Actions

Work Header

Like flowers from a tomb

Summary:

El jardín que tanto anhelaba Ritsu, se estaba cosechando dentro de Shou.

 

El título proviene de un verso de “hate that i made you love me” de Ariana Grande y la historia está inspirada en ese arte oficial de florería.

Notes:

Esta idea llegó porque quería evadir la escritura de una historia más larga. Al final avancé más rápido con esta y quería publicarla durante el cumpleaños de Ritsu, solo ignoren que está publicado un día después.

Chapter 1: While you decide who you are

Chapter Text

I can't tell you why

But something inside is dancing with fire


Las lágrimas de Ritsu caían en el suelo y se mezclaban con el charco de sangre que inútilmente intentaba limpiar, cada escenario y posibilidad de que alguien hubiera llegado tarde era un bombeo directo a su mente y que le daban energía a sus brazos para restregar con más fuerza el cepillo contra el suelo.

El jabón en polvo y el bicarbonato cayeron por montones para intentar quitar el rastro rojo y ahora usaría aquí adentro la escoba que sabía que su amigo usaba para limpiar los escalones de la entrada. No paraba de llorar y parecía que en cualquier momento rompería el mango de la escoba por la presión que hacía; a pesar de haber terminado toda la botella de limpiador, su aroma frutal era opacado totalmente por el olor a sangre seca que entraba por su nariz y viajaba directamente a garganta para estrangularlo, ni siquiera el vinagre haciendo reacción con el bicarbonato podía esconder la sensación de saber que estaba respirando la misma sangre que había abandonado el cuerpo de Shou en su intento por quitarse la vida.

Una nueva ola de agua helada avanzó por el piso de madera llevándose los restos más grandes de sangre. Ritsu cayó de rodillas sintiendo cómo se humedecía su pantalón, no sabía qué parte del suelo era la sangre de Shou y cuál era la de Ritsu, sus manos ya tenían pequeñas cortadas porque la desesperación con la que limpiaba le había pasado factura, pero su esfuerzo aún era en vano, todavía podía ver que entre las hendiduras de la madera se escondían hilos rojos. No le importaba cuánto podría tardar o incluso si tenía que cambiar todo el piso por uno nuevo; no habrá sangre ni olor a vinagre, ni siquiera habrá algún indicio de que Ritsu lloró en el mismo lugar que Shou lo hizo hace unas horas, porque cuando Shou regrese debe encontrar su casa limpia. Porque Shou tiene que regresar. Porque no puedes perder a la persona más importante en tu vida.

Pero aunque dijera todo esto, Reigen aún negaría darle autorización para ver a Shou.

Lo que tal vez no anticiparía es que después de años de ser solo ellos dos contra el mundo, ambos tendrían una gran influencia en el otro; Shou aprendió a calmarse y respirar antes de actuar y Ritsu...

Ritsu estaba suspendido fuera de una ventana en el piso 52 gracias a sus poderes, pero no solo aprendió a irrumpir en habitaciones ajenas, antes de eso aprendió a rastrear auras de psíquicos, así que sabía perfectamente quién estaba dentro.

Y la persona de adentro no habría abierto la ventana con sus poderes si no supiera quién estaba afuera.

– ¿Siempre tienes que ser tan dramático? – la monótona voz de Shou no delataba su cansancio.

Ritsu entró en cómo un espectro sombrío. La tenue luz de los edificios altos y la oscuridad de la noche le daban esa imagen mientras flotaba fuera de la ventana y eso no cambió una vez que estuvo adentro, era aterrador, como un demonio cubierto de sangre; pero Shou no podía admirar tanto la vista sin tener otro colapso.

– ¿Y tú siempre tienes que ocultarme todo?

Sabía que Shou intentaría hacerse el tonto preguntando a qué se refería por “todo”, siempre le divertía esa técnica especial que su amigo tenía para obtener información más clara; pero ahora no estaba riendo, no le causaba ninguna gracia ver a Shou conectado a una pantalla que emitía sonidos más parecidos a disparos que a pulso de telemetría, el suero corriendo a través de sus venas y la mascarilla sobre su cara que le hacía saber que Shou ya no podía respirar por sí mismo.

