Chapter Text
(Diversión en la playa con Nelliel)
Ichigo x Nelliel
Hueco Mundo no debería tener playas.
Esta fue la primera y más persistente idea en la mente de Ichigo Kurosaki mientras sus pies descalzos se hundían en la arena blanca y fina. Este era el reino de los Hollows, un desierto infinito bajo un cielo nocturno eterno, un lugar de hambre y desesperación. No debería haber olas rompiendo con un ritmo suave y constante, ni una brisa salada que llevara el olor del mar en lugar del polvo seco y la desesperación.
Y sin embargo, aquí estaba.
La arena blanca se extendía hasta donde alcanzaba la vista, encontrándose con aguas negras como la obsidiana que reflejaban las estrellas falsas del cielo de Hueco Mundo. No era el océano de ningún mundo vivo, pero se movía, respiraba, y en este momento, era el escenario más paradójicamente hermoso que Ichigo había visto.
Su atención, sin embargo, no estaba en el paisaje imposible.
Estaba en la mujer recostada en la toalla negra extendida sobre la arena blanca.
Nelliel Tu Odelschwanck, la ex Tercera Espada, yacía boca abajo, su cuerpo una serie de curvas imposibles contra la tela oscura. El bikini blanco que llevaba era una broma, una provocación. El sostén, hecho de tela delgada y cintas, luchaba heroicamente para contener la plenitud de sus senos, las copas estiradas hasta el punto de ruptura. La parte inferior era una tanga mínima que desaparecía entre las nalgas redondas y perfectas, dejando poco a la imaginación.
El cráneo de oveja que normalmente adornaba su cabeza yacía a un lado, su cabello verde menta extendido como un manto sobre sus hombros y espalda. A sus diecisiete años, Ichigo había visto mujeres hermosas antes. Orihime tenía una dulzura etérea, Rukia una belleza elegante y afilada. Pero Nelliel… Nelliel era algo completamente diferente.
Era sensualidad hecha carne. Cada movimiento, cada respiración, era erótico. Sus piernas, largas y esculpidas por siglos de combate, se extendían desde la tanga diminuta, terminando en pies delicados. Su cintura se estrechaba antes de ensancharse en caderas que habrían hecho llorar a un escultor. Y sus senos…
Ichigo tragó saliva, sintiendo cómo sus shorts negros con franjas rojas se volvían repentinamente muy ajustados. Los senos de Nelliel eran los más grandes que había visto en su vida, mucho más grandes que los de Rangiku, y eso ya era decir algo. Cada vez que ella respiraba, se movían contra la toalla, los pezones oscuros visibles a través de la tela blanca delgada.
"¿Ichigo?"
La voz de Nelliel, suave pero con ese tono único que siempre lo hacía pensar en campanillas distantes, lo sacó de su trance.
"¿Sí?" respondió, forzándose a mirar sus ojos verdes cuando ella giró la cabeza hacia él, en lugar del valle entre sus senos.
"¿Podrías ayudarme con esto?" Ella agitó una pequeña botella de plástico. "El aceite de coco. No puedo alcanzar mi espalda".
Ichigo asintió, tomando la botella con manos que temblaban ligeramente. El aroma dulce del coco llenó el aire entre ellos. Nelliel giró su cabeza hacia adelante, sus dedos ágiles desatando el nudo de su espalda. El sostén cayó hacia los lados, y por un momento, antes de que ella hundiera su pecho en la toalla, Ichigo vio el perfil perfecto de sus senos, redondos y pesados, los pezones ya erectos.
Luego recogió su cabello, moviéndolo completamente sobre un hombro, exponiendo su espalda desnuda.
La vista le quitó el aire.
La piel de Nelliel era pálida como la luna contra la arena blanca, suave como la seda y sin una sola imperfección. El único marcador era el tatuaje del número 3 en la parte superior de su espalda izquierda, un recordatorio de su pasado como Espada. La curva de su columna era una línea elegante que se hundía en la cintura estrecha antes de ensancharse en esas caderas que hacían que la boca de Ichigo se secara.
"Lista", murmuró Nelliel, su voz un poco ahogada por la toalla.
Ichigo vertió aceite en sus palmas, frotándolas para calentarlo. Con manos que ahora temblaban abiertamente, comenzó a aplicar el aceite en sus hombros.
