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Hawks aún era capaz de recordar la primera vez que se había cruzado con Dabi. Había sido más de un año antes de que empezaran a salir, en una cena para los héroes y la prensa por el nuevo nombramiento de Endeavour como número uno.
Hawks estaba contento. ¿Cómo no estarlo si acababa de ascender al número dos? Sin embargo, la fiesta estaba siendo horrible y a su equipo publicitario le había costado demasiado arrastrarlo hasta allí (más de lo normal). La verdad es que no soportaba las galas donde tenía que estar fingiendo frente a la prensa, fingiendo ante héroes que no le caían bien y haciendo como que estaba pasándoselo genial cuando solo quería llegar a casa y dormir durante dos días.
Por eso empezó a beber. Aunque se podría decir que es una exageración ya que el rubio acabó su noche a la segunda copa. La complexión de pájaro era muy útil a la hora de beber ya que casi triplicaba la facilidad que tenía para emborracharse. No muchas personas sabían eso, por lo que la mayoría lo pasó por alto; solo Miruko le dedicó una mirada reprobatoria ya que ella entendía lo mucho que podía afectar una mutación animal como la suya. Le dedicó un “solo una noche” antes de lanzarse a la prensa y dedicar su mejor sonrisa, respondiendo todas las preguntas que le hacían.
Aún no es capaz de identificar qué es lo que le llamó la atención de Dabi. Llevaba un traje negro que resaltaba su piel blanquecina y hacía brillar las grapas que unían su piel a los trozos quemados, pero eso no era nada para Hawks, había visto cosas peores. Tan elegante y, sin embargo, había algo que le hacía parecer fuera de lugar. Puede que fuera la mirada casi analítica que le dedicaba, los ojos azules clavados sobre él a cada movimiento o la expresión aburrida con la que observaba la gala a su alrededor transcurrir.
Se acercó a hablar con él por el simple hecho de que iba borracho y la prensa ya le estaba empezando a agobiar.
El encuentro, sin embargo, no fue como esperaba.
Sabía quién era. Era difícil no reconocer los ojos azules iguales a los de su padre. No sabía su nombre, pero sí su apellido; los Todoroki eran reconocibles a una milla. Había conocido al pequeño en un encuentro con la UA y no podían ser más distintos. Este hermano apenas lo había visto en público así que no tenía claro cómo acercarse.
Se acercó con un falso paso seguro, demasiado tambaleante para ser convincente, y le dedicó una de sus sonrisas de portada de revista. No le dio tiempo a hablar antes de que el pelinegro hablara brusco.
- ¿Te estás follando a mi viejo?
La sonrisa se quedó congelada en sus labios. Vaya, no pensaba que los tiros fueran a salir por ahí.
- No - dijo frunciendo el ceño, aún sorprendido.
- Por saber - Dabi se encogió de hombros.
El pelinegro se retiró, dedicándole su atención a algo que no era el héroe.
Ahí terminó su encuentro.
[...]
No fue hasta seis meses después que se lo volvió a encontrar. Y en circunstancias completamente distintas.
Estaba patrullando en el turno de noche cuando la alarma saltó en un banco que había a apenas dos bloques de él. Se pensó si realmente debería ir; como héroe solía dedicarse más a la captura de villanos que cosas pequeñas como un atraco a un banco, eso solía ser cosa de la policía. La noche era lenta y no escuchó a ninguna patrulla acercarse así que, con un suspiro, saltó del balcón donde se había situado y voló hasta la puerta del banco.
Los ladrones no parecían ser del todo competentes porque uno casi se cayó de culo al verlo aterrizar.
- Hagamos esto rápido que tengo hambre - dijo en un tono cómico.
Eran tres. El que casi se había caído era el más débil y torpe del grupo, estaba claro. Solo le quedó más claro cuando se lanzó sobre él y lo esposó mientras los otros dos no tuvieron problema en salir corriendo sin mirar si los estaba siguiendo.
Luego se dirigió a por el siguiente más lento que al verlo se giró y, con una expresión de pánico, alzó la mano. Hawks no tenía claro cuál era su quirk, solo que al alzar la mano su cabeza parecía estar a punto de explotar. Gruñó molesto por haberse parado para mitigar el dolor y decidió hacerlo rápido. Lanzó cuatro plumas que atravesaron la noche con un silbido y se clavaron en la ropa del ladrón, incándolo al suelo.
No necesito echar un vistazo atrás para saber que también estaba asegurado antes de ir a por el tercer y último ladrón. Este parecía tener más experiencia. Se movía con agilidad y era el único que llevaba una máscara que cubriera su rostro.
Le costó más atraparlo de lo que le gustaría admitir, cada vez que ponía una mano sobre él, él conseguía soltarse de una forma u otra y cada vez le estaba molestando más. Había intentado volar, donde sabía que tenía mucha más velocidad, pero al hacerlo una pequeña ráfaga de fuego azul era lanzada hasta él y volvía a ponerse sobre sus pies.
- ¿Cansado? - preguntó el ladrón girándose un segundo a mofarse de él.
- No pienso perder - le dijo entre dientes.
Consiguió atraparlo, al instante unas plumas se apoderaron de la chaqueta del ladrón y lo lanzaron contra una pared. El ladrón dejó salir un gruñido al chocar contra la pared, una bola de humo salió de su boca con el golpe.
Se apresuró a acercarse y sacar un par de las esposas que solía llevar encima para ocasiones como esas y se las puso, preocupándose de apretar un poco más que de costumbre. Adoró el gruñido que el ladrón dejó salir.
- ¿Qué pasa, pajarito? - le preguntó aún divertido - ¿No piensas dejarme volar?
Hawks se dio cuenta en ese instante que reconocía la voz. No era capaz de decir a quién pertenecía, pero estaba seguro que la había escuchado antes.
Molesto por no haberlo atrapado antes y por no ser capaz de reconocerlo. Cogió la máscara y se la retiró de un solo tirón. Mierda, conocía esa cara.
- ¿Todoroki? - preguntó confuso.
- En persona, pajarito.
El pelinegro le dedicó una sonrisa que en cualquier otra situación lo habría dejado paralizado aunque en esta situación solo lo molestó más.
- ¿Qué coño haces? - ladró.
Dabi se encogió de hombros como quien no quiere la cosa y señaló la calle con algo de dificultad por las esposas.
- Ya sabes. Pasar el rato con unos amigos, ocuparme de un par de asuntos en el banco.
- Estabas robando - le dijo molesto.
- Ocupándome de unos asuntos en el banco - corrigió Dabi.
Hawks cogió la bolsa que Dabi cargaba y la abrió. No pudo evitar que sus cejas se fruncieran cuando vio el contenido de la bolsa: no eran fajos de billete como esperaba, eran papeles. Cuando fue a alargar la mano para coger uno de los papeles, Dabi reaccionó quemándole la mano.
- ¡Oye! - se quejó.
