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#01. Di que eres mío. (Solo eso necesito)

Summary:

Gojo Satoru, aquel dios humano intocable, bendecido por el cielo y la tierra, deseable e envidiable por todos, está celoso de un niño de diecisiete años al que quiere masacrar.
No importa que ese adolescente sea técnicamente su primo lejano.

 

| | Día Uno de mi Reto Gofushi nivel: Delirio mental. | |

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

No existe nada en este mundo que Gojo Satoru adore más que ver a los jóvenes siendo jóvenes. 

No está seguro si este deje de felicidad se deba a la falta de vivencias normales en su propia juventud (de hecho, sí lo es) o si simplemente ama la libertad inconsciente que acarrea esta etapa de la vida en las personas.

Teniendo este pequeño detalle en cuenta, es obvio que él estaría más que de acuerdo en apoyar lo que sea que sus adorables alumnos quisieran hacer para conmemorar sus años de florecimiento. Por lo que, cuando los de segundo año vinieron a reclamarle un día de descanso para ir a un parque de atracción recién inaugurado ¿Cómo iba a decirles que no?

(Lo que no supo Satoru es que se arrepentiría de haber dicho que sí demasiado pronto.)

Como adulto competente quien decidió cumplir con los caprichos de sus alumnos, Yaga-san lo obligó a ser el que los acompañara porque, según sus palabras, “—Ningún niño bajo tu tutela está lejos de los problemas. Resuelve sus futuros desastres”. Si Satoru no conociese bien a sus chicos, se habría ofendido.

La cosa está en que no se encuentra para nada feliz. El parque de atracciones al que sus alumnos quisieron asistir está repleto de personas para haber abierto sus puertas hace pocos días. Y no es que fuese una gran sorpresa estar rodeado de gente, pero si no tuviese el Infinito activado todo el tiempo más de un niño revoltoso o adulto incompetente lo habría hecho tropezar varias veces.

Otro motivo por el cual no está feliz: la cantidad de gente ha empujado a Yuuta cerca, demasiado cerca, de Megumi.

Su Megumi.

Su metro noventa de altura trae placeres que nadie de menor estatura jamás podrá entender. La facilidad con la que el mundo nunca se verá empañado por un mar de cabezas y el sentimiento de ver a todos desde arriba es inigualable. Sin embargo, poder presenciar a la perfección como el hombro de su primo no deja de rozar el de Megumi le da ganas de arrancarse los Seis Ojos y dárselos de comer a Sukuna. 

Y en otro momento tal vez no haría tanto espamento por algo como esto; Yuuta y Megumi tienden a entrenar juntos cuando el mayor regresa de sus misiones, y, por supuesto, hay contacto físico de por medio, pero el problema viene siendo lo consciente que son ambos jóvenes de eso, pues Yuuta ya lleva cinco veces que llama la atención Megumi para disculparse y su dulce muchacho, ingenuo e inocente muchacho, le quita importancia debido al gran cúmulo de personas que los empuja constantemente, apenas registrando las mejillas coloradas de su senpai que empeora con el tiempo.

Vaya, ahí va la sexta.

Satoru quiere usar Violeta para deshacerse de la gente y poner una barrera de dos metros entre Yuuta y su muchacho.

Mira, Satoru no es un hombre de celos, no existe nada en el mundo que alguien de su calibre pueda envidiar. Nació con una cuchara de plata, bendecido por el universo no sólo siendo el mejor hechicero de toda la historia de Jujutsu, sino también por su apabullante belleza y maravillosa personalidad. ¿Cómo alguien que lo tiene todo y con el mundo a sus pies puede experimentar algo tan simplón como los celos? ¡Já! Satoru es demasiado honrado como para caer tan bajo.

Y eso es algo que él creía fervientemente hasta hace cinco minutos, porque los celos le están devorando la sensatez y del autocontrol que siempre ha estado orgulloso.

Megumi lo ama, puede morir ahora mismo sabiendo que nada cambiará ese hecho. Hay un corazón dulce y delicado bajo la coraza de titanio con la que Megumi se protege de todo y de todos, lo amó desde el minuto uno en que Satoru le demostró que llegó a su vida para nunca más irse. Pero Satoru sabe que ese delicado y traicionero corazón también aceptó a Yuuta hace mucho tiempo (Satoru morderá su lengua antes de utilizar la palabra con A junto al nombre de su primo), por lo que no es enteramente su culpa cuando permite que la horrenda cabeza de los celos se asome sobre su hombro.

Yuuta es un buen chico, amable y servicial, nadie que lo haya conocido puede negarlo. Es un gran partido para cualquiera que quiera ser protegido y amado.

Pero Megumi es suyo. Le pertenece. Literalmente, tiene un documento que lo confirma y todo. Ha sido el centro del universo de su muchacho desde que lo robó de las sucias manos del clan Zenin y piensa mantenerlo así hasta el día de su inminente muerte.

Y mientras Satoru pueda mantenerse en pie, nada podrá cambiar eso.

Pero hay veces que su lindo bebé parece olvidar esa verdad irrefutable y es su deber recordárselo cada vez que sucede.

