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Language:
Español
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Published:
2026-06-22
Words:
7,704
Chapters:
1/1
Kudos:
13
Hits:
80

lealtad

Summary:

A pesar de mantener una supuesta relación estable delante de todos, Fourth, un joven y brillante abogado, siempre termina cometiendo su pecado más recurrente: Entregarse a los brazos de Gemini, el hijo de la organización criminal más poderosa del país.

Notes:

es lo más inmoral que he publicado
perdón fourth por usar tu carrera para mis depravaciones, pido perdón

Work Text:

Fourth acababa de ganar otro gran caso, consolidando su reputación como uno de los abogados más brillantes del país. Su novio actual, un colega del bufete en el que trabajan, aburrido pero «correcto», lo había invitado a cenar para celebrar, pero Fourth usa la vieja confiable:
«—No me siento bien, estoy muy cansado, iré a mi departamento a descansar».

Pero Fourth no fue a su departamento; su auto había terminado en el protegido departamento de Gemini.

La tarjeta de acceso, —que se supone que Fourth debería haber devuelto y olvidado hace meses—, se desliza perfectamente en la ranura. El ascensor privado lo deja en el lugar en donde había prometido tantas veces no volver.

Fourth camina hasta llegar a la sala poco iluminada, ese no era lugar para un abogado con una carrera limpia en ascenso, pero Fourth siempre terminaba ahí, desdibujando las líneas entre la justicia que defendía y el hombre que la corrompía.

Y ahí está Gemini. No lleva un traje como Fourth, sino ropa cómoda y esa maldita sonrisa que Fourth conoce desde la secundaria.

—Vaya, el abogado del año —dice Gemini, arrastrando las palabras con un tono burlón, sin moverse del sofá— Escuché las noticias del veredicto. Felicidades, ángel; aunque… que falta de respeto para tu novio, ¿lo dejaste solo para venir aquí?

Fourth se queda de pie junto al posabrazos del sofá, tratando de mantener la postura impecable que usa en el tribunal. Su traje no tiene una sola arruga, pero por dentro es un desastre.

—No empieces, Gemini… —dice Fourth, soltando un suspiro.

Gemini soltó una risita, divertido, y simplemente abre las piernas un poco más en el sofá, dándole una invitación silenciosa.

Fourth, dejándose llevar por la gravedad que siempre lo arrastra hacia el mismo centro, se sitúa entre las piernas de Gemini, se quita su saco y deja su teléfono sobre la prenda, para luego dejarse caer sobre su regazo, sus rodillas dobladas a cada lado de los muslos de Gemini. El contraste entre la tela estructurada del traje de Fourth contra la suavidad de la ropa informal de Gemini hace estremecer ligeramente a Fourth.

—Yo no empecé nada, ángel. Viniste tú solo, como siempre —murmura Gemini mientras estiraba sus brazos sobre el respaldado del sofá— Dime, ¿a éste tampoco lo dejaste tocarte?

—Cállate…

—Tres, ángel —continúa Gemini, ignorando la advertencia— Este ya es el tercero al que le haces lo mismo. Cualquiera diría que el abogado más incorruptible del país tiene un serio problema de lealtad… o una obsesión muy selectiva.

Las palabras de Gemini parecían flotar en el aire, cargadas de esa verdad que Fourth intenta ignorar cada vez que firma un contrato invisible de exclusividad con alguien que no es él. Los brazos de Gemini, relajados sobre el respaldo del sofá, no hace más que acentuar la falta de resistencia, porque Gemini no necesita sostenerlo, sabe que Fourth no va a ir a ninguna parte.

—No hables de eso ahora —pide Fourth, sintiendo sus mejillas sonrojarse.

La distancia entre sus bocas se acorta por un movimiento necesitado. Fourth se inclinó hacia delante, buscando desesperadamente el refugio que solo él sabe darle; movió su lengua contra los labios de Gemini, pidiendo que lo deje entrar; Gemini cede, comenzando un choque entre sus lenguas.

Cuando la falta de aire los obligó a distanciarse un milímetro, Fourth no se alejó; mudó sus labios hacia la comisura de la boca de Gemini, subiendo con lentitud por su mejilla, luego su sien; sus labios bajan y se pasan por su otra mejilla hasta su mandíbula.

Gemini dejó escapar un suspiro de deleite, mientras baja los brazos del respaldo para rodear la cintura de Fourth; sus grandes manos tiraron de él apenas un poco.

Fourth mordió suavemente la línea de la mandíbula de Gemini, para luego lamer el lugar para calmar el ligero ardor. Se separó ligeramente y con las yemas de sus dedos índice y medio, delineó su mandíbula con cariño, subió hasta llegar a su ceja de nuevo, acariciando la cicatriz que había ahí, para luego inclinarse y depositar un largo beso.

La respiración de Gemini se vuelve un poco más pesada cuando los labios de Fourth presionan esa pequeña cicatriz en su ceja, porque la presión de los labios de Fourth era suave, el polo opuesto de la ferocidad con la que argumenta en un tribunal.

Fourth baja para besar el pómulo de Gemini, éste deja caer su cabeza hacia atrás contra el respaldo del sofá con una sonrisa perezosa.
El abogado desplaza sus besos por el puente de su nariz con roces pequeños, húmedos y pausados hasta llegar de nuevo a la comisura de la boca de Gemini, delineándola con la punta de la lengua antes de morder suavemente el labio inferior del más alto, provocando que Gemini gimiera suavemente.

Los besos del abogado bajan hasta llegar a la manzana de adán de Gemini, lo mordió suavemente antes de lamerlo.
El gemido que escapa de la garganta de Gemini vibra contra los labios de Fourth mientras éste seguía sobre su garganta.

Justo cuando Fourth va a morder de nuevo la piel de Gemini, un sonido agudo rompe su burbuja. Una llamada. «P’Som», decía. La llamada se corta y la pantalla de apaga, pero luego, la pantalla se vuelve a iluminar.
«¿Llegaste bien a casa, amor?».
«Si no estas durmiendo, podría ir a tu departamento y sé que estas cansado, pero podemos vemos una película para celebrar tu victoria juntos».

Ambos giran la cabeza y observan el teléfono, aunque sus reacciones son diferentes.

Fourth se tensa por completo sobre el regazo de Gemini. La culpa, esa que logra enterrar con tanta facilidad cada vez que cruza esa puerta para cometer su pecado más recurrente, intenta asomar la cabeza.