Sabía que Shou estaba enfermo, sabía que poseía una enfermedad terminal pero no sabía por qué demonios nunca confió en él antes de hacer lo que hizo hoy.

Por la bolsa con ropa limpia que descansaba en la silla, Shou sabía que alguien fue a su casa después de ser internado y por la forma en que el intruso la veía, también sabía que ese alguien había sido Ritsu, además Reigen ni siquiera intentó adueñarse el crédito, entró hace un rato y dijo “aquí tienes ropa limpia para cuando puedas salir” sin dar más detalles. Dejó de sentir cualquier cosa cuando su vista se volvió borrosa y dejó de respirar pero supuso que había dejado un gran desastre, un desastre que Ritsu no merecía ver.

– Encontré las hojas mezcladas con tu sangre.

Entonces había visto todo.

– Intenté hacer que terminara.

Casualmente, Ritsu ya sospechaba eso.

La primera vez que Shou encontró un pétalo dentro de él fue durante la noche de San Valentín.

Ritsu y él tenían un pequeño maratón de películas de terror para contrarrestar toda la programación de películas románticas que había en los canales de televisión abierta. Tenían comida rápida a medio comer, una lata de soda derramada por accidente sobre el suelo y los pies sobre la mesa del centro, todo lo opuesto a algo romántico y más como las salidas casuales que acostumbraban hacer.

– ¿Qué tal te pareció esa? – Conocí bien a Ritsu, así que sabía que su respuesta sería...

– Horrible – diez puntos para Shou – Ni siquiera tiene trama, solo masacra sin sentido ¿y por qué no se muere si todos los protagonistas ya lo mataron por lo menos una vez?

Shou soltó una risa que encendió un debate sobre si las películas de terror debían tener estándares de calidad o si solo debían ser “películas” sin intentar ser “filmes”.

– Esta te va a gustar, dice que es de terror psicológico.

En el momento en que Shou intentaba reproducir la película, Ritsu vio el reloj de la televisión y se levantó de golpe.

– No vi la hora y mañana tengo una junta con el consejo estudiantil, tengo que irme antes de que pase el último tren.

– O también puedes usar tus poderes para ir volando a tu casa.

– Lo dice quién aseguró que ya no dependería de su poder – Shou le escuchó de lado, a veces era inevitable usarlos – ¿Mañana continuamos la tortura con películas malas?

– Pues no pienso ver tanto mal gusto yo solo.

Y eso volvió a encender un debate donde Ritsu afirmaba que era culpa de Shou por pedir películas de terror y Shou se defendió diciendo que solo pidió el género pero Ritsu fue quién eligió las películas. El resultado fue un empate.

– Recogeré rápido y luego me voy.

– Déjalo así, si la soda se seca será más fácil lavarla. Además quiero probar el nuevo limpiador de pisos que comprende, dice que limpia y aromatiza así que puedes despedirte de esos olores desagradables hasta por 12 horas con tan solo unos mililitros.

Su voz de comercial le sacó una carcajada a Ritsu, no era la primera vez que caía en las garras del marketing, pero al menos esta vez fue por promesas y no por una canción pegajosa.

Como siempre, Shou acompañó a Ritsu hasta la puerta. Ritsu bajó los escalones pero se detuvo sin voltear a ver a Shou, por supuesto el otro notó el cambio tan raro en la atmósfera.

– Yo, quería darte algo, pero no sabía cómo hacerlo.

Era un poco inusual ver a Ritsu tan cohibido, no parecía hablar de forma tímida, parecía ser que susurraba a propósito para fingir demencia si las cosas no salían como planeaba.

Mientras volteaba para encarar a Shou, sacó de su mochila una bolsa con galletas, el empaque no tenía ni una sola arruga y estaba cerrado gracias a un listón rojo.

Cada año, Ritsu hacía énfasis en que odiaba San Valentín y sus muestras tan falsas de amor, así que esto podría significar cualquier cosa para él. Pero también podría significar cualquier cosa que Shou decida interpretar.

Teniendo esa disyuntiva en mente, Shou actuó y dijo la primera estupidez que se le vino a la cabeza.

– ¿Un regalo de tus fans?

