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de jazmines naranjas y azules (unaizabal's version)

Summary:

No sé por qué, pero hoy me he levantado con ganas de confesar mis sentimientos. Normalmente me suele costar bastante eso de expresarme, pero hoy quiero intentarlo.

Notes:

¡hola!

he adaptado este oneshot pequeñito que tengo desde 2023 para poder hacerlo de mikel oyarzabal x unai simón, ya que me apetecía un montón poder unirme a esta diversión. llevaba mucho tiempo sin tocar el google documentos para hacer algo relacionado con la escritura, así que estoy verdaderamente feliz.

¡espero que os guste!

un beso enorme <3

p.d: podéis encontrarme en twitter ! ♡

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

No sé por qué, pero hoy me he levantado con ganas de confesar mis sentimientos. Normalmente me suele costar bastante eso de expresarme, pero hoy quiero intentarlo. Quiero poder decirle a Unai Simón todo lo que llevo dentro. Quiero poder contarle la maraña que tengo en mi interior cada vez que estoy a su lado, la manera en la que me sudan las manos, la forma en la que noto una sensación molesta en el estómago.

 

Cuando pienso en el portero que nunca está en su posición y que me robó el corazón —no de forma literal—, se me vienen demasiadas imágenes y sensaciones a la cabeza. Lo típico es pensar en el sol, ¿verdad? Por la sonrisa que tiene. O en un osito por lo grandullón que es. Pero en lo primero que yo pienso es en que los dos somos jazmines. Concretamente, uno naranja y uno azul. Porque, aunque sean muy diferentes en sí, no dejan de tener el mismo nombre. También está el hecho de que los jazmines naranjas son venenosos —me he estado informando—, pero yo no quiero centrarme en eso.

 

Unai Simón y yo somos dos personas muy distintas. Él es mucho más extrovertido, más activo y tiene mejor carácter que yo. En mi caso, sin embargo, soy más tranquilo, más sensato y con una batería social un poco más baja. Pero, a la vez, nos parecemos bastante. Nos cuesta eso de poder decir bien cómo nos sentimos, tenemos las mismas tonterías, y también compartimos hiperfijación: el fútbol. Además, nos entendemos tan bien… Creo que solamente hace falta que nos miremos para saber qué está pensando el contrario.

 

Y, el otro día mientras practicábamos penaltis, me di cuenta de que me había enamorado. Me di cuenta de que quiero poder hacer eso durante toda mi vida. Me di cuenta de que nunca nadie en mi vida me va a entender como Unai Simón me entiende a mí. Porque él sabe las cosas que me cuestan, pero yo también sé las que le cuestan a él. Y nos ayudamos. Y nos apoyamos. Y es cierto que siempre nos estamos picando y bromeando, pero eso no quita que por dentro sigamos teniendo el inmenso cariño que atesoramos por el otro. Aunque, bueno, yo no sé si en su caso es así. Espero que sí. Por eso mismo, hoy quiero confesar mis sentimientos.

 

—Eh, Unai.

 

—¡Oyarzabal! ¿Estás bien? No sueles llamarme por mi nombre. A ver si tienes fiebre o…

 

—Cállate, por favor. —Me doy cuenta de que he sonado demasiado borde, así que carraspeo antes de seguir hablando—. Perdona. Es que quiero decirte algo antes de ir al entrenamiento.

 

Puedo ver cómo frunce el ceño y su expresión desprende confusión. Me hace gracia la cara que pone, pero debo mantener la compostura y centrarme; sé muy bien que, si no lo hago, acabaré por rajarme y no decirle nada. Deduzco que su silencio me da pie a que continúe hablando, así que, con nerviosismo, procedo.

 

—Bueno, a ver… ¿Te gustan los jazmines?

 

No sé qué coño estoy haciendo. Trago saliva y respiro hondo. «Estoy haciéndolo lo mejor que puedo. Aquí solo ondas positivas», pienso antes de continuar.

 

—Pues… ¿sí? No sé. Son flores, ¿verdad?

 

—Así es —asiento—, son flores. Y pues… Hay jazmines naranjas y jazmines azules. Somos nosotros. Aunque si buscas jazmín naranja en Google te va a salir que son venenosas, ignora eso.

