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Walk of Shame

Chapter 6: Today this ends...

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Chapter Text

25

Yeosang no quiere pensar en lo fácil que fue engañar a Jongho, ni en lo estúpido que fue tampoco, ya que no es que tuviera un plan o algo exacto sobre cómo continuar después de decirle que no se sentía muy bien y lo mejor es que se fuera a casa.

Había usado un tono excesivamente meloso y unos ojos llorosos medio desenfocados para darle credibilidad a su actuación, por mucho que se sintiera un imbécil ya que estaba poco acostumbrado a comportarse de esa manera. Pero la idea no era ir solo a casa, ¿cuál sería el punto en todo eso?

No, Yeosang consiguió exactamente lo que quería, Mingi y Wooyoung deberían estar orgullosos de él, aunque no es que les fuera a contar que hizo todo un acto de pena para que Jongho se ofreciera a llevarle a casa.

—Vivo lejos —otra mentira susurrada en tono bajo, un poco débil sólo por dramatismo—. ¿Puedo quedarme contigo? ¿Si no es molestia?

No hay un solo gramo de duda cuando Jongho exclama un: “¡Por supuesto hyung!” antes de arrastrarlo fuera del bar, sin darle una segunda mirada a los demás.

Al menos Yeosang tiene la precaución de enviarle un mensaje a Wooyoung para que nadie entre en pánico al ver que desaparecen de la nada.

Por lo general el menor sería muy cuidadoso con sus modales y avisaría a los demás que se retira, pero tiene una mirada consternada puesta en Yeosang y éste piensa vagamente si no está exagerado con su actuación.

—¿Estás muy ebrio? ¿No sientes que el aire te hace sentir más mareado? —es lo primero que Jongho pregunta cuando el frío viento de la noche los recibe fuera del bar.

—No estoy ebrio —aclara, porque no lo está, no demasiado. Un poco achispado y tomando decisiones estúpidas sí, sin duda, pero Yeosang podría seguir bebiendo durante horas para realmente perderse a sí mismo, cosa que no hará, porque ese no es el plan—. Sólo me empezó a doler mucho la cabeza, creo que teníamos tanto sin salir que perdí un poco mi tolerancia social —explica, porque no sabe qué otra excusa podría poner para justificar su supuesto malestar.

Eso parece calmar un poco a Jongho, que le sonríe, comprensivo.

—Te entiendo, realmente te sofocas después de un tiempo —dice el menor, toqueteando su celular, presumiblemente para solicitar algún taxi—. No vivo lejos, pero no quiero que camines mucho con el frío que hace —dice Jongho, aunque no hay ninguna necesidad de explicaciones, Yeosang en ese momento está dispuesto a aceptar lo que decida.

Se quedan en silencio durante el tiempo que tardan en llegar por ellos. Yeosang da largas respiraciones, porque no sabe exactamente qué sigue después de eso. Claro que quiere ir a casa de Jongho, jamás ha estado ahí. No puede ni imaginar lo que le espera cuando llegue. ¿Tendrá un sofá cómodo? Es donde pretende dormir, aunque si Jongho le quiere ceder su cama no dirá que no, aunque debería. No está muy seguro si podrá contenerse de hacer… cosas ahí, rodeado del olor y el calor del menor.

¿Y si dice algo como que la cama es lo suficientemente grande para albergarlos a los dos?

Santísima jodida mierda, Yeosang está muy jodido si algo así pasa.

Cree que lo ideal sería simplemente saltar sobre él, poner las cartas sobre la mesa y toda esa mierda, porque ¿cómo carajos se supone que viva de esa forma de ahora en adelante? Deseando, deseando y jodidamente deseando algo que no sabe si puede obtener o no.

Le aterra ser rechazado, por supuesto. Yeosang no ha sido la persona favorita de Jongho en el último año. Vagamente se pregunta si Jongho reaccionaría como Yunho y lo echaría en medio de la noche.

Se ríe, sin poder evitarlo ya que ¿por qué tiene que pensar en eso exactamente en un momento como aquel?

El alcohol funciona de formas misteriosas.

—¿Seguro que no estás ebrio? —la voz de Jongho le regresa a la realidad.

Ha estado tan perdido en sus pensamientos, respirando profundo e intentando no decir o hacer alguna tontería que casi olvida con quién está.

—Recordé a Mingi hablando de vainilla y culos de castores —le responde, porque obviamente no puede decirle la verdad.

Jongho, para su fortuna, suelta una carcajada.

—Sí, también ha compartido esa información conmigo —vuelve a hablar Jongho una vez que se recupera de su ataque de risa.

Su sonrisa es preciosa, no puede evitar pensar Yeosang. La forma en que muestra sus dientes y parte de sus encías. La cara le rejuvenece, los ojos desaparecen en sus esponjosas mejillas y parece que todo a su alrededor se ilumina.

Es una sonrisa por la que cree que vale la pena arriesgarse a caminar en la noche oscura si resulta que no es correspondido, porque, en caso de serlo, la recompensa sería muy buena.

Piensa en que, aunque las cosas con Mingi y Yunho fueron desastrosas, también tiene el ejemplo de Wooyoung y San, donde todo fue mejor de lo que esperaba. Es un cincuenta y cincuenta sobre las posibilidades.

Cuando el taxi finalmente llega y Jongho abre la puerta para él, ofreciéndole una de sus manos para que se sostenga aunque no es necesario, en realidad Yeosang cree que sus posibilidades son mejores de lo que quiere admitir, miedo o no.

26

El viaje es más corto de lo que esperaba y casi se siente mal con que Jongho haya gastado dinero en un viaje que pudieron hacer sin problemas a pie, pero el menor rechaza todo intento del mayor por darle dinero para compartir el gasto.

—Igual habría gastado dinero en regresar a casa hyung, no tienes que preocuparte —le dice Jongho cuando insiste por tercera vez en pagarle.

—Estoy siendo una molestia —responde Yeosang, sin poder evitar el puchero que se forma en sus labios.

—Nunca eres una molesta… bueno, ya no al menos —se burla el menor, picoteando una de sus mejillas.