Porque hoy como cada año, Ritsu repartía todos los dulces que recibía de las chicas de su escuela, era un halloween adelantado para Shou. Las cartas no le eran importantes así que sólo registraba los nombres para hablar con cada chica, agradecerle, pero decirle que no estaba interesado.

Pero en el “San Valentween” de este año, Shou ya había recibido sus golosinas, ¿entonces por qué había una bolsa ahora?

– Sí, algo así.

Pero cuando vio con más detenimiento, notó que en el empaque había pegado una pegatina de hámster y su nombre estaba escrito con la caligrafía casi perfecta que le pertenecía a Ritsu. Se dio una bofetada interna por decir cosas sin pensar, tenía que arreglarlo.

– Wow, no sabía que tenías sentimientos – una estupidez tras otra – ¿Qué le regalaste a tu hermano?

– ¿Qué debería regalarle? ya existe un día de los hermanos y no es hoy.

Podría significar cualquier cosa, de verdad quería creerlo, por eso se lo repitió tantas veces como pudo. Pero cuando sacó un pequeño pétalo amarillo que le había hecho carraspear la garganta, supo que no venía de la pizza fría que estaba comiendo en medio de la madrugada.

Jamás quiso etiquetar a Ritsu como su mejor amigo porque sabía que era algo mucho más grande que eso; Tenía conocidos cercanos como el hermano de Ritsu, amigos como Tome y Hanazawa, amigos cercanos como Serizawa y buenos amigos como los de su escuela, pero arriba de todos ellos estaba Ritsu, era la conjunción de “más que mejor amigo” y “familia”. La complicidad que había entre ellos no podía ser nombrada.

Hasta que tuvo que ser nombrada.

Justo el día que Shou asistió a una boda con Ritsu, supo que lo que sentía por él era amor.

Y ese fue el día que vomitó la primera flor completa.

Kenji Mitsuura, dueño del laboratorio del despertar estaba a punto de casarse y había invitado a sus antiguos estudiantes voluntarios. La fiesta fue ostentosa y con muchas estaciones de comida variada, Ritsu y Shou las visitaron todas, también se formaron una y otra vez para usar la cabina de fotos.

– Esta vez tienes que quitarte la mascarilla.

Había convencido a Ritsu que tenía una reacción alérgica a la primavera, así no se sorprendería si encontraba alguno de los papeles higiénicos llenos de polen en el bote de basura.

Cuando salió la tira de fotos, Shou notó inmediatamente la nariz rosada de tanto limpiarla.

– Esta es mía – le arrebató el grupo de seis fotos cuando decidió que Shou la había visto suficiente.

Ahora era Ritsu quién contemplaba los detalles de la foto.

– Dijimos que era por turnos, esta es mía.

– Pero es la única donde se ve tu cara completa en todas las fotos.

Porque cada que tenían que acercarse para aparecer ambos en la pantalla, Ritsu pasaba su brazo sobre el hombro de Shou. Hace años, Ritsu preferiría morir antes de dejar que alguien invadiera su espacio personal, Shou llegó a su vida para hacer exactamente eso y al pasar el tiempo fue el mismo Ritsu quien comenzó a buscar el contacto con Shou, pero justo ahora le provocaba una picazón horrible en la garganta al pelirrojo.

Hace años, Shou habría matado porque Ritsu lo abrazara así, pero hoy la única persona muerta sería él.

Durante la comida conoció a los ex compañeros de Ritsu. Los había visto antes en dos ocasiones, la primera cuando intentaban escapar de la séptima división y la segunda durante un cumpleaños de Reigen, en ninguna ocasión tuvo la oportunidad de hablar con ellos, tampoco le importaba hacerlo pero había descubierto que se perdió de conocer a personas muy divertidas.

Los gemelos soltaban comentarios sarcásticos que a Shou le parecían graciosos, la chica le mostró unos trucos increíbles con su clarividencia, el que tenía peinado extravagante sabía mucho sobre música.

Y luego estaba el rubio. Asahi era increíblemente fanático de los videojuegos, Shou pensó que por primera vez alguien podía seguirle el ritmo en una conversación de sus gustos, sentía que eran la misma persona. Por un momento la irritación de la garganta había desaparecido y podía respirar libremente a través de la mascarilla, incluso creyó que este chico podría ser su mejor amigo, porque claro que Ritsu había dejado ese puesto muy abajo desde hace mucho tiempo. Ritsu era como otra parte de él, era la mejor parte que podría tener jamás.

