Actions

Work Header

Solo Mío

Summary:

Pedro está furioso. Su omega, Pablo, se ha lanzado sobre otro alfa para celebrar un gol y, para rematarlo, ha subido una foto de ese momento a Instagram. Los celos queman la sangre del alfa, que no puede evitar estampar a Gavi contra la pared de la habitación del hotel y exigir explicaciones.

Pero detrás de los celos hay inseguridad. Detrás de la furia hay dolor y miedo a no ser suficiente.

La mejor forma de resolverlo es poner limites y follar. Follar hasta que Gavi recuerde de quién es. Hasta que Pedri lo llene de semen y le demuestre, con cada embestida, que es suyo. Solo suyo.

Notes:

Nunca había escrito una historia Omegaverse y no soy ningún experto en el tema, así que para esta historia tomé las cosas que me gustan del universo y las usé a mi antojo. Si alguien espera una obra maestra del género, que sepa que esto salió de mi cabeza después de un largo día, medio dormido, cuando me apareció un post de Gavi en Instagram y mi cerebro dijo: "Debo escribir al respecto".

Así que lamento si hay algún sinsentido o alguna licencia creativa que no encaje del todo con las reglas del Omegaverse. Esta historia es mía, con mis reglas y mi mente pervertida.

Espero que lo disfruten tanto como yo disfruté escribiéndolo.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Pedro estaba enfadado, lo cual era terriblemente contradictorio. Acababan de ganar 3-0 a Austria, habían sellado su pase a octavos de final y se suponía que debería estar eufórico, celebrando, pensando ya en el siguiente rival. Pero en lugar de eso, Pedro solo podía sentir una ira que le quemaba la sangre. Y todo era culpa de Gavi. Del estúpido y hermoso Pablo Gavi.

Era un poco irracional, sí. Pero cuando Pedro vio cómo Pablo se lanzaba encima de Oyarzabal, cómo quedaba prácticamente sobre su regazo mientras celebraban el gol, no pudo evitar mostrar los colmillos. Agradeció que ninguna cámara lo enfocara en ese momento.

Cuando el partido terminó, Pablo se mantuvo pegado a Mikel. En el autobús, se sentó junto al otro alfa y pasó todo el trayecto abrazándolo y felicitándolo por su doblete. Pedro tuvo que resignarse a ocupar el asiento de al lado de Ferran. Y aunque su mejor amigo intentaba distraerlo con charla trivial, Pedro no podía apartar la mirada de la mano de Mikel descansando sobre el hombro de Gavi.

Pero la gota que colmó el vaso de su paciencia llegó unas horas después, cuando ya estaba recostado en su cama de hotel mientras scrolleaba por Instagram y vio la nueva publicación de Gavi.

La primera foto ya lo hizo gruñir, el joven gritando de emoción mientras corría hacia Mikel. La segunda era un retrato de Pablo, guapo, enseñando su cuello, una foto linda, sin más. Pero la tercera... la tercera hizo que lanzara el teléfono contra el colchón con toda la furia que llevaba dentro.

Ese pequeño bastardo se había atrevido a subir una foto de ese momento. De el sobre el delantero, abrazándolo, la cara contra su hombro, con sus cuerpos tan unidos, una posición muy íntima, una posición que le traía interminables recuerdos. Recuerdos del andaluz sobre su regazo, lloriqueando en su oído, pidiéndole más, esa posición que le traía tan lindas memorias ahora profanada con la imagen de Pablo sobre Mikel.

Pedro salió de la habitación del hotel hecho una furia. Caminó con paso decidido hasta la puerta de su omega y llamó con demasiada fuerza, haciendo temblar las bisagras.

Al cabo de unos segundos, Pablo apareció con una sonrisa, aún con la ropa de la selección puesta.

—Oh, hola, Pepi—

Pedro no lo dejó terminar. Entró en la habitación con brusquedad, cerró la puerta con un pie y empujó al otro centrocampista contra la pared. La cabeza de Pablo chocó contra la superficie blanca y sus ojos se abrieron de par en par.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó Gavi, con la voz temblorosa, mientras Pedro enterraba la nariz contra su glándula olfativa.

—¿Te parece divertido hacer eso? —gruñó Pedri, con la respiración entrecortada—¿Te parece muy divertido restregarte contra otro alfa? ¿Te parece muy gracioso ponerme celoso? ¿Andar por ahí como una zorra sabiendo que eres mi omega?—

La última frase salió acompañada de un gruñido grave que hizo estremecer a Pablo.

