Chapter Text
1
Suelta un suspiro más parecido a un gruñido y piensa, no por primera vez ese día, en cuánto falta para que acabe ese maldito turno y pueda ir a casa para revolcarse en su miseria.
No es que para Song Mingi sea algo ajeno el ser miserable. Sin embargo las últimas semanas parecía que todo iba a mejorar, que había una luz al final del túnel.
Todo fue una falacia, al parecer, o él muy ingenuo y ahora lo único a lo que se quiere dedicar es a comer toneladas obscenas de helado y ver un montón de comedias de baja calidad hasta olvidar que existe un mundo fuera de su departamento.
Pero es un jodido miércoles por la tarde, aún le falta medio turno ese día y otros dos días más durante la semana antes de poder desaparecer el fin de semana como tanto quiere, y con las cantidades industriales de trabajo que tiene, mucho se teme que le pedirán hacer horas extras.
Vuelve a gruñir, porque ya ni siquiera va a fingir que está suspirando.
—Si no supiera el terrón de azúcar que eres, con eso gruñidos me habrías asustado bastante —dice una voz a sus espaldas.
Mingi reprime la necesidad de suspirar ya que no tiene ganas de interactuar con nadie, pero, primero que nada, no le faltaría el respeto de esa forma a alguien mayor que él como lo es Seonghwa. Segundo, porque sabe que el mayor no tiene ninguna mala intensión y jamás se burlaría de su frustración. Y tercero y más importante, es el algo así como novio de su jefe. Mingi está frustrado y miserable, pero no es idiota.
—Lo siento hyung —no sabe exactamente por qué se está disculpando, pero siente que es lo correcto de decir.
—¿Mucho trabajo? —ofrece Seonghwa con una sonrisa comprensiva, extendiendo un vaso desechable hacia Mingi.
El olor a café con leche que no viene de la malévola cafetera de la oficina hace que los hombros de Mingi se relajen un poco y acepte el vaso con una sonrisa vacilante.
—Como siempre —responde, dando un trago tentativo a la bebida, soltando un nuevo suspiro, aunque este es más de felicidad por el calor que la bebida extiende por su cuerpo.
—Tómalo con calma cariño, no te agobies demasiado —habla de nuevo el mayor, pasando tiernamente una mano por los oscuros mechones de Mingi, regalándole una nueva sonrisa antes de alejarse a donde presumiblemente está el gremlin que llama novio.
Las muestras de aprecio y consideración por parte de Seonghwa, o de cualquier compañero de trabajo, no son extrañas, es la razón principal por la que Mingi acepta que lo exploten laboralmente, porque tiene amigos y lo tratan bonito. Y a él siempre le ha gustado que lo traten bonito. De otra forma ya habría vuelto al campo con su familia y se habría dedicado a cosechar lo que sea o simplemente a ser un vegetal inútil harto de la vida en general.
Siempre es tentador pensar en eso último.
Pero quitando el interminable trabajo -del cual debería estar agradecido, pero a veces no tiene ni tiempo de pensar-, todo lo demás es perfecto. Buena paga, buena compañía, ¿de qué podría quejarse?
Intenta no pensar en ese qué.
Sin embargo, Mingi sabe muy bien el humor que ha tenido durante esa semana. Lo alejado y taciturno que se ha mantenido. Lo mucho que suspira, gruñe o se pierde en la terraza para respirar un poco y no terminar ahogado en sus pensamientos. Y no le es ajeno que todos sus compañeros y amigos se han dado cuenta. Le preguntan cómo está, por supuesto, pero no insisten después del “estoy bien” que les da, dándole el suficiente espacio para que lidie con sus cosas y lo comparta cuando esté listo.
No sabe si alguna vez estará listo. Sólo quiere fingir que nunca pasó. Enterrarlo en su mente y seguir con su vida. Olvidar lo mucho que duele.
Lo que más se pregunta es cuándo deja de doler.
Por esa misma razón ha recibido más actos de servicio de los que se cree merecedor. Seonghwa le lleva bebidas y bocadillos cuando va a visitar a Hongjoong. Incluso Yeosang, que es un perro celoso con sus pastelillos de chocolate le ofreció uno durante el almuerzo y Wooyoung y Jongho han tenido la decencia de no meterse con él.
Bromean, ríe y charlan con una normalidad que parece forzada, sin presionar en el comportamiento de Mingi, quien también intenta forzar algo de normalidad, aunque se dio por vencido al segundo día y sólo piensa que lidiar durante el fin de semana con sus sentimientos será suficiente.
Espera que sea suficiente.
