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Cosecha de invierno

Summary:

La paternidad es un proceso complejo; la familia es demasiado extraña, la vida es muy complicada. Pero al final, todos buscan ser felices.

Notes:

Advertencias: Grooming, embarazo adolescente, mpreg

Aclaración: Si bien se nombran lugares reales, el país donde se desarrollan los hechos es ficticio.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Dracule Mihawk

Chapter Text

La vida nunca había sido particularmente sencilla para Mihawk. Su madre y él habían emigrado de Rumania en busca de una mejor oportunidad de vida, pero al final eso no pareció tener buenos resultados. Ella le dejó en un albergue para menores con la promesa de regresar en cuanto tuviera un empleo y un lugar en el que vivir. Esto, por supuesto, nunca sucedió.

 

Crecer junto a otros huérfanos era incómodo. Le disgustaba demasiado el ruido y el desorden de aquel centro de acogida. Lo detestaba en realidad. La comida tampoco le agradaba y había perdido la posibilidad de hacer cosas que de verdad fuesen de su interés. Aun podía asistir a la escuela y eso ocupaba su mente, pero le aturdía la idea de no poder hacer más que eso.

 

Fue en un invierno, a sus quince años, que decidió que no tenía la paciencia necesaria como para soportar el asqueroso olor a sopa grasienta del centro de acogida o el escándalo molesto por las festividades, así que optó por salir a caminar hasta acabar en el cementerio local. Era un lugar pacífico, silencioso y con muy pocas personas ya fuese por el clima frío o porque la gente prefería estar celebrando la Navidad con sus seres queridos.

 

No tenía nada en contra de la Navidad, pero no es como que pudiera disfrutarla mucho en momentos como ese. Suspiró con pesadez, siendo capaz de ver su aliento mientras el único sonido que le acompañaba era el de un señor paleando algo de nieve.

 

Tomó asiento en una de las tumbas que ya estaban libres de nieve. Hacía frío y estaba húmedo, pero no le molestaba lo suficiente. Sacó el libro que sacó prestado de la biblioteca y se dedicó a leer, apoyado cómodamente en la lápida. Era un poco difícil pasar las páginas debido a los guantes, pero seguía siendo mejor que tener sus dedos entumecidos.

 

—Ese es un gran autor —una voz interrumpió su lectura. No levantó la mirada al inicio, pensando que si lo ignoraba seguro la persona le dejaría en paz, aunque no fue tan simple—¿Cuál de sus historias estás leyendo?

—El color que cayó del cielo —respondió directamente.

 —Esa es muy buena.

 

Mihawk odiaba que la gente le hiciera charlas cortas, no les veía sentido. Sin embargo, ese sujeto le preguntaba directamente sobre el libro y parecía saber sobre Lovecraft, así que eso llamó su atención lo suficiente como para levantar la mirada.

 

Debía admitir que lo más llamativo de ese hombre no fue su cabello morado o su piel pálida, sino su forma de vestir. Su estilo gótico genuinamente le había deslumbrado y le había hecho sentir un poco de envidia. Cómo le encantaría poder vestirse con un estilo propio y no con lo mínimamente decente que encontraba en las cajas de donaciones.

 

—Es raro ver a alguien leyendo en el cementerio en víspera de Navidad —comentó con un tono más burlón.

—Aquí está silencioso —aclaró con simpleza.

—También hace mucho frío.

—No me molesta realmente.

—Eres un chico peculiar ¿Cuál es tu nombre?

—Mihawk ¿El tuyo?

—Moria.

 

No estaba del todo seguro por qué permitió que la conversación avanzara. Quizás porque Moria era bastante directo, no daba rodeos innecesarios y sabía de temas que le interesaban. Hablaron un rato sobre Lovecraft, sobre otros autores y le recomendó un par de libros que podría conseguir en la biblioteca. También platicaron un poco sobre gustos musicales, ropa y cine. Ese hombre le había intrigado.

 

Mucho tiempo después se preguntaría si fue o no una buena idea dejar que Gecko Moria entrara en su vida.

 

El cementerio era su lugar de encuentro. No siempre tenía la certeza de si se verían, pero considerando que Mihawk no tenía forma de comunicarse, solo le quedaba esperar. Y debía admitir que, pasado un tiempo, comenzaba a anhelar bastante esos encuentros.

 

Y es que resultaba curioso compartir tanto en común con Moria. Él también venía de la región de Rumania así que podían hablar en rumano en sus encuentros, lo que le hacía sentir más cómodo y permitía que se abriera un poco más al conversar. Moria era un hombre interesante a su parecer, con gustos y conocimientos que llegaba a encontrar fascinantes.   

