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El departamento que Franco había alquilado quedaba a quince minutos del hotel donde concentraba Inglaterra. Quince minutos en auto. Nada. Una distancia ridícula que, sin embargo, en pleno Mundial se sentía como otro continente.
Todavía quedaban cajas sin abrir en el departamento. Un televisor enorme que Jude le había mandado a instalar el segundo día —"si vas a ver mis partidos, los vas a ver bien", había dicho—, la heladera casi vacia porque vivia en base a delivery y el infaltable mate lo acompañaban cada día desde que empezo el mundial.
Esa noche, la previa de los cuartos de final, Franco estaba tirado en el sillón con la tele en mute cuando el celular vibró.
Jude: ¿Despierto, love?
Franco sonrió solo. Siempre empezaba igual.
Franco: Obvio. ¿Vos no deberías estar durmiendo? Mañana jugás cuartos de final del Mundial, señor.
Jude:No puedo dormir sin antes decirte buenas noches...
Jude: Quería hablar contigo antes del partido de mañana.
Franco: ¿De?
Tres puntitos. Después, un mensaje largo, de esos que se nota que se escribieron y borraron varias veces, pero lo unico que recibio fue un mensaje corto que decía lo siguiente.
Jude: ¿Te puedo llamar?, a lo que respondío de forma afirmativa por lo que, a los pocos segundos, Franco estaba recibiendo la llamada.
Jude: Quería hablar de mañana, de Noruega. De Erling. Fran, sé que todo el mundo esta pendiente de lo que suceda entre Erling y yo, sé que mañana las cámaras nos van a buscar todo el partido porque es lo que vende. Los dos ex compañeros, el reencuentro...
Franco apretó el celular. No contestó todavía. Desde que se entero que tuvo un romance con el noruego no deja de compararse, de pensar que lo dejaría por el noruego y que no es suficiente para el ingles.
Jude: Pero te prometo algo. Mañana ni lo miro. Es un rival más, once contra once, y listo. Nada de abrazos, nada de charlas, confia en mí.
Jude: Te amo, baby. You are the best thing that has ever happened to me, and I would never trade you for him or anyone else. Y la última cosa que quiero en este mundo es hacerte sentir mal o celoso mientras estás ahí solo en ese departamento. Ya es suficientemente injusto que no estés jugando este Mundial. No te voy a sumar yo otro dolor. Te lo juro por lo que más quiero.
A Franco se le hizo un nudo en la garganta. Porque esa era la cosa con Jude: sabía exactamente dónde estaba cada una de sus heridas, y las nombraba con una ternura que desarmaba.
Franco: No digas "ahí solo en ese departamento" que me hacés sentir un personaje de novela mexicana.
Hubo un silencio incomodo en la llamada, que Jude quiso cortar rápidamente.
Jude: ¿Me prometés que vas a estar tranquilo mañana? Mirá el partido, tomá mate, puteá al árbitro como hacés siempre. Y cuando termine, lo primero que hago es llamarte. Antes que a mi vieja. Y eso es mucho decir.
Franco se rió de verdad, ahogado, en el sillón vacío.
Franco: Bueno, Te creo, andá a dormir amor, descansa y mucha suerte mañana-suspiro y con un nudo en la garganta le dijo-Te amo.
Jude: Te amo más, love.
Franco apoyó el celular contra el pecho y se quedó mirando el techo.
Es solo un partido más, no debe sentirse inseguro de su relación.
Se lo repitió como un mantra hasta quedarse dormido.
El día del partido, vio los mensajes que le había mandado temprano Jude, repitiendo lo que había dicho en la llamada, por lo que se quedo tranquilo. Cuando pasaron las horas y se acercaba la hora del partido, se puso la camiseta del Real Madrid que era de su novio como apoyo, ya que ni loco se ponía la de Inglaterra, se acomodó en el sillón con el mate y espero impaciente el inicio del partido.
La intención de mantenerse tranquilo le duro poco y nada.
