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Misión: cumpleaños

Summary:

Osamu y Suna están hartos de ver a Atsumu suspirar por Kiyoomi.
Cuando Atsumu es incapaz de entregar un simple regalo de cumpleaños, se deciden por fin a intervenir.

Día 1: Kiyoomi's birthday special/ Pre-timeskip.

Work Text:

Después de haber perdido su primer y único partido del torneo de invierno de su segundo año, Atsumu había estado insoportable. Por eso, al regresar al gran escenario en Tokio el año siguiente, no cabía en su propia piel de la emoción.

Osamu creyó que no podía ser peor, hasta que sí lo fue. Observando el calendario en sus manos con el primer equipo a vencer en el torneo marcado con marcador rojo, supo que le esperaban días largos.

Su hermano marcó la fecha en su calendario también y era lo primero que veía cuando se despertaba. La fecha se le hacía familiar, pero no podía recordar el porqué.

Cuando el día finalmente llegó, supo la verdadera razón por la que su gemelo estaba tan nervioso; y no era precisamente el torneo ni el equipo.

—Tsumu, si vas a dárselo, que sea antes del partido—. Le dijo y Atsumu se giró con la cara roja por la vergüenza. ¿En serio creía que no lo había descubierto?
— No sé de qué hablas, Samu.
Osamu solo enarcó una ceja y siguió poniéndose la camiseta del Inarizaki. Atsumu se vistió a la velocidad del rayo y salió volando de allí, Osamu vio cuando metió una pequeña caja en el bolsillo de su chaqueta.
— ¿A dónde va con tanta prisa?— fue Suna el que preguntó a su espalda.
— A entregar un regalo de cumpleaños. Aunque estoy seguro que no lo va a hacer—. Le contestó.
Suna hizo un sonido corto y siguió en lo suyo y él creyó que eso era todo, pero luego agregó—: Entonces deberías ayudarle a que lo haga.
Osamu bufó—. ¿Qué? ¿Por qué? Él es el mayor.
Suna dejó lo que estaba haciendo para mirarlo con esos perezosos pero escrutadores ojos suyos—. Pero no el más inteligente, obviamente. ¿Para quién es el regalo?
— Nuestro rival.
Suna pareció pensárselo y luego esbozó una sonrisa llena de maldad—. Bueno, pues si no lo quieres ayudar tú lo voy a hacer yo. Eso es algo que ansío ver.—Dijo para luego salir corriendo.

Era su hermano, si alguien iba a burlarse, ese sería él. Si Suna quería hacerlo tendría que hacer fila.

Osamu buscó entre todos los equipos que esperaban su turno para jugar, pero no veía a su gemelo en ningún lado. Esa cabeza amarillo huevo no podía perderse tan fácilmente. Se encontró con alguien que caminaba en su dirección con una mano levantada.

— ¡Hey! Gemelo de Atsumu—. Saludó el chico. Por el extravagante color de su uniforme dedujo que se trataba de un miembro de su próximo rival: Itachiyama.
Analizó si saludarlo o no. Optó por lo primero—. Hola… ¿nos conocemos?
— Jugamos contra ustedes hace dos años. Son un equipo muy bueno, nos enfrentaremos este año también. Tengamos un buen partido—. Dijo y le tendió la mano, Osamu se la estrechó—. Soy Komori Motoya, el líbero.
— Miya Osamu—. Se le ocurrió que quizás podría preguntarle—. Entonces eres compañero de Sakusa ¿no?—El chico lo miró curioso y luego asintió—. ¿Sabes dónde está?
Komori ladeó la cabeza, pensativo—. Probablemente en una esquina, alejado de todo ser humano.

Osamu iba a seguir preguntando hasta que Suna apareció en su campo de visión, su hermano venía detrás y, por la expresión en su rostro, no parecía que hubiera tenido éxito.

Pasó a su lado y no le dijo nada, Suna lo miró con resignación y pronto el comunicador les indicó que los partidos iban a comenzar. Se despidió de Komori y fue a reunirse con el equipo.

Al darse la mano con los jugadores del equipo contrario y ver la expresión desagradable de Sakusa Kiyoomi al extenderle la mano, Osamu casi se rió de que a su hermano le gustara un tipo como ese. Cuando estrechó su mano, se inclinó un poco hacia el frente y le dijo sin que nadie más escuchara—: Feliz cumpleaños, Sakusa.

El sujeto lo miró sorprendido y se alejó un par de centímetros—. ¿Qué? ¿Cómo sabes?

Osamu no le quiso responder, en cambio le dio una sonrisa y se alejó de la cancha. Perdieron el partido, así que iban directo al autobús.

Una vez en él, se sentó al lado de su gemelo que tenía un aura asesina y, en lugar de ponerse los audífonos e ignorarlo todo el camino a casa como siempre hacía, se le quedó mirando hasta que se incomodara y lo mirara con odio.

