver a su hijo mayor, porque no quería que fuera él, quería que fuera William, y sabía bien que si hubiera tenido la oportunidad de elegir, habría preferido ser el atropellado para que Tomi hubiera sido un aborto espontáneo, en vez de que William desapareciera.

 

Tom mismo lo habría abortado de haber sabido de su existencia, pero como supo que lo estaba cuando tenía siete meses ya era demasiado tarde.

 

Bill lo miró dolido, tapándole los oídos a Tomi, por más que el bebé apenas tenía meses de nacido y no entendía nada de lo que su madre decía, pero Bill sí, Bill comprendía y eso dolía más, ese rechazo tan marcado contra su hermanito, al cual arrulló, apretándolo más contra su cuerpo, buscando que el pequeño se sintiera amado, porque Bill lo amaba, lo adoraba, era tan pequeño y frágil, que lo sentía suyo también, como su mamá. 

 

Bill no entendía por qué su mamá rechazaba así a su hermanito, más allá de saber que no fue deseado y que evidentemente el padre no se responsabilizó… No entendía por qué su mamá no sentía ese deseo de protección que siempre había demostrado con él. Bill sabía muy bien que Tom era una excelente madre, así que por eso le costaba tanto el aceptar que con Tomi no lo fuera, incluso hablándole a su hermano, así no lo entendiera, queriendo asegurarle que mamá lo amaba, quizá sólo necesitaría más tiempo…

 

Pero no, Tom incluso tenía pensamientos nefastos, no sólo haber querido ser el atropellado para que Tomi muriera, sino… También que quien hubiera despertado en el hospital hubiera sido William y no Bill, y eso era peor, porque sabía que desear más recuperar a su marido que a su propio hijo estaba por completo mal. Sin embargo, Tom lo extrañaba tanto… Incluso planteándose el provocarle de alguna forma un trauma a Bill para hacerlo volver…

 

El psiquiatra se lo dijo, que había desaparecido pero podría volver ante un evento traumático, y Tom se sintió mal por desear provocarle un daño, cual fuere, a su hijo para que William regresara.

 

Ahora mismo lidiaba con el dolor en sus mamas por los nudos… Cómo es que estaban tan inflamados y sensibles que terminaba mojando sus camisetas con leche, pero no, Tomi bebía fórmula porque Bill se la daba, y él mismo es quien había ubicado la cuna en su habitación, aunque mayormente hacía colecho, Tom lo había visto. Era un gusto culpable el fisgonear en el cuarto de su hijo y mirarlo dormir con Tomi, porque una parte suya se imaginaba que veía a William.

 

Cómo extrañaba a William, ahora mismo estaba en su cama, llorando, no sólo lidiando con su pena y frustraciones, sino también el dolor físico de sus pectorales llenos, quitándose la camiseta para lanzarla al suelo, estaba tan sensible que hasta el sentir la prenda encima quemaba, y escuchó cómo abrieron su puerta, girándose de inmediato.

 

—Bill, ¿por qué te metes sin tocar? —cuestionó Tom con el ceño fruncido, pero cuando el menor lo miró no eran los ojos de su hijo, y poseía una sonrisa torcida… ¿Qué?

 

—¿Ahora volvemos a las formalidades, Tom? —inquirió de vuelta, y Tom sintió su corazón latir acelerado, ese tono, ese descaro…

 

—¿Will? —interrogó Tom ya sin el ceño fruncido, sino con anhelo cargado en su voz.

 

—¿Me extrañaste? —preguntó William acercándose hacia él, y Tom sabía que quería recriminarle el que lo embarazara contra su voluntad, gritarle porque había sido un idiota al sacrificarse por él, tantas cosas que se quedaron atoradas en su garganta al sentir fluir las lágrimas por sus mejillas, porque por sobre todo lo demás… Sí, lo había extrañado, lo amaba y estaba agradecido que estuviera allí con él.

 

—Volviste… —dijo Tom, sin responder a la pregunta, y el menor acentuó más su sonrisa, en lo que sentaba al borde de la cama cerca a él para pasarle las manos por su rostro, quitándole las lágrimas.

