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Español
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Published:
2026-06-28
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5,101
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1/1
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580

Karma Is el Capitán de Boca

Summary:

Donde Leandro se pone un poquito celoso al ver a los otros pilotos interactuar con Franco y va a un gp a poner orden.

Notes:

este os esta inspirado en el dibujo de @BrinaArt_ en tw, el chat y las fotos vienen de ahi. aparte de ser una genia dibujando escribio un os de ellos q es una joyita, gracias por el servicio <3

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Decir que Franco estaba enojado era quedarse corto. 

Su sangre hervía como un torbellino furioso en su interior, calentando su cuerpo y haciendo que la adrenalina lo invadiera y no lo dejara quedarse quieto. Estaba enojado. Sí. 

Luego de dar las entrevistas en el corralito, volvió hecho una furia a su habitación en el paddock, se sacó la camiseta ignífuga toda sudada y la lanzó con fuerza sobre el sillón individual que tenía en el cuarto. Se sentía sofocado. Empezó a caminar por el pequeño lugar como un animal enjaulado, intentando liberar la energía acumulada que le había quedado después de la carrera. Carrera en la cual lo habían cagado. Otra vez. Pierre había pedido por la radio cambiar las posiciones cuando la carrera recién había comenzado y todos estaban administrando los neumáticos, por lo que Franco no estaba forzando por demás  su ritmo por vuelta. Sin embargo, tuvo que ceder la posición a regañadientes. Lo peor de la situación era tener que agachar la cabeza y aceptar las órdenes sin chistar. Para que después esos favores no se lo devuelva su compañero de equipo. Así que, sí, estaba furioso.

Estaba intentando respirar profundo y calmar su enojo, ya que no había nada que pudiera hacer ahora, cuando escuchó unos pequeños golpes en la puerta. Sin importarle cómo se veía, con el traje colgando de sus caderas y el torso desnudo, fue a abrir, encontrándose con Pierre del otro lado. 

—Fran, te quería agradecer por lo de hoy. —le dijo con una sonrisa ladina y apoyó su mano sobre su brazo desnudo. 

Franco miró donde lo estaba tocando y volvió a levantar la vista. Le regaló una sonrisa pequeña y solo asintió seco. No estaba de humor para que lo boludeen ahora. Al ver que no respondía, Pierre decidió seguir hablando.

—Vamos a ir a cenar con el equipo por los puntos de hoy, pero estaba pensando que podríamos cenar solos nosotros dos… — sugirió Pierre mientras se acercaba lentamente hacia él.

—La verdad, estoy cansado. Otro día mejor — lo cortó en seco Franco y le cerró la puerta en la cara. 

Se podía imaginar adónde quería ir el francés con él, no era la primera vez que se le insinuaba y estaba loco si pensaba que iba a darle una oportunidad. No cuando Franco tenía con quién pasar un buen rato. Aunque esa opción ahora se encontraba a varios kilómetros de distancia en Argentina. 

Una sonrisa rompió su rostro al pensar en él y se pasó una mano por los rulos sudados desacomodándolos. A esta hora debía estar en el entrenamiento todavía, así que decidió mandarle un mensaje más tarde. Tal vez hasta podían hacer una videollamada un poco subida de tono para distraerse del desastre de este día. Fue a limpiarse un poco en el baño que tenía en el cuarto y al regresar vio cómo su celular se iluminaba, indicando la llegada de un nuevo mensaje. Franco dejó la toalla acomodada por ahí y desbloqueó el aparato. Hablando de Roma…

 

lean ♥♥

recien termino de entrenar, lindo

como te fue?

franui

mal :c

me hicieron cambiar posición con pierre

lean ♥♥

que pelado puto, si me lo cruzo en turquía de nuevo lo rompo

franui 

de nuevo? que hacias vos ahi? 😂

lean ♥♥

no te hagas el vivo pendejito

la proxima que te agarre vas a tener que sacar pasaje directo para alla de la zamarreada de pelos que te voy a dar mientras te cojo

franui

Franco escribía y volvía a borrar el mensaje sin saber cómo responder. Un rubor se había instalado en sus mejillas y ahora su cuerpo se había vuelto a calentar, pero esta vez no era de enojo.

