Actions

Work Header

Problemas familiares

Chapter 3

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

CdAag4a.md.jpg

Tom no quería hacer colecho con Tomi, pero el bebé tampoco quería dormir en su cuna, no paraba de llorar, y el castaño lo cargaba, meciéndolo, intentando que se callara, pero no, el pequeño bebé seguía llorando con todo lo que se los permitían sus pequeños pulmones.

 

Bill terminaba por tocar la puerta de su mamá, y Tom por dejar que él lo calmara. Tomi quería dormir en brazos, en la cama, y Tom no podía hacerlo.

 

Incluso cuando había intentado darle de lactar, Tomi botaba su pezón por más que Tom intentaba que succionara, su hijo no quería.

 

Había terminado por comprar el extractor, y su leche es la que la calentaba y daba en biberón, con Tomi recibiendo mejor de Bill que de él, aunque igualmente Tom insistía, por más que tuviera hambre, el bebé terminaba chupando sí pero de mala gana.

 

Tom no sabía si era el cúmulo de cosas, el que no hubiera deseado a Tomi, o el que no estuviera William, o el hecho de que no había cambiado pañales desde hace más de dieciséis años… Pero le costaba mucho a Tom cuidar a su hijo, mayormente lo hacía en automático, más que realmente sentir ese afecto o incluso el instinto de proteger, a veces teniendo los pensamientos intrusivos de ponerle una almohada encima.

 

Sólo que era por su falta de sueño y estrés, en realidad Tom no se atrevería a hacerle algo a Tomi, por más que fuera tan problemático, tal vez sólo era que Tom mismo no estuvo allí desde el día uno, incluso detestándolo desde antes de nacer.

 

Porque al final de cuentas, Tomi era suyo, era su bebé, y lo último que había hecho William antes de irse.

 

Su cabeza no era el mejor sitio para habitar, porque también seguía soñando, las pocas veces que podía, con William e incluso en algunas ocasiones, Tom le parecía que reconocía su mirada en la de Bill… 

 

Sólo que no, su hijo en sí estaba un tanto inusual, pero seguía siendo él, costándole a veces mirarlo, lo cual le inquietaba a Tom. Porque claro, al menos Tomi ya dormía más de corrido, pero sólo con Bill, ya que no quería con Tom, aunque sí estaba alimentándolo, cambiándole su pañal y demás pero en automático.

 

Tomi estaba tomando la siesta, cuando Bill se acercó a la cuna, fijándose en el pequeño, y Tom se acercó por detrás.

 

—Billy, quisiera que hablemos un momento —pidió Tom en voz baja, Bill asintió y se fueron a la sala, sentándose ambos en el sillón—. He notado que te cuesta mirarme en ocasiones, ¿pasa algo? ¿Hice algo que te incomodara? —preguntó el castaño directamente, porque ya se estaba haciendo cargo de la casa, aligerándole la carga a Bill. 

 

Bill se sonrojó y tartamudeó, girándole el rostro. Todo en aquel gesto decía a gritos: Vergüenza.

¿Qué haría ruborizar a su hijo? ¿Qué cosa haría que Bill sintiera vergüenza? Tom se sentía más que intrigado.

 

—Dime, Billy, soy tu mamá y puedes confiar en mí, te lo dije antes —le recordó Tom, buscando agarrarle la mano a su hijo, pero él rechazó el contacto, y el castaño se sintió aún más confundido.

 

—No es nada, mamá, sólo que… Creo que debería retomar la terapia —comentó Bill sin ver a su madre, mirando sus propias manos apretadas sobre su regazo.

 

—Bill, ¿por qué quieres ir a terapia otra vez? ¿William regresó? ¿Es eso? —preguntó Tom con la garganta apretada, sintiendo su corazón latir acelerado, había anhelo en sus ojos, sólo que Bill no podía distinguirlo porque no lo veía, sólo escuchaba que su madre había alzado la voz.

 

—No, no es eso, ma. Sólo que… Mucho estrés de la universidad y todo lo demás, necesito hablarlo con alguien, antes tenía a William, y él me ayudaba con las situaciones tensas, sólo que ahora no está y por eso quiero ayuda —respondió Bill, sintiéndose pésimo por mentirle a su mamá, es decir, no era del todo una mentira, porque sí necesitaba ayuda, sólo que no quería decirle el motivo real.

