Chapter Text
Solo fueron unas dos o tres horas de sueño las que pudiste conciliar hasta sentir como tocaban la puerta de manera insistente. Miraste la habitación desorientada, no era la tuya y eso te asustó .
Te sentaste en la orilla de la cama y recapitulaste lo que tus recuerdos te ofrecían . Al final, todo lo que había pasado no había sido un sueño, era real , tan real como el dolor en tu frente y el escozor en tus ojos por el poco descanso ; por lo menos puedes ver con ambos ojos el día de hoy.
—Ciliegia, ve a comer desayuno, tenemos que salir —Te levantas de la cama y abres la puerta encontrándose con Illuso al otro lado . Ves que tiene en sus manos unas bolsas negras y te las extiende — Melone te dejó esto antes de irte. Dice que de seguro con esto estarás más cómoda . Dice que también hay maquillaje y otras cosas de señorita .
— Vaya… —Tomas todo lo que te extienden y sonríes levemente. Al final, el pervertido no era tan malo después de todo , tal vez le debas una disculpa por lo que le dijiste el día anterior — Bien, bajo en diez minutos.
—Cinco. Estamos retrasados —El joven de cabellos largos abandona el pasillo y te deja sola en la habitación.
Suspiras y lanzas las bolsas a la cama, primero piensas en tomarte una ducha caliente para despertar adecuadamente. En el baño, inspeccionas que el espejo esté bien cubierto para evitar travesuras por parte de tu compañero y enciendes la regadera. La ducha no solo te limpia por fuera, sientes que la pesadumbre y el negativismo se va con el agua y se ahoga . Q uieres estar con la mente mas vacía, preparada para aprender, para acatar y dejar de sentir que eres una piedra en el camino de la gente.
Sales sacudiendo tu cabello con la toalla para secarlo, luego por tu cuerpo y sacas las prendas que hay dentro de lo que te dejo Melone ; encuentras ropa interior a tu talla y te reformulas la idea de agradecerle y disculparte personalmente con él .
Te pones los leggins , son un poco brillantes, como si fueran de cuero y se ajustan perfectamente a tus caderas. El top en el interior es igual de elasticado con el cuello hasta arriba y mangas largas, negro, al igual que los leggins . Vuelves al baño para mirarte al espejo, no te sientes cien por ciento cómoda, pero al menos esas prendas cubren las marcas que luchas por ocultar día a día antes de salir de tu hogar.
Una vez mas, revisas la bolsa negra y encuentras el maquillaje dentro , te la llevas al baño y te miras al espejo en silencio . No estas segura de querer usarlo, pero la mala cara que te proporciona el moretón en tu frente te hace cambiar de opinión y ensombreces tus parpados con tonos marrones . Tu mirada se torna coqueta y te gusta, te gusta como eres . Quieres ser positiva y te dices a ti misma que, si el día de mañana estos tipos te asesinan, al menos llegaras bella al cielo -o al infierno, no estás segura de a donde irá tu alma-.
Te sientes lista, te calzas los botines negros y te peinas el cabello con los dedos, lista para partir.
—Si hubiéramos sabido que eras así de bella, te hubiéramos tratado con más cariño —La voz a tu espalda te sobresalta y te giras, encontrándote con el tipo de la cabellera corta sentado en la silla de madera, mirándote de pies a cabeza con una sonrisa.
— ¿¡Qué haces aquí!? —gritas indignada retrocediendo unos paso hasta tocar la mesa de noche. Tanteas la superficie y tu mano da con el cenicero usado, lo levantas, amenazando el lanzarlo —¿¡C ó mo entraste!?
—No fue tan difícil, tu no revisas tus cosas antes de meterlas al cuarto —El apunta las bolsas que están sobre la cama y lo miras confundido —A todo esto, que lindo traserito tienes. Podrías hacernos un bailecito en la sala, tu sabes…
Te indignas con él al darte cuenta que había estado observándote desde quien sabe que hora , seguramente te había visto salir de la ducha y vestirte desde cero. Le lanzas el cenicero con la intención de darle en la cara, pero lo esquiva.
El objeto choca con la muralla como si hubiera sido desviado por alguien. Vuelves a mirarlo, hasta que sientes tu sangre helarse al ver como algo se asoma por el hombro del intruso; gritas aterrada.