El brillo pícaro se había desvanecido de sus ojos y Hawks era capaz de ver lo peligroso que realmente era.
- Detenme, pero no mires esos papeles.
- Vale...
Sentía una extraña conexión hacia Dabi así que decidió cerrar la bolsa. Lo llevó a la comisaría más cercana junto a los otros dos ladrones. Conforme lo estaba dejando en la celda de comisaría, el pelinegro le dedicó una sonrisa despampanante.
- Nos vemos en un minuto - le dijo.
Hawks lo miró de refilón, mínimo tres meses le debían caer por ese atraco. Se dirigió al policía más cercano para arreglar parte del papeleo cuando un mensaje hizo vibrar su móvil.
“Sácalo de ahí. Yo haré el papeleo - Endeavor”
Miró el mensaje extrañado cuando llegó el siguiente mensaje.
“Ahora! - Endeavor”
Se dirigió a la celda y con cierto dolor la abrió, sacando al pelinegro de un tirón y rezando porque se le borrara esa sonrisa estúpida que tenía en la cara.
- Ni una palabra - lo amenazó entre dientes.
Cuando salieron de la comisaría, el pelinegro sacó una cajetilla de cigarros y se llevó una a la boca, encendiéndolo con la punta del dedo. Miraba cuidadosamente a Hawks, estudiando su próximo movimiento.
Por su parte, el héroe intentaba descifrar al Todoroki enfrente suya.
- ¿Cuál es tu nombre? - le preguntó después de un par de segundos de silencio.
- Dabi - extendió la mano.
Hawks le dio un apretón, aún inseguro.
- Tú ya sabes quién soy yo.
- El que se rumoreaba que se acuesta con mi viejo - Dabi rió cuando vio el ceño fruncido de Hawks -. Me alegro que no sea así, eres demasiado bueno para él.
Se sentía extrañamente atraído por esa sonrisa pícara y ese mal intento de ligoteo.
- Te llevo con tu padre - dijo zanjando la conversación.
Anduvieron varios minutos (porque Dabi lo amenazó con quemarle las alas como intentara volar con él) hasta llegar a la puerta de la mansión Todoroki. Iba a dejarlo entrar cuando Dabi se paró en la puerta, con la espalda apoyada en la puerta.
- ¿Qué? ¿Esperabas que me iba a reunir con mi padre y te iba a dar las gracias por sacar a su pobre hijo de la cárcel? No seas iluso, héroe - y el tono despectivo caló en su ego más de lo que le gustaría.
- Al menos dime qué había en esos papeles. ¿Qué merece la pena que te lleven a la cárcel?
Dabi lo miró de arriba a abajo, analizándolo. Pareció encontrar algo que le gustaba, porque le respondió.
- Son papeles de las demandas que se han puesto a Endeavor por su mala práctica como héroe y que la Comisión ha estado ocultando durante años. Tantas personas mandadas al hospital porque nadie le paró los pies a tiempo - ladró el pelinegro.
Hawks no tenía claro qué responder. Él era el primero que sabía cómo la Comisión ocultaba trapos sucios e intentaba no mostrar reacción, él mismo era un trapo sucio de la Comisión.
- ¿Qué pensabas hacer con ellos? - preguntó con precaución.
- Sacarlos a la luz. ¿Cómo esperamos una sociedad justa si nuestro sistema de héroe está corrupto?
- Trabaja para mí - dijo sin pensarlo.
- ¿Cómo? - Dabi frunció el ceño confuso.
- Mi compañía está bajo la Comisión, no puedo librarme de ellos de ninguna manera y no dejan de intentar mandarme gente de la propia Comisión. Necesito gente como tú. Gente que no tenga miedo de buscar cada pequeño detalle y sacarlo a la luz. ¿Serías esa persona? ¿Me ayudarías a sacar toda la mierda de la Comisión?
Los ojos de Dabi brillaban con ilusión, una promesa en ellos.
- Seré tu persona.
[...]
Keigo había tenido claro desde el principio que trabajar con Dabi no iba a ser fácil. El pelinegro tenía un carácter fuerte y su trabajo consistía en pasar desapercibido lo que no era su mejor característica.
Lo había presentado como su secretario, el que lo ayudaría a ocuparse del papeleo, lo que no había sido difícil de creer ya que toda la oficina sabía lo mucho que el héroe odiaba el papeleo. Varios de sus internos se habían acercado a él a quejarse, sin embargo, porque no los hubiera escogido para el puesto y Hawks lo desechó con un sonriente “no quiero cansaros con lo aburrido, aún sois jóvenes como para estar encerrados entre papeles” lo que, en retrospectiva, fue algo extraño ya que alguno de sus internos era solo un par de años más jóvenes que él mismo.
Durante el día, Dabi se encargaba de su papeleo de héroe y por la noche comentaban los archivos en los que había estado investigando. Como tenía el pase de Hawks podía acceder a casi cualquier archivo sin ser cuestionado.
También notaron que el tiempo trabajando juntos los estaba acercando más de lo que podrían haber imaginado en un principio. Lo que menos esperaban, es que Dabi sintiera tanto por el héroe.
Claro que tenía prisa por sacar todo lo posible a la luz, quería que el mundo lo viera lo antes posible, pero nunca tuvo tanta prisa como cuando vio esa mirada en Hawks.
Todo empezó por una tonta intervención que tuvieron a mitad del día. Dabi se acercó con unos papeles y una expresión nerviosa al despacho del héroe, apenas preocupándose por cerrar la puerta a su espalda. Dejó todo en el sofá y se acercó a él.
- No te vas a imaginar… - empezó.
Keigo puso una mano en su muñeca, apretando más de lo que debería. Le habló con mucha calma aunque sus ojos lo estaban alertando.
- Ahora no es un buen momento. Esta noche lo hablamos.
Dabi asintió lentamente. Eso solo significaba una cosa: con tanta gente no. ¿Quién había en la agencia que Hawks temía que los escuchara? ¿Acaso tenían espías?
Volvió a su trabajo, ordenando y archivando una documentación del héroe desde su mesa en el despacho de Hawks. No pudo evitar prestar más atención de la acostumbrada a cada persona que se acercaba a hacer preguntas o simplemente a hablar con el héroe. ¿Serían ellos de quien deben esconderse? ¿Esta gente a la que Hawks sonríe son parte del enemigo? Intentó sacarse esos pensamientos de la cabeza aunque le era difícil, un extraño pesar acomodado en su estómago.
A la una y media de la madrugada, los últimos empleados salieron con una despedida al aire. Hawks esperó casi diez minutos más antes de cerrar la puerta de su despacho y dejarlo hablar.
- Si cambiaras estas malditas paredes - señaló las paredes de cristal del despacho - tendríamos más intimidad.
- No puedo. Normas de la Comisión.
Touya lo dejó pasar y se apresuró por ponerle al día con lo que había descubierto.