Pedro empezó a olisquear y mordisquear el cuello del omega, dejando marcas por toda la piel blanca, marcas que sin duda serian muy visibles mañana, pero no le importaba, era mejor, que todos vieran, que todos en especial Mikel supieran que Gavi tiene dueño.

—Pepi... —gimió el omega, sintiendo cómo Pedro mordía ese punto detrás de su oreja con demasiada fuerza—Vas a dejar marcas—

—No me importa—gruño pedro empujando a pablo con sus caderas, manteniéndolo apretado contra la pared mientras se restregaba

—Agh Pedri…—

Pedro se apartó lo justo para colocar una mano sobre el pecho de Pablo y presionarlo con firmeza contra la pared, dejándolo atrapado entre la superficie lisa y su palma abierta.

—¿Por qué lo hiciste? —su voz era ronca y peligrosa—¿Por qué te lanzaste sobre otro alfa? ¿Es que ya no me amas?—

Pablo alcanzó a ver un destello de dolor en los ojos de su alfa. Bajo esa capa de celos y posesividad había algo más vulnerable, más real. Inseguridad. Miedo a ser reemplazado.

—No, no, Pepi, no digas eso —dijo Pablo, atrapando la mano que lo presionaba contra la pared. No pudo evitar que las lágrimas comenzaran a brotar, no solo por el dolor físico y el ardor de sus pulmones al sentir la presión de la mano del centrocampista, sino por haber lastimado a su alfa, por haberle hecho creer que no lo amaba cuando él solo quería más atención.

Su olor cambió de repente. El aroma dulce y cálido que siempre envolvía a Gavi se tiñó de miedo y tristeza, y golpeó a Pedro con la fuerza de un balonazo en el pecho.

¿Se habia pasado? ¿Habia sido muy violento? ¿Lo estaba ahogando?¿Estaba lastimando a su omega?

La conciencia regresó como un latigazo. Pedro lo soltó de inmediato y dio un paso atrás, con los puños temblorosos y la mirada perdida. Iba a disculparse, pero Pablo se lanzó a sus brazos antes de que pudiera articular palabra. Lo abrazó con todas sus fuerzas, enterrando el rostro en su cuello, mojándolo con pequeñas lagrimas que se le empezaban a escapar.

—Te amo, Pedro. Te amo, tú eres mi alfa —dijo con la voz gangosa—Solo quería tu atención, solo... solo actué así porque estaba celoso de todo el tiempo que pasas con Ferran—

—Pablo, Ferran es un beta y es mi amigo—

—Lo sé, lo sé —dijo el andaluz intentando contener la presa de emociones que amenazaba con romperse, pero el esfuerzo era inútil—Pero pasas todo el tiempo con él. Tienen bromas internas que yo no entiendo. Se eligen en los entrenamientos para hacer los ejercicios en pareja. A veces se queda en tu habitación hasta tarde... Ya todo el mundo shipea a Ferran y Pedro. ¿Y yo qué? Yo soy tu omega y me siento como una tercera rueda—

La confesión cayó como un ladrillo contra una ventana. Pablo se rompió del todo al pronunciar aquellas palabras que había guardado durante meses, el joven omega empezó a llorar desconsoladamente sintiendo todos los miedos y las inseguridades a flor de piel.

El instinto protector de Pedro se activó, cargo a su omega y llevandolo hasta la cama,se sento contra el cabecero y acurruco a Pablo contra su cuerpo, empezando a liberar su aroma para que se calmara.

Cuando las lagrimas empezaron a cesar y su respiración se volvió regular, Pedro agarro la mandíbula del omega y le levanto la cabeza para que lo mirara.

—¿Te molesta mi amistad con Ferran? —preguntó Pedro

—No... no, en verdad no es eso. Es que... me molesta sentirme desplazado. Que ustedes siempre están juntos, que están como nosotros solíamos estarlo antes de mi lesión—

Pedro apretó la mandíbula, la lesión habia sido uno de los momentos mas oscuros en la vida de Gavi y aunque el habia estado apoyándolo en la medida de lo posible, tal vez no habia hecho lo suficiente.

—¿Por eso te lanzaste hacia Oyarzabal? —

—Si, por eso lo hice. Porque él fue dulce conmigo, me hizo sentir seguro pero no era mi alfa y no podía llenar el espacio que tú tienes en mi corazón así que pensé en utilizarlo, utilizarlo para llamar tu atencion,para ponerte celoso. Y así tal vez... tal vez así por fin me dieras algo de la atención que tanto le das a Ferran—

—¿Desde hace cuánto sientes esos celos hacia Ferran?—

Gavi bajó la cabeza. Sus dedos juguetearon con el borde de su camiseta mientras buscaba las palabras.

