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En-musubi (縁結び)

Summary:

Teru tenía un sólo trabajo: ocuparse de ser lindo frente a Shige para mantenerlo en su lugar. Lo hizo de maravilla.

Notes:

En-musubi se traduce como “atar lazos” o “unión de destinos”.

Quería escribir algo de película cliché y esto salió.
Terumob está ahí pero casi no tiene el foco de la historia, esto es centrado principalmente en Ritsu y Shou.

Nota: Escribí y copié esto de mi app de notas y lo estoy publicando desde mi celular, por lo que no sé cómo se aplica la letra cursiva aquí y tal vez haya problema para diferenciar pensamientos, títulos y palabras enfatizadas; una disculpa por eso, investigaré cómo puedo arreglarlo para este fic o mis próximos a publicar.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

– Por favor, por favor, por favor, por favor – el otro chico estaba tirado de rodillas delante de él y casi a punto de llorar.

– Ya te dije que no, deja de molestarme.

– Por favor, te lo ruego – ahora lo abrazaba de las piernas buscando misericordia.

– Teru, ve solo. Siempre vas solo.

– Nooo, estoy a una visita de que pongan un cartel prohibiendome la entrada.

– Entonces deja de ir.

– No puedo, por favor acompáñame, yo pagaré tu cuenta y puedes elegir lo que quieras.

Como siempre, Teru gana.

– Bien – lo tomó del gorro de su sudadera y lo jaló hacia arriba – Pero iremos en tu auto, con tu gasolina.

Shou no sabía porqué siempre se dejaba arrastrar a los planes de Teru. Ahora iban de camino a una librería donde podías ordenar aperitivos para acompañar la lectura; la razón no era algún libro, era el chico pelinegro que los vendía.
Teru iba diariamente y compraba cualquier cosa para tener la excusa de quedarse platicando con él, amaba el café que le preparaba pero no podía tomar demasiado, aún así lo hacía porque era un masoquista; si Shou iba el día de hoy, tendría más tiempo de ventaja para no ordenar nada y fingir que solo espera a que su amigo termine su comida. Shou por su parte, tuvo que ir por una gran razón: la comida gratis, y como bonus tendría a Teru haciendo el ridículo delante de él, aunque no le apasionaba mucho la idea de ser la tercera rueda.

Recién llegaban a la gran ventana de la librería, Teru se asomó a verificar que ahí estuviera el chico.

– Ya vi a Shige ¡vamos!

Shou tenía que admitir que “Shige” era una persona que provocaba ternura, para nada era su tipo de gustos pero era lindo ver cómo se sonrojaba con las estupideces que decía su amigo, también le alegraba ver cómo Teru intentaba mantener la calma cuando claramente podía verlo cruzar las piernas y mover el pie con ansiedad.

– Y tal vez recuerdes a mi amigo Shou.

– Claro, preguntó si vendíamos cómics o mangas. Un gusto verte de nuevo.

Shou sonrió forzosamente. Aunque agradecía que esa primera vez que conoció a Shige, obtuvo un tomo con portada variante completamente gratis; ojalá hoy pudiera obtener otro.

– Lo mismo digo, veo más grande la tienda.

– Sí – sonrío tanto que sus ojos desaparecieron, Shou casi no soportaba tanta pureza, sentía que iba a vomitar, pero Teru casi tenía un paro cardíaco ahí mismo – Agregamos una pequeña cocina y una barra “tipo bar“ detrás de los estantes.

– Wow, es increíble – “no, no lo es tanto” pensó.

– Oye Shou – Teru llama la atención con su pésima actuación – ¿Recuerdas que me dijiste que deseabas probar el té de tamaryokucha? ¿por qué no lo haces ahora?

– No, no lo recuerdo amigo. El tamaryokucha tiene tonos cítricos y yo los odio.

Al ver la cara de Teru cuando se dio cuenta que había perdido la batalla, Shou cedió un poco y siguió el juego de actuación.

– Creo que te refieres al genmaicha, amigo.

Ordenaron un par de cosas y como era de esperarse, Teru ordenó café, a este punto podía entender porqué su ansiedad estaba disparada por los cielos.
Shigeo le entregó a Teru un libro que al parecer le había pedido hace unas semanas y luego anotó algo en una pequeña hoja.

– El té se prepara en la barra, pueden tomar sus bebidas aquí o allá, cómo ustedes prefieran.

– Nos quedamos aquí – Teru ni siquiera le dio la opción de pensar por un segundo.

– Entonces ya llevo la orden y cuando esté listo el té, lo tendrán hasta su mesa. Yo prepararé el café.

Mientras llevaba la orden, Shou y Teru tomaron asiento en una de las mesas, casualmente la más cercana a la posición donde estaba Shigeo.

– Amigo, te estás humillando demasiado ¿al menos sabes si le gustan los chicos? – susurró Shou.

– Estoy en proceso de averiguarlo – Shou rodó los ojos.

– Eres un idiota ¿no lo sabes y a pesar de eso pierdes tanto la cabeza?

– Pues perdón “sr. evitativo”, yo tengo sentimientos.

Shigeo regresaba y casi como si fuera un imán, Teru se levantó casi saltando de su asiento y se acercó a seguir platicando.
Shou miró a su alrededor, había dos niñas de secundaria haciendo lo que parecía ser tarea y al fondo había una mujer con audífonos conectados a una laptop mientras tecleaba violentamente en esta. Tomó el libro que Teru había dejado sobre la mesa, leyó la sinopsis, leyó la biografía del autor, pasó las hojas y finalmente regresó el libro a su lugar.
Suficiente, si iba a pasar los próximos 180 minutos aquí, al menos buscaría algo en qué distraerse.

Teru le había conseguido varios mangas y algunos cómics de todas esa veces que se le han agotado las opciones de libros para pedirle a Shigeo, así que saltó directamente a la sección de arte; era una sección pequeña, sólo abarcaba un estante pero encontró los artbook de algunos animes que le gustan; a lo lejos, fue cautivado por un libro de Shigeru Mizuki que había buscado hace un tiempo, así que como si alguien lo fuera a robar en este momento, se lanzó sobre el libro de yokai y lo quitó de la estantería. Y el libro fue en lo último que podría pensar ahora.

A través del espacio vacío, pudo ver el rostro serio de un chico tan hermoso que parecía ser irreal. Sólo veía un lado de él porque se movía por el pasillo ordenando libros, se veía tan concentrado en lo que hacía que incluso podía notar un leve fruncido entre sus cejas que de alguna manera parecía hacer juego con su cabello negro alborotado, todo en él indicaba que quería mantener lejos a otros. Justo por eso es que Shou debía acercarse.

Colocó el libro de nuevo en su lugar cuando se sintió demasiado sobrestimulado por lo que veía, necesitaba ir ahí y hablarle, el chico estaba en la sección de animales por lo que puede sorprenderlo con sus vastos conocimientos empíricos sobre el hámster que lo espera en casa. Retiró el libro para volver a asomarse pero lo regresó a su lugar cuando no pudo encontrarlo en el pasillo, decidió que era mejor buscarlo por su cuenta.

Antes de salir del pasillo de arte regresó por el libro de yokai, era la prueba tangible de que siempre encuentras lo que buscas, podría ser un amuleto de la suerte ahora, además de verdad necesitaba comprarlo.
El pasillo se encontraba completamente vacío y una punzada de decepción recorrió el cuerpo de Shou. Creyó que tal vez ya no debería meter la nariz entre libros nuevos para olfatearlos, probablemente se esté estropeando el cerebro.

Dio un paso atrás con la insatisfacción de no haber encontrado al chico hermoso y justo en ese momento sintió que su espalda chocó con algo. Ese algo resultó ser un alguien, eso lo descubrió cuando un “mierda” se escuchó detrás de él, seguido de una taza y una tetera rompiéndose en cientos de pedazos contra el suelo.
“Mierda” es poco.
De todas las personas a las que le puede tirar té encima, tuvo que ser al chico con cara de ángel; eso le pasaba por creer que los yokai podrían darle buena suerte, Akashita debe estar riéndose de él ahora mismo.

– Lo siento, lo siento mucho – dijo inclinándose junto a él para recoger los pedazos de vajilla – Déjame arreglarlo.

– No te preocupes, está todo bien.

Shou podía oír cómo el tono servicial era falso, el chico estaba furioso y aún así mantenía su personaje de servicio al cliente. Diagnóstico: perdidamente enamorado. Ojalá lo mirara directamente, las personas suelen sonrojarse cuando se enojan, necesitaba genuinamente ver eso.
“Tómale la mano” se decía internamente Shou; en las películas, los personajes que están destinados a estar juntos siempre tienen un accidente así y por casualidad se toman las manos al intentar levantar el desastre, luego se miran a los ojos y el amor verdadero hace su magia.

– Hermano ¿estás bien?

“¿Hermano?” Shou pensó mirando al chico hermoso y moviendo la vista hacia Shigeo. Viéndolos bien sí eran similares, pero había algo en sus miradas que los diferenciaba, Shigeo irradiaba calidez como un día soleado y su hermano era un día nublado con posibilidades de tsunami, eran como un gatito y un doberman.

– Sí. No te preocupes – la voz sonaba un poco más sincera pero aún dejaba escapar cierta frustración.

– Amigo ¿qué pasó?

Y antes de que Shou pudiera responder, el chico lo interrumpió fríamente mientras lo veía de reojo.

– Ah, así que son amigos, debí imaginarlo.

Y desde su posición en el suelo, su mirada parecía querer asesinar a Teru.

Shigeo y Teru los dejaron solos a petición del joven que aún intentaba recoger los pedazos de vajilla más pequeños y limpiar con un pañuelo de papel, Shou vio su oportunidad para llevar a cabo su plan cliché de amor adolescente pero cuando iba a tomar su mano, el otro la esquivó en un movimiento de limpieza casi ninja.

“Me odia”.

– Déjame ayudarte, puedo pagar todo lo que se tiró – “en realidad pagará Teru, él me arrastró hasta aquí” pensó.

– No es necesario – ya no sonaba con amabilidad de mostrador, estaba genuinamente enojado.

“Claro que me odia” pensó quedándose sentado en el piso, mientras el aroma del té derramado inundaba su olfato “¿ese es genmaicha?”. Se abofeteó mentalmente mientras veía cómo el chico regresaba detrás de la barra, se lavaba las manos y se limpiaba la ropa con otra toalla de papel de manera furiosa.

“Sí, mierda es poco”.

Se levantó rápidamente y corrió hacia la barra, ahí el chico lo estaba esperando con una gran mueca de fastidio y respirando hondo.

– Ya te dije que no es necesario.

– Por favor, debe haber algo que pueda hacer para compensarte.

El chico levantó una ceja y Shou celebró que tenía una pequeña oportunidad.

– Si quieres compensarlo, toma a tu amigo y sácalo de aquí ¡ahora! – adiós oportunidad, esperaba algo como quedarse después de cerrar para limpiar o invitarle la comida.

– ¿Teru?

– Sí, ÉL. Tal vez mi hermano sea muy ingenuo para verlo pero yo sé lo que intenta hacer. Viene todos los días, se queda por horas y cuando se asoma por la ventana y ve que estoy yo en el mostrador, se da la vuelta y se va.

“Teru, eres un idiota decerebrado”, Shou no está seguro de que siquiera pueda hacer un plan para comprar pan sin parecer un fenómeno.
También estaba un poco molesto con su amigo por no hablarle de la existencia de este chico, pero ahora tiene la ligera sospecha de que se refería a él cuando mencionaba que en cualquier momento lo sacarían a patadas.

– Bueno, yo sé que es un tonto pero de verdad le gusta tu hermano.

– No tengo problema con eso, pero mi hermano cree que le está jugando una broma porque TU AMIGO no es claro con sus intenciones.

Así que sí le gustan los chicos, o al menos puede corresponder a su amigo, esta información vale oro y vaya que Teru tendrá que tratarlo como un rey de ahora en adelante.

– Hombres como él no valen la pena si no son asertivos ni honestos desde el principio y no quiero que...

– Entonces sal conmigo.

Lo dijo más rápido de lo que su mente procesaba la idea e interrumpió al chico antes de que terminara de sermonearlo, de cualquier modo ya no se notaba con capacidad de seguir hablándole a Shou, se quedó con la boca abierta, cara confundida y un leve rubor rosa en sus oídos.

– ¿¡Qué!?

– Bueno, es eso o también me tendrás aquí todos los días. Además, estoy siendo honesto.

– Jamás saldría contigo guiándome en la percepción que tengo de tu amigo. Ni siquiera te conozco.

– Shou Suzuki – le extendió la mano sin decir más.

El chico se dio la vuelta dejándolo con la mano extendida, se acercó a la pequeña estufa y colocó una nueva tetera en el fuego.
Shou bajó la mano con desánimo y la colocó sobre la barra; veía cómo el otro se perdía tal vez analizando el punto de ebullición del agua durante unos momentos, soltó un suspiro, limpió su mano en la ropa, se acercó de nuevo a Shou y tomó su mano de la barra para entrelazarla y estrecharla.

– Ritsu Kageyama – la sonrisa de Shou decidió volver a aparecer – Aún no es un sí, solo soy cortés.

Lanzó la mano devuelta a su dueño y regresó a la tetera, pero la sonrisa en Shou no se iba, ese “aún no” no significaba “no”.
En una nueva taza, colocó el té y lo puso junto con la tetera frente a Shou.

– Lárgate y dale esto a tu amigo.

– De hecho, era para mí. Si puedes conectar dos o más ideas entonces sabrás que él ordenó...

– Café – resopla y rueda los ojos – Bueno, ya puedes ir a beber con él.

– Tu hermano dijo que podíamos beber dónde quisiéramos, y no me puedo ir si a este genmaicha le hace falta algo.

Extrañado, Ritsu se asomó a la taza y posteriormente destapó la tetera para examinar el líquido, no podría faltarle nada a algo que él mismo preparó.

– ¿Qué falta?

– Una servilleta con tu número escrito – aún tenía fe en las técnicas de películas románticas, pero Ritsu solo cruzó los brazos.

– ¿Esa es la frase que más te funciona? O sólo la usas los martes de desesperación.

Shou se encogió un poco en su lugar pero su entusiasmo no decayó en ningún momento así que no iba a retroceder, solo probó algo de té.

– Es la primera vez que la uso.

– Se nota a mil años luz, Casanova.

A pesar de sus palabras, Ritsu estaba haciendo un esfuerzo físico y mental para mantenerse serio. Sus ojos recorrieron el rostro del pelirrojo en busca de algo que delatara que era un zoquete pero no encontró nada de eso, incluso podía jurar que lo veía sudar, era un desastre pero admiraba que no temiera hacer el ridículo para captar un segundo más de su atención, le agradaba eso y además lucía como un cachorro esperando un premio y moviendo la cola. “Quédate aquí a tomarlo si quieres” le dijo y se giró a la alacena para guardar unos ingredientes, tal vez se giró para poder sonreír libremente.

– Si no estás haciendo nada, puedes sentarte a tomar un té conmigo, yo lo invito – “en realidad, Teru paga”.

– Odio el té, preferiría un jugo de naranja o limonada – instintivamente, caminó hacia el pequeño refrigerador para sacar la jarra con jugo y servirlo en un vaso.

“Cítricos, tenía que ser” Shou nunca podía conseguir nada sin sacrificar algo grande.

– ¿Por qué? – bebió del jugo mientras Shou lo veía confundido – ¿Por qué quieres salir conmigo?

– Porque siento que si no lo hago, terminaré buscándote en cada persona y que en cada historia de algún libro fantástico porque realmente luces salido de uno; no te encontraré en ninguno y eventualmente voy a caer en la locura. No quieres ser culpable de que muera de amor.

Ritsu esperaba un punchline un poco más superficial pero encontró que Shou se quedó serio, no veía un personaje coqueto, veía algo que podía ser real y justo esa honestidad lo golpeó con más fuerza que cualquier frase de ligue que le pudiera haber dicho.

– Y créeme cuando te digo que si no crees en el amor a primera vista, voy a caminar casualmente frente a ti todos los días que me restan por vivir – intentó hacer que sonara como amenaza, pero su nerviosismo y necesidad se colaban y lo delataban en cada palabra.

Ritsu se echó a reír, no porque le pareciera divertido o no lo tomara en serio, sino porque no sabía qué libro había abierto o qué había escrito en su diario para que alguien así cayera del cielo justo para él.
O bueno, que lo empujara justo a él.
Su risa llenaba los oídos de Shou de manera que quería quedar sordo en este momento para tener ese último sonido guardado para siempre; si Teru lo viera ahora, definitivamente se burlaría de él por encontrar encantador hasta la manera que Ritsu se ahogaba por falta de aire, tomaba con desesperación todo el jugo de su vaso y se limpiaba los pequeños hilos de jugo que escurrían por sus labios.
Se recargó en la nevera que estaba delante de Shou, su pecho subía y bajaba con irregularidad y tenía un leve sonrojo en las mejillas, era perfecto. Poco a poco, su respiración se reguló y una sonrisa se asomó cuando señaló el libro que Shou había puesto en la barra hace un rato.

– ¿Acaso eres Betobeto-san?

– Si lo fuera, te podrías librar de mí diciendo que pase antes que tú. ¿Te gustan los yokai?

– Sí. Puedo conseguirte el Gazu Hyakki Yagyõ si es que no lo tienes.

El rostro de Shou se iluminó e impulsó a Ritsu para acercarse y cruzar los brazos sobre la barra, inclinándose ligeramente hacia él. Quería jugar el juego de Shou un poco más, desde hace un buen rato su respuesta a una cita era “sí” pero no se lo pondría tan fácil.

– De hecho, de este libro... – lo señaló aún con los brazos cruzados – Sólo obtuve dos copias, por eso sólo tenemos uno aquí.

– ¿Y el otro? – sorbió un trago largo del té.

– En mi casa. Pero dudo que quieras verlo, es el mismo, sólo tiene unas notas extra de lo que he aprendido visitando templos. Aunque si quieres verlo, no tengo ningún problema.

Shou se atragantó con su bebida y podría atribuir que el rojo en su rostro era por la falta de aire mientras tosía, pero sabía muy bien que no era así.
Ritsu sonrió, supo que tenía la ventaja ahora, necesitaba un movimiento más y el chico con los ojos color mar sería suyo sin tener que decirle explícitamente que quería que fuera suyo.

– Cómo te decía. Me fue muy difícil de conseguir – puso sus dedos encima de la pasta del libro y lo arrastró hacía sí mismo – Así que es algo costoso... pero creo saber cómo puedes canjear un cupón de descuento. Además, como ya tienes un rato molestándome, creo que sí debería cobrarte la vajilla rota. Así que tienes una deuda muy grande conmigo, Shou – se acercó lo más que sus pies en puntillas le permitían pero aún así le provocó un escalofrío a Shou.

“Un Zashiki-warashi está de tu lado hoy” el pensamiento flotó en el aire pero pudo venir de cualquiera de los dos chicos.

– Claro, te dije que pagaría lo que sea.

Jaque mate. Ritsu gana.

Aunque nunca sabría que el verdadero ganador siempre fue Shou.

A veces los empates son buenos.

Las chicas de la librería-cafetería se habían retirado hace un tiempo y esa era la señal de Teru para irse si no quería que el hermano menor de Shige viniera y lo sacara como un insecto dentro de un vaso (de nuevo), así que ahora se encontraba en la entrada despidiéndose de su trágico amante a unos centímetros de él, porque sí, después de un rato platicando con Shigeo, olvidó que venía con un amigo ruidoso; lo recordó justo cuando se acercaba a él de forma muy ansiosa y lo tomó del brazo para jalarlo hacia afuera.

– Vámonos – le susurró entre una orden y súplica.

– Nos vemos luego Shigeo – sabía que ese “luego” se refería a mañana pero no quería alertar a los pájaros en el alambre (el hermano de Shige).

Aún podía ver a Shigeo despidiéndose con su mano y una hermosa sonrisa a través del vidrio, el corazón de Teru no lo soportaría esta distancia mucho más, pero por su bien, tuvo que romper el contacto visual para encender el auto. Entonces volvió a recordar que había raptado a su amigo en su día libre, que estaba junto a él y que por primera vez venía muy serio.

– Hey, es el libro que viste en internet ¿cuánto te costó?

– Nada.

– ¿Todo bien, bro? – Shou asintió aún abrazando el libro y su energía volvió que como era antes.

– ¿Mañana a la misma hora?

Odiaba los cítricos con toda su alma, pero si tuviera la oportunidad de tomar jugo de naranja, sin duda lo haría.

El auto avanzó y se perdió entre todos los demás vehículos, Shigeo los vio irse así como vio a su hermano acercarse con una tenue sonrisa.

– Ritsu ¿estás bien? Te ves todo rojo – le puso la mano en la frente para verificar su temperatura.

– Estoy bien, creo que el té me calentó un poco – no era mentira, no le mentiría a su hermano – Por cierto ¿puedo ausentarme mañana? Necesito salir a algo importante.

Shigeo asintió y antes de decirle algo un cliente entró, así que lo acompañó al mostrador dejando a Ritsu en la puerta pensando mientras saboreaba genmaicha en su boca, detestaba el té pero podría cambiar de opinión si el sabor viniera de nuevo desde los labios de una persona en específico.

Notes:

Hiiiii escribí este fanfic después de un capítulo angst de un long fic Ritshou que todavía no he terminado y por ende no lo he publicado; esta es mi primera historia de varias (espero) muchas gracias por leer ‹𝟹

Estos son los yokai que mencioné en la historia:
Akashita – es de mala suerte principalmente en la agricultura porque controla el clima, pero puede ser mal presagio para todos.
Betobeto-san – sigue a las personas en la calle sincronizando sus pasos, puedes hacerlo desaparecer así como lo dijo Shou. Lo puse para hacer parecer que Ritsu lo llama “acosador”.
Zashiki-warashi – un niño que cuida las casas y da buena suerte.

P. D. El libro que toma Shou en realidad existe y pueden encontrarlo en internet si les gusta los yokai y el que menciona Ritsu también es real.