- Con esto tenemos para encerrarlos veinte años - dijo emocionado.
- No es suficiente - suspiró Hawks cansado.
- No podemos seguir esperando. Tenemos mucha información que los enterraría durante años.
Hawks lo miró de forma sombría, aún sin levantarse del sofá, brazos sobre sus rodillas.
- No es suficiente - repitió -. Esto es solo la punta del iceberg, si salimos con esto sacarán varias noticias para quitarnos de los telediarios y luego nos enterraran ellos a nosotros. Necesitamos algo que los encierre durante mínimo cien años, algo tan grande que no puedan taparlo de ninguna manera. Algo que lleven años intentando esconder de la gente.
Dabi tragó saliva. El héroe no se había movido ni un músculo al hablar aunque sus ojos lo expresaban todo. El rubio tenía un secreto, uno que no podía desvelar, pero que rezaba porque saliera a la luz. Si Dabi solo pudiera descubrirlo y quitarle ese peso de encima. Asintió y terminaron la conversación tras que prometiera que investigaría más.
Esa noche, acostado en su cama, Dabi repitió la conversación en su cabeza y se dio cuenta de algo. “No puedo. Normas de la Comisión” le había dicho al hablar sobre unas paredes. Siempre había pensado que la compañía era parte de la Comisión, pero ¿hasta dónde llegaban sus normas?
[...]
Dabi no volvió a pensar demasiado en ello, demasiado enterrado en documentos para preocuparse por nada más. Tampoco había visto demasiado a Hawks en los tres últimos días, lo máximo había sido una reunión de diez minutos donde habían compartido ideas mientras el héroe devoraba todo lo que se ponía a su alcance, entre su nuevo interno de la UA y una red de tráfico de drogas que el rubio estaba intentando desmantelar, lo había dejado más a su aire.
A la tercera noche, Keigo apareció con bolsas bajo los ojos y una sonrisa cansada. Llegó y se tiró en el sofá aunque le hizo una señal para hacerle saber que lo estaba escuchando.
Dabi es incapaz de recordar qué fue lo que dijo, solo que involucraba a cómo la Comisión quería reclutar a niños. El rubio dejó salir un ruido del fondo de su garganta que solo podía definir como un bramido de pájaro. Al instante, se llevó una mano a la boca y se la tapó, su cara llena de puro pánico.
Se levantó del sofá de un salto y miró a todos lados, cerciorándose que nadie lo hubiera escuchado. Una vez que estuvo seguro, volvió al sofá solo que esa vez se sentó y se llevó las rodillas al pecho, el miedo aún en su expresión.
Touya no se atrevió a preguntar y no parecía que Keigo quisiera hablar. Se quedaron allí en silencio durante un rato hasta que el pelinegro se sentó a su lado y pasó un brazo por sus hombros, acercándolo para poder abrazarlo con más facilidad.
No volvieron a hablar del tema.
[...]
El último empujón que necesitaba ocurrió un par de semanas después.
Hawks lo había invitado a comer fuera junto a su aprendiz, Tokoyami creía recordar, a un sitio de Soba. No pudo evitar pensar en su hermano pequeño, Shouto, y en cómo debía llevarlo ahí algún día.
Estaban pasando un buen rato, comiendo y disfrutando del momento cuando Tokoyami hizo una pequeña broma, lo que era extremadamente raro, y Hawks dejó salir un pequeño trino. Tokoyami pareció entenderlo por la sonrisa que dejó salir.
Dabi solo se pudo fijar en la rigidez que adquirieron los hombros del héroe y el ligero temblor que se apoderó de él. Se notaba que no quería preocupar a su interno, pero a la mínima distracción se giraba a ambos lados en busca de algo o alguien.
Dabi no era capaz de entender qué es lo que buscaba. ¿Prensa? Con un vistazo disimulado pudo decir que estaban a salvo de los reporteros. ¿Fans? Siempre había alguno cerca, aunque ninguno estaba haciéndoles caso en ese momento.
¿Qué estaba buscando entonces?
Dos días después, entendió qué era.
Hawks no apareció por la compañía en todo el día. Touya pensaba que simplemente estaba metido en la red de drogas, por lo que no lo esperaba en la puerta de la compañía cuando estaba saliendo.
- Joder, que susto - se llevó una mano al pecho cuando lo vio.
Entre la oscuridad, lo único que destacaba era la luz reflejada en sus plumas de color sangre bajo la luna. Su traje, pese a estar intacto, tenía un punto extraño y el héroe estaba blanquecino.
- Silencio - siseó, y no se atrevió a replicarle. Aún parecía algo paranoico mientras examinaba la calle.
Pese a que en la última semana el héroe había aceptado encantado todo el contacto físico que le había dado (lo que era raro en él), en ese momento no tenía claro si acercarse a ayudarlo o no tocarlo. El rubio resolvió el dilema por él cuando se tiró encima suya, rodeando su cuello con los brazos. Fue a rodearlo con los brazos cuando un pequeño gemido se escapó del héroe, dejándole saber que se alejara todo lo posible de sus alas. Posó las manos en sus caderas, manteniéndolo en su lugar.
- ¿Quién ha sido? - preguntó, el enfado creciendo por momentos en su interior hasta poseerlo. No se atrevió, sin embargo, a decirlo muy alto. En los dos meses que llevaban trabajando juntos se había vuelto muy protectivo con el héroe. Él estaba protegiendo a todo el mundo, pero nadie lo protegía a él y Dabi había adoptado ese trabajo.
- No te preocupes - su voz daba directamente a su oído, en un susurro reconfortante y entrecortado.
- Hawks, no puedo dejar que esto te pase de nuevo. Dime quién ha sido, lo mataré - y Keigo sabía que era una promesa.
Una risa ahogada salió del fondo del rubio, imposible de contener. Se dobló sobre sí mismo con dolor.
- Ya sabes quién ha sido. No podemos pararlos, aún no.
Dabi lo miró fijamente. ¿La Comisión había hecho eso? ¿A uno de sus mejores héroes? La mirada del rubio se lo confirmaba, lo que planteaba una nueva pregunta.
- ¿Por qué?
- Los mutantes están a un paso de ser animales. Debemos controlar sus instintos. La terapia de control de instintos ayudará a ser el mejor héroe - lo dijo con una voz mecánica propia de alguien que se había aprendido el discurso de memoria.
Habían hecho todo eso porque, de alguna manera, habían escuchado a Hawks cuando estaban comiendo con Tokoyami. Eso respondía a la paranoia del héroe, sabía que estaban vigilando cada uno de sus pasos.
Touya no se atrevió a decir más. La Comisión se había aprovechado de demasiadas personas, había sobrepasado demasiadas líneas.
Tenía que pararlos. Para que la gente descubriera la verdad. Para que Hawks fuera libre.
[...]
Desde su último encuentro, Dabi se había vuelto aún más protector con Hawks.