—Desde principios de temporada—

Pedro sintió que el suelo se abría bajo sus pies. Su omega, su Pablo, había cargado con eso durante meses. Solo. Sin decirle nada. Y él, tan cegado por su propia rutina, no se había dado cuenta.

Su omega había estado sufriendo en silencio demasiado tiempo. Había estado sintiéndose inferior, sintiéndose inseguro, sintiendo que Pedro tenía algo con Ferran mas allá de una amistad, su inseguridad y ansiedad habia sido tan grande que habia recurrido a buscar a otro alfa para hacerlo sentir celoso y al fin tener su atencion,Pedro solo podía pensar en cuantas otras cosas habia hecho Pablo para llamar su atención antes, cuantas veces lo habia intentado y fracasado para llegar a la conclusión que esta era la mejor opción. Y Pedro se odiaba un poco porque solo fue por esa acción que por fin reacciono.

—¿Desde julio de 2025?—

—Sí. Bueno, creo que ahí fue el momento en que mi cabeza empezó a pensar que tal vez él era mejor que yo—

Su voz se hizo más pequeña con cada palabra.

—Al principio no tenía problema. Ustedes eran amigos desde hacía tiempo y sé que Ferran es un beta, me agrada, de verdad me agrada. Pero pasar tanto tiempo fuera del campo me puso inseguro. Y cuando retomé los entrenamientos, cuando volví a unirme al equipo, cuando volví a los partidos... deseaba recuperar lo que teníamos. El dúo Gavi y Pedri. Pero vi que ya estabas con Ferran. Que todo aquello que hacías conmigo ahora lo hacías con él—

El corazón de Pedro se rompió en pedazos. Cada palabra de Pablo era un golpe directo al pecho.

—Y cuando estábamos en casa —continuó Gavi, con la voz temblorosa—tú siempre eras tan cariñoso y todo era genial. Eras mío, mi alfa, y me sentía como el omega más afortunado. Pero cada vez que había algo del club o de la selección, tú y Ferran estabais pegados por la cadera. Y creo que... cuando llegamos a la concentración para el mundial, pensé: "Genial, voy a estar con Pedro, voy a dar lo mejor de mí y seremos una dupla imparable". Pero en el primer entrenamiento, cuando Ferran te escogió para el ejercicio con las bandas elásticas y se pegó a tu costado... creo que me rompí por completo—

Hizo una pausa para tragar saliva y sus ojos se humedecieron de nuevo.

—Y entonces recurrí a una alternativa desesperada—

—Oh, bebé...—

Pedro lo abrazó con tanta fuerza que Pablo casi perdió el aire. Besó cada centímetro de su rostro: la frente, las mejillas, la nariz, las comisuras de los labios. Tenía los ojos húmedos, la garganta cerrada, y una culpa enorme instalada en el pecho. Escuchar a Pablo decir todo eso, expresar todo lo que había estado cargando en silencio mientras él estaba ajeno, pensando que su relación estaba genial, era como recibir un puñetazo tras otro.

—Tú eres mi omega —susurró contra su piel—No hay nadie que ocupe tu lugar. Lo siento. Lo siento, fui un idiota. Fui un completo tonto que no se dio cuenta de cuánto te lastimé—

Ambos lloraron. Se fundieron en un abrazo que era más que un gesto de consuelo, era la materialización de un dolor que llevaba meses existiendo, que no se había exteriorizado y que ahora por fin salía a la luz. Ahora era visible. Ahora podían hablarlo como deberían haber hecho desde el principio.

Pasó un rato. Los sollozos de ambos se calmaron hasta convertirse en respiras entrecortadas. Pedro se separó lo justo para tomar ambas manos del omega y llevarlas a sus labios. Las besó con una devoción que no necesitaba palabras.

—Voy a poner límites claros con Ferran a partir de ahora—anunció, y su voz sonó firme, sin titubeos—Seguiremos siendo amigos, pero pondré límites concretos. No más bromas secretas. No más abrazos demasiado cariñosos. No más hacer todo juntos. Él es mi amigo no mi pareja y mantendré la línea clara—

Pablo negó con la cabeza.

—No puedo pedirte eso—

—No tienes que pedírmelo —respondió Pedro, sosteniendo su mirada—Lo voy a hacer porque es lo correcto. Y porque una amistad no se debe desdibujar tanto como para que mi pareja sienta esos horribles celos que lo lleven a hacer cosas así—

Su tono era completamente serio. No había duda en sus ojos, ni titubeo en su voz.