—¡Seonghwa hyung! —exclama una voz desde la puerta de su oficina y Mingi siente que toda la tensión que su cuerpo había perdido regresa de golpe, casi sacándole el aire. Se alegra de haber dejado el vaso de café en la mesa, porque de haberlo tenido en la mano, mucho se teme que lo habría aplastado hasta derramar el contenido por su escritorio.
Intenta por todos los medio parecer indiferente, no volver a pensar en… sea lo que sea que no pasó.
—¿Qué sucede Yunho? —escucha que responde Hongjoong, como si lo hubieran nombrado a él.
Jeong Yunho hace todo el camino de la puerta hasta la oficina del mayor, con una confianza innata y una sonrisa enorme en los labios. Pasa junto al escritorio de Mingi, que tristemente queda de paso, apenas reconociendo su existencia con un pequeño toque sobre la mesa y sin decir nada. Mingi finge no reconocer el pequeño gesto y tampoco hace un esfuerzo por buscar los ojos ajenos, dedicarse una sonrisa o un pequeño saludo como normalmente hacen.
No cree que vuelva a haber una normalidad entre ellos, no por el lado de Mingi al menos. Si Yunho quiere actuar como siempre, le parece muy bien. Él no va a seguir el juego.
Prefiere pensar en las mil tareas que tiene, siempre hay algo urgente para ayer y no necesita distraerse con nada, así que toma sus audífonos para poder amortiguar cualquier distracción con algo de música. Hongjoong sabe bien que su productividad aumenta si nadie le está jodiendo y si puede disociarse con música, así que no le preocupa ser reprendido por eso.
Estar en el departamento de IT de una empresa tiene sus ventajas. Pocas, pero las tiene. Las mayores desventajas es que cualquier falla siempre es culpa de ellos, como si la gente no supiera que las cosas tienden a fallar porque fallar es una cualidad inamovible de las cosas. Pero Mingi se ha rendido con intentar explicar su punto y sólo asiente con la cabeza, diciendo que verá el problema y santo remedio.
El mayor remedio siempre es apagar y prender el equipo, pero no le digan a nadie o se queda sin trabajo.
Mingi definitivamente se está disociando para de nuevo no llevar sus pensamientos al sábado pasado. Cree que ya le ha dedicado demasiado tiempo a esos pensamientos y no le parece justo seguirse torturando.
Pero le es imposible. ¿Qué hizo mal? ¿Qué malinterpretó? Mingi creyó durante los últimos meses que Yunho y él estaban coqueteando, que finalmente estaban haciendo algo con esa supuesta tensión sexual que tenían el uno por el otro desde que se conocieron.
Sí, son -eran- buenos amigos. Hicieron clic de una forma en que pocas personas lo hacen. Parecían la persona favorita del otro en el mundo mundial y cuando sintió tener tan cerca lo que tenía deseando por años todo simplemente… se jodió.
2
Todo fue idea de Wooyoung, por supuesto, a Mingi no debería sorprenderle que las malas ideas comiencen por Wooyoung. Pero lo ama demasiado como para culparlo de algo, no es su culpa no poder estar solo con sus pensamientos y querer estar de fiesta cada maldito fin de semana. Así que media oficina se vio arrastrada a un bar cercano el sábado por la noche, Yunho y Mingi incluidos.
A Mingi no le encanta salir a beber, preferiría una reunión en casa y poder desmayarse tranquilamente en un sillón, pero Wooyoung y Yunho le habían dedicado unos ojitos de cachorro tan convincentes que no se pudo negar.
Fue algo demasiado descontrolado, demasiadas bebidas, demasiados retos de shots, no sabe quién carajos pidió tequila, pero Mingi sospecha que él solo acabó con una botella y Yunho con otra. Decir que acabaron devastados es decir poco. Quizás eso fue lo que también evaporó las inhibiciones que ambos sentían por sus sentimientos y deseos, porque el dormir en la casa de Yunho, que queda más cerca del bar, de pronto se convirtió en ellos dos entrando a trompicones dentro del lugar, comiéndose la boca como dos adolescentes cachondos.
Besar a Yunho fue mejor de lo que Mingi alguna vez había fantaseado. Con su carácter juguetón y dulce, pensó que el mayor sería tierno y cuidadoso. Pero no, parecía que quería comerse a Mingi en cada beso, o al menos ahogarlo porque la lengua del mayor invadía todo a su paso, saboreando y humedeciendo hasta dejarse los labios rojos y destrozados. Hubo mucha saliva y mucha lengua involucrada en sus besos que en otras circunstancias, quizás viéndolo desde lejos, habría sido un poco asqueroso, pero Mingi sólo podía pensar el lamer los escurridizos caminos por la comisura de los labios de Yunho hasta que éste volvía a atragantarlo con su lengua, sin cansarse de saborearse.
