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Español
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2026-06-15
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Emma

Summary:

Pablo y Lionel se encuentran en la difícil tarea de criar a una adolescente futbolista y no cometer demasiados errores en el intento.

Notes:

Sí, su hija y ellos son de Boca. Esto es una dictadura.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Pablo conocía muy bien sus debilidades. 

 

No podía escuchar a su hija llorar. 

 

Habiendo pasado 16 años, ser padre seguía siendo uno de esas cosas que no terminaba de descifrar.

 

Empezó con el sonido de un leve quejido viniendo del cuarto de su hija. Hubiera sido imperceptible si no fuera por el profundo silencio en el que se encontraba el resto de la casa. 

 

Su primer impulso fue acercarse a la puerta, atraído como un imán por su instinto paterno. 

Con miedo de irrumpir, alzó su mano y golpeó suavemente la puerta.

 

—Emi, amor ¿está todo bien? —su voz tembló inconscientemente.

 

Escuchó el sonido de una nariz sorbiendo, movimiento en la cama y una tos carrasposa. 

No estaba preparado para la carita de su hija con los ojos rojos y los cachetes inflamados, húmedos de lágrimas. 

 

Pablo amaba tanto a su hija, pero le costaba cuando se trataba de sentimientos.

 

—¿Qué pasa chiquita? ¿querés hablar? 

 

—No papi, no pasa nada. —La chica restregó sus ojos con más fuerza de la que debería—. Es… 

 

Pablo miraba expectante, pero no quería presionarla. 

 

Emma abrió la boca un par de veces, las palabras no podían salir. Después de dejar caer una lágrima, inspiró pesadamente para hablar. 

 

—Siento… —su voz se quebró—. Que a nadie le interesa lo que hago, ni siquiera a ustedes. A vos y papá digo.

 

—Pero amor, ¿a qué te referís? ¿al futbol? Si a papá y a mí nos encanta verte jugar.

 

—Sí, les gusta verme jugar a mi, pero no les importa realmente lo que hago —hizo énfasis en eso último—. No conocen a mis compañeras, ni a las rivales, ni la liga, ni nada, solamente saben lo que yo les digo. Si no jugara, quizá ni sabrían que hay un equipo femenino.

 

Pablo se sintió atrapado en una conversación que no sabía cómo tener. Su primer sentimiento era de culpa. No sabía ni cómo empezar a consolar a su hija cuando en su interior sabía que había algo de verdad en sus palabras.

 

Emma volvió a sonarse la nariz.

 

—Cuando alguien me dice que soy muy buena, que juego como vos, se siente incluso peor —Vuelve a toser en su codo—. Porque me imagino que quizá, si hubiera nacido hombre, ya estaría jugando en primera de manera profesional. —La joven tomó su almohada y se abrazó a ella—. Ya se… ya se que se supone que el dinero o fama no importan, o que al menos no deberían serlo todo, y te escuche quejarte mil veces sobre la exposición mediática y la gente metiéndose en tu vida, pero… se siente injusto que sea tan diferente. Pensar en que no puedo decidir ser perfil bajo porque no existe ser perfil alto en primer lugar, ¿se entiende?

 

Lágrimas seguían cayendo de esos ojos color café que para el cordobés eran los más bellos que había visto en su vida. 

 

Llevó su mano a la cara de su hija para intentar limpiar algunas lágrimas con el pulgar. Necesitaba encontrar las palabras correctas, aliviar algo del dolor. 

 

Sobretodo necesitaba discutir esto con Lionel. 

 

—Princesa —tomó una pausa—. No sé ni qué decir. Me siento un inútil.  —Escuchó a su hija soltar un intento de risa—. Lamento tanto sentir que tenes razón y aún más saber que no puedo cambiar todo lo que pasa. Me gustaría hablarlo con papá también, ver cómo podemos hacer para que al menos sientas lo mucho que nos importa a nosotros. Te amamos tanto y estamos tan orgullosos… —El riocuartense siente que va a quebrarse él también.

 

—Está bien papi, ya lo sé, mi enojo no creo que sea realmente con ustedes. —Vuelve a sorberse la nariz—. No estoy segura de querer hablar ahora. Prefiero ir a bañarme y descansar un poco. 

 

Pablo hizo una mueca, pero decidió respetar los deseos de su hija. Se paró y le dio un beso en la cabeza, tratando de comunicar mucho más de lo que las palabras pueden decir.

 

—Te amo —dijo antes de salir por la puerta, cerrándola detrás de él. 

 

Lionel llegó a la casa un rato después, cargaba con dos bolsas de supermercado y una sonrisa enorme.

Lo recibió la imagen de su esposo sentado, pensativo, tomando de su mate con la mirada perdida. 

 

—¿Todo bien? —Se acercó, atenuando un poco su expresión.

 

—Si, creo. —Pablo le devolvió el beso, pero no cambió su semblante—. ¿Me acompañas al patio un segundo? Necesito hablar algo.

 

El mayor lo miró consternado. Asumiendo que le pedía salir para evitar que escuchara la adolescente desde su habitación. Lionel se encontró haciendo una lista mental de todas las posibles cagadas que podría haberse llegado a mandar.

 

—Estoy un poco preocupado por Emma.

 

Lionel procedió a escuchar atentamente la recreación de la charla entre su marido y su hija. 

 

—¿Qué podemos hacer? Cambiar el mundo ya sabemos que no. Además me duele que no quiera hablar al respecto. Evidentemente le afecta. 

 

El santafesino endureció su entrecejo. Ahora compartiendo las preocupaciones de su marido. Como reflejo llevó sus uñas a su boca para morderlas. 

 

—Más o menos tengo una idea…

 

_______

 

—Vi que el Arsenal ganó una copa intercontinental contra el Corinthians.  —Lionel miró al asiento de copiloto brevemente. Sus manos sudaban sobre el volante. 

 

—¿Eh? —Emma levantó la vista de su celular, mirando con el entrecejo fruncido a su padre—. ¡Ah! Sí. Hace unos meses. Campeonas de Champions contra las Campeonas de América. —No tardó en aparecerse una mueca—. Ojalá algún día se den las condiciones para llegar ahí con Boca, pero por como venimos, ni la Libertadores jugamos…

 

El pujantense no pudo evitar el sentimiento agridulce que lo recorría. La impotencia de un padre que quiere para su hija hasta lo imposible. 

 

Estacionó frente a la puerta del colegio y Emma le dejó un rápido beso en el cachete antes de bajarse 

 

—¡Salgo del cole y después me voy a entrenar! ¡Les aviso cuando este yendo a casa! —la joven gritó casi de espaldas a la ventanilla del conductