Chapter Text
Hola.
Primero: todo en este minific está escrito aleatoriamente (hablo de los partidos, fechas, goles)
Segundo: imaginemos que giuliano y otros jugadores juegan para River.
Tercero: esto tendrá 4 caps no creo que me lleve mucho actualizar.
—Apurate, Enzo. Ya va a empezar el partido. —Gritó su hermano desde el living mientras sacaba las botellas de cerveza del refri.
Se apresuró cuando el relator empezó a darle la bienvenida al público en casa desde el estadio Monumental, corrió casi a la velocidad de la luz y se sentó en el sillón de cuero negro frente al televisor.
El partido apunto de empezar y el sol no se había ocultado de todo, algunos rayos dorados resaltaban en el cielo de buenos aires y sabía que la televisión no le hacía justicia a la maravillosa vista que podía verse desde el estadio.
—Mira, ahí están saliendo. —Aviso Lisandro, su hermano, a su lado.
El morocho prestó atención a la hileras de jugadores que salían del túnel de la mano de niños mientras los aficionados del club millonario les daba una ovación a su equipo.
Ahí fue cuando lo vió. Ese chico de pelo castaño y ojos marrones, con una sonrisa adorable y un poco más bajo que sus compañeros.
Era Julián, su omega.
Su corazón se llenó de alegría, hace dos días no lo veía y lo extrañaba demasiado. ¿Era ridículo pensar que le costaba vivir sin que su omega esté con él? Por supuesto que no. Su sonrisa se elevó al verlo ahí con su rostro de emoción, ese que ponía desde que debutó en primera división, hace unas tres jornadas.
Estaba hermoso, el cameraman parecía escuchar sus pensamientos a través de la pantalla cuando Enzo notó como le daba un paneo de 10 segundos al rostro perfecto de Julián hasta los aplausos de los jugadores, dando la señal que el pitazo inicial se daría en cuestión de segundos.
Sintió el pecho calentarse, estaba feliz por todo lo que Julián había logrado hasta ahora y la felicidad era más gratificante al saber que estuvo a su lado antes de cumplir su mayor sueño.
Recordaba esa fiesta como si se repitiera en su mente cada mañana antes de despertar (sí era así).
Una fiesta clandestina de un barrio peligroso, esas a las que siempre solía ir. Él era uno de esos chicos con tatuajes y que siempre andaba con una faca por si las moscas. Su hermano, a su lado, le comentaba la cantidad de personas desconocidas que llegarían esa noche, fue el resultado de la invitación masiva que había hecho Leandro en sus redes sociales promocionadola.
Pudo notar a personas que jamás había visto en su vida entrar a la casa de Lean, no le prestó mayor atención a los extraños. O bueno, hasta que llegó ese par de castaños.
No quitó su vista de uno de ellos, tampoco conocía a ese castaño lindo que había llegado, con lo que parecía, un amigo... Esa noche Julián parecía estar asustado por el ambiente y a su amigo no parecía importarle la incomodidad del castaño. Pensaba que era broma cuando Rodrigo le dijo que esa noche bebería todo lo que no podría por le resto de su carrera.
A su alfa en el pecho le había encantado ese chico bajito y de ojitos lindos, y a él también, no lo iba a negar. No importaba cuánto le llevara. Esa noche tenía que hablarle.
Y así lo hizo, cuando el castaño se dirigió sólo a la “barra” para pedir algo de tomar. Se aproximó hasta quedar detrás del castaño, quien notó su presencia al instante.
Julián se giró hasta mirar a quien se había posicionado a sus espaldas y se topó con la presencia de un morocho con una camiseta de River (muy gastada) y pantalones chupines que parecían poder cortarle la sangre.
Y aunque el chico a los ojos de cualquiera podría verse ridículo, para Julián ese morocho estaba siendo la primera muestra de humanidad en esa fiesta.
