Work Text:
“I miss you tho”
La mente de Julián tarda unos segundos en hacer la traducción de la notificación entrante, sobre todo porque lo distrae la foto de perfil que acompaña el mensaje.
Él, o bueno, la parte cuerda de él no quiere revisar los mensajes, de verdad que no. Pero la sensación de ardor que le sube desde la boca del estómago hasta la garganta es el encargado de abrir la conversación antes de que pueda pensarlo.
Hay un montón de mensajes.
Ninguno es implica algo más, no al menos de parte de Enzo. Pero son constantes, interminables. Del día a día, de los entrenamientos, de cómo van manejando la presión y los resultados que van obteniendo. Las noches de partido de su selección están colmadas de mensajes de felicitaciones o de fotos del morocho en la televisión, alabando las jugadas que Julián ha visto en vivo.
Hay varios “te extraño” “me gustaría que estuvieras aquí” deslizados con una sutileza admirable. Y desviados con elegancia de parte de Enzo, pero jamás detenidos.
Y él sabe. Claro que sabe cuánto calienta a Enzo cuando lo admiran, cómo su ego crispa su piel ante el reconocimiento.
¿Cuántas veces Julián le ha susurrado al oído lo bueno, lo obediente que es y solo eso ha bastado para hacerlo acabar?
Y ahora tenía al hijo de puta de Reece no solo calentándolo por mensaje, sino que también le estaba robando su tiempo con Enzo, su atención que tendría que estar en Julián y solamente en Julián en estos días.
Este era su tiempo juntos.
Y el inglés culiado quería quitárselo.
El ardor en el estómago es un huracán de celos llenándolo por completo.
Es ese momento exacto el que elige Enzo para salir de la ducha, secándose el pelo y usando solamente un par de boxers negros, con el brillo de su bronceado resaltando cada uno de sus tatuajes.
Es la visión de la perfección
Y Julián quiere hacerlo mierda.
—¿Ju? —pregunta extrañado, probablemente por la expresión en el rostro del castaño— ¿qué pasa?
—Te llegó mensaje —dice secamente, poniéndose de pie y devolviéndole el celular con un empujón contra su pecho.
Puede ver el momento exacto en que Enzo entiende el tono de sus palabras mientras mira el celular.
—¿Por qué estabas leyendo mis mensajes?
Se enfrentan, ambos con los brazos cruzados, desafiantes. En la mirada de Enzo hay vacilación. En la de Julián furia.
—Llegó mientras me pasaba las fotos que nos sacamos —responde sin ninguna inflexión en su voz, levantando un hombro, quitándole importancia a la intromisión— se abrió sin querer.
—Se abrió solo, qué justo.
El morocho se voltea y da unos pasos hacia la cama, queriendo terminar con esa discusión lo antes posible, no quiere peleas por algo como esto.
Las manos de Julián lo atrapan por la cintura antes de que pueda ir muy lejos. Enzo no se voltea cuando siente el aliento en el cuello, aunque su piel se estremece por completo.
Mierda.
Él sabía a lo que se arriesgaba conversando con Reece y, sin embargo, no se había detenido.
Tal vez él quería esto, pensó mientras se volteaba y dejaba caer primero una rodilla y después la otra, sin despegar sus ojos de los de Julián.
—Perdón, amor. —Susurra, dejando de lado por completo el tono sarcástico.
Julián sigue mirándolo, serio y con un enojo que nunca auguraba nada bueno.
—¿Te hablás con Pedro también? —pregunta llevando una mano al pelo negro, tirando hacia atrás para que lo mire mejor.
—No.
—¿Joao?
—¿Cuál de los dos?
El ardor del cachetón no debería excitarlo, pero helo ahí, con la pija dura porque lo están celando.
Al fin.
—¿Te hablás con los dos?
—Con ninguno.
—Solo con James, entonces.
Asiente lentamente, antes de delinear con la nariz la entrepierna del castaño, que lo aparta con un tirón de pelo más fuerte.