Gemini inclinó un poco la cabeza, mirando a Fourth, observando el debate interno que nublaba sus ojos. El cuerpo del abogado, que hacía un segundo se derretía sobre el suyo, estaba rígido. La pantalla del teléfono seguía brillando en la penumbra de la sala con esa insistencia estúpida de un novio que cree que tiene derecho a cuidar de él.

Una chispa de diversión oscura cruzó los ojos de Gemini.

En la secundaria y durante la facultad, cuando eran novios y el mundo parecía más simple, Fourth era jodidamente transparente. Gemini recordaba perfectamente cómo Fourth ignoraba olímpicamente cualquiera que intentara coquetearle. Nadie más existía para él.
Y ahora… ahora Fourth tenía un novio «correcto», un tipo impecable ante la sociedad, pero estaba ahí, sobre su regazo.
El destino tenía un sentido del humor bastante retorcido: Fourth jamás le habría sido infiel, pero no dudaba un segundo en engañar a otros con él.

Cuando la pantalla se apagó, Gemini rompió el silencio con una voz profunda.
—¿No vas a contestar?

Fourth mira la pantalla ahora oscura, pero no se mueve para alcanzar el teléfono. En su lugar, apoya la frente contra el hombro de Gemini, dejando escapar un suspiro tembloroso.

—Mírame —ordenó Gemini, con una voz engañosamente suave— Mírame a los ojos mientras lo traicionas.

Fourth, con las pupilas dilatadas y el juicio nublado, levantó su cabeza.

—Esto es tu culpa —lo acusó con molestia.

—¿Mi culpa? —repitió Gemini, sonriendo con burla, sus manos bajando a los muslos de Fourth— No, te equivoquas, porque yo no te busqué, tú viniste a mi.

Fourth traga saliva mientras frunce su ceño en angustia; porque, aunque su novio fuera el hombre más bueno, amable y comprensivo, Fourth siempre terminaría en los brazos de Gemini.

Incluso cuando Fourth intenta salir con alguien, inconscientemente, siempre compara a sus pretendientes con Gemini; apariencia, labia, gestos… todo. Gemini era una vara inalcanzable que nadie podía llegar. Los abrazos de Gemini siempre eran mejores que el de los demás, sus regalos, sus besos, sus caricias, incluso sus mentiras. Todo era mejor a los ojos de Fourth; ninguno lograba siquiera acercarse a la sombra de lo que Gemini significaba para él.

—…Me engatusaste —murmuró Fourth, tratando de justificarse.

—Ángel, estás subestimando tu propio libre albedrío e intelecto… o sobreestimando mi esfuerzo. Yo no moví un solo dedo; no te envié flores, no saboteé tus citas, ni siquiera te llamé cuando supe que estabas saliendo con ese tipo aburrido de tu bufete. Estás aquí porque quieres.

Gemini se inclinó hacia delante, reduciendo el espacio hasta que sus alientos volvieron a mezclarse.

—Tú guardaste la tarjeta de este departamento, tú manejaste hasta aquí y tú eres el que está sentado en mi regazo mientras tu novio probablemente te espera en otra parte de la ciudad, creyendo que tiene al hombre más honesto del país entre sus manos —murmuró Gemini, rozando sus labios con diversión.

Fourth tragó saliva; las palabras de Gemini eran un espejo, y a Fourth le quemaba la realidad de su propio reflejo.

—Él es bueno conmigo —Fourth murmuró finalmente, su voz sonó pequeña, un intento inútil de aferrarse al estrado de la moralidad, como si mencionar las virtudes de su novio fuera a borrar el hecho de que estaba sentado sobre el hijo de un criminal.

—Por supuesto que es bueno contigo, ángel —susurró Gemini, ladeando la cabeza, con esos ojos cafés seguían brillando con diversión— Cualquiera con dos dedos de frente adoraría el suelo que pisas.

Las mejillas de Fourth pasan del rosado al rojo.

Su novio actual se esforzaba tanto que lo asfixiaba; reservaba en restaurantes lujosos que a Fourth le aburrían, le compraba flores perfectamente simétricas que no huelen a nada y le regalaba joyería que creía que combinaba con su estilo. No lo conocía en absoluto.
Fourth no era una persona materialista, era simple y demasiado pegajoso, era jodidamente demandante con el afecto y atención; su novio era tan artificialmente perfecto que terminaba siendo insípido.
Todo en esa relación se sentía como un libreto ensayado, una coreografía donde cada paso estaba calculado para no arruinar la fachada de «pareja ideal».

Pero la verdad era mucho más cruda, y Fourth la sabía muy bien: su novio actual se sentía inferior a él.

Cada cena extravagante, cada regalo costoso y cada muestra de caballerosidad exagerada no eran más que un intento desesperado para ocultar la inseguridad de saber que Fourth, el joven abogado estrella que rebosaba carisma, estaba a años luz de su alcance.
Con Gemini, en cambio, no había fachadas que mantener. Gemini no necesitaba competir con el estatus de Fourth, ni desvivirse con regalos perfectos para demostrar su valor.

Con los otros, la dinámica siempre terminaba volviéndose tóxica en los momentos de tensión. Fourth sabía que su personalidad, cuando dejaba de ser el abogado serio, podía ser ruidosa, traviesa y sumamente juguetona, y eso a veces, molestaba o abrumaba a sus parejas.
El segúndo ni siquiera había podido manejarlo; se quejaba constantemente de que Fourth era demasiado ruidoso, demasiado demandante, un torbellino imposible de calmar, no podía seguirle el ritmo.
El primero y el actual, en medio de las discusiones, intentaban herir sus sentimientos, soltando comentarios ácidos para bajarlo de su pedestal y hacerlo sentir pequeño, una táctica barata para nivelar la balanza y aplacar sus propias inseguridades; y luego, por supuesto, venían las disculpas patéticas, motivadas por el pánico de que Fourth los dejara.
Fourth sentía que caminaba sobre cáscaras de huevo, midiendo su volumen, sus gestos, conteniéndose para no quebrar la frágil masculinidad de hombres que se ahogaban en sus propias inseguridades.

Gemini jamás se había sentido intimidado por su brillo, tampoco sobrepasado por su intensidad, ni mucho menos había necesitado rebajarlo para sentirse un hombre.

Cuando estaban en la secundaria, donde las hormonas y el orgullo estaban a flor de piel, o en la facultad, cuando el estrés los consumía, y tenían un desacuerdo, Gemini jamás había usado las debilidades de Fourth para herirlo, siempre sabía cuándo detenerse, no importaba cuán orgulloso fuera o cuán enojado estuviera, Gemini cuidaba cada palabra que salía de su boca para jamás lastimar Fourth.
Incluso en su peor pelea —esa que tuvieron cuando Fourth se enteró de lo que la familia de Gemini realmente hacía—, cuando Fourth le gritó, sumamente traicionado, y la soberbia de ambos chocó como dos trenes de alta velocidad, Gemini jamás había cruzado la línea, amaba demasiado a Fourth como para machucar sus sentimientos.

—Estás pensando demasiado otra vez, ángel —la voz de Gemini interrumpió el hilo de sus pensamientos— No me gusta que uses mi tiempo para repasar tus experimentos fallidos, ángel.

Fourth parpadeó, regresando al presente, a la calidez del regazo que realmente le pertenecía.

La mirada de Gemini recorrió el rostro de Fourth mientras sus dedos presionaban con fuerza los muslos de Fourth a través de la tela del pantalón de vestir.

—Deberías dejar de compararme con sombras que tú mismo inventas para intentar convencerte de que puedes vivir sin mí. No puedes. Y está bien, ángel, nadie va a juzgarte en este lugar.

—Eres repugnantemente arrogante —se quejó Fourth— Él me quiere y debería ir.

—Entonces, vete —retó Gemini, soltando el agarre de sus muslos en un gesto exasperantemente despreocupado, cruzó los brazos sobre su pecho y se recostó contra el respaldo— Ve con él. Deja que te lleve a lugares que te odias, que te compre flores que no te gustan, escucha sus inseguridades y deja que te toque con sus manos temblorosas.

—Él no… él y yo no hemos… —Fourth susurró tan bajo como un suspiro. Cerró sus ojos, confirmando completamente que con éste último tampoco había pasado nada.

Gemini no pudo evitar reírse.

—Lo sé, ángel —se burló— Lo tienes en ayunas, viviendo de migajas, de besos castos y promesas.

Fourth abrió los ojos, indignado, pero Gemini no le dio tiempo de defenderse. Con un movimiento rápido, volvió a atrapar la cintura del abogado, tirando de él hacia adelante.

—Tres tipos diferentes y a ninguno le has dejado tocarte —murmura Gemini, su tono goteando autosuficiencia— Que divertido, en serio… te vuelves un puritano conservador con tus parejas formales, pero conmigo… conmigo nunca tuviste esa maldita timidez.

Fourth sintió que la sangre se le agolpaba en sus orejas.

—Cállate —siseó Fourth— No es… no es por ti. Solo no estoy listo, esta vez era en serio.

—Dices que no estás listo con él… —murmuró Gemini mientras comienza a desabotonar el chaleco de Fourth— Pero conmigo no necesitaste ni una hora, conmigo bajaste todas tus defensas antes de que terminara nuestra primera cita.

Gemini terminó de desabotonar el chaleco y metió sus manos por debajo, delineándolo a través de la camisa de vestir.

—Teníamos diecisiete años —continuó Gemini, viendo como Fourth se callaba— Era nuestra primera cita oficial después de cuatro semanas de miradas en los pasillos del colegio. Fuimos por helado, me diste un discurso de media hora sobre que el helado de chocolate con galletitas era una delicia y el por qué las leyes de tránsito tenían vacíos legales. Estabas parloteando tanto y con suma seriedad, pero realmente no podía tomarte en serio porque tenías chocolate en los labios —Gemini sonrió— Te veías tan jodidamente adorable con las mejillas rojas por el sol que solo quería tragarte vivo.

Gemini apretó suavemente la espalda baja de Fourth, obligándolo a arquearse ligeramente.

—Y esa misma tarde, en cuanto tus padres mandaron el mensaje de que se quedarían a cenar fuera… me arrastraste a tu casa —Gemini levantó una ceja mientras llevaba sus manos a los botones de la camisa de Fourth— Fue la primera vez de ambos, ninguno sabía bien lo que hacía, pero tú no pusiste ni una sola excusa, no hubo un «no estoy listo». Casi lloraste de frustración porque no podías quitarme la camisa —Gemini se rió.

Fourth cerró los ojos con fuerza, sintiendo que las orejas le ardían tanto que debían de estar de un rojo brillante.

—Yo no te arrastré… —protestó en un susurro.

—¿Ah, no? —Gemini de burló mientras— ¿Quieres que te refresque la memoria, abogado? Me tomaste del brazo, me llevaste a tu habitación y me empujaste contra tu cama para luego subirte sobre mí exactamente así, justo como estás ahora… recuerdo como tus manos intentaban desabrochar mi cinturón con nerviosismo.

—Éramos adolescentes, estábamos lleno de hormonas —se justificó Fourth, levantando su barbilla con petulancia.

—Mmm, entonces… supongo que conmigo eres muy hormonal. Recuerdo que te ponías así, justo antes de que te inclinara sobre algún pupitre de la universidad porque no dejabas de provocarme con tu actitud de sabelotodo.

Gemini terminó de desabotonar la camisa de Fourth, dejando su torso expuesto.
Su mirada recorrió las bonitas clavículas y el pecho que subía y bajaba.

—No te atrevas a usar la universidad como excusa para… —replicó Fourth

—¡Ah! —Gemini lo interrumpió, fingiendo recordar algo de repente— ¿Te acuerdas esa vez que te habías pasado horas corrigiendo mis apuntes con ese tono de sabelotodo que tanto me irritaba? Te gustaba tanto provocarme para que te haga callar.

Gemini ensanchó su sonrisa, deslizando las palmas de sus cálidas manos desde los costados de Fourth hasta llegar a su cintura y apretarla.

Fourth apretó los dientes, sintiendo el calor de las manos de Gemini directo en su piel.

Gemini se inclinó hacia sus pectorales, dejando un beso en medio.

—Supongo que te acuerdas cómo te callaba, ¿mmm? Te ponía de rodillas y hacía que usaras esa bonita boca impertinente tuya —continuó Gemini, su aliento chocando la piel del abogado— Te veías tan jodidamente hermoso mientras me mirabas con tus bonitos ojos, lamiéndome…

—Eres repugnante —Fourth protestó, interrumpíendolo.

Pero el abogado terminó dejando escapar un suspiro entrecortado, arqueando la espalda cuando los labios de Gemini ascendieron desde su pecho hasta su clavícula, mordiendo, probablemente dejando una marca. Sus manos terminaron enredándose en el cabello de Gemini, tirando levemente.

—Mmm… —Gemini dejó escapar una vibración profunda desde su garganta, disfrutando del sutil tirón en su cabello. Subió lentamente, deslizando su nariz por el cuello de Fourth antes de darle otra mordida.

Gemini volvió a bajar para comenzar a lamer y chupar el pezón de Fourth.

El gemido que escapó de los labios de Fourth fue agudo, sus dedos se clavaron con más fuerza en las hebras oscuras del cabello de Gemini.

La lengua de Gemini delineó la aureola con lentitud, saboreando la piel del abogado antes de volver a succionar con fuerza, provocando que Fourth arqueara la columna por completo, buscando instintivamente más de ese contacto abrasador.

—Gemini… —apenas pudo articular.

Gemini mordió ligeramente la piel sensible del pectoral antes de alejarse solo un poco.

—¿Te acuerdas cuando lo hacíamos en público? Decías: «Gemini, esto es inmoral», «Gemini, nos van a ver» —lo imitó con burla— Pero nunca cerrabas las piernas para mí, ¿verdad? Lloriqueabas diciendo que no querías que nadie te viera, pero siempre dejaste que hiciera lo que me diera la gana contigo. La biblioteca, el jardín del campus, los baños… muy hormonal, al parecer.

—Cállate —balbuceó justo cuando Gemini se mudó hacia el otro pezón.

La succión en el otro pezón fue más intensa, un castigo deliberado por sus débiles protestas. Fourth soltó un quejido ahogado, echando la cabeza hacia atrás mientras su cuerpo entero se estremecía. Las manos de Gemini descendieron con firmeza desde su cintura hasta sus glúteos, moviéndolo hacia adelante y hacia atrás, contra su erección.

Fourth soltaba pequeños gemidos. Gemini se intercalaba para darle atención a ambos pezones, usaba la punta de su lengua para jugar con los pezones, para luego morder antes de volver a succionar con fuerza.

—Nngh… ¡Gemini, ya! —lloriqueó Fourth, con los ojos empañados, sintiendo un fuego líquido en su vientre.

Sus dedos, atrapados en la cabellera oscura de Gemini, pasaron de dar tirones suaves a empujar débilmente su cabeza, un intento inútil de apartarlo que Gemini ignoró olímpicamente.

—¿Ya qué, ángel? —preguntó Gemini contra su piel, sin llegar a soltar del todo el pezón.

El aire frío chocando contra su piel sensible y húmeda hizo que Fourth se sacudiera en su regazo, soltando un jadeo. Sentía el pecho adolorido, una pulsación eléctrica que nacía en sus pezones y bajaba directo hacia su pene.

Gemini se mudó del pezón derecho, que ya estaba hinchado y dolorosamente sensible, al izquierdo, atrapó entre sus labios, aplanando la punta con la lengua antes de succionar con fuerza, arrastrando sus uñas por los costados de Fourth.

—Gemini… ya… —lloriqueó de nuevo— Gemini…

Los pezones del abogado estaban visiblemente hinchados, brillando por la humedad bajo la tenue luz de la sala.

Fourth empezó a restregarse; movió sus caderas hacia delante, buscando con necesidad el bulto prominente que se marcaba debajo de la ropa de Gemini. El roce de la tela dura de su pantalón contra la ropa suave de Gemini generó una fricción deliciosa que le arrancó un gemido.

Pero Gemini tenía otros planes.

Justo cuando Fourth iba a restregarse más fuerte, buscando el ritmo que quería, las manos de Gemini llegaron a sus caderas y con un agarre firme, frenó en seco el vaivén del abogado, manteniéndolo inmóvil.

Fourth abrió los ojos empañados de golpe, parpadeando con incredulidad.

—No te muevas todavía —ordenó Gemini, separándose para poder ver la expresión de Fourth— No te he dado permiso.

—Gemini… por favor —suplicó Fourth, sus dedos se enredaron con más fuerza en el cabello de Gemini, tirándolo.

—¿Por favor qué, ángel? Se explícito, al abogado más brillante del país no deberían faltarle las palabras —se burló, aunque su propia respiración ya era irregular.

Fourth soltó un quejido.

—Eres un idiota… suéltame, Gemini —se quejó, empujando su pelvis en un intento inútil de zafarse del agarre, pero Gemini ni se inmutó, sus manos seguían apretando las caderas de Fourth como esposas, manteniéndolo peligrosamente cerca de la tentación, pero impidiéndole alcanzar el alivio— O haz algo…

—Eres demasiado impaciente, quieres todo de inmediato.

—¡Gemini! —Fourth gruñó con molestia, demasiado consentido por culpa de Gemini, quien siempre cumplía cada uno de sus caprichos al instante y acostumbrándolo a recibir atención inmediata cada vez que abría la boca.

—¿Me estás gritando en mi propia casa? —Gemini alzó una ceja, aunque la chispa de excitación en sus ojos delataba que ver a Fourth perdiendo los estribos de esa manera era un espectáculo digno de ver.

—¡Porque eres un imbécil! —Fourth murmuró frustrado— Haz algo o suéltame.

—Que mala actitud, de verdad. No haré nada hasta que me digas exactamente qué quieres que te haga —murmuró Gemini, ladeando la cabeza con esa maldita sonrisa que hacía que Fourth se derrita como un hielo bajo el sol— No me mires con esa cara y pídelo bien.

Fourth soltó un jadeo indignado.

—¡No es justo! —lloriqueó mientras sus caderas daban otro pequeño e inútil empujón hacia delante, solo para ser frenado de inmediato por el agarre firme de Gemini— Eres un maldito egoísta.

—Habla. Usa esa linda boca tuya que nunca se calla.

Fourth apretó sus dientes.

—Quiero… —Fourth tragó saliva— Quiero que me dejes restregarme contra ti. Por favor, Phi Gem… me duele.

—¿Qué te duele, mi amor? —dijo en un murmullo peligrosamente dulce, haciendo que Fourth se estremeciera. Gemini aflojó apenas un poco el agarre, permitiendo que la pelvis de Fourth rozara el bulto de su pantalón por un momento.

Ese mínimo contacto fue una tortura delciosa.

—Mmm… me duele ahí abajo. El pantalón me aprieta… Phi Gem, por favor, no seas malo conmigo —suplicó mientras se inclinaba para frotar su nariz contra la mandíbula de Gemini— Déjame moverme, se bueno por favor, siempre eres bueno conmigo… Phi…

Gemini soltó una risa ronca e incrédula; la táctica de Fourth de ponerse sumiso cuando no lograba lo que quería era sucia.

—Haa, eres jodidamente manipulador —susurró Gemini, aunque sus pupilas estaban dilatadas— Sabes perfectamente qué hacer para que haga lo que quieras.

—No soy manipulador… —lloriqueó Fourth, acariciando con su nariz ahora la mejilla de Gemini— Me duele de verdad, Phi Gem… no seas malo.

Gemini aflojó su agarre totalmente; el permiso silencioso fue todo lo que Fourth necesitó, y con un suspiro, el abogado empujó sus caderas hacia delante. El impacto de su pene duro, apretado por la tela rígida del pantalón de vestir, contra el bulto prominente de Gemini le provocó un escalofrío.

—Mmm… —Fourth apoyó su frente en el hombro de Gemini mientras sus manos bajaban hasta su cintura y apretaban la tela de su remera.

Fourth comenzó a moverse con un ritmo desesperado, dictado por el fuego que le quemaba el vientre. Cada vaivén hacia delante generaba una fricción deliciosa, el abogado sentía un calor abrasador en su pecho.

Con un suspiro nasal pesado, Gemini lleva sus manos a los pectorales de Fourth y los aprieta mientras levantaba un poco la pelvis, encontrándose con el movimiento de Fourth a mitad de camino, haciendo que el choque entre sus cuerpos fuera mucho más fuerte.

Fourth gimió dulcemente. El ritmo desesperado que llevaba no era suficiente; la fricción le daba un alivio momentáneo, pero al mismo tiempo encendía un vacío mucho más profundo en su interior. Frotarse ya no lo llenaba, el calor que le quemaba el vientre exigía algo más.

—Gemini… quiero más… —se quejó Fourth, interrumpiendo el vaivén de sus caderas por la frustración mientras escondía su rostro en la curvatura del cuello de Gemini, aspirando su aroma.

Gemini llevó sus manos hacia abajo para desabrochar el cinturón y el botón del pantalón, bajando la cremallera.

Fourth soltó un suspiro de alivio cuando la presión de la tela rígida disminuyó, Gemini deslizó su mano bajo la ropa interior del abogado hasta atrapar su pene, completamente erecto y húmedo, y sacarlo.

—¿Esto es lo que querías, ángel?

Gemini cerró el puño con firmeza alrededor de él y comenzó a darle un ritmo lento, deliberado, ascendiendo hasta la punta para esparcir el líquido preseminal antes de volver a bajar hasta la base.

—Mmm… Gemini —Fourth balbuceó.

—Mírame —murmuró Gemini, con la voz volviéndose cada vez más ronca mientras su mano mantenía ese vaivén deliberado.

Fourth lo miró con sus ojos nublados.

Verlo así, tan vulnerable y entregado únicamente al estímulo de su mano, provocó que una oleada de posesividad golpeara el pecho de Gemini. El abogado incorruptible, el hombre que hacía temblar a los fiscales en los tribunales buscando justicia, estaba reducido a un manojo de temblores en su regazo, gimiendo su nombre como si fuera un oración.

—Eres tan jodidamente hermoso —murmuró Gemini, antes de acortar la distancia entre sus bocas.

Gemini rozó los labios de Fourth con suavidad, delineando la forma de su boca con la punta de la lengua, saboreando el calor y el gemido tembloroso que Fourth soltó contra él, Gemini aprovechó para meter su lengua en la boca del abogado. Sus lenguas danzaron sensualmente, sin apresurarse.
Al mismo tiempo que mantenía el beso pausado y húmedo, la mano de Gemini se movía contra su pene, subiendo y bajando con la presión exacta, asegurándose de rozar el pulgar contra la punta hipersensible en cada movimiento ascendente.

—Nnngh… —el gemido de Fourth fue amortiguado directamente por la boca de Gemini.

El cuerpo del abogado se tensó por completo. La combinación del beso lento, casi perezoso, y el ritmo constante que Gemini le dictaba sobre su pene hacia que Fourth flotara. Fourth se aferró a los hombros anchos de Gemini, arqueando su espalda y buscando fundirse en el pecho del más alto. Sus caderas intentaron seguir el movimiento de la mano de Gemini, pero Gemini mantuvo el control del ritmo, obligándolo a recibir el placer de forma pasiva, acumulando el calor en su vientre hasta que se volvió insoportable.

Gemini se separó apenas un poco, un hilo de saliva conectando aún sus bocas. Miró el rostro de Fourth en primer plano y disfrutó cada detalle: el ceño fruncido en una mueca de exquisito placer, el color rojo que se extendía por sus pómulos y la forma en que Fourth buscaba torpemente recuperar sus labios, completamente adicto al contacto.

Gemini aceleró el movimiento de su puño, Fourth se estremeció, sus muslos temblando a los lados de los muslos de Gemini.

Gemini sonrió con arrogancia, reforzó su agarre y le dio las últimas estocadas rápidas y firmes; se inclinó hacia Fourth y succionó su cuello.
Fourth soltó un jadeo entrecortado mientras su cuerpo se sacudía con su orgasmo. Sus dedos se clavaron con fuerza en la piel cubierta de Gemini mientras se corría entre los dedos del mayor, ensuciando la mano de Gemini y la tela de su remera en un desastre caliente.

La respiración de Fourth quedó suspendida por unos segundos antes de transformarse en una serie de jadeos pesados.

Gemini dejó escapar un suspiro, sintiendo el calor del cuerpo de Fourth derretirse por completo sobre el suyo. Con su mano libre, comenzó a trazar círculos perezosos en la espalda del abogado, disfrutando de los temblores residuales que aún sacudían su columna.

—Me ensuciaste, mi amor —murmuró Gemini, pero no había ni un ápice de queja en su voz mientras lamía su mano, saboreando el semen de Fourth.