También mordió y chupo la piel de Mingi de tal forma que aún hay marcas que intenta ignorar cada que se baña o se cambia de ropa, pareciendo querer conquistar terreno, dejar su huella durante días. Y aunque lo logró, Mingi habría preferido que no pusiera tanto empeño en eso.
Torpes y entre risas borrachas llegaron hasta el sofá, donde Yunho se dejó caer sin gracia, arrastrando a Mingi a su regazo. Con una confianza poco común en él, Mingi restregó sus caderas, buscando fricción entre sus miembros. Sentía las ganas, la excitación recorrerle las venas, aunque el alcohol le hacía torpe y no lograba formar una erección. Eso, sin embargo, no le hizo perder el ímpetu de bajar una mano para manosear a Yunho por sobre su pantalón.
—Mingi… —recuerda que Yunho había jadeado sobre sus labios, las manos del mayor aferradas a su trasero.
El tono roto y desesperado le había alentado para caer sobre sus rodillas, aunque le gustaba mucho estar sobre su regazo, deseoso de poder quitar las capas de tela que le separaban del premio entre sus piernas.
Sin embargo, cree que ahí fue donde todo empezó a joderse. Levantar la vista y hacer contacto visual con Yunho pareció traer algo de claridad, al menos en el mayor, porque cuando Mingi intento abrir su bragueta, quizás babeando un poco ante las posibilidades, Yunho le había detenido con una mano en el hombro, empujándole de forma delicada, pero firme, lejos de su cuerpo.
—¿Yunho…? —se recuerda preguntando de forma estúpida, viendo cómo el nombrado se pasaba una mano por el rostro y luego por el cabello, desordenando más sus oscuros mechones.
Yunho soltó un suspiro que parecía entre frustrado y más sobrio de lo que había estado en los últimos minutos.
—No puedo… no voy a poder… —dijo Yunho, incorporándose de su lugar y recomponiendo sus ropas.
Fue un poco humillante, ya que Mingi seguía de rodillas en el suelo, sin entender absolutamente nada. Sin entender por qué de pronto Yunho parecía tan avergonzado y, lo que es peor, arrepentido.
Bueno, intentó decirse, a dormir y mañana vemos qué pasa.
—Será mejor que te vayas —fue entonces lo que le dijo Yunho, como si no fueran las tres de la mañana, Mingi todavía medio ebrio y de malditas rodillas en su sala de estar.
—¿Qué…? —intentó preguntar de nuevo, pero Yunho le cortó con un ademan de mano, señalando la puerta antes de perderse por el pasillo hasta el baño del departamento.
A Mingi tampoco le es ajeno entender cuando alguien no le quiere cerca, y no es de los que ruega ni se impone.
Se recuerda saliendo del departamento, con los ojos nublados de lágrimas que se negó a soltar hasta llegar a casa. No recuerda el camino, a penas y recuerda haber logrado pedir un taxi y pagar.
Lo que sí tiene muy fresco en la memoria es la inmensa humillación que sintió bajo las mantas. El terrible rechazos y el sentirse tan poco deseado y digno de al menos quedarse hasta la mañana siguiente. Mingi ni siquiera iba a pedir una explicación, que aun así cree merecer.
Piensa que lo mínimo que merecía era no ser echado a la calle sin consideración alguna. O ser ignorado durante el resto del fin de semana, sin un mensaje de disculpa. O que al lunes siguiente en el trabajo Yunho pretendiera que nada pasó, que podían continuar como si nada.
Cuando se topó con el mayor en la entrada del edificio y le saludó efusivamente.
—¡Buenos días Mingi! —como si Mingi no hubiera pasado las últimas veinticuatro horas torturándose sobre lo que ha hecho mal, sobre por qué Yunho se comportó así, en que al parecer no merecía ni un gramo de preocupación sobre cómo llegó a casa de madrugada, y todo lo que iba a obtener es una sonrisa enorme de aquí no ha pasado nada, sintió que algo dentro de él terminó de romperse.
Entró al edificio sin regresar el saludo, ante la incrédula mirada de sus amigos que sabían que Yunho y Mingi habían hecho simbiosis desde el día que se conocieron.
Hubo preguntas, por supuesto, no sabe si Yunho ha dicho algo, pero Mingi se cerró herméticamente al respecto y agradece infinitamente que al menos Yunho entendió el mensaje y no siguió presionando en “volver a la normalidad” ni forzar interacciones.