Pablo lo miró durante unos segundos, escudriñando su rostro en busca de alguna mentira, de alguna reserva. Pero lo único que encontró fue honestidad. Pedro estaba dispuesto a todo por mantener su relación con su omega. A todo.

No hubo más dudas.

Pablo se lanzó sobre él de nuevo, subiéndose a su regazo con urgencia y capturó sus labios en un beso que intentaba transmitir todo su amor. Fue un beso húmedo por las lágrimas recientes, torpe por la emoción, pero sincero como ninguno.

Pedro correspondió con la misma intensidad, enredando los dedos en el cabello de Pablo y atrayéndolo más cerca, queriendo fundirse con su Omega.

Pedro seguía un poco alterado, si habia sido su culpa que Pablo llegara hasta esas instancias pero no podía evitar que se le pusiera la piel de gallina al pensar que tal vez Mikel pudo haberse aprovechado de su omega, a ver aprovechado que Pablo era vulnerable y quería atención y agarrarlo como suyo y marcarlo. Su estómago se revolvía al pensar en Gavi con otro alfa, no iba a permitirlo, no iba a permitir que la piel de su omega tuviera rastros de otro.

Pedro metió las manos bajo la camiseta de Gavi, sintiendo su piel tibia y tersa bajo las yemas de sus dedos. El calor corporal del omega era adictivo.

—Pedro... —dijo Pablo, apartándose lo justo para apoyar su frente contra la del canario. Su respiración era irregular, sus ojos aún brillaban por las lágrimas recientes.

Pedro sonrió, una sonrisa pequeña y peligrosa, y apretó con más fuerza las caderas del menor.

—Tal vez ya hablamos y tal vez yo soy el mayor culpable pero aún estoy un poco enfadado— Dijo pedro con ese tono de voz posesivo y juguetón que solía usar en la cama

Pablo parpadeó algo confundido al principio, pero cuando vio los ojos del alfa, se dio cuenta de a donde iba esto, así que decidió seguirle el juego

—¿Sigues enojado, Pepi? ¿Por qué?—Dijo con fingida inocencia

—Oh, cachorro... tú sabes por qué—

Sin previo aviso, Pedro lo empujó contra la cama y se colocó sobre su pequeño cuerpo, encajando sus cuerpos con facilidad.

—Por andar por ahí con otro alfa para darme celos—

—Ya expliqué por qué lo hice —dijo Pablo, haciendo un puchero exagerado que en cualquier otra situación habría resultado cómico.

—Lo hiciste pero no te disculpaste —respondió Pedro, poniéndose esa máscara de alfa dominante que siempre hacía temblar las rodillas de Pablo

—Perdón Pedro—

—Un perdón no basta. Tienes que mostrarme que estas arrepentido—

El puchero de Gavi se intensificó, pero sus ojos brillaban con una mezcla de deseo y sumisión que Pedro conocía demasiado bien.

—Vas a dejar que te folle como yo quiera —continuó, con la voz grave y firme—Vas a portarte como un buen omega. Vas a dejar que te llene por completo, que mi nudo esté completamente dentro de ti. Y solo vas a correrte cuando yo lo permita. Porque eso es lo que hace un buen omega... no buscar atención en otros—

Pablo asintió, incapaz de articular palabra.

Pedro comenzó a desvestir a su omega con una urgencia que bordeaba la agresividad. Arrancó la camiseta de Gavi y la lanzó al otro lado de la habitación sin importarle dónde cayera. Luego bajó los pantalones del menor para que se unieran a la prenda, dejando a Pablo solo en sus calzoncillos grises.

Y entonces lo vio.

La ropa interior de Gavi tenía una enorme mancha oscura y húmeda que delataba sin pudor su estado. El pequeño omega estaba chorreando de deseo, empapado solo con las palabras y la presencia de su alfa.
Pedro se preguntaba si estaba húmedo desde que lo empotro contra la pared y le mordisqueo el cuello.

—Pero mira esta belleza —dijo Pedro, sonriendo con suficiencia mientras sus dedos acariciaban la tela húmeda—Esta humedad... ¿es para mí o para Mikel?—

Pablo negó con la cabeza, levantando las caderas en un intento desesperado de buscar contacto.

—Responde —ordenó Pedro, dándole una palmada en el muslo que hizo que el omega se estremeciera— ¿Para mí o para Mikel?—

—Para ti —gimió Pablo, con la voz entrecortada—Solo para ti, Pepi. Tú eres mi alfa. Solo me mojo para ti.—

—Respuesta correcta—

Pedro sonrió con satisfacción y, en lugar de bajarle los boxers con cuidado, los rasgó sin contemplaciones. La tela se desgarró con un sonido seco que dejó al descubierto el coño goteante de Pablo.

