Work Text:
Graf apoyó su cuerpo contra el marco de la puerta del cuarto de Ewron, sus lentes deslizándose bajos en el puente de su nariz.
Graf no solía ponerse borracho, el era el chico servicial, la persona madura del grupo que se encargaba que todos llegaran a casa sanos y salvos por mas borrachos que estuvieran, arrastrando a Multi a su habitación o luchando con Ewron que se ponía imposiblemente mas agresivo cuando estaba intoxicado.
Estar borracho significaba que su cerebro podía dejar de funcionar en paz y que todo a su alrededor se atenuaba, le gustaba, pero la vida de Graf había sido sacrificio tras sacrificio y la pequeña molestia de no poder ponerse ebrio era un sacrificio diminuto en comparación a otras cosas.
Pero Graf estaba cansado de hacer sacrificios, así que hoy, sin decir nada a nadie compro la suficiente cantidad de alcohol como para noquear a un animal de tamaño mediano y la metió a escondidas en su habitación, evadiendo la mirada curiosa de Nexe quien le levantó una ceja al verlo pasar.
Bebió, el ardor de el alcohol deslizándose por su garganta era casi agradable, no recordaba la ultima vez que había podido hacer esto.
A Graf le gustaba lo diferente que se sentía cuando tomaba, pero odiaba verse igual. Odiaba la risa de Multi y el ladeo de su cabeza como si viera lo mas fascinante del mundo.
—Eres la primera persona que conozco que no cambia cuando bebe.
Era lo que siempre le decía, y Graf cada vez apretaba las manos y miraba a otro lado.
El cambiaba, siempre lo hacia, al beber, al tener un mal día, al relajarse y dejar su mano aflojarse mientras los versos fluían de su pluma, Graf era otro cada vez. Y a veces en el ruido de su propia mente lo hacia desear que alguien mas lo viera también, que alguien viera como sus hombros perdían presión y su voz cambiaba y le asegurara que lo veía a el, no solo a sus expresiones que al ojo ajeno parecían todas iguales, si no a el, a Graf.
Pensar en eso y enojarse y soltar algún bufido de frustración al aire se sentía bien, ser egoísta por una vez en la vida se sentía casi liberador, el permitirse enojarse y descontrolarse y tomar otra lata y oír el satisfactorio crujido seguido del silbido del gas que escapaba.
Todo se sentía tan bien que había olvidado el por que estaba bebiendo un martes en la noche sabiendo que mañana tendría que levantarse de todas maneras y recorrer el campus hacia su clase de Morfología y Sintaxis.
A Graf no le molestaba que Ewron se vistiera de mujer, mierda, no podría importarle menos, pero el hecho de que nadie le dijera nada lo había motivado a comprarse toda una montaña de ropa de mujer para en sus ratos libres dejar salir a "Ewronka" por el campus a engatusar pobres tipos que se dirigían a sus clases diarias.
Graf levantó una ceja y cuestionó la moralidad de la acción pero la conversación terminó tan pronto como Ewron rodó los ojos y se alejo, diciéndole a Graf que exageraba.
Había visto a Ewronka alrededor del campus un par de veces, pero lo que había pasado hoy en la mañana fue algo diferente.
Graf sabía que Juan disfrutaba de pasar sus horas libres en la biblioteca, acurrucado en uno de los sillones con una pila de cómics en su regazo, y también sabia lo raro que se veía espiando al chico desde detrás de su propia pila de libros. Se decía que el también necesitaba un poco de estudio, pero lo que terminaba leyendo era mínimo, ya que sus ojos siempre se desviaban a la mueca distraída de el chico de lentes en la otra punta de la habitación.
Sus ojos se habían separado de Juan un momento, y cuando volvieron vio a una chica regordeta inclinarse un poco por detrás para ver el cómic descansando entre manos pálidas. A Graf se le paró el corazón al ver la cara de Juan enrojecerse y sus labios estirarse en una sonrisa nerviosa, tartamudeando y completamente embobado.
Graf no sabía que carajos hacía Ewron un martes a las 9 de la mañana vestido de Ewronka, y mucho menos sabia por qué tenia que ir específicamente tras Juan, pero su estomago se encogió al ver la escena. El malestar fue tal que pensó que iba a vomitar y salió con toda la decencia que pudo de la biblioteca, tratando de verse tan calmado como alguien en su situación podría estar.
No pudo pensar en otra cosa todo el día, su cerebro regresaba al momento justo donde la cara de Juan se enrojecía y su cabeza casi por instinto se había ladeado ligeramente, labios temblando al tratar de formular una frase.
Dolió. Dolió como la mierda, era verdad, pero tal vez podría haber dolido menos si la semana pasada Juan no hubiera dicho con esos jodidos ojos grandes y culpables que no estaba listo para enamorarse, asegurandole a Graf que el no era el problema.
Tal vez Juan le había mentido. Tal vez el si era el problema, pues Ewronka parecía ser mas merecedora de amor que Graf, parecía incluso ser mas fácil para ella, alguien que no existía, recibir una sonrisa apenada y una mirada cálida de aquellos ojos castaños que para el.
Y porque siendo el, Graf no sentía ser merecedor de amor —y mucho menos el de Juan—, ya borracho y tambaleante se coló a la habitación de Ewron.
No fue difícil encontrar el maquillaje, guardado en un cajón, escondido bajo los calcetines de lana que Graf le regaló a Ewron el invierno pasado. Graf apartó la tela suave, ignorando el regusto amargo que el alcohol dejó en su lengua y tomando con torpeza un puñado de productos que reconocía vagamente, apresurándose a salir de allí, siendo tan cuidadoso como lo puede ser un hombre borracho.
Se arrastró hasta el baño, el piso parecía moverse bajo sus pies, un borrón inestable que sus ojos nublados no parecían querer enfocar.
Se apoyó en el lavabo, el borde de porcelana clavándose en las palmas de sus manos, dejando el maquillaje caer en su interior con un ruido sordo.
Extendió la mano y tomo un lápiz labial, el producto se sentía pequeño y desconocido entre sus dedos, el plástico endurecido del empaque parecía reclamar algo, pero Graf estaba lo suficientemente ebrio como para que le importara una mierda lo que le tratara de decir su subconsciente mediante un tubo de pintura roja glorificada.
Lo abrió, la tapa de plástico haciendo un sonido de "pop" al ceder. Sus manos temblaron cuando acercó la punta a sus labios, quiso culpar al alcohol pero el sabia que no era así, el sabia que si hacia esto no habría vuelta atrás. No mas esperanza o fe ciega en que algo cambiara, solo el duro golpe de la realidad que no podría evitar solo con mirar a otro lado.
Sus movimientos eran torpes, presionando demasiado el labial, o tal vez muy poco. No lo sabe.
El labial dejó tras de si un rastro asimétrico de color escarlata en sus labios, demasiado brillante contra su piel.
La frustración lo invadió, filtrándose bajo su piel, tan fuerte que se empezaba a sentir como algo físico, algo que lo empujó a presionar el labial con mas fuerza, arruinándolo, aplastando la delicada punta hasta que se espachurró desagradablemente.
Lo dejó caer dentro del lavabo y se deshizo de sus lentes, lo siguiente que tomó fue una mascara de pestañas que abrió de manera casi violenta. La empuñó de manera obtusa, haciendo un desastre cada vez mayor en su cara.
El rubor fue lo que vino después, su reflejo en el espejo apenas visible, lo único que iluminaba el baño era un rayo de luna que no alcanzaba a revelar el como se veía.
Cuando sintió que por fin había terminado estiró su brazo, sus dedos rozando contra la pared hasta que logró presionar el interruptor de la luz, el brillo lo aturdió por un segundo antes de ser capaz de enfocar su vista en el espejo frente a el.
La piel resquebrajada de sus labios pintada por encima con aquel labial hacia que pareciera estar desprendiéndose. Las lineas de color rojo brillante se salían de sus labios vulgarmente, incluso manchando su barba ligeramente. Las pestañas se veían pastosas, apelmazadas entre si, un poco del liquido espeso manchaba sus pómulos que estaban colorados con una cantidad ridícula de rubor.
Se miró un rato al espejo, el zumbido de las luces fluorescentes era lo único que escuchaba ahí parado frente al espejo, su reflejo le devolvía la mirada, se sentía como una confirmación, como el sonido sordo de el ultimo clavo del ataúd de la esperanza muerta que tenia en que Juan algún día vería lo que estaba frente a el y por fin se daría cuenta que el hombre con el que quería estar era el.
Ese fue su problema. Pensar en su propia estupidez que Juan querría siquiera salir con un hombre, salir con alguien como el, cuando el chico se rodeaba de personas interesantes y diversas. Gente con expresiones cambiantes, con el privilegio de la normalidad expresiva de un humano que el sentía que faltaba dentro de el.
Recordó el maquillaje de Ewronka. Piel de porcelana, mejillas rojizas y pestañas pulcras y elegantes, labios carnosos y seductores, jugosos como ciruelas. Recordó como brillaban los ojos de Juan de una manera que nunca vio dirigida a si mismo, y dolió, estaba molesto consigo mismo, furioso por siquiera pensar alguna vez que tenia una oportunidad.
No hubiera notado que lloraba si no fuera por los oscuros rastros que dejaba atrás la mascara de pestañas en sus mejillas, arruinando el maquillaje mas de lo que ya estaba.
Sus manos fueron a su cara, presionando contra el maquillaje con esperanza de limpiarse, se sentía sucio, ridículo incluso, como una niña pequeña que usa el maquillaje de su madre. Pero el no sentía esa maravilla infantil, solo sentía sus uñas contra su piel irritada de vez en cuando mientras frotaba su cara para quitarse el labial de la barba con tal vehemencia que parecía que lo que buscaba era arrancarse la piel.
Al día siguiente su alarma le rompió los tímpanos, su cabeza se sentía como si alguien estuviera activamente tratando de abrirle el cráneo por la mitad a golpes, sus parpados dolían y su boca se sentía seca. Estuvo a punto de caer cuando se levantó de la cama, entrecerrando sus ojos contra la luz de la mañana que se filtraba por sus cortinas.
Se tambaleó todo el camino al baño, encontrándose con su reflejo por unos segundos antes de apartar la mirada del espejo, sintiendo un peso de plomo en su estomago después de recordar lo que pasó anoche.
Había llegado a una conclusión borracho que aun mantenía firmemente ahora que estaba sobrio. Juan nunca iba a ser suyo y el nunca iba a ser de Juan.
Juan sería solo una cosa mas que Graf sacrificó. Por la felicidad del otro hombre o por lo que fuera que estuviera haciendo Ewron, Graf siempre supo que lo suyo realmente siempre fue renunciar a lo que quería por el bien de alguien mas, y hoy la vida le recordaba una vez mas su lugar —uno que por mas que lo intentara, Graf sabía que nunca saldría de el—.
Sus ojos fueron al maquillaje arruinado de Ewron en el lavabo, pero no se pudo permitir mas que tomar una rápida foto de este y tirarlo a la basura sin pensárselo dos veces. Compraría una copia exacta de este antes de regresar a casa, de todas maneras, hoy no iría a la biblioteca.