Están dentro del elevador del edificio, ya que Jongho vive en un piso superior aunque el mayor no puso demasiada atención en cuál exactamente, demasiado distraído por la preciosa sonrisa de Jongho.

Por pura costumbre, ya que es generalmente Wooyoung quien hace algo como eso, Yeosang suelta una mordida. Imagina que Jongho no se lo esperaba o creía que el mayor no reaccionaría, ya que no alcanza a alejar su dedo lo suficientemente rápido, quedando su dedo queda atrapado entre los dientes de Yeosang.

—Joder, lo siento —se disculpa rápidamente Yeosang—, Wooyoungie lo hace tanto que ya es una…

Interrumpe su explicación al ver cómo los ojos de Jongho se oscurecen un poco, no sabe si por enfado u otra cosa, pero es suficiente para hacer temblar el cuerpo de Yeosang. Sabe que no es el momento exacto para excitarse, pero es eso, justo eso lo que había extrañado durante todo este tiempo, la mirada oscura que a veces Jongho le lanzaba.

No importa si fue en el tiempo que Yeosang fue un insufrible con él o en ese instante, la mirada es igual y finalmente el mayor puede notar que no es una mirada de enojo o fastidio. Más bien parece hambre. Los ojos de Jongho están clavados en los labios de Yeosang de forma tan fija que piensa que podría atravesarle el alma, si es que no lo está haciendo ya.

El mayor está tan absorto en sus pensamientos que no se da cuenta en qué momento Jongho lleva la mano que mordió hasta su quijada, tomando su rostro con algo de fuerza. Los dedos de Jongho se hunden un poco en las mejillas de Yeosang quien, a pesar de todo, no se resiste. Se deja hacer como si hubiera esperado ese momento toda su vida. Quizás es así, no lo sabe. Lo único que sabe es que su espalda choca contra la pared del elevador, los ojos de ambos fijos en los contrarios.

Yeosang no puede evitar lamerse los labios con anticipación. ¿De qué? No lo sabe, pero está muy dispuesto a averiguarlo y le complace mucho darse cuenta de cómo el menor sigue el movimiento con los ojos, las pupilas tan dilatadas que sus ojos son pozos negros y no el amigable color miel que es natural.

Casi puede sentir el beso, incluso saborearlo, pero Yeosang se lleva un golpe duro de realidad cuando las puertas se abren de golpe y eso parece despertar a Jongho del trance en el que se encontraba, soltando el rostro del mayor y dando varios pasos hacia atrás, asustado, como si no supiera cómo es que llegó exactamente a la posición en la que estaba.

—Hyung, yo… —intenta excusarse Jongho, parpadeando varias veces, intentando aclarar la bruma que es su cerebro.

Y de ninguna maldita manera Yeosang va a dejar que eso suceda. No cuando estuvo tan cerca. Cuando está tan cerca.

Así que toma el brazo de Jongho, cortando sus excusas, y lo jala fuera del elevador, al pasillo de puertas sin saber el camino, pero sin importarle una mierda.

—¿Dónde vives? —es todo lo que pregunta, dirigiendo el camino con Jongho dando pasos torpes detrás de él.

—Tercera puerta a la derecha —responde le menor con voz cortada. El tono de Yeosang es bajo y ronco. Parece molesto y esa es su mayor preocupación, volver al lado malo de su hyung.

Sin embargo, nada en esta vida lo habría preparado para lo que está por venir. Yeosang le ordena que abra la puerta y ni bien lo hace, es empujado al interior de su propio hogar, donde cree que quizás recibiría un par de golpes o muchos gritos. Alguna mirada sucia, no sabe.

Pero eso, eso jamás pasó por su mente.

En cuanto la puerta se cierra tras ellos, Yeosang se recarga sobre esta, tomando una de las manos de Jongho y regresándola a su rostro, con un agarre más firme. Tiene los ojos oscuros, la respiración entrecortada y mira tan intensamente a Jongho que éste tiembla de nuevo, pero ya no de miedo, si no de emociones muy diferentes.

—¿Qué es lo que querías hacer Jongho? —susurra Yeosang en un tono bajo, su voz más gruesa y profunda de lo normal. Parece una amenaza, pero suena tan sensual que la parte baja del menor se retuerce, interesada.

Sin embargo, la situación no deja de poner nervioso al nombrado, quien traga con fuerza. Y, aun así, no intenta alejar su mano de Yeosang. El mayor ya ni siquiera le está obligando a quedarse en esa posición, podría alejarse si así lo quisiera, pero Jongho sabe perfectamente que es algo que no quiere hacer. Por el contrario, mueve el pulgar de la mano que sostiene a Yeosang hasta que logra pasarlo por sus labios, recorriendo el mismo camino que la lengua del contrario a estado recorriendo de forma nerviosa. Están húmedos y rojizos, se ve esponjoso y eso sólo hace que todos los pensamientos impuros que tuvo en el elevador vuelvan con más fuerza.

—No quieres saber —responde, también en tono bajo, recordando que el mayor le hizo una pregunta.

Quiero saber —dice Yeosang, lamiendo la punta de su dedo, un roce apenas perceptible—. Quiero que lo hagas.

—Hyung —exclama Jongho, sintiéndose al borde de su propio autocontrol. Empuja su cuerpo contra el de Yeosang, golpeando la puerta en un puño con su mano libre y el agarre sobre el mayor un poco más firme, estrujando sus mejillas, entreabriendo un poco su boca. Acerca tanto su rostro que pueden respirar el aliento del contrario—. ¿Estás ebrio? —pregunta de nuevo, porque necesita estar seguro que nada de eso es producto de la intoxicación alcohólica. Quizás sea un sueño febril, pero es algo con lo que podría lidiar mejor que con su hyung ebrio.

—Jongho —responde como puede el mayor aun con la mano apretando su rostro, la palma bajo su barbilla limitando un poco sus movimientos—, ni siquiera me sentía mal —dice, honesto, porque de qué le sirve seguir mintiendo.