 

Tom sintió cómo su emoción creyendo que había regresado William desapareció, que fue como caerse de una nube, pero se recompuso, porque su hijo lo necesitaba en aquel momento.

 

—¿No quieres hablarlo conmigo? —interrogó Tom, buscando tomarle la mano y nuevamente Bill la alejó.—¿Qué pasa, hijo? ¿Por qué rechazas que te tome de la mano?

 

“Porque me masturbo frustrado por pensamientos inadecuados contigo, mamá”, respondió Bill en su fuero interno, pero sólo pudo morderse el labio inferior, sin poder responderle algo.

 

Tom sujetó la quijada de Bill y lo obligó a que lo viera, notando el conflicto interno en su expresión por demás avergonzada.

 

—Hijo, si es por lo que pasó. Lo lamento, pero me estoy responsabilizando ahora, puedes contar conmigo, soy tu mamá y te amo —dijo Tom viéndolo, y Bill sintió mucha más culpa, porque él no se merecía que su mamá lo ame tanto si tenía la cabeza así de mal.

 

—No puedo decirte, mamá, yo estoy mal, necesito un psicólogo —respondió Bill, metiéndose las uñas en sus propias palmas al hacer puños sobre su regazo, y sintiendo tanto asco por sí mismo.

 

Tom no entendía qué cosa le pasaba a su hijo, que más se había enfocado en su propia pérdida, que pensar que también Will era quien apoyaba a Bill, ambos habían perdido a alguien importante, y se sentía inútil como madre porque no podía ayudarlo.

 

—Está bien, amor, buscaré un terapeuta, ¿o quizá quieras regresar con el doctor Köhn en citas a distancia? —ofreció Tom, ya que aún podía hablar con el terapeuta, tenía su número, y al menos ya había llevado su caso antes.

 

—Sí, sólo que quisiera hablar solo, ¿me entiendes? Que tú no sepas lo que hablo, por favor, mamá. No quisiera que tú lo sepas —pidió Bill y Tom soltó su quijada, viendo cómo su hijo se ponía cabizbajo, la forma en que le costaba verle.

 

Entonces era algo relacionado con él y Bill no quería decirle. Tom mismo se empezaba a cuestionar si acaso estaría relacionado con todo lo que pasó, lo que él hizo… 

 

—¿Pero me dirías si es algo grave, cierto, hijo? Yo soy tu madre, y claro, puedo darte la privacidad que necesitas como adulto, sólo que también siempre estaré para ti, ¿lo tienes muy en cuenta, no? —interrogó Tom, sintiendo que se le iba de las manos si él no sabría qué es lo que pasaría con su hijo, técnicamente podría sólo pedirle al médico que se lo dijera, aunque en este caso no sabría si aplicaría, ya que la presencia del alter ya no estaba en la ecuación, y Bill era un adulto.

 

—Sí, mamá, yo te diré en caso necesite ayuda —le aseguró Bill, pero en sí su máximo intento de buscar ayuda era pedirle para ir al psicólogo, no para contarle nada más, no podría. Bill debía hacerse cargo y ver cómo erradicar aquellos pensamientos, que venían con sensaciones, de su cabeza, ni siquiera sabía cómo contarle al doctor al inicio, probablemente mentiría.

 

A Bill le costaba tener que mentir tanto, es decir, ya había sido lo suficientemente duro tener que mentir sobre la existencia de William, que al menos él le explicaba y ayudaba a mentir, pero ahora William no estaba, y Bill sólo sabía que debía mentir porque no quería ni imaginarse la incomodidad y terror que haría sentir a su madre con ello. Porque lo sexualizaba, contra sus propios deseos y evidentemente sin su consentimiento, porque era su madre… Literalmente se imaginaba follándose a la persona que lo parió, y eso estaba mal por dónde se le viera, ¿lo peor? Es que porque esos recuerdos venían con sensaciones, es que Bill mismo no podía evitar excitarse y tener ganas de vomitar al mismo tiempo. Por ello es que no quería que su madre lo tocara, porque sentía que era alimentar más a su cabeza enferma.