 

lean ♥♥

que paso, ya no somos tan vivos?

franui

sos un atrevido leandro

no me podes decir esas cosas sabiendo que estas en la otra punta hdp

lean ♥♥

y así no te olvidas de mi bonito

si veo como te miran los otros pilotos atrevidos

tengo que ir a poner orden ahí

franui

que decis tarado nada que ver

igual pierre recien tuvo el TUPE !! de invitarme a cenar con el

un poco mas y le rompo la nariz con el portazo que le di

lean ♥♥

naa bueno

a ese voy a tener que ponerle los puntos 

encima que te caga en pista después se viene a hacer el lindo con vos

lo tenemos que fajar

franui

ASJSJ

si por favor

en fin, como te fue en el entrenamiento?

 

Franco escribía mientras se reía de lo que le decía Leandro; todo el enojo de antes se había esfumado por completo y ahora se encontraba relajado, sentado en el sillón, mirando el celular con una sonrisa plantada en el rostro. Cómo podía cambiarle el humor tan rápido con unos simples mensajes era increíble, pero algo en lo que no quería profundizar demasiado, ya que con el mayor solo se divertían y boludeaban sin ser nada serio. Pasaron los minutos y Leandro seguía sin responderle, así que decidió empezar a quitarse el traje y ponerse su ropa de calle para poder irse al hotel. 

 

lean ♥♥

bien

bien matado quede

recien saliendo de las duchas

[loto]

 

Franco leyó los mensajes mientras se bajaba  el traje, quedando solo en boxers. Su boca se abrió al ver la foto que le había mandado el degenerado. Estaba con el torso desnudo y sus tatuajes brillaban bajo el agua que aún caía por su pecho. Siguió bajando la vista y sintió como se le hacía agua a la boca al ver que solo llevaba una toalla demasiado baja, mostrando su línea V definida. Mientras que con una mano sostenía el teléfono frente a un espejo, la otra sujetaba el borde de la toalla dejando ver el rastro de vellos que partían de su ombligo y desaparecían bajo la tela. Inconscientemente, Franco se mordió el labio inferior y se quedó varios minutos mirando la foto y haciendo zoom, tratando de capturar cada detalle.  

franui

dios leandro, sigo en el paddock…

lean ♥♥

y? no tenes una habitación tuya por ahi?

yo tambien te quiero ver ;)

 

Franco bajó la vista, todavía en su ropa interior, en donde se notaba un bulto indicando cuánto lo había afectado la foto, y el traje de Alpine tirado a sus pies. Primero consideró sacarse una foto así como estaba, pero de repente se sintió muy expuesto. Se había quedado mucho tiempo en el drivers room y en cualquier momento podían aparecer sus managers a buscarlo para ver por qué estaba tardando tanto en salir. Así que decidió volverse a poner el traje, dejando abierto el cierre y mostrando su torso trabajado y su estrecha cintura. Si sus managers irrumpían en su habitación, encontrarlo así sería menos vergonzoso que solo en sus boxers y con una semierección. Se volvió a sentar en el sillón, acomodándose de manera que se vieran su cintura y sus piernas. Tomó la foto y sin pensarlo dos veces la mandó.

franui

dios

aca tenes degenerado

[foto]

lean ♥♥

mucha ropa

bien que cuando nos vemos no sos tan timido

hablando de eso, cuándo te puedo ver bonito?

 

Mientras seguía hablando con el mayor, se terminó de cambiar y salió del paddock con el sonrojo en sus mejillas aún presente. Acordaron verse dentro de dos semanas, ya que el mayor podía tomarse esos días libres para ir a verlo en el paddock. El pensamiento de llegar al paddock con el capitán de Boca caminando a su lado le provocaba náuseas y una emoción difícil de contener. Dos semanas. Iba a estar contando los días.