—¿No? —es la pregunta que escapa en un susurro, imposiblemente cerca de los labios de Yeosang, tan cerca que siente el roce contra sus propios labios cuando articula las palabras—. ¿Qué es lo que pretendías entonces? —sigue preguntando el menor, mezquino. Yeosang siente más que ver su sonrisa. La mano que golpeó la puerta ahora se desliza por sus costados, buscando el borde de su playera, hasta lograr colarse por su espalda. El toque se siente frío contra la afiebrada piel de Yeosang.

—Estar contigo —es la respuesta que da, sintiéndose completamente desarmado en los brazos de Jongho. Las manos de Yeosang suben hasta aferrarse a la parte delantera de la ropa del menor, buscando soporte de alguna forma antes de volverse loco.

—Pensé que no me soportabas —ni siquiera Jongho sabe por qué no se están besando ya, pero encuentra muy divertido y bastante excitante ver lo desesperado que está Yeosang por él, aferrándose a su ropa, siguiendo el movimiento de sus labios, impulsándose débilmente hacia adelante, intentando atrapar los labios de Jongho quien, cruel, no se deja.

—No te estoy soportando en este momento —gruñe Yeosang, increíblemente frustrado y creyéndose capaz de suplicar si eso es lo que busca Jongho con todo aquello, aunque odie con toda su alma el pensamiento.

La risa explota en el pecho de Jongho, no puedo evitarlo. Es una situación tan surreal. Cómo alguien tan hermoso como Yeosang, su pálida piel, sus labios casi tan rojos como su cabello, sus ojos suplicantes, esa bonita marca de nacimiento. Es la persona más deslumbrante y bella que Jongho ha visto en su vida y está ahí, casi suplicando por ser besado. Por ser arruinado. Y por él, Choi Jongho. ¿En qué universo es eso posible?

En ese, al parecer, y no está haciendo nada al respecto.

Tiene muchas preguntas, por supuesto. Le están taladrando la cabeza, pero cree que no es el mejor momento para despejarlas así que, finalmente, final-jodida-mente, se digna a terminar con el poco espacio que los separa y captura los labios ajenos con fuerza, con hambre.

Un hambre que ha sentido por más tiempo del que está dispuesto a aceptar.

Y es maravilloso sentir cómo no hay resistencia alguna. Los labios de Yeosang se abren al primer toque, sin perder tiempo en preámbulos. Le recibe de lleno, aceptando la lengua de Jongho dentro de su boca, saboreando como si estuviera saciando su sed, desesperado por dejar que el menor invada cada rincón y dando batalla con su propia lengua. El gemido que suelta Yeosang al tenerlo tan cerca, abrazados con una fuerza que hace crujir algo dentro del cuerpo de ambos, es casi pornográfico y termina por despertar otras partes del menor.

El beso es húmedo, descoordinado. Hay mucha lengua, labios y dientes involucrados que si alguien más los viera pensaría que son dos críos a los que nadie les ha enseñado a besar. Pero es fruto de su desesperación, de las ansias y las ganas contenidas por demasiado tiempo que se están desbordando.

Jongho lleva ambas manos hasta el trasero del mayor, estrujándolo con fuerza antes de impulsarlo hacia arriba, en una orden clara para que Yeosang rodee con sus piernas la cintura del contrario.

Nuevamente, no hay ni un segundo de duda, Yeosang se aferra con piernas y brazos a Jongho, rodeando su cintura y cuello, dejándolos imposiblemente cerca si es que eso es posible.

El plan era mover la acción hasta la habitación, pero con la nueva posición se empotran contra una pared y se quedan largo rato besándose, el peso del cuerpo del mayor sin ser nada con lo que Jongho parezca estar batallando.

Yeosang se restriega como puede, dejando que su erección se frote con lo que está al alcance aunque la ropa le irrite la carne sensible.

—Jongho —gime en algún momento, entre besos, con los labios doloridos y destrozados, pero sin querer detenerse.

Ha repetido el nombre del menor incontables veces y sabe que ha recibido un “hyung” igual de entrecortado en repuesta, pero ninguno se da tregua para que puedan terminar sus pensamientos o sus frases. Quizás no hay nada que terminar, sólo es la necesidad de nombrarse, de saber que están ahí, que es real.

Eventualmente llegan a la habitación de Jongho, arrancándose la ropa como pueden en el camino. Algo en definitiva se desgarró en el proceso, pero ninguno pone atención, concentrados en la necesidad de tocar más y más piel hasta que caen desnudos sobre la cama.

Como ha sido desde el inicio, Yeosang no duda ni un segundo en abrir la piernas para recibir a Jongho entre ellas, anhelando el calor de su cuerpo, el roce del miembro contrario sobre el suyo, arrancándoles suspiros que se beben en un beso que se ven incapaces de romper aunque también tiene ganas de probar otras partes.

Jongho se muere por dejar cientos de marcas en la piel contraria, sabiendo que con lo pálido que es Yeosang seguramente sería muy fácil de enrojecer con besos y mordidas. Pero besarle es adictivo, su sabor lo tiene intoxicado y no sabe cómo va a ser capaz de alejarse aunque le ardan los pulmones al no estar respirando de forma correcta.

Lo que es peor, Yeosang tampoco parece dispuesto a dejarle ir, encerrándole con fuerza entre sus piernas, abrazándose a su espalda con manos como garras que recorren la tierna carne hasta posiblemente estarle dejando finas marcas con sus uñas. Así que sólo se contenta en aferrarse a las caderas del contrario, apretando tan fuerte que es seguro que verá sus manos pintadas en esa zona.

Ese pensamiento hace sonreír al menor. Saber que Yeosang lo llevará grabado en la piel, que recordará su toque, sus besos. Que si alguien se atreve a ver, no que Jongho vaya a permitirlo, sabrá inmediatamente que ya hay dueño, uno posesivo.

Para dejar claro eso, impulsa sus caderas con fuerza, chocando sus miembros que resbalan sin problemas por la humedad que sale de la punta de sus miembros sin control.

Yeosang rompe el beso para poder soltar un jadeo, abrumado por toda la situación y aun así necesitando más. Quiere sentir más de Jongho, mucho más, hasta el fondo y que haga un desastre con él.