—¿¡Q-Qué es eso!? —Balbuceas apuntando a su dirección por sobre su hombro , él se hace el desentendido y se levanta de la silla — ¡Contesta! ¿¡Qué es esa cosa !?
—Oye, no le llames así, tiene nombre —la extraña cosa que esta sobre su hombro se pega a su rostro y el acaricia su barbilla con un dedo —Este es Little Feet, más te vale tratarlo con respeto o te arañará —el tipo te apunta con ambos dedos y sonríe maliciosamente, a la vez, la cosa rara hace el mismo gesto y tu mirada se detiene en la gran garra que sobresale de su dedo. Sientes escalofríos, esta vez coges un cojín y se lo tiras dándole de lleno en el rostro.
—¡Con permiso! —La puerta del baño se abre de par en par y ves a Illuso sonreír con complicidad a su compañero —¿Así que también te dio por fisgonear, Formaggio?
—Claro idiota, ¿Cuánto tiempo llevo sin ver a una mujer con lindas curvas vestirse para mí? —Formaggio mueve sus manos en el aire dibujando las pronunciaciones que tu cuerpo tenían. —Preferiría que se desvistiera para mi , de todas maneras.
Tu rostro quema, te sientes ofendida de que aquellos hombres solo se dediquen a ver tus atributos físicos como si de carne para perros hambrientos se tratara. Te das la vuelva y caminas a paso furioso hasta la puerta para abrirla de golpe, sientes la boca de tu estomago quemar y tu mandíbula duele de tanto que la aprietas ; la frustración dura hasta que llegas al comedor y ves la comida servida solo para ti.
—Ciliegia , oye —Escuchas la voz a tu espaldas siguiéndote, no te giras hacia el joven de cabello castaño, solo vas a la mesa y te comes el pan —Solo era una broma.
—Una broma horrible —dices con la boca llena. Te bebes el café de golpe para pasar la comida que tienes en la boca y vuelves a hablar — ¿Acaso todos los hombres son igual de puercos?
—¿Acaso todas las mujeres son igual de escandalosas?
La voz no proviene de Illuso, sino que junto a ti , en la mesa. Giras tu mirada a la madera desgastada y lo vez, pequeño , con l o s brazo s cruzados , mirándote desde abajo.
En tres segundos experimentaste mil cosas. Primero, entendiste el como Formaggio se había metido entre tus cosas para espiarte . S egundo, que no lo habías visto bajar junto a Illuso porque este lo había traído así, chiquito, hacia ti . Y tercero, que esa cosa parecía cucaracha y necesitabas matarla. Gritas asustadas y levantas la taza de café dispuesta a aplastarlo, pero Illuso t e detiene de la muñeca , riéndose .
—Van dos sustos en menos de media hora —Dice , quitándote la taza con la otra mano y dejándola en la mesa —Vamos a entrenar esos nervios de cristal, y de paso, ayudarte a controlar tu stand.
A pesar de que tu corazón aun late como loco, te calmas y bufas, terminando el gesto con un puchero y el ceño fruncido . Ese día iba a ser largo.
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El camino en el auto fue silencioso, solo lo acompañaba música norteamericana sonando a todo volumen y al silbido rítmico de Formaggio, quien parecía disfrutar de lo que pasaban en la radio . Tampoco era que quisieras hablar mucho con los ocupantes delanteros del auto, estabas molesta con ellos, tu cara lo demostraba y ellos parecían respetar tu momento en silencio para reflexionar sobre ti y sobre lo que pensaban enseñarte.
Miras tus manos y acaricias la punta de tus dedos notando lo reseca que se encuentra tu piel, luego miras al exterior y te dejas consumir por el paisaje. Piensas en tu stand , algo que aun no logras entender del todo pero sabes que está ahí, contigo, y que por alguna razón este te ha cuidado y te ha salvado la vida más de una vez sin que lo supieras. Te nace la necesidad de ver que es exactamente aquello y agradecerlo.
El auto se detiene en un terreno eriazo y lo primero que piensas es que es tu fin . Illuso te sonríe a través del espejo retrovisor y pasas saliva, la orden no es dicha en palabras, solo con miradas y entiendes que debes bajarte del auto con ellos.