– Shou – y tuvo que cortar de tajo la conversación para mirar hacia el otro lado – Creo que hay una estación de comida que no visitamos, vamos.

Y Shou se levantó tan rápido como pudo porque la mirada de Ritsu era de impaciencia, no sabía que podía ponerse furioso si le daba hambre pero al parecer hoy descubrió ese dato.

– Yo también voy.

 

Y Ritsu le dedicó su mirada asesina a Asahi, tenía que conseguirle comida antes de que cometiera un crimen.

– Primero termina lo que tienes ahí – le señaló el plato – Ten respeto por las personas y no acapares.

Para cuando llevaban cuatro vueltas al salón, Shou pensó que no llegarían a tiempo para que les sirvieran comida.

– ¿Cómo era?

– ¿Qué cosa?

– El puesto de comida.

Ritsu abrió aún más los ojos y volteó hacia una fila de personas.

– Es esta.

Cuando llevaban apenas un minuto en la fila, Ritsu solo le dijo:

– Me equivoqué, esta ya la probamos. Creí que era nueva.

Aún así seguí dando vueltas por el salón recogiendo bebidas y golosinas. Para cuando se acercaban a la mesa, Ritsu se adelantó unos pasos y le robó el asiento a Shou, también le pidió a Asahi que se recorriera unos centímetros para darle espacio de mover la silla, al final Shou terminó sentado a lado de Hanazawa y unos segundos de plática después entendió porqué Ritsu huyó. En esa conversación supo que Hanazawa entrenó a los otros después de que la séptima división se disolviera.

Cuando los padrinos comenzaron a dar sus discursos, Hanazawa, Shou y Ritsu tuvieron que interrumpir su conversación. Hanazawa aseguró que la canción del baile era una remasterización de la banda original y aunque Ritsu no era muy fan de escuchar música, defendió a capa y espada que era un cover y apostó contra Hanazawa; Shou dictó el resultado cuando lo buscó en su teléfono, Ritsu casi lo usa como puente y se le sube encima para burlarse en la cara de Hanazawa antes de cobrarle. El cupcake de la victoria fue dividido en dos, una mitad para el ganador y la otra para Shou.

Los discursos de los padres fueron emotivos. El discurso de Mitsuura fue un aclarador de mentes para Shou.

Desde que encontró el primer pétalo y hasta este día, reflexionó mucho sobre la razón de que tuviera esta enfermedad; jamás negó que Ritsu fuera atractivo, pero si hubiera ido por el mundo enfermándose cada que encontraba a alguien con cara bonita, habría muerto desde hace años; tampoco negaba que admiraba a Ritsu, era el mejor en todo y siempre se adaptaba a la situación, así fue como le quitó el trono en cada uno de los videojuegos que poseía; pero esa no era una razón justa para morirse, incluso Ritsu le había confesado que también sentía admiración por él. Fue durante una reunión en el cumpleaños de Shou, un amigo de la escuela llevó varias botellas de alcohol; Ritsu casi vomita cuando probó el primer sorbo pero los amigos de Shou le dijeron que podía diluirse en refresco o jugo, fue el peor consejo que alguien le dio.

Sólo buscaba pretextos para seguir tomando soda con alcohol, incluso después pudo soportar algunos tragos sin diluir, perdía cada juego descaradamente a propósito sólo si el castigo implicaba tomar.

En algún momento, alguien soltó una broma que hizo enojar a Ritsu. Uno de los amigos de Shou se disculpó por no darle un regalo y se justificó diciendo que paquetería no lo había entregado a tiempo, fue entonces cuando otro amigo bromeó diciendo que le diera un beso como compensación y todos se unieron a la burla, todos excepto uno; estando sobrio tampoco se hubiera reído, pero el alcohol le jugó completamente en contra.

Usando sus manos, Ritsu le tapó la boca al cumpleañero y lo atrajo hacia él diciéndole repetidas veces a todos que tenían prohibido besar a Shou. Pero cuando escuchó a alguien decir que entonces Ritsu, alias el mejor amigo, debería darle el beso de cumpleaños, la cara del pelinegro se iluminó por completo y soltó a Shou para acercarse a él.

