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The Mask

Summary:

Quackity era mucho más bajo que sus compañeros de Karmaland. Tenía una contextura más delgada, dueño de una personalidad aireada, algo sarcástica y altanera. Sinceramente, era un contraste bastante marcado con respecto a sus camaradas, quienes en su mayoría eran claramente betas y alfas llenos de energía, bastante bruscos e impulsivos en su actuar.

Y sin embargo, allí estaba Quackity, siendo parte del montón y comportándose tal como ellos.

¿Qué acaso nadie se había dado cuenta de que se trataba de un omega?

***
Dinámicas Alfa, Beta y Omega. Quackity mantiene que es omega en secreto y Luzu es un alfa.

Notes:

Es la primera vez que escribo una historia, y me encanta el omegaverse.
Si no sabes qué es el omegaverse descuida, se entiende el contexto.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Poco común

Chapter Text

 

¿No es curioso cómo pueden llegar a cambiar tanto las cosas de un momento a otro? Si se le preguntara a cualquier integrante de Karmaland cómo era la relación entre Quackity y Luzu antes de las elecciones, la respuesta hubiera sido automáticamente “son buenos amigos” o “un poco más que eso, tal vez”. Cada habitante sabía lo inseparables que eran, desde el primer día que llegaron a esas tierras.

Pero había una cosa que Sapo Peta no podía llegar a entender. Algo que no encajaba.

Desde el primer minuto en el que el druida se presentó al grupo de karmalienses en aquel volcán, Quackity le llamó la atención. Era mucho más bajo que sus compañeros, con una contextura más delgada, dueño de una personalidad aireada, algo sarcástica y altanera (detalles que captaron su interés). Sinceramente, era un contraste bastante marcado con respecto a sus camaradas, quienes en su mayoría eran claramente betas y alfas llenos de energía, bastante bruscos e impulsivos en su actuar.

Y sin embargo, allí estaba Quackity, siendo parte del montón y comportándose tal como ellos.

¿Qué acaso nadie se había dado cuenta de que se trataba de un omega?

Sapo Peta olisqueó el aire disimuladamente, no quería que la acción pusiera en alerta al grupo de jóvenes. Había visitado cientos de mundos en su larga vida, cada uno con culturas y percepciones diferentes. Pero en Karmaland, lamentablemente ser un omega no era una experiencia de vida grata. Vistos como inferiores, débiles de mente y cuerpo; capaces de volver locos a todos los alfas que estuvieran cerca del perímetro, colectivamente eran considerados como una peste e imán de problemas.

Aunque Sapo Peta no podía estar en contra de esa opinión. Era cierto que la presencia de un omega… provocaba peleas irracionales. Incluso en otras culturas los omegas habían sido eliminados completamente, siendo tachados como seres vulgares y con instintos arcaicos. La gran mayoría de los habitantes en Karmaland eran betas, seguidos de un puñado de alfas. De un omega hace bastantes años que no se oía hablar, y francamente la población no podría estar más feliz. Sin su contraparte, los alfas que vivían en el lugar reñían por temas de territorio, a lo mucho.

El druida miró silenciosamente al pelinegro, quien se encontraba enfrascado en una discusión con Rubius. Ambos gruñían ligeramente, pero sin malicia, más que nada como una simple indicación de impaciencia por las actitudes del otro. No pudo evitar fijarse en que el menor no poseía los colmillos pequeños característicos de un omega, ¿tal vez se los había limado?

De seguro fue una experiencia dolorosa.

Además, Quackity no desprendía ningún aroma particular. Para cualquier persona, se trataría de un simple y corriente beta. Lo que explica la ignorancia de los integrantes del grupo hacia la naturaleza de su compañero. Sapo Peta tenía conocimiento de la existencia de pociones especiales, con un efecto supresor de esencias para enmascarar la presencia de un omega o un alfa; pero sabía con certeza que tales brebajes no eran ocupados en Karmaland. Claramente aquel niñato había conseguido una forma de obtener algo con un efecto parecido.

Pero a él no le engañaba. El druida claramente podía sentir lo que realmente era.

Curioso. — Susurró por lo bajo, mirando al pelinegro. Vegetta, el alfa con más presencia del grupo, se percató del pequeño comentario del druida, pero mantuvo silencio.

 

 

¡LUZUUUUUU! — El pelinegro gritó a sus anchas al divisar a su amigo en la distancia. Luzu sonrió cansado, era la primera vez que veía a su amigo desde que había tenido que salir de viaje. Estaba feliz de encontrarse con él, pero lo primero que quería hacer era llegar a su hogar y desempacar todo su equipaje. Puede que sea un alfa, pero un mes entero fuera de su territorio era un estrés para cualquiera. Y ciertamente Quackity no lo ayudaría a ordenar (probablemente haría lo opuesto y resultaría en un desastre que Luzu inevitablemente tendría que arreglar).

Aun así no le importaba. Disfrutaba de su compañía. El beta tenía un efecto tranquilizador en él (siempre que no se metiera un muchos problemas ni que estuviera en un estado especialmente hiperactivo).

