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He Tian se encontraba leyendo “Historia de los Mejores Magos Oscuros de la Antigüedad”, en su camarote en el navío del Instituto de Durmstrang. Trataba de poner toda la atención posible, pero le estaba siendo imposible. Su mal humor no se lo permitía.
Ese año, su hermano He Cheng, había sido elegido para participar en el Torneo de los Tres Magos—una tontería, si le preguntabas al menor de los He—; pero al parecer, para él, su padre e Igor, era todo un honor. Así que, al final, él también había sido arrastrado a aquel viaje.
Su padre prácticamente lo había obligado a ir a Hogwarts, dándole una absurda charla acerca de que ‘conocer a magos importantes’ y ‘enseñanzas diferentes a la suyas’, era parte esencial en el desarrollo de un experimentado mago. He Tian sabía que todo aquello era una vil mentira. He Cheng, su padre y Karkarov, traían algo entre manos. Casi podría jurarlo.
Pero por muy bueno que He Tian fuera en legeremencia, jamás podría acceder a los pensamientos de aquellos tres, He Cheng era un experto en oclumancia y, siendo sincero, tampoco es como que realmente le importara. Nada de lo que pudiera encontrar en aquel inmenso castillo, podría hacerlo cambiar de opinión—ni siquiera le importaba que fuera más grande e imponente que el de su colegio, porque eso era insignificante ante las grandes extensiones de tierra que Durmstrang poseía—. Los alumnos de aquel colegio tampoco se quedaban fuera de su ojo crítico. Ante él, todos eran unos simplones e incompetentes, aunque no conociera ni a uno sólo.
Después de lo que pareció una eternidad, el navío por fin salió de las profundidades del Lago Oscuro que rodeaba el colegio; mientras que los estudiantes de la Academia de Beauxbatons, llegaban en su imponente carruaje azul, tirado por doce hermosos Abraxan. He Tian chasqueó la lengua. Lo único bueno de aquel viaje, sería que podría ver de nuevo a Jian Yi. Estaba encaprichado con él, desde hacía casi dos años atrás.
El aludido, era un precioso mago con sangre Veela, que había conocido en uno de los tantos viajes de negocios de su padre a Francia. Era un espécimen exquisito a la vista, pero eso no era lo que lo atraía—también, estaba casi seguro de que no era la atracción natural de su sangre mágica—, era su indomable forma de ser. Esa que descubrió cuando lo conoció.
●☆●☆●
Era la fiesta de Yule de ese año.
La familia He, había sido una de las afortunadas invitadas de la familia Yi–una de las más prestigiosas del mundo mágico—. He Tian no entendía el porqué, parecían tener el mismo dinero y reputación que ellos. No eran muy activos en el mundo mágico, pero sí en el mundo de la moda. Quizás, su resplandor radicaba en la rareza de su sangre. Pero era no lo sabría hasta esa noche.
La señora Yi, cabecilla de la familia, era la más preciosa, fina y delicada mujer que el moreno hubiera visto en su vida. Aunque aún fuera joven, He Tian ya entendía acerca de esas cosas y no se podía negar lo obvio: ella tenía a todos los presentes a sus pies.
—No te dejes engañar, hermanito—He Cheng lo había sacado de su embelesamiento—. Esa mujer, es un demonio con rostro bonito. Por sus venas, corre sangre de Veela.
JA.
Ahora todo tenía sentido. Por eso, todo parecía envuelto en aquella aura de ensueño. Por eso, aquella mujer había llegado hasta donde estaba. Había conseguido su reconocimiento y popularidad, a base de artimañas. Nada diferente a lo que su familia o la de otros magos oscuros hacían.
He Tian dejó de prestar atención a sus charlas y comenzó a caminar por los alrededores. Aquella habitación lo estaba asfixiando. Tomó un poco más de vino sin alcohol y salió a los jardines de la mansión, en aquellos días, la luz de la luna brillaba más intensa que nunca.
—¡Repite lo que acabas de decir, imbécil!—una voz tranquila, pero fría llamó su atención.
—Lo que escuchaste— respondió otra voz. No podría asegurarlo, pero parecía asustada.