—Ay. —Le dice, desafiándolo con la mirada.
—Hemos hablado muy poco de lo putita que estuviste esta temporada.
Aunque es rápido para juntar sus labios para callarse, el gemido ante el insulto se escapa antes.
—Solo para vos —dice con la voz estrangulada por el deseo.
—No soy yo el que te anda llorando pija en los mensajes, Enzo. —la falta de sobrenombres le hace saber que el enojo es real— ¿Por qué te extraña tanto el inglés culo roto ese?
—Porque somos amigos.
Cachetón en la otra mejilla.
—¿Seguís cachetéandolo así?
—No, Juli, vos me dijiste que no.
—¿Por qué te extraña? —Vuelve a preguntar con otro tirón en su cabello— ¿Ya le entregaste también?
—Jamas, amor vos sabés que…
La risa fría de Julián le hace temblar las piernas a pesar de estar arrodillado.
—¿Te seguís haciendo el activo con él, Enzo? ¿Después de todo este tiempo?
La respiración de los dos es pesada, y el morocho no sabe que hacer para que le crea, que con él es el único con el que sería tan vulnerable, que con Julián sería el único para todo.
—Dejame mostrarte…
El agarre afloja y Julián estira la mano para acariciar su mejilla y el menor ve la pregunta en sus ojos, por lo que asiente levemente. Ese gesto le basta al mayor para bajar su short y su ropa interior.
—Abrí.
Enzo junta saliva en su lengua antes de sacarla y levantar la mirada para buscar la de Julián.
El castaño toma su erección con la mano libre y la restriega por la cara del morocho, antes de golpear su mejilla con ella. Enzo no deja de ofrecer su boca abierta.
—Voy a tener que hacerte mierda, Enzo, porque parece que cogerte suavecito y con amor no es suficiente para que dejes de llorarle pija a los otros, sos demasiado puta.
Él solo puede asentir.
Julián lo toma con firmeza de la nuca para introducir su erección con fuerza, hasta el fondo, confiando en que el morocho ha aflojado la garganta para él. Enzo se ahoga un poco, su mandíbula jamás va a poder tragarse a Julián al completo al primer intento, por lo que le duele, pero no se queja, porque sabe que mañana se va a acordar de este momento y va a acordarse quién es su dueño.
Por eso se esfuerza por dar el pete de su vida, chupa y usa su lengua como mejor puede mientras Julián embiste en su boca, sin importarle las lágrimas que suelta el morocho por el reflejo de comerlo entero.
—Dios, mirá como te tengo que tener pendejo de mierda, me hacés calentar, Enzo, que bronca.
Tira de su pelo, liberándolo con el sonido húmedo y el de la respiración ahogada de Enzo.
—P-perdón…
—Subite a la cama, dale.
Se sube al colchón, boca abajo, deshaciéndose del boxer y recogiendo sus piernas para ofrecer su culo.
—Dios, me hacés mal…me mata que otros tengan esto todos los días, amor, no podés andar zorreando con todos…
La angustia se cuela en las palabras, por lo que el morocho voltea su cabeza para mirarlo.
—Sos solo vos, Juli…solo vos…
El castaño asiente y se estira para agarrar el celular de Enzo.
—¿Me lo jurás?
—Sí, amor.
—Contestale, entonces.
—¿Qué?
Le deja el celular a mano y se arrodilla entre sus piernas, inclinándose para besar su espalda.
—Respondele a tu amigo, dale.
—Quiero que me cojas, Juli, no quiero contestarle, no quiero saber más nada de él.
—Solo te voy a coger si le respondés.
Enzo se gira y lo engancha con sus piernas para atraerlo con fuerza contra su cuerpo, alcanzando su boca que cuando choca con sus labios se devoran en un beso feroz, que hace que el morocho pase sus manos por toda su espalda y lo apriete contra él, moviéndose para que sus erecciones se rocen y así Julián pueda olvidarse de cualquier otra persona fuera de ellos.