No tiene ni idea de si el mayor cree que Mingi eventualmente dejará ir sus sentimientos y volverán a lo que eran, y si realmente lo cree, Mingi no tenía ni idea que Yunho era tan estúpido, porque para él algo terminó esa noche, no porque rechazó tener sexo con Mingi -pensándolo fríamente, ni siquiera sabe si habrían llegado a algo de tanto alcohol-, pero sí por esa forma tan indiferente de tratarlo como si sólo fuera un acostón fallido y no uno de sus malditos mejores amigos.
3
—Mangi —saluda Wooyoung el viernes por la tarde.
Mingi definitivamente no ha pasado todo el día contando los segundos que faltan para salir corriendo del lugar, claro que no. Saber que faltan dos horas, treinta y cinco minutos con trece… doce… once… diez segundos, es pura casualidad.
—No a cualquiera que sea tu plan de fin de semana —rechaza inmediatamente. No ha pasado ni una semana del desastre de la otra vez y Mingi no tiene la fortaleza mental para lidiar con nada más.
Wooyoung hace un pronunciado puchero, indicativo que posiblemente todo mundo lo esté rechazando esta vez.
—Todos en esta oficina son unos aburridos —se queja el menor, sin insistir, por una vez, en su invitación.
—Invita a San a una cita como tanto quieres y listo, no incluyas a todo el mundo sólo como una excusa.
Wooyoung al menos tiene la decencia de sonrojarse.
—A San le gusta Yeosang…
—Y a Yeosang no le gusta absolutamente nadie en este planeta. Toma eso como ventaja —refunfuña Mingi, revolviendo la ensalada que es su almuerzo de ese día—, y encontrar bonito a alguien no significa estar enamorado de esa persona. Creo que eres increíblemente bonito…
—Y estás increíblemente enamorado de mí, lo sé…
—Pero jamás andaría contigo —finaliza Mingi, sin inmutarse por la interrupción, lo que acentúa el puchero de Wooyoung.
—Sería un novio grandioso —dice Wooyoung, como si fuera a Mingi a quien tuviera que convencer de eso.
—Jongho —llama Mingi cuando ve a otro de sus amigos pasar por ahí. El chico va tan distraído en su celular que casi los pasa de largo—, Wooyoung te quiere invitar un café el fin de semana.
—¿Qué? —exclaman los dos menores, ante las inesperadas palabras de Mingi.
—Wooyoung quiere salir y tú necesitas aprender a socializar —se encoge de hombros, viendo a Jongho tomar asiento con ellos.
—Oye, yo no… —intenta quejarse Wooyoung. Todos son muy buenos amigos, ellos tres especialmente, pero no hay nada más contrario que el agua y el aceite como lo son Jongho y Wooyoung. A veces creen que no serían amigos si no tuvieran a Mingi de por medio.
—Vale, si él paga —acepta Jongho con un encogimiento de hombros—, imagino que sigue sin atreverse en invitar a San.
—Insiste en que a San le gusta Yeosang.
Ante eso, pueden ver cómo Jongho arruga la nariz.
—No entiendo por qué…
Todos son amigos de Yeosang, por supuesto, por eso mismo pueden admitir que el mayor tiene un carácter especialmente difícil. Tiene un humor seco y sarcástico, insulta sin miramientos y cree que la mayoría del mundo es idiota. Mingi coincide con eso y Wooyoung generalmente se lleva bien con todo el mundo ha sido amigo de Yeosang durante años que creen que el mayor ya se rindió con la idea de deshacerse de él en algún momento. Pero hay una riña especial entre Yeosang y Jongho, ya que el mayor suele ser muy condescendiente con el menor, no sólo como si lo tratara como idiota, sino como un niño idiota que ofusca a niveles insospechados a Jongho.
—Vale —acepta finalmente Wooyoung, derrotado—, de todas formas hay un lugar al que quiero ir. Hyung paga, pero no te acostumbres —dice levantándose de su lugar, desordenando con una de sus manos el cabello del menor, que refunfuña, pero no lo aparta—, ten un bonito fin de semana Mangi, espero todo mejore estos días —le dice al más alto, acercándose para besar su mejilla y también desordenarle el cabello antes de irse.
Ninguno de ellos es del mismo departamento, se conocen más que nada porque Mingi ha tenido que atender tareas de problemas que ellos le han enviado y poco a poco comenzaron a almorzar juntos y es una rutina que han mantenido.
El silencio se extiende un par de minutos después que Wooyoung se va. Por eso a Mingi le gusta tanto Jongho, puede ser tan ruidoso como Wooyoung si es necesario, pero sabe cuándo es necesario mantener el silencio, contrario a su otro amigo.
—¿Estás bien? —pregunta de todas formas el menor. Mingi recuerda que es el único que no ha hecho esa pregunta durante la semana. Yeosang tampoco, pero ha mostrado su consternación compartiendo bocadillos y, como se sabe, no es algo usual en el mayor.