 

—¿Cómo que somos flores? No entiendo nada, Mikel.

 

Mikel. Mis piernas comienzan a temblar y yo quiero que la tierra me trague ahora mismo.

 

—Somos jazmines naranjas y azules porque, aunque son muy diferentes, comparten algo. En este caso, el nombre. —Hago una pausa para ordenar las ideas de mi cabeza—. Nosotros somos muy distintos, pero tenemos más cosas en común de las que pensamos. Y… Bueno. A mí me gustaría saber si hay algo que también compartimos o que solamente es por mi parte.

 

—¿El qué? —La impaciencia de Unai es demasiado notoria, y eso me pone aún más nervioso.

 

Noto cómo una gota de sudor corre como si fuera el agua de un riachuelo que busca llegar a la desembocadura, que en este caso es el final de mi barbilla. A eso se le suma un intento de sonrisa nerviosa que aparece en mis labios.

 

—Quiero poder tirar penaltis a tu portería para siempre, Unai. Ya sea profesionalmente o no, pero quiero hacerlo siempre.

 

—A mí también me encantaría que lo hicieras, Mikel. Pero ¿a qué viene esto? Pensaba que ya lo sabíamos los dos.

 

—No lo digo en ese sentido, imbécil.

 

—¿Entonces?

 

—Es en el sentido de… De que estoy enamorado de ti.

 

Hay silencio absoluto. La sonrisa de Unai se agranda por segundos, y yo creo que no he visto nada más bonito en mi puñetera vida. Me da hasta rabia que me guste tanto. Incluso, por un segundo, se me olvida la tesitura en la que me encuentro.

 

—Oyarzabal.

 

Es lo último que me dice, antes de acercarse por completo a mí y agacharse un poco para llegar mejor a mi altura.

 

—¿Puedes ponerte un poco de puntillas, por favor? —me pide, y yo le obedezco inmediatamente.

 

El corazón me va a mil por hora. ¿Qué quiere hacer? Va a conseguir que me dé un infarto. Pero no necesita más de dos segundos para enseñarme sus intenciones. Unai Simón acaba de juntar nuestras bocas en un beso bastante torpe.

 

Es mi primer beso con un chico. No se me da muy bien. Y se nota que a él tampoco. Al menos lo estamos intentando. No abrimos los labios, no usamos la lengua como lo hacen en las películas, simplemente permanecemos con los labios unidos y presionándose. ¿Hemos acaso iniciado una guerra de quién besa más fuerte? ¿O es que no queremos separarnos todavía del otro? Yo creo que ambas a la vez.

 

—Mikel —me llama, una vez nos separamos, intentando recuperar el aliento—, ya te lo he dicho antes. Te había entendido. Pensaba que ya lo sabíamos los dos. Igual que pensaba que ya sabías que sí es correspondido.

 

—¿Cómo quieres que lo sepa si no me lo dices?

 

—Pues… Supongo que tienes razón. —Se rasca la nuca, algo avergonzado—. Pero ya has encontrado otra similitud entre los jazmines naranjas y azules.

 

—Que se quieren.

 

—Y mucho, además.

 

Me da la mano y no dudo en entrelazar nuestros dedos, poniendo rumbo al campo donde nos esperan nuestros compañeros de la Selección Española.

 

—Oye, ¿y por qué me has dado a mí la flor venenosa, Oyarzabal?

 

—¡He dicho antes que ingnoraras ese dato! Eso no importa en mi teoría.

 

—¡Pero no es justo…!

 

Y me atrevo a callarle con un beso. Es el primero que yo le doy a un chico. Pero es suficiente para demostrarle sin palabras que él no es venenoso, sino que es la flor más bonita que puede existir en este mundo y que yo tengo la suerte de poder estar a su lado.

Notes:

¡me encantaría saber qué os ha parecido! sé que es cortito, pero creo que es la gracia de este fic.

aún así, me complace anunciar que estoy en proceso de otro que no tengo subido a ningún lado, así que a ver si no tardo demasiado en escribirlo...

¡gracias por leer!

podéis encontrarme en twitter ! ♡