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Verte de cerca

Summary:

Franco solo quería consolar a Kimi despues de una mala carrera en Silverstone

Notes:

Estaba escuchando verte de cerca de Airbag y bueno, salió esto

Disfruten :)

Work Text:

La carrera había terminado hace un buen rato ya. Franco ya había pasado por el corralito, y ahora esperaba en silencio a un costado, observando como Kimi respondía las preguntas que le hacían los periodistas. 

Veía como el italiano sonreía ante las cámaras, pero no era difícil notar como sus ojos estaban algo rojos y apenas hinchados. Kimi había llorado, no había que ser un experto para notarlo. 

Entendía su frustración, había dado todo de él y aún así no había alcanzado. Había hecho una carrera magnífica, compitiendo por el podio, para que todo se viniera abajo en cuestión de segundos, y que para el colmo, lo penalizaron. Y verlo así hacía que en él nazca una pequeña necesidad de verlo mejor, aunque sea un poco. 

Franco consideraba que con Kimi eran amigos, con una dinámica algo extraña, pero amigos al fin y al cabo. Habían empezado a hablar a finales del año pasado, después que el campeonato acabará. Había sido durante las vacaciones, recordaba tener un mensaje de Kimi preguntándole sobre el show de Airbag que había ido, curioso si era verdad lo que se decía que sucedía ahí. 

El recuerdo aún le causaba gracia, porque Kimi primero había mandado corto, un simple «Hola Fran», para que después de dos intercambios más le mandara un audio contándole su curiosidad. Él en ese momento aún estaba en Argentina, tomando sol después de una tarde de pileta, sonriendo divertido al escuchar el audio en italiano que le había llegado. 

Después de eso tuvieron una racha donde hablaban prácticamente todos los días. Aunque en persona apenas habían cruzado palabra, se habían vuelto cercanos muy rápido, Kimi demostrando que era igual de confianzudo que él. Y él creía que tal vez por eso habían congeniado tan bien. 

Eso los llevó de compartir mensajes a pasarse sus cuentas personales de instagram, donde solo los seguían quienes ellos querían y no millones de fans. Hasta ahí era todo normal, dos amigos que se seguían por redes. 

Pero franco, no conforme, también lo había agregado a mejores amigos. No era que subía cosas polémicas, sino que ahí era un poco más genuino y no le importaba mucho lo que subía. Así, un día se le dio oro subir una foto de él después del gimnasio, sin camiseta. 

El tema fue la respuesta de Kimi, y tal vez la forma en que él había sentido un cosquilleo en su estómago y se había mordido el labio inferior al leer aquello. 

 

kimdrea le ha dado me gusta a tu historia 

kimdrea ha respondido tu historia 

 

Kimi 

Fua 🫦 

No sabía que estar acá involucraba estos privilegios 

 

No bueno 

pendejo atrevido

Pero si no dije nada malo eu 

y eso del privilegio que? 

Y bueno Fran

un privilegio verte en cuero 🫦

🙄

Sos un atrevido Andrea 

Así le hablas a todos tus amigos? 

Mmm no 

No todos mis amigos son vos 

Vos sos lindo

Así que te parezco lindo? 

Mira vos 

No solo lindo 

Pero bueno hay cosas q no se dicen viste 

Uno es respetuoso con sus amigos 

 

Que rara tu forma de ser amigos che 

Igual ahora me dio curiosidad eu 

Decime 

La próxima que subas otra fotito 

como esa te digo 

Después de esa conversación las cosas entre ellos se empezaron a acomodar dentro de ese limbo, donde franco no podía creer la sinceridad y descaro de Kimi, y donde Kimi no se molestaba en discresiones hacía franco. 

Las conversaciones solían quedar en eso la mayoría de las veces. Franco subía una foto, Kimi contestaba con una boludez que hacía que al argentino, que le encantaba la atención, se le moviera un poco el piso. Pero también había conversaciones en que las cosas escalaban, madrugadas donde Kimi iba un poco más allá con las respuestas, olvidándose del respeto hacia él, su supuesto amigo. 

Por eso, por ese extraño vínculo que mantenían, Franco lo espero allí, a un costado del corralito, donde no era tan visible, oculto de las cámaras, pero por un camino que Kimi si o si debía transitar a quería salir de ahí. 