Llevaba siempre encima un pequeño botiquín con el que limpiaba las heridas del héroe. Se había pasado un par de días investigando sobre mutantes, le habría preguntado a un amigo suyo que tenía experiencia con el tema sobre cómo podía ayudar a Hawks; no era bueno que reprimiera sus instintos aunque tampoco tenía claro hasta dónde llegaban.
- Vamos, pajarito - lo había sacado de su despacho a rastras una vez habían dado las tres de la mañana.
- Tengo mi propio apartamento - se quejó el rubio aunque no dejó de seguirlo.
- ¿Seguro? Porque la mitad de los días duermes en la oficina - Hawks bufó molesto, sabía que tenía razón.
- ¿Y a dónde me llevas?
- A un sitio donde van a cuidarte.
Hawks lo miró extrañado, pero no replicó más. El sitio era una casa de dos pisos aunque pequeña y bastante sucia. Las paredes tenían parte de la pintura caída y todas las ventanas estaban tapadas con
tablones de madera.
- ¿Dabi? - una voz aguda llegó desde dentro nada más entraron a la casa.
El pelinegro no pudo responder antes de que una joven rubia saliera corriendo de una de las habitaciones y saltara sobre Dabi. Quiso preverlo, pero fue demasiado lento antes de que la joven levantara el brazo con un cuchillo en ella. Dabi, sin embargo, no pareció sorprendido porque la abrazó con un brazo y con el otro frenó el cuchillo a punto de apuñalarlo en el hombro.
- Demasiado lenta - le dijo sonriente antes de soltarla.
La joven pareció darse cuenta entonces de la presencia de Keigo porque fue a lanzarse contra él cuando Dabi lo frenó con una mano sobre su hombro, una muda advertencia.
- Eres el pájaro de Dabi - dijo ella curiosa. No era una pregunta aunque lo miraba en busca de una afirmación.
- Toga, eso es muy ofensivo - habló alguien de fondo.
Un ¿lagarto? ¿hombre? salió de la cocina sosteniendo una espátula de la forma más amenazadora posible que se podía, lo que no era mucho. La rubia miró primero al hombre lagarto con un puchero antes de girarse hacia Hawks.
- Spinner tiene razón. No quería indicar que eres como la mascota de Dabi. Me disculpo - la chica se inclinó a modo de disculpa bajo la mirada cómica de Dabi.
- En mi vida ha sido tan educada, que no te engañe - le susurró Dabi al oído.
La chica se retiró tras una mirada de Spinner.
Hawks se sentía extrañamente seguro junto a Dabi, asimilando que era el menor peligro de la casa y había algo en el hombre lagarto que disparaba sus instintos. Estaba abrazado a su brazo con la barbilla apoyada en su hombro. El hombre lagarto los examinaba lentamente antes de acercarse completamente.
- Hawks, bienvenido a la Liga - le dijo con cordialidad.
El héroe apreció que no se acercara demasiado, intuía que sus instintos también le estaban gritando. Intentaba acallar la voz en su cabeza que le pedía despedazar su cola y clavarle las garras en el cuello, no era demasiado humano de su parte.
- ¿La Liga? - preguntó confuso.
- La Liga de Villanos - respondió Dabi con una sonrisa.
Hawks se había movido hasta estar delante del pelinegro, que había rodeado sus hombros con los brazos para mantenerlo en el sitio.
- ¿Me has traído a una casa llena de villanos? - preguntó más confuso que molesto - No tengo ganas de detener a nadie, es tarde.
Dabi pasó una mano por el pelo del rubio de forma cariñosa y Hawks se dejó hacer, su cabeza moviéndose con los movimientos de la mano. Durante un segundo, incluso se permitió cerrar los ojos.
- Vamos, pajarito, te dije que aquí te cuidarían. Spinner es el mejor que conozco.
Hawks aún no tenía claro a qué se refería, aunque siguió al hombre lagarto hasta el sofá y se sentó lo más alejado de él que pudo, pegándose al costado de Dabi que lo rodeó de forma protectora.
- Dabi me ha hablado un poco de - hizo una pausa, incómodo - la terapia de control de instintos. ¿Te molesta si te pregunto en qué consiste?
El pelinegro notó a Hawks encogerse entre sus brazos, evidentemente incómodo. Cogió aire un par de veces antes de hablar.
- La Comisión me ha enseñado desde el principio que los mutantes no son bien recibidos en la sociedad, que estaban a un paso de ser animales por lo que debo alejarme de mis instintos y refugiarme en mi parte humana para ser un buen héroe.
Tanto Spinner como Dabi fruncieron los labios, no se atrevían a decirle lo jodido y equivocado que era ese pensamiento.
- ¿En qué consiste la terapia? - preguntó suavemente aunque notó la tensión en el héroe. Dabi dejó un beso en su sien lo que lo calmó evidentemente - No hace falta…
- Al principio eran como clases, como si me enseñaran a comer con la otra mano. Luego fueron castigos si dejaba salir mis instintos - habló con rapidez mientras miraba al suelo, aunque se quedó callado un segundo - ahora son drogas...
- ¿Drogas? - preguntó Dabi.
- Son unas drogas que han hecho especialmente para mí. Inhiben mi parte animal - parecía buscar las palabras adecuadas. Estaba nervioso, no es algo que hubiera contado nunca -. Una vez se me cayeron la mitad de las plumas tras una terapia porque se equivocaron con la dosis. De normal simplemente hacen que mis partes más visibles se suavicen, las garras y esos. Ya es raro que me den castigos, aunque alguna vez lo han hecho si mi comportamiento ha sido realmente malo.
Dabi se intentaba tranquilizar. Debía ser el apoyo de Hawks, no podía perder los nervios, aunque en ese momento solo quería quemar la Comisión hasta los cimientos y abrazar al héroe durante el resto de su vida. Spinner no parecía estar en mejor lugar: sus afiladas garras se habían apoderado del posamanos del sofá y estaba apuñalando el relleno.
- ¿Se te cayeron las plumas? - preguntó Spinner con la voz estrangulada.
- Sí, aunque solo el par de días que tardaron en crecer.
- ¿Qué droga es la que te dan? ¿Lo sabes?
- Hicieron pruebas con mi sangre y me fueron dando pruebas hasta ver cuál funcionaba mejor.
- ¿Han experimentado contigo? - Dabi lo abrazó, ligeramente asustado por él.
- Solo para hacerme un héroe mejor - una sonrisa tímida en sus labios, intentando que le diesen una aprobación.
- ¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo solo para calmar tus instintos? - Hawks se sonrojó - Lo que sea - lo animó Spinner.
- Me gusta el sushi. El pescado crudo es mejor que el cocinado - paró un segundo -, pero hace un par de semanas que no como.
Dabi lo cogió del cuello para que se girara a mirarlo.
- Vamos a pedir sushi y cenamos, luego puedes dormir aquí. Ya mañana iremos a la compañía.