 

 

🌹

 

 

Los días habían pasado volando y, entre el entrenamiento del mayor y Franco que había estado encerrado en el simulador preparando la carrera que seguía, no habían podido hablar mucho, excepto por unos pocos mensajes de buenos días y para saber cómo le había ido al otro en sus respectivos entrenamientos. 

El día finalmente había llegado. Era viernes por la noche y Franco se encontraba descansando en su habitación después del largo día de prácticas y revisando estrategias para la carrera, mientras esperaba la llegada del mayor. Como no podía tomarse la semana entera libre, decidió ir aunque sea el sábado y el domingo para después regresar a Argentina el lunes por la mañana.

Sus managers, al enterarse de que Leandro iba a visitar al argentino, habían hablado con los de Alpine para darle un pase para poder acceder con él al paddock y a los boxes de la escudería. Jamie y María no tenían idea de lo cercano que era al mayor; ellos solo pensaban que la emoción y los nervios de Franco solo se debían a que iba a pasar toda la semana con el capitán de Boca a su lado. Si ellos supieran la verdad…

franui

mira lo que te conseguí

[foto del vip pass]

lean ♥♥

ah bueno

pero que top 

y como te puedo pagar tremendo favor?

franui

se me ocurren un par de cositas que podes hacer ;)

 

Con una risita traviesa, Franco dejó el celular en la mesita de luz y se relajó aún más sobre el colchón, descansando sus ojos. Su respiración se había relajado y estaba a punto de quedarse dormido cuando unos golpes en la puerta lo despertaron. Se levantó un poco desorientado y fue a abrir la puerta con pasos pesados, sorprendiéndose de quien estaba al otro lado.

—¡Sorpresa! —le dijo Leandro con una enorme sonrisa y abriendo los brazos para recibir al menor, quien se había lanzado a sus brazos para envolverlo como un koala después que se le pasara el shock.

 —¡Lean! — respondió Franco casi en un grito. — Pero ¿qué hacés acá? Te íbamos a ir a buscar. Y ¿cómo sabías el número de mi habitación? ¿Cómo llegaste hasta acá?

Le cuestionó Franco hablando atropelladamente como acostumbraba a hacer, haciendo reír a Leandro. Se separaron apenas y el mayor bajó la vista a sus labios por un segundo antes de relojear su alrededor, dándose cuenta de que seguían en el pasillo y estaban demasiado expuestos. 

—Ahora te respondo todo, bonito. Pero mejor entremos antes de que nos vea alguien. 

Franco asintió y se terminó de despegar de Leandro para darle paso hacia su habitación. Franco era bastante ordenado y organizado; contrario a su personalidad explosiva, le gustaba tener todo en su lugar. Por ello, su habitación estaba impecable, salvo por las sábanas arrugadas donde se había quedado casi dormido. Leandro se quedó parado en medio del lugar, analizando la impersonal habitación del hotel. Llevaba unos jeans azules anchos y un buzo de lana gris que, al ser oversize, lo hacía verse demasiado tierno y abrazable, o eso pensó Franco. 

—¿Y? Ahora que terminaste de chusmear mi pieza, ¿me vas a contar cómo llegaste acá? — inquirió Franco, fingiendo molestia mientras se cruzaba de brazos y lo miraba con una ceja enarcada.

Leandro solo se rió al ver la, para nada intimidante, mirada que le estaba dando el menor y se acercó para agarrarlo de la cintura. 

—Bueno, che, ¿nos despertamos con la tanga cruzada de la siesta que estamos tan impacientes? — lo jodió Leandro.

Antes de que pudiera responder, lo tomó suavemente de la nuca con una mano y lo acercó para devorarle la boca, como había querido hacer desde que abrió la puerta y lo vio con los rulos despeinados y esos shorts de Boca cortos que le gustaba usar cuando dormía. 