 

—¿No creías que me iría para siempre dejándote solo con nuestro bebé, verdad? Me esforcé mucho para que Tomi existiera como para no criarlo, tenía que regresar por ti, por ambos, porque en realidad Bill está haciéndolo muy bien por sí mismo, pero ustedes me necesitan —arguyó William con determinación, y Tom puso su propia mano sobre la del menor, inclinándose ante su contacto.

 

—William… —musitó Tom, sintiendo su garganta atorada, sin poder dejar de repetir su nombre, como si hubiera sido aquello una necesidad, volverlo más real al vocalizarlo y tenerlo frente a él.

 

—Pero tú no estás haciendo tu parte, Tom… Eres una excelente madre, ¿por qué estás negándole atenciones a nuestro bebé? ¡Tomi te necesita! ¿Por qué no estás durmiendo con él como hiciste con Bill? ¡Tú deber es ser una buena madre, Tom! —reclamó William enojado y Tom se estremeció ante cómo le alzó la voz el menor.

 

—Yo… Yo… No estabas, yo no lo quise. Te lo dije —repuso Tom, sin querer crear un conflicto, porque sólo quería recuperar el tiempo perdido, sólo que tampoco podía quedarse callado y bajar la cabeza, ya que nada de esto había sido por mutuo acuerdo.

 

William chasqueó la lengua. —No importa que no haya sido algo que quisieras, Tomi ya existe y él te necesita. Es la fusión de todo el amor que te demostré, más de una vez, porque sabes muy bien que disfrutaste todos los intentos para hacerlo —arguyó con cinismo el menor, y Tom ni siquiera podía refutarle aquello como tal, porque era más que obvio que sí disfrutó.

 

—Fue diferente el saber que teníamos sexo, protegiéndonos a qué estábamos teniendo sexo sin protección. Tú me estabas medicando para quitarle la efectividad a la inyección. En los jugos disolvías los antidepresivos —rebatió Tom con tono acusador.

 

—¿Y de quién lo aprendí, mami? —inquirió William con la ceja arqueada, manteniendo ese tono cínico acentuado al llamar así a Tom.

 

Tom sabía que se refería al medicamento psiquiátrico, pero es que en aquel entonces, él tenía miedo. Porque sabía que en realidad, incluso aunque supiera de lo que era capaz William, no medicaría a Bill, porque no quería que William desapareciera nunca más.

 

—Sólo… Si tú te quedas, podremos hacerlo juntos, ¿verdad? Contigo, me dijiste que serías un mejor padre, yo puedo intentarlo si estás a mi lado —propuso Tom, porque si William se quedaba con él, podría poner de su parte, ya no tendría más estrés de quedarse solo, recuperaría a su amante, a su esposo, así supiera que estaba mal por dónde se le viera, el pensar a futuro en Tomi, el que no sabría su origen, y que cuestionaría por qué su hermano mayor pasaba tiempo a solas en la habitación de Tom.

 

Porque Tomi ahora no hablaba pero no sería un bebé por siempre, luego sería un niño, y si bien Bill se mantenía ajeno a la situación, era porque estaba recluido en su cabeza. 

 

Pero verían la forma de hacerlo funcionar, quizá tendrían que hacer que Tomi lo viera como algo normal, que no comprendiera del todo, mantenerlo en mucha unión porque Bill es su hijo mayor, y evitar el contacto fuera de la habitación. Se podía hacer, Tom era consciente de cómo había hecho para que Bill mismo no cuestionara algunas cosas. 

 

Tom podría maternar a Tomi si es que tenía a William, lo haría más que nada porque lo tendría, y con el tiempo aprendería a amar a ese bebé con la misma devoción que William le profesaba, no quizá con el mismo amor que tuvo por su primer hijo pero sí lo suficiente. 

 

—Claro que me quedaré, Tom. ¿No recuerdas que eres mi esposo? Y te prometí un para siempre, yo jamás me habría ido por mi propia voluntad. Te amo demasiado, y luché tanto porque me correspondas, por embarazarte. Si me fui no fue porque quise, fue porque al momento de protegerte del atropello el cerebro de Bill me hizo alejarme, jamás me iría intencionalmente como la basura de Wilhelm, por eso vine apenas pude, mi amor —le aseguró William y Tom sólo podía derretirse por dentro, ya que lo tenía aquí, no era Bill, era Will, por más que hubiera visto tantas veces a su hijo anhelando que fuera él, no poseía aquella intensidad en sus orbes, ese hambre, esa adoración a la cual Tom se había malacostumbrado como si fuera un adolescente en vez de un adulto camino a los cuarenta y Will no fuera el menor de diecinueve años que lo había desestabilizado por completo.