— ¡¿Qué?!
— ¿Le diste el regalo?— ya sabía la respuesta, pero quería molestarlo.
Un gruñido y un encogimiento de hombros fue lo que recibió—. ¿Por qué no? ¿No lo encontraste?
— Lo hice...— murmuró.
— ¿Entonces?
— Seguro le dio miedo hablarle cuando lo vio—. Opinó Suna, recostado sobre el respaldar del asiento de ellos. Su asiento estaba detrás del suyo.
— Tú cállate, Sunarin—. Refunfuñó Atsumu.
— Entonces fue eso—. Concluyó Osamu.
Atsumu se hundió en su asiento y desvió la cara hacia la ventana. Sus orejas estaban rojas.

Suna y él se miraron, hicieron un acuerdo silencioso. El primero en levantarse de su asiento fue él, Suna lo siguió.
— Tsumu, ven—. Su gemelo lo miró extrañado y Osamu se cansó de su estupidez, lo tomó de la muñeca y lo levantó de un solo tirón del asiento—. Rin, saca el regalo de su mochila.

Suna obedeció y comenzó a registrar entre sus cosas. Osamu sacó a tirones a su hermano del autobús y prácticamente entró corriendo al gimnasio con él a rastras.
— ¡Samu! ¿Te volviste loco? El autobús ya se va y nos van a dejar aquí varados.
— Pues nos dejarán a los tres, pero tú vas a entregar ese maldito regalo—. Declaró y no bajó la velocidad hasta que encontró a Komori.
— Ah, chicos, ¿qué hacen aquí? ¿No se iban al autobu…
— Komori. Sakusa. Dónde. Ahora.
— Eh… baño, creo.
— Bien, gracias. Adiós.

El chico se despidió con la mano y Atsumu se la devolvió igual de confundido que él. Suna los encontró y traía la cajita, Osamu los remolcó a ambos al baño. Abrió la puerta y no lo encontró. Gruñó frustrado y Atsumu dio un brinco asustado. Suna solo se rió.

Buscó en las regiones circundantes al baño y lo encontró recostado en una esquina, con la mascarilla puesta.
— Samu… qué miedo. ¿Qué se supone que estamos…
— Rin, la cajita.
Suna puso la pequeña caja en la mano de Atsumu y le palmeó el hombro—. Buena suerte, Atsumu.
Osamu de igual forma lo soltó y le dio un pulgar hacia arriba—. Sé valiente, idiota—. Y entonces lo empujó.

Suna y él se escondieron en la pared más cercana. Después de semejante esfuerzo, por supuesto que se merecían poder espiar.

Se quedaron en silencio observando cómo Atsumu respiraba y se le acercaba al rematador del Itachiyama. Osamu vio la sorpresa en el chico de cabello rizado y la forma en la que su gemelo retrocedía, nervioso. Sintió ganas de salir de su escondite y patearlo.

— Atsumu es muy tímido con la persona que le gusta ¿eh?— comentó Suna en voz baja.

Atsumu se acercó poco a poco y se llevó una mano al cabello, luego le tendió la caja a Sakusa. Los siguientes segundo fueron cruciales. Por la cabeza de Osamu pasó la idea de Sakusa rechazando el regalo y él teniendo que consolar a su hermano en el camino de regreso. Pero en cambio, Sakusa lo miró unos segundos y extendió el brazo para tomar la caja y observarla.

Sus orejas también se pusieron rojas y Osamu abrió la boca incrédulo.
Suna silbó—. Vaya sorpresa.
Osamu asintió sin siquiera mirarlo.

Unos cuantos minutos incómodos más pasaron y Atsumu hizo una reverencia, giró sobre sus talones y comenzó a caminar en su dirección. Tenía las mejillas rojas y la frente sudorosa.

— Buen trabajo—. Le dijo Osamu para avergonzarlo más y lo logró.
Atsumu explotó en una serie de sobreexplicaciones que nadie pidió y se fue corriendo al autobús.
— Todavía está observando su regalo—. Dijo Suna y Osamu comprobó que tenía razón—. Y, a pesar de que lleva mascarilla, puedo ver que está rojo como un tomate.

Tenía razón en eso también.

Osamu río—. Ambos son un par de densos. Están enamorados y no se dan cuenta.
— Ellos son los densos ¿no?— musitó Suna a su lado, tenía el ceño ligeramente fruncido.
— ¿A qué te refieres?
Negó—. Nada. Volvamos o nos dejarán aquí tirados.

Osamu le echó una última mirada a Sakusa y luego comenzó a caminar con Suna a su lado.

— ¿Con qué debería molestarlo primero?— preguntó.
— Con la tonta reverencia—. Sugirió Suna y ambos rieron.

Atsumu tendría un largo viaje a casa. Pero tanto él como Suna estaban felices por él.

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