Los minutos pasaron, la gente iba y venía, algunos saludándolo al verlo allí, otros deteniéndose unos segundos para intercambiar algunas palabras, hasta que finalmente el italiano empezó a acercarse. Kimi no lo vio. En realidad, no veía a nadie, ofuscado por sus pensamientos, por esa sensación que le oprimía el pecho desde que se había bajado del auto. 

Las cámaras ya no lo veían, y con esa pequeña libertad, miró hacia arriba, intentando que las lágrimas no se escaparan otra vez, que el aire llegará correctamente a sus pulmones. No le gustaba llorar, lo odiaba, pero todo lo que había sucedido ese día le enojaba. 

Porque no eran lágrimas de tristeza, eran de enojo, llenas de frustración por haber estado tan cerca de que esa carrera fuera suya y simplemente se le escapara. Respiró hondo, calma, calma, y cerró los ojos, sin esperar que al volverlos a abrir se encontraría con unos lindos ojos verdes mirándolo preocupado. 

Franco no lo había querido interrumpir, cuando lo vio así le dejó su espacio, esperando que Kimi se calmara. Mientras tanto esa pequeña necesidad de querer verlo mejor había crecido en su interior, preocupándose en serio al ver el esfuerzo que hacía por no quebrarse ahí mismo. 

Quería abrazarlo, estrecharlo entre sus brazos hasta hacerlo sentir mejor. El impulso picaba en su interior, mientras su mente se debatía si hacerlo o no, si su cercanía se lo permitía o si era demasiado. 

Hablaban todos los días, se buscaban constantemente hasta casi sin darse cuenta, y aún así su corazón se agitaba como loco al pensar en simplemente darle un abrazo a Kimi, cosa que haría cualquier amigo normal. El problema es que su amistad no era normal. 

Pero tampoco encontraba otra acción que quedara bien en ese momento, porque si fuera cualquiera de sus otros amigos no lo habría dudado. Así que así, con Kimi mirándolo con los ojos cristalizados, se acercó y lo abrazó. 

Eran amigos. Los amigos consuelan a sus amigos. 

Kimi lo recibió, sin responder al inicio, todavía cayendo en lo que estaba sucediendo. La calidez de franco lo rodeaba, firme pero sin apretarlo demasiado, como si le estuviera diciendo estoy acá sin necesidad de pronunciar una sola palabra.

Durante unos segundos se quedó completamente quieto. Después, casi sin darse cuenta, levantó lentamente los brazos y terminó devolviéndole el abrazo.

Hundió apenas la frente sobre el hombro del argentino, exhalando un suspiro largo, uno de esos que parecían llevarse una parte del peso que cargaba desde que había terminado la carrera.

Franco sintió ese pequeño movimiento y relajó los hombros, rogando que Kimi no sintiera lo rápido que latía su corazón. 

Kimi agradeció el gesto, agradecía que franco simplemente se animará y estuviera allí. Era la primera persona que, desde que bajo del auto, no le dio palabras o miradas de lástima. Pero tenerlo allí tan cerca también le hacía olvidar todo, porque franco lo estaba abrazando. 

Tenía la mente bloqueada en un único pensamiento. Franco lo estaba abrazando. Inconscientemente, apretó apenas un poco más los brazos alrededor de él. Era la primera vez que compartían un contacto así. Por más toquetones que fueran los dos, nunca habían pasado de una mano en el hombro, un golpe en la espalda o un apretón de manos. Aquello era distinto. No había dobles sentidos, ni comentarios descarados, ni sonrisas de costado. Solo Franco, preocupado por él. Y, por alguna razón, eso le revolvía el pecho mucho más que cualquiera de sus coqueteos.

—¿Cómo estás? —susurro franco mientras se separaban. 

—Ahora un poco mejor —respondió, sonriendo, sin soltar la cintura de franco, sintiéndose demasiado cómodo con sus manos ahí. Franco también sonrió, elevando una ceja. 

—¿Si? ¿Por qué? 

—Porque… —rió bajito, mirando hacia un costado—, un chico re lindo me acaba de abrazar. 

Franco sintió como el calor se instalaba en sus mejillas, pensando en que nunca se acostumbraría a lo directo que era el menor. 

—¿Ah sí? —intentó responder con naturalidad, fallando cuando una sonrisa traicionera se le instaló en el rostro—. Mirá vos… 

Kimi asintió muy serio, como si estuviera hablando de algo muy importante, haciendolo reír.