El primer contacto hizo que ambos jadearan. La piel de Nelliel estaba cálida por el sol falso de Hueco Mundo, suave bajo sus dedos de una manera que no tenía sentido. Ichigo trabajó lentamente, presionando los músculos tonificados de sus hombros, sintiendo cómo cedían bajo sus manos. Un suave gemido escapó de los labios de Nelliel.
"Eso se siente increíble", murmuró, hundiéndose más en la toalla.
Ichigo continuó, sus manos descendiendo por su columna vertebral. Con cada centímetro que exploraba, su propia excitación crecía. Su shorts negros estaban ahora dolorosamente ajustados, la erección que había estado luchando por contener desde que llegaron a la playa ahora dura y pulsátil.
Cuando sus manos llegaron a la parte baja de su espalda, justo donde la curva se convertía en el comienzo de sus nalgas, Nelliel respiró hondo. Sus dedos se cernieron sobre la tela de la tanga, y luego, moviéndose casi por voluntad propia, se deslizaron debajo del borde delgado.
Nelliel se tensó. "Ichigo... ¿qué estás...?"
"Shhh", murmuró él, su voz más ronca de lo que pretendía. "Solo me aseguro de que toda tu espalda esté cubierta".
Pero esa no era toda la verdad. Una idea había tomado forma en su mente, perversa y tentadora. Sus manos tomaron los lados de la tanga, deslizándola lentamente hacia abajo sobre las nalgas perfectamente redondas de Nelliel.
La mujer Arrancar hizo un sonido entrecortado, pero no protestó. Cuando la tela blanca llegó a sus tobillos, Ichigo pudo verla completamente: el valle entre sus nalgas, el orificio anal rosado y apretado, y más abajo, los labios vaginales depilados que ya brillaban con humedad a pesar de que no había tocado allí todavía.
"Estás...", comenzó Nelliel, su voz cargada de curiosidad y nerviosismo.
"Te estoy aplicando aceite en todos los lugares correctos", respondió Ichigo, su sonrisa perversa invisible para ella pero audible en su voz.
Abrió la tapa de la botella de aceite. Con mano firme, vertió una delgada línea del líquido cálido y dorado. Comenzó en el orificio anal de Nelliel, el aceite descendiendo lentamente por el valle entre sus nalgas antes de llegar a sus labios vaginales, ya temblorosos de anticipación.
Nelliel jadeó, sus manos aferrándose a los bordes de la toalla. "I-Ichigo....."
"Relájate", ordenó él, aunque él era quien temblaba. "Deja que cuide de ti".
Luego se llevó dos dedos a la boca, mojándolos completamente con saliva antes de llevarlos a su sexo. No empezó directamente dentro de ella; primero acarició los labios exteriores, ya hinchados y sensibles, sintiendo cómo palpitaban bajo su toque.
"Aaaahhh~~ Por favor", suplicó Nelliel, su voz ahora un susurro quebrado.
Ichigo sonrió. Luego, sin más preámbulos, deslizó sus dos dedos dentro de ella.
Nelliel gritó, su cuerpo arqueándose contra la toalla. Era más estrecha de lo que Ichigo había imaginado, más caliente, y los músculos internos se cerraron alrededor de sus dedos como un puño de bienvenida.
"Aaaaahhhhh~~ Dios, Ichigo..." gimió Nelliel, su rostro ahora enterrado en la toalla.
Ichigo comenzó a mover sus dedos, un ritmo lento al principio, explorando cada pliegue, cada punto sensible dentro de ella. Con el pulgar, encontró su clítoris, ya duro y prominente, y comenzó a frotarlo en círculos firmes.
Los sonidos que salían de Nelliel ya no eran palabras, sino una serie de gemidos lujuriosos que se mezclaban con el sonido de las olas negras. Su cuerpo se movía contra sus dedos, sus caderas empujando hacia atrás en busca de más contacto, más profundidad.
"¿Te gusta?" preguntó Ichigo, inclinándose para que sus labios rozaran la concha de su oreja.
"Aaaaahhh~~ aaaaahhh~~Sí..... más, por favor, más...Aaaaahhh~~"
Ichigo aumentó el ritmo, sus dedos moviéndose más rápido dentro de ella mientras su pulgar continuaba su trabajo en su clítoris sensible. El sonido húmedo y obsceno de su sexo siendo estimulado llenó el aire, junto a los fuertes gemidos lujuriosos de la mujer Arrancar que eran más audibles que las olas.
