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Cuando Atsumu abrió los ojos no reconoció el techo. Parpadeó un par de veces y se llevó la mano a los ojos, algo le pareció extraño; como fuera de lugar.
Se sentó en la cama y se quedó mirando un punto fijo. Al aclarar sus pensamientos se dio cuenta que esa no era su habitación. Claro que conocía el lugar, pero no recordaba haberse quedado dormido en la habitación de su hermano.
Se levantó y caminó confundido hacia el baño. El grito que soltó debió haber despertado a todos los vecinos.
El reflejo que le devolvía la mirada no era el suyo. Era casi idéntico, pero no era él. Primero gritó, luego dio varias vueltas sin saber qué hacer; decidió entonces llamar a su hermano. No encontraba el número de Osamu en su teléfono y no recordaba tener ese fondo de pantalla. Se aterró cuando encontró su propio número con el nombre de "El gemelo feo" y presionó el botón de llamar.
Alguien contestó al tercer tono—: ¿Hola? ¿Tsumu?
Atsumu se congeló al escuchar su propia voz en la otra línea—. ¿Sa… Samu?
Se hizo el silencio, luego Osamu habló—: ¿Sabes lo que está pasando?
Negó y luego se dio cuenta que su hermano no podía verlo y se sintió tonto—. ¿Por qué estoy en tu casa, tengo tus cosas y tu cuerpo?
— No tengo idea—. Dijo y luego agregó—: ¿Qué hacemos?
Atsumu no tenía la menor idea—. No lo sé, tengo entrenamiento hoy.
— Y yo debo abrir el restaurante ¿te acabas de despertar? ¡Eres un flojo!
— ¡El entrenamiento era a las diez, Samu! No es mi culpa no estar en mi cuerpo.
Su hermano suspiró en la línea—. Mira, no puedo perder el día y tú no puedes perder el entrenamiento. Por ahora, y sé que me voy a arrepentir de esto, vayamos a hacer nuestras cosas mientras averiguamos qué pasó y cómo revertirlo.
Atsumu estuvo de acuerdo, se despidió y colgó.
***
Osamu despertó con el desastre que era la habitación de Atsumu. Le dijo a Atsumu que iría a su entrenamiento, pero la verdad era que estaba fuera de forma. Era prácticamente imposible que no se dieran cuenta que no era uno de los mejores colocadores de la V League.
Aún así, hizo su mejor esfuerzo para parecerse a su hermano: empezando por imitar lo mejor que pudo su peinado. Salió del departamento con su mejor sonrisa, la que sabía imitar a la perfección.
Entró al gimnasio y todos lo saludaron, apenas y pudo lidiar con la energía de Bokuto y Hinata. Los demás miembros eran más fáciles de tratar. Sakusa lo miró con una ceja levantada, pero no le dijo nada.
Y el momento difícil llegó: el entrenamiento. Convenció al capitán de que debía practicar los remates primero y eso le dio algo de tiempo, a la hora de las colocaciones se haría el enfermo o algo.
En el tiempo de hidratación estaba sentado en el piso bebiendo agua y haciendo los estiramientos cuando Sakusa se le sentó al lado y se llevó una botella de agua a los labios, pero antes de beberla dijo—: ¿Me vas a decir qué fue lo que pasó o voy a tener que llamar a Onigiri Miya y preguntarle a él?
Osamu escupió el agua—. No sé de qué me hablas—. Intentó escabullirse.
Sakusa se tomó su tiempo bebiendo el agua, Osamu observó su nuez de Adán moverse mientras lo hacía—. Eres Osamu ¿no?
Mierda.
No tenía caso negarlo, asintió levemente mirando a ambos lados por si alguien los había oído.
— ¿Cómo pasó?
— Si supiera no estaría aquí.
Sakusa parpadeó—. Ustedes son demasiado distintos.
Osamu no podía discutir eso—. Solo espero que podamos volver a nuestros cuerpos.
— Yo también lo espero. Quiero a Atsumu de regreso.