Los alfas solo se acercaban a querer olfatearlo descaradamente, y él se negaba sin importarle qué tan peligroso fuera. Pero cuando el alfa llamado Enzo empezó a tirarle chamuyos sacándole risas supo que tal vez esa fiesta no había sido un riesgo tomado al pedo.
Esa noche había conocido a quien, después de 6 meses, se convertiría en su novio y con el que en la actualidad ya lleva mucho tiempo en una relación.
Enzo se esforzó por mantener la sonrisa en Julián durante cada día desde que se conocieron. Lo respetó mucho más de lo que había respetado a cualquier otra persona, recuerda que solo pudo olfatear su aroma hasta que Julián se lo permitió.
Cuando Enzo se enteró que su novio era un jugador promesa de River Plate se llenó de orgullo, su omega era el próximo diamante en bruto del club que era hincha.
Esto lo impulso a muchas ideas y una de las más importantes era ser un buen alfa. Por Julián se convirtió en su mejor versión, cambió mucho para que el omega no sintiera “vergüenza” de estar con un villero a los ojos del mundo, por su puesto que Julián se negó muchas veces a esto, alegando que no tenía que cambiar su forma de ser solo por agradarle al mundo.
Aún así lo hizo, Julián merecía a un alfa educado, respetuoso y protector a su lado. Y en eso se convirtió, para cuando Julián le dió la noticia que fue convocado para formar parte del primer equipo y que debutaría en primera Enzo ya había mostrado un cambio notable. No importaba si los pibes del barrio lo descansaran, por su omega haría eso y más.
—¡ENZO! —grito Lisandro, sacándolo de su introspección. Enzo movió la cabeza con confusión y su hermano se rió.
—Boludo, ¿no viste? Julián casi anota el primero. —
Y Enzo se sintió un estúpido, casi se pierde el primer gol de Julián en primera por estar de pelotudo. Sin más decidió prestar máxima atención al partido, y eso era un decir porque cada dos segundos miraba a Julián moverse en el campo contrario.
Era el partido de River contra Barracas y miraba expectante cada pase de Julián, cada amague, cada entrada y cada desborde con atención.
Era el minuto 35 y el partido iba empate, estaba siendo un partido muy trabado, lleno de faltas y pitazos del árbitro. Era ciertamente tedioso verlo desde la pantalla, pero Enzo tenía una corazonada, presentía que el gol de Julián estaba cerca.
Ya iban por la sexta cerveza cada uno y el medio tiempo había llegado. Julián estaba jugando como quería, era el mejor en la cancha hasta ese momento, lastimosamente el gol aún no se le daba, pero la fe en que esa sería la noche seguía intacta.
Conversó con Lisandro mientras el partido se reanudaba, hablando del rendimiento del equipo llegando a la conclusión que Julián era lo mejor que tenía River, quien diría que uno de los pocos omegas que habían debutado en primera división se convertiría en la ficha clave de un equipo grande.
Los jugadores salieron de vuelta empezando así con el segundo tiempo, a Julián no lo cambiaron por suerte, pero sabía que si no anotaba era el próximo candidato al cambio.
Pasaron solo quince minutos de ansiedad hasta que a River se le presentó una oportunidad de oro, Julián había recibido un pase filtrado por la banda, la velocidad del castaño lo ayudó a dejar a los defensas rivales unos pasos atrás. Ahora corría sólo con el balón hasta la portería.
Ambos hermanos se pusieron de pie al instante antes de ver cómo Julián la picaba por encima del portero en un último intento por detener el balón, luego de eso todo fue euforia en el estadio y en la residencia Fernández-Alvarez.
El grito de gol se pudo haber escuchado hasta en el lugar más recóndito y aún así no se callaría. Saltaron de alegría, celebrando que el marcador se abría con un gol, el primer gol de Julián en primera división.
Les tomó varios segundos el festejo por lo que cuando se sentaron ya se había presentado la tercera repetición de la jugada. Julián de verdad parecía tener sangre fría para definir de esa manera.