Nelliel comenzó a temblar, sus músculos tensándose alrededor de sus dedos. "Ichigo, voy a..... Oooohhh~~ voy a..."
"Espera", ordenó él, retirando abruptamente sus dedos.
Un gemido de frustración escapó de los labios de Nelliel. "¿Por qué paraste? Estaba tan cerca....."
Ichigo no respondió. En cambio, sus manos encontraron sus caderas, levantándola hasta que estuvo de rodillas, la parte superior de su cuerpo todavía apoyada en la toalla. La posición era sumisa, vulnerable, y desde este ángulo, Ichigo podía ver todo: su sexo hinchado y brillante con aceite y sus propios jugos.
"Porque quiero probarte primero", murmuró, y antes de que Nelliel pudiera responder, bajó la cabeza.
Su lengua encontró primero su clítoris, lamiéndolo con largas y firmes lengüetadas que hicieron que Nelliel gritara. Luego se movió hacia abajo, probando la mezcla de aceite de coco y sus fluidos vaginales. El sabor era embriagador, dulce y salado, con un toque picante que era únicamente ella.
"¡¡Aaaaaaaahhhhh~~!! Ichigo-sama!" gritó Nelliel, sus manos aferrándose a la toalla como si fuera su ancla a la realidad. "¡¡Ahí!! ¡¡Justo ahí!!"
Ichigo aumentó el ritmo, una mano yendo entre sus propias piernas para aliviar algo de la presión mientras continuaba comiéndola. Su lengua exploró cada centímetro, penetrándola brevemente antes de volver a su clítoris. Los gemidos de Nelliel se hicieron más fuertes, más urgentes, hasta que su cuerpo se tensó y un torrente de sus jugos llenó la boca de Ichigo.
Él bebió ávidamente, sin dejar caer una gota. Cuando finalmente se apartó, Nelliel estaba jadeando, sus piernas temblorosas incluso en la posición de rodillas.
"Eso fue...", comenzó ella, pero su voz se quebró.
"Solo el comienzo", terminó Ichigo, poniéndose de pie.
Sus manos fueron a la cintura de sus shorts. Con un movimiento brusco, se los quitó junto con su ropa interior. Su erección saltó libre, larga y gruesa, con una vena prominente que latía a lo largo de su longitud. En la punta, una gota de líquido preseminal brillaba bajo la luz estelar falsa.
Los ojos de Nelliel se ensancharon cuando giró la cabeza para mirarlo. Sus labios se separaron en una "O" silenciosa mientras su mirada recorría su cuerpo, desde sus pectorales definidos hasta su abdomen marcado, y finalmente se detenía en su miembro. Su vagina palpitaron visiblemente, un nuevo chorro de humedad brotando de ella.
"Tan grande", respiró. "Más de lo que imaginé".
Ichigo se arrodilló detrás de ella, sus manos en sus caderas. Desde esta posición, podía ver todo: los labios rosados e hinchados, el clítoris todavía sensible, la entrada que palpitaba invitándolo.
"Voy a follarte ahora", dijo, su voz baja pero cargada de intensidad. "Y cuando lo haga, voy a llegar hasta tu útero. Voy a reclamarte de una manera que nunca olvidarás".
Nelliel gimió, empujando sus caderas hacia atrás contra él. "Por favor, Ichigo-sama... te necesito dentro..."
Ichigo no hizo esperar más. Con una mano guió la punta de su pene a su entrada, y con un empuje firme y controlado, comenzó a entrar.
Nelliel gritó, un sonido que resonó a través de la playa desierta. Era estrecha, increíblemente estrecha a pesar de su preparación, y el calor que envolvía a Ichigo era casi doloroso en su intensidad. Pero no se detuvo. Continuó empujando, más profundo y más profundo, hasta que sintió que la punta de su pene encontraba resistencia —el cuello de su útero.
"¡¡¡Aaaaaaahhhhh~~!!! ¡¡Dios!! ¡¡Ahí!!" gritó Nelliel cuando Ichigo presionó contra ella.
Por un momento, ambos permanecieron inmóviles, ajustándose a la sensación. Ichigo miró hacia abajo, viendo donde sus cuerpos se unían, viendo cómo su longitud desaparecía completamente dentro de ella. La vista era tan erótica que casi lo hizo venir allí mismo.
"¿Estás bien?" preguntó, su voz tensa por el esfuerzo de no moverse.