Era hermoso. Siempre lo era. Rojizo, hinchado, brillante con la humedad que lo cubría por completo. Antes de Pablo, Pedro solo había estado con otra omega, y aunque la experiencia había sido buena, no era ni la sombra de esto. Estar enterrado en el coño del andaluz era una experiencia celestial.

—Pedro…No seas bruto, me gustaban estos boxers—

—Que lastima, lo hubieras pensado antes de hacer lo que hiciste —

Con movimientos rápidos se desvistió , Pedro se quitó la camiseta y la lanzo junto a la ropa del omega, se bajó sus pantalones cortos y sus boxers, liberando su polla. Pablo gimió al verla, esos deliciosos diecisiete centímetros que siempre se sentían tan bien dentro de él. Su alfa era perfecto, grande y grueso, y lo necesitaba ya.

—Pedro, por favor —gimió Pablo, moviendo las caderas con desesperación mientras Pedro se bombeaba lentamente, disfrutando del espectáculo que tenía delante.

—Así no es como debes hablarme —dijo Pedro, dándole otra palmada en el muslo, esta vez más firme.

Pablo tragó saliva y lo intentó de nuevo, con esos ojitos brillantes que derretían a su alfa.

—Alfa, por favor... fóllame.—

La sonrisa de Pedro fue lenta y depredadora. Comenzó a restregar la cabeza de su polla por la hendidura de Pablo, rozando su clítoris hinchado una y otra vez, bajando hasta su entrada y volviendo a subir. Cada roce arrancaba un gemido al omega, que se retorcía bajo él como si su vida dependiera de ese contacto.

Cuando tuvo su pene completamente húmedo con la excitación de Pablo, supo que era el momento.

—Voy a llenarte —dijo, y se introdujo de una sola estocada.

Pablo gritó, un sonido ahogado que era mitad dolor y mitad placer, mientras sus paredes se estiraban para recibir a su alfa. Estaba tan mojado que la entrada fue sorprendentemente fácil, pero el llenado fue brutal, completo. Pedro llenaba cada rincón de su interior, y Pablo sentía que podría desmayarse de la felicidad y el éxtasis.

—Alfa —gimió, aferrándose a la espalda ancha del canario con todas sus fuerzas, clavando sus uñas en la piel morena.

Pedro comenzó a embestir sin contemplaciones. Normalmente empezaban despacio, con juegos previos y caricias, pero aquella noche no era normal. El enojo, los celos, la tristeza y la angustia acumulada los habían llevado a un límite donde lo único que importaba era estar conectados, sentir que el otro era suyo y solo suyo.

El choque de caderas generaba un sonido húmedo y obsceno que habría avergonzado a Pablo en cualquier otra situación, pero ahora solo lo excitaba más. Pedro era brutal, y Pablo se entregaba por completo, gemía su nombre, decía tonterías que salían de sus labios sin filtro.

—Eres mío, Pablo —murmuró Pedro contra su oreja, mordiendo el lóbulo con fuerza—Mío—

Todo su instinto alfa estaba activado. Solo quería reclamarlo, marcarlo, hacerlo suyo para que todos los alfas de la selección(en especial Mikel) supieran que Pablo Páez Gavira era SU omega.

—Soy tu omega, Pedro —gimió el menor, dejando líneas rojas en la espalda musculosa de su alfa—Solo tuyo—

Estaban perdidos en el momento, en sus cuerpos, en su conexión. No importaba nada más. Ni el mundial, ni el equipo, ni la afición, ni Ferran, ni Oyarzabal. Solo ellos dos.

Pedro sintió cómo las paredes de Pablo comenzaban a apretarlo, cómo prácticamente succionaban su polla en un intento de retenerlo dentro para siempre. La respiración del omega se aceleró y sus uñas se clavaron más fuerte.

—Voy a venir, alfa —gimió Gavi, con la voz rota—Estoy cerca—

Pedro aminoró el ritmo hasta quedarse completamente quieto, con su polla enterrada hasta el fondo dentro del calor de su omega.

—¿Pepi? —preguntó Pablo, confundido, con un puchero en los labios.

—Te dije que no ibas a venir hasta que yo te diga—

Dicho esto, Pedro retiró su polla de la cálida cavidad y se apartó. Pablo gimió de frustración, pataleando contra el colchón.

—Alfa...—

—No seas un mocoso —dijo Pedro, acomodándose en la cama.