Cuando Yuuji señala la casa embrujada como siguiente atracción y todos están de acuerdo, Satoru no puede no aprovechar la oportunidad perfecta para hacerlo.

La fila es un poco larga para la impaciencia actual de Satoru. Sus alumnos se entretienen con charlas vagas de las atracciones por las que ya pasaron y las que les interesa repetir una vez más antes de que el día libre se acabe. Maki y Nobara se pusieron del mismo lado para discutir con Yuuji sobre que la atracción de agua es mucho mejor que la montaña rusa típica. Por otro lado, Toge está descansando sobre los hombros de Panda, quien lleva un tonto cartel en la espalda que dice “botarga para festividades de todo tipo” para justificar su peculiar apariencia.

Y luego están Yuuta y Megumi, observando el mapa del lugar y señalando sitios aquí y allá, con sus cabezas rozándose. Juntos. Muy juntos. Sus voces apenas son perceptibles en la maraña de griteríos que los rodea. Sus hombros están tocándose de nuevo, aunque ahora apenas se despegan. No dejan de verse a los ojos mientras hablan. Y Megumi le ha sonreído a Yuuta…TRES VECES.

Satoru necesita una porción de pastel de fresa porque le va a bajar la presión si esta situación continúa así.

La fila avanza y su turno por fin llega. Hay un muchacho con rostro cansado que les explica el recorrido que deben hacer para encontrar la salida, y después de aceptar que el parque no se hace responsable de posibles accidentes y daños físicos, su pequeño e intrépido grupo atraviesa la entrada.

La oscuridad es lo primero que los recibe con los brazos abierto, o bueno, a sus alumnos, porque los Seis Ojos se convierten en dos cámaras con luces infrarrojas y le permite observar cómo sus alumnos se mueven a través de la nada negra a pasos de bebé pato, excepto Megumi, que atraviesa el primer tramo de la atracción con una naturalidad y tranquilidad digna de un rey de las sombras. ¿No es maravilloso su muchacho?

Llegan a la primera habitación, una luz roja se enciende e ilumina a un sujeto con un saco sobre la cabeza, guantes y botas gruesas manchados de sangre parado en la esquina derecha que sostiene una motosierra obviamente no funcional. Al frente suyo, hay una zona de cortinas de plástico arruinada que divide el camino por el que deben cruzar de una camilla donde una forma humanoide está cubierta por una sábana también manchada de rojo.

No es hasta que llegan al centro de la habitación que la luz roja comienza a titilar, una bocina oculta en algún lado produce un audio en bucle de gritos desenfrenados a la par que el típico ruido de una motosierra, que la forma humanoide en la camilla se levanta y el sujeto en la esquina se mueve.

Para su sorpresa, sus muchachos, aquellos que han visto y enfrentados a las peores y más feas maldiciones a lo largo de los últimos años, sueltan gritos chillones y salen corriendo despavoridos cuando el sujeto con la motosierra y el “cuerpo” en la camilla los comienzan a corretear.

Pero eso poco le importa porque consigue la oportunidad perfecta para hacer su movimiento cuando Megumi se queda atrás de todos, caminando hacia la dirección en la que escaparon sus amigos a paso tranquilo y apenas perturbado.

Megumi suelta un pequeño chillido de sorpresa al sostenerle del brazo y acorralarlo contra una pared, aunque se tranquiliza una vez se da cuenta de quién fue el que lo tomó con la guardia baja.

—¡Megumi, rápido! ¡Dime que me amas! —grita, tratando de que su voz gobierne sobre todo el griterío.

Megumi fuerza un poco la vista para ver más allá de las sombras.

—¿Q-qué?

El labio inferior de Satoru cae hacia abajo de inmediato.

Sus manos se mueven hacia los costados del rostro de su muchacho, con los pulgares apretujando sus dulces mejillas. Irrumpe el espacio personal de Megumi hasta que sus narices se tocan, y pone los ojos de cachorro triste más grandes que puede.

—Dime que soy el amor de tu vida y no puedes vivir sin mí o lloraré —le insiste al borde de un berrinche.

Megumi solo se molesta en parpadear.

—¿Por qué estás haciendo pucheros ahora? —pregunta, moderando su voz ahora que el ruido se ha apagado significativamente.

—Has estado todo el día pegado a Yuuta, Megumi. Iban de un lado a otro juntos, cuchicheando y sonriendo como si fueran una pareja —De repente, aprieta las mejillas de Megumi con irritación, haciendo que sus regordetes labios formaran una chistosa boca de pez—. ¡¿Has pensado en el daño irreparable que acabas de hacerle a mi pobre e ingenuo corazón?!

—¿Tú…? —Los farolillos verdes que iluminan su existencia se ven opacados por un entrecejo fruncido—. Espera… ¿Estás celoso de Okkotsu-senpai?

—¡¿Y tienes el descaro de preguntarme?! —Satoru agita los brazos de arriba a abajo y sinceramente le preocupa poco actuar tan infantil, Megumi ya está acostumbrado. Lo que importa acá es que están cometiendo injuriosas acciones hacia su persona y el culpable se está haciendo el tonto.