Era tan tarde y estaba tan cansado que solo asintió, permitiendo cuando el pelinegro lo colocó entre sus piernas y dejando caer la cabeza en su hombro. Estaba tan cómodo. No tardó en quedarse dormido, enterrando ligeramente la cara en la curvatura del cuello del pelinegro mientras este lo abrazaba.
- Tenemos que darnos más prisa - dijo Spinner cuando tuvo claro que el héroe no los estaba escuchando.
Puede que Dabi le hubiera ocultado parte de la verdad a Hawks, pero en su defensa tampoco le había preguntado. Dabi había sido pillado por el héroe robando documentos del banco, lo que este no sabía es que el atraco había sido organizado por la Liga de Villanos: una organización hecha a partir de marginados sociales que querían destapar la corrupción que rodeaba a los héroes y, sobre todo, a la Comisión de héroes. La Liga tenía planes mucho más grandes y peligrosos, unos que Hawks no debía saber, pero sí podían protegerlo de lo que intentaban destruir.
- Voy a quemar la Comisión hasta que solo queden huesos y cenizas - dijo muy serio, su mirada clavada en todo momento en el rubio en sus brazos -. De mientras, pide el sushi.
Spinner pido por teléfono y cuando tuvo todo asegurado, le dirigió una última mirada al pelinegro.
- Cuando todo acabe él será un héroe caído y tú el villano que lo derrote - le recordó aunque, por el ceño fruncido de Dabi, no le gustó la idea.
Dabi lo dejó dormir casi una hora antes de despertarlo con suaves caricias y promesas de comida. Hawks seguía medio dormido entre sus brazos cuando puso el plato con sushi en su regazo.
- Vamos, pajarito, tienes que comer. Te encanta el sushi - cogió un trozo de nigiri con las manos y se lo puso cerca de la boca. Hawks dejó salir un gorgoteo mientras levantaba un poco la cabeza del pecho del pelinegro y abrir la boca con los ojos aún cerrados -. Joder, precioso - dejó salir en un suspiro cuando le metió la comida en la boca.
Se sentía por una parte halagado de que el rubio confiase en él a tal nivel y por otra… por otra parte quería apoderarse de sus labios y no soltarlos, moriría por ellos.
Siguió alimentando a Hawks mientras era observado por Shigaraki y Spinner.
[...]
Era cuestión de tiempo antes de que los rumores empezaran. Tristemente, esta vez tenían fundamentos. Fue todo culpa del sake y de no dormir.
¿Podían culparlo? Hawks llevaba dos días sin dormir, patrullando una zona donde estaba intentando destapar una red de drogas y Dabi lo había recibido con una botella de sake y una sonrisa compadecida.
- ¿Hace cuánto que no comes? - preguntó Dabi mientras sacaba una caja con sushi. Cuando vio que el rubio se quedaba callado, bufó - Joder, pajarito, ya hemos hablado de esto.
Se habían hecho algo parecido a amigos conforme pasaba el tiempo. Eran muchas horas juntos y Dabi se preocupaba por él de una forma cariñosa y extraña.
- Aún no consigo pruebas suficientes para ir a por ellos - fue su excusa mientras se dejaba caer en el sofá de su despacho.
Eran pasadas las tres de la mañana, pero Dabi se negaba a dejarlo ir sin haberlo puesto al día de sus investigaciones y de haberse asegurado que estaba comiendo lo suficiente.
Le puso la comida enfrente y le lanzó una mirada de advertencia con la que no se atrevió a replicar. Cogió el sushi y empezó a comérselo. Una de las cosas que más apreciaba sobre Dabi es cómo había estudiado cosas sobre los animales después de pillarlo una noche comiendo huevos crudos como snack de noche. No lo había juzgado ni una vez y eso no es algo que pudiera decir de todo el mundo.
Se comió el sushi en un minuto, mucho más hambriento de lo que pensaba. Dabi le sirvió una copa y se la dejó cerca, por si quería cogerla. Dabi parecía no saber la facilidad que tenía para emborracharse y él no pensaba contárselo, conociéndolo lo dejaría beber solo para sacarle detalles vergonzosos de su vida.
Discutieron sobre unos papeles del top 10 que la Comisión llevaba meses ocultando. Dabi estaba intentando encontrar una vía legal por la que librar la compañía de Hawks de la Comisión, aunque estaba costando más de lo que pensaban.
- ¿Vas borracho? - preguntó cuando el rubio estaba terminando su segunda copa.
Keigo notaba sus mejillas calientes, lo más probable es que estuvieran tan rojas como las sentía, se sentía más ligero que de costumbre y notaba su filtro evaporarse por momento.
- No voy borracho - se quejó frunciendo el ceño, aunque era obvio que estaba mintiendo.
- Así que es verdad. Tu cuerpo triplica el alcohol.
Hawks dejó salir un jadeo ahogado de traición mientras se llevaba la mano al pecho.
- ¿Lo sabías y me has dejado beber?
- Lo sospechaba y quería ver si era verdad.
- Dabi, has traicionado nuestra amistad - dijo con falsa seriedad.
Una vez que el héroe se había desprendido de la idea de que siempre tenía que ser perfecto frente a Dabi, todo había fluido más. El cambio de actitud había ayudado al ligero ligoteo que llevaban teniendo desde hacía tiempo, había algo en Touya que lo llamaba a gritos.
- Vamos, pajarito, tengo que saber tus trapos sucios - estaba sentado a su lado en el sofá y de pronto se dio cuenta la poca distancia que los separaba.
- Ya sabes mis mierdas.
- Tiene que haber más - y se acercó más a él.
Keigo contuvo la respiración. No sabía cuántas ganas tenía de besarlo hasta que lo tuvo tan cerca que solo podía fijarse en sus labios.
- Estás en un terreno peligroso - le advirtió.
- Ya sabes que me encanta el peligro - lo retó con una sonrisa.
Y no lo pensó. Se lanzó a besarlo.
Los labios de Dabi eran inigualables: mientras el superior era suave, el inferior tenía un punto seco como recordatorio de la piel quemada que cubría la mitad de su cuerpo. Besaba justo como se lo había imaginado, con determinación y dominancia. Lo cogió del cuello para acercarlo más y poder besarlo con más facilidad.
Hawks se derretía bajo su toque. A cada segundo que pasaba se sentía más cómodo por lo que no dudó en subirse a su regazo cuando el pelinegro lo instó a moverse.
Todo tuvo que joderse cuando escucharon un pequeño “click” por el que ambos se giraron a la vez.
Una interna estaba tras las paredes de cristal del despacho con su móvil en alto y cara de pánico. Cuando Dabi corrió a por ella, la muchacha ya había desaparecido.
- Mañana me ocuparé de ella - dijo el rubio con la cabeza apoyada en el sofá. Estaba cansado y el alcohol se movía por su sistema, no era capaz de pensar en otra solución en ese momento.