 

No quería darle una mentira más elaborada o Bill mismo se enredaría y olvidaría qué le había dicho antes, sólo quería hablar con el terapeuta, así le costara hablar de su pasado, William no estaba, él tendría que hacerse cargo de sí mismo. No era un niño, ni un adolescente, era un adulto, y tenía que hacerlo. Debía mejorar, no podía rehuir el contacto de su mamá por siempre, debía entender qué le pasaba, y cómo salirse de eso. Porque también seguía la opción de desfogarse con alguien, pero Bill sabía muy bien cómo le costaba interactuar con las personas, y que hablaba con mayor facilidad cuando era con respecto a su hermano, porque era un tema seguro, y le servía saber más. 

 

Sólo que le generaba mucha ansiedad el hablar con personas para algo más o incluso responder a un halago, lo aturdía demasiado. Sentía que alguien más debía guiarlo, por más que supiera que ya sólo era él en su propia cabeza.

 

Y el pensar en pagar por sexo… Lo ponía nervioso también, porque no sabría qué hacer sin mencionar que no se sentía cómodo con estar con alguien sólo porque le estaba pagando, sentía que de algún modo estaría obligando a la persona, aumentando así el que se sintiera patético y miserable por cómo no podía lograr algo por sí solo, y ni siquiera era por el físico, porque sabía que William había estado con más de una persona, sólo era su forma de ser, así que Bill se sentía atrapado, al menos ahora pudiendo masturbarse de día aunque todavía dentro del baño, porque de noche seguía durmiendo con Tomi, entonces no quería pensar en que su hermano estuviera en el mismo sitio donde él se había tocado, por más que cambiara las sábanas, Tomi era sagrado para Bill.

 

 

Tom primero tenía que hablar con el terapeuta, así solamente pudiera pedir la cita para Bill, la realidad es que quería darle un poco del panorama, omitiendo el hecho de que se había acostado con el alter de su hijo, y aunque no supiera el motivo real por el que Bill quería ir con el terapeuta, de todas formas la necesidad por el control, ligado al temor por ser descubierto, había hecho que el mayor quisiera hablar con el doctor antes.

 

—Buen día, señor Kaulitz, dígame, ¿en qué puedo ayudarlo ahora? —cuestionó el doctor Köhn.

 

—Buen día, doctor. Sólo quería ver si podía atender a Bill nuevamente —comentó Tom.

 

—Claro. ¿El alter regresó? —preguntó el terapeuta.

 

—No, William no ha regresado. Mi hijo no me quiso comentar el por qué desea retomar la terapia, sólo alegó que era por… —empezó a explicar Tom cuando escuchó el llanto de Tomi, poniendo una expresión de fastidio e interrumpiendo la conversación.—Discúlpeme un momento por favor —pidió el castaño, poniéndose de pie para ir por el bebé, Bill precisamente había salido por unas compras para la casa, entonces Tom tenía que hacerse cargo de Tomi, acunándolo mientras regresaba a sentarse frente a la laptop con el bebé contra su pecho.

 

—¿Tuvo otro bebé? —interrogó el terapeuta observando a Tomi desconsolado, haciendo que Tom soltara más leche, cómo odiaba el que su cuerpo lo traicionara de aquella forma.

 

No era un llanto de hambre pero de igual forma lo hacía por inercia, manchando su camiseta.

 

—Sí, tuve otro hijo, y Bill estuvo ayudándome con su hermano, sólo que… Creo que por eso es que está mal, por el estrés. Mi segundo hijo no… Tiene apego por mí sino por Bill —aclaró Tom, costándole el conversar cuando tenía al bebé chillando en sus brazos.

 

—¿Y usted cómo está tomándolo? Porque se le ve cansado y que no tiene un buen lazo con el pequeño. ¿No estará presentando usted también algún problema? —preguntó el doctor Köhn.

 

—No, yo estoy bien. Sólo es normal que me cueste ahora, doctor, ya voy para los treinta y siete años, no soy el mismo muchacho de diecisiete que podía hacerse cargo de pañales como lo hice con Bill, ya no es igual para mí, no planeé tener otro hijo a mi edad —respondió Tom impacientándose, no quería ser atendido ni que analizaran su comportamiento.

