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✮⋆˙ Babysitters Club꒰ Toll (BotTom)

Summary:

Tom entra al club de niñeras de la universidad, donde conoce a un pequeño de tres años coqueto que se hace llamar Bill.

Notes:

¿Cómo que Gakuen Babysitters no es un yaoi, @M4ntEqu1llA? (es mi mejor amiga y es la misma pregunta que le hice JAJAJA)

Entre 2018/19 estaba enamorada de este anime, más nunca lo ví realmente y nunca supe como terminaba, pero yo juraba que era un yaoi hasta que este año me acorde otra vez de este anime y como soy una adicta a animes con dinamicas familiares humoristicas pues me volvi a obsesionar.

Well, aclaro esto antes de empezar, eh.
Bill NO es el niño de tres años, pero eso se aclara en el capitulo 2 muejeje

Chapter 1: El nuevo niñero

Chapter Text

Tom observó la puerta corrediza, que estaba cerrada, pero tenía un cartel colorido con dibujos infantiles.

“Club de crianza”.

Apartó la mirada de la puerta y vió a ambos lados del pasillo, todas las puertas estaban cerradas y había un silencio moderado.

—Bueno, ya estoy aquí… —suspiró resignado.

Estiró la mano y abrió la puerta con cuidado, asomando su cabeza.

—Buenas tardes —saludó con una pequeña sonrisa.

—¡SHHH! —le respondieron.

A lo que Tom se quedó quieto con los ojos bien abiertos, y al mirar hacia el suelo noto el porque lo callaron.

Había un grupo de niños pequeños dormidos en el suelo.

—Perdona, es la hora de la siesta y me costó dormirlos —se disculpó un hombre rubio con lentes, que cargaba a una bebé en los brazos. —¿Tú eres el nuevo miembro, verdad? ¿Tom Trümper?

 

Tom asintió.

—Oh, me presento, soy Gustav —sonrió el rubio. —La directora ya me había contado que habría un nuevo miembro. ¿Tienes experiencia cuidando niños?

—En realidad no… —respondió Tom.

Debió haber sospechado que la oferta de una beca para esta universidad era demasiado buena para ser verdad. Tendría toda la carrera técnica pagada, con la condición de participar obligatoriamente en un club asignado por la institución, Tom pensó en clubs de música, deporte como basquet, cívicos y esas cosas, no que se le asignaría el club de crianza.

Básicamente sería niñero de los hijos de maestras.

—Pero, estoy dispuesto a aprender —afirmó el de rastas rubias en tono serio.

Gustav lo vió por unos segundos antes de reírse en tono bajo.

—Valoro tu sentido de aprender, pero vas a tratar con niños, no con trabajo de ingeniero —asintió el rubio, acariciando la espalda de la bebé que cargaba. —Me atrevo a decir que no estás en este club por voluntad propia, ¿verdad? Porque la mayoría escoge otros clubs o al primer llanto de los niños salen corriendo, casi no duran, por lo que el único cuidador soy yo.

Tom desvió la mirada y se rasco la nuca. —Me dijeron que era obligatorio para mantener mi beca…

—Genial, la vieja Heidi ya cambió su estrategia para conseguir miembros que ayuden con los niños —Gustav volvió a reír. —Creo que es válido, a situaciones desesperadas, medidas desesperadas. Ven, te enseñaré el lugar, pero no hagas mucho ruido.

Tom asintió y Gustav lo llevó al interior del aula, la cual era de un color amarillo con dibujos de trenes rodeando las cuatro paredes, habian juguetes regados, pinturas derramadas, y basicamente un desastre infantil.

Gustav le explicó entre susurros que debía hacer y cómo cuidar a los niños.

Su primera tarea sería: Limpiar el desastre de las témperas.

Empezó recogiendo los pinceles para lavarlos en el lavadero del aula, mientras Gustav llevaba a la bebé en sus brazos, con la maestra que era su madre, pues ya le tocaba comer.

—Esto no es tan difícil —murmuró mientras lavaba los pinceles, viendo el agua verde y azul irse por el drenaje.

—Hola, nenita.

La voz infantil le hizo bajar la mirada, viendo a un niño de cabellos negros apoyando contra el lavamanos en una pose de chico “rudo”, que lo veía con una sonrisa coqueta.

—Hola, pequeño… Ah, ¿te refieres a mí? —Tom se señaló a sí mismo.

—Hace tiempo no veo una niñera tan guapa como tú —respondió el niño que no podía tener más de tres años.

Tom se quedó callado, ¿se veía como una chica?, bueno ya antes le habían dicho que se cortara el cabello y usará ropa de su talla, en lugar de ropa holgada, pues su rostro podía confundir a más de uno a primera vista. No estaba enojado, pero sí un poco extrañado.

—¿Y qué vas a hacer después del turno, muñeca? Si estás libre puedo llevarte a beber —continuó el niño.

Tom no pudo evitar reírse y negó. —Primero: no soy una chica. Segundo: ¿No eres un poco menor para invitarme a beber?

 

—Bueno, eres un chico con cara de chica muy lindo. Nadie tiene porqué enterarse, muñequito —el niño le guiñó un ojo.

—Lo siento, pero no me gusta el alcohol y no creo que puedas pagar con bloques de juguete —contestó Tom. —¿Cómo te llamas?

—¡Me llamo Bill, tengo tres años y nací el uno de septiembre! —exclamó el pequeño de cabello azabache. —¡Anda, vamos a una cita! —insistió, aferrándose a la pierna del mayor.

Tom tambaleó un poco, con algunos pinceles sucios todavía en la mano.

—Espera, pequeño, me vas a tirar —Tom alzó un poco la voz.

No era como que un niño pequeño tuviera tanta fuerza, pero con sus pantalones holgados, había una probabilidad de tropezar.

—¡Te invito lo que quieras! —Bill se balanceaba en la pierna de su nuevo cuidador.

Este alboroto hizo que el resto de niños en la sala se levantarán.

—¡Bill, dejalo! —gritó una niña, que se acercó al azabache y lo jaló.

—Alejate, piojosa —respondió Bill.

“Ya entiendo porque casi nadie dura en este club”, pensó Tom, cerrando los ojos momentáneamente.

Dejó los pinceles en el fregadero y se secó las manos.

—¡Niños, ya basta! —vociferó Gustav, entrando por la puerta. —Lo siento, tardé demasiado, pero Mía tiene lactancia materna exclusiva.

Bill no se movió de la pierna del mayor.

—Bill, no ahuyentes al nuevo miembro —Gustav ya parecía muy acostumbrado a este comportamiento. —Toma a la bebé —pidió, entregandosela al de rastas.

Tom tomó a la bebé que mordía un chupete totalmente atenta a lo que pasaba, mientras Gustav se encargaba de separar a Bill de su pierna.

—Ya hemos hablado de esto, no debes de hostigar a los nuevos miembros —suspiró Gustav con Bill en los brazos. —¡Niños, les presento al nuevo miembro! —señaló, con una mano, sin soltar a Bill.

—Hola... —saludó Tom, con una pequeña sonrisa, viendo ahora con detalle al resto de los niños.

Una chica castaña, que podría tener alrededor de 3 años, al igual que Bill, y dos gemelos de cabellos rojizos.

Con Bill y la bebé que tenía ahora en sus brazos, eran cinco niños en total.

 

—¡Gustie, Bill otra vez estaba molestando al nuevo niñero! ¡Por su culpa se van! —se quejó la niña.

—¡Se van por tus piojos, Lily! —replicó Bill, intentando bajarse de los brazos de Gustav.

 

—Niños, basta —pidió Gustav, bajando a Bill, pero tomándolo de una de sus manos. —Te presento a los niños, Tom. Creo que ya conoces a este… Le gusta que lo llamen Bill, ella es Lily, tienen la misma edad. Los gemelos son Alec y Liam de dos años, y la bebé es Mía de seis meses.

 

Los niños observaron fijamente a Tom, que sólo pudo sonreír incómodo ante el juicio curioso de niños pequeños, aunque Bill seguía mirándolo con esa mirada de ligón de manual, se preguntaba dónde había aprendido eso para su corta edad.

—¿Te gusta dibujar? —preguntó uno de los gemelos, que por su nombre bordado en su camisa sabía que era Liam.

 

—Sí, aunque no me considero un dibujante excelente —contestó Tom.

—¡Ay! ¿Puedes dibujarme una princesa? —pidió Lily, acercándose con una gran sonrisa.

—¡Sí! ¡Y a mí un dragón! —siguió Liam, que se alejaba de su gemelo.

Tom bajó la mirada a sus pies, siendo acaparados por los niños, buscando a Gustav con la mirada.

 

—Al menos les agradas —sonrió Gustav, antes de que Bill le mordiera la mano y se liberara, corriendo hacia el de rastas, volviendo a aferrarse a su pierna.

El resto de la tarde iba a ser larga y muy agotadora…

[...]

A las cuatro de la tarde, la mayoría ya había ido por algunos niños.

Los primeros en irse fueron los gemelos, su madre era maestra de anatomía de la facultad de salud. La segunda en irse fue Lily, su padre era un maestro ingeniero, y Mía fue la tercera en irse, su madre era maestra de contabilidad.

Por lo que quedaba el pequeño Bill, que al tener a Tom para sí mismo, estaba sobre él, jalando su rastas, jugando con su gorra y jalando su camisa para tener su atención.

Soltando comentarios que dejaban sorprendido a Tom, pues para tener sólo tres años, su vocabulario era poco apropiado para un niño de su edad, aún así, Tom intentaba atenderlo como a Gustav le indicara.

—¿Tom, tú tienes novio? —preguntó Bill, mientras jugaba con las rastas rubias de su nuevo niñero.

—Bill, ¿qué dijimos de hacer esa preguntas? —exclamó Gustav, que ordenaba el resto del aula, mientras Tom se encargaba de Bill.

—Es que, Gustie, Tom es muy lindo, no quiero que tenga novio, tiene que esperarme a mí —se explicó el menor.

 

Tom se rió bajo y negó.

—No, no tengo novio, pero estas muy pequeño para pensar en eso, ¿no crees? —Tom intentó razonar.

Antes de que Bill pudiera responder, se escuchó como tocaron la puerta del aula, pero nadie entró, lo cual se le hizo un poco raro a Tom, pues todos los padres entraban directamente al aula a por sus hijos y saludaban, pero con Bill sólo tocaron.

—Ya vinieron por mí —Bill se levantó de inmediato y buscó su lonchera, para después acercarse a Tom y besarle abruptamente la mejilla, para después alejarse. —¡Después planeamos nuestra cita, chico bonito! —se despidió.

Bill corrió hacia la puerta, la abrió y salió, Tom no alcanzó a ver quien era que lo había venido a recoger, por lo que busco a Gustav.

—Bill es un niño… Muy hiperactivo —murmuró Tom, ayudando a recoger algunos juguetes.

Gustav bostezó y giró la cabeza para verlo. —Antes no era así, era muy reservado… Aunque es un poco molesto, me alegra que sea más expresivo, espero no te haya incomodado.

 

Tom se rió y se tocó la mejilla que Bill le había besado y negó. —Estoy bien, pero tengo que aprender a tratar con él.