 

Su peculiar amistad trascendió el cambio de estaciones e incluso el que Mihawk hubiese regresado a la escuela. A veces estudiaba en el cementerio o completaba sus tareas allí mientras esperaba al mayor, aunque era un poco complejo que se encontraran con tanta frecuencia ya que Moria estudiaba medicina en la universidad de West Line y, naturalmente, sus estudios lo ocupaban bastante.

 

Era impresionante, aunque Moria no parecía tener mucho interés en las personas vivas. Ya le había dicho que deseaba especializarse en medicina forense. El hecho de frecuentar tanto un cementerio ya le daba la idea de que los muertos le resultaban un poco más interesantes. Y, bueno, había aprendido que su familia era dueña de la funeraria local y conocía muy bien a Hogback, el embalsamador y administrador.

 

—Te traje un regalo de cumpleaños —Moria se anunció al llegar a su encuentro de esa tarde, entregándole una caja.

—Mi cumpleaños fue hace dos semanas —Mihawk le miró un poco extrañado, recibiendo el obsequio.

—Sí, pero apenas me lo dijiste ayer.

—No considero que sea una fecha relevante.

 

El muchacho terminó de abrir la caja y se encontró con dos objetos: un libro y un celular. Era bastante moderno y eso le sorprendió bastante ¿No eran muy costosos?

 

—No puedo aceptar esto, tal vez el libro sí, pero esto no.

—¿Por qué no? Así podemos hablarnos, aunque yo no pueda venir.

—Es muy costoso, no puedo pagarlo.

—Es un regalo, no tienes que pagar nada —sonrió un poco divertido—¿No te gustaría que habláramos más seguido? La universidad no me deja mucho tiempo para venir por aquí y me gusta saber de ti.

 

Mihawk seguía algo sorprendido y podría jurar que sus pálidas mejillas se ruborizaron un poco. Pasó su atención al celular y luego al libro cuya portada decía El arte más íntimo. Moria se lo había recomendado previamente, pero para su desgracia, no lo tenían en la biblioteca pública y la trama del asesino inspirado en Dennis Nilsen le había intrigado bastante cuando se lo mencionó.

 

—No sé qué decir.

—¿Tal vez gracias? Shishishi.

 

Una pequeña sonrisa se formó en los labios del adolescente. Suponía que sí, sería útil tener un teléfono.

 

—Y no te preocupes por la línea y eso; yo me ocupo.

—Conseguí trabajo de tiempo parcial en la biblioteca, puedo pagar eso yo mismo —se encogió de hombros—. Gracias, Moria.

 

Moria no se detuvo con el asunto de los obsequios. Incluso un día fueron juntos al centro comercial y lo llevó a una tienda de artículos góticos donde le dejó escoger lo que quisiera y Mihawk no pudo resistirse a unas botas bastante bonitas. También le llevaba a comer y hablaban de libros o de sus estudios en general.

 

En una de sus salidas, Mihawk apareció con algunos moretones en la piel y hasta algo más sucio, cosa que llamó la atención de Gecko.

 

—¿Qué te pasó? —le sostuvo el rostro por el mentón para detallar mejor su pómulo hinchado, aunque el chico apartó el rostro.

—Nada, solo un par de problemas con chicos del albergue, pero ya los solucioné.

—¿Te peleaste?

—Yo no lo llamaría una pelea —frunció ligeramente las cejas, aún manteniendo la mirada desviada.

—Sabes que puedes contarme estas cosas, por algo somos amigos.

 

Dracule apretó los labios, como si dudara un momento en decir algo. Al final suspiró y accedió a hablar mientras Moria le limpiaba las heridas, por suerte, siempre cargaba con un kit médico encima.

 

—Procuro mantener mis cosas bajo llave porque sé que hay quienes tienden a robarse las pertenencias de otros. Descubrí a alguien tratando de robar mis libros, así que le di una golpiza.

—¡Shishishi! No sabía que fueras tan violento —no pudo evitar reírse muy divertido.

—No me gusta que tomen mis cosas. Además, funciona como una advertencia también.

—De verdad que eres un chico interesante, pero tienes toda la razón. Es bueno que marques tus límites —apoyó sus manos en los hombros del más joven, apretándolos suavemente—. Imagino que los adultos del albergue tampoco resultan muy confiables.

—No. De hecho, considero que son bastante inútiles para solucionar problemas, así que lo hago yo mismo.

—Haces bien, los adultos en lugares así tienden a serlo.