 

Tom ya no quería discutir, no quería pelear más, ni siquiera quería gastarse hablando, porque William estaba allí frente a él, así que el mayor acortó la distancia, besando al alter, juntando sus bocas, con William correspondiéndole, Tom mismo suspiró al hacerlo, mordiéndole el labio inferior y colando su lengua, succionando la de William, quien no se quedó quieto, moviendo sinuosa su lengua contra la suya, haciendo que Tom sintiera cómo se iba mojando sólo por saborearlo.

 

Se separaron sólo por aire, viéndose acezados con los ojos fijos en el contrario, la forma en que William se relamió los labios hinchados, y Tom sólo podía pensar en su lengua perforada sobre otros labios… Lo hábil que era el alter y cómo es que Tom quería más que sólo un beso, quería sentirlo de tantas formas, había pasado mucho tiempo y sólo quería que William lo poseyera.

 

William, quien subió su mano hacia uno de sus pectorales, apretándole el pezón de arriba abajo y Tom siseó, no sólo por lo muy sensible que estaba sino lo adolorido también.

 

—¿Qué pasa? —inquirió William.

 

—Me duelen… Por los nudos por… —se interrumpió a sí mismo recordando el motivo.

 

William arqueó una ceja. —Por no darle de lactar a Tomi. Entiendo, mira, Tom… Fuera de que es el alimento del bebé que puse en ti. También te mencioné muchas veces el que me hubiera gustado ser Bill, porque así habría podido lactar como lo hizo él, y no creándome a partir de un trauma. Así que… Te ayudaré con el dolor, deshaciendo esos nudos, y calmando de paso otros apetitos —soltó el menor nuevamente con su sonrisa torcida, inclinándose hacia uno de sus pectorales inflamados.

 

Tom no tuvo tiempo a reclamarle o algo, porque en realidad, le excitaba el que William fuera tan grotesco y devoto hacia él, buscándole calmar el dolor meramente por su morbo. 

 

La forma en que William lo miraba al momento de embocar su pezón sensible, comenzando a chuparlo, al inicio viéndolo pero luego cerrando los ojos, entregado del todo ante la succión de su carne… La forma en que empezó a sorber… Tom gimió, sintiendo sus piernas temblar, observando cómo es que William bebía su leche, dolía al comienzo, sin embargo, la manera que en arremolinaba su lengua, haciéndole un masaje con su mano, es que hacía que la leche fluyera más, mientras que William la tragaba con toda la gula del mundo, el mero placer hedonista al momento de lactarle.

 

Tom iba perdiendo poco a poco los nudos, pero aumentaba su excitación… William siguió chupándolo hasta soltar el pezón, con el rastro de leche sobre sus labios, que él se relamió con gusto.

 

—Una delicia… Pero aún falta el otro —habló William, para irse al otro pectoral, prodigándole la misma atención que le dio al primero y Tom sólo juntaba las piernas estimulando su propia intimidad lubricada y anhelante por contacto.

 

William, como adivinándole el pensamiento, dirigió su mano hacia el interior de los pantalones de Tom, metiéndola por debajo de sus bóxers hasta sentir sus labios palpitando por él. Tom se aferró a los cabellos cortos de William, empujando su pelvis contra la mano del menor, quien comenzó a delinear con sus dígitos por encima de su clítoris hinchado, hasta bajar por sus labios, introduciéndole los dedos…

 

El acto de que William no dejara de lactarle en ningún momento, mientras comenzaba a hacer que su interior apretara los dedos del pelinegro… La forma en que el alter giraba sus dedos, la manera en que estaba estimulando su punto G, y aún chupándolo, era algo por demás enfermizo, pero Tom lo adoraba, había extrañado tanto a William, quien era su perdición, una maldición, su condena… Sólo que Tom no podía evitarlo, no, no quería.

 

William lo miró fijamente cuando sintió a Tom contraerse tanto alrededor suyo, presionando su pulgar sobre su clítoris que hizo que el mayor se corriera contra su mano con tanta fuerza como hacía mucho no sentía.