Pero Julián lo nalguea y Enzo se sabe derrotado.
—Respondele —le dice antes de morder su cuello, haciéndolo gemir.
—Amor, te necesito.
Julián pellizca su pezón, a la vez que pasa su lengua por su nuez de Adán antes de morderlo de nuevo, colocando su celular en la mano.
Lo vuelve a girar y lo toma de las caderas para acomodarlo a su gusto mientras Enzo desbloquea el celular y abre el chat, respondiendo. Julián lo cubre con su cuerpo para ver lo que escribe, con su dedo buscando los labios del morocho que lo recibe y lo ensaliva para que el otro comience a prepararlo.
“lol, you will not say that in semis”
—Que malo, amor, él te extraña.
—Qué se joda —Jadea cuando siente un dedo penetrarlo, por lo que arquea más la espalda— ¿Me cogés ahora? ¿Por fa?
—Sos tan espectacular cuando necesitás pija —Le dice pasando su nariz por su mejilla, clavándolo los dientes después. —Dios, Enzo, mirá lo que sos.
Se incorpora para arrodillarse detrás de él, usando sus manos para pasarla por sus pectorales y apretar su cintura, disfrutando de ver sus dedos enterrados en medio de la tinta y luego su mirada llega a la gloria.
Su culo.
Más blanco, por la falta de bronceado y tan inmaculado sin tinta que tiene que nalguearlo para ver sus dedos rojos en él y como rebota la carne.
Julián cede y se inclina para separarlo, apretando con sus manos y entregándose por completo a comerlo, a que su lengua lo abra y lo prepare para recibirlo mientras sus dedos y sus uñas se entierran en él, con los gemidos de Enzo como banda sonora de la mejor experiencia de su vida, jamás se va a cansar de tenerlo así, abierto para él, gimoteando y arqueándose por sus dedos, enterrando la cara roja y transpirada en la almohada para que no lo escuchen gritar cuando le embiste la próstata.
—A-amor…—gime desesperado— Amor, mirá —pide usando sus manos para abrir más sus nalgas.
El mayor se separa, con la cara toda húmeda y sus manos reemplazan las de Enzo que vuelve a apoyar sus antebrazos en el colchón para girarse y mirarlo.
Lleva sus ojos al culo perfecto, con la entrada dilatada, hasta que repara en lo que le está señalando.
Dos tatuajes, ínfimos.
“JA” de un lado.
“9” del otro.
Ocultos, perfectamente escondidos para todo aquel que no tuviera acceso a él.
El cerebro de Julián hace cortocircuito.
—Enzo…
—Solo tuyo…
Se miran por un momento, mientras Julián se inclina y besa primero con reverencia los tatuajes antes de morderlos con una sonrisa.
—Te voy a tener que hacer mierda, Jeremías.
La risa ronca lo es todo.
Lo toma de nuevo de las caderas y pasa primero su erección sobre toda la extensión de su culo porque se ve tan sublime, tan perfecta que es la anticipación de la gloria completa cuando apoya su glande en agujero y lo penetra, con cuidado, pero sin detenerse y con la fuerza de alguien que quiere fundirse con ese cuerpo que es suyo, solo suyo y de nadie más.
El llantito de alivio que suelta Enzo, le hace saber que se necesitan con la misma intensidad de dos personas completamente desquiciadas.
¿Y cómo le va a importar estar cuerdo si la locura que es estar enterrándose en Enzo se siente así?
Lo embiste con fuerza y rápido, como sabe que le gusta, con sus manos haciendo más fuerza de la necesaria para sostenerlo de la cintura y le suma sus dientes a toda su espalda porque lo consume la necesidad, la posesión de no solo tenerlo cerca, sino de ser uno, de que sea suyo, de que esté lleno de él, debajo de él, dentro, entero, que Enzo sea entero suyo, suyo, suyo.