Fourth tragó saliva, sintiendo todo su cuerpo caliente.

Las manos de Gemini bajaron hasta los bordes del pantalón de vestir.
—Vamos a quitarte esto —murmuró Gemini mientras sus dedos se deslizaban por la tela rígida— Ya cumplió su propósito de hacerte sufrir un rato, ángel.

Fourth no opuso resistencia; cooperó levantando sus caderas cuando Gemini tiró de la costosa tela hacia abajo, arrastrando consigo su ropa interior. Luego, Gemini volvió a acomodar a Fourth en su regazo.

—Jodidamente precioso —susurró Gemini.

Gemini llevó sus dedos a la boca de Fourth.
—Abre.

Fourth obedeció y se encargó de mojar los dedos de Gemini.

Gemini bajó esa mano hasta encontrar su entrada.

Fourth soltó un jadeo cuando sintió la presión del primer dedo deslizándose sin previo aviso dentro de él. La intromisión fue suave pero dolorosa, estirando las paredes que solo Gemini conocía a la perfección. El abogado apoyó su mejilla sobre el hombro de Gemini, aspirando de nuevo el aroma a perfume caro y peligro que emanaba de su piel.

—Gemini… —lloriqueó Fourth, contrayéndose instintivamente alrededor del dedo.

—Shh, relájate para mí, ángel —susurró Gemini, dejando un beso en su mejilla— Solo un poco más.

Fourth gimió suavemente.

—Estás tan jodidamente estrecho, ángel…

Fourth no pudo responder; abrazó la cintura de Gemini mientras su respiración se volvía pesada.

Gemini agregó otro dedo, empujando hacia dentro y hacia fuera, en un vaivén deliberado que obligaba a Fourth a registrar cada milímetro de la invasión.

—Mmm… Gemini…

—¿Te gusta así, mi amor? —preguntó Gemini en un murmullo perezoso, disfrutando de la forma en que la entrada de Fourth se contraía a su alrededor con cada movimiento.

Gemini flexionó sus dedos hacia arriba, buscando con precisión el punto exacto que hacía que el abogado viera estrellas.

Fourth lo miró. Sus pestañas estaban empapadas de lágrimas por la intensidad del estímulo, y sus mejillas seguían lindamente sonrojadas. Se veía tan jodidamente hermoso, que el pecho de Gemini dolió por la oleada de posesividad salvaje que lo golpeó.
Esa vista fue directamente al pene de Gemini, su erección se tensó, golpeando contra la tela de su ropa, comenzando a dolerle por la acumulación de su deseo reprimido. Ya no podía seguir jugando al espectador paciente; el control del que tanto alardeaba se desmoronó en un segundo ante el llanto dulce de su abogado.

—Mierda… me estás matando —susurró Gemini, su respiración volviéndose más pesada pesada.

Sin romper el ritmo interno de sus dedos, que seguían flexionándose contra ese punto sensible, Gemini llevó su mano libre rápidamente a su propio pantalón y cuando liberó su pene.

El contacto de su pene contra la nalga de Fourth hizo que el abogado se sacudiera ligeramente.

—También me duele, ángel… me duele de lo mucho que te deseo —confesó Gemini, besando las pestañas mojadas de Fourth.

Gemini retiró los dedos, dejando a Fourth con una repentina sensación de vacío que lo hizo quejarse. Pero el vacío no duró nada. Gemini acomodó la punta de su erección justo en la entrada del menor y se introdujo lentamente.

Fourth soltó un gimoteo mientras sentía el pene de Gemini abrirse paso sin pedir permiso. La invasión fue lenta, un calor abrasador que estiraba sus paredes y llenaba cada rincón de su anatomía con una presión que le quitó el aliento. Sus caderas se elevaron instintivamente en un intento de huir de la abrumadora sensación, pero las manos de Gemini, bajaron a sus glúteos y lo atrajeron hacia abajo, obligándolo a tragárselo por completo.

—Mierda, ángel… —Gemini gruñó, con las venas de su cuello marcándose por el esfuerzo de no perder el control de inmediato y simplemente embestir con brusquedad. Su pene latía con fuerza, atrapado en las paredes calientes de Fourth— Que delicia…

La mente de Fourth quedó en blanco por el dolor y placer. Abrió la boca, pero solo pudo dejar escapar un jadeo entrecortado, las lágrimas desbordándose finalmente por sus mejillas, completamente abrumado. Su agujero se contrajo, abrazando al intruso con una ferocidad que casi hace que Gemini se venga ahí mismo.

—Gemini… —se quejó Fourth mientras sus brazos dejaban de rodear la cintura de Gemini para subir sus manos a los omóplatos, arrañándolo por encima de su remera.

—Te adaptas perfecto a mí, mi amor. Siempre lo has hecho —murmuró Gemini, su voz volviéndose casi como un ronroneo.

Esperó un momento, dejando que Fourth asimilara su tamaño, mientras su pulgar limpiaba las lágrimas que corrían por las mejillas calientes del abogado.
Después de que Fourth asintiera suavemente dándole permiso, Gemini comenzó a mover sus caderas hacia arriba, iniciando un ritmo lento, enterrándose hasta el fondo antes de salir casi por completo, solo para volver a arremeter con más fuerza.

—¡Ngh… Gem! —Fourth soltó un gemido agudo, sacudiéndose en su regazo.

Cada embestida de Gemini impactaba directamente contra ese punto dulce que hacía perder juicio a ambos. El sonido obsceno de sus cuerpos chocando comenzó a llenar la sala, mezclándose con los gemidos de ambos.

La mente del abogado impecable estaba en las nubes mientras Gemini, lo subía y bajaba.
Gemini atrapó su boca en un beso lento; sus lenguas se encontraban con el mismo ritmo de las embestidas que daba.

El beso de Gemini era el único que Fourth tenía en medio de la tormenta de sensaciones que lo estaba consumiendo. Debajo de ellos, el ritmo empezó a acelerarse. Gemini ya no podía mantener esa lentitud; el calor inte”no de Fourth, apretándolo a su alrededor con cada embestida, lo estaba arrastrando al límite.
Sus grandes manos se clavaron en los glúteos de Fourth con fuerza, levantándolo para luego estrellarlo de vuelta contra su pene.

—¡Ah! ¡Gemini… nghn! —Fourth rompió el beso con un gemido.

Gemini apretó los dientes y aumentó el ritmo, las embestidas se volvieron rápidas y ruidosas, cada impacto haciendo que el cuerpo de Fourth se sacudiera en su regazo. Los quejidos del menor se transformaron en un llanto entrecortado de placer, incapaz de procesar la intensidad con la que Gemini lo estaba reclamando mientras sus uñas seguían arañando la tela de la remera de Gemini mientras su cuerpo entero se sacudía.

—Eres mío, ángel… dime de quién eres —gruñó Gemini, acelerando aún más el ritmo, arremetiendo contra ese punto sensible una y otra vez, haciéndolo saltar en su regazo.

—¡Tuyo… mmgh… soy tuyo, Phi Gem! —lloriqueó Fourth, balanceando sus caderas hacia abajo en un intento desesperado por recibir más de ese calor abrasador que lo llenaba.

Gemini cambió el ángulo mientras sus manos subían a los muslos de Fourth.

Fourth ya no podía articular palabras, solo emitía jadeos y gemidos completamente desvergonzados. Su pene, que volvió a ponerse dolorosamente erecto, goteaba el líquido preseminal por la estimulación que Gemini le propinaba. Sus paredes seguían apretándose, succionando el pene del mayor con fuerza.

Gemini dio unas embestidas finales tan profundas que Fourth sintió el impacto en su garganta. Con la última embestida, Gemini se tensó por completo, sus manos apretando los muslos de Fourth mientras se corría dentro de él en oleadas espesas y calientes, llenándolo hasta el borde.

Casi al mismo tiempo, el clímax golpeó a Fourth; un gemido ruidoso escapó de su garganta mientras se corría de nuevo, manchándolos a ambos.

Gemini dejó escapar un suspiro largo, echando su cabeza hacia el respaldo del sofá. Comenzó a deslizar sus manos por los muslos temblorosos de Fourth, subiendo hasta su espalda baja para mantenerlo bien pegado a él. Sentía los latidos acelerados del corazón de Fourth golpear directamente contra su propio pecho.

Gemini intentó mover a Fourth, con la clara intención de salir de su calidez y buscar algo con que limpiarlos, pero en cuanto Gemini hizo el ademán de deslizar sus caderas apenas un poco hacia atrás, el cuerpo de Fourth reaccionó de inmediato.
Las paredes internas del abogado se contrajeron en un espasmo involuntario, atrapando el pene de Gemini que aún se ablandaba dentro de él. Fourth apretó sus muslos alrededor de los muslos de Gemini con una fuerza sorprendente para el estado de debilidad en el que se encontraba y clavó sus uñas con más fuerza.

—No… —gimoteó Fourth, restregando su mejilla contra la de Gemini— No te muevas. Quédate así… un rato más.

Gemini se rió y se rindió de inmediato ante el capricho del menor. Sus grandes manos regresaron a los glúteos desnudos de Fourth, dándoles un apretón para luego acomodarlo mejor.

—¿Qué crees que pensaría tu novio si te viera ahora mismo? —se burló Gemini en un susurro— Como el chico aterradoramente impecable del bufete se convierte en una cosita tan malcriada y dependiente cuando está conmigo.

—Gemini…

—Es ridículo, ¿sabes? —continuó Gemini, ignorando su protesta— Eres el hombre más honesto del país ante las cámaras… una carrera impecable, sin una sola mancha, el orgullo de tu bufete… y mírate ahora, en mi regazo, lloriqueando para que no me salga de ti mientras tu novio probablemente sigue despierto, mirando el techo, creyendo que su inocente novio está descansando y que por eso no le contestó. Eres un pecador profesional, ángel.

—No lo digas así… —susurró, su voz que no tenía ninguna fuerza real, sus mejillas y sus orejas ardían tanto que sentía que podía quemarse.

—¿Y cómo quieres que lo diga, mi amor? ¿quieres que use términos legales? Podríamos llamarlo adulterio o… tal vez una adicción severa; porque eso es lo que es, ángel. Odias mi apellido, odias las armas, odias el dinero sucio de mi familia… pero tienes una obsesión tan enferma que prefieres ser un hipócrita antes que vivir sin mí.

Fourth frunció su ceño. Le quemaba la verdad de cada una de sus palabras porque Gemini estaba desnudando su mayor contradicción. Intentaba con todas sus fuerzas construir una vida normal. Se esforzó por mantener una reputación intachable para alejarse del peligro que Gemini representaba; quería un novio normal, una cena normal, un futuro predecible y limpio. Pero todo eso se desmoronaba en el segundo exacto en que Gemini lo miraba con esa maldita sonrisa. Era un círculo vicioso y patético: intentaba huir de él buscando a otros, pero terminaba usándolos como simples analgésicos que no lograban calmarle el dolor que le causaba la ausencia de Gemini.

—No estoy obsesionado contigo… —protestó Fourth, aunque el espasmo involuntario de sus paredes internas traicionó sus palabras, apretando a Gemini con fuerza, provocando que éste soltara un suave siseo.

Fourth enterró su rostro en el hueco del cuello de Gemini, soltando un bufido de molestia. Si no quería pensar en su rígido bufete, ni en el caso que había ganado esa tarde, muchísimo menos querría pensar en el novio al que le estaba siendo infiel.

—Deja de burlarte de mí, abrázame y deja de manosearme.

—Que mandón te pones cuando estás cansado, ángel —murmuró Gemini, obedeciendo la orden de inmediato.

Gemini subió sus manos por la espalda del abogado, rodeándolo.

Fourth soltó otro bufido frustrado contra la piel del cuello de Gemini, moviendo la cabeza con fastidio al sentir la presión estática de los brazos del mayor. Estar simplemente sostenido contra su pecho no era lo que su cuerpo, todavía sensible, estaba exigiendo.

—No te pedí que me apretaras —se quejó Fourth, su voz saliendo como un quejido, restregando su nariz contra el cuello de Gemini— Acaríciame, P’Gemini…

Gemini se rió, negando con su cabeza.

Gemini aflojó el agarre aprisionador de sus brazos y comenzó a deslizar, suavemente, sus grandes y cálidas palmas por la espalda de Fourth para luego llegar a su cintura y comenzar a ascender delineando su piel, llegando a sus pectorales, Gemini cerró sus manos y los apretó sin contemplaciones.

—Gemini —Fourth se quejó de nuevo.