Sin embargo, a Mingi le gusta pensar que a Yeosang sí le importan las personas, sólo quiere mantener una fachada dura. Wooyoung no lo querría tanto de no ser así, considerando también que siente que pierde ante él en temas de amor y aun así lo declara su mejor amigo.
—No —dice Mingi con sinceridad, porque con Jongho no hay necesidad de mentir, él lo sabría de todas formas—, pero lo estaré —lo asegura con una sonrisa cansada.
Jongho, ajeno a su carácter, extiende una mano sobre la mesa y toma una de las de Mingi, dándole un apretón ligero.
—Estoy aquí para cualquier cosa Mingi, cuando quieras —le dice, sonriendo suave.
Mingi no sabe cómo lidiar con ese lado de su amistad. Pocas veces se ha sentido tan desanimado como para admitir que no se encuentra del todo bien, pero al mismo tiempo le alegra saber que tiene tan buenos amigos.
—Lo sé —responde, regresando el apretón.
4
Para sorpresa de absolutamente nadie, el fin de semana no soluciona nada. Sólo sirve para darle indigestión al pobre estómago de Mingi de tanto que se atiborró de comida chatarra. Tiene los ojos algo rojo e hinchados de tanto llorar y casi ahogarse en autocompasión.
Yunho no llama ni manda mensajes esos días tampoco y Mingi sabe que debería de alguna forma alegrarse, que entendiera el mensaje sobre ser un idiota y que Mingi no quiere lidiar con su estupidez y falta de escrúpulos. Sin embargo, al mismo tiempo quisiera una señal de que le importan sus sentimientos.
Que tontería, ¿no le dejó claro el fin de semana pasado que es algo que poco le importa?
El lunes siguiente le toma por sorpresa y no tiene ni puta idea de cómo va a sobrevivir una semana más.
Quisiera ser mezquino e ignorar todas las tareas que Yunho envía a IT, dejar que su trabajo se arruine y lo corran de la empresa.
Pero Mingi no es tan horrible persona, así que dedica su tiempo a fingir que cada tarea y cada persona en esa empresa es sólo un número en su larga lista de pendientes.
Al menos de esa forma y en un parpadeo logra sobrevivir hasta el jueves, casi puede saborear un nuevo fin de semana de autodestrucción.
No es algo que pueda hacer plenamente entre semana. Debe dedicarse a ser un adulto funcional. Quehaceres del hogar, cocinar, mirar a la nada contemplando el infinito vacío y la inutilidad de la existencia humana. Regar las plantas.
Lo normal.
Intentando no pensar en las cenas esporádicas con Yunho, en cómo invadían el departamento del otro para pasar el rato, con videojuegos o películas. Las tardes de descubrir nuevos sitios para pasar el rato.
Qué fácil es borrar a alguien de tu vida, piensa Mingi con tristeza, pero que difícil es borrar los recuerdos. Si no que imposible.
—Sigues gruñendo —es Seonghwa quien hace la observación, su bonita sonrisa pintada en sus inhumanamente rosados labios, un nuevo vaso de café en la mano, como una ofrenda de paz para una bestia salvaje.
Mingi es más un conejo asustado que una bestia salvaje, pero la ofrenda le sirve igual.
—Qué sería de mí sin ti hyung —suspira contento, recibiendo su bebida, borrando de su cabeza que era Yunho quien generalmente le llevaba café de vez en cuando.
—No hay que averiguarlo —responde Seonghwa, acariciando su cabello y dejando un ligero beso en su coronilla—. ¿Cómo estás esta semana?
—Mejor —miente, porque no necesita generar más preocupación en nadie.
Seonghwa le sonríe más amplio, pero Mingi sabe que el mayor es consciente de su mentira. Puede engañar a Hongjoong con relativa facilidad, sobre todo porque su jefe siempre está ahogado en trabajo y pendientes como para ver más allá de su propio cansancio, pero Seonghwa todo lo sabe, está al pendiente de todo. No por algo es el jefe de RR.HH.
—Hyung está aquí si lo necesitas —le asegura antes de dirigirse hacia el semi cadáver que es Hongjoong.
Mingi quisiera sentir lástima, pero tiene su propia montaña de trabajo por la cual preocuparse, así que regresa su atención a la pantalla, viendo en qué debe concentrarse ahora, intentando como siempre disociarse para no sentir el lento paso del tiempo, y siempre intentando que su mente no vuelva a Yunho y su estúpida sonrisa. Su bonita y muy estúpida sonrisa.