El alfa se recostó boca arriba, con su mano derecha sosteniendo la polla erecta y brillante de la humedad de Pablo. Con la izquierda, hizo un gesto para que el omega se acercara.

—Ven aquí. Móntame—

Pablo abrió los ojos de par en par. Pedro lo miró con intensidad.

—Móntame como hiciste con Oyarzabal. Y si lo haces bien, tal vez te deje venir—

Los ojos del omega se iluminaron. A Pablo le encantaba montar a su alfa, estar sobre él, cabalgar su polla y poner las manos contra su pecho fuerte mientras Pedro agarraba sus caderas con posesividad.

Como un cachorro emocionado, Gavi se subió sobre el centrocampista y se acomodó, alineando su entrada con la polla de su alfa. Miró a Pedro, buscando permiso, y el canario asintió.

Pablo bajó despacio, sintiendo cómo la cabeza de la polla de su alfa se abría paso entre sus pliegues. El llenado fue pausado, delicioso, y cuando finalmente estuvo completamente sentado sobre él, ambos soltaron un gemido al unísono.

—Bien —murmuró Pedro, posando sus manos en las caderas del omega—Ahora muévete. Y recuerda... solo vendrás cuando yo lo diga—

Pablo empezó a moverse en el regazo de Pedro, un vaivén constante de adelante hacia atrás que pronto se convirtió en un ritmo más profundo. Después de unos segundos de acoplarse, comenzó a subir y bajar sobre su polla, rebotando sobre el regazo de su alfa con una urgencia que bordeaba lo desesperado.

Pedro acompañó cada movimiento. Cada vez que Pablo subía, él embestía hacia arriba, dejando al pequeño omega sin descanso. Pablo apoyó las manos en el pecho esculturado de Pedro para sostenerse, pero sus piernas comenzaron a flaquear, sus caderas se cansaban. Entonces cambió la estrategia, se quedó anclado y empezó a moverse en círculos, apretando su vagina alrededor de la polla de su alfa haciendo gemir al canario.

Los ejercicios de Kegel que solía hacer en las noches mantenían su interior apretado, y siempre lo usaba para su beneficio y el de su alfa.

—Joder, Pablo... —gruñó Pedro, apretando sus caderas con tanta fuerza que estaba seguro de que dejaría moretones—Eso es, móntame. Móntame como la zorra que eres—

Pablo gimió, lanzando la cabeza hacia atrás, mostrando con orgullo los moretones y mordiscos que su alfa le habia dejado.

—Te gusta eso, ¿no? —siguió Pedro, empezando a embestir desde abajo con una intensidad creciente—Te gusta que te diga que eres una zorra. Una zorra hambrienta por mi polla—

—Soy tu zorra —jadeó Pablo, con la voz rota.

—Oh, sí, lo eres. Eres solo mío y te voy a llenar. Voy a llenarte de mí semen—

—Por favor, lléname —gimió Pablo, sintiendo cómo las lágrimas de placer le picaban en los ojos—Quiero tener tus cachorros—

—Los vas a tener, cariño —gruñó Pedro, con la voz grave y prometedora—Me voy a asegurar. Voy a llenarte de mí semen y vas a ser la mamá de mis cachorros—

—Alfa... alfa, no puedo —sollozó Pablo, el placer era demasiado, era enloquecedor, estaba al borde del orgasmo y solo necesitaba un pequeño empuje—No puedo resistirlo más... voy a venir—

—Ven conmigo —ordenó Pedro—Ven con mi semen dentro—

Apretó las caderas de Pablo con más fuerza y empezó a embestir hacia arriba con todas sus fuerzas, buscando su propio placer mientras mantenía a su omega al límite. La habitación estaba llena de sonidos húmedos, gemidos entrecortados y gruñidos profundos que rebotaban en las paredes.

—Recíbelo —jadeó Pedro—Recibe mi semen, omega. Recíbelo todo—

Con una última embestida profunda, se derramó por completo dentro de Pablo. Su semen caliente lo llenó por completo, pintando sus paredes internas de blanco mientras el omega gemía bajo él.

—Ven ahora, Pablo —ordenó Pedro, llevando su mano derecha al clítoris de su omega—Ven sobre mi nudo—

Con una embestida más fuerte, metió su nudo por completo, manteniendo todo su semen dentro de Pablo y bloqueando cualquier salida. La sensación del nudo inflándose dentro de él y la estimulación en su clítoris hicieron que Pablo se viniera con un grito desgarrador.