 

Tom quedó acezado y William soltó su pezón, sacándole los dedos para chuparlos con gula, haciendo que se apretara el vientre de Tom al observarlo porque quedaba no sólo el rezago de su orgasmo sino también los recuerdos de cómo William le había dado el mejor sexo oral que ningún hombre había logrado antes, y el alter aún tenía el rastro de su leche en sus labios. Era tan obsceno, pero sólo aumentaba la excitación de Tom, quien sentía latir no sólo su corazón acelerado por William, sino también sus labios, con menos presión en sus pechos.

 

—Te crecieron más… Supongo que Tomi y yo podremos seguir compartiendo —arguyó William sonriéndole mientras se inclinaba para volver a besar a Tom, quien acomodó su mano en la nuca tatuada del alter, uniendo sus labios, sintiendo cómo su excitación crecía nuevamente, Tom quería seguir, quería lamer a William, sentirlo correrse en su boca, la forma en que sus cuerpos se apegaban, y Tom bajó la otra mano libre en dirección al pecho del menor, pero con intención de masturbarlo, ya que sentía su dureza contra su cuerpo.

 

Tom descendió su mano hacia la cinturilla del pantalón de William, colando su mano dentro, antes de poder palparlo es que escuchó el llanto de Tomi, fuerte y alto…

 

El problema fue que todo se desvaneció alrededor de Tom. 

 

William no estaba allí, los nudos en sus pectorales se volvían a sentir, sólo quedaba rastro de humedad en su ropa interior, señal de que se había corrido pero… Había sido un sueño, un jodido sueño del cual Tom no quiso despertarse jamás.

 

“Pero se sintió tan real”, se lamentó Tom en su fuero interno, comenzando a sollozar de rabia por cómo lloraba Tomi, y la leche se le escurría de los pectorales precisamente por el llanto de su hijo menor.

 

“Si fue tan vívido y Tomi llora… Quizá… Quizá no fue un sueño, tal vez William sí regresó y se fue, como cuando me vio masturbarme”, pensó Tom, buscando aferrarse a aquella idea, a sabiendas de que era parte de la negación, pero es que no podía sólo quedarse con que sólo fue un sueño. Su mente le había jugado trucos antes, William era muy astuto y rápido para algunas cosas, era posible, ¿verdad?

 

Tom fue a bañarse, con la incomodidad de sus pectorales adoloridos, pero quitándose todo rastro de su venida y también bajándosele la calentura al estar en contacto con el agua fría.

 

El mayor salió poniéndose ropa interior limpia y pantalones, no queriendo ponerse la prenda superior, no cuando ardían sus mamas, aparte era de madrugada, fuera de Tomi llorando, que ya había parado porque seguro Bill lo atendió, no tendría que preocuparse por más. 

 

Tom mismo quería dormir, pero no podía, así que fue a la cocina por agua, tal vez hacerse una infusión de manzanilla aunque sonara a chiste y era más efectivo sólo tomarse medicamentos. Le dolía la cabeza y se sentía miserable, Tom sabía que casi siempre evitaba salir de su habitación, manejando su trabajo desde la laptop, no comía con Bill, lo hacía aparte. Era parte del auto castigo que estaba haciéndose, porque también era una tortura ver a Bill.

 

Su hijo no tenía la culpa, era consciente de ello, en realidad Bill estaba estudiando, y aún así, manteniéndose a cargo de Tomi, era quien lo atendía por completo, sólo usando su tarjeta para comprar todo y Tom estaba siendo una pésima madre.

 

Pero dejó de recriminarse a sí mismo, en este punto sólo quería dormir, y ponerse compresas heladas en sus pectorales, a ver si volvía a soñar con William o hacer que volviera a su habitación… Tom se sentía tan perdido, ni siquiera podía ir al psicólogo porque estaba enamorado de un hombre que no existía, que sí, en esencia lo hacía, pero era dentro de su hijo, así que nadie podría ayudarlo. No era algo de que pudiera hablarse con una persona, al menos no una persona cuerda.

 

Tom bebió agua y sacó de la parte superior las compresas heladas, poniéndoselas sobre los pectorales, en lo que había dejado la tetera puesta para hacerse su infusión de manzanilla después. Cerró los ojos unos instantes en lo que percibía el frescor sobre sus pezones sensibles.