 

—¿Y dónde está el padre? Porque Bill precisamente es normal que como su hijo tenga una relación con su hermano, sin embargo, para un lazo tan estrecho como para tener apego ya no es algo tan usual —farfulló el terapeuta.

 

Tom apretó la mandíbula porque estaba con el llanto de Tomi, y el que el doctor Köhn estuviera queriendo saber más.

 

—No hay padre —soltó Tom tajante, porque tampoco tenía que darle explicaciones al terapeuta.

 

El doctor Köhn sólo se estaba fijando cómo es que Tom se veía desmejorado, estresado, en algo que muy probablemente era una depresión postparto no atendida, y que esto llevaba relación con Bill, dónde al rechazar a su hijo menor, el bebé estaba estrechando lazos con su hermano mayor.

 

—Está bien buscar ayuda, señor Kaulitz. Por sus síntomas podría ser que también necesite terapia, y quizá es más un problema familiar que sólo enfocado en Bill —arguyó el terapeuta.

 

—No necesito ayuda. Sólo que no quería tener otro hijo. Bill es quien se siente mal y por eso quiero una cita para él, William no ha regresado, y Bill tampoco quiere decirme qué es lo que tiene por eso de él mismo le nació el pedirme la cita con usted —respondió Tom porque él no iba a llevar terapia, no era algo que quisiera hacer, ¿qué cosa iba a decirle al terapeuta? Camuflar la verdad para contarle que extrañaba al padre de su segundo hijo y que por eso estaba deprimido, no.

 

Tom no podía buscar ayuda para el lío en que él mismo se había metido, porque nadie lo forzó, sabía que si bien William lo manipuló, él mismo es quien terminó por necesitarlo, por enamorarse de él como si fuera un adolescente en vez de un hombre adulto, Tom mismo a sabiendas de que era un alter, una personalidad alterna en el cuerpo de su hijo, es quien accedió a todo, incluso casándose con él. Así que no podía decírselo al terapeuta, porque todo estaba relacionado.

 

Lo que le pasaba a Bill no tenía relación con lo suyo. Eran cosas diferentes.

 

—Está bien, señor Kaulitz. Entonces podré agendarlo para estos días, déjame confirmar con mi secretaria —acotó el terapeuta, notando cómo Tom se estaba alternando.

 

—A Bill… Le cuesta también estar sin William, tal como usted dijo antes, el alter se encargaba de lidiar con situaciones de estrés, y desde que se fue, Bill se ha hecho cargo por sí solo, quizá esté relacionado, no lo sé con certeza —musitó Tom, aún meciendo a Tomi.

 

El terapeuta entrecerró los ojos.

 

—Noto que habla con más naturalidad del alter, sin tanto temor del que tenía antes, y más bien usando su nombre. ¿Pudo convivir con el alter sin tener conflictos? Es curioso dado su naturaleza agresiva y manipuladora —expuso el doctor.

 

—Sí, Will… El alter —se corrigió Tom mirando a un lado—, y yo habíamos encontrado la forma de convivir pacíficamente. 

 

—¿Ya no intentó propasarse con usted? —preguntó el terapeuta directamente.

 

—No, entendió que lo mejor para Bill era que no podía tener algo conmigo porque así no sea su madre, soy la de él, así que se acostó con otras personas buscando ese desfogue. Mi hijo estuvo de acuerdo y yo me mantuve al margen —respondió Tom, mintiendo por completo, y el hombre mayor se quedó mirándolo a través de la pantalla, fijándose brevemente en el bebé y cómo se asomaba pelusilla negra por debajo del gorrito que llevaba.

 

—Entiendo, señor Kaulitz. Entonces me comunicaré de las citas disponibles para que elija una que se ajuste al horario de su hijo, hasta entonces tengo que colgar, hasta luego —comentó el doctor Köhn y Tom asintió.

 

—Hasta luego, doctor Köhn —respondió Tom escueto antes de ver cómo se ponía en negro la pantalla, tragando saliva con nerviosismo.

 

Estaba pensando en sólo buscar otro terapeuta, quizá no había sido lo mejor contactar al mismo. Sólo que también empezar de cero, y exponer a que Bill pudiera abrirse a alguien, con lo mucho que le costaba, no era así de fácil. Sólo que Tom sentía que el terapeuta estaba sospechando. Aunque de todas formas no tenía manera de comprobarlo.