La sonrisa no se borró de su rostro en ningún momento, la felicidad en su pecho era evidente. Estaba orgulloso de Julián.
Casi nada parecía quitarle ese gran gesto de alegría, la última repetición se estaba presentando y vio como mostraba las manos de Julián en un corazón hacia la cámara y un último beso tirado hacia él, obviamente era para él.
Enzo se sentía un alfa afortunado, su omega le estaba dedicando un gol. Era el momento más feliz desde el día que conoció a Julián.
O al menos lo era… hasta que vio eso…
Su sonrisa se borró casi de manera automática cuando vio como ese tipo llamado Giuliano alzaba entre sus brazos a Julián, posando sus brazos sobre el culo de su omega. Cualquier rastro de felicidad en su rostro desapareció, dando paso al fruncimiento de cejas más pronunciado que haya tenido, y más cuando también se mostró como otro jugador abrazaba a Julián por detrás, y claro, Enzo no le prestó atención a otra cosa que no fuera a ese otro jugador apoyar toda la pija por detrás al castaño.
Sus orejas empezaron a calentarse junto al gesto de enojo en su rostro. Su alfa arañaba su pecho con enojo, algo estaba creciendo en él aparte de la bronca y las ganas de golpear a los que se atrevieron a tocar a Julián.
Era una necesidad territorial de correr de su casa hasta ese lugar y sacar a Julián de ahí, estaban tocando a Julián y Julián era suyo, su omega.
—¿¡PERO POR QUÉ LO TOCAN ASÍ?! —grito, inconscientemente, sin medir el volumen en su voz provocando un pequeño susto en Lisandro.
Su pecho subía y bajaba con violencia, parecía ver rojo de la bronca. Por su mente el momento en que Giuliano le manoseaba el culo a Julián se repetía causando aún más enojo en él.
—Que se yo, Enzo. Solo están celebrando. —
—¿No viste como le apoyó toda la pija a Julián? —Hablo con bronca, aún con la respiración violenta de hace segundos.
Se sentó casi de un solo movimiento rápido, se pasó las manos por el rostro con frustración dejando solo una de su manos sobre su boca, en un gesto expectante . El partido continuaba como si nada, como si a su omega no lo hubiesen tocado más de la cuenta.
Su alfa aún estaba inquieto, sin pistas de querer calmarse pronto, al igual que él.
Se quedó mirando la televisión como si esperara algún otro suceso, moviendo su pierna izquierda de arriba hacia abajo frenéticamente.
—Boludo, calmate un poco. —Dijo Lisandro, tapándose la nariz con cara de asco, quizás las feromonas de Enzo estaban más presentes de lo normal.
Enzo no respondió nada, solo se quedó mirando la tele de la misma manera: viendo cada movimiento de los jugadores al lado de Julián, de sus interacciones, pases, incluso acercamientos. Estaba ardiendo en celos, no sabía que podía ser celoso.
Jamás había tenido celos en su relación con Julián, se tenía la suficiente confianza como para saber que Julián no le interesaba nadie más que él. Pero de un momento a otro tenía la necesidad de mostrarle a todos en ese equipo que ese omega era suyo, marcarlo con su olor, besarlo frente a todos si era necesario.
Estaba siendo extremadamente territorial y ese sentimiento le causaba molestia, pero no podía evitarlo.
—Ya fue, Enzo. Voy a abrir las ventanas. —Lisandro se levantó de un salto del sillón y se dirigió a las ventanas, abriéndolas lo más que podía para que el aire entrara y se llevará ese aroma a alfa celoso. —Dios, Julián no te va a cambiar. —dijo cuando volvió a sentarse a su lado, aún con la nariz tapada.
No dio respuesta a lo dicho por su hermano, en cambio suspiró pesado aún con el ceño fruncido y mirando detenidamente la pantalla. Cada vez que la cámara enfocaba a Julián su mirada se movía a su alrededor buscando a alguno cerca del castaño.
