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Español
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Published:
2026-06-28
Words:
2,491
Chapters:
1/1
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11
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34
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606

Dos horas

Summary:

Franco llega temprano los jueves a casa de su amigo Jobe, pero en realidad es para ver a su hermano a escondidas. Entre provocaciones y caricias, terminan en la cama de Jude, entregándose al deseo y la ternura.

Work Text:

 

Franco sabía de memoria los horarios de jobe, su amigo y si su memoria no fallaba hoy llegaría a las 6 pero igualmente había revisado el chat tres veces antes de salir de su casa. "Llego tipo 6, tengo que pasar por la facultad a buscar unos apuntes", había escrito Jobe. Franco lo había leído, lo había Y releído al menos tres veces, y había hecho los cálculos: si llegaría a las 4, tendría al menos dos horas con Jude.

 

Quizás tres, si Jobe se distraía.

 

Y ahí estaba, parado en el living de la casa de los Bellingham. El sol de la tarde entraba por la ventana, iluminando el polvo flotando en el aire. Franco se pasó una mano por el pelo y escuchó pasos en la cocina.

 

Jude apareció con una taza de café en la mano. Llevaba una remera negra al menos dos talles más y un short negro deportivo que sería al menos dos talles menos que le quedaba bajo en la cadera.

 

Franco sintió que se le secaba la boca.

 

-¿Café? -preguntó Jude, rompiendo el silencio.

 

-No, gracias.

 

-¿Agua?

 

-Tampoco.

 

Jude dejó la taza en la mesada y se apoyó contra el borde de la cocina. Cruzó los brazos sobre el pecho.

 

-Entonces ¿para qué viniste tan temprano? -preguntó, con esa voz que siempre usaba cuando quería hacerlo sentir desarmado.

 

Franco dio un paso.

 

-Vos sabés para qué vine.

 

Jude no se movió. Pero sus ojos se oscurecieron apenas, un segundo antes de que su boca se curvara en esa sonrisa que a Franco le encanta

 

-¿Ah, sí? -dijo Jude, bajando la voz-Decímelo vos.

 

Franco dio otro paso. Ahora estaban a un metro de distancia.

 

-Sos un forro, Jude

 

-Yo?

 

-Sí, vos -Franco sacudió la cabeza, pero no pudo evitar sonreír- Sabés que Jobe no vuelve hasta dentro de una hora y te ponés así, con esa ropa...

 

-¿Así cómo?

 

-Así, forro.

 

Jude rió bajo, apenas un susurro.

 

-No sabía que te afectaba tanto mi ropa.

 

-No es la ropa.

 

-¿Entonces qué?

 

Franco dio el último paso. Ahora estaba tan cerca que podía oler el perfume de Jude. Algo fresco, limpio. Algo que lo volvía loco.

 

-Es que sabés exactamente lo que hacés -dijo Franco, la voz era casi un murmullo- Y te encanta.

 

Jude levantó la mano y, con mucha calma, le acomodó el cuello de la remera a Franco. Un gesto pequeño. Inocente. Pero sus dedos se demoraron apenas un segundo de más.

 

-¿Y qué hago Fran?

 

Franco sintió la piel erizarse donde Jude lo había tocado.

 

-Me mirás así.

 

-¿Así cómo?

 

-Como si ya supieras lo que va a pasar

 

Jude inclinó la cabeza, apenas.

 

-¿Y sé lo que va a pasar?

 

Franco tragó saliva.

 

-Sí.

 

-¿Y qué es?

 

El silencio se hizo pesado. Franco podía escuchar su propio corazón golpeándole el pecho.

 

-Esto -dijo Franco, y su mano encontró la cintura de Jude, justo donde el pantalón empezaba a caer.

 

Jude no se apartó. Al contrario, su cuerpo se inclinó hacia adelante, apenas, como si el aire entre ellos fuera imán.

 

-Jobe tarda dos hora -susurró Jude, con la voz más grave que Franco le había escuchado-Vas a seguir perdiendo el tiempo hablando?

 

Franco lo miró a los ojos y ya no habló más.

 

-Veni -dijo Jude, con la voz ronca- acá no

 

-y en dónde?

 

-Arriba

 

No hubo más preguntas. Jude tomó a Franco de la muñeca y lo llevó escaleras arriba. Llegaron al cuarto de Jude. La cama estaba desarmada, unas remeras colgadas en la silla, la luz de la tarde entrando por la ventana en forma de rayos dorados.

 

Jude cerró la puerta sin mirar atrás. Cuando se dio vuelta, Franco ya estaba ahí, tan cerca que podían sentir el calor del otro.

 

-¿estás seguro? -preguntó Franco, aunque ya sabía la respuesta.

 

-nunca estuve tan seguro -respondió Jude.

 

Franco lo empujó contra la puerta, con cuidado pero con firmeza, y sus bocas se encontraron. Jude mordió el labio inferior de Franco, apenas, y Franco respondió con un gemido, sus lenguas se encontraron, calientes, en un beso desordenado.

 

Las manos de Franco encontraron el borde de la remera negra de Jude y la levantaron lentamente, recorriendo el abdomen marcado con sus dedos. Jude alzó los brazos sin soltar el beso, y la remera cayó al piso.

 

Franco separó sus labios apenas para bajar por la mandíbula de Jude, dejando un rastro de besos y mordiscos. Llegó a su cuello, chupó la piel con fuerza, justo donde el cuello se encuentra con el hombro, dejando una marca oscura.

 

-Ahí no -dijo Jude, con la voz entrecortada-. Jobe ve eso y...

 

-Que vea -respondió Franco, y mordió otra vez, más fuerte.

 

-Sos un desgraciado.

 

-Y a vos te encanta.

 

Jude no lo negó. Tomó el borde de la remera de Franco y la arrancó por encima de su cabeza. Sus manos recorrieron su pecho, los dedos rozando sus pezones hasta endurecerlos. Franco soltó un gemido y empujó su cuerpo contra el de Jude.

 

Franco lo guió hacia la cama, empujando a Jude suavemente para que cayera de espaldas sobre la cama deshecha. Se inclinó y bajó el elástico del short negro con los dedos, lentamente, mientras Jude lo miraba con los ojos oscuros de deseo. Cuando el pantalón quedó a la altura de sus rodillas, Franco lo apartó de un tirón. Jude quedó en ropa interior negra, la tela apenas conteniendo su erección.

 

Franco se inclinó sobre su abdomen y fue bajando con besos y mordiscos. Mordió suavemente la piel justo encima de la cadera, chupó, dejó otra marca. Llegó a la altura de su pelvis, mordió el borde de la ropa interior y con los dedos la bajó por completo. El miembro de Jude quedó al aire, duro y grueso, la punta brillaba

 

Franco lo tomó con una mano. Pesado, caliente, pulsando contra su palma. Lo chupo de una vez una larga lamida desde la base hasta la punta, lenta, saboreando su sabor exquisito

 

-Ah, mierda... -susurró Jude, arqueando la cadera.

 

Pero Franco no siguió. Se levantó, se sacó el pantalón y la ropa interior de un tirón, y quedó completamente desnudo. Su miembro estaba duro, largo, la punta húmeda.

 

Jude lo miró y sus ojos se oscurecieron. Se incorporó sobre la cama, se arrodilló frente a Franco, y sus manos encontraron sus caderas.

 

-Mi turno -dijo Jude. comenzó besando la punta del pene de Franco con sus labios gruesos, carnoso, apenas rozándola, como si saboreara el momento antes de metérsela toda. Franco tiro la cabeza hacia atrás y hundió los dedos en los pelos del moreno. Con los labios húmedos, comenzó a chupar despacio, como si el miembro de Franco fuera un chupetín delicioso que no quisiera terminar nunca. La desesperación se apoderó de Franco, que solo podía alzar las caderas para empujar contra esa boca tan tentadora, buscando más. Pero Jude, con una paciencia que volvía loco al rubio, inclinó la cabeza y trazó una larga lamida desde la base hasta el glande, lenta, deliberada, dejando un rastro de saliva brillante sobre la piel.

 

Franco gimió y sus dedos se enredaron con más fuerza en el cabello de Jude, mientras este rodeaba la punta con sus labios carnosos y succionaba apenas, como un beso. Esa boca, gruesa, caliente, perfecta para eso, lo tenía al borde.

 

-Así... -susurró Franco, con la voz apenas un hilo.

 

Jude fue bajando entonces, tomando la mayor parte de su miembro con esa boca que parecía hecha solamente para tragar, mientras su mano bombeaba lo que no podía alcanzar. La otra mano acariciaba los testículos de Franco, apretando con suavidad al ritmo de sus movimientos. Franco movió la cadera con urgencia, buscando más profundidad, y Jude, con esa boquita experta, se la daba.

 

-Dale Jude.. Por favor no pares-gimió Franco ya sin aliento, viendo su pene desaparecía entre esos labios carnosos 

 

Los gemidos de Franco se volvieron más agudos, su respiración entrecortada, y supo que no iba a durar.

 

-Jude, voy a... -atinó a decir, pero Jude no se detuvo. Chupó más fuerte, más profunfo, apretando sus labios gruesos alrededor del glande en cada subida. Franco gritó su nombre cuando el orgasmo lo recorrió entero, y se corrió en la boca de Jude.

 

Jude se la tragó toda, sin apartar sus labios de él, siguiendo el movimiento hasta que los temblores de Franco comenzaron a calmarse. Solo entonces se retiró con lentitud, pasando la lengua por la punta con un gesto casi tierno, y sus labios gruesos quedaron brillantes, como si nada hubiera pasado.

 

-Ves? -dijo Jude- No soy tan forro.

 

Franco rió, sin fuerzas.

 

-Sos un hijo de puta.

 

Jude se inclinó y lo besó, y Franco pudo saborearse a sí mismo en su boca.

 

-¿Creés que ya terminamos? -preguntó Jude.

 

Franco abrió los ojos.

 

-¿Vos querés más?

 

Jude se sentó sobre sus caderas.

 

-Vos no te vas a ir sin cogerme, Franco.

 

Fran sonrió.

 

-Entonces vení acá.

 

 

Jude se inclinó y lo besó de nuevo, más profundo. Pero esta vez, en lugar de esperar a que Franco hiciera algo, Jude tomó el lubricante del cajón y lo dejó a un lado. Se recostó sobre Franco, apoyando una mano en su pecho, y se sirvió una cantidad generosa en sus propios dedos. Sin soltar la mirada de los ojos verdes de Franco, Jude llevó la mano hacia atrás.

 

-Mirá -dijo Jude, con la voz ronca-. Quiero que veas.

 

Franco tragó saliva, sus ojos verdes fijos en la mano morena de Jude desapareciendo detrás de su propio cuerpo. El primer dedo entró con facilidad, y Jude soltó un gemido bajo, su cabeza echada hacia atrás. Franco sintió cómo el cuerpo de Jude se tensaba sobre él, cómo su respiración se entrecortaba.

 

-Dios Jude... -susurró Franco, sin poder apartar la mirada.

 

Jude movió el dedo dentro de sí mismo, lento al principio, sintiéndose, abriéndose. Su boca se entreabrió y dejó escapar un gemido que resonó en el cuarto. Franco lo veía desde abajo, veía cómo los dedos morenos de Jude desaparecían dentro de su propio cuerpo, cómo se movían con un ritmo que conocía bien.

 

-Así... -dijo Franco, con la voz ronca, sus manos apretando las caderas de Jude-. Seguí, dale.

 

Pero mientras Jude se movía sobre su propia mano, Franco subio la mirada al pecho de Jude, moreno, brillante de sudor, con los pezones oscuros y erectos son como pequeños botones que parecían pedir atención. Sin avisar, se inclinó hacia adelante y rozó uno con los labios, apenas, como un susurro.

 

Jude soltó un gemido suave, y su mano se detuvo un segundo dentro de sí mismo.

 

-Fran... -dijo, con la voz temblorosa.

 

Franco no respondió con palabras. En lugar de eso, besó el pezón de Jude con una lentitud exquisita, como si fuera la primera vez que lo hacía. Pasó la lengua alrededor, con movimientos circulares, suaves, húmedos, sintiendo cómo se endurecían aún más contra su boca. Jude tembló sobre él, y Franco sintió que su respiración se volvía más rápida, más entrecortada.

Cada movimiento de franco era lento, deliberado, hecho para que Jude lo sintiera hasta los huesos. Y Jude lo sentía: sentía cómo la boca de Franco lo envolvía con un cariño que le hacía olvidar hasta su propio nombre.

 

-Te quiero adentro -dijo Jude, con la voz apenas un hilo, temblorosa, dulce-. Ya. Dame, Fran. Quiero sentirte.

 

Franco soltó el pezón con un beso final, suave, casi un sellito, y lo miró a los ojos. Los dedos de Jude seguían dentro de sí mismo, pero ya no se movían, esperando.

 

-Seguro? -preguntó Franco, con la voz ronca pero tierna.

 

Jude asintió, sus ojos oscuros brillando.

 

-Seguro, te quiero adentro franco. Hacelo conmigo.

 

Franco sonrió, apenas, y Jude retiró los dedos con un gemido. Tomó el lubricante, se sirvió en su mano y la llevó al miembro de Franco, que estaba duro y tenso. Jude lo frotó con lentitud, cubriéndolo por completo, sintiendo cómo pulsaba contra su palma. Franco gimió bajo su toque, sus ojos verdes fijos en los labios gruesos de Jude.

 

-Mirá -dijo Jude, y Franco abrió los ojos.

 

Jude se colocó sobre él, alineando la entrada de su cuerpo con la punta del miembro de Franco. Se detuvo un segundo, sintiendo el calor, la anticipación. Luego comenzó a bajar.

 

La cabeza del miembro de Franco entró lentamente, y Jude soltó un gemido profundo, su cabeza echada hacia atrás. Siguió bajando, centímetro a centímetro, sintiendo cómo Franco lo llenaba por completo. La sensación era abrumadora: el calor, la presión, la forma en que el miembro de Franco se abría paso en su interior, mientras sus pezones aún ardían por los besos que Franco le había dado.

 

Cuando estuvo todo adentro, Jude se detuvo. Ambos respiraron hondo, sintiendo el momento. El cuerpo de Jude temblaba apenas sobre el de Franco.

 

-Movete -dijo Franco, con la voz ronca, pero con una sonrisa tierna en los labios-. Movete para mí Jude.

 

Jude comenzó a moverse. Subió lentamente, casi hasta salirse, y volvió a bajar con un gemido. Encontró su propio ritmo, subiendo y bajando sobre el miembro de Franco, sintiendo cómo lo llenaba una y otra vez. Sus caderas se movían con un ritmo hipnótico, su cabeza echada hacia atrás, los ojos cerrados, mientras una mano subía a su pecho y acariciaba el pezón que Franco había besado.

 

-Así -dijo Franco, apretando sus caderas-. Así mi amor.

 

Las manos de Franco se aferraron a sus caderas, guiándolo apenas, sintiendo la piel caliente y morena bajo sus dedos. Y Jude se movía sobre él, entregado, sintiendo el cariño en cada embestida...

 

-Estoy cerca -dijo Jude, la voz rota.

 

-Yo también, correte para mí-respondió Franco

 

Franco sintió cómo Jude se tensaba sobre él, cómo su cuerpo se arqueaba mientras llegaba al clímax. El líquido caliente de Jude brotó entre ambos cuerpos, y los músculos de su interior apretaron a Franco con una fuerza increíble.

 

Esa presión fue suficiente. Franco gimió fuerte y se corrió dentro de Jude, su cuerpo tensándose por completo mientras el líquido caliente llenaba su interior en varias embestidas mas

 

Jude se dejó caer sobre el pecho de Franco, agotado. Franco lo abrazó, sintiendo su peso, su calor, su respiración agitada contra su cuello.

 

-Te quiero -susurró Franco.

 

Jude levantó apenas la cabeza.

 

-Yo también.

 

Franco sonrió y besó su frente. Jude apoyó la cabeza en su hombro y cerró los ojos.

 

-No me muevo más -murmuró.

 

-No tenés que hacerlo.

 

-¿Y Jobe?

 

-Que espere.

 

Se quedaron así, enredados, hasta que el teléfono de Franco vibró en el piso. Ambos lo ignoraron.

 

Todavía les quedaban 20 minutos y era todo el tiempo que necesitaban para recuperarse. 

 

 

Creo que me fui un poquito a la mierda. Hace años no escribía y menos un smut. Seguramente en la semana suba uno bien tiernis que tengo escrito, y si me pongo a escribir voy a terminar el que es con Jobe 🤭🤭. Igual no esperen nada de mí porque seguro las voy a decepcionar jajajaja

 

 Bel💋💋💋