Osamu lo miró y preguntó—: ¿Ustedes son cercanos?
Sakusa le dio una mirada que lo hizo sentir como un imbécil—: Tengo algo que decirle. Luego de eso, veremos.
— Oh.
Osamu abrió la boca por la sorpresa. Y luego recordó algo peor que lo hizo palidecer y Sakusa lo miró preocupado.
Había algo que no le había dicho a Atsumu. Dios, y justamente ese día…
***
Atsumu no sabía cocinar. ¿Cómo iba a preparar los onigiris entonces? Osamu no estaba contestando sus mensajes y los clientes comenzaban a llegar al local, estaba al borde de un silencioso ataque de pánico.
No debería haber problema siempre y cuando nadie conocido llegara. O eso se dijo a sí mismo para tranquilizarse.
Los primeros onigiris del día le quedaron deformes y los clientes los miraban con confusión; él le echó la culpa al arroz. Podía sentir la mirada iracunda de Kita cuando se enterara de que culpó a su arroz…, que Osamu lidiara con él.
Su teléfono (el de Osamu) se quedó sin batería y estaba demasiado ocupado en la cocina para ponerlo a cargar. No hizo el desastre que pensó que haría, la cocina seguía de pie y no había necesitado llamar a los bomberos.
Cuando el día terminó y estaba a punto de cerrar, creyó que había cumplido con éxito su misión. Lamentablemente nunca le salían las cosas como quería.
Cuando estaba limpiando el mostrador y apagando las luces apareció Suna con el uniforme de los EJP Raijin y su maleta deportiva. Atsumu suspiró e intentó saludarlo como solía hacer su hermano.
— Estamos cerrando—. Dijo, mientras se ajustaba la gorra.
Suna abrió la pequeña puertecilla que separaba el mostrador de la barra de refrescos—. Lo sé. Esperaré a que termines.
Atsumu no le prestó atención y siguió con lo suyo deseando que Suna se aburriera y se fuera. Pero no lo hizo. Cuando abrió la puerta del depósito con una libreta para inventariar (fingía que lo hacía, porque realmente no sabía qué debía contar), Suna lo siguió allí sin decir nada.
Atsumu encendió la bombilla del depósito y Suna cerró la puerta detrás suyo.
— ¿Necesitas algo o...— Suna no lo dejó terminar.
Le dio una mirada depredadora y se acercó con pasos lentos hacia él, lo tomó por el cuello de la camisa y lo besó. Atsumu se congeló.
No pudo protestar. Cuando intentó hacerlo, Suna aprovechó para introducir su lengua y… Oh, Dios. Dejó de pensar. Suna lo empujó contra la pared y Atsumu se sintió pequeño. Pegó su cuerpo al suyo y profundizó el beso. ¿Qué significaba esto? ¿Por qué él… acaso Suna… con su hermano?
Santísima mierda. ¡Suna con su hermano!
Lo peor de todo es que era un magnífico besador. Atsumu ya estaba mareado; mareado y sorprendido.
Cuando se separaron no le dio tiempo ni de respirar apropiadamente porque Suna lo besó de nuevo, mucho más intenso que el anterior. Deslizó su mano por debajo del uniforme de Atsumu y él ahogó un jadeo de sorpresa.
Tenía que detener esta situación. Suna trasladó sus besos de la boca hasta su cuello y su otra mano viajó directamente a su entrepierna. Atsumu lanzó un chillido y Suna hizo un sonido parecido a una risa mientras besaba su cuello. Acarició su pantalón para luego meter la mano dentro de su ropa interior.
Atsumu tenía que para esto, pero Suna no lo estaba ayudando.
— Estás tímido hoy, que lindo—. Murmuró Suna con los ojos muy brillantes y una sonrisa arrogante. Atsumu nunca lo había visto así.
Su mente voló tan lejos que no se dio cuenta del tirón de sus pantalones ni cuando Suna se arrodilló frente suyo. Cuando Atsumu bajó la mirada y se encontró con la suya y supo lo que iba a hacer, abrió la boca y gritó—. ¡No! ¡Sunarin, detente!