—Si, muy lindo. 

Franco simplemente negó con la cabeza, sin intenciones de separarse o sacar el agarre que Kimi aún mantenía en él, preguntandose porque no se había animado antes a abrazarlo si se sentía tan bien. 

—Sos imposible, Andrea. 

—¿Y eso porque?, si no hice nada. 

—Porque yo te pregunto cómo estás y vos ya empezas. 

—¿Empezar? —repitió Kimi, con falsa ofensa, mientras se llevaba una mano al pecho, dejando una fría ausencia en la cintura de franco, que la había sentido más de lo que le gustaría admitir—, yo solo dije la verdad. 

—¿Así que la verdad? 

—Una muy importante. 

Franco resopló, dándose por vencido, feliz de al menos haber logrado su cometido. Kimi había sonreído y reído, dejando a un lado por unos minutos la situación a la que se estaba enfrentando. Sonrió, un poco más amplio, mientras veía como un rulo caía sobre el rostro del menor. Sin dudarlo acercó su mano, y en una caricia donde pudo sentir con claridad cómo se tensaba, se lo apartó del rostro. 

—Cualquiera podría escucharte decir eso y por la noche seríamos el chisme del año.

Se lo decía con un tono de reproche, pero con poca seriedad, distraído en como la mano en su cintura se había apretado. Estaban solos prácticamente, ya nadie pasaba por ese rincón, así que sabía que era prácticamente imposible, pero le daba curiosidad la respuesta que podría darle Kimi. 

—¿Un titular por decirte lindo? —pregunto divertido, elevando una ceja y mirándolo a los ojos, loco por la forma en que a franco se le achicaban cuando sonreía. Bajo un poco más la mano que tenía sobre la cintura del argentino, notando con facilidad como intentaba no parecer afectado, y al ver qué no lo quitaba, siguió, dejando que su manos reposen sobre su espalda baja, jugando con los límites de hasta dónde podía llegar, divertido por lo rojo que se había puesto franco.

—Kimi… —susurro, intentando no temblar por cómo se sentía la exploración del menor sobre su cuerpo— ¿Que haces? 

Kimi rio, bajando la cabeza, mientras respondía como si fuera inocente. 

—¿Te abrazo? 

Franco negó y bajo su propia mano, pellizcando las de Kimi, quien se sobresaltó y las retiró, frunciendo el ceño. 

—¿Y eso? —protestó Kimi, frotándose el dorso de la mano con un puchero, como si realmente no supiera la razón. 

—Por atrevido.

Kimi levantó la mirada, señalándose así mismo. 

—¿Atrevido yo?

Franco lo miró con una ceja levantada.

—Vos y tus manos curiosas

El italiano soltó una risa, incapaz de sostener la falsa inocencia por más de unos segundos, levantando las manos, evitando cualquier culpa mientras se acercaba más a franco, reduciendo la distancia, bajandolas y cruzandolas sobre su pecho 

—No sé de qué hablás, te estaba abrazando.

—No sabía que los abrazos eran así. 

Kimi bajo los brazos y acercó una de sus manos hasta el pecho de franco, dejándola ahí, sonriendo al notar como el corazón de franco latía desenfrenado, acercandose más, hasta que su boca quedó cerca del oído de franco. 

—Eso es porque nunca me habías abrazado —Franco abrió la boca para responder, pero no salió ningún sonido. Kimi sonrió apenas, satisfecho. Le encantaba dejarlo sin palabras.

El comentario cayó entre los dos con una facilidad insultante. Franco sintió otra vez el calor subirle por el cuello. Lo empujó apenas por el hombro, lo justo para recuperar un poco de aire entre ambos y dio un paso atrás, decidiendo que lo mejor era cambiar de tema. 

Se enderezó, se alisó el traje y se acomodó la gorra que llevaba puesta y observó otra vez a kimi, esperando que el menor dejara ahí el tema por el bien de su corazón. 

—¿Querés hacer algo esta noche?

Pero cuando Kimi estaba por responder el tiempo definitivamente se les había acabado, porque detrás de ellos se encontraba alguien del equipo del menor carraspeando, rompiendo la burbuja en la que estaban, permitiéndole al italiano solo asentir antes de darse vuelta y recibir indicaciones de que debía retirarse. 