 

 

Bill observaba cómo su hermanito se había vuelto a dormir, luego de haberle calentado el tetero, dándole de comer hasta que Tomi se llenó y le masajeó la espaldita para que eructara, acomodando al pequeño cuando ya respiraba con los labios en un puchero, dormido abrazado a su peluche de conejito, le acarició los cabellos negros, y el menor seguía dormidito, por lo que sólo acomodó más todo para que no pudiera caerse, y sujetó el biberón vacío, para llevarlo a la cocina, no quería tenerlo allí sucio, no cuando llevaba un estricto control de esterilización, no quería que Tomi se enfermara, ya había pasado una vez, y no había sido para nada bueno.

 

Por lo mismo es que Bill se levantó, aún cansado, ya que era agotador cuidar a un bebé de tres meses, no tenía un horario fijo de sueño, se levantaba varias veces, ya fuera por su pañal sucio, algún cólico, o hambre, y Bill mismo tenía que incluso en sus clases estar con él en brazos o si ocupaba escribir, tenía que ponerlo en su canguro porque sí o sí Tomi requería contacto humano, y su mamá no se lo daba ni por asomo. 

 

A Bill le dolía tanto la indiferencia de su mamá con Tomi, que claro, a su hermanito Bill insistía en decirle y repetirle que mamá lo amaba, sólo que su preocupación era lo que sería conforme Tomi creciera, porque el rechazo de su mamá sería más notorio, ¿por qué no sacaba esa mamá amorosa que había sido con él? 

 

Bill al momento de llegar a la cocina, es que observó a su mamá apoyado contra la mesada, poniéndose compresas frías sobre los pectorales y frunció el ceño, sintiéndose fastidiado ya que entendía que le dolían por no darle de lactar a Tomi.

 

—Mamá, si te duele es porque estás muy lleno de leche, deberías darle de comer a Tomi y al menos con eso bajarían tus molestias en vez de estar poniéndote las compresas —regañó Bill, mientras se dirigía hacia el lavadero, buscando el cepillo de limpia botellas.

 

Tom fue quien frunció el ceño ahora, abriendo sus ojos para ver a su hijo mayor. —No quiero darle de lactar, no sé cuántas veces tengo que repetírtelo para que entiendas, ya le estás dando fórmula, eso debería bastar —expuso el castaño.

 

Bill sintió su mandíbula apretarse, porque no dormía bien, estaba cansado tomando una responsabilidad que ni siquiera era suya, es decir, amaba a su mamá, y también a su hermanito, sólo que era difícil todo esto y más porque veía que su propia mamá se estaba haciendo daño al sentir dolor, uno que buscaba menguar con las compresas pudiendo simplemente alimentar a Tomi, quien no sólo se nutriría más al beber leche materna, sino también haría que su conexión entre madre e hijo, aumentara, haciéndolo sentir el afecto que le fue negado a Tomi desde su nacimiento.

 

Ni siquiera su mamá quiso el contacto piel con piel apenas nació, Bill fue el que tuvo que quitarse la camiseta cargando a su hermano menor, que la verdad es que lo adoró, era igual a su mamá sólo que con cabellos negros, y por eso es que sentía que le despertaba mucho amor el pequeño, tal vez era el hecho de que Bill lo consideraba suyo, poseía su sangre, incluso aunque no supiera quién era el padre, Bill no había tenido familia nunca, más allá de su mamá.

 

Pero ahora tenía a Tomi quien se había vuelto su prioridad, porque era muy pequeño, y su mamá no lo cuidaba. Bill tuvo que aprender por sí mismo todo sobre bebés, sobre cambiar pañales, alimentación, cuidado, a base de acierto y error, es que había sacado adelante a su hermanito.

 

Incluso a veces cuando salía a sus controles, porque Tom no quería ir, y Bill tuvo que hacerse de valor por Tomi, es que pensaban que él era el padre, y ya había sido muy cansado tener que repetir varias veces que no era el padre, así que dejaba de corregirles en su error, también eso le había servido para desenvolverse con mayor facilidad en lo social, puesto que como su mamá no quería tener nada que ver con su bebé, y tampoco podía dejar a Tomi como si nada, se llevaba incluso cuando tenía que hacer compras. Recibiendo a veces comentarios de mujeres porque era muy tierno ver a un “padre soltero”, hecho que había conseguido que Bill se pusiera nervioso, pero tampoco negara nada.