Y como por arte de magia, los ojos de Suna se transformaron. Retrocedió varios pasos con una expresión aterrorizada.
Oh, no.
— Tú no eres Osamu—. Afirmó y Atsumu entró en pánico—. Nadie me llama así, solo…
— Sunarin, te juro que…
— ¡Atsumu! — gritó Suna—. ¡Te voy a matar!
Atsumu estaba presenciando una escena de serie de televisión, sólo que él estaba formando parte de ella.
Suna salió prácticamente corriendo del depósito, con Atsumu detrás de él. Estaba atravesando la puerta del local de Onigiri Miya cuando Atsumu le gritó—: ¡Juro que tengo una explicación!— No, no la tenía.
Suna se giró con la cara roja por la ira o la vergüenza, quién sabía—. Esto, Atsumu— le apuntó con el dedo—, no te lo voy a perdonar.
— ¡Pero escúchame! Yo intenté detenerte—. En realidad era medio mentira—. Pero tú no dejabas de moverte.
Cuando Suna se puso aún más rojo y abrió la boca con indignación, Atsumu supo que no estaba mejorando las cosas en lo más mínimo—. Atsumu— siseó—, ni una palabra de esto ¿oíste? Tú, maldito degenerado.
— Tú no preguntaste, solo actuaste.
— Y tú encantado, sepa Dios hasta dónde hubiera llegado—. Al darse cuenta de ese hecho se indignó más—. ¡Qué vergüenza!
Atsumu se mordió la lengua para no soltar otra idiotez que empeorara las cosas, decidió cambiar de tema—. Así que… mi hermano y tú ¿eh?
Suna lo miró un rato en silencio y luego suspiró—. Creí que te lo había dicho.
— Ese bastardo no me ha dicho nada.
Suna asintió y salió del local, no sin antes girarse y decir—: Ni una palabra, Atsumu, o le echaré tinte rosa a tu champú en la próxima concentración de la selección.
Y ahora ¿cómo se lo iba a explicar a Osamu?
***
Olvidó decírselo a Atsumu y el muy tonto no le contestó los mensajes ni le devolvió las llamadas, para esa hora Suna ya debió haber aparecido en el local. Osamu rogó que no haya pasado nada fuera de lugar mientras se iba a dormir.
A la mañana siguiente despertó en una habitación que sí estaba ordenada. Se levantó y corrió al baño para comprobar que había vuelto a su cuerpo y suspiró aliviado. Se dio un baño y se arregló para iniciar el día.
Una llamada entrante con la cara de su hermano apareció y contestó—: Tsumu, ¿estás bien? Parece que el incidente ya pasó. Intenté pasar el día lo mejor que pude y casi nadie se dio cuenta.
Su hermano estaba extrañamente callado en la otra línea—. ¿Tsumu?
— Samu, creo que tú y yo tenemos que hablar. ¿A qué hora puedes hoy?
Osamu apartó el teléfono de su oído y le dio una mirada confundida, luego la llevó nuevamente a su oído—. ¿De qué cosa quieres hablar?
— Estoy seguro de que lo sabes muy bien.
Un escalofrío le atravesó la columna. Debía ser eso. No podía ser otra cosa. Y cómo se sintió acorralado y atacado, usó su arma secreta:
— Pues creo que deberías hablar con Sakusa-kun primero.
Atsumu soltó un largo ¿huh? Y luego agregó—: ¿Por qué? ¿Qué le hiciste?
— Ahí te la voy a dejar.
El sonido frustrado de su hermano le hizo sentir más seguro.
Si él iba a tener que hablar sobre lo de Suna, Atsumu tendría que contarle sobre Sakusa. Ambos estarían incómodos: equitativo, como siempre.
Ahora no podía esperar para reunirse, así que quedaron esa misma tarde en su local.
Tenían muchas cosas que explicarse el uno al otro.