 

En momentos como ese, Mihawk se sentía bastante comprendido y escuchado, era agradable que alguien no lo sermoneara por su actuar, incluso elevaba su ego al saber que tenía la razón en cierta medida.

 

Moria siempre halagaba su inteligencia y su forma de resolver las cosas. Cuando le veía estudiar, solía mencionar lo hábil que era y que seguro tenía un gran futuro por delante para estudiar lo que quisiera. Claro que Mihawk dudaba mucho de lo que quería hacer para el futuro o si valía la pena siquiera pensar en ello. Ciertamente ahora tenía un trabajo de medio tiempo en la biblioteca que le ayudaba a ahorrar, pero no estaba seguro de qué tanto le sería útil.

 

En dos años cumpliría dieciocho y el albergue ya no sería un lugar en el que pudiera quedarse.

 

Conversar con Moria por las noches era una de las ventajas de tener un celular. A veces, cuando ya todos estaban dormidos en el albergue, su teléfono vibraba alertándole de un mensaje, al que respondía con una pequeña sonrisa. Se sentía bien, se sentía cómodo y podían seguir hablando en rumano, como si fuese algo único de los dos en lo que nadie podría intervenir.

 

Y así avanzaron los meses. La presencia de Moria en su vida le ayudó a sentirse menos miserable de lo que realmente se sentía, por un momento en su vida ya no necesitaba estar constantemente a la defensiva, sino que podía relajarse y ser él mismo. Sentía que podía dejar los muros abajo y quizás eso hacía más sencillo que Moria pudiese leerle, especialmente cuando algo lo abatía.

 

—¿Qué te tiene tan preocupado? —preguntó mientras pasaban un rato en el cementerio. Seguía siendo un lugar cómodo para los dos así que seguían viéndose allí para conversar.

—No estoy preocupado —negó—, solo pienso.

—¿Y en qué piensas con tanta intensidad?

—Cuando cumpla dieciocho tendré que dejar el albergue. He estado buscando lugares donde quedarme, pero las rentas son muy costosas y solo podría costearlo con un trabajo de tiempo completo, pero para ello tendría que dejar de estudiar.

 

El mayor levantó un poco sus cejas ante su respuesta. Tenía sentido que fuese algo complejo lo que ahogaba internamente al chico. Mihawk solía ser de pocas palabras u oraciones cortas, a menos que fuese algo que le apasionara y se sintiera en confianza. Así que ese tema de verdad debía estar haciendo un agujero en su cabeza para que lo soltara casi como vómito verbal.

 

—¿Y quieres seguir estudiando? —preguntó finalmente.

—Sí, al menos terminar la preparatoria —asintió.

—¿Y quieres ir a la universidad?

—No podría costear eso, aunque quisiera seguir practicando cocina, podría trabajar en un restaurante.

—¿Sigues cocinando en el albergue? Pensé que odiabas los ingredientes y todo en general allí —dijo divertido.

—Lo hago, pero al menos puedo practicar y si ayudo con algo, entonces no me molestan respecto a dónde voy además de la escuela y el trabajo en la biblioteca.

—Sin dudas eres un chico brillante.

 

Hubo un pequeño silencio en el que Moria pareció pensar algo mientras le acomodaba uno de sus mechones negros, cosa que hizo ruborizar ligeramente al muchacho, aunque no apartó su dorada mirada del mayor.

 

—¿Y si te vas a vivir conmigo? No tendrías que pagar nada y mi casa es muy espaciosa —propuso finalmente.

—¿Qué? No, no puedo hacer eso.

—¿Por qué no? No es como que pase mucho tiempo en casa por la residencia, prácticamente vivo en el hospital, necesito que alguien se coma mi comida shishishi.

 

Dracule no podía dejar de mirarle con notoria sorpresa, sus ojos más abiertos de lo usual y sus finas cejas levantadas. No tenía idea de qué decir. Sonaba muy práctico en realidad. De verdad que Moria había aparecido en su vida para facilitarle todo de algún modo y se sentía agradecido por ello.

 

—¿Quieres que te dé tiempo para pensarlo?

—Acepto.

 —Oh —Moria sonrió ante la determinación en los ojos del chico. Llevó su mano a su rostro, acariciando su mejilla con sus dedos—. Tampoco tienes que esperar a cumplir dieciocho si no quieres…

—Gracias, Moria.

—No tienes que agradecer nada, me gusta hacer cosas por ti.

 

Hubo otro silencio en el que ambos se miraron fijamente. De un momento a otro, la distancia fue haciéndose menos hasta que finalmente desapareció en ambos, juntando sus labios en un beso.