"Mejor que bien", jadeó Nelliel, sus ojos brillando con lágrimas de placer. "Eres perfecto. Ahora muévete. Por favor, muévete".
Ichigo comenzó lentamente, retirándose casi por completo antes de hundirse de nuevo hasta su útero. Cada embestida hacía que Nelliel gritara, que su cuerpo se sacudiera con ondas de placer. Pronto, el ritmo lento no fue suficiente. Para ninguno de ellos.
Ichigo aumentó el ritmo, sus caderas chocando contra las de ella con una fuerza que hacía que la arena blanca salpicara alrededor. Los gritos de Nelliel se volvieron más fuertes, más urgentes, mezclándose con los gruñidos guturales de Ichigo.
"¡Así! ¡Justo ¡¡Aaaahhhhhh~~ aaaaahhh~~!! ahí!" gritó Nelliel cuando Ichigo encontró un ángulo que golpeaba profundamente dentro de ella, rozando un punto que hacía que viera estrellas.
Ichigo sonrió, un gesto feroz y posesivo. "¿Te gusta que te folle, Nel? ¿Te gusta sentirme tan profundo dentro de ti?"
"¡Sí! ¡Dios, sí!"
"¿De quién eres?" exigió, agarrando sus caderas con tanta fuerza que seguramente dejaría moretones.
"¡Tuya! ¡Solo tuya, Ichigo-sama!"
Esa afirmación hizo que algo se rompiera dentro de Ichigo. Su ritmo se volvió frenético, salvaje, cada embestida más profunda que la anterior. La playa desapareció, el cielo nocturno desapareció, todo lo que existía era esta mujer debajo de él no, delante de él, su calor envolviéndolo, sus gritos llenando sus oídos.
"Voy a correrme dentro de ti", gruñó, sus palabras entrecortadas por el esfuerzo. "Voy a llenarte hasta el borde. ¿Quieres eso? ¿Quieres que te llene con mi semen?"
"¡Sí! ¡Por favor, Ichigo-sama! ¡Dámelo todo!"
El orgasmo de Nelliel llegó primero. Su cuerpo se arqueó violentamente, su vagina apretando a Ichigo como un puño, sus jugos brotando alrededor de su pene. El espasmo fue tan intenso que hizo que Ichigo viera estrellas estrellas reales esta vez, no las falsas del cielo de Hueco Mundo.
Eso fue todo lo que necesitó. Con un rugido que habría asustado a cualquier Hollow dentro de un kilómetro a la redonda, Ichigo llegó al clímax. Su semen brotó dentro de ella, caliente y abundante, llenando cada espacio hasta que sintió que algo se derramaba alrededor de su pene todavía enterrado dentro de ella.
Colapsó sobre su espalda, sus cuerpos sudorosos pegándose bajo el cielo falso. Ambos jadeaban, incapaces de moverse, incapaces de hablar.
Después de lo que pareció una eternidad, Ichigo se retiró suavemente. Nelliel inmediatamente se desplomó en la toalla, girando para mirarlo con ojos vidriosos.
"Eso fue...", comenzó ella, pero no pudo encontrar las palabras.
"El comienzo", terminó Ichigo, acostándose a su lado y tirando de ella contra su pecho.
Nelliel levantó la vista, sus ojos verdes brillando con curiosidad y deseo renovado. "¿El comienzo?"
Ichigo sonrió, una expresión lenta y satisfecha. "Te convertiste en mi juguete sexual personal esta noche. Y apenas hemos comenzado a jugar".
Mientras hablaba, ya sentía cómo su erección regresaba, más dura que antes contra el muslo de Nelliel. Ella lo sintió y un escalofrío de anticipación recorrió su cuerpo.
"Tenemos toda la noche", murmuró ella, su mano bajando para agarrarlo suavemente.
"Y todo el día", dijo Ichigo, girando para quedar sobre ella nuevamente. "Porque aquí el sol nunca sale realmente. Tenemos una eternidad para jugar".
Nelliel sonrió, una expresión radiante y sumisa. "Entonces juega conmigo, Ichigo-sama. Hazme tuya una y otra vez".
Y mientras las olas negras de Hueco Mundo continuaban rompiendo contra la arena blanca, en esa playa imposible, el sustituto Shinigami y la ex Espada encontraron en los brazos del otro un tipo diferente de batalla —una donde la única victoria era el placer mutuo, y la única sumisión era la ofrecida libremente por un corazón que finalmente había encontrado un hogar en el desierto más improbable.