—Vaya, hace mucho calor hoy —Exclama Formaggio luego de bajarse del auto. Se sube al parachoques y te mira con una sonrisa de medio lado —Bien , más o menos, ¿ cómo funciona tu habilidad?
¿Cómo funciona? Ni siquiera estas clara con eso. Contestas levantando tus hombros levemente y niegas con la cabeza, él se restriega el puente de su nariz y pasa de ti para mirar al joven de cabellos largos.
—Yo creo saber más o menos a lo que va —Illuso pasa un brazo por tu hombro y te hace caminar unos pasos lejos del auto —Cuando te pones nerviosa o sientes que tu vida esta en riesgo, ¿Experimentas una sensación equis, o algún sentimiento extra?
No contestas con palabras y piensas en lo que te acaba de decir . Recuerdas la noche del bar, el día en que te tuvieron amarrada en la sala y la cena , todos tienen algo en común, y es el vacío en el estómago que tus propios miedos te generaban. Eres una mujer que no vive, sobrevive , y en tu mente siempre está la idea inminente de amanecer muerta, tu cerebro manda esas señales a tu estómago y todo termina resumido en una cosa: ansiedad.
—Si, no contestes , yo también tengo una idea. Ahora párate aquí, con la espalda derecha y mírame a los ojos .
Obedeces y lo miras fijamente y en silencio por varios segundos. Su fuerte mirada te comienza a poner nerviosa, los segundos se transforman en minuto , y ese minuto lo sientes eterno. Tus manos empiezan a sudar y las idea de que quizás ellos te llevaron allí para matarte se hace cada vez mas intensa . Lo sientes, sientes el vacío en el estómago, frunces el labio e Illuso sonríe .
—Bien —Escuchas que musita y, antes de que el vacío se vuelva más grande, te toma de los hombros y golpea su rodilla en tu estómago.
No alcanzas a quejarte, el aire se te escapa junto con la saliva y el desayuno peligrando en subir por tu esófago. Pierdes el aliento y te retuerces en el piso intentando recuperarlo, pero el joven te agarra del cuello y te levanta. Te sorprende lo liviana que eres para él y lo miras con los ojos llenos de lágrimas mientras tus manos se aferran a su muñeca y comienzas a arañarla.
— La inminente muerte es la mejor manera de hacer nacer tu instinto de supervivencia — su mano se cierra un poco más y abres la boca para intentar a spirar algo de oxígeno — Es un todo o nada , Ciliegia, o activas tu stand, o mueres aquí mismo. Ordenes del Capo.
Una lágrima se resbala por tu mejilla y piensas otra vez en eso llamado Stand . No lo entiendes, no entiendes aun nada, el vacío en tu estomago era la fuente de las vibraciones, pero el golpe te deja invalidada a usarlo. Otra vez golpeas inútilmente su brazo, tratas de alcanzar su cara pero tu brazo no es lo suficientemente largo para alcanzarla, así que te agarras con ambas manos a su muñeca y entierras sus uñas en ella; no lo inmuta.
— No hay caso Illuso —Escuchas decir del otro tipo, quien miraba la escena con un semblante serio —Acaba con ella luego, tengo hambre y se me antoja comida china.
Tu vista comienza a nublarse por la falta de oxígeno y suplicas con tu mirada que te suelte, pero Illuso no afloja su mano . No quieres morir ahí, no puedes morir , tus padres arrastrarían el peso de tus pecados y tu alma jamás descasaría en paz con eso . Ves tus manos -o la silueta de estas- y sientes como estas pican. Te arden como si las hubieras metido en agua hirviendo, vislumbras algo moverse entre ellos y meterse en la piel del otro ; unos segundos después , al joven se le pierde le mirada y te suelta del cuello y caes de bruces al piso.
Toses y vomitas en la tierra tu desayuno, luego miras en dirección al joven, enfocando tu mirada en sus expresiones. Él tiene la mano en el pecho y comienza a respirar con dificultad, se ahoga en su propia respiración y cae al piso de rodillas.
—¿¡QUÉ CARAJOS!? —Formaggio se une en segundos a su lado para ver que ocurre. Tu , aún desorientada por el oxígeno faltante en tu organismo vuelves a mirar a Illuso, quien cae al suelo aun retorciéndose en la tierra, quejándose del dolor —¡Desactiva tu Stand! ¡AHORA!