Su cuerpo entero tembló y un chorro de líquido caliente se escapó de él, manchando el abdomen de su alfa. El gemido de Pablo fue tan fuerte que estaba seguro de que se escucharía en las otras habitaciones del hotel, pero no le importaba. Nada le importaba. El semen de su alfa siempre lo hacía perder la cabeza.

Cuando bajó del pico del orgasmo, su cuerpo se volvió flácido y cayó sobre el pecho de Pedro, con los ojos cerrados y la respiración acelerada.

Ambos se quedaron así, Pablo sobre él, igual que en la celebración con Oyarzabal. Con la cabeza en su hombro, los pechos unidos, esperando que el nudo se desinflara para poder separarse.

Pedro tenía los ojos cerrados y acariciaba el cabello de su omega, que empezaba a ronronear como un gato satisfecho. Pablo se sentía en el séptimo cielo. Esto era lo que había querido, lo que había necesitado durante meses, que su alfa se lo follara hasta el olvido, que lo reclamara con cada embestida, que lo recordara quién era su dueño, que lo cogiera como nunca cogería a Ferran.

Cuando el nudo empezó a desinflarse, Pedro los volteó con cuidado, dejando a Pablo contra el colchón, y con delicadeza salió de su interior.

El semen empezó a chorrear del agujero de Pablo, bajando por su perineo hasta manchar las sábanas blancas. Pedro agradeció a los supresores de celo que Pablo tomaba y que también servían como anticonceptivos, porque con la cantidad de semen que había derramado, seguro que lo preñaría de uno o dos cachorros.

—Déjame limpiarte —dijo Pedro, levantándose de la cama y caminando desnudo hacia el baño.

Pablo aprovechó para quitarse los boxers rotos que aún se agarraban a su cintura. Qué pena, no mentía cuando le dijo a pedro que le gustaban los boxers, eran muy cómodos y hacían que su trasero se viera bien, pero no negaría que había sido increíblemente ardiente cuando Pedro se los desgarró con tanta furia.

Cuando Pedro volvió, ya se había puesto sus propios boxers y llevaba en la mano un paño húmedo y una toalla seca. Además, había sacado un par de boxers limpios del armario para Pablo.

—Abre las piernas —dijo Pedro, arrodillándose en la cama con el paño húmedo en la mano.

Pablo abrió las piernas, quedando completamente expuesto bajo la mirada de su alfa. Pedro no pudo evitarlo, pasó un dedo por el semen que aún goteaba de su interior y se lo llevó a la boca, saboreándolo con una lentitud deliberada.

Pablo lo miró con horror.

—¡Pedro! —gritó, golpeándolo con la pierna—¡Eso es asqueroso!—

—Mmm... sabes delicioso —dijo Pedro, saboreando la mezcla de su propio semen y la humedad de su omega con una sonrisa pícara.

—Eres un depravado. Primero rompes mis boxers y ahora chupas tu propio semen. Maldito pervertido—dijo Pablo con un puchero que no lograba ocultar del todo su sonrisa.

—Lo soy —respondió Pedro, encogiéndose de hombros con falsa inocencia.

Terminó de limpiarlo con el paño húmedo, pasando con cuidado por cada pliegue hasta dejarlo limpio, luego con la toalla seca lo seco con delicadeza para no sobreestimularlo. Cuando termino lanzo los dos paños para que se unieran al resto de la ropa.

—Junta las piernas y levántalas—

Pablo obedeció y Pedro le puso los boxers nuevos y limpios. Cuando terminó, se quedó mirando a su pequeño omega, arropado en la cama, con el cabello revuelto, el cuello marcado y las mejillas sonrosadas. Era tan hermoso que no pudo resistirse.

Se inclinó sobre su estómago y empezó a hacerle pedorretas, soplando contra su piel como si fuera un bebé.

—¡Pepi! ¡No! —Pablo intentó resistirse, retorciéndose entre risas y gemidos de protesta, pero no pudo evitarlo, estalló en carcajadas que llenaron la habitación.

Una de las cosas que más amaba Pablo de Pedro era su dualidad. Podía ser un alfa fuerte y protector, dispuesto a mostrar los colmillos y sacar las garras para defenderlo, o a sostenerlo de la camiseta y empotrarlo contra una pared para follarlo sin piedad. Pero también era esto, cariñoso en exceso, mostrando su amor en estado puro. Era ese alfa que lo cuidaba cuando estaba en celo, que estuvo a su lado durante la recuperación de su lesión, que le hacía cosquillas, que le cocinaba y lo mimaba, que le acariciaba el cabello y le decía que era el omega más hermoso del mundo.