Cuando buscó a los dueños de aquellas voces, los encontró en uno de los pasillos del jardín.
Uno de ellos era alto, delgado y de cabello oscuro, no podía reconocer a qué familia pertenecía; el otro, era un poco más bajo, cabello largo atado en una cola de caballo alta. Era tan rubio que bien podría llegar a percibirse como blanco y su piel, era igual de pálida. Por un momento, He Tian tuvo la sensación de sentirse mareado. Aquel chico era precioso y se notaba delicado. Daba una impresión similar a las tantas reliquias que su padre guardaba en su estudio y que estaba estrictamente prohibidas tocar, por miedo a que fuera romperlas.
Claro que aquella reliquia era igual de tóxica y peligrosa que las que habitaban en su casa.
De un rodillazo, el tipo rubio, hizo doblarse del dolor al otro, sosteniéndolo de los hombros para que lo pudiese ver mejor.
—¿Quién es la delicada ‘florecilla’?—preguntó sin ápice de expresión en el rostro, tomando entre una de sus manos, un puño de cabello del contrario pero sin recibir respuesta—. No volveré a repetir la pregunta.
–N-nadie…—tartamudeó el otro.
–Bien, eso pensé—respondió, dejándolo caer al suelo lleno de tierra.
Y así sin mas, comenzó a alejarse.
He Tian no podía dejarlo de observar. Sus pasos eran gráciles y controlados, incluso parecía flotar; por alguna extraña razón—que después descubriría—, comenzó a caminar hacia él. Era como ser una polilla siguiendo a un brillante farol. Hipnotizante.
—¿Sabes que somos magos y que por algo existe la magia?—le preguntó antes de poder evitar abrir la boca.
—Aún no tengo permitido usarla—respondió encogiéndose de hombros y sin mirarlo. Ni siquiera detuvo su andar, como si ya lo hubiera visto desde el principio.
—Apuesto que eso no te hubiera detenido—He Tian insistió.
—La verdad, no. Pero mi madre es muy estricta en estas cosas, no tengo permitido usar magia en casa—replicó el rubio que seguía sin mirarlo.
He Tian se sintió indignado. Jamás en sus pocos años de vida, alguien había pasado de él. Por lo regular, las personas siempre querían estar cerca y él, como el buen ególatra que era, los dejaba estarlo. Así que ahora, con aquel chico ignorándolo, se sentía molesto.
—¿Planeas seguirme toda la noche?—aquella voz lo sacó de sus pensamientos.
—¿Cómo te llamas?—respondió He Tian con otra pregunta. Él otro por fin se detuvo y se giró a mirarlo.
Sólo entonces, He Tian fue completamente consciente de lo hermoso que era. Sus iris eran de un gris tan claro que, con la luz precisa, podrían pasar desapercibidos. El perfil de su nariz era recto, pómulos altos y piel sin imperfecciones. Ahora sabía porqué no parecía interesado en él, era alguien para ser admirado, jamás a la inversa.
–Yo pregunté primero.
–Sólo hasta que me digas tu nombre.
–Que astuto—dijo y retomó su andar—. Me llamó Jian Yi.
–He Tian, mucho gusto—respondió rápidamente, emparejándose y tendiéndole su mano en un educado saludo.
–Ese no era el trato— dijo Jian Yi, mirando su mano con indiferencia.
He Tian se quedó parado en su lugar, pero el rubio jamás hizo amago de quedarse. El moreno nunca olvidaría la primera vez que alguien le negó la mano. Como si él fuera cualquier persona. Como si él no fuera alguien relevante o importante de conocer.
●☆●☆●☆
Así fue como He Tian comenzó con aquel capricho. Donde sea que Jian Yi estuviera, él aparecía haciéndose el interesante y desinteresado en su persona, pero era el que terminaba persiguiéndolo. Resopló resignado. Esperaba no verse tan desesperado por llamar su atención en aquel sitio.
Pasada una hora, el moreno aún no ponía pie fuera del navío. No importaba que tantas ganas tuviera de encontrarse con Jian Yi, su molestia era mayor.
—Vamos, He Tian, es hora de la ceremonia de bienvenida—He Cheng había irrumpido sin tocar.