El primer tiempo fue duro, trabado, exactamente como todos lo habían pronosticado. Andreas Schjelderup abrió el marcador a los 36 minutos con un remate que nadie vio venir. Minutos después, en el descuento del primer tiempo, Jude eludió dos defensas y metió el empate desde fuera del área. Franco gritó el gol tan fuerte que se dolió la garganta.
Hubo un gol anulado a Noruega por VAR en el minuto 58. Un travesaño de Kristoffer Ajer a los 75 que casi mata de infarto a toda Inglaterra. Noventa minutos terminaron 1-1. El partido iba a prórroga.
Franco seguía la pelota. Pero contra toda su voluntad, también seguía a Jude con la mirada. Era imposible no hacerlo. Jude había jugado el mejor partido de todo el mundial. Corría por todos lados, pedía, gritaba, organizaba.
Las cámaras lo buscaban a propósito, cada tiro libre, cada córner, allí estaban ellos. Jude y Erling, uno al lado del otro, marcándose. Ninguno de los dos miraba la pelota y Franco no podía no sentir celos de lo que veía en la pantalla.
Se hablaban tapándose la boca con la mano, ese gesto viejo de cómplices que tenían desde el Dortmund. Erling se reía de algo, esa risa enorme escandalosa que se escuchaba incluso por el micrófono de campo, y Jude le devolvía esa sonrisa. La sonrisa. La que le achina los ojos, la que Franco creía que era solo para él.
Franco dejó de cebar el mate a mitad de movimiento.
Es un rival más, se repitió. Ni lo voy a mirar, había dicho Jude la noche anterior.
Minuto 67. Córner para Inglaterra.
Esa escena no era inventada por fanaticos, no era un edit, realmente sucedió. La transmisión mundial enfocó el área, y lo que todo el mundo vio fue esto:
Jude y Erling, pegados en el punto penal, no estaban peleando la posición. Estaban jugando. Se empujaban con el cuerpo como dos pibes en el recreo. Se reían. Se decían cosas al oído. Erling le agarró la cintura para trabarlo, y Jude lejos de enojarse se dio vuelta riendo.
Y entonces, con la cara más inocente del planeta, Jude Bellingham le dio una nalgada a Erling Haaland.
Erling se giró riendo a carcajadas, le devolvió un empujón que casi tira a Jude al suelo, y los dos se rieron otra vez. Allí plantados en el medio del área. En cuartos de final del Mundial. Mientras sesenta mil personas sufrían en las tribunas. Mientras dos países enteros tenían el corazón en la garganta.
El mate de Franco hizo un ruido seco al apoyarse en la mesa.
—Es un rival más —dijo en voz alta, con la voz rota porque sabe que Jude se olvida de todo cuando esta cerca del noruego—. Ni lo voy a mirar.
No pudo contener las lagrimas de la impotencia que le daba ponerse celoso de algo tan minimo, pero él se lo había prometido, sabía que él lo estaría viendo y no le importó.
Minuto 93. Primer minuto de prórroga. Rebote del arquero noruego. Jude llega primero, remata, gol. 2-1. Inglaterra a semifinales.
Franco gritó el gol. No pudo evitarlo. Gritó tan fuerte que los vecinos debieron escucharlo, con el puño cerrado y el corazón desbocado. Porque por encima de todo, antes que nada, él amaba a ese idiota y esperaba que Inglaterra lleguen a la semifinales.
Cuando sonó el pitazo final, pasó lo que Franco sabía que iba a pasar.
Las camaras enfocaron a Jude Bellingham cruzando el campo corriendo en diagonal, buscando a una sola persona.
A Erling.
El abrazo fue largo. No largo: larguísimo. Un abrazo con capas, con historia. Primero el choque de cuerpos a toda velocidad, después el apretón, después el momento en que Erling le puso la mano en la nuca y lo acercó para susurrarle algo al oído —algo largo, algo que hizo que Jude asintiera con los ojos cerrados— y después la risa de los dos, todavía abrazados, meciéndose apenas en el centro del campo, como si el Mundial entero fuera un decorado alrededor de ellos.
