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Cosas que no se ven en directo

Summary:

Operación Triunfo vuelve con una edición 100% masculina. Los 16 nuevos concursantes están MUY emocionados por cumplir su sueño... y puede que por algo más.

O

AU donde los jugadores de la selección española masculina de fútbol son concursantes de OT.

Varios capítulos

Notes:

holi!! es el primer fic que escribo un poco en serio así que no esperéis mucho jajsjaj. mi único objetivo es divertirme y contribuir al delirio nacional que está generando la selección 🫶 fic fuertemente inspirado por las personas de twitter que pedían un 24 horas de los jugadores.
voy a ir poco a poco siguiendo la historia, no sé cuántos capítulos podré hacer

Chapter Text

—¡Pau, cruza la pasarela! —eran las palabras que anhelaba escuchar hacía ya cuatro meses, cuando había empezado el proceso de casting.
No había sido fácil. Fueron muchas horas de espera y ansiedad, de cantar y ver las reacciones del jurado, pero había valido la pena: estaba cumpliendo su sueño.

Subía las escaleras en dirección a la academia detrás del resto de participantes. Ahora iban a ser sus compañeros. En el mejor de los casos para él, pasaría 3 meses ahí, encerrado, con ellos.

—Buah, Pau, no sabes cuánto vamos a aprender ahí dentro —le dijo el benjamín de la edición, Lamine, dándole un golpecito en el hombro.
—Ya te he dicho cien veces que prefiero que me llames Cubarsí —contestó él con una sonrisa pícara—. ¿Cómo puedes ser cantante y medio sordo? —se burló.
Tanto Cubarsí como Lamine se habían presentado al casting de Barcelona, así que habían realizado esa primera fase a la vez. También coincidieron en las etapas siguientes, por lo que ya habían forjado una pequeña amistad.
—Dios, qué pesado eres. Ojalá no te tenga que aguantar cuando esté en la final —bromeó Lamine.
—Sí hombre, tú no llegas ni a la gala 3— se sumó el veterano Laporte, al que Cubarsí ya había notado que le gustaba meterse con los jóvenes.
—Silencio, chicos, ya estamos al lado de la entrada de la academia —anunció el director de la misma, un experimentadísimo músico llamado Luis de la Fuente —. Antes que nada, os pido prudencia. Sed conscientes de que media España estará observándoos las 24 horas del día, los siete días de la semana. Pero que eso no os impida ser vosotros mismos —añadió—, como os he dicho ya mil veces: disfrutad de la experiencia.
Acto seguido, Luis abrió las puertas de la academia y los 16 triunfitos entraron en tromba.

La academia era un edificio amplísimo, con una enorme cantidad de focos, notó Cubarsí. La decoración era más bien moderna, destacando el gigante logo de “OT” que había al lado de la entrada. A la derecha, había una sala grande con espejos, rodeada de otras habitaciones más pequeñas con pianos y micrófonos.
Cubarsí se unió a sus compañeros en ese área. Estaban todos trasteando con los instrumentos y equipos de sonido. Sin embargo, él solo podía fijarse en una cosa: las cámaras. Miraras donde miraras, había una cámara: en las esquinas, al lado de las sillas, en las puertas… Se acercó al ancho espejo de la zona grande y pegó su cara al mismo. La imagen que vio, en cierta manera, le aterró: un hombre que llevaba una cámara gigante.
No entendía por qué se estaba mosqueando tanto, al final, él sabía a lo que iba, ya había visto ediciones anteriores del programa. Firmó un contrato donde aceptaba ser grabado las 24 horas del día, pero, de todas formas, la situación era un poco distópica.

—¡CUBAAAA! —gritó alguien a su espalda, sacando a Pau de sus pensamientos. Era Pedri, otro chico joven que Cubarsí había conocido en los castings, y que en esa noche de gala 0 había brillado cantando "There’s Nothing Holdin’ Me Back" de Shawn Mendes.
—¡Lo conseguimos, Pedri, tío! —le contestó, mientras se fundían en un efusivo abrazo y el resto de concursantes celebraban también a su alrededor.

La producción permitió que las celebraciones continuaran con cánticos y baile, los nuevos 16 triunfitos unidos en su nuevo hogar.
Eso sí, media hora después, les enviaron a la cama. El día siguiente iba a ser importante.

______

 

—Me pido la de arriba —gritó Merino, un apuesto cantante de casinos, empujando a Unai.
—Bueno, no te pongas agresivo, que te la robo—replicó Unai, acelerando para subirse en la cama superior de la primera litera de la habitación.
—Solo ondas positivas, mi gente—intervino Oyarzabal, un experimentado cantante de orquesta.
Se rieron mientras cada uno se asentaba en una cama: Unai en la parte alta de la litera, Oyarzabal, justo debajo, y Merino, en una cama individual justo al lado.
La habitación de los concursantes era alargada, con una fila de cinco literas a la izquierda, y otra de seis camas individuales a la derecha.

Los más jóvenes –Pedri, Lamine, Cubarsí, Ferrán y el intruso Cucurella– se habían instalado en las del fondo. En la zona central, se encontraban Nico, Laporte, Rodri, Dani, Borja, Pedro y Fabián; por lo que a Martín, “Zubi”, solo le quedaba la cama más cercana a la puerta, justo delante de Merino.
—Kaixo —les saludó, aunque ya llevaba casi todo el día con ellos. "Madre mía, qué grima doy", pensó.
Sin embargo, todos le saludaron enérgicamente, e, incluso, Merino se acercó para darle un abrazo.
Zubi sintió cómo toda la sangre le subía a la cara, pero Cucurella rompió ese extraño momento, gritando:
—Ostia tío, no me lo creo, se ha puesto el eje vasco cerca de la puerta cuales seguratas de discoteca —bromeó el rizoso tenor.
—Oye, ¡que yo soy navarro! —replicó Merino, separándose de Zubi.