Entre risas y carcajadas, Pablo sintió cómo las lágrimas otra vez comenzaban a brotar de sus ojos. Pero no eran lágrimas de tristeza. Eran lágrimas de emoción, de felicidad, porque este momento, esta cercanía y este amor era lo que había estado anhelando durante meses. Era por esto por lo que se había arriesgado a lanzarse sobre Oyarzabal, a provocar los celos de su alfa solo para que le prestara atención. Esto era lo que necesitaba. Esto era lo que quería, que su alfa le demostrara cuánto lo amaba a el y solo a él.

No pudo evitar que su risa se mezclara con sollozos.

Pedro, mientras seguía haciéndole pedorretas, notó que su omega había empezado a llorar. Sus instintos protectores se dispararon al instante y se alejó rápidamente.

—¿Qué pasó, bebé? —preguntó, acercando su rostro al de Pablo con expresión preocupada— ¿Te lastimé?—

—No... no, Pepi, no me lastimaste —respondió Pablo, negando con la cabeza.

—¿Entonces? —insistió Pedro, acariciando su mejilla húmeda—¿Por qué lloras?—

Pablo sonrió, una sonrisa temblorosa y genuina que iluminó todo su rostro.

—Porque estoy feliz —susurró—Porque te amo demasiado—

El corazón de Pedro dio un vuelco. Lo abrazó con fuerza, pegando su frente contra la de su omega para darle un beso esquimal en la nariz, un gesto dulce e íntimo que expresaba más que todas las palabras.

—Yo también te amo, Pablo —murmuró—Eres mi omega y nunca nadie va a ocupar tu lugar. Nunca—

Pablo se limpio las lagrimas y se acerco para unir sus labios con el alfa, un beso suave y casto, lleno de amor

Al separarse pablo sonrió y se acurrucó en el cuello de su alfa, respirando su olor. El aroma de Pedro lo envolvía todo, mezclado con el suyo propio y con el rastro de lo que acababan de hacer. Una mezcla de sexo y cariño que era el perfume más reconfortante del mundo.

Ambos se acurrucaron entrelazados, abrazándose en la cama, respirando su aroma mezclado. Todo había sido una locura. Los celos, la inseguridad, los meses de silencio y dolor... todo eso se había disuelto para dar paso al amor y la conexión que Pedri y Gavi siempre habían tenido, solo que había sido opacado por la falta de límites claros y la incomunicación.

Pablo se quedó dormido en los brazos de su alfa, con una sonrisa pintada en su rostro. Por primera vez en meses, la angustia que llevaba atada al pecho había desaparecido, y solo quedaba el calor del amor envolviendo su corazón.

Pedro se sentía tranquilo. Había sido un tonto, no se había dado cuenta del dolor que le había causado a su pequeño omega, no se habia dado de las señales que le habia dado, de los intentos para llamar su atención hasta que casi fue demasiado tarde, pero ahora lo tenía acurrucado en su pecho, y mientras acariciaba su esponjoso cabello, se prometió a sí mismo que lo haría mejor.

Mañana al despertar, hablaría con Ferran y dejaría las cosas claras. Abrazaría más a su omega. Le pondría sus sudaderas impregnadas con su olor, que sabía que tanto le gustaban. En el entrenamiento, lo escogería para ser su dupla en todos los ejercicios. Le demostraría cada día que era el único en su corazón.

Pedro amaba a Pablo. Y en un futuro, lo iba a marcar. Lo iba a embarazar. Formarían una familia feliz, tendrían cachorros y una casa grande, y Pedro pondría un cartel en la entrada que dijera: "Prohibida la entrada a Mikel Oyarzabal o cualquier otro alfa".

Mientras se sumergía en esa fantasía, sintió el peso de su omega contra su pecho, el calor de su cuerpo, la paz en su respiración. Y se durmió abrazándolo, con la certeza de que era suyo. Su omega y que él era su alfa, solo de Pablo y de nadie más.

Notes:

Pedri y Gavi son mi pareja favorita. Y aunque Pedri y Ferran también se ven muy lindos juntos, de este barco no me bajo.

Me he dado cuenta de que a veces proyecto cosas de mí mismo en los personajes de mis escritos. Y lo seguiré haciendo, porque creo que eso les da más realismo y autenticidad.

Los comentarios y la retroalimentación siempre son bien recibidos.

Si quieren saber mas de mi y de lo que escribio, estoy en Threads: https://www.threads.com/@thelunaris_boy (no subo nada importante, pero bueno, por si quieren).

Y nada, ánimo a Colombia en octavos y suerte a España contra Portugal❤️💛