Dabi estampó el puño contra la puerta, creando una mancha negra por el pequeño fuego que había salido. El rubio no se molestó en levantar la vista, sabía que sus enfados eran intensos aunque cortos.
- ¿Por qué no estás alterado? - le preguntó irritado - ¿Por qué no te molesta que nos haya grabado?
Hawks palmeó el sitio a su lado después de enviar un mensaje rápido.
- Ahora mismo no puedo hacer nada, los publicistas se están ocupando de ello. Ven y disfruta de la noche conmigo.
Dabi dejaba salir llamas azules de los ojos que se calmaron cuando se posaron sobre el rubio. Se acercó a él, sentándose a su lado y cogiéndolo como si no pesara nada hasta colocarlo en su regazo. Se quedaron varios segundos en silencio,
- ¿Qué vamos a hacer, pajarito? - preguntó con un suspiro.
- Me da igual, yo solo quiero estar contigo - Dabi dejó salir una risa ahogada y grave, que hizo que su pecho vibrara -. ¡Oye! ¡No te rías de mí!
Dabi dejó un beso en su frente con cariño.
- Está hablando el alcohol por ti - dejó otro beso en su mejilla. Hawks asintió, aún un poco ido, su respiración se cortó un segundo cuando la mano de Dabi se apoderó de su cuello -. Mira cómo el pajarito deja de piar.
Hawks tenía los ojos cristalizados y clavados en Dabi, su boca extrañamente seca. Se pasó la lengua por los labios, la mirada del pelinegro clavada en él. La atmósfera se había espesado y parecía que los estaba atrayendo más y más.
- ¿Podemos pretender que el mundo no se nos está cayendo encima? ¿Solo por esta noche? - pidió el rubio contra los labios contrarios.
Dabi asintió, acariciándole la mejilla para tranquilizarlo y lo guió por el cuello hasta juntar sus labios.
Esta vez el beso fue dulce y delicado. El pelinegro pasaba las manos por su pelo, disfrutando de la suavidad de las hebras doradas entre sus dedos. Dabi sentía que estaba en un sueño, nunca tenía suficiente del héroe y lo único que quería era abrazarlo y no soltarlo jamás.
Hawks tenía las manos en los hombros del pelinegro como si necesitase del agarre, casi no podía creerse lo que estaba pasando.
Dabi se separó después de unos minutos aunque sin terminar de separarse, juntando sus frentes para poder seguir disfrutando de su cercanía.
- Necesito que me prometas que esas imágenes no saldrán a la luz, Hawks - lo miró a los ojos con firmeza aunque el fondo de dulzura nunca se fue.
Hawks asintió, borracho del beso y de los restos de alcohol en su sistema. En ese momento, Dabi podía pedirle cualquier cosa y la haría; ese pensamiento lo asustó.
- No saldrán, te lo prometo.
Dabi sintió la culpa plantarse en su estómago. Sabía que se estaba aprovechando un poco del estado del héroe, que en cualquier otra situación le haría más preguntas al respecto. No podía dejar cabos sueltos, no ahora, pero tampoco podía desvelarlo todo.
Se centró en los ojos dorados del precioso hombre enfrente suya, bebiendo de ellos. Iba a disfrutarlo todo lo que durase.
Durmieron abrazados en el sofá, aunque no despertaron juntos. Para cuando los rayos de sol hicieron que Dabi abriera los ojos, el héroe hacía tiempo que se había ido. Se desperezó, fue al baño particular del héroe para lavarse la cara y terminar de despertarse. Se sentía un poco raro al estar solo, debían ser las cinco de la mañana por lo que Hawks no empezaba su patrulla hasta dentro de dos horas entonces ¿dónde demonios estaba?
¿Y si se había arrepentido de lo que ocurrió la noche anterior? Nunca se había sentido así de inseguro por lo que otra persona estuviera pensando.
Negó con la cabeza intentando deshacerse de esos pensamientos. Tenía demasiado trabajo que hacer para preocuparse por cosas que aún no habían ocurrido. Cuando Hawks llegase, ya ahí dejaría su pánico desatarse.
Sin embargo, Hawks no llegó. Al menos no hasta que el sol se había ido lo que era extraño porque había una reunión puesta en su agenda desde hacía semanas. Algo le dijo que debía esperar al héroe y sus instintos no solían fallar por lo que decidió dormir otra noche en la oficina, una fea costumbre que estaba cogiendo.
Cuando las luces de la compañía se apagaron y apenas quedaba gente, Dabi abrió el sofá. Le daba casi vergüenza admitirlo pero tras varias semanas donde habían estado prácticamente encerrados en la oficina tras la montaña de trabajo Hawks había reemplazado el pequeño e incómodo sofá de la oficina por un sofá cama grande y mullido, Dabi lo miró impresionado cuando lo trajeron, el rubio solo le dedicó una sonrisa y un “para que no te quejes de tu cuello”. Era un pequeño detalle que había hecho aletear su corazón más de la cuenta.
Llevaba cerca de media hora dando dando vueltas en el sofá cama cuando escuchó la ventana abrirse. Dabi pensó en hacerse el dormido, pero algo en su interior le hizo incorporarse de golpe y encender la luz de la oficina.
- Me estás evitando - dijo mirándolo a los ojos.
El héroe estaba sorprendido, como si lo hubieran pillado con las manos en la masa, sus ojos mostraban la sorpresa antes de calmarse y adoptar la pose que el pelinegro ya identificaba como falsa confianza.
- Y tú te has dado cuenta - dijo con un toque humorístico.
Dabi se sentó en el sofá cama, piernas plegadas y pegadas contra su pecho, estaba sintiendo una inseguridad que no había sentido en años.
- ¿Vamos a hablar del tema? Podemos no hacerlo - dijo al instante.
Hawks saltó de un pie a otro incómodo, evitando su mirada todo lo posible.
- Me he asustado, solo eso. Yo - suspiró y esta vez sí miró al pelinegro - me gustas tanto. Me asusté con lo de la foto porque de pronto no podía parar de pensar que no quieres que salgan porque te avergüenzas de mí o algo. Sé que lo más probable es que… - su discurso nervioso se vio interrumpido por los labios de Dabi.
El rubio se derritió bajo su tacto. Las manos de Dabi se habían posado a ambos lados de su cara, sosteniéndola con cariño. Tardó varios segundos en separarse e incluso cuando lo hizo apenas fueron unos centímetros.
- ¿Avergonzarme? Eres lo mejor que me ha pasado jamás y aún no me creo que te guste - terminó con una risa ahogada -. Te prometo que no tiene nada que ver contigo, tienes que fiarte de mí - le suplicó.
Hawks había empezado a notar que ciertas cosas que no encajaban en Dabi, pero no se lo había cuestionado hasta ese momento. Sin embargo, se dejó ir mientras plantaba las manos en los hombros del pelinegro y disfrutaba del beso.