 

Sólo esperaba no encontrarse con el ligue de William, porque no sabría cómo lidiar con ello.

 

De regreso a su presente es que vio a su mamá, no era el mejor momento para Bill, quien tenía que rendir un examen mañana, o bueno, más tarde, y cuidar a un bebé mientras estudiaba no era lo más recomendable, así que Bill se sentía enojado con su mamá, por ser así de terco, por darle toda la carga a él, porque no era su responsabilidad, por comportarse de esa forma sólo porque se le daba la gana, encerrándose y dejándole todo a él, desde ver qué comer y organizar todo lo demás, como si sólo pudiera pasársela llorando en su habitación eludiendo todo lo demás, como si todo fuera alrededor de él, ¿y dónde quedaban ellos?

 

—Te duelen los pectorales porque estás de terco sin darle de comer a tu bebé, es el alimento del bebé lo que te hace tener nudos, de tu bebé, el que llevaste en tu vientre, ¿acaso no te dolió parirlo? Porque espero que al menos disfrutaras el hacerlo a escondidas con alguien suficientemente irresponsable por tus malos gustos, porque no es coincidencia que te metas con alguien y que te abandone otra vez como el primero —recriminó Bill enojado con su madre, y Tom lo vio incrédulo quitándose inmediato las compresas de sus pectorales para darle una cachetada a su hijo mayor.

 

Bill se quedó con el rostro ardiendo por el golpe, pero también procesó lo que había dicho, siendo un completo idiota con su mamá.

 

Tom lo veía con completa indignación y el rostro rojo de la furia, incluso sin decirle nada, había tenido mucho enojo por lo que le reclamó… Porque había un parecido a lo que le regañó William, incluso notaba esa intensidad en sus ojos, pero para venir a hablarle de esa forma como si no fuera su hijo, y no iba a permitírselo.

 

—No me vuelvas a hablar así, NUNCA —ordenó Tom a su hijo mayor.

 

Bill miró a su madre, tragando saliva, sintiéndose pésimo por haberle hablado de esa forma. —Perdón, mamá —dijo el menor, con el aire más cabizbajo, y un aire de sumisión que no había tenido antes por su exabrupto, sólo que… Bill por no soportar la vista enojada de su madre, es que notó cómo es que se escurría un poco de leche de su pectoral, los cuales había tenido cubiertos hace un momento.

 

Estaban más grandes que antes, por mucho más, sólo que Bill… Sintió su cabeza dolerle, sujetándosela, cerrando los ojos con fuerza mientras imágenes veían a su mente…

 

Veía a su mamá debajo suyo… Observaba… ¿Su mano? Tocándole un pectoral, la sensación de sus labios alrededor de uno de sus pezones… El rostro contraído de su mamá… Gemidos… Sus labios entreabiertos, él metiéndosela… ¿Qué?

 

¿Qué le pasaba? Bill abrió los ojos sintiéndose asqueado de sí mismo, ¿qué le sucedía? ¿Por qué pensaba así de su mamá? ¿Sólo por verlo sin camiseta? 

 

—Debo ir a dormir, perdón, mamá, de nuevo, perdóname —repitió Bill para regresar a su habitación, pálido por no comprender por qué había tenido aquellas imágenes en su mente. Estaba mal por dónde se le viera.

 

No podía imaginarse a su mamá así, ¿tal vez era porque no había tenido ninguna pareja? Quizá era eso, que su mente a falta de sexo estaba imaginándose cosas que estaban por demás erróneas. 

 

Bill no sabía que en realidad sin William presente para resguardar los recuerdos, su mente fragmentada estaba dándole un vistazo no a “fantasías”, sino a recuerdos, sólo que él era por completo ajeno, sólo culpándose por sexualizar así a su mamá. 

 

Tom sólo asoció el que Bill por vergüenza se fue, luego de faltarle el respeto de esa manera, si bien le inquietó un poco el que se sujetara la cabeza, no le tomó más importancia, aún lidiando con que su hijo le hubiera hablado de aquella forma. 

 

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