Mientras veía como se alejaba, franco sintió como el aire se destensaba, como podía volver a respirar con normalidad. Le encantaban los intercambios con Kimi, le divertía la dinámica que tenían, pero le preocupaba de cierta forma ser al único que se le acelera el pulso de esa manera cada vez que pasaba, o el único que empezaba a sentir algo más. 

Se quedó colgado pensando en eso, hasta que su teléfono vibró en su bolsillo. Lo saco, sonriendo tontamente al ver el remitente del mensaje. 

 

Kimi 

Si quiero salir hoy

Vos ponete lindo 

Te paso a buscar tipo nueve 😉

 

 

(⁠.⁠。⁠*⁠♡

 

 

Esperaba haber elegido bien sus prendas. No sabía a dónde Kimi lo llevaría, y tampoco podía predecirlo. Cada vez que habían salido juntos por su cuenta, que eran un total de dos, Kimi lo había llevado a planes totalmente opuestos. La primera vez, una semana donde los dos coincidieron en una ciudad de Italia, el menor simplemente lo pasó a buscar y lo llevó a donde se estaba quedando, cocinando él mismo una carbonara. 

La segunda vez había sido todo lo opuesto, los dos se encontraban en Mónaco y le había dicho a Kimi que estaba aburrido, media hora después los dos estaban en camino a una fiesta en uno de los tantos bares de la ciudad. 

Pero ahora, allí en Silverstone, no sabía qué esperar. 

Estaba fuera del hotel, aguardando. Kimi le había dicho que estaba cerca, así que lo creyó lo mejor. Se había vestido casual, unos jeans oscuros y una remera negra junto a una chaqueta del mismo color. No lo creía extravagante, pero la manera en que Kimi lo miró y le tomó la mano para hacerlo dar una pequeña vuelta cuando llegó le hizo sentir lo contrario. 

—Te dije que te pongas lindo, pero estás hermoso, Fran. 

Franco sonrió, sin soltar su mano, y se acercó a saludarlo bien, con un beso en la mejilla. 

—Vos no está nada mal tampoco —respondió al alejarse otra vez, mirándolo de arriba abajo, mordiéndose el labio inferior ante lo que veía. Kimi estaba de infarto, un pantalón oscuro, una camiseta blanca y una chaqueta negra que le quedaba pintada, junto a sus característicos collares— ¿A dónde me vas a llevar hoy, Andrea?

Pero en vez de contestar, Kimi se acercó, soltando su mano y posando más propias en su cintura, atrayéndolo hacía él, lo cual tomó desprendido a franco, haciéndolo fruncir el ceño y mirarlo acusador, entrecerrando los ojos. 

—¿Y esto? ¿A qué se debe? —cuestionó, intentando sonar molesto pero fallando en el intento, distraído por cómo se sentían aquellas manos sobre él. 

—Nada en especial —dijo Kimi, tranquilo, hasta que una sonrisa, algo peligrosa según franco, se formó en su rostro, mientras que reducía la distancia, quedando tan cerca que sentía que si se movía un poco más, sus labios tal vez rozarian—, solo me gusto tenerte así hoy, tenés una cintura fácil de rodear. Mira, encaja perfecta con mis manos. 

Dicho eso, Kimi lo apretó entre sus manos, y franco tuvo que recurrir a toda su fuerza de voluntad para que el jadeo que se había formado en su garganta no se escapara, abriendo los ojos en grande ante la sorpresa, sonrojándose. Kimi sonrió, divertido, y él solo rogó internamente que no lo hiciera de vuelta. 

De repente sentía que el aire entre ellos se había vuelto un poco más pesado y caliente, quemando sus pulmones. 

—Dios, Kimi, ¿Vos escuchas las cosas que decís? —murmuró, incapaz de apartar la mirada de sus ojos. 

—Si. 

La respuesta corta descolocó un poco a franco, más si es que era posible. 

—¿Y? 

Kimi se encogió apenas de hombros, como si fuera lo de menos. 

—Son verdad —franco abrió la boca para replicar, pero no encontró palabras que estén a la altura, soltando un pequeño grito cuando Kimi volvió apretar su cintura, esta vez con más fuerza, soltando un pequeña risa ante su reacción. 

Franco llevó una de sus manos al pecho y lo golpeó superficialmente, sin buscar hacer un daño real. 

—Deja de hacer eso —reclamó, algo avergonzado del grito qué había soltado, pero Kimi lo volvió a hacer una vez, recibiendo otro pequeño golpe de su parte— ¡Kimi! 

Pero otra vez Kimi optó por el silencio mientras reía, soltandolo, por fin, mientras daba media vuelta y empezaba a caminar hasta la camioneta. Una vez llegó a ella, abrió la puerta de acompañante, haciendo un gesto exagerado para invitarlo a entrar, haciéndolo reír y olvidarse por un segundo lo bien que se ha8oobía sentido aquellos apretones en su cuerpo. 

Durante los primeros minutos del viaje franco desistió en saber a dónde es que irían, porque Kimi estaba totalmente en contra de otorgarle esa información, así que se conformo por prender el estéreo y conectarse, poniendo algunas canciones en Airbag para rellenar el silencio. 

No porque fuera incomodo, sino para que los acompañara. 

Poco a poco la melodía de verte de cerca los envolvió, cargando la atmósfera con su ritmo, con cada palabra pesando un poco más que la anterior en Franco. 

Es la primera vez que la tengo tan cerca

Es como si pudiera morderte la lengua

Morderte la lengua

Franco veía por la ventana, intentando ignorar como Kimi sonreía, porque conocía la letra y conocía la canción. Porque como no lo haría, si era la banda por al que había empezado todo entre ellos. Golpeaba con sus dedos el volante, siguiente el ritmo. 

Kimi sabía el efecto que estaba teniendo en él, y le encantaba, franco podía notarlo con facilidad. Siempre lo había hecho, y él no solía ser tan reactivo físicamente o ponerse tan nervioso siquiera tal vez porque nunca se habían tocado tanto como hasta ese día. 

Por eso, mientras que la canción seguía sonado, el tomo la valentía, queriendo lograr aunque sea un poco de lo que le pasaba a él a Kimi. La música siguió su curso, mientras que franco, con un cuidado medido, colocaba una de sus manos sobre el muslo del menor.

Y lo obtuvo, aunque sea por unos segundos. Kimi se tenso, su respiración se trabo y su corazón dio un salto. La mano de franco parecía inocente, pero se encontraba peligrosamente cerca de esa zona, y acariciaba lentamente, apretando de vez en cuando mientras él seguía conduciendo. 

Lo observó de reojo. Franco estaba mirando por la ventana con una sonrisa en el rostro, tarareando la canción, mientras a el toque le quemaba, preguntándose si así se había sentido el mayor. Pero lejos de molestarles, Kimi lo acepto, como todo lo que Franco quisiera hacerle, con el pequeño pensamiento deseoso de que se animará más. 

Tal vez eran sus hormonas hablando, o simplemente la acumulación de meses de provocaciones que había estado soportando con el argentino, pero ese día había confirmado algo que ya venía suponiendo y no se animaba a probar. 

Tocar a franco más allá de un roce era adentrarse a terrenos peligrosos, terrenos que lo llamaban desde el día uno, pero a los que nunca se había animado a adentrar. Pero cuando Franco se lo ofreció esa tarde, rodeándolo con sus brazos, consolandolo y luego permitiendo quedarse en su cintura, supo que no había vuelta atrás. 

Porque estar cerca de Franco ya le provocaba demasiado, pero saber lo que es el calor de su cuerpo contra su piel lo prendía fuego. 

 

Dame un poco más

De eso que escondés ahí, ahí

No dejo de pensar

No me hagas más sufrir así

La música siguió sonando, mientras que ambos fingían que no pasaba nada. Kimi conducía con una sola mano, colocando la libre sobre la que franco tenía en su muslo, dejando caricias sobre ella por unos segundos, y luego llevándola hasta la nuca de franco, acariciando aquella zona como si no fuera nada. 

Cómo si no encendiera cada terminación nerviosa en el cuerpo de franco y lo hiciera apretar más fuerte el muslo ajeno, entregado a lo bien que se sentía. 

Estaban pasando una barrera, una que se encontraba difusa desde el día uno, y franco terminó por encontrarse demasiado ansioso por saber a dónde los llevaría. El aire entre ellos se sentía ligeramente más pesado, y la tensión solo reflejaba como todo lo que se había acumulado entre ellos esos últimos meses estaba al borde de explotar. 

Finalmente, luego de un viaje que había parecido eterno, llegaron a su destino. Kimi bajo del auto y lo rodeó, abriendo la puerta de franco y extendiendo le una mano junto a una sonrisa. 