 

Mudarse a vivir con Moria en realidad no fue tan complicado. Poco a poco fue moviendo sus cosas a su casa, la cual sí que era grande y tenía un estilo y decoración muy dignos de él. Los padres de Moria habían fallecido en un accidente algunos años atrás y sus bienes (dinero, la casa, un auto y la funeraria) pasaron a ser administrados por un abogado hasta que él cumplió la mayoría de edad.

 

De la casa se ocupaba Victoria Cindry, una joven sirvienta de bonito cabello rubio que no hablaba mucho. Sin embargo, eventualmente se mostró muy agradable con Mihawk y no dudó en enseñarle lo que sabía de cocina y apoyarlo en su aprendizaje. Le gustaba beber té con ella cuando Moria no estaba, además que le enseñó a cuidar del jardín y esa fue otra tarea que descubrió le interesaba mucho. Con ella pasaba mucho tiempo cuando no estaba en la escuela y al ya no estar trabajando en la biblioteca, pues Moria le sugirió que se enfocara plenamente en sus estudios. Igual el mayor siempre le escribía desde el hospital para saber cómo estaba o qué hacía, lo cual le parecía encantador.

 

También conoció a Absalom, un amigo de Gecko. Le pareció alguien desagradable desde el inicio por lo que lo ignoraba por completo cada que iba de visita, lo que afortunadamente no era tan frecuente. También iba Hogback, el embalsamador y administrador de la funeraria, a hablar de cómo iba todo. Tampoco le agradaba.

 

Adaptarse a vivir juntos en general fue muy sencillo, especialmente con su relación evolucionando de un modo que tal vez debió ver venir. Claro que Moria le gustaba y era sorprendente dado su desapego al contacto humano en general, quizás producto del abandono y su dificultad para relacionarse con otros. Todo lo que podía pensar era que Gecko era diferente a cualquier persona que hubiese conocido.

 

Viviendo juntos era más sencillo que le comprara ropa, accesorios, más libros, incluido un par de cocina para que siguiera mejorando. Mihawk no dejaba de sentir que le debía demasiado y no tenía ni idea de cómo retribuirlo más allá de ayudar a Cindry con el quehacer de la casa. Quizás por eso no pudo rechazar la idea del sexo cuando la oportunidad se dio.

 

Y no es que no le gustase, probablemente estar enamorado lo hacía parecer algo natural de una pareja que estaba bastante más cimentada, pero no quitaba que a veces se cuestionara qué tanto disfrutó las primeras veces. Como fuese, no creía correcto quejarse de nada al respecto. Sí, era directo para decir las cosas, pero una parte de él se bloqueaba de algún modo con ese tema.

 

Probablemente el detonante de ello fue una vez en la que no mostró demasiado interés en continuar, no tenía ganas, pero Moria simplemente suspiró y se apartó con notorio desánimo, diciendo que estaba agotado del tiempo en el hospital y que solo quería pasar tiempo con la persona que amaba en casa. Eso definitivamente hizo sentir a Mihawk como un ingrato, después de todo lo que Moria hacía por él.

 

No le prestó más atención al asunto y no volvió a rechazarlo en cuanto a intimidad. Esta era su oportunidad de ser feliz, ya no tendría que preocuparse de nada más o eso quería creer.

 

—Estoy muy alegre por usted, joven Mihawk —le comentó Cindry mientras tomaban algo de té. El azabache miraba por la ventana de la sala como el cielo estaba algo nublado, un claro indicio del avance del otoño—. Pronto culminará sus estudios.

—Sí, creo que es un alivio por fin dejar la escuela —se llevó una de las galletas que habían hecho a la boca sin apartar la mirada de la ventana—, solo debo resistir un mes más.

—¿Piensa seguir estudiando cuando termine?

—No puedo costear una universidad y no puedo permitir que Moria siga gastando en mí. Buscaré un empleo.

 

Cindry guardó silencio. Apretó sus labios y le dirigió una mirada que Mihawk notó por el cristal de la ventana. No le gustó, le provocó algo de revoltura en el estómago.

 

—¿Sucede algo? —preguntó, girando su rostro para mirarla.

—Solo me parece curioso todavía que alguien tan joven salga con el amo Moria —explicó, siendo muy cuidadosa con sus palabras.

 

Mihawk nunca era grosero con ella, incluso le gustaba convivir con él, pero eso no quitaba su genuina preocupación ante el hecho de que, bueno, él seguía siendo menor de edad y Moria tenía veinticuatro años. El chico la observó fijamente unos segundos antes de desviar la mirada a su taza de té.