Y tal vez, solo tal vez, Shou se arrepintió mucho de lo que hizo. Sujetó fuertemente a Ritsu de los brazos para detener su intención de besarlo y lo regañó por estar ebrio, Ritsu y sus amigos lo negaron; Era cierto que no se tambaleaba ni arrastraba las palabras, pero viendo su repentina faceta de extrovertido, sabía que las cosas en su organismo no andaban bien.

El momento en que Shou supo que Ritsu lo admiraba fue cuando dijo unas palabras antes de soplar sus velitas. Todos los demás le dijeron cosas que todo el mundo sabía: que era bueno en deportes, que siempre los hacía reír, que jamás lo retarían de nuevo en los concursos de baile en el arcade; pero Ritsu enlistó todo lo que consideraba bueno en Shou y terminó su participación diciéndole que era su mejor amigo, su persona favorita sobre todas las cosas del mundo, su lugar seguro y que no lo cambiaría por nada ni nadie.

Por un momento todo el universo se redujo a Shou viendo a Ritsu encender las velas del pastel hasta que uno de los chicos dijo conmovido que esas palabras eran lo que marcaba la diferencia entre Ritsu y los demás y que con justa razón tenía el título de mejor amigo.

Sabía que Ritsu abusó del consumo de alcohol porque se quedaría a dormir con Shou, tenían planeada una pijamada post fiesta pero la condición de Ritsu a medio dormir parecía decir lo contrario.

Ya había dormido en la misma cama muchas veces, el respeto y cortesía dejaron de existir después de las primeras ocasiones, así que en lugar de pedirle que se moviera para que Shou pudiera acostarse, simplemente aventó a Ritsu hasta que tuvo el espacio suficiente.

El movimiento despertó un poco a Ritsu y tomó rápidamente la posición de recostarse de lado, casi viendo a Shou si su brazo no le estaba cubriendo toda la cara.

– Shou – dijo más dormido que despierto – Prométeme que no vas a besar a ningún amigo tuyo.

Pensó que el tema ya había sido olvidado así que esa frase lo tomó por sorpresa y le robó una sonrisa.

– Lo prometo – cerró los ojos y se puso de lado dándole la espalda a Ritsu antes de dormir.

– Solo a mí.

Abró los ojos tan rápido que sintió que podrían salir disparados, se dio la vuelta para encarar a Ritsu pero no pudo decir nada y el silencio lo estaba torturando. Pero aunque el otro estaba casi dormido, todavía quería una respuesta.

– Promételo. Yo soy el único amigo que puedes besar en toda tu vida.

Una cosa es que lo haya intentado besar por petición general y en su momento menos cuerdo, pero que insinuara que de verdad quería hacerlo era una cosa completamente distinta, más si sabía que este era un espacio en el que podía dejar las bromas de lado y hablar con la verdad.

 

– Lo prometo – lo dijo más para sí mismo que para Ritsu.

 

– Si no cumples, el chip de juramentos en mi cabeza explotará y moriré.

 

Shou se rió y luego regresó a su semblante serio casi al instante.

– ¿Y tú lo prometes?

El brazo en la cara de Ritsu se movió unos centímetros para descubrirlo, tenía una sonrisa adormilada al igual que el resto de él, pero hizo el esfuerzo de abrir los ojos.

- No.

El corazón de Shou latía con fuerza, quería una explicación y la quería rápido.

– ¿Por qué no?

– Porque tú eres mi único amigo, no hay ni habrá otro candidato.

– ¿Qué hay de Hanazawa?

– Teru-san es más como un hermano. Pero no le digas que te dije, tengo suficiente con fingir que no sé que está enamorado de Shige.

– Todos fingimos no saber eso – Ritsu ascendió débilmente.

– Date vuelta, no quiero que me veas dormido.

Sin decir nada, Shou obedeció. Al instante sentí que una pierna lo enganchó y un abrazo lo atrajo hacia Ritsu.

– Oye – no podía responder – Quédate conmigo para siempre.

Esa era una petición que no necesitaba oír para cumplirla, así que no dudó su respuesta.

– Te lo prometo.

...

– Quiero que estés junto a mí el resto de mi vida.