—Que caballeroso —bromeó franco mientras tomaba aquella mano y bajaba. Al alzar la vista, se dio cuenta que estaban frente a una casa, bastante alejados de la ciudad— ¿Donde estamos, Kimi? 

—Es la casa de un amigo, me la prestó —la respuesta fue simple y sincera, mientras tiraba de él con suavidad, haciéndole avanzar hasta llegar a la puerta, empezando a buscar las llaves en su bolsillo—, quería un lugar tranquilo, sin gente, solo nosotros. Pasa. 

Kimi lo condujo por un pequeño pasillo, sin soltar su mano en ningún momento, hasta que se abrió dejando paso a un gran espacio comedor, conectado de forma abierta con la cocina, apenas separados por un desayunador. 

El ambiente estaba iluminado por una suave luz cálida, y en la mesada de la cocina podía ver un par de ingredientes perfectamente ordenados. Se acercó hasta ahí, observando con curiosidad cada uno de ellos, emocionando se por lo que significaba. 

—¿Vamos a cocinar? —preguntó, sin darse vuelta. Se sobresaltó cuando lo abrazaron por detrás. Kimi era apenas un poco más alto que él, pero lo suficiente para poder apoyar su barbilla sobre su hombro sin problema, hablándole a la altura del oído. 

—Yo cocino —puntualizó, y franco se estremeció al sentir su voz tan cerca—, y vos solo te sentas y me conversas ¿Te parece? 

Franco asintió, y se dejó abrazar todo el tiempo que Kimi quiso, sin querer ser él quien termine el contacto, aceptando que para el menor el abrazo de esa tarde había sido el pase libre al contacto físico que necesitaba. 

El abrazo era solo eso, pero franco no podía dejar de ser excesivamente consciente de él, o de cómo la respiración de Kimi chocando con su cuello le hacía estremecer, su mente trayendo el recuerdo de las veces que Kimi le decía por mensaje que le encantaría tenerlo así, temblando contra él. 

Kimi en cambio estaba encantado. 

Encantado por poder rodear a franco entre sus brazos y no sentir que era demasiado, poder estar tan cerca y no ser rechazado. Lo volvía loco ver cómo franco reaccionaba a él, como, cuando sus manos exploraron más allá de su cintura y con delicadeza de adentraron por el borde de la remera del argentino, acariciando su piel, se estremecía y lo aceptaba. 

Y eso me hacía sentir que era correcto. 

No pudo evitar que una pequeña risa se le escapara cuando se separó de él y se colocó a un lado, agarrando algunos de los ingredientes, mientras franco había fruncido el ceño ante aquel abandono. 

—Te puedo seguir abrazando después, no pongas esa cara. 

Franco chistó, mirando hacia otro lado al notarse tan evidente. 

—¿Quién dijo que quiero que me sigas abrazando? 

—A mí no me engañas, colapinto —respondió sonriente, apuntandolo con un paquete de fideos. 

Franco arqueo una ceja y cruzó los brazos, dando un pequeño paso para atrás. 

—¿Y de dónde sacas que te engaño? 

Kimi, aún apuntando con el paquete de fideos, fingió pensar por unos segundos, haciendo que su intento de seriedad se vea en peligro. Se le hacía imposible no reír o sonreír ante esa imagen de Kimi, tan linda y divertida a la vez, pero que sabía demasiado bien que escondía un descaro que solo él podía tener.

—De ese pucherito que tenés ahí, de esas cejas todas fruncidas. 

—Estás delirando. 

Kimi dio un paso hacia adelante, cerrando la distancia que había creado, mirándolo de arriba a abajo, deteniéndose un segundo de más en sus labios. Franco trago saliva, y se quedó quieto cuando Kimi llevó su mano hasta su rostro y acarició su labio inferior. 

—Te encanta que te abrace —sentenció el kimi, y franco se preguntaba cómo es que de repente estaba tan a su merced, como había terminado envuelto en las garras de ese italiano. 

—Mentira —dijo apenas, su voz un susurro. Kimi se puso serio y negó, con una expresión de reproche. 

Se acercó más, dejando lo que tenía en su otra mano y tomando la cintura de franco, rozando su piel por debajo de la ropa, obligándolo a cerrar los ojos por la sensación. En el rostro de Kimi se extendió una sonrisa larga, gatuna, extasiado por la imagen que envía frente a él. 