Solo suyo.
—Mirá lo que sos —Se separa para mirar con vicio como entra y sale de él, como sus muslos rebotan y quiere mirarlo a los ojos, así que sale y lo voltea, antes de que pueda lloriquear ya está dentro de nuevo, tomándolo por debajo de sus rodillas para doblarlo y poder llegar más profundo— cómo no te van a querer los demás, si mirá lo que sos, Enzo, me vas a desquiciar.
—Solo vos me tenés así —gime antes de atraerlo por la nuca y comerle la boca de forma intercalada con los gemidos que suelta.
Julián acelera las embestidas y Enzo ondula su cuerpo, saliendo a su encuentro para que choque contra su próstata en cada movimiento, lo que provoca que le arañe toda la espalda al mayor, mientras este se encarga de morder su pecho, su cuello, su bicep.
—Amor, amor, Juli, por favor…—suplica después de una estocada profunda que lo hace temblar.
—Acabame entero, amor, deslechame, dale.
Enzo lo toma de la nuca y junta sus frentes y muerde su labio en un intento de controlar el orgasmo que lo recorre con un espasmo que le hace temblar las piernas y apretando a Julián de tal forma que es inevitable que el castaño acabe en su interior, llenándolo por completo mientras los dos jadean sus nombres en la boca contraria.
Sus respiraciones no parecen volver a la normalidad tan fácil, por lo que Julián sale despacio de él, pero Enzo lo atrapa con sus piernas rápidamente.
—Odio esa sensación…
—¿Cuál?
—Estar vacío…quiero siempre estar lleno de vos.
—No me digas esas cosas, dejá de ser tan perfecto.
Julián pasa su nariz por su mejilla despacio, hasta llegar a la nariz de Enzo donde las restriega con suavidad, antes de unir sus labios.
Se quedan besándose un momento, la mano de Julián acariciando el culo de Enzo que sisea cuando llega a entrada.
—¿Estás bien? Perdón, gordo.
—Fue…intenso.
Que Enzo no afirme inmediatamente que está bien, quiere decir que definitivamente se le fue la mano.
Se incorpora un poco y alcanza la crema que está en la mesa de luz y con una sonrisa lo gira con cuidado de nuevo.
Lo limpia con las sábanas —esa noche van a tener que dormir en la otra— y de a poco le aplica la crema alrededor, con suaves masajes sobre toda la zona maltratada.
—Perdón, se me fue la mano.
—Sabés que me gusta cuando somos así.
—Igual, no sé que me pasó.
Julián vuelve a ver los tatuajes ocultos y se inclina para besarlos, antes de que el morocho se gire de nuevo.
—Que somos unos celosos de mierda, eso pasó.
El mayor suspira y asiente, sin dejar de acariciar los muslos del contrario, que lleva la mano a su pelo para acariciarlo y atraerlo contra él.
—Me gusta que te muestres, que te deseen, que te los chamuyes a todos y después vengas conmigo pero… a veces me puede, no te quiero compartir nunca. Qué miren lo que quieran pero que no te extrañen.
—Dios, dejá de calentarme así, Julián, que el orto no me da para más.
Lo empuja levemente, ambos riendo antes de que sus ojos se encuentren.
—Estás loco por esos tatuajes ¿sabés?
Enzo se encoge de hombros.
—No planeo que nadie más que vos los vea.
Julián lo besa con cuidado, acariciando con amor todo su cuerpo, relajándolos a los dos.
—Te amo, Enzo Jeremías, aunque en el proceso esté perdiendo la cabeza.
—Qué bueno, porque yo la perdí cuando te vi hacer el primer gol en reserva, desde ahí te amo, Julián.
Se sonríen y se besan, enroscándose en el cuerpo contrario, como si quisieran habitar bajo la piel del otro.
Tal vez un día lo consigan. Por hoy, basta con esto.
Uno del otro.
Juntos.