La confusión abandona el rostro de Megumi y pasa a verle con una tranquilidad típica de alguien que acostumbra a tratar con un niño mimado. En un día normal, Satoru no se tomaría tan a pecho la insinuación de ser un mocoso petulante porque él tuvo todos los motivos para ser tratado como un dios. Pero Megumi claramente no ve la seriedad en su postura y ahora no está tan lejos de arrojarse al piso y empezar a patalear hasta que su novio le pida perdón por despreciar sus sentimientos.

—Sabes perfectamente que nada de eso sucede entre Okkotsu-senpai y yo, Gojo-sensei —Megumi dice unos segundos después, siendo la personificación de la paciencia.

Satoru se mueve como un poseso, sostiene el rostro de Megumi otra vez, y apoya su frente contra la del más joven.

—Di que eres mío, entonces. Es lo único que necesito —Sus ojos se encienden con un brillo histérico, pero su chico perfecto, hermoso e intocable apenas reacciona ante la amenaza latente—. Sino enviaré a Yuuta a una eterna misión a la luna y no lo vas a volver a ver nunca más.

Megumi suelta un suave suspiro que llega al rostro de Satoru como una fresca brisa de menta del chicle que Yuuta le había compartido antes.

Hay un sutil ruido de tela rozándose y ahora es el rostro de Satoru que es apretujado por manos más pequeñas y de dedos delicados.

—No sé qué extrañas maquinaciones estuvo cocinando tu cabeza todo el día, pero nada de eso es real.

Satoru no se deja manipular tan fácil por su dulce palabrería y encierra a Megumi con sus dos brazos. El Infinito se activa mejor que nunca, atrapando a su muchacho por completo.

—Dilo —Insistente sería poco para referirse a él. El mundo puede demandarlo si quiere, pero nunca fue de los niños que prestan lo que es suyo, mucho menos que le roben en su jodida presencia.

—No hace falta que lo haga —Megumi niega en un susurro.

—Dilo —Satoru le imita y comienzan a delinear el contorno del bello rostro de su dulce chico con la punta de la nariz, en una caricia demasiado íntima para el tipo del lugar en que se encuentran.

La respiración de Megumi se escapa de su linda boca en un tartamudeo y Satoru no encuentra en sí mismo la voluntad de no caer a los pies de tanta belleza.

—Soy tuyo, Satoru-san —Sus mejillas se tiñen de un rojo intenso tan pronto lo dice—. Siempre lo he sido y siempre lo seré.

Una sonrisa lobuna estira los labios de Satoru.

—Y nunca lo vayas a olvidar.

Y con esa sentencia dicha, Satoru se zambulle de lleno en los labios tan apetitoso de su lindo novio, devorando cada recoveco de ellos y apoderándose de los maravillosos gemidos producidos por Megumi como si fueran el néctar del más embriagante sabor.

Megumi le sigue el arrasador ritmo como puede, parándose de puntillas cuánto más apasionado se vuelve el beso y amenaza con arrebatarle hasta el último de los suspiros. Dientes afilados le muerden los labios, obligándolo a abrir más la boca y una lengua vivaz seduce y domina la suya hasta la sumisión total.

Una nueva capa de sombras se apodera de la habitación dentro de la Casa del Terror, acatando la orden del único digno de manipularlas para evitar ser interrumpidos por los dos trabajadores que terminaron de hacer su acto de esa función y regresan a sus lugares.

Las sombras rodean, abrazan y acobijan a los dos cuerpos que no pueden separarse del otro incluso si el aire empieza a escasear, llevándolos al único sitio donde pueden ser ellos libremente sin que nadie amenace su tranquilidad.

°°°

Los alumnos de segundo y primer año llevan veinte minutos a las afueras de la atracción terrorífica, en espera de que su sensei y el único alumno que no está con ellos aparezcan de una vez por todas para continuar con el recorrido.

Cuando por fin lo hacen, están tomados de las manos, sus cabellos se ven más rebelde que antes, sus ropas están desarregladas y Satoru tiene una molesta y engreída sonrisa tatuada en todo su rostro, mientras que Megumi es un tomate andante de lo sonrojado que está.

En un movimiento en falso por parte del menor, marcas rojas y violetas resaltan en la pálida piel de su cuello y los alumnos entienden de inmediato qué diablos sucedió con ellos.

Menos Yuuta, quién no entiende porque Gojo-sensei lo observa de una manera tan petulante y su tierno kohai parece rehuir de su mirada.

¿Qué se está perdiendo aquí?

Notes:

Bien, esto es fruto de un delirio mental que tuve estando enferma porque no había ningún nuevo fic gofushi para salvarme de mi miseria, por lo que (entre muchas comillas) este sería la primera parte de una serie de o.s gofushi que trataré de escribir a diario hasta que empiece la universidad. Lo cierto es que la etiqueta Gofushi aquí le falta tanta comida y a mí me truena la panza del hambre. 😋😋

Si tienen alguna sugerencia o idea que les gustaría compartir no duden en dejarme un comentario, soy todo ojitos 👀

¡Gracias por leer mi escrito!
Bye bye.👋🏻