La nostalgia le pegó el pecho con calidez al escuchar los fragmentos del discurso de Mitsuura. Conforme avanzaba se sentía más extrañamente identificado con lo que decía y no pudo evitar sonreír de lado escuchando cómo se conocieron, inicio difícil pero la complicidad y amistad posterior los trajo hasta aquí y estar juntos era más que suficiente. Conocía un par de personas con una historia similar.

– Tu siempre has estado por encima del resto.

Si los nombres del discurso cambiaban a Shou y Ritsu, el sentimiento seguiría exactamente igual, Mitsuura estaba relatando algo que ya habían vivido aquellos dos que estaban sentados a unos metros de la mesa de honor. Había algunas personas con lágrimas en los ojos pero Shou permaneció normal, no ha escuchado nada que no hubiera pensado antes.

– Si el mundo se estuviera acabando, tú serías la única persona que buscaría para saber que todo está bien.

Cuando Shou volteó a ver a Ritsu, no se sorprendió de lo que vio. Sabía que no se conmovía tan fácilmente y su cara seria lo confirmaba, su codo estaba sobre la mesa y tenía la barbilla sostenida en la palma de su mano, con los dedos extendidos intentaba ocultar la mitad de su rostro para esconder la expresión de aburrimiento.

Pero casi como si Shou le hubiera mandado una señal, Ritsu dirigió sus ojos hacia él sin moverse; Aún se veía serio pero le dedicó una sonrisa pequeña antes de volver a poner atención a las palabras del recién casado.

Dentro de él, sintió una punzada de orgullo mezclada con algo que le hacía cosquillas en la garganta, el sentimiento venía del saber que su amistad con Ritsu era lo suficientemente real para estar al mismo nivel o rivalizar con un par de enamorados, su vínculo tan puro no envidiaba nada de un matrimonio.

Se sintió tan afortunado que después de todo lo que había vivido, pudo encontrar una amistad tan íntima como la que tenía con Ritsu.

– Cuando no te veo, siento que me falta todo.

Y por eso no podía encasillar a Ritsu con un término tan corto como “mejor amigo”

Volvió a ver a Ritsu pero en su periferia apareció Asahi, definitivamente no era el mismo sentimiento. Si el chico que acababa de conocer podría ser su mejor amigo ¿qué título podría recibir Ritsu que le haga justicia a lo que significa para él? Solo tuvo que mirar un segundo hacia la mesa de honor para averiguarlo.

“Ah, claro que eso era” pensó cuando vio a la feliz pareja de recién casados.

Casi le parecía divertido no haber dado cuenta antes, pero no había nada de cómico el hecho de que ahora tenía su respuesta sobre porque estaba muriendo y tenía ramas creciendo en sus pulmones.

Porque claro que era una amistad hermosa, pero si pudiera sacar lo que justamente pensaba en este momento entonces tenía una frase que describía mejor lo que sentía por la persona que ahora ocupaba todo su campo de visión.

– Te amo más que a nada en este mundo, y es porque tú eres mi propio mundo.

Fue lo que Shou pensó y Mitsuura se encargó de decirlo a través del micrófono.

Parte de llegar a esa conclusión era por la culpa de recordar lo de su cumpleaños, no tenía nada que ver con una boda y no debía traerlo ahora, tenía ese día guardado bajo llave en una bóveda mental; nunca habló con Ritsu del tema porque sabía que no recordaría nada y no quería escuchar algo que rompiera la fantasía de lo que pasó esa noche; pero desde que aparecieron los primeros síntomas del hanahaki, supo que ese recuerdo era un tesoro muy peligroso y la prueba estaba ante él en el retiro.

Sintió que se ahogaba y tal vez si la savia de las flores no le hubiera lubricado la garganta durante el vómito, eso habría pasado.

La flor que arrojó era solo un poco más grande que las que decoraban el pastel pero un poco más pequeña que la palma de su mano. Nunca había vomitado una flor completa, antes solo salían pétalos y hojas, además esta era una flor diferente, entonces tal vez la enfermedad estaba avanzando a paso rápido.

Cuando salió del cubículo, Ritsu lo esperaba con esa cara de preocupación mal camuflada.

– No vuelvo a comer tanto.