Franco ni se resistió y se relajó entre los brazos del mayor, devolviéndole el beso con la misma intensidad. Leandro le lamió el labio inferior con la lengua antes de darle un pequeño mordisco, lo que hizo jadear a Franco por la sorpresa. Como venganza, el piloto invadió la cavidad del otro, explorando con brusquedad con su lengua, mientras bajaba lentamente la mano hacia la entrepierna de Leandro y masajeaba por encima de la ropa el bulto que comenzaba a crecer. El más grande soltó un gemido profundo ante el toque y cuando estaba por meter la mano por debajo del pantalón, Leandro lo tomó de la muñeca frenándolo.

—Mhm, para, para, Fran — se alejó y mantuvo sus frentes juntas mientras trataba de regular su respiración. —Así que, ¿estas eran las cositas que tenías pensadas para que te devolviera el favor?

Leandro se despegó apenas para poder mirarlo, enarcando una ceja.

—En realidad, te imaginaba en otra posición. —dijo Franco con inocencia mientras colocaba sus manos en la nuca del mayor.

—Ah, ¿sí? ¿Se puede saber cuál?

Franco se acercó a su oído y le mordió el lóbulo antes de susurrarle.

—De rodillas en esta alfombra mientras te atragantas con mi pija.

Franco sintió cómo Leandro se tensaba y cómo su piel se erizaba al escuchar la sugerencia del menor; internamente sonrió al sentir que le podía mover el piso tanto como el mayor se lo movía a él con sus guarangadas.

—Dios, como me gustaria hacerte tan mierda que no puedas ni sentarte en el monoplaza mañana… —le respondió con la voz grave mientras lo tomaba de las mejillas para poder verlo. —Pero no podemos ahora, bonito.

Franco frunció el ceño confundido.

—Maria me dijo que en un rato íbamos a ir a cenar todos juntos. —Franco hizo un puchero decepcionado, haciendo reír a Leandro, quien le dio un pequeño beso en los labios abultados del menor. —Después la seguimos, te lo prometo.

Leandro se alejó del menor y se sentó sobre la cama, sabiendo que si seguía cerca de él no iban a llegar a tiempo para cenar. Franco podía sentir los ojos de él mientras buscaba ropa limpia para ponerse, hasta que las palabras de Leandro le hicieron ruido y se detuvo en sus pasos para mirarlo.

—Espera, ¿cómo hablaste con María?

Leandro le regaló una sonrisa traviesa y solo se encogió de hombros.

—Le hablé hace unas semanas para arreglar la sorpresa. — los ojos de Leandro seguían cada movimiento de Franco mientras se sacaba la remera con la que había dormido, dejando a la vista su piel tersa e impoluta. Se mordió el labio inferior antes de continuar. —Así conseguí el número de tu habitación y después me dijo que podíamos ir a cenar todos juntos con Jamie y ella.

Franco terminó de ponerse una de sus remeras de Scalpers y lo miró divertido cruzándose de brazos.

—Ah, así que hablas con mi mánager a mis espaldas. ¿A vos te parece bien, Leandro? Ya voy a hablar con ella yo. 

Terminó diciendo Franco mientras negaba con la cabeza y se daba vuelta para sacarse el short de Boca, provocando a propósito al capitán de Boca con una vista de primer plano de su redondo trasero y sus piernas tonificadas. Se agachó lentamente para buscar el jean que iba a usar; Leandro seguía sin emitir una sola palabra.  

–Me estás matando, pendejo, ¿sabías?

Franco se rió y decidió dejar de torturarlo. Agarró los jeans claritos y algunas cosas más que necesitaba y caminó hacia el pequeño baño para terminar de cambiarse.

 

 

🌹

 

Al parecer, María había hecho una reservación en un restaurante italiano cerca del hotel y, para su suerte, ambos pasaron bastante desapercibidos por las calles de Austria. Caminaban juntos pero sin estar demasiado pegados, al fin y al cabo, debían ser precavidos. Llegaron al pequeño restaurante después de una corta caminata y una camarera los llevó hasta su mesa, donde María y Jamie ya los estaban esperando sentados. Para la sorpresa de Franco, Kimi Antonelli se encontraba charlando animadamente con María, con un George Russell un poco incómodo al lado del piloto menor de Mercedes por no entender lo que decían.

 

[*Franco, Kimi obv, Leandro hablan en italiano, no lo traduzco porque siento que es medio un quilombo. Cuando ponga otro * es porque no hablan mas en italiano]

 

—¡Franquito! — lo saludó con un abrazo efusivo Kimi y comenzó a hablar en un italiano apresurado, sabiendo que Franco también hablaba el idioma. —Te ves bien y eso que tenés la almohada pegada a la cara todavía.

Franco se rió y lo golpeó cariñosamente en el hombro. El italiano seguía con una mano sobre su cintura y podía sentir los ojos de Leandro mirándolo fijamente a su costado. Se removió inquieto en su lugar e intentó alejarse un poco, pero Kimi pasó su brazo sobre su hombro y no lo soltó.

—Quería traer a George a probar unas buenas pastas. No te molesta que comamos con ustedes, ¿no? María nos vio y nos invitó. — siguió hablando atropelladamente el más chico y le ofreció una silla a Franco para que se sentara.

—Eh, nono. Está bien, supongo — le sonrió agradecido y se sentó enfrente de Jamie y Maria, que lo miraba con una sonrisa divertida por la situación. 

Al sentarse, Franco soltó un suspiro y se removió inquieto en su lugar. Kimi amagó con sentarse a su lado, pero la mirada dura de Leandro lo detuvo. El argentino mayor  se sentó con parsimonia al lado de Franco y colocó un brazo sutilmente sobre el respaldo de la silla del piloto argentino, marcando su lugar.

George, quien probablemente no entendía ni una palabra de lo que estaban diciendo, se sentó al lado de Jamie para poder hablar con alguien y Kimi terminó sentándose en la punta de la mesa.

—Y, ¿quien es el, Fran? —pregunto Kimi curioso, acomodando la servilleta de tela en su regazo.

—Él… es un jugador de la Selección Argentina y el capitán de Boca — respondió Leandro en un perfecto italiano, mirándolo con el mentón en alto, orgulloso.

Franco sonrió para sus adentros ante los celos tan evidentes de Leandro.

—Wow, no sabía que hablabas italiano — dijo genuinamente sorprendido Kimi.

—Sí, jugué un tiempo en el equipo de Roma y medio que no me quedó de otra — explicó con paciencia Leandro mientras abría el menú para ver qué podía ordenar.

Franco lo miraba fascinado al mayor. Aun hablando en italiano, su voz todavía tenía ese acento argentino, cosa que también le pasaba a Franco cuando hablaba el idioma, y su voz salía suave como terciopelo. Definitivamente, estaba hasta las manos aunque no quisiera admitirlo.

—Bueno, para los que no hablamos italiano. ¿Podemos volver al español, por favor? — inquirió María, alternando la mirada entre los dos argentinos y el italiano sin entender nada.

*

La cena transcurrió en calma y sin altercados. Al final, Leandro terminó dándole un changüí a Kimi, quien no paraba de hacerle preguntas sobre Messi y qué se sentía al ser cercano al diez de la selección. El argentino mayor contó anécdotas de la selección y cómo eran una familia, llevándose bien entre todos, y que para ellos ir a la selección era como estar en un viaje de egresados constantemente. 

Después de cenar, los pilotos se despidieron y el italiano volvió a saludarlo con un abrazo efusivo antes de irse en su respectivo auto con su compañero de equipo. Sus managers y ellos volvieron caminando, ya que no estaban muy lejos del hotel y el calor de Austria se prestaba para una corta caminata nocturna.

—Bastante toquetón el tano ese, ¿no? —le susurró Leandro, a pesar de que Jamie y Maria caminaban delante de ellos y no los estaban escuchando.

Franco soltó una carcajada nada discreta y lo empujó levemente con el hombro.

—Es un amigo; nos conocemos desde la Fórmula 2 y siempre fue así conmigo. No te pongas celosito.

—Yo no me pongo celoso y menos de ese nene— Leandro frunció el ceño molesto y enfundó sus manos en los bolsillos del pantalón.

Franco emitió un sonido afirmativo sarcástico y lo dejó estar, mordiéndose la lengua para no seguir gastando al mayor.

Cuando llegaron al hotel, María y Jamie se despidieron de los argentinos. Leandro decidió acompañar a Franco hasta su habitación para poder despedirse como quería.

—¿No te quedas conmigo esta noche? —le preguntó Franco haciendo un puchero.

El menor se había colgado de su cuello ni bien cerraron la puerta de la habitación, quedando solos los dos al fin.

—¿No tenés la qualy mañana temprano, gordo? Tenés que descansar —Franco rezongó y se ocultó en el cuello de Leandro. —Bueno, está bien. Pero solo vamos a dormir, eh.

Franco dio un saltito en el lugar y le dejó un beso casto en la piel expuesta de su cuello, haciendo reír a Leandro.

—Sos un nene caprichoso, ¿sabías?

Franco le sonrió orgulloso y fue al baño a cambiarse su ropa por una más cómoda para dormir. Como Leandro no tenía su ropa allí, decidió acostarse solo en boxers y sin remera. Cuando Franco volvió del baño, con su short de Boca y una remera oversize blanca, se quedó parado admirando la vista. Leandro estaba acostado, los tatuajes del torso reluciendo gracias a la luz cálida de la mesita de luz. Los músculos trabajados de su pecho hicieron que se mordiera el labio inferior; quería pasar su lengua por cada tatuaje hasta llegar a la V marcada que se perdía bajo su ropa interior oscura. Leandro estaba concentrado viendo algo en el celular y todavía no se había percatado de cómo lo observaba el menor. 

Sin decir nada, Franco se acercó sigilosamente, le quitó el celular y se subió a su regazo. Leandro lo miró sorprendido y no tuvo tiempo de decir nada porque Franco lo silenció con un beso lento, pero apasionado. Lo sujetó firme de la cintura y gimió en el beso al sentir los movimientos de Franco justo sobre su entrepierna. La lengua del mayor no tardó en encontrar la suya; ambos movieron la cabeza para profundizar el beso, sus dientes chocándose por la desesperación de los dos. Un calor invadió el cuerpo de Franco, agarró la nuca del mayor y se separó para comenzar a mover sus caderas en círculos con más fuerza, sintiendo cómo se endurecía el miembro del mayor bajo su trasero. Leandro bajó las manos de su cintura hasta su trasero para intensificar la fricción. Plantó los talones sobre el colchón y elevó la pelvis para simular estocadas; sus respiraciones ahora se intercalaban entre gemidos bajos y suspiros.

—Dios, Fran…

—No quiero descansar — declaró Franco, mordiéndose el labio inferior para ahogar un gemido. —Te extrañé.

—Yo también, bonito.

Y sin previo aviso, lo giró como si no pesara nada, dejándolo de espaldas contra el colchón. Le subió la remera hasta la altura del pecho y comenzó a dejar un rastro de besos y mordidas por su torso pálido. Cuando llegó a su cintura, comenzó a hacer movimientos verticales con su lengua tensada, casi llegando hasta su pelvis, para después succionar y dejar una marca roja en el lugar. Franco gimió y agarró en un puño el pelo de Leandro para guiarlo donde realmente lo quería. 

—Qué impacientes estamos, che — se burló Leandro y dejó un beso húmedo por encima de su ropa, logrando que Franco gimoteara en su lugar. —Te queda muy lindo este shorcito, por cierto.

Dijo antes de arrancarle la prenda junto con su ropa interior; su miembro duro rebotando contra su estómago. Y antes de que pudiera reaccionar, tenía a Leandro engullendo su erección como si no hubiese un mañana. Franco abrió aún más sus piernas para darle espacio y el mayor se acomodó mejor, tomando las piernas de Franco por debajo de las rodillas. Leandro movía la cabeza de arriba a abajo con lentitud, saboreando a su tiempo al piloto; cada vez que llegaba hasta el fondo, movía su garganta como si estuviese tragando, aprisionando el miembro de Franco y volviéndolo loco. Se sentía tan bien. Franco dejó caer su cabeza sobre la almohada, sus ojos queriendo cerrarse por el placer que estaba sintiendo, pero ni loco se perdía la vista que tenía entre sus piernas. Algunos mechones de Leandro caían desordenados sobre su frente y sus gruesos labios subían y bajaban sobre su miembro. Franco podría haber acabado solamente con la imagen del mayor devorándolo con deseo. Tuvo que agarrar al mayor del pelo y moverlo antes de que terminara así.

—Esperá. 

Leandro se movió hacia arriba y sostuvo su peso con sus codos para no aplastarlo. Lo besó, metiendo su lengua de inmediato, y Franco pudo sentir el sabor salado de sí mismo en su boca.

—Decime qué querés, chiquito. — Leandro se separó del beso y lo miró con una sonrisa divertida. —Quiero escucharte.

Con los cachetes rojos de la vergüenza, pero con el deseo claro en sus ojos, habló.

—Quiero que me cojas tan fuerte que hasta lo escuche Pierre en la habitación de al lado — lo desafió Franco, sabiendo que Leandro tenía esa espinita de celos por el francés.

La sonrisa de Leandro se ensanchó más al saber que el francés se encontraba a solo una pared de distancia. Así iba a aprender que Franco ya tenía dueño. Se inclinó y le mordió brevemente el labio inferior al menor, antes de levantarse para buscar el lubricante. 

—No hace falta —lo interrumpió Franco mientras se levantaba apenas del colchón, descansado sobre sus codos. Leandro se quedó parado en el borde de la cama y lo miró confundido.

—Te va a doler, gordo.

—N-no, es que… — Franco miró avergonzado al mayor, sus mejillas todavía coloradas. —Me puse un plug antes de ir a la cena.

Leandro abrió los ojos sorprendido ante la confesión. Estaba tan concentrado en lo bien que se sentía Franco en su boca que no había notado que el menor tenía puesto un plug anal. Su miembro palpito dentro de sus boxers al pensar en lo dilatada que debía estar la entrada del piloto.

—Dios, sos terrible — sonrió, le hizo una seña con la cabeza en su dirección y siguió hablando. —Bien, quiero verte.

Franco se quedó quieto un segundo y luego abrió lentamente sus piernas de nuevo, revelando el brillante objeto plateado. Leandro se bajó la ropa interior y comenzó a masturbarse, usando el líquido preseminal para lubricarse; sus ojos seguían fijos en ese pequeño círculo plateado. Asimismo, Franco no podía despegar los ojos del duro miembro grande del mayor, como la piel sensible se estiraba cuando bajaba hasta el tronco y dejaba ver la punta rosada que desprendía gotitas blancas. A Franco se le hacía agua a la boca; quería pasar la lengua por la punta y saborearlo. Quiso mover su mano hacia su propia erección desatendida, pero Leandro lo detuvo.

—No. No te toques — dijo con la voz grave y la respiración agitada mientras aumentaba los movimientos sobre sí mismo. —Quiero verte mientras te lo sacas.

Y Franco lo obedeció en silencio, los ojos de ambos fijos en el otro en un duelo silencioso cargado de tensión y deseo. Un gemido escapó de su boca al remover lentamente el pequeño objeto de su entrada. El plug plateado en forma de pica* salió con facilidad gracias al lubricante que se había puesto Franco. Leandro volvió a subirse a la cama, se acomodó encima de él, apoyando las manos a un lado de la cabeza de Franco. Y sin perder tiempo, se enterró sin resistencia alguna hasta el fondo. Franco soltó un jadeo más de sorpresa que de dolor y abrazó con sus piernas la cintura del mayor, queriendo eliminar cualquier distancia entre ellos. Leandro gruño al sentir lo apretado que estaba el menor a pesar de tener ese plug por horas. Se quedó quieto un momento para darle tiempo de acostumbrarse a Franco y luego comenzó a mover sus caderas con una fuerza brutal. Entraba y salía casi del todo, sin piedad, robándole gemidos a Franco. 