Era increíble que una celebración le dañara la experiencia de ver el partido tranquilo, pero así fue… no separó su vista de Julián, estaba inquieto. Necesitaba que ese partido terminara y tener a Julián a su lado. Ya no le importaba si su equipo perdía o no.
—Minuto 87… —Dijo el relator y Enzo estaba agradeciendo al cielo que el partido estaba terminando.
Unos segundos después otra oportunidad de oro llegaría a los pies de Julián, miró como desde el medio campo un despeje se convertía en una gran chance para el delantero, el iba a espaldas de los defensas otra vez y Julián no lo desaprovecharía. Corrió con su velocidad característica hasta que llegó al balón que seguía rebotando sobre la grama, logró controlarlo, solo le quedaba el portero.
—Gooool. —Gritó el relator, y al unísono lo hizo Lisandro. —Lo hizo la raña, definiendo por debajo de las piernas del portero.
Enzo no lo celebró, aún miraba la pantalla de la misma manera, esperando… aunque no sabía que. Lisandro lo abrazó con ambos brazos, moviéndolo de lado a lado para que se sume a la celebración, pero eso era lo que Enzo menos quería.
—Dale, gato. Tu omega metió doblete. —dijo Lisandro tratando de calmar la tensión en el rostro de Enzo.
Lo que su hermano no sabía era que Enzo miraba atentamente la celebración de Julián, está vez haciendo, de alguna manera, la letra E con sus manos. Pero eso no era lo que lo tenía al pendiente, sino lo siguiente:
Por detrás de Julián se acercaba corriendo otra vez Giuliano… y lo volvió a alzar, posando sus brazos en el mismo lugar nuevamente. Enzo se levantó del sillón golpeando su pierna con fuerza. Caminó por el living pasándose la mano por el rostro, sus feromonas eran más fuertes que antes y eso a Lisandro empezaba a molestarle.
—Enzo bajale a tu bronca. Vamos a terminar a las piñas si no te calmas. —Lisandro se volvió a tapar la nariz, alejándose un poco del alfa morocho que parecía querer golpear a alguien.
Enzo se quedó quieto un segundo mientras la algarabía del estadio de escuchaba por la televisión, hasta que una idea pareció llegar a su mente.
—Voy a ir a buscar a ese hijo de puta. —Enzo camino con fuerza hacia la puerta, pero el brazo de Lisandro lo detuvo, sin importarle que Enzo le diera un gruñido.
—Enzo, deja de decir pelotudeces. Solo están celebrando un gol. —y ese comentario pareció encender la furia en Enzo.
—¿Celebrando? ¿Pasándole la mano por el orto a Julián? —su pecho subiendo y bajando más violento, Lisandro no reconocía a su hermano menor, esos ojos llenos de furia.
—Enzo, calmate ya. ¿En serio me estás diciendo que estás celoso por eso? —genuinamente le preguntó, su hermano era un tipo canchero y con la confianza por los aires, no era posible que algo así le hiciera ponerse celoso.
Enzo se volvió a sentar sobre el sillón, con frustración se tomó la cabeza entre las manos y se frotaba las palmas contra su rostro.
—Si, Licha. No se que me pasa. —la bronca estaba aún presente en su voz. —No quiero que lo toquen más. —
Su pierna izquierda aún golpeaba el piso repetidamente cuando el relator anunció el final del partido. Definitivamente necesitaba que Julián llegará a casa de una vez, que lo calmará a él y a su alfa en su pecho que se morían de celos por la más mínima cosa.
Era la primera vez que sentía eso, llevaba muchos meses con Julián, pasaron por cada cosa y nada lo había puesto de esa manera. Solo quería tener a Julián en sus brazos alejados de cualquier otro alfa que tenga la desfachatez de siquiera pensar en poner un dedo sobre Julián.
Ambos quedaron en silencio por unos minutos, Lisandro lo miraba desde una pequeña distancia con compasión. Le preocupaba la reciente actitud de su hermano, él no era así y también sabía que Enzo no se sentía bien estando así.