Prefiere pensar en la inesperada compatibilidad que tuvieron Wooyoung y Jongho el fin de semana. Jongho admitió que considera que Wooyoung es muy divertido y siempre tiene un tema de conversación para todo. Lo cual no debería ser sorpresa para nadie debido a lo mariposa social que es.
—Invítalo a salir —había sugerido Mingi, encogiéndose de hombros, durante su almuerzo del lunes.
—Vamos a salir el siguiente sábado. ¿Quieres ir? —ofreció Jongho, para después llenarse la boca de comida. Se les estaba acabando la hora de descanso y habían pasado demasiado tiempo charlando.
—¿Cuál es el punto de invitarlo a salir si me vas a incluir?
—Porque no es una cita. Nos llevamos bien, pero no soportaríamos ser pareja. Wooyoung parece de alto mantenimiento…
—Bueno, sí, y con lo asocial que eres.
Jongho se encoge de hombros ante eso, como si no le importara. No le importa, Mingi lo sabe.
—Pero tienes razón —había continuado Jongho.
—Yo siempre la tengo —bufa Mingi—. ¿Pero ahora con qué tuve razón?
—En que necesito salir más y eso, estar encerrado a veces es agobiante. Y Wooyoung tiene planes interesantes. Quiere acabar con una lista de lugares por visitar, por eso te invitaba.
—¿No es la lista de lugares a los que quería llevar a San en una cita?
Jongho vuelve a encogerse de hombros, aunque parece menos despreocupado en esta ocasión.
—Dice que cuando acabe con la lista sus sentimientos por San se habrán esfumado.
Mingi quiere reírse de lo ridículo que suena eso, como si uno simplemente pudiera tomar sus sentimientos y arrancarlos del pecho para poder desecharlos. Si eso fuera así no tendría tantos días siendo miserable, agobiado por todos los que le faltaba por vivir.
—Sólo debería hablar con San y dejar de ser tan dramático —masculla Mingi y no le gusta la mirada que Jongho le dedica, como si quisiera decirle que siga su propio consejo.
Como si no fuera Mingi quien mereciera una explicación. Ser el primero en ser abordado y no tener que ser él quien rogara por saber qué pasó. Algo de dignidad debe mantener, aunque todo eso esté acabando con él.
Los siguientes almuerzos que incluyeron también a Wooyoung fueron de los planes que los menores tenían para los siguientes fines de semana y asegurarle a Mingi que estaba totalmente invitado a unirse a ellos si así lo deseaba. Y Mingi cree que eventualmente lo hará, cuando no sienta la imperiosa necesidad de destrozarse el estómago con comida basura y derramar tantas lágrimas que dejé sus ojos completamente secos.
No debería criticar a Wooyoung de dramático siendo él igual.
5
Con el fin de semana que pasó siendo una patética repetición del anterior, el lunes llega sin misericordia.
No se siente especialmente diferente ni mejor. Su estado de ánimo sigue siendo una mierda, pero al menos cree que no está gruñendo tanto esa mañana.
Seonghwa, bendita sea su existencia, llega más temprano de lo usual para hacerle ver lo equivocado que está.
—Mingi, bebé, estás asustando a todo el departamento con todos esos gruñidos —es el saludo que le da y Mingi se desanima al ver que no viene con café como en todas sus visitas anteriores.
—¿Alguien fue a quejarse contigo? —pregunta con algo de miedo. Lo último que necesita en ese momento es a alguien quejándose en recursos humanos y preguntando si Mingi tiene sus vacunas al día, porque parece listo para morder a quien se le cruce.
—Todos están preocupados por ti —eso no aclara las dudas de Mingi para nada.
—Estoy bien —repite en automático, porque al menos cree que lo estará.
—Cualquier cosa que esté pasando, puedes ir a verme cuando quieras. Si Joongie está presionándote demasiado, también puedes decírmelo.
—Hyung es quien debería dejar de exigirse demasiado —responde el más alto, ahogando una risa desprovista de humor.
—Lo sé —suspira Seonghwa, acariciando el cabello de Mingi como tanto le gusta hacerlo.
El cariño y la preocupación de Seonghwa apaciguan algo dentro de él. Le hacen recordar a Mingi que tiene gente que se preocupa verdaderamente por él, no es sólo porque busquen mantener su ánimo y productividad en el trabajo, sino porque lo quieren y desean verlo bien, con el carácter alegre que tanto le caracteriza y que los últimos días apenas ha sido una sombra de lo que solía ser.
Pasa el resto de la mañana absorto en el trabajo. El tiempo y el trabajo no perdonan a nadie y casi lo agradece porque son la excusa perfecta para no pensar demasiado en nada complicado. Solucionar los problemas de la empresa no es difícil, todo es un patrón constante. A Mingi le gusta eso, sin las complicaciones de los sentimientos y las dificultades de las personas.