[...]
Dabi había observado cómo Hawks había sido capaz de devorar los trozos de sushi sin necesidad de masticar, lo que le hizo plantearse varias cuestiones. Como siempre que algo así ocurría, acudió a Spinner.
- ¿Se puede saber qué haces? - preguntó el hombre lagarto.
La escena era, como poco, inusual. Dabi estaba sentado en el salón de la casa de la Liga, un portátil en la mesa enfrente suya mientras el pelinegro estaba inclinado, mirando la pantalla fijamente. En la pantalla se veían varias páginas web sobre el trato de pájaros y sobre los mutantes.
- Hawks no masticó el sushi - dijo sin apartar la mirada de la pantalla como si resolviera todas las dudas.
Spinner trató de entender a lo que se refería cuando una frase de una página de Wikipedia abierta le dio la respuesta “Las aves no tienen dientes, así que tragan su alimento entero”. Dabi estaba viendo cómo ayudar al héroe con el control de sus instintos.
- ¿Qué planeas hacer con esa información? - preguntó sentándose en el sofá, el pelinegro quedando a su espalda.
- Quiero ayudarlo, aunque sea así - su acostumbrada indiferencia tenía un fondo de preocupación.
Spinner decidió ayudarlo tras darse un golpe mental. Cualquier relación con Dabi era bastante difícil, el pelinegro no era alguien especialmente comunicativo, ni amable, ni dispuesto a abrirse, ni… sí, era difícil ser amigo de Dabi.
- Si no traga alimentos lo más probable es que sus costumbres alimenticias sean parecidas a las de un ave cazadora, su estómago también será parecido - dejó caer como si no fuera nada.
Al instante escuchó una serie de tecleos intensivos en el ordenador. Dos minutos después, un silencio casi incómodo se posó en el salón lo que hizo que el hombre lagarto se girara intrigado.
- ¿Los pájaros tienen época de apareamiento? - preguntó entre sorprendido y asustado - ¿Hawks tiene de eso? - se giró a mirar a Spinner - ¿Tú tienes de eso?
Spinner sabía que, pese a no poder verse, estaba sonrojado. Era una pregunta incómoda y que no quería responder.
- Sigue investigando y deja de hacer esas preguntas - dijo muy seco mientras subía el volumen a la televisión hasta que el ruido tapase la voz de Dabi.
Cerca de una hora después, Dabi tenía una idea de cómo podía ayudar a Hawks. Ahora solo quedaba ponerlo a prueba.
La siguiente vez que arrastró al rubio a la Liga, procuró que fuera cuando este estaba hambriento. Sabía que Keigo no comía lo suficiente, se le olvidaba la mayoría de las veces aunque era un hecho que había ido disminuyendo desde que Dabi había empezado a seguirlo con platos de comida, amenazándolo de colgarse de sus alas si no comía.
Había estado mencionando la comida durante la última media hora y, a diferencia del resto de días, no le puso un plato de arroz en la cara.
- ¿No podemos quedarnos en la oficina? - preguntó por décima vez mientras andaba pateando el suelo.
- Habríamos llegado ya si hubiéramos cogido el coche - lo regañó.
- ¡No soporto los coches! Mis alas no caben y todo el mundo va tan lento - suspiró de forma exagerada.
- Entonces calla y anda.
Tardaron diez minutos más en llegar. Pese a haber sobrepasado la media noche, la casa estaba llena de vida. En la puerta de la casa había un coche demasiado bueno para esa zona. Cuando Dabi sonrió al verlo, frunció el ceño. Al entrar, parecía haber más gente que de costumbre.
- Si lo haces así vas a quemarte - escuchó a Toga gritar.
- Es la única forma que sé de hacerlo - una voz estresada dijo.
En la cocina junto a Toga quien se encontraba era un hombre con una máscara que le cubría toda la cara. Ambos los saludaron al entrar aunque ocupados en lo que estuvieran cocinando que olía demasiado ocupado para que fuera comestible. Se relajó cuando Dabi le afirmó que había más comida.
En cuestión de cinco minutos, la mesa estaba puesta y toda la Liga estaba reunida alrededor. La conversación era reinada por Twice (al que reconoció como el que había estado cocinando con Toga), que tras presentarse se disculpó por sus futuros comentarios, y por Mr Compress que pese a solo hacer comentarios a cada rato, conseguía la atención de toda la mesa.
Hawks tenía tanto sueño y tanta hambre que aceptó sin pensarlo demasiado un trozo de carne cruda, tragándoselo de una vez. Se quedó estático durante un segundo, rezando porque nadie lo hubiera visto. Dabi se inclinó hasta poder hablarle al oído sin que el resto lo escuchara.
- ¿Crees que eso es lo más raro que se está comiendo en esta mesa? Fíjate, pajarito.
Dabi tenía razón, cuando se fijó más se dio cuenta que el zumo que creía haber visto en el vaso de Toga era demasiado espeso y oscuro, solo le faltó una segunda mirada para asegurarse que era sangre. Intentó que no se le viera la sorpresa en la cara cuando la joven se llevó el vaso a los labios bajo la mirada de Twice y Mr Compress y bebió; nadie dijo nada.
De la misma manera, el plato de Spinner no tenía ternera como el del resto, lo que tenía eran pequeños insectos a la plancha que se los comía como si fuera la cosa más natural del mundo. Y por cómo el resto reaccionaba, podría serlo.
Hawks consiguió relajarse aunque había un pequeño zumbido en la parte trasera de su cabeza que no paraba de decirle que debía estar atento, que le faltaba algo.
No sería hasta el día siguiente que se dio cuenta de que ya se sabía esos nombres, estaban en los archivos de su despacho marcados como prioridad de detención.
[...]
Dabi sabía que pasaría antes o temprano, solo que no esperaba que fuera tan temprano. Fue un simple cambio en la actitud del rubio, la forma en que se giraba a mirarlo más que de costumbre mientras su mirada era más fría. Lo más claro fue cuando, mientras el héroe estaba sentado en su despacho mirando papeles, fue a poner una mano en su hombro y este se apartó como si tuviera la peste.
Se debatió durante un segundo entre dejarlo pasar o hacer un chiste al respecto para quitarle importancia. Hawks se adelantó.
- ¿No pensabas decirme nada? - preguntó sin mirarlo, sus puños apretados sobre la mesa.
Hacerse el tonto no iba a servir, la frialdad en la voz de Hawks se lo estaba dejando claro. Así que optó por decir la verdad.
- ¿Sobre qué, Hawks?
El rubio se giró a mirarlo, sus ojos en llamas.
- ¿Tanto me ocultas que ni siquiera sabes de lo que te estoy hablando? - su voz se quebró ligeramente.
Dabi suspiró y se sentó en el sofá del despacho.
- Ahora no es un buen momento. Esta noche hablamos - dijo replicando sus palabras de unos de sus primeros encuentros.