También te acercas a Illuso asustada de lo que pasa y deparas en tu brazo. Te congelas al ver algo naciendo de la piel de tu muñeca, rodeando tus dedos, uniéndote al brazo del joven de cabellos largos . Estiras tu brazo hacia arriba y tu mente se enfoca en decirle a ese ente que él no es tu enemigo.
Las convulsiones de Illuso se detienen y el extraño ente abandona su cuerpo, rodeando tu brazo por toda su extensión y escondiéndose detrás de tu enredado y sucio cabello. Te aterras de esa cosa, hasta que se asoma levemente por las hebras de tu pelo para mirarte.
Tres cabezas, dos naciendo de su cuerpo mas pequeñas que la que te mira. Parece una especie de culebra, pero de su cuerpo florecen hilos; todo nace desde dentro de tu brazo y tiembla cual cascabel de cobra.
Tu mirada termina en el rostro de Formaggio, quien no sabe si fijarte en ti, en la cosa que se enreda en tu cuerpo o en su compañero inconsciente en el piso . Se sienta en el suelo y apoya sus brazos en las rodillas, derrotado, pero levemente satisfecho con el resultado.
—Bien, la comida china puede esperar…
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Se quedan ahí hasta que Illuso recobra el conocimiento, conversan un poco de lo sucedido, te disculpas por milésima vez con él pero te calla siempre con su “ Lo valió todo"
Formaggio pide comida china para los tres y pides si te pueden llevar a tu hogar, una última vez, para recoger algunas de tus pertenencias; argumentas que no te sientes cómoda con Melone vistiéndote todo el tiempo, y ellos te encuentran toda la razón.
—Diez minutos, si Risotto se entera de esto nos mata a los tres —Formaggio detiene el auto frente al edificio donde vives en una calle de mala muerte, sombría, hedionda y con mala iluminación.
—Quince minutos —Regateas , ambos hombres fruncen el ceño y te cruzas de brazo —Veinte.
—Te quedan catorce — habla Illuso y sonríes ampliamente por conseguir unos minutos más antes de entrar en el edificio donde se encuentra tu pequeño departamento.
El lugar es deplorable, era lo que podías conseguir con el poco dinero que te escondías en tu ropa interior luego de pagarle a tu proxeneta . Por lo menos, pudiste adquirir ropa cómoda , zapatos a tu gusto y algunos otros elementos que usabas en tus hobbies.
Tomas tu mochila y metes dentro tus cassettes de música, algo de jazz, un poco de pop y música latina que te recuerda tus tierras natales. La foto de tus padres contigo cuando eras niña también termina dentro del bolso, junto al maquillaje , ropa interior limpia y tu personal stereo . Todo el resto de cosas se quedarían aquí, abandonadas para siempre.
Miras el reloj y ves que te quedan unos minutos más, así que decides cambiarte de ropa a algo que te acomoda y gusta más .
Te desnudas y te pones tu ropa interior favorita, negra y con pequeños detalles de encaje , y luego de eso, tu vestido abotonado rojo, largo, hasta el suelo. Te ajustas la silueta con un cinturón negro y te calzas tus bucaneras negras de cuero hasta las rodillas , la compra más cara que haz hecho en tu estadía en Italia. Te cepillas el pelo, te desabotonas los primeros broches y dejas al descubierto tus hombros y tu sujetador de encajes. Antes de sentir la bocina afuera y tu nombre ser llamado, te pintas los labios de rojo y te miras al espejo, sintiéndote auténtica ; tu outfit termina con una boina negra.
—¡Nos vamos a ir sin ti! —Escuchas que gritan desde afuera y te apuras. Bajas corriendo con la mochila en la mano y sales del edificio. Miras ambos lados de la calle antes de cruzar y subirte al auto, y en ese momento te fijas en los ojos de los dos jóvenes sobre ti. Illuso habla otra vez —Vaya, te ves… bien…
Alzas una ceja y te asomas en el puesto de adelante para rebuscar en la bolsa de comida tu porción . Los dos hombres no despegan su vista de ti.
—Bueno, estuvieron a punto de matarme. Si eso ocurre de nuevo, al menos llegaré con estilo al cielo —Sonríes y con los palillos te llevas un poco de arroz a la boca. Ellos no te dicen nada más y se ponen en marcha de vuelta al edificio donde ahora vives .