Jongho, por su parte, no desaprovecha la oportunidad que se le presenta para poder explorar otras zonas del cuerpo de Yeosang. Claro que quiere seguir besándolo, pero su cuello se ve tan apetitoso, sus pezones tan tentadores y sentir lo húmeda que está su polla hace que salive un poco ante el pensamiento de tenerlo en su boca y arrancarle sollozos al mayor. Tenerlo rogando por sus acciones, demandando más es lo que le motiva a descender con besos ardientes por el cuello, los hombros y el pecho de Yeosang. Incluso deja que sus dientes entren en la ecuación.

Por una milésima de segundo Jongho quiere preguntar si eso está bien, si se le está permitido hacer lo que quiera en su recurrido, si es apropiado dejar marcas, pero un rápido vistazo al desastre que es el mayor le confirma que sí, que en ese momento, cualquier cosa que le cruce por la mente para hacer, tiene todo el permiso del mundo. Incluso piensa que detenerse es lo que tiene prohibido. Es obvio cuando Yeosang sólo se aferra más y más al cuerpo contrario, temeroso que la cordura regrese a alguno de ellos y crean que lo mejor es detenerse.

Pero, ¿quién carajos pensaría que eso es lo mejor? Jongho en definitiva no. No cuando todo lo que ha soñado por meses está sobre su cama, retorciéndose entre sus mantas y suplicándole que continúe bajando antes de volverse loco.

Con una sonrisa complacida, Jongho atrapa uno de los pezones rosados de Yeosang, el botón hinchado tiembla entre sus dientes y el jadeo ahogado que suelta el mayor cuando muerde suavemente es oro líquido en sus oídos. Nunca hubiera pensado que un tono tan grave como el que tiene la voz de Yeosang podría sonar tan delicioso y agudo.

Sigue torturando ambos pezones con su boca, tomando turnos con cada uno mientras una de sus manos suelta finalmente las caderas del mayor y sin dudar toma la temblorosa erección del mayor. Está húmeda y la punta se ve dolorosamente rojiza.

—Jong… —intenta decir Yeosang, pero las palabras mueren en su boca cuando el nombrado pasa su dedo pulgar por la punta de su polla, restregando la nueva gota de humedad que mana por su polla, bombeando con lentitud de arriba abajo, con movimientos lánguidos, casi desinteresados que más que gemidos, arrancan sollozos de la garganta de Yeosang.

—Hyung —susurra Jongho con suavidad, sonando casi dulce, amoroso, pero algo en su tono y mirada hacen que una corriente eléctrica sacuda el cuerpo del mayor—. Te ves tan bonito así —sigue hablando el menor, sin detener los movimientos de su mano y dando largos lametones en el pecho de Yeosang, aunque mayormente concentrado en sus pezones—, si pudieras verte —dice, mordiendo con fuerza uno de sus pectorales hasta que una marca rojiza nace ahí donde sus dientes estuvieron—, si alguien supiera lo necesitado que eres —ríe, sin malicia, disfrutando que todas las respuestas que obtiene son gemidos y jadeos—, lo mucho que me deseas…

—Mucho… —no puede evitar esforzarse en responder ante esa última afirmación—. Por favor… —suplica, aunque no sabe exactamente por favor qué.

Tiene la fortuna que Jongho es un chico muy listo y no importa que tengan poco tiempo de llevarse bien o que es la primera (mas no la única, tienen claro eso) que están juntos, porque el menor es bueno leyéndole, entendiendo sus frases entrecortadas y las suplicas que salen en forma de jadeos.

Aunque eso no significa que no lo molestará todo lo que pueda mientras tanto, porque Jongho disfruta mucho de las suplicas de su hyung, maravillado por como el hombre que pasó meses atormentándolo hasta casi llevarlo al colapso de su autocontrol no puede ahora pensar en nada más que no sea Jongho y Jongho y más Jongho.

Eso le da un sentimiento de superioridad poco justificado al menor. Es decir, no es que planee aprovecharse de este conocimiento, no fuera de esa cama al menos. O de situaciones donde le sea permitido. Jamás se atrevería a ver por sobre el hombro a Yeosang en ninguna otra circunstancia.

Y, sin embargo, al menos por lo que dure toda esa situación, se permitirá estar en control. Será quien mande y muy dentro de él sabe que es precisamente eso lo que Yeosang quiere. Porque no le ha dado ni una sola orden, sólo ha dicho por favor, y el querer saber qué es lo que Jongho quiere hacerle y que se lo haga sonó más a una suplica.

Vagamente, Jongho se pregunta si siquiera Wooyoung ha llegado a conocer este lado de su mejor amigo y debe detener el pensamiento en seco, porque no es momento de pensar en nadie más y porque si de pura casualidad lo supiera, Jongho no sabría cómo controlar su enfado.

Así que decide regresar a la realidad, una donde decide finalmente abandonar su tarea de atormentar los pezones de Yeosang, los cuales han quedado más rojos y sensibles de lo recomendado, dejando ir también la erección del mayor, para disgusto de éste.

—¿Qué…? —es la pregunta que nace en los labios de Yeosang, quien suena al borde de las lágrimas.

—Gírate —ordena Jongho, sin darle un segundo pensamiento al estar hablándole de esa forma a alguien mayor que él.

Lo que prefiere hacer es estirarse hasta su mesita de noche, rebuscando con frenesí hasta que da con el lubricante que tiene guardado ahí. Ni siquiera se molesta en asegurarse si Yeosang siguió su orden cuando se alejó, confiando. No tiene bases para esa confianza, pero está seguro de sus instintos, de lo que sabe que Yeosang quiere y espera de él.

La sonrisa que se forma en sus labios debe hacerle ver un poco estúpido dada la situación, pero es inevitable ya que Yeosang no sólo se giró como le pidió, sino que puso una almohada debajo de su pecho y dejó sus caderas al aire, listo y dispuesto para lo que sabe que vendrá después.

Y así como el mayor no le ha decepcionado en ningún momento, Jongho se esfuerza en no decepcionarlo, por lo que no pierde el tiempo y abre con premura la botella entre sus manos, posicionándose detrás del cuerpo del mayor, fascinado por la vista. La extensión de piel blanca, inmaculada que es la espalda de Yeosang, la redondes de sus glúteos y lo rosado de su agujero, que tiembla, expectante por sus caricias.

Jongho deja caer un chorro de lubricante desde la base de las nalgas de Yeosang, hasta su entrada, dejando que el frío líquido estremezca y arranque un pequeño jadeo por parte del contrario.

La viscosidad del líquido empapa la zona y se derrama por toda su longitud hasta chorrear por sus muslos y perderse más abajo. Definitivamente hará un desastre en las mantas, pero para lo que tiene planeado el resto de la noche, Jongho mucho se teme que tendrá que desecharlas al final. Un pequeño precio a pagar, si alguien le pregunta.

—Jongho — escucha el lejano susurro de Yeosang, su voz amortiguada por las mantas y el resto de almohadas que rodean su rostro.

El mayor se siente tan al límite que no falta mucho para que le suplique que entre en su cuerpo sin mayor preparación. Sabe que es necesario y aunque no puso demasiada atención con su vista, con lo que sintió contra su cuerpo, sabe que el tamaño de Jongho es considerable y prepararse es lo mejor.

Sin embargo, su necesidad le está quemando las entrañas. Siente que su sangre es lava corriendo por su cuerpo de tanto que necesita ser follado con fuerza que no sabe cómo no se ha echado a llorar de frustración. Cree que es pura terquedad, aferrarse a lo que le queda de dignidad a pesar de haber ya desnudado cada parte de su ser, no sólo de su cuerpo. Sabe que no ha dicho demasiado en toda la noche, pero ha quedado completamente al descubierto ante Jongho, así que ¿qué más daría desprenderse de todo lo demás? No importa lo vulnerable que eso le haga sentir, cree que estando en brazos de Jongho estaría completamente a salvo.

Esos pensamientos deberían asustarlo de verdad, pero no encuentra la voluntad para ello dentro de sí.

—¿Qué sucede hyung? —pregunta el menor, sabiendo bien qué sucede, pero deseando escuchar algo más que su nombre de labios del mayor, aunque sea el sonido más delicioso que haya escuchado en su vida.

No hay respuesta, sin embargo, así que Jongho se agacha un poco hasta que sus dientes pueden prenderse de la carne de una de las nalgas de Yeosang, haciendo que el mayor suelte un gritito, entre sorpresa y gusto.

—Usa tus palabras Sangie, no soy adivino —advierte, aunque tiene una sonrisa en los labios y es posible que Yeosang lo sepa por el tono de su voz.

El menor da largos lametones y mordidas por toda la carne que tiene frente a él, bajando de vez en cuando por los muslos lechosos y carnosos de su hyung, que se estremece con cada toque húmedo. Uno de sus dedos comienza a juguetear, finalmente, con la entrada de Yeosang hasta que se adentra sin mucha ceremonia. La intrusión es lenta, pero segura, Jongho siempre pendiente de cualquier indicio de incomodidad por parte del contrario.

Sin embargo, el mayor no sabe si es por la forma en que Jongho dijo su nombre o por la invasión a su cuerpo lo que le hace aferrarse con fuerza a las sábanas, rogando por no correrse por cosas que considera tan simples.

Aun así, cree que desde que comenzaron a besarse a estado a punto de tener un orgasmo. Ese es el efecto que Jongho tiene sobre su cuerpo. Una sola mirada, un pequeño toque, una simple palabra es suficiente para que todo su cuerpo sucumba de forma que considera patética. Cree que esa es la razón principal por la que se enojaba todo el tiempo con Jongho. Sí, ver al menor enojado y dominante es una delicia por sí mismo, pero en lo que convirtió a Yeosang sin su permiso es lo más frustrante y ahí, justo en ese momento, es que entiende que está completamente jodido y a merced de Jongho.

—Déjalo ir Yeosang —escucha sobre su oído.

En algún momento Jongho estiró todo su cuerpo para alinearse con el de Yeosang, dos dedos ahora dentro de éste, llegando hasta un costado y poder susurrar tranquilamente. El peso del cuerpo del menor sobre el suyo es maravilloso, calza como una pieza perdida de un rompecabezas y es tan abrumador que el orgasmo sacude el cuerpo de Yeosang antes de que pueda negarse nuevamente a ello. Siente su polla pulsar entre sus piernas, goteando sobre las mantas y contrayendo con fuerza su cuerpo.

Siente más que escuchar el gemido que Jongho suelta al sentir cómo sus dedos son apresados en el calor dentro de Yeosang y cómo sus paredes pulsan al ritmo de su orgasmo, deseando que sea su polla y no sus dedos.

Pero si hay algo que Jongho ha aprendido con Yeosang, es a tener paciencia. Mucha, mucha paciencia ya que, llegados a este punto, sabe que la recompensa valdrá totalmente la pena.

Ambos se quedan quietos por largos segundos, Jongho más que nada esperando que Yeosang baje de su nube post orgásmica, sintiendo cómo su cuerpo queda laxo sobre la cama.

No es que sea una señal para detenerse. Al contrario, cuando al fin siente que Yeosang se relaja, vuelve al ataque con sus dedos, adentrando un tercero con mayor facilidad.

El mayor se tensa por un segundo, sobre estimulado por su reciente orgasmo y cuando Jongho siente que iba a alejarlo, se ve sorprendido al sentir cómo Yeosang vuelve a levantar las caderas, regresándole el fácil acceso a su cuerpo.

—¿Quieres seguir? —porque si hay algo que Jongho necesita siempre, es seguridad de no estar presionando o aprovechándose de su hyung.

—Voy a matarte si te detienes —gruñe Yeosang, con la voz más rota que antes, pero sin verdadera malicia en su tono. Incluso así suena suplicante y Jongho no sabe cómo no rompe a reír al darse cuenta.

Quiere buscar palabras para burlarse del mayor. De su necesidad, de lo destrozado que suena aunque no han llegado a la parte interesante. A que podría ser demasiado para él, aunque eso más que una burla es verdadera preocupación.

Sin embargo, ¿qué sentido tendría? No es que Jongho quiera presionar hasta hacerlo enojar de verdad y en el raro caso en el que Yeosang le pida parar ¿tiene la fuerza de cumplir ese deseo?

No lo cree, así que no pondrá la posibilidad sobre la mesa.

Así que Jongho sólo se dedica a seguir abriéndose paso en el cuerpo de Yeosang con sus tres dedos empapados de lubricante e intentando maniobrar con su mano libre el bote semi vacío y verter lo que queda sobre su adolorida polla.

Sisea débilmente ante el frío contacto, sintiendo que esa simple acción le hará terminar si se descuida, sintiéndose hipócrita por querer burlarse de la necesidad de Yeosang cuando Jongho no está mucho mejor. Si tuviera menos autocontrol o fuera menos considerado, seguramente ya estaría teniendo un segundo orgasmo dentro de su hyung, importándole poco la preparación necesaria, sólo buscando su propio placer.

Afortunadamente es mucho mejor persona que eso y aunque Yeosang suplicó por ello, sabe que la pasaría mal una vez que baje de su nube de excitación.

—Ya, ya, ya, ya… —son las palabras que lo traen de nuevo a la realidad, observando la manera en que Yeosang aprieta con tal fuerza las sábanas que debe ser doloroso. Sus puños están blancos por la presión e incluso con la tenue iluminación de la habitación Jongho puede ver claramente el rojo furioso que adorna el bonito rostro de su hyung.

Tiene ganas de hinchar su pecho de orgullo al pensar que lo tiene al borde de un segundo orgasmo, casi tentado en dejar que lo tenga, aunque temeroso que sea demasiado para el mayor y termine desmayándose o algo. Eso sin duda haría enfurecer a Yeosang y Jongho no tiene un deseo de muerte. Quiere follar y complacer al otro, sí, no dejarse el pellejo.

Es tentador, por supuesto, y no puede evitar reírse un poco mientras retira sus dedos del cuerpo de Yeosang y gira sin muchas ceremonias su cuerpo, dejando al otro boca arriba en la cama.

No se detiene a apreciar lo destrozado que luce, cómo su respiración es errática o cómo a pesar de haber tenido un orgasmo, Yeosang sigue increíblemente duro entre sus piernas. Todo lo que Jongho hace es abrirse paso entre sus lechosos muslos, alineando a penas su polla contra la entrada húmeda que parece palpitar de necesidad, y hundirse en un apretado abrazo.

Jongho deja caer su cabeza en el pecho de Yeosang, soltando una ligera risita, más por lo mucho que está pensando precisamente en una situación como esa y poco por lo lloriqueante que suena y luce el mayor, quien, a pesar de todo, envuelve el cuerpo del menor con sus brazos y piernas, temiendo, quizás, que se le escape si lo deja ir.

—Dame un segundo —pide Jongho, con la voz quebrada ya que mucho se teme que si comienza a follarse a Yeosang en ese momento, no durará ni cinco segundos.

Es demasiado. No por ello se va a detener, pero nunca se había sentido tan abrumado como en ese momento y se pregunta exactamente cuándo Yeosang comenzó a provocarle todo eso.

Quizás la respuesta es desde siempre. Lo bonito y aterrador que es. El contraste entre su voz profunda y lo etéreo de su apariencia, o entre su carácter de mierda y lo despistado que puede llegar a ser.

Jongho ha estado listo para vivir pensado que Yeosang lo odiaba toda su vida que cuando pudieron tener una conversación como gente civilizada, que notó que de hecho el mayor hacia un esfuerzo por no ser tan… bueno, tan Yeosang, Jongho creyó que iba a implosionar de felicidad.

Y ahora eso. ¿Qué es exactamente eso? ¿Sólo sexo? ¿Por qué Jongho? Seguro Yeosang puede conseguir a quien quiera.

Lo realmente importante sería por qué está pensando en ello. ¿Habría servido de algo hablar antes de caer enredados en la cama?

Cree que no.

Pero sus pensamientos se detienen cuando los brazos que lo envolvían con fuerza aflojan su agarre y Jongho tiene el tiempo suficiente para entrar en pánico, creyendo que llegó al límite de la paciencia de Yeosang. Sin embargo, el mayor no lo suelta, no exactamente, sólo comienza a pasar sus manos por los hombros y la espalda del menor, en suaves toques. ¿Queriendo tranquilizarlo? No lo sabe, porque Yeosang aún tiembla bajo su cuerpo, deseoso y necesitado, pero no le ha negado su momento a Jongho y parece que entiende que debe detenerse o algo va a explotar.

Es el impulso que Jongho necesita para apagar su cerebro, decidiendo que cualquier duda es problema del Jongho del futuro. El Jongho del presente se incorpora lo suficiente para llegar hasta los labios de Yeosang, quien lo recibe con gusto, soltando un gemidito de gusto y saboreando su boca con ímpetu sin esperar que el beso es una distracción para que el menor invada con su polla el cuerpo contrario con una certera embestida que adentra la mitad de su miembro con una facilidad pasmosa.

Quizás por lo relajado y distraído que estaba el mayor quien, en vez de alejarse, profundiza el beso y se aferra con uñas a la espalda del menor, apretando tanto que Jongho pierde estabilidad y se deja caer por completo sobre Yeosang.

—Así… —masculla el mayor sobre los labios de Jongho, lamiendo antes de continuar hablando—. Así te quiero…

No sabe bien cómo es que Jongho hará para moverse cuando sus cuerpos están tan pegados, pecho con pecho, pelvis con pelvis, las piernas de Yeosang sujetas con firmeza en las caderas de Jongho y éste con un brazo rodeando el cuello de Yeosang y el otro apoyado sobre la cabecera de la cama, pero poco le importa, sabe que el menor encontrará la forma, ya que todo lo que quiere en ese momento es que no exista espacio entre sus cuerpos, que si se pudiera ver desde fuera, sólo el contraste de sus pieles les indicara dónde empieza uno y dónde termina el otro.

Y como siempre, Jongho entiende, porque Jongho está hecho para entender a Yeosang, al parecer. Así que sólo con el soporte de sus rodillas sobre la cama y la mano en la cabecera, Jongho comienza a entrar y salir del cuerpo de su hyung. Empieza un poco torpe ya que busca cómo acoplar el ritmo sin moverse demasiado de su posición, pero pronto sube la velocidad y la fuerza con la que embiste, más seguro de sus movimientos con cada segundo que pasa hasta que todo sonido en la habitación para a ser sus jadeos combinados con los choques húmedos de sus caderas y el crujir de la cama.

A Yeosang le gustaría decir que puede seguir besando a Jongho largo y tendido, bebiéndose sus jadeos y probar su adictivo sabor, pero los duros embates contra su cuerpo no le permiten coordinarse, así que todo lo que hace es esconder el rostro en el cuello del menor, mordiendo cuando la idea le llega a la cabeza, distrayéndose cada tanto porque no sabía que sentirse tan lleno podría ser tan bueno que incluso siente los dedos de sus pies contraerse de placer. Las mordidas son mayormente lametones descoordinados probando el sabor salado en la piel de Jongho y el aterrador pensamiento de poder lamer cada rincón de Yeosang le hace soltar un sonido lastimero, porque le parece increíble cómo a cada minuto que pasa entre los brazos del menor sólo descubre más y más lados oscuros de su persona.

—Hyung —gime Jongho, aunque suena más a un sollozo.

Más que querer su atención, Yeosang sabe que es un aviso de lo cerca que Jongho está y él no puede decir que esté mejor, con la fricción que el abdomen de Jongho provoca sobre su polla.

—Sí, sí —responde, a lo que sea que quiera Jongho, mucho se teme que siempre será un , sobre todo cuando lo pregunta -o no, realmente- justo cuando su orgasmo lo golpea con fuerza abrumadora para ser el segundo. Yeosang siente su vientre humedecerse y no puede detenerse en el pensamiento de lo asqueroso que es ya que las fuertes y rápidas embestidas de Jongho están esparciendo todo por su cuerpo, porque una repentina cálida humedad dentro de su cuerpo le hace ver estrellas.

Jongho se paraliza sobre el cuerpo de su hyung, dejando que su polla pulse dentro del cuerpo contrario, sintiendo que ha vaciado hasta su alma dentro del otro.

Se abrazan con fuerza mientras respiran con dificultad, más juntos si es que eso es posible, ambos hundidos en el cuello contrario.

Eventualmente el oxígeno recorre con normalidad dentro de ellos, bajando el ritmo de sus respiraciones.

Yeosang piensa, no con algo de renuencia, que es el momento de separarse, de limpiar un poco el desastre que son y, con algo de suerte, dormir antes que Jongho decida que deberían hablar. No es que no quiera hacerlo, pero si puede retrasar ese momento todo lo posible, lo hará.

Y, sin embargo, parece que Yeosang estaba muy equivocado sobre el próximo curso de acción, ya que lo que siente es a Jongho mover de nuevo sus caderas, polla medio flácida entrando y saliendo de su cuerpo con languidez.

—¿Qué…? —quiere preguntar el mayor, pero se ve cortado por embestidas más duras y frenéticas hasta que siente que Jongho recupera todo su orgulloso tamaño dentro de Yeosang.

—No he terminado contigo, hyung —gruñe Jongho sobre su cuello, antes de aprovechar que el mayor aflojó su agarre sobre su cuello y poder incorporarse.

Para horror de Yeosang, lo que Jongho hace es girarlos en la cama hasta que queda sentado en las caderas del menor, empalado en su enorme polla y sintiendo cómo su propio miembro despierta una tercera vez, lo que es ridículo.

No cree tener las fuerzas ni la capacidad de correrse una tercera vez, mucho menos de poder cabalgar a Jongho sin desmayarse en el proceso.

¿Eso a Jongho le importa? Parece que no, porque toma las caderas de Yeosang con ambas manos y con una fuerza y facilidad que irritan al mayor, comienza a subir y bajar su cuerpo. Impulsa el cuerpo ajeno hacia arriba y le suelta una vez que sólo la punta de su polla queda dentro. A Yeosang, que no tiene nada de fuerza, no le queda más que ser empalado una y otra vez hasta que debe dejarse caer hacia adelante, abrumado por inclemencia de la follada que le está dando Jongho, aferrándose a los pectorales de éste y enterrando su rostro en el cuello contrario.

Con la nueva posición, Jongho impulsa sus caderas hacia arriba, rápido, furioso, resollando en el oído de Yeosang con tono grave, abrazándose por completo a la cintura del mayor para mantenerlo en su lugar.

No es como que Yeosang tenga planeado escapar, o tenga la capacidad de hacerlo, demasiado contento aunque el placer se vuelva doloroso. Siente que su entrada está húmeda y resbalosa, el anterior orgasmo de Jongho escapando de su interior aunque ayuda a facilitar la nueva intrusión.

Sin duda el menor busca hacer un desastre con él. Quizás castigándole por el tiempo en el que lo torturó en el trabajo, o simplemente dejándose llevar por completo sabiendo que Yeosang no va a detenerlo, que le dejará hacer lo que quiera hasta que esté satisfecho así el vientre le quede hinchado de tanto semen.

No puede evitar soltar un jadeo que ahoga mordiendo de nuevo el cuello de Jongho, abrumado ante el pensamiento de sentirse tan lleno que podría ver el resultado de ello.

Es ridículo, por supuesto. Jongho es grande, pero ni así cree que pueda ver su polla sobresalir con sus fuertes embestidas.

Pero joder si no lo desea. Desea tanto ser de Jongho y quedar marcado en lo más profundo que mucho se teme que ya piensa más como un animal que como una persona normal. Y aunque eso lo asusta bastante, no puede hacer nada más que tener su tercer orgasmo que le arranca un sollozo adolorido. Poco sale de su polla y cree que se desmaya por un segundo, siguiendo a merced del menor que no detiene sus movimientos, buscando y cabalgando su propio orgasmo, el mayor sintiendo la polla dentro de él pulsar con cada chorro de semen que le llena sin control. Siente que es casi tanto como la primera vez y, estúpidamente, se deja llevar por la idea de que su pensamiento anterior no es una idea tan descabellada.

En definitiva, Yeosang cree que ambos se desmayan después de eso.

27

Mingi nunca ha sido bendecido por los dioses del alcohol con la habilidad de perder la memoria después de una noche de borrachera.

Puede quedar completamente devastado y ahogado en alcohol una noche, pero al día siguiente podrá recitarte paso a paso toda su noche. Pierde la inhibición y su filtro cerebro-boca. Es más alegre de lo normal y piensa poco es las consecuencias, pero al día siguiente es cuando puede sentirse avergonzado de sus acciones.

Como en ese momento. Tiene más de media hora que se despertó, pero no sabe con qué cara debe enfrentar el mundo real. No después de las últimas palabras que le dedicó a Yunho.

¿El mayor problema? Que puede escuchar a Yunho rumiar por su cocina, incluso el olor del desayuno que está preparando ha llenado la habitación ¿y qué se supone que haga ahora?

No puede creer que realmente no se haya ido sólo porque Mingi hizo un comentario estúpido estando borracho. Y asustado, muy asustado. Porque escuchar que Yunho lo dejaría tranquilo le asustó demasiado y le hizo sentir increíblemente triste. Aunque de forma objetiva sabe que es lo mejor, no es lo que quiere.

Ni siquiera sabe lo que quiere, pero Yunho lejos por completo de su vida sin duda no. Aunque con su comportamiento y su actitud los últimos meses, no sabe cómo es que Yunho realmente sigue intentando y esforzándose. Cree que una persona normal se habría alejado después de disculparse y no conseguir nada.

Aunque, bueno, Mingi conoce a Yunho, y aunque haya tenido el comportamiento de un idiota, sabe que en el fondo es una persona que valora a sus amigos y le gusta cuidar gente. Y que realmente no dejaría la culpa de lado, que se lo debe estar comiendo vivo. Quizás eso le alegre un poco, si Mingi no es feliz, nadie debería serlo.

lo que… Mingi quiere que todos sean felices, y sabe que sus amigos lo son últimamente, sobre todo Wooyoung y Yeosang. ¿No es momento que él lo intente también?

Con ese pensamiento finalmente se levanta de la cama. Observa el vaso vacío al lado de su cama. Hace rato que bebió el agua y la pastilla para la resaca que Yunho le dejó, por eso no se siente tan mal al levantarse. Al menos no mal físicamente. Todo sigue siendo dentro de su cabeza, pero al menos también se obliga a tragar eso antes de salir de su habitación.

A penas da un par de pasos fuera de la habitación antes de tener la imagen de Yunho moverse por su cocina, lo cual es gracioso, Yunho podrá preocuparse por la alimentación de Mingi, pero no sabe cocinar nada más que arroz frito y tostadas medio quemadas en un buen día. Sin embargo, nadie huele a que se esté quemando, así que debe ser un buen día, irónicamente.

Los hombros del más alto están tensos y Mingi sabe que notó su presencia. Quizás está esperando que le diga algo hiriente de nuevo, algún grito o golpe.

Pero el menor está demasiado cansado. No de la noche anterior, sino de todo en general, así que prefiere no decir nada y sólo caminar hasta el sofá y dejarse caer.

Huele a Yunho, la manta que el mayor usó echa bola en una esquina porque Yunho es un crítico cínico que también vive en el desorden.

Mingi no puede evitar sonreír al pensar en ello.

—¿Quieres desayunar? —escucha que pregunta Yunho, con un tono bajo y tímido. Giró su cuerpo hacia la sala, pero parece preferir ver a cualquier lado menos a Mingi—. ¿O quieres algo de beber? ¿Cómo está tu estómago?

Sí, sin duda ese es Yunho y Mingi no puede evitar que su sonrisa se vuelva un poco melancólica. Porque el mayor siempre será así, atento y preocupado. Y constipado emocionalmente.

Porque Yunho cuida y escucha, pero nunca se deja cuidar ni busca que lo escuchen. Evade sus propios problemas. Le recuerda mucho a Hongjoong en ese aspecto, la mayoría de sus amigos, incluyendo al mismo Mingi, llevan las emociones a flor de piel, hablan y se hacen escuchar en todo momento, así como escuchan con atención.

Mingi se pregunta cuándo fue la última vez que Yunho le habló de un problema real o una preocupación sería.

Y no es por justificar ni dejar de estar molesto por lo que pasó, pero no puede evitar pensar en si él puede ofrecerle seguridad para sentirse tan avergonzado y perdido como esa noche.

No está seguro, pero al menos cree que podrían intentarlo. Comenzar de nuevo, hacer un cambio.

Comenzar a moverse porque siente que se quedó atrapado en aquella noche y mucho se teme que dejó a Yunho atrapado también ahí.

Así que en vez de responder las preguntas de Yunho con palabras, palmea el espacio del sofá junto a él.

—Vamos a hablar Yuyu —dice Mingi.

El menor nunca vio a alguien moverse tan rápido como lo hizo Yunho en ese momento, sentándose a su lado aunque respetando su espacio, luciendo ansioso y esperanzado. Si fuera un perro, seguro tendría su peluda cola moviéndose de emoción poco contenida, lo cual le hace sonreír de nuevo.

No quiere hacerse ilusiones, pero piensa que las cosas pueden ir realmente bien.

Notes:

¿Escribí siete mil palabras del JongSang follando y casi nada del problema real de esta historia?

Así es amigos, porque yo me merezco este JongSang puercote después de este último comeback.

Ya prometo que de aquí seguimos con el Yungi.

O no sé, aún me debo el momento hot del WooSan y mi TDAH es cosa seria, jejeps. Y ellos ya ni siquiera nos están dando migajas, nos están aventando panes completos, gracias al maligno por permitirnos vivir en la misma línea temporal que el WooSan.

En otras noticias, perdón si las actualizaciones son lentas, la vida adulta está acabando conmigo y con mi inspiración. De verdad me estoy esforzando ):

Notes:

No sé qué tan larga será la historia, en este punto de mi vida ya ni me digo que haré algo corto, aunque sea la intensión. Sobre todo porque siempre me digo que quiero concentrarme en una pareja solamente, pero las demás dicen que nel, que también quieren su momento de brillar.

Y yo quiero que brillen siempre (?)

Han sido días horribles y en este punto de la vida creo que sobrevivo por pura ansiedad, así que aguanten conmigo.