Mingi ya es lo suficientemente complicado para sí mismo como para lidiar con los demás. Quizás fue bueno lo que pasó con Yunho. No tener que involucrarse más allá. Quizás Mingi no está listo para las relaciones y la gente y el mayor lo supo, ahorrándoles un mal trago a ambos.
Quiere consolarse con eso, al menos, buscando cualquier pretexto para no sentirse tan miserable. Tan indigno y poco deseable.
No le funciona. Sentirse miserable es su super poder, tal parece.
Está tan enfocado pensando en eso que alguien dejando un vaso de café en su mesa casi hace que se le salga el corazón del susto.
La mano que lo sostiene se le hace demasiado familiar y maldice para sus adentros el poder recordar dónde estuvieron esos largos dedos semanas atrás, recorriendo su cuerpo como si realmente quisieran hacerlo. O empujándole lejos, porque todo fue una fantasía de borracho al final.
—Ey —saluda Yunho cuando Mingi retira sus audífonos y levanta el rostro para poder ver al mayor.
Mingi no responde. ¿Qué se supone que debe decirle? Ver el vaso y la sonrisa vacilante en Yunho le dan nauseas. No va a admitir que posiblemente tire la bebida a la basura, no por asco, sino por el nudo en su garganta, mismo que no le deja responder al saludo. Sólo se queda ahí, quieto, no sabiendo qué esperar.
—¿Podemos hablar un segundo? —pregunta Yunho al ver que no obtendrá ninguna respuesta a parte de la mirada en blanco por parte de Mingi.
Quiere gruñir un no rotundo. Quiere mandarlo a la mierda y de paso tirarle el café en la cara. Pero es un café caliente que puede lastimar seriamente, y dentro de él hay curiosidad por saber qué tiene que decirle Yunho después de dos semanas de silencio.
Así que lo único que hace Mingi es levantarse de su asiento, sin decir ni una palabra, esperando que Yunho lidere el camino ya que seguramente es algo de nadie más en la oficina debe escuchar. Yunho puede ser un idiota insensible, pero no es indiscreto con los problemas personales.
Caminan por los pasillos y Mingi puede sentir las miradas curiosas de Wooyoung y Jongho cuando pasan por sus secciones de trabajo. Incluso Yeosang levanta una ceja, incrédulo también cuando los ve. Imagina que todos están sorprendidos de finalmente verlos juntos después de tanto tiempo. Mingi se arrepiente un poco de no haberse quedado en su escritorio, al menos ahí se siente un poco más en control. Son sus dominios.
Pero Yunho los lleva hasta una de las salas de descanso que a esa hora, ya pasada la hora de almuerzo, está completamente vacía, cerrando la puerta detrás de ellos.
Sólo por tener algo que hacer, Mingi toma un vaso desechable y se sirve un poco de agua, intentando de nuevo tragarse el nudo en la garganta que tiene semanas ahogándolo.
No funciona, pero al menos ya no siente tan seca la boca.
Espera durante un rato a que Yunho diga algo, negándose en rotundo en ser el primero en hablar. Al menos el primero en hablar sobre el tema que los ha llevado hasta ese momento.
Sin embargo, el tiempo corre y Yunho sólo parece inseguro, removiéndose en su lugar bajo la intensa mirada de Mingi, que se vuelve molesta a cada segundo que el mayor no dice jodidamente nada.
—Tengo que regresar al trabajo —masculla Mingi al final, harto del silencio. Ese maldito silencio que Yunho se ha empeñado en mantener.
Escuchar al menor finalmente dirigirle la palabra parece sorprender a Yunho, quien levanta la vista de sus manos, con las que jugueteaba nerviosamente y veía con demasiada atención.
—Lo siento… —susurra Yunho, mirando a Mingi a los ojos por un segundo antes de desviar la mirada a cualquier otra parte menos a su amigo.
¿Son amigos todavía? Mingi lo duda, no cree poder volver a ser amigo de Yunho nunca más. No con lo estúpidamente enamorado que ha estado de él todos esos años y lo poco que le importó eso al mayor. Quizás no debió importarle su enamoramiento, pero al menos sí su amistad, pero ni eso.
—¿Qué sientes Yunho? —vuelve a gruñir Mingi, lo ronco de su voz haciendo sonar especialmente peligrosa su pregunta.
Todos saben que Mingi podrá ser increíblemente alto, voz profunda y ronca, pero es una masita suave y delicada que rara vez se enoja o guarda rencor. Sin embargo, justo en ese momento, cree que esa sola pregunta a destilado más veneno del que alguna vez se creyó capaz. Y sabe que Yunho fue consiente de eso si el estremecimiento de su cuerpo le da una pista al respecto.