Hola Quacks. — Saludó Luzu, riendo suavemente cuando el pelinegro llegó a su lado. — Parece que me has extrañado.

No seas mamón. — Resopló Quackity. — Te has ido como por medio año. — Respondió con quejas claramente exageradas.

Venga, que ha sido apenas un mes. ¿Alguna novedad?

Ambos comenzaron una suave caminata hacia la casa del alfa. Quackity prácticamente era el único que aportaba a la conversación, explicando animosamente algunos acontecimientos que Luzu se había perdido en su ausencia (además de algunos en los que si participó, pero no tenía ánimos de corregirle en estos momentos). Estaba feliz de sólo escuchar al pelinegro y asentir, su voz era como una especie de ruido blanco para él.

Pero luego de unos minutos, una ansiedad que no entendía lo embargó.

Al principio el alfa no se había percatado de manera consciente, pero definitivamente algo era diferente en Quackity. No estéticamente, ni sobre los relatos que estaba contando, sino que algo de su presencia en sí le molestaba.

Mientras el pelinegro seguía ocupado con su verborrea, Luzu se acercó disimuladamente a él por la espalda. Con extremo sigilo se inclinó hacia la nuca de Quackity, e inhaló el aroma que éste desprendía. Olfatear a alguien a escondidas era considerado tanto invasivo como dominante y generalmente una acción así terminaba en una pelea, pero el alfa no pudo contenerse. Incluso cerró los ojos para identificar de mejor manera su olor.

Definitivamente desprendía un aroma nuevo.

No era una esencia cualquiera, sino de una persona. Alguien que no conocía.

Luzu retrocedió y frunció el entrecejo, pero sin parar de seguir al pelinegro, quien continuaba caminando y hablando sin percatarse de las acciones de su amigo. Ese no era el tipo de aroma que se obtiene por pasar gran parte del tiempo con algún conocido o un familiar; lo que llevaba Quackity encima era algo más fuerte, más marcado.

Más íntimo.

Instintivamente, Luzu emitió un gruñido profundo y bajo, nacido desde el final de su garganta. Quackity paró de golpe; el gruñido de un alfa no tenía comparación con el de un simple beta. Estaba hecho para intimidar, para mandar y poseer. Era capaz de hacer agachar la cabeza de cualquiera, así que no era común que los alfas gruñeran sin algún motivo de peso.

A-anda. — Tartamudeó el pelinegro, con un tinte de nerviosismo en sus palabras. — Sino querías platicar bastaba con decirme, mi buen.

Quackity tambaleó ansioso, pero sin moverse del lugar. Le dirigió una mirada a Luzu con cierta precaución (su instinto le advertía que tuviera cuidado, aunque sabía que él nunca le haría daño) pero también con una gran curiosidad. Nunca había escuchado gruñir a su amigo, a excepción de una pelea que tuvo que presenciar hace un tiempo, cuando un alfa solitario intentó robar algunos objetos de la casa del pelicastaño. 

Bastó que Luzu enseñara sus colmillos con un bufido e hiciera gala de su gran estatura para que el otro alfa desconocido reconociera que no valía la pena pelear. Se notaba que era joven y sin experiencia, mientras que Luzu gozaba de una presencia fuerte y segura.

Quackity. — Luzu cortó los pensamientos del menor al acercase hasta quedar en frente de este. Al mirar la cara confundida del pelinegro, contuvo otro gruñido que amenazaba con salir de su pecho. — Has.. ¿Has hecho un nuevo amigo en Karmaland?


Una pregunta bastante inofensiva. El alfa sabía que Quackity se pondría a la defensiva si era más directo o insinuaba alguna otra cosa. Conocía a su amigo como la palma de su mano.

Luzu también sabía que era malo mintiendo.

Muy malo.

Y Quackity palideció. Mostrando una mueca de pavor.

En ese momento, una sensación desesperante cayó en el pecho de Luzu, haciendo tensar su cuerpo. Algo que no comprendía se arremolinó en su garganta, instinto diciéndole que haga algo que su cerebro no podía entender. Él era uno de los alfas más racionales de toda Karmaland y se sentía orgulloso de ello, pero odiaba como su propio cuerpo actuaba en su contra muchas veces.

Para Luzu el hecho de ser un alfa era una especie de arma de doble filo. Incluso podría decir que lo odiaba. Si bien no le molestaba la ventaja de tener una fuerza y resistencia bastante superior al de un beta, detestaba lo susceptible que era a los aromas, territorios y peleas por dominación. Más de una vez se había enfrentado con sus amigos alfas en Karmaland, por temas que encontraba sin importancia una vez que la adrenalina y las hormonas se calmaban.

Y hombre, tenía que admitirlo, los alfas son especialmente posesivos.

Después de todo, Quackity puede tener una pareja, no es propiedad de Luzu. Es natural para un beta de su edad. Debería de estar feliz por él.

Ese pensamiento le hizo la sangre hervir.

¿Qué le estaba pasando?