Franco agarró el control y apagó la tele, sintiendo los celos a flor de piel.
El silencio del departamento fue peor que el ruido del estadio.
No debería haber agarrado el celular. Lo supo antes de desbloquearlo. Pero lo agarró, sabiendo que Twitter era un incendio.
"LA QUÍMICA ENTRE BELLINGHAM Y HAALAND ES DE OTRO PLANETA, PERDÓN 😭"
"Mientras Inglaterra y Noruega sufrían la prórroga, ellos se estaban divirtiendo. El fútbol también es esto ❤️"
"LA NALGADA DE JUDE A HAALAND JAJAJAJAJA estos dos tienen que volver a jugar juntos YA"
"El abrazo final con el susurro al oído... es la mejor imagen del Mundial y no pienso discutirlo"
"Nadie:
Absolutamente nadie:
Jude y Erling en el medio de unos cuartos de final: 😏🤭😂👋🍑"
Y los edits. Dios. Los edits.
TikToks con música romántica de fondo. El abrazo en cámara lenta desde cinco ángulos distintos. El susurro al oído con subtítulos inventados: "te extrañé", "siempre fuiste vos", "Dortmund para siempre". Cientos de miles de likes. Comentarios emparejándolos otra vez, barcos viejos que volvían a zarpar como si nunca hubieran tocado puerto, como si los últimos años no existieran.
Como si él no existiera.
Franco soltó el celular sobre el sillón como si quemara.
Se quedó mirando la tele apagada, su reflejo deformado en la pantalla negra, y pensó en lo que le había dicho la noche anterior, le había mentido sabiendo cómo se sentía Franco. Había nombrado su miedo exacto, palabra por palabra, le había jurado que no iba a pasar... y había pasado igual. Todo. Como si la promesa hubiera durado lo que tarda en sonar el pitazo inicial.
El celular vibró contra el sillón. La pantalla se iluminó boca arriba.
Jude: Fran
Jude: Ganamos!! Estamos en semis!!
Jude: Ya sé lo que viste. Antes de que digas nada, puedo explicarlo.
Jude: No fue nada, te lo juro. Es Erling, vos sabés cómo es, es un nene grande. Contéstame.
Franco sintió que los ojos le ardían.
Leyó de nuevo el mensaje de anoche, no quería llorar, pero no podía evitarlo, una lágrima le cayó directo sobre la pantalla, manchando el "te lo juro".
La limpió con bronca, no iba a llorar por esto. No iba a llorar por él.
Mantuvo apretado el botón lateral hasta que el teléfono le preguntó si quería apagarlo. Confirmó. La pantalla se fundió a negro, se secó la cara, respiró hondo y se levantó del sillon.
Fue hasta el placard. Sacó la valija mediana. La tiró sobre la cama.
Remeras. Pantalones. Cargador. Pasaporte. Botines, por las dudas.
Necesitaba aire. Necesitaba despejarse, olvidarse de lo que acababa de pasar, por lo que sin dudarlo, le escribio a Julían que le había mandado un mensaje hace unos días invitandolo al partido de la Selección Argentina contra Suiza.
Franco: Sigue disponible la entrada para el partido de mañana?
Julián: obvio amigo.
Y, de paso...
De paso, necesitaba devolver el golpe.
Abrió el último cajón del placard, ese que casi nunca tocaba. Ahí, doblada con cuidado, envuelta en una bolsa de tela, estaba la camiseta que Julián le había regalado meses atrás, con el 9. J. ÁLVAREZ en la espalda. Recordo como Jude casi le agarra un brote psicótico cuando se entero que Franco admiraba al cordobés y como eran cercanos desde river.
Y entonces, por primera vez en todo el día, algo parecido a una sonrisa de venganza se le dibujó en la cara. Metió la camiseta en la valija. Arriba de todo. Bien a la vista.
Si Jude había olvidado su promesa...Bueno. Él también podía darle un motivo para ponerse celoso.