–Dime de nuevo, ¿por qué tengo que asistir a ese estúpido evento?—preguntó, sin sorprenderse por la repentina entrada. Había sentido la magia de su hermano, mucho antes de que cruzara el umbral de la puerta.
–Porque eres estudiante de Durmstrang, porque llevas mi apellido y, porque si no lo haces, voy a cruciarte—enumeró con los dedos.
—Papá no estaría muy contento—respondió He Tian, levantándose y alisando las arrugas de su túnica.
—Apuesto a que Igor le hará entender que fue necesario—volvió a amenazarlo.
—Algún día podré lanzarle una imperdonable a ese viejo y, ni tu ni papá, podrán convencerme de lo contrario—renegó He Tian.
Pesé a que Igor fuera el director de Durmstrang, y amigo personal de su padre, había en él que no terminaba de gustarle.
–Bien, pero mientras ese preciado momento llega, prepárate para salir—ordenó por última vez y He Tian por fin obedeció. Mientras estaba en ello, He Cheng volvió a hablar—: Pensé que estarías ansioso por ver a tu novio.
—Él no es mi novio—respondió el otro, en tono ofendido.
—Tienes razón. Para poder serlo, primero tendría que reconocer tu existencia—se burló sin llegar a sonreír.
—Él sabe que existo, así que deja de molestar—He Tian torció el gesto.
—Lo haré el día que dejes de ser patético, hermanito—su hermano salió del camarote dejándolo molesto.
He Tian no volvió a hablar. Ni siquiera cuando todos los demás del colegio estuvieron reunidos y lo saludaron. He Cheng había jodido su humor, si es que se podía joder aún más de lo que ya estaba. Y así, se fue rezagando al final del grupo, deseando poder regresar a su camarote.
Mientras caminaban con rumbo al ‘Gran comedor’—como lo había llamado Igor—He Tian tuvo la impresión de que podría perderse entre tantos pasillos. E inspeccionando todo lo que veía a su paso, frunciendo el entrecejo ante insignificantes detalles, fue como ocurrió. Estaba perdido. Maldijo a su suerte y se concentró por encontrar la magia de su hermano, de Igor o de quien fuera alumno de Durmstrang, pero no pudo lograrlo.
—¡Maldito castillo!—gritó el chiquillo de doce años, sobrepasado por su mal humor.
Intentó seguir caminando, recordar algún hechizo que le ayudara a ubicarse, pero su estado de ánimo no ayudaba para nada. Cuando estuvo apunto de conjurar lo primero que se le vino a la mente, unas voces lo detuvieron…
—…creí haber sido muy claro—dijo un tipo alto y de cabello plateado, túnica negra con colores verde y plata: Slytherin.
–No lo sé, pude haber confundido algunas de tus palabras— respondió el otro, de cabello rojo y túnica con los colores de Hufflepuff. Se notaba más bajito y joven, quizás primer año. Aun así, He Tian pudo notar el sarcasmo en su tono de voz.
Sin quererlo, He Tian sonrió.
—¿Estás tratando de jugar conmigo?—preguntó en tono más amenazador.
—Jamás haría algo como eso—de nuevo, aquella burla en su voz se hizo presente.
He Tian no podía creer que un tejón, estuviera hablándole de aquella manera a una serpiente. Era por todos bien conocidas las casas de Hogwarts, así como sus respectivos temperamentos. Así que, ver al pelirrojo comportarse de aquella manera, hacía pensar a He Tian que su manera de seleccionar casas en aquel colegio era deficiente.
—Mo GuanShan—endulzó la voz el peliplateado, intentando cambiar su estrategia—, no quiero repetir lo del otro día, ¿entiendes?
El mencionado, se quedó muy quieto. Ahora, el valiente tejón, parecía un cachorro amenazado. Y cuando creyó que era hora de retirarse… ¡Unas orejas! De la cabeza del pelirrojo salieron unas puntiagudas orejas del tono de sus cabellos, quizás las puntas eran más claras. Pero eso no quitaba el hecho de que fueran unas orejas de zorro.
—Metamorfomago—susurró He Tian sorprendido.