Hawks asintió tenso aunque lo entendió.
Cinco horas tuvieron que pasar antes de que tuvieran la oportunidad de hablar, aunque no fue en la oficina. Dabi lo sacó a un puesto de comida callejero, donde compraron comida para alimentar a un pueblo pequeño, y se asentaron en un callejón donde no iban a ser vistos. Cuando se sentaron, Dabi le hizo un gesto para mostrarle que podía empezar a hablar. Fue cuestión de segundos antes de que Hawks estallara.
- ¿Qué es la Liga?
- La Liga de Villanos es lo que su propio nombre indica - dijo mientras se llevaba un huevo duro a la boca y le daba un bocado.
- ¿Qué planeáis? ¿Queréis destruir a los héroes?
Esta vez, Dabi lo miró con el ceño fruncido.
- Ya hemos tenido esta conversación, ¿o no te acuerdas? - el héroe lo miró confuso - El día que me detuviste te dije que sacaría los papeles a la luz porque no podemos esperar que nuestra sociedad funcione cuando todo lo que rodea a los héroes es corrupto.
- No dijiste que fueras parte de una liga que quiere destronar a todos los héroes conocidos. Joder, Dabi, tengo una orden de disparar contra ti si te tengo a alcance - gruñó entre dientes y se llevó las manos a la cabeza, tirándose del pelo.
No era del todo correcto aunque tampoco incorrecto. Es verdad que había un archivo con orden de disparar al villano que había quemado fábricas y comisarías, solo que eran anónimos. Claro está, Hawks no era tonto y una vez que había unido Dabi a la Liga había sabido que era todo cosa del pelinegro. Y si él lo había adivinado, también podrían hacerlo otros.
- ¿Por qué demonios creías que llevo tres meses buscando papeles que incriminen a los mayores héroes de Japón por pasar el rato? ¿Tan inocente eres? - Hawks no pudo evitar sonrojarse ante el duro tono del pelinegro.
- Dabi - dijo muy lento -, si alguien te reconoce, estás muerto.
Dabi dejó salir una risa ahogada, una mofa.
- Estoy indefenso - abrió los brazos en una invitación -, prometo no hacer nada si me atacas. Di que temías por tu vida y mátame.
Hawks le lanzó una mirada asesina.
- Sabes que no puedo hacerlo - se quejó entre dientes.
- ¿Por qué? ¿No quieres ser el héroe que mató al villano? - se fue acercando a él hasta que el rubio tuvo que levantar la cabeza para que sus miradas coincidieran.
- Porque he sido el héroe idiota que se ha enamorado del villano.
Dabi suspiró, cerrando las manos en puños. Sentía una rabia inexplicable. Solo había dos opciones.
- Únete a nosotros. Déjame demostrarte que somos más de lo que piensas, que no somos un grupo de villanos cualquiera y que realmente queremos una sociedad justa.
- ¿Y si no me convences?
- Entonces tendrás que detenerme y te advierto que no te lo pondré fácil - un retazo de sonrisa abriéndose paso entre sus labios.
[...]
Tres días después se produjo el encuentro. La verdad que no estaba claro cuál de los dos estaba más nervioso: si Hawks por meterse en la boca del lobo o la Liga por convencer al héroe de sus ideales.
Lo peor de todo era su situación con Dabi. La atmósfera entre ellos se tensaba cada vez que estaban cerca, sobre todo cuando estaban solos, pero ninguno se había atrevido a volver a acercarse. Ambos sabían que si las cosas no salían bien, Hawks tendría que perseguir a la Liga y cuanto más se acercasen, más difícil sería separarse. No podían confiar en el otro para calmar los nervios y eso solo estaba poniendo a Hawks más nervioso aún.
Dabi había estado cerca de una hora dándole órdenes y consejos sobre cómo tratar a la Liga.
Cuando cruzó la puerta de la casa, sentado junto al pequeño bar que hacía de separación entre el salón y la cocina estaba al que reconoció como el líder de la Liga, Shigaraki. Dabi le había advertido que evitase el contacto físico a toda costa (aunque no se lo había dicho, intuía que eso tenía bastante que ver con su quirk) aunque no le costó mantener la distancia porque el líder, pese a parecer muy jóven, tenía un aura oscura rodeándolo que era apoyada por las ojeras, la piel ceniza y el aspecto sucio.
A su lado, una figura de humo morado y negro con traje limpiaba vasos con paciencia. Ya estaba advertido que era el segundo al mano, Kurogiri.
Hawks se sentó en la mesa del salón, a un par de metros de seguridad de los villanos. Dabi se sentó a su vera, intentando que se sintiera reconfortado. El rubio asintió para hacerles saber que los estaba escuchando. Kurogiri empezó.
- No queremos matar a los héroes como puedes pensar - Shigaraki gruñó ante esto, pero siguió callado -. Pensamos lo mismo que tú: la sociedad de héroes está corrupta y la cuna de esa corrupción es la Comisión. Tenemos que destronar la Comisión y así poder empezar desde cero, hacerlo bien.
- Y llevarnos a algunos héroes por el camino - susurró Shigaraki con una sonrisa macabra que Dabi imitó.
Kurogiri le lanzó una reprobatoria, o eso pensaba ya que era difícil descifrar sus expresiones tras ese humo.
- Algunos participantes de la Liga tienen ciertas - hizo una pausa - cuentas pendientes con ciertos héroes, pero eso no quita que nuestras metas sean nobles.
- Las víctimas por el camino no son nobles - dijo Hawks muy serio.
Dabi sintió un escalofrío bajando por su espalda. Al pelinegro a veces se olvidaba de que Hawks era un héroe, de que estaba acostumbrado a lidiar con villanos y, si a lo mejor no podría destruirlos a los tres en ese momento, los dejaría bien heridos y moriría intentándolo.
Kurogiri, voz cauta de la Liga y principal representante de cara al público, estaba controlando la situación.
- Somos conscientes de que ha habido víctimas por el camino y, pese a que hemos hecho lo posible, tú más que nadie debes ser consciente de que a veces son inevitables - Dabi no podía apartar la mirada de Hawks.
Su postura era rígida y sus movimientos calculados. El héroe número dos estaba saliendo a la luz. Hubo un silencio incómodo de un par de minutos antes de que el rubio se inclinara sobre la mesa.
- Necesito que se establezcan unas normas. Si veo que no se respetan, estaréis entre rejas en cuestión de horas. ¿Entendido? - dijo con dureza.
Todas las miradas se posaron en Shigaraki, que solo hizo un chasquido con la lengua como afirmación. Dabi no puedo evitar abalanzarse sobre el rubio y abrazarlo (no era tan idiota como para besarlo delante de su jefe).
Les quedaban muchas dificultades, pero iban a poder afrontarlas juntos.
Esa noche, Dabi y Hawks se quedaron dormidos abrazados (después de hacer el amor, claro está).