—No pude evitarlo —murmuró Gemini, disfrutando del sutil espasmo que le provocó el menor.

Para calmar el berrinche de su abogado, Gemini cambió de postura en el sofá. Se recostó un poco más contra el respaldo, acomodando el peso de Fourth para que quedara cómodamente sobre él. Dejó que su mano derecha se deslizara hacia atrás de nuevo y comenzó a subir y bajar suavemente por la espalda de Fourth. Al mismo tiempo, su mano izquierda ascendió hasta llegar a su cabello, hundiéndose en las hebras oscuras y despeinadas, acariciando el cuero cabelludo con cariño.

—Estás demasiado consentido, ¿lo sabes? Vienes a mi departamento, me usas para correrte, me dejas la ropa hecha un desastre y ahora me dictas órdenes como si estuvieras en tu tribunal —se queja Gemini.

Fourth bufó, acomodándose mejor para mirarlo, apoyando su mejilla derecha en su hombro.

—¿Yo, consentido? Mira quién lo dice… —murmuró Fourth con un tono de reproche— Tú eres el que nació en una cuna de oro, el hombre que nunca en su vida ha escuchado un «no» de nadie. Siempre obtienes todo lo que quieres con solo tronar los dedos, nunca te faltó absolutamente nada. Además, si yo soy consentido… es únicamente tu culpa.

—¿Mi culpa, ángel? —se burló Gemini, ladeando la cabeza para besar la mejilla, ligeramente húmeda y caliente, de Fourth— Que fácil es culpar a los demás para ti.

—Es la verdad —insistió Fourth— Desde la secundaria… cada vez que abría la boca para pedir algo, por más ridículo o difícil que fuera, tú ibas y lo conseguías. Me acostumbraste a recibir atención inmediata… así que no te quejes ahora de que te «dicto órdenes».

—Mmm, tienes un punto —admitió Gemini, sin un ápice de arrepentimiento mientras su burla desaparecía.

Los ojos de Gemini, habitualmente juguetones, adquirieron un brillo diferente mientras la calidez de su aliento rozaba los labios aún hinchados del menor.

Fourth parpadeó, el rastro de pereza post—orgásmica disipándose un poco ante el cambio repentino de Gemini.

—Y por eso, esta es la última vez que juegas a la casita con un bastardo para intentar convencerte de que puedes ser normal —murmuró Gemini, su voz sonaba suave pero erizó los vellos del abogado— …Te permití jugar a la vida perfecta, mirando desde la esquina, divirtiéndome al ver cómo volvías corriendo a mí sin que yo moviera un solo dedo; me reía porque sabía perfectamente que ninguno de esos idiotas tenía la capacidad de sostenerte el ritmo, pero ya me aburrí del juego.

La mano de Gemini, que anteriormente acariciaba el cabello de Fourth, bajó y acarició su mejilla antes de bajar a su cintura.

—Mañana vas a terminar con ese tipo. Si intentas buscar un cuarto bastardo para convencerte de que puedes vivir sin mí… no voy a quedarme esperando en la esquina a que te canses —sentenció Gemini, sus ojos fijos en las pupilas dilatadas de Fourth.

Fourth tragó saliva, sintiendo un escalofrío. Conocía perfectamente el peso de las palabras de Gemini.

—¿Qué estás diciendo…? —Fourth se incorporó para mirarlo de frente.

—Estoy diciendo que el próximo candidato no va a tener la oportunidad de aburrirte —respondió Gemini con una sonrisa casi angelical— Simplemente… va a desaparecer del mapa, ángel; un traslado repentino al otro lado del mundo. Sabes que no me gusta compartir y quiero verte intentar decirme que «no».

El cuerpo de Fourth experimentó una descarga eléctrica. La mezcla de la amenaza posesiva y la cruda realidad de verse dominado de esa manera operó una metamorfosis instantánea en su interior. La culpa, el bufete, la moralidad… todo se disolvió en una nueva oleada de calor que golpeó a su vientre.

Sin que pudiera controlarlo, las paredes internas de Fourth volvieron a contraerse, esta vez no en un espasmo involuntario, sino en una succión deliberada y hambrienta que atrapó el pene de Gemini.

Gemini soltó un gruñido, sus ojos oscuros abriéndose de golpe al sentir cómo el interior del menor se volvía a calentar, apretándolo con una fuerza renovada.

—Mierda, Fourth… —jadeó Gemini.

Fourth ni siquiera se había dado cuenta de lo que su propio cuerpo estaba haciendo hasta que sintió el líquido preseminal goteando de nuevo; su pene, que hacía unos minutos descansaba flojo, volvía a estirarse, ganando rigidez con una velocidad alarmante por el simple estímulo de las palabras de Gemini.

—Parece que mi pequeña amenaza te puso más hormonal de lo normal —se burló Gemini, aunque su propia respiración se volvió a cortar cuando sintió que su miembro, todavía sepultado en el calor del menor, respondía al desafío, expandiéndose con fuerza dentro de él.

—Ugh… no es… ya deja de usar la palabra hormonal.

Fourth apoyó las manos en los hombros de Gemini y se movió hacia adelante y un gemido desvergonzado escapó de sus labios mientras su espalda se arqueaba ligeramente.

—Vaya… mi abogado justiciero quiere otra ronda —murmuró Gemini con una sonrisa mientras empujaba a Fourth para que se acostara en él sofá— No te preocupes, mi amor, tengo mucho lubricante para ti y tenemos toda la noche para jugar.

Fourth miró a Gemini directamente a los ojos. Ahí, en esa mirada cargada de una posesividad descarada y un peligro latente, Fourth vio su propia sentencia. No había salida. No importaba cuántos títulos colgara en la pared de su bufete, cuántos casos ganara, ni cuántos intentos patéticos hiciera por encajar en la sociedad. Al final del día, su brújula moral siempre terminaba apuntando hacia el mismo hombre corrupto y peligroso que lo sostenía.

La realidad le golpeó con la fuerza de un veredicto inapelable: estaba atrapado, encadenado por su propia voluntad, y lo peor de todo, era que ya no quería escapar.

—Espero que no tengas ninguna reunión importante por la mañana, porque dudo mucho que puedas caminar derecho siquiera hasta tu auto —habló Gemini de nuevo con un murmullo perezoso antes de dejar un suave beso sobre los labios de su abogado.