Leandro dejó caer su peso hacia atrás y se acomodó casi sobre sus talones para poder embestirlo mejor, usando la fuerza que tenía en sus piernas gracias a años de jugar fútbol profesional. A pesar de la resistencia física que tenía, su piel no tardó en brillar de sudor por el esfuerzo que estaba haciendo. La habitación se encontraba en completo silencio, solo se podían escuchar sus gemidos y el sonido de sus pieles chocando con fuerza cada vez que se movía Leandro, golpeando la próstata del menor cada vez que lo embestía. La fuerza era tal que la cama rechinaba y rebotaba contra la pared de la habitación. Franco no podía ni mantener los ojos abiertos, estaba completamente perdido en el placer y cuando el mayor tomó su erección para masturbarlo, solo tardo unos cuantos toques para que acabara con fuerza sobre su estómago, largando finos chorros blancos. La entrada del menor se apretó y Leandro acabó dentro de él, dejándose caer sobre el menor, con cuidado de no aplastarlo mucho. 

Se quedaron en esa posición en silencio mientras trataban de calmar sus respiraciones. Franco comenzó a acariciar suavemente el pelo de Leandro y este dejó escapar un sonido satisfactorio ante los mimos. Franco sonrió y pensó que podría quedarse así para siempre. Sí, la pasaba increíble cuando tenían sexo, pero su parte favorita era esta. Los dos relajados y compartiendo caricias en un silencio cómodo. Leandro le dejó un casto beso en el pecho antes de levantarse para ir a limpiarse al baño. Franco se quejó al sentir la pérdida de calor, aunque el mayor no tardó en volver con una toalla húmeda para limpiar el desastre que le había dejado a Franco. Limpio con cuidado sus muslos y su entrada y prosiguió a remover los rastros de su orgasmo de su estómago. Cuando terminó, dejó la toalla a un costado y volvió a acostarse junto al menor. Leandro lo atrajo en un abrazo y Franco recostó la cabeza sobre el pecho firme del contrario. 

—¿Vos decís que ese francés nos escuchó? — rompió el silencio Leandro, haciendo pequeños círculos con el pulgar sobre la cintura de Franco.

Franco largó una carcajada y se acomodó más cerca del mayor, sus ojos cerrándose por el cansancio repentino.

—Mmm, sí. Estoy seguro que ahora no me va a romper más las bolas. —respondió casi en un susurro Franco, ya medio dormido.

—Bien. Que sepa que estás bien atendido o, si no, le rompo la cabeza cuando lo vea. — le dejo un tierno beso sobre la coronilla, haciendo reír a Franco por el contraste de la seriedad con la que había hablado.

Solo habían pasado unos minutos en silencio y Franco pensó que el mayor se había quedado dormido, pero de repente liberó su brazo derecho y empezó a golpear la pared de la pieza mientras cantaba.

—¡ESCUCHEN, CORRAN LA BOLA! — cantó a los gritos Leandro mientras agitaba el brazo contrario en el aire.

—¡NO, CALLATE, TARADO! —Franco intentó taparle la boca, pero el mayor seguía cantando a todo pulmón la canción. Terminaron riéndose, con Franco encima de él, intentando callarlo. 

Ahora, estaba muy seguro de que el francés no iba a volver a hablarle en la vida.





*pica me refiero a la forma de la carta de poker ah, no sabía como describirlo.

Notes:

me costo una banda terminar de escribir esto, espero que les haya gustadoo y si no, bueno no me digan ahr tambien tengo pensado un fic un poco mas largo de franco siendo el fisio de leandro antes de ir al mundial. ya lo estoy escribiendo, con suerte subo el primer cap antes de la final del mundial asjsj