 

Él no iba a decirle y Bill no sabía… No podía saberlo, y nuevamente tenía ese nudo en la garganta por no saber qué le ocultaba su hijo.

 

La última ocasión donde había algo raro con el comportamiento de Bill había sido por William, sólo que ahora sonaría esperanzador el saber que podría ser él, y Bill no se tomaría a mal su regreso. Así que no era eso, había algo más. 

 

Tomi empezó a gimotear más bajito, ya cansado de llorar, Tom le limpió el rostro con cuidado, observando cómo el pequeño estaba cerrando sus ojitos por querer dormirse. 

 

—¿Tuviste una pesadilla, eh? No quieres sólo ser un bebé llorón, simplemente tuviste un mal sueño y te levantaste asustado y solo —le habló Tom a su hijo que ya había cerrado los ojos y estaba con los labios sobresalientes mientras dormía.

 

Tomi no tenía la culpa, Tom con su lado racional lo comprendía, sólo que de todas formas, no podía demostrarlo del todo, y eso sólo era su error, porque el pequeño era inocente. Y ni siquiera se parecía en nada a William, lo cual era mejor, sólo el cabello, porque sería difícil de explicar el parecido a alguien más, incluso a Bill, ya que su hijo mayor era igual a Wilhelm, entonces lo mejor que pudo haber pasado es que Tomi se pareciera a él, sólo que con el cabello como William.

 

Tom salió de su habitación, queriendo poner a Tomi en su cuna, que otra vez estaba instalada en el cuarto de Bill, por más que en sí durmiera en su cama, que seguía yendo a verlo dormir. Pero al momento de querer acomodar a Tomi en la cuna, es que el pequeño se aferró con sus puñitos a su camiseta.

 

Tom no pudo obligar al bebé a soltarlo, sólo lo abrazó más contra su cuerpo.

 

“Al final de cuentas, eres mío, solamente mío, porque tu papá no existe”, pensó Tom sin poder vocalizarlo, sintiendo sus ojos aguarse.

 

Tom terminó por sentarse en el sillón de la sala, con Tomi en su regazo, pero él mismo se quedó dormido acunándolo sin ser consciente de ello.

 

Bill al regresar de las compras, sintiéndose tan extraño por no haber ido con Tomi, ya que normalmente lo traía cargado en el canguro, es que se fijó cómo su mamá dormía con su hermanito y sintió su pecho apretarse ante la imagen tierna, haciendo que sonriera de lado. Por fin notaba más afecto entre su mamá y hermanito menor.

 

“Míos”, escuchó Bill en su cabeza, y parpadeó confundido. Otra vez se había sentido como William, pero no el tiempo suficiente como para poder responderle… El dolor de cabeza regresó.

 

Bill tuvo que acomodar todas las bolsas sobre la mesa, para sujetarse la cabeza, no entendía qué le pasaba.

 

Y, ¿por qué esa voz decía “míos”? Su mamá y Tomi eran suyos sí, su familia, su sangre, pero no en tono posesivo. 

 

Bill tuvo que tomarse una pastilla para la migraña, esperando que la presión en su cabeza disminuyera, antes de acomodar todas sus compras.

 

Bill esperaba poder hablar con el doctor Köhn pronto, porque no sabía si esto tenía relación, si quizá era un tema neurológico que tendría que llevar un chequeo porque supuestamente le dieron el alta al estar bien luego del accidente, sólo que también había perdido a William y su cabeza no era la misma desde entonces. Y… Aún recordaba los sueños, que parecían recuerdos, que tenía con su mamá, y esa era la principal preocupación que atormentaba, porque por más que no quisiera pensar en ello, volvían a su mente.

 

Bill sabía lo terrible que era tener que masturbarse enfocándose en calmar la excitación por el recuerdo sensorial tan intenso, pero sentirse asqueado después, tan culpable que a veces no quería no sólo no ver a su mamá sino a sí mismo, habían momentos donde no se reconocía.

 

La masturbación no era la solución, no era la salida, sólo ayudaba a bajarse el calor del momento. Bill no podía borrarse la memoria de esos sueños vívidos, sólo quería entender cómo dejar de tenerlos. 

 

 

Cuando Tom se despertó con el peso de Tomi aún sobre él, es que notó que se había quedado dormido, pero el pequeño también se removió sobre él, empezando a quejarse, y Tom supo que era porque tenía el pañal sucio, así que lo cargó para cambiarlo. 

 

Ya suponía que por la hora habría regresado Bill, y después de haberle puesto un pañal limpio a Tomi, es que lo cargó para tocar la puerta de su hijo.

 

—Pasa, mamá, está sin seguro —se escuchó la voz de Bill desde adentro, y Tom ingresó, observando a su hijo hacer lo que suponía era su trabajo de universidad, pero dejó el teclado para ver su madre—. Te vi dormir con Tomi, se veían muy bonitos —acotó el pelinegro, y Tomi extendió los brazos en dirección a su hijo mayor.

 

—Sí, me dormí con él —comentó Tom, dándole al bebé a su hijo para que lo cargara, y observando cómo Tomi le sonreía a Bill, quien con una mano le hacía cosquillas en la pancita de su hermano, mirándolo con adoración.

 

—¿Estás durmiendo mejor, mami? Porque se te veía agotado, y sé que estos meses se te ha dificultado —comentó Bill manteniendo su vista en su hermanito.

 

—No del todo… —se sinceró Tom, porque no podía explicarle que había tantas veces donde él mismo se perdía en sus sueños porque no dejaba de soñar con William, así que aclaró su garganta, buscando cambiar de tema—, conseguí la cita con el doctor Köhn, sólo faltaría que me confirmes cuál de las fechas se te acomodaría mejor —agregó el mayor, porque si bien por lo general decidía por Bill, había notado que era mejor dejar que él mismo eligiera.

 

—¿Cuáles son las disponibles? —inquirió Bill, volteando a ver a su madre, quien sacó el teléfono, dictándole las fechas que le había mandado el terapeuta.—La de mañana mismo está bien —respondió el pelinegro, intentando no sonar ansioso o desesperado, por más que lo estuviera.

 

Aunque Bill mismo se estaba mentalizando para el estrés que tendría al momento de hablar con el terapeuta, esperaba que al menos fuera más fácil al hacerlo por videollamada, pero también sabía que era necesario.

 

—Está bien, le enviaré la confirmación a su secretaria —contestó Tom, escribiéndole una respuesta.

 

—Gracias, mamá, de verdad, también por todo lo que estás haciendo para salir de tu depresión y pasar tiempo con Tomi, porque te extrañaba mucho y él también te necesitaba —masculló Bill observando al mayor, al menos teniendo en brazos a su hermanito se mantenía más tranquilo.

 

Tom acarició la mejilla de su hijo, sonriéndole con afecto. —Los amo mucho, y también los extrañé —dijo el castaño, al menos estaba siendo honesto, no quizá del todo porque a Tomi estaba aprendiendo a quererlo, pero sí amaba a Bill y lo había extrañado mucho, no sólo a William, también a su hijo, por más pensamientos intrusivos que tuviera a veces—. Ya deberías pasarte la rasuradora, te sientes algo áspero —aconsejó el mayor soltando a su hijo.

 

—Y eso lo hace un mal sitio donde sentarse —rebatió Will con una sonrisa torcida y picardía en su tono, no podía ser Bill.

 

—¿Qué dijiste? —preguntó Tom sin poder creérselo, ¿era William? ¿Le estaba hablando? ¿Era él quien sujetaba a su bebé? 

 

Tom necesitaba la confirmación de aquella frase desvergonzada, sin importarle que fuera una obscenidad, necesidad que se lo repitiera antes de lanzarse a besarlo.

 

Regalo de Killy, Bill invocando a William para que regrese a ayudarlos porque lo necesitan (MUCHAS GRACIAS, KILLY POR TU REGALOTE):

 

C3UUDFt.md.jpg

 

Notes:

Bueno, disminuyeron los comentarios :c pero agradezco a quienes siguen aquí, y... ¿Cómo que lo cortas ahí, Kasomicu? Pues sí... ¿Será que regresó William o sólo son los delirios de Tom? Dime tus opiniones a comentarios :'3

Notes:

Déjame un comentario contándome tu opinión, también me sirve como apoyo para seguir escribiendo más contenido toll 🫶

Series this work belongs to: