Actions

Work Header

«003»

Summary:

In an underground laboratory, a deranged scientist subjects Subject 033—a figure with green hair, purple eyes and pale, bandaged skin—to endless experiments. Through a delirious monologue addressed to no one but the primordial sovereign, Phanés, his obsession with perfecting this “creation” lays bare the futility of playing at being a demiurge. ‘033’ is a disturbing journey into the abyss of madness, where hope dissolves with every needle and every plea becomes an unanswered echo.

Chapter Text

El aire goteaba en aquel sótano como un reloj roto: un rugido sordo de tuberías, un gemido metálico que reverberaba contra la roca viva.

Sobre la mesa de acero yacía el cuerpo del Sujeto 033, silencioso: mechones de cabello verde ácido, cortados en la nuca, caían en mechones sobre la frente. Sus párpados, eternamente cerrados, ocultaban pupilas violáceas que antaño brillaron de curiosidad. La piel blanca como la cera estaba desfigurada por vendajes flojos, como si cada punto se esforzara por ocultar un secreto a punto de revelarse.

El Dottore dio un paso al frente, con una linterna en una mano y un cuaderno en la otra. Una luz ámbar recorrió la figura inerte, resaltando pequeñas zonas de carne donde se habían cosido implantes mecánicos con hilo de plata. Cada placa de metal, cada filamento inyectado bajo la dermis, contaba la historia de sus fallidas «mejoras».

Se detuvo a una distancia medida, como si calibrara no sólo la máquina que tenía delante sino también su propia obsesión.

“Sujeto 033… Tipo A positivo… Sexo: indeterminado, en proceso de reasignación”, registró con voz desprovista de emoción. “Estado neuronal: intermitente. Movimiento voluntario: 12 %. Respuesta al estímulo: 23 %.”

La nomenclatura siempre había sido su escudo. Los nombres humanos podían desbordar la ciencia, invocar la moral o el remordimiento. Con el Sujeto 033, no había alma, solo datos fríos. Y aun así...

El doctor rozó la punta de su bisturí contra un vendaje y oyó crujir la piel bajo la hoja.

—Has recibido veintisiete correcciones —murmuró—. Veintisiete ajustes de neurotransmisores, implantes de fibra óptica, nanopartículas... y aun así flaqueas.

Suspiró; el aire a su alrededor olía a formaldehído. Se quitó los guantes, los dobló con precisión mecánica y los guardó en su estuche. Extendió la mano hacia la frente del Sujeto 033 como si fuera un cuestionario para responder al tacto.

—Eres hermosa en tu imperfección —dijo, sin comprender por qué se le escaparon las palabras—. Este cabello verde venenoso... estos ojos violetas que nunca se han girado para mirarme... esta piel blanca como el mármol, cruzada por manchas de metal...

Inhaló el aire envenenado de la cámara. Sintió el pulso latirle con fuerza en las sienes.

—Phanés... —comenzó una oración apenas audible—. Tú, artífice de mi cordura y de mi locura. Tú, creador de imperios del espacio y el tiempo.

Levantó la cara hacia la roca abovedada, escrutándola como si quisiera trazar en ella la firma de un demiurgo. «No conozco tu voluntad, pero te ofrezco esto... este experimento. Esta criatura de hilos y carne».

Dio un paso atrás, presionó el cuaderno contra su pecho y respiró con dificultad.

Al principio fue curiosidad. Un desafío intelectual. Para revitalizar la dureza de la biología humana. No quería profanar lo sagrado, solo refinarlo. Ponerlo a prueba. Traértelo… supongo.

Hizo un gesto vago hacia la mesa.

No tiene nombre. Es solo el Sujeto 033. Una sombra de significado. Y, sin embargo... posee una belleza inexplicable.

Anotó en el margen:
> Duda existencial #12
> “¿Por qué sigo mirando su rostro como si esperara algo humano?”

Cerró el cuaderno y recorrió lentamente el quirófano. Las mesas repletas de instrumental crujían. Las pantallas mostraban cifras parpadeantes: voltajes, corrientes, niveles de oxígeno que siempre bajaban unas décimas.

«Estoy obsesionado contigo», confesó al silencio. «Estoy obsesionado con tu cabello, verde como la savia antes de morir. Estoy obsesionado con estos ojos violeta, testigos mudos de mi fracaso. Y estoy obsesionado con tu piel, tan blanca que parece un lienzo sobre el que pintaré mi redención... o mi caída».

Se detuvo junto a un frasco con un líquido turbio. Lo levantó a contraluz: un fluido lechoso mezclado con nanopartículas aún inestables.

“Hoy es el día crucial. Mi última infusión de psicroleína…”, suspiró. “Si todo va bien, recuperarás la memoria. Si todo va mal… bueno, siempre supe que eras un cadáver en vida.”

Anotó en el cuaderno:
> Dosis: 0,018 ± 0,0004 mg
> Objetivo: Reactivación sináptica completa
> Predicción de éxito: 0,001 %

Guardó el frasco con sumo cuidado. Sus ojos, iluminados con un brillo febril, volvieron a la mesa.

—Lo sientes, ¿verdad? —preguntó, aunque sabía que no habría respuesta—. Esta fusión de carne pálida y filamentos luminosos...

Su voz se alzó: “Phanés, tú que concedes favores a quienes piden con fe, dime si he cometido un error”.

Un sollozo le quebró la garganta. Se inclinó sobre el Sujeto 033 y rozó suavemente un mechón de cabello con la punta del bisturí.

«Este experimento es mi orgullo y mi ruina», murmuró. «No hay vuelta atrás».

Giró la aguja entre dedos temblorosos. «Perdóname...». La punta de la hoja buscó una vena. El susurro del metal al contacto fue como un insulto a la quietud reinante.

Y así, en esa penumbra fracturada, el Dottore comenzó la infusión final.
La primera gota cayó con un siseo.
La segunda con un jadeo.
La tercera...

Los engranajes resonaron, como si todo el laboratorio contuviera la respiración. Tras un parpadeo, el Dottore regresó al centro de la cámara y levantó las manos hacia el techo.

“Phanés… manda tu rayo purificador… desciende a esta bodega y redime mi locura…”

Pero no hubo respuesta.
Solo el goteo persistente.
Solo el Sujeto 033, verde y violeta, pálido y vendado, sumido en un letargo que ni siquiera su creador podía comprender.

El doctor se aferró a la última línea que había escrito:
> Fracaso = ∞

Y mientras repetía “Perdóname…” en un bucle sin fin, se dio cuenta de que ya no había un experimento, solo un vínculo enfermizo que lo encadenaba a un cadáver de cabello verde y ojos violetas.