Actions

Work Header

El hechicero sobreprotector y su imprudente esposo embarazado.

Summary:

Stephen se va una semana. Tony está embarazado y espera unas vacaciones de la sobreprotección de su esposo. Mordo lo secuestra y Tony hace cosas estúpidas y valientes.

Notes:

Por fin escribí directamente sobre embarazo en lugar de insinuarlo, mis amigos me juzgan mucho por ello.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Tony estaba embarazado y Stephen tenía que ir a una dimensión para terminar algunos tratados mágicos durante una semana. Stephen no podía llevar a Tony porque era peligroso, pero tampoco quería dejarlo solo. Y aunque se negaba completamente, igual tuvo que hacerlo. Por eso se encargó de fastidiar a Wong sobre el cuidado de su esposo y su bebé.

—Wong, jura que los cuidarás con tu vida.

—Wong, si Tony tiene algún mínimo malestar, tienes que ir por mí a esa dimensión. Promételo.

—Wong, no puedes dejar a mi esposo solo más de cinco minutos. Es muy impulsivo.

—Wong, no lo dejes comer demasiada comida chatarra. Seguro querrá aprovechar que no estoy para atiborrarse.

—Wong, cuando se bañe, espéralo fuera, pero escucha atentamente: puede caerse.

Wong, Wong, Wong, Wong, Wong, Wong y una larga e interminable lista de instrucciones, peticiones y promesas de buscarlo ante cualquier nimiedad.

Dios, Wong estaba tan cansado que ya se arrepentía de haber aceptado y Stephen ni siquiera se había ido.

Stephen era un loco sobreprotector. Tony debía estar completamente cansado de lidiar con él. Tal vez por eso no parecía tan molesto de que Stephen estuviera fuera de su dimensión por una semana. No era demasiado tiempo y podía descansar de que lo vigilaran hasta cuándo dormía.

Stephen, lo admitía, sabía que podría estarse pasado un poco con sus peticiones sobre el cuidado de su esposo. Pero el solo hecho de imaginar a Tony o a su bebé con el mínimo daño le quitaba el aliento. Sabía que sus reglas (que dejó escritas, además de habérselas dicho bastantes veces a Wong) eran un poco demasiado. Pero sabía que su amigo cuidaría bien a Tony. Pensó incluso que sería bueno que Wong durmiera en la misma habitación que Tony, por si en la noche tenía algún malestar, pero sabía que cruzaría los límites. Aunque siempre podía dejar caer esa idea como una sugerencia y fingir que era una broma.

Tenía un extraño malestar, un presentimiento. No quería irse. Pero Wong le dijo que dejara de ser tan exagerado, que cuidaría a Tony tanto como cuidaba a sus libros —y Wong cuidaba sus libros con una devoción casi religiosa—, lo que lo calmó un poco... tal vez demasiado poco.

Antes de irse, se despidió de ambos en medio del Santuario, repitiéndole a Tony que se cuidara, que lo amaba, que cualquier mínimo malestar Wong siempre podía ir a buscarlo, que regresaría pronto. Lo besó y abrazó largamente, como si quisiera grabar la sensación de su cuerpo en la memoria. Se preguntó qué tan necesaria era su presencia. Ya había hablado con Wong sobre que fuera en su lugar y había recibido una larga charla sobre responsabilidades, etcétera, etcétera. Así que ya no podía hacer más que aceptar su destino y, en todo caso, hacerlo todo con eficacia y rapidez para poder regresar cuanto antes.

Después de un largo rato donde se negaba a soltar a Tony, por fin se alejó resignado. Hizo un asentamiento hacia Wong y le dijo que dejaba su vida entera en sus manos. Nada demasiado dramático. Wong puso los ojos en blanco y le contestó que los mantendría intactos hasta que regresara.

Una promesa que no cumplió tan bien como imaginaba.


Stephen regresó cuatro días después. Los tratados mágicos habían salido mejor de lo esperado. Todos habían sido personas crípticas y sensatas, algo que Stephen agradecía enormemente porque solo quería regresar a casa lo más rápido posible.

Después de largas negociaciones e intercambios, Stephen pudo despedirse y regresar a su dimensión, tranquilo de que su reunión hubiera salido tan bien y de que por fin podría ver a Tony y su bebé.

Al regresar, Stephen no encontró a Wong y Tony esperándolo, sino a un aprendiz, un joven de mirada nerviosa que no dejaba de retorcerse las manos. Stephen empezó a sentir cómo su pulso se aceleraba, un escalofrío recorrió su cuerpo y le empezó a zumbar la cabeza. Antes de siquiera pronunciar palabra, el aprendiz habló:

—Hechicero Supremo, me temo que le tengo malas noticias. Wong y Tony han sido secuestrados por Mordo, dos días después de que se fuera. Al parecer se enteró y atacó el Santuario. Intentamos encontrar la dimensión en la que se encontraba, pero no tuvimos éxito; solo el maestro Wong estaba enterado. Mordo quiere negociar, pero no sabemos dónde está. Hay algún tipo de bloqueador mágico que no nos permite encontrarlos.

El aprendiz había soltado toda la información perfectamente ensayada con la mayor calma posible —aunque sus manos temblaban ligeramente— y veía cómo, con cada palabra que decía, el rostro de su maestro cambiaba, pasaba de la sorpresa a la ira, y de la ira a un miedo frío y controlado. Todos querían mucho a Tony y al maestro Wong, y sufrían la misma angustia de haberlos perdido y no poder hacer nada más que esperar. Sería peligroso solo atacar para recuperarlos. Tony estaba embarazado y podía salir lastimado. Aunque también podía ser lastimado en el secuestro. Estaban entre la espada y la pared.

—Bien, arreglaré este problema ahora mismo.

Stephen había puesto un hechizo de rastreo a Tony, y si Mordo había logrado bloquear ese rastreador, siempre estaba JARVIS, que vigilaba fervientemente a su dueño y sabía siempre, SIEMPRE, dónde estaba.

—JARVIS —le habló a la IA que Tony había instalado también en el Santuario, porque pasaba mucho tiempo ahí y no quería dejar a su hijo robótico solo.

Mordo había bloqueado todos los rastreadores mágicos, pero no sabía que Tony llevaba una pulsera con tecnología Stark, oculta bajo un hechizo de camuflaje que ni siquiera él podía detectar. JARVIS siempre encontraba a su dueño.

No hizo falta decir más para que JARVIS le mostrara una imagen del lugar donde estaban Tony y Wong. Era un almacén abandonado, frío y húmedo, en algún lugar que Stephen no reconoció de inmediato. Abrió un portal y lo cruzó, diciéndole al aprendiz que podía regresar al Taj Mahal.


Tony había tenido dos días muy relajantes con Wong. Si bien lo vigilaba y preguntaba si todo estaba bien, no iba más allá. No como Stephen, que lo sobreprotegía demasiado.

Stephen era un poco, demasiado exagerado. Si veía la mínima reacción de malestar en Tony, en un instante se encontraba a su lado y, además de preguntarle si estaba todo bien, se aseguraba revisándolo con un hechizo de diagnóstico que Tony ya conocía de memoria. También lo seguía a todos lados. Y aunque lo dejaba construir en su taller, siempre lo acompañaba, sentado en una esquina con un libro o simplemente observándolo con esa mirada intensa que a veces desesperaba a Tony. No lo dejaba agacharse, ni cargar nada que pesara más de cinco kilos, ni estirarse demasiado. No podía meterse debajo de nada ni subirse arriba de nada. Y se ponía profundamente nervioso mientras jugaba con cables o cualquier herramienta en general, tanto que lo contagiaba. Lo había echado muchas veces, pero Stephen siempre se negaba a irse.

Además, también lidiaba con JARVIS, otro sobreprotector. Estaba tan cansado de esos dos. Inclusive Stephen le había puesto tantos hechizos para protegerlo de todo que estaba seguro de que ni siquiera Stephen, con su memoria privilegiada, podría recordarlos todos. Y si bien lo dejaba comer comida chatarra porque eran parte de sus antojos, lo limitaba a algo saludable, con el traidor de JARVIS llevando la cuenta.

Y la cereza del pastel: cuando se bañaba, siempre lo esperaba fuera de la ducha y, si tardaba demasiado, tocaba para preguntar si estaba todo bien, como si Tony pudiera haberse desmayado en el suelo en los cinco minutos que llevaba dentro.

Le gustaba que lo abrazara toda la noche para asegurarse de que estuviera bien, así que no tenía ninguna queja. Pero todo lo demás era demasiado. Se había enojado en algunas ocasiones con Stephen. Habían hablado, pero él no cedió. Era demasiado el miedo en sus ojos, como si el hecho de que Tony sufriera el mínimo mal pudiera destruirlo por completo. Así que lo dejó ser, con algunos (muchos) límites.

Así que cuando, al tercer día, unos hechiceros irrumpieron en el Santuario para llevárselo y Wong tuvo que pelear con ellos, Tony estaba tan increíblemente molesto. No podían dejarlo disfrutar de sus vacaciones. Esos idiotas. Quería ponerse el traje y ayudar, pero sabía que no debía pelear en su estado, y estaba seguro de que tampoco podría con su enorme panza de seis meses y medio. Debía evaluar bien la situación antes de actuar.

Lo ataron con magia. Nada doloroso. Incluso ataron sus manos al frente para no lastimarlo. Así que decidió no luchar por el momento. Quería saber sus intenciones y entonces averiguaría qué hacer.

Los hechiceros malvados iban a llevárselo cuando Wong apareció nuevamente. Parecía muy golpeado, con el rostro amoratado y una pierna que arrastraba ligeramente, pero aún dispuesto a no dejarlo solo y seguir luchando por él. Tony se sintió aún más molesto. Aún con las manos atadas, golpeó a dos de ellos en la cara y los dejó inconscientes. Seguía siendo Iron Man; solo estaba embarazado, pero aún podía defenderse.

Corrió hacia Wong, colocándose a su lado y dejando que recargara su peso en él para enderezarse.

—No dejaré que te los lleves y les hagas daño —dijo Wong hacia un hechicero que parecía conocer.

—No le haré daño a nadie. Solo quiero restablecer el orden natural de las cosas. Seguro que lo entiende, Maestro Wong. Nos llevaremos a Stark y lo utilizaremos para que Strange renuncie a su puesto, y después regresará como se va ahora: intacto.

Tony no podía creer lo que Voldemort decía. Debía ser increíblemente estúpido si en verdad creía que ese plan funcionaría. Stephen tenía un juramento hipocrático que cumplir, pero estaba seguro de que por Tony haría una excepción. Se volvería completamente loco cuando regresara y viera que no estaba donde lo había dejado.

Movió una mano para sujetar a Wong por el brazo y ayudarlo a mantenerse en pie. Sabía que Wong pensaba lo mismo que él: solo debían esperar a que Stephen regresara y fuera por ellos. Entonces Wong podía protegerlo y Stephen se encargaría del resto. Por eso mismo debía conseguir que se llevaran a Wong también.

Stephen iba a ser un pesado cuando regresara. Definitivamente conseguiría un espejo mágico para vigilarlo o algo así, si es que lo dejaba solo de nuevo.

—Iré con él para asegurarme de que estará bien.

—No, necesitamos que le informes de lo ocurrido aquí y nuestras condiciones.

—Le dejaré una nota a un aprendiz para que se lo comunique cuando regrese. No dejaré ir a Tony solo. Es mi deber protegerlo.

—Bien, solo porque no quiero lidiar con él y sus quejas. Mejor que sepa desde ahora que no se cumplirán.

Y con eso quedó terminada la conversación entre ambos hechiceros. Entonces Voldemort abrió un portal y los obligó a atravesarlo.

El otro lado del portal parecía un almacén. Era grande y se escuchaba el eco de sus pasos. El suelo era de cemento frío y las paredes de metal oxidado, con una humedad que se pegaba a la piel. Además, hacía frío y estaba casi completamente vacío, excepto por lo que parecía una celda de detención o una jaula de pájaros gigante con barrotes de energía mágica que brillaban tenuemente, donde se encontraban tres personas más, que debían ser hechiceros también por su vestimenta. Tony vio un atisbo de reconocimiento por parte de Wong y supo que seguramente debían ser algunos de los desaparecidos. Stephen había estado muy preocupado por ellos y lo había ayudado a buscarlos por las cámaras de seguridad, pero ninguno apareció. Habían sido cinco los desaparecidos y ahora solo estaban tres.

— ¿Dónde están los demás? —preguntó Wong. Su voz estaba tensa y Tony sintió cómo apretaba el agarre de su brazo, de donde se sostenía para poder avanzar. Debía estar furioso. Tony le apretó el brazo como forma de apoyo y consuelo. No podían hacer mucho.

—Vivos —fue todo lo que les dijo antes de meterlos en la jaula y cerrarla con un chasquido metálico que resonó en el vacío.

Wong cayó al suelo repentinamente, como si le hubieran arrancado algo de dentro.

—Wong, ¿estás bien? Te revisaré.

Tony se estaba inclinando para llevar a cabo su cometido cuando Wong negó rápidamente y se levantó con esfuerzo.

—No, estoy bien. Es una jaula de detención mágica. No podré usar la magia para curarme. Eso fue lo que sentí cuando entré. Perdí mi conexión espiritual al entrar y mi cuerpo lo resintió. Es todo.

Tony igual lo sujetó para llevarlo a sentarse a una de las bancas —las únicas que había en la celda, junto con un par de mantas raídas— y se sentó a su lado. Estuvieron apenas unos momentos en silencio hasta que uno de los otros hechiceros que se encontraban ahí se acercó para hablar con Wong.

Durante esa conversación descubrieron que los otros dos hechiceros desaparecidos habían sido despojados de su conexión con las artes místicas. No sabían dónde se los habían llevado después de eso, pero suponían que los habían abandonado en algún lugar del mundo porque ya no regresaron.

Tony se encargaría de encontrarlos una vez salieran de ahí. Si bien estaban vivos, dejarlos en un lugar cualquiera suponía un riesgo demasiado grande. ¿No se le ocurrió a Voldemort pensar cómo sería dejar a alguien sin recursos, ni identificación, ni magia y completamente solo en un lugar que no conoce? O tal vez sí, y ese era un castigo adicional por no acoplarse a su visión de lo que debía ser el orden natural.

En ese mismo instante, Tony decidió que no dejaría que ninguno de los hechiceros restantes sufriera el mismo destino.

Sabía que los mortífagos de afuera tampoco podían conservar su magia una vez entraran a la celda. La única razón por la que habían podido someterlos antes se debía a que eran más. Pero su traje no necesitaba magia, y él era Iron Man.

Wong y Stephen iban a gritarle tanto.


Después de un rato, Tony empezó a sentir más frío. Wong lo notó porque temblaba ligeramente a su lado. Tony era muy friolento; siempre andaba por el Santuario pidiendo ropa extra, lo cual ahora era una ventaja porque el lugar era realmente frío y no había mucho con lo que cubrirse.

Uno de los hechiceros, uno joven —parecía tener veinticinco a lo mucho—, se acercó con una manta para Tony. Era la que usaba para dormir, pero todavía era temprano y seguramente Voldemort les traería una a ellos más tarde. Así que Wong la tomó y se la puso sobre los hombros a Tony, quien susurró un "gracias" y se recostó en Wong. El embarazo lo cansaba tanto, y el estrés del día, más.

Se quedó dormido apenas un instante después en el hombro de Wong. Cuando despertó por el sonido de la puerta abriéndose, se dio cuenta de que ahora dormía estirado en la banca. Seguro Wong lo movió después de dormido para que estuviera lo más cómodo posible. Era la banca o el piso.

Tony se incorporó y miró hacia el sonido. Tenían bandejas con comida —un guiso grisáceo y pan duro— y dos cobijas más que debían ser para ellos. Las dejaron en una mesa del centro y señalaron al joven que le había dado la manta, exigiéndole que saliera. Tony se levantó rápidamente, se colocó delante de él antes de que siquiera pudiera moverse y negó con la cabeza.

—Ningún aprendiz sale de aquí.

Vio cómo la cara de Wong se contraía. Sí, era una tendencia suya poner las cosas difíciles a quienes lo cuidaban, pero Wong debía entender que no podía dejar que les hicieran daño. Era su deber como héroe proteger a todos los que pudiera.

—No fue una sugerencia —respondió el mortífago con enfado.

Tony activó un guantelete que siempre llevaba como pulsera. Debía estar preparado para luchar siempre; un aprendizaje valioso que le dejaron sus secuestros anteriores. Lo activó con cuidado, sabiendo que no podía permitirse un movimiento brusco. Su bebé era su prioridad, pero también lo era proteger a los demás.

—Nunca dije que lo fuera. Aquí dentro todos somos humanos, no hay magia. Estamos en igualdad de condiciones.

Aunque no, no estaban en igualdad de condiciones, porque él tenía tecnología avanzada y era un genio. Así que le guiñó un ojo y el mortífago apretó los puños y la mandíbula, pero se echó para atrás.

—Solo durará hasta que estés aquí. Después todos tendrán el mismo destino que ese patético intento de Hechicero Supremo que llamas esposo.

Tony no tenía los mismos principios que Stephen, así que fácilmente podría dispararle a ese idiota por atreverse a hablar así de su esposo, pero una mano hizo que bajara el guante. Era Wong, quien lo veía entre enfadado y satisfecho.

—Me estoy dando cuenta de que Stephen no exagera en sus cuidados. Realmente eres muy problemático. Te quito la mirada un segundo y estás desafiando a un hechicero que, además, nos tiene secuestrados como si fuera un día en el parque.

Wong estaba nervioso, lo veía, pero parecía divertido. Definitivamente, Stephen les gritaría a ambos hasta quedarse afónico.

—Soy muy valioso para que me hagan daño. Y tal vez sea mejor mantener algunas partes en secreto por el bien de los dos.

Realmente no estaba seguro de que lo necesitaran con bienestar para el trato. Era un rehén y sus experiencias anteriores le decían que vivo era todo lo que podía esperar (y no por mucho tiempo). Por eso había mantenido a raya su valentía destructiva; no podía permitirse demasiados daños en su estado, además del estrés que también trataba de controlar. Wong no dejaría que le hicieran daño (y tampoco parecía que quisieran). Stephen vendría pronto y regresaría a su vida de sobreprotección nada divertida.

Wong negó con la cabeza y respondió divertido:

—Definitivamente te delataré para salvarme.

—Traidor —respondió resoplando divertido Tony.


Al llegar la noche, hacía mucho frío. Tony temblaba. Wong le dio su propia cobija para que pudiera dormir en la banca, pero Tony se negaba a que Wong pasara frío por su culpa. Wong le decía que era su deber protegerlo porque Stephen lo mataría si regresaba enfermo en su estado, pero Tony entendía lo que Wong realmente sentía: culpa.

Aunque, en opinión de Tony, no tenía por qué. Wong prometió ningún rasguño y no tenía ninguno hasta el momento. Sí, lo habían secuestrado, pero podía ser peor. Incluso les habían dado mantas, agua y comida, y Wong le había dado parte de su comida. Ya había hecho suficiente. No iba a dejar que se martirizara.

—Te mataré yo primero. Soy Iron Man, he luchado contra extraterrestres. Un poco de frío no me hará nada. Mejor muévete y siéntate a mi lado. Quiero una almohada.

Wong sabía que era todo lo que Tony aceptaría, así que simplemente se levantó y se sentó a su lado en la banca. Dejó que apoyara su cabeza en su hombro.

—Ahora cállate y cúbrenos a los dos. Tengo sueño.

Wong frunció el ceño, pero hizo lo que dijo.

—Qué mandón. Con razón ustedes dos se casaron. Son iguales.

Tony sonrió.

—Sí, pero yo soy más guapo.

Wong rodó los ojos, pero no respondió. Simplemente cerró los ojos y, con el calor de la manta y de Tony, se quedó dormido.


Al siguiente día, Tony se paseaba por la celda. Nunca había podido permanecer quieto mucho tiempo, incluso embarazado, y estaba terriblemente aburrido. Ya había hablado con los aprendices, con Wong, había pensado en algunas mejoras a sus proyectos actuales, ideado nuevos planes para escaparse de Stephen... Estaba tan, tan aburrido, y no sabía cuánto más tardaría Stephen en regresar. La diplomacia siempre era larga, y aunque dijo una semana, no podía asegurarlo.

Se detuvo de repente. Escuchaba algo. El característico sonido de la magia impactando, como una ráfaga de viento estrellándose contra los árboles, un zumbido que vibraba en el aire y en el suelo. Stephen estaba aquí. Wong también parecía haberlo escuchado, porque un momento después estaba a su lado, con el cuerpo tenso y los puños cerrados.

Algunos de los hechiceros malvados entraron a la celda. Venían por él. Wong se puso delante de él, los demás lo rodearon formando un círculo protector alrededor de Tony. Tony puso los ojos en blanco, pero sonrió. Estaba bastante seguro de que Wong mantendría su promesa de regresarlo sin ningún rasguño.


Stephen apenas atravesó el portal, avanzó hacia donde sabía que estaba Tony. No había podido entrar directamente debido al bloqueador mágico, así era mejor, podía atar a los rebeldes antes de reunirse con su esposo, llevarlo a casa inmediatamente, revisarlos y asegurarse de que no tuviera ni un rasguño.

Dependiendo de los daños que hubiera sufrido, sería proporcional la condena, multiplicada por dos. Era un hombre justo, pero vengativo.

Apenas había avanzado unos cuantos metros por el pasillo cuando lo alcanzaron algunos rebeldes y empezaron a intercambiar hechizos. Stephen no se detuvo en su camino; simplemente bloqueaba o anulaba los hechizos antes de atarlos con magia. No tenía tiempo que perder.

Le latía el corazón rápidamente y al mismo tiempo sentía que había un hueco enorme en su pecho. Sentía un nudo en la garganta y náusea. No pensaba, solo actuaba. Habían secuestrado su corazón e iba a recuperarlo.

Todo sucedió en cámara lenta, como si estuviera fuera de su cuerpo, hasta que se encontró frente a la celda y vio a Tony a salvo, con Wong a un lado. Los rebeldes parecían haber sido noqueados. Casi corrió hacia Tony y lo abrazó con tanta fuerza que Tony soltó un pequeño quejido, antes de separarse y empezar a revisarlo con manos temblorosas.

—Estoy bien, Stephen. Ni un rasguño, tal como te dijimos.

Pero Stephen lo ignoró. Trató de examinarlo con magia, y fue cuando recordó que había un bloqueador mágico. Así que le tomó la mano a Tony y empezó a caminar hacia el pasillo por donde había venido para hacer un portal, regresar a la seguridad del Santuario y examinar a su esposo con todos los medios con los que contaba.

—Te encargo el resto, Wong.

Y con eso, salió del almacén sin mirar atrás, con Tony firmemente sujeto de su mano.


—Stephen, ya te dije que estoy bien. JARVIS ha estado monitoreándome todo el tiempo por la pulsera. Él puede decirte lo mismo.

Stephen lo ignoró. Hasta que no lo examinara, no estaría tranquilo.

—Siéntate, por favor. Voy a asegurarme de que todo esté bien.

Stephen estaba tan asustado que su voz apenas salía sin temblar. Tony hizo caso y se dejó caer en el sofá más cercano. Stephen estaba muy alterado; con su magia vería que todo estaba bien y entonces podrían hablar con calma.

Sintió a la capa posarse en sus hombros y apretarlo en un abrazo, como si ella también hubiera estado preocupada. Habían hablado sobre dejarla para que lo cuidara, pero Tony se había negado profundamente. "Estará bien", había dicho. Los tratados siempre podían salirse de control y Stephen la podría necesitar más que Tony, que se quedaría en el Santuario al cuidado (innecesario) de Wong y los aprendices. Bueno, tal vez habría ayudado que la capa se quedara. Y parecía que ella también lo sentía, así que deslizó su mano sobre la tela para calmarla. No había sido culpa de nadie y estaba bien.

Stephen hizo un hechizo de diagnóstico y un resplandor dorado que recorrió el cuerpo de Tony lentamente. Tony estaba bien: no había lesiones internas, ni magia residual, ni daños al bebé. Estaban bien. Stephen sintió que podía respirar por primera vez desde que regresó.

Lo abrazó otra vez, enterrando el rostro en su cuello.

—JARVIS, dime un diagnóstico —todavía tenía que asegurarse.

—Ambos se encuentran en buen estado, doctor. Aunque tengo algunas cosas que informar.

Traidor, pensó Tony. Pero no lo dijo, porque no sabía qué le contaría JARVIS y tal vez no le contaría sus hazañas. Se engañaba a sí mismo.

— ¿Estás molesto con Wong?

Stephen parecía sorprendido.

—Claro que no. Te mantuvo a salvo mientras no estaba.

—No necesito que nadie me mantenga a salvo. Pero sí, hizo su parte del trato. Habla con él. Debe pensar que estás molesto con él después de cómo nos fuimos.

—Hablaré con Wong cuando regrese. Ahora me estoy encargando de ti.

—No, ahora mismo. Estuve con él, se sentía muy culpable, Stephen. No puedes dejar que piense eso hasta que regrese al Santuario.

—Bien.

Stephen abrió un portal. Tony creyó por medio segundo que iba a cruzarlo y dejarlo al cuidado de la capa mientras resolvía todo lo que estuviera pasando al otro lado. En cambio, miró a Wong al otro lado, con algunos aprendices ahora (sí que trabajan rápido) y le hizo una seña para que cruzara el portal hacia el Santuario. Claro que no iba a dejarlo solo tan pronto.

—Wong. No estoy enojado contigo. Tony tampoco, y no te culpamos. Estoy agradecido de que los hayas cuidado mientras estuve fuera. Gracias.

Wong parecía sorprendido, pero después sonrió. Ligeramente, pero lo hizo —un alivio genuino que suavizó sus rasgos—.

—Bien. Pensé que tenía que delatar a Tony para salvarme.

—Traidor, tú y JARVIS. Me encerrará en una torre custodiada por la capa convertida en dragón para no dejarme salir, y será culpa suya.

—Una torre es muy peligrosa —dijo Stephen con una sonrisa divertida

Wong se reía. Él, muy traidor. Le parecía divertido su sufrimiento. ¡Después de todo lo que hizo por él!

—Entonces, qué tal si JARVIS y tú me cuentan qué hizo Tony, para reflexionar sobre la posibilidad de esa torre —continuó Stephen. Sabía que su esposo había hecho algo. Siempre hacía algo. Era demasiado valiente y bueno para su propio bien, y para el de Stephen, que sentía su corazón pender del hilo donde Tony hacía acrobacias.

Tony palideció. Y Stephen supo que había hecho alguna de sus cosas valientes y estúpidas.

—Antes que nada, quiero defenderme diciendo que todo era absolutamente necesario.

Claro que sí, pensó Stephen. Siempre lo era.

Fue JARVIS quien comenzó a hablar —con su voz serena que contrastaba con la gravedad de la información—. Wong simplemente complementó la información que la IA decía desde su perspectiva visual.

Traidores.

Tony veía todos los pensamientos de Stephen reflejados en su cara —el alivio mezclado con el terror de saber lo que su esposo había hecho— y sentía a la capa apretarlo un poco más con sus narrativas. Ni siquiera había hecho nada. Estaba siendo tan dramático. Stephen lo miró y Tony supo que no iba a dejarlo ni un instante solo. Ni siquiera había podido disfrutar sus vacaciones de libertad. Malditos hechiceros.

Notes:

Sigo pensando en una trama para poder escribir sobre omegavers. No me rendiré, también tengo algunos sobre dragones y selkies, ¿por qué me castigas señor con una mente creativa y un cuerpo perezoso?

Si tienen ideas para omegavers acepto sugerencias. He leído todos los escritos en ese universo, TODOS, si alguien escribe uno nuevo, DÍGAME, por favor.

Estoy hablando sola seguramente, espero que les guste lo que escribo, solo me divierto pero ojalá. Gracias por leer.