—Sos tan lindo cuando mentís —susurro, acercando su rostro, provocando que sus respiraciones chocarán. Franco no abrió los ojos, no se animó. Porque dios, Kimi lo estaba volviendo loco, y sabía que si abría los ojos en ese instante la cercanía terminaría por destruir su cordura.

—Kimi… —esta vez el susurro fue incluso más bajo, tembloroso al sentir como recorría su torso con tanta vehemencia. 

Pero Kimi, tan experto en el tema, no respondió. En su mente quedó atrás la cena, el cocinar o cualquier otra cosa que no fuera franco y su calor. Observó una vez más su rostro, tan sonrojado, con los ojos cerrados, la respiración agitada y no aguanto más. 

Beso sus labios. Primero con suavidad, probando los límites del argentino, una pequeña preocupación instalándose en su pecho cuando, durante unos segundos, no obtuvo reacción. Preocupación que quedó en el olvido cuando franco finalmente lo correspondió, con una dulzura que lo desarmó. 

Era un roce tranquilo, pero que agitaba su corazones a mil por hora. Ya no había vuelta atrás, y tampoco la querían. Kimi apretó con fuerza a franco, más hacía él, arrancándole un jadeo. Se separaron un segundo, intentando recuperar el aire. 

—¿Franco…? —no sabía que quería preguntar, pero el nombre salió casi involuntario de su boca, totalmente perdido en lo que acaba de suceder.

Había besado a franco, era una realidad. Y sobre todo, le había correspondido. 

Sus ojos se conectaron, sinceros, con un brillo único. El cariño que había crecido junto al deseo en esos meses se reflejaba en sus miradas. No era que solo se tenían ganas, no, sino que ambos parecían anhelar al otro por completo. 

Franco lo observó, dándose cuenta de lo mucho que añoraba ese momento, del tiempo que llevaba deseando sentir todo lo que Kimi le prometía ser capaz. Así que sin dejar pasar un segundo más se abalanzó hacia él, tomando su rostro con sus manos y juntando sus bocas en un beso lleno de urgencia, de todo lo que venía acumulando desde hacía meses.

No necesitaba más palabras ni juegos, no quería más provocaciones, quería sentirlo, fundirse con él y olvidarse del mundo entre sus brazos. 

Y Kimi se lo otorgó sin dudarlo. 

Se besaron con ganas, con fuerza. Las manos del italiano apretaban y explotaban la piel de franco con desenfreno, robándole suspiros que quedaban atrapados en el roce de sus labios. El calor empezó a subir, mientras que franco hundía aún más sus manos en Kimi, tirando de su cabello, enredándose en sus rulos. 

Kimi terminó por dar vuelta a franco, acorralandolo contra la mesada de la cocina, ambos riendo cuando el menor intento apartar todos los ingredientes que había colocado con tanto cuidado. Se separaron pro la falta de aire, justo cuando Kimi lo levanto y se sentó sobre la superficie, introduciéndose entre sus piernas, pegando sus cuerpos. 

Franco miró al costado, agitado, y observó como la mesada era un desastre ahora. 

—¿Y la cena? —bromeó, apenas, con hilo de voz que le saco una sonrisa a Kimi mientras negaba y acercaba su rostro una vez, soltando sus palabras sobre sus labios. 

—Puede esperar. 

Dicho eso lo beso de nuevo durante unos segundos, par a luego abandonar sus labios y dejar un camino de besos hasta llegar al cuello de franco, sin poder creer que realmente eso estaba sucediendo. Dejó un par de besos, suspirando cuando sintió las manos del argentino adentrarse en su remera y acariciar directamente su piel con desespero, retorciéndose bajo suyo. 

Franco deseaba más, y cansado de esperar tiró de la chaqueta de Kimi, obligando a sacársela. Se acercó más, lo rodeó entre sus piernas y el primer roce llego, haciéndolos detener de inmediato, cayendo en el camino que estaban tomando las cosas. 

Kimi se separó, mirándolo serio, con duda, temiendo por la respuesta de lo que estaba por preguntar. 

—¿Realmente querés que esto suceda? 

Franco lo pensó un segundo que pareció eterno. Estaban ahí, después de tanto, con el corazón entregado al otro. Lo pensó apenas, porque lo había deseado tantas veces, tantas noches de mensajes eternos, que no le quedaban dudas. 

—Si, Kimi, obvio que quiero.