—Todo… —responde de nuevo el mayor con voz suave y baja, como si no quisiera ser escuchado y Mingi sólo siente que la ira le burbujea en el estómago.
—¿Qué es todo Yunho? Si vas a decir algo, habla de forma clara —vuelve a escupir Mingi, usando cada gramo de autocontrol para no estallar y gritar como tanto quiere.
No debería disfrutar que Yunho se estremezca de esa forma, poco acostumbrado a ser el receptor de tanto desprecio. Y Mingi comienza a asustarse porque a pesar de todo lo que sucedió entre ellos, lo que menos quiere es despreciar a Yunho.
Yunho que ha sido su mejor amigo durante años. Yunho que ha sido su pequeño enamoramiento por casi la misma cantidad de tiempo. Que es una de las personas más brillantes y adorables que conoce.
Le enoja tanto que le haga sentir todo eso en ese momento, como si Yunho estuviera provocando que todos los buenos sentimientos de Mingi muten en algo horrible que nunca se creyó capaz de sentir por nadie en el planeta.
Mingi no puede evitar soltar un suspiro fuerte y frustrado cuando nuevamente se hace el silencio y, gracias a todo lo jodidamente santo, eso parece despertar al mayor.
—Lamento cómo me comporté esa noche, y lamento muchísimo no haberte enviado un mensaje o llamado después. Y lamento haber intentado pretender que nada pasó, como si no importara, porque importa, importas, y no hacer dicho nada durante tanto tiempo, Mingi, de verdad lo siento muchísimo, estaba… estoy tan avergonzado que no sabía qué cara poner ante ti —suelta Yunho en una seguidilla nerviosa y apenas entendible que a Mingi le es difícil seguirle el ritmo. Menos mal años de escuchar a Wooyoung parlotear le han preparado para momentos como este—. Querer… querer fingir normalidad fue una reverenda estupidez, pero la vergüenza me consume de sólo pensarlo que…
—¿Vergüenza? —interrumpe Mingi, porque por muchas disculpas que suelte Yunho, no entiende a qué demonios se refiere—. ¿Te dio vergüenza besarme? —pregunta ahora, dolido. Una cosa es arrepentirse y otra muy diferente que sintiera vergüenza por eso. ¿Qué tiene de malo haberse besado? Mingi cree que no es un desastre en ello…
—¡No! —corrige Yunho rápidamente, alarmado—. No, no, claro que no, nada de eso, realmente quería besarte… es sólo que… yo…
—¿Tú qué Yunho? —urge Mingi después que el mayor dejara de hablar nuevamente.
—Realmente quería besarte ese día. He querido hacerlo desde hace muchísimo tiempo. Y todo lo demás. Pero esa noche, por mucho que lo intenté… —vuelve a detenerse, frustrado, pasando una de sus manos por su rostro, subiendo hasta su cabello donde deja un desastre—. Por mucho que pensara en lo adorable que te veías esa noche, o en lo alucinante que fue besarte o verte arrodillado, yo simplemente, no pude…
El mayor hace un ademan nervioso con sus manos entre sus piernas, para después dejar caer los brazos, derrotado.
Mingi lo ve confundido por exactamente dos segundos antes de entender perfectamente a lo que se refiere ya que, por fortuna, es un chico muy listo.
La risa se le escapa sin querer y sin que realmente intente detenerla y Yunho se sentiría muy ofendido si no fuera porque no hay nada de humor en ella.
—¿Te dio vergüenza que no se te parara? —pregunta Mingi con incredulidad, poniendo una cara aterradoramente seria—. ¿Fuiste un cretino sólo porque al estar borracho no lograste tener una erección?
—Mingi, yo…
—Yo estaba igual, Yunho. Estábamos borrachos y tomando muy malas decisiones en ese momento. Pudiste haber dicho que no simplemente y yo habría entendido, porque es algo normal, jamás me habría burlado de ti o dicho nada malo sobre ti, no soy ese tipo de persona, deberías saberlo, pero tú…
—Mingi, por favor… —intenta Yunho de nuevo, queriendo acercarse.
—No —le detiene Mingi en seco, levantando una de sus manos—, no, ni se te ocurra Yunho. Preferiste tu puto orgullo no sólo esa noche, sino todos los días siguientes a eso. Me quedan claras tus prioridades y lo que piensas de mí.
—Mingi…
—Tengo que regresar al trabajo —vuelve a gruñir Mingi, sabiendo que si no sale rápido de ahí algo muy malo podría pasar.