 

—Moria ha sido el único que no me ha tratado como a un niño inútil. Si no fuera por él… —respondió casi en automático, desviando la mirada—. Además, cumpliré dieciocho en marzo…

—No dudo que el amo Moria sea generoso con usted —se apresuró a decir—. Me disculpo, no fue mi intención ser entrometida.

—No lo eres, me agrada mucho hablar contigo, me siento menos…

 

Solo

 

Esa palabra resonó en su cabeza de un modo sumamente incómodo. Siempre se había refugiado mucho en la soledad desde que su madre se fue. No, incluso antes de eso, porque él nunca encajó demasiado bien con las personas y en un país nuevo fue mucho peor.

 

Con Moria eso pasó a segundo plano y ahora con Cindry igual. Ella también era rumana, así que podía seguir hablando su idioma a gusto. Se sentía cómodo, pero esa comodidad le hacía sentir extraño. No sabía cómo describirlo. Se preguntaba si la ausencia constante de Moria en casa tenía algo que ver o si era algo distinto.

 

—¿Tú no quieres hacer algo más? ¿No quieres dedicarte a otra cosa? —decidió desviar el enfoque. La rubia miró su taza con una sonrisa nostálgica.

—Antes quería ser actriz. Lo fui un tiempo, en Rumania, pero las cosas se tornaron difíciles y tuve que mudarme —bebió un sorbo de té, cerrando sus ojos un instante mientras ahondaba en sus recuerdos—. Pensé que en Mary Geoise todo sería más sencillo, pero no conseguía papeles y, bueno, me fui de la capital.

—Lamento eso, aunque entiendo bien lo que es tener que dejar tu país por mejores oportunidades que no llegan.

—Sí, es complicado.

—¿Cómo conociste a Moria?

—Trabajaba en un bar local como camarera hasta hace un par de años. Conocí al…al señor Hogback y él me recomendó ya que iba mucho. Odio lavar platos, pero gano mejor aquí.

—Ese hombre es desagradable —dijo sin filtro alguno. Cindry rio.

—La ama de llaves anterior falleció por la edad. Según me dijeron crió al padre del amo Moria y al propio amo Moria, debía ser una señora muy mayor. Así es como llegué aquí.

—¿No has pensado en retomar tu carrera? Podrías empezar en un teatro local.

—No se preocupe por mí, joven Mihawk —le dijo con suavidad—¿Por qué no piensa en lo que usted desea hacer? Puede aspirar a mucho más, es un joven brillante y habilidoso, podría convertirse en un gran chef.

—No lo sé, esos estudios son muy costosos.

—Puede empezar con algo pequeño. No deje de aspirar en grande solo porque se siente en deuda con alguien más. Si el amo Moria le ama, seguro le apoyará lo que sea que decida.

 

Su estómago siguió dando vueltas al punto de que tuvo que dejar la taza a un lado para levantarse y correr al baño.

 

—¿Joven Mihawk? —Cindry le vio salir notoriamente preocupada.

 

Dracule solo pensaba que necesitaba vomitar.

 

Cindry había insistido en que fuera al hospital luego de un par de días en que no mejoraba, aunque decidió ir a uno diferente al que Moria hacía su residencia. No quería importunarlo solo para decir que tenía una infección. Por alguna razón pensar en hacerlo le causaba más dolor de estómago.

 

Le hicieron algunas pruebas y le sacaron sangre. Mientras esperaba los resultados, miraba su celular sin hacer nada con él. Y es que no le servía de mucho: no tenía redes sociales y sus únicos contactos eran Moria y Cindry. Resopló un poco hasta que la doctora le llamó nuevamente.

 

Era una mujer mayor aparentemente desequilibrada, aunque bastante directa y eso ya lo compensaba para él. Ella le dedicó una mirada que no supo interpretar a través de sus lentes ovalados, aunque su amplia sonrisa no se borraba, parecía burlona.

 

—Supongo que no tengo que explicarte mucho. Tienes diecisiete años y asistes a la escuela. Si hacen bien su trabajo, seguro ves biología —dijo la mujer, recostándose en su silla—: Tienes seis semanas de embarazo.

 

Mihawk había mantenido una expresión imperturbable en todo momento, sin embargo, en esos momentos fue inevitable que sus dorados ojos desorbitados expresaran pánico. Ciertamente no necesitaba mayor explicación, sabía lo que el sexo sin protección podía provocar y, de las pocas cosas que sabía con su historial médico, era que podía concebir ¿Qué pensó que pasaría si no se cuidaba? Nada, no pensó nada los últimos meses desde que el sexo comenzó, porque simplemente lo olvidó por completo.

 

Se sintió asfixiado y supo en ese instante que su vida jamás volvería a ser suya.

Continuará…