Y a partir de ese momento, no pudo apartar las vista por más que quiso.
Pocas cosas obsesionaban al moreno. Jian Yi por ejemplo, era una—y la primera—de esas cosas. Pero el año pasado, para su clase de “Transformación y Transfiguración para principiantes” se había interesado en los Metamorfomagos. Eran seres muy raros y especiales, nacidos con la habilidad de cambiar de forma a voluntad, sin la necesidad de poción multijugos o recitar hechizos como los Animagos. En las últimas dos décadas, nadie había visto o conocido alguno. Por eso, He Tian estaba muy intrigado.
—De nuevo tus lindas orejas—le hizo saber el Slytherin, tomando con su mano, una de ellas—, debes aprender a controlar esto rápido. No querrás que alguien más lo sepa o ¿sí?
—Eso es algo que no debería importarte, She Li—respondió el metamorfomago, dándole un manotazo en la mano, logrando librarse de su agarre –, y ya te dije que no haré lo que me pides.
Aquella respuesta pareció no agradarle del todo al tipo llamado She Li, porque su magia hizo todo más denso alrededor. Incluso a He Tian le había recorrido un escalofrío, ¿quién era ese sujeto? Su magia era intimidante y abrumadora, aunque dudaba que el primer año fuera consiente del todo; se requería de práctica para aprender a detectar la magia. Claro que He Tian ya lo controlaba.
–Ya lo veremos—respondió el peliplateado y comenzó a alejarse en dirección opuesta a He Tian.
El pelirrojo suspiró y sus orejas, anteriormente alerta, por fin se relajaron. Intentó acomodar bien su túnica y su corbata, también intento desaparecer las orejas pero falló rotundamente. En sí, todo él era un caos. He Tian sonrió de medio lado pero no se acercó.
—¿Cuánto planeas estar ahí escondido?—preguntó de la nada el pelirrojo.
Al parecer, He Tian había sido pillado.
—No fue mi intención—carraspeó—, estoy perdido. Soy alumno de Durmstrang y…
—Me importa una mierda quién seas—lo interrumpió—, deja de escuchar conversaciones ajenas.
He Tian no podía creer aquello, el primer año lo estaba enfrentando. Quiso carcajearse por la conducta del chico pero no lo hizo, por alguna extraña razón, tampoco se sentía molesto por el insulto.
—Menos mal que tu casa es la más amistosa—respondió He Tian apenas se recuperó del momento de diversión.
—No todos los descendientes de Helga somos unos blanditos—respondió sin desdén en su tono de voz, pasando por su lado sin detenerse.
–Ya lo veo—He Tian musitó de pie en su sitio.
–¿No vienes?—preguntó el Hufflepuff mirando por encima de su hombro.
–¿Disculpa?—respondió He Tian.
–Estás perdido, ¿no?—preguntó, con su rostro impaciente.
–Sí—aceptó sinceramente.
–Entonces camina, antes de que Peeves aparezca y nos haga alguna broma—le dijo mientras retomaba su andar.
He Tian no sabía quién era Peeves pero tampoco quiso preguntar. Se olvidó de ello una vez que miró al pelirrojo sacudir la cabeza impaciente, intentando que sus orejas desaparecieran, pero estas se negaban a hacerlo.
–Eres un Metamorfomago—He Tian afirmó.
El pelirrojo pareció tensarse para luego, seguir caminando.
–Y tú, un entrometido—su voz sonaba más nerviosa.
–Tienes que relajarte sino tus-
—¡Quieres callarte!—dijo alzando la voz—¿crees que no sé eso?
–Pareciera que no—He Tian respondió sin dobles intenciones.
–Jodete, encuentra el camino por ti mismo—y sin más, salió corriendo a toda prisa.
A pesar de la grosería, He Tian volvió a sonreír.
El pelirrojo era un ser que, a parte de ser único y especial por su condición mágica, también le parecía divertido. Después de todo, su estadía en ese colegio, no iba a ser tan desagradable. Cuando se dispuso a seguir merodeando por el castillo, una pluma de fénix revoloteo a su alrededor. Como siempre, He Cheng le ayudaría a encontrar el camino hasta él.