—Enzo… —Llamo con suavidad, acercándose donde el morocho estaba sentado. —Vení.
Pasó su brazo izquierdo por sus hombros y lo atrajo hacia él. —Tu omega te ama, y por más que otro alfa intente ponerle un dedo encima siempre pensará en tí cuando necesite darle su amor a alguien. —
Eso parecía reconfortar sólo mínimamente a Enzo.
El morocho asintió, sin estar muy tranquilo al respecto. Se preguntaba la hora de llegada de Julián, se suponía que llegaba en dos horas, pero también se planteaba escenarios en su mente.
Julián saliendo del predio, Julián yendo a su auto, Julián siendo interrumpido por Giuliano, Julián sonriéndole a Giuliano… Giuliano chamuyandose a Julián.
Debía dejar de pensar en cosas así si quería calmarse. Y aunque la intención de Lisandro era darle confianza, ninguna de sus palabras funcionó, aunque asintió ante cada una de ellas.
Al pasar más de 40 minutos después de terminado el partido Lisandro avisó que se retiraba de la residencia. Enzo lo despidió y Lisandro prometió volver de visita para felicitar a Julián por el doblete.
Enzo quedó en completa soledad y silencio. Se sentó en el sillón de cuero nuevamente, mirando a la completa nada, tratando de que su mente no repitiera la escena del partido nuevamente. Se sentía horrible el alfa en su pecho queriendo tener control sobre lo que era suyo. Suyo, suyo. Su omega.
Era frustrante y aunque intentaba no pensar en ello era imposible. Era frustrante porque jamás se había sentido así, territorial, celoso y queriendo arrancarle las manos a alguien.
De verdad estaba considerando volver a las andanzas del barrio y llevar consigo la faca vieja que había dado por olvidada. Todo si eso significaba alejar a quien sea de Julián.
No sabía cuánto había pasado desde que se había sentado, solo escucho el sonido del auto estacionadose y supo que su omega había llegado…
Julián giró el pomo de la puerta, estaba agotado pero extremadamente contento, había hecho sus primero dos goles en primera y esperaba que su alfa los haya visto porque se los había dedicado.
Abrió la puerta y con lo primero que se encontró fue con el fúnebre silencio en la casa, totalmente diferente a lo que creía.
Pensaba que Enzo brincaría eufórico para felicitarlo y se abrazarían con felicidad. Pero no fue así. Miró a todos lados en busca de Enzo sin éxito, caminó algunos pasos hasta entrar de lleno al living y se asustó cuando vio la silueta del morocho sentado en el sillón, con la cabeza gacha y su respiración lenta.
—Enzo… —dijo con la voz suave, caminando y quedando frente al alfa. —Amor, ¿viste los goles que te dedique? —la sonrisa en su rostro era notable, estaba contento y orgulloso de si mismo.
Enzo no respondió, solo se quedó en silencio, aún con la cabeza agachada y mirando al suelo. La sonrisa en Julián se desvaneció ante la pobre respuesta del morocho, se acercó aún más.
—Enzo… ¿Qué pasó, amor? —dirigió su mano derecha al pelo del morocho, acariciando con suavidad mientras seguía hablando. —¿Te sientes bien? —
Julián casi salta del susto cuando la mano de Enzo agarró la suya que tenía sobre su pelo, atrayéndolo más hacia él.
El morocho alzó la vista, ahora sí, mirando a Julián desde abajo.
Rodeó su cintura con sus brazos, enterrando su cabeza sobre el vientre de Julián.
—No, no estoy bien Juli. —Dijo con un dejo de frustración. —Por favor. Calmame. —
Julián no entendía nada, era todo tan confuso. Pensaba que el tema principal al llegar a su casa sería los goles en su cuarto partido de liga, pero se equivocó.
—Amor… —Volvió a hablar. —Estoy muy celoso. —Y abrazó más fuerte a Julián, casi dejándolo sin aire. Julián no entendía la razón de esa petición, pero Enzo sonaba bastante frustrado por eso.
—Vení. —Dijo Julián, haciendo que Enzo se ponga de pie, lo miró a los ojos. Parecía cansado.
Poso sus dos manos sobre las mejillas de Enzo, atrayéndolo hacia él, mirándolo directamente a los ojos y luego dándole un beso sobre sus labios.
Justo ahí su nariz captó el olor a alfa celoso que el morocho desprendía hace rato. —Ven. Vamos a tomar una ducha juntos. ¿Querés? —el morocho asintió, y Julián volvió a darle un beso en sus labios.
Lo cierto es que Enzo no hacía lo que su alfa le mandaba aún. Su pecho le ardía, exigiendo que marque al omega con su olor, que no quede rastro de otro aroma sobre el castaño que no sea el suyo…
Ambos tomaron una ducha de agua caliente, aprovechando la noche fría. Por supuesto que Julián intentó calmar lo más que pudo los celos de Enzo, se había encargado de desprender sus feromonas por la habitación con tal de que el morocho se sienta bien, sin embargo no sabía que Enzo no estaría mejor sin hacer tan siquiera una de las tantas cosas que su lobo le pedía.
Frente a Enzo Julián empezaba a vestirse, eran pareja hace meses, no había vergüenza entre ellos. Enzo se fijó en la marca en el cuello de Julián, era su marca hecha hace más de cinco meses que lo reclamaba a Julián como suyo. Pero ni eso pudo hacerlo sentir mejor.
—Vi los dos goles. —Dijo Enzo, hablando por fin de lo que se suponía que tenían que hablar desde que Julián puso un pie en la casa.
Julián sonrió, terminando por ponerse la parte superior del pijama. Se dirigió a Enzo, dejando un beso sobre sus labios y sentándose sobre sus piernas. —¿Y qué te parecieron? —
Enzo no respondió, por supuesto que no le iba a decir que solo miro como si compañero le acariciaba el culo, iba a quedar como cualquiera.
—Fueron golazos, Gracias amor. —Dijo Enzo tomando las piernas de Julián, mientras se unían en un beso. Esa cercanía que solo ellos podían tener entre ellos eran las cosas que podían calmarlo, pero su alfa seguía inquieto, y por ende él también.
—Bueno. Vamos a dormir. —
Ambos se acomodaron en la cama de dos plazas, Enzo se encargó que Julián fuera cubierto al cien por ciento por la sábana, aunque sus brazos también lo hacían.
Julián estaba agotado, por supuesto, jugó los noventa minutos y encima había llegado a la casa a lidiar con su alfa celoso en el living, es por eso que fue el primero en dormirse, apenas pasando cinco minutos después de acostarse.
Por otro lado Enzo…
Bueno, Enzo lo intentaba. Habían pasado más de una hora y media y su insomnio se hizo más fuerte. Esa escena se repetía una y otra vez en su mente como un reel de Instagram, apenas esos tres segundos en los que Simeone ponía sus manos sobre Julián, en ese lugar en donde solo Enzo tenía permitido tocar.
Trató de no gruñir de enojo para no asustar a Julián, pero no podía seguir así. Apretó más el agarre de su brazo sobre la cintura de Julián, pegándose más a él, aspirando el olor del castaño como si fuera la medicina de sus males. No era suficiente.
Con disgusto por hacerle caso a su alfa, soltó sus feromonas sobre Julián, cubriéndolo por completo, cada rincón, cada pelo, cada poro tenía su olor y Julián olía a su alfa. Enzo volvió a apretar a Julián acercandolo y culminó por darle un beso sobre la nuca del castaño.
Al menos eso logró calmarlo, era como si su insomnio perdiera fuerza con tan solo cubrir a Julián con su olor a chocolate amargo y café. Sentía que podía dormir tranquilo por unas horas tan siquiera.
No sin antes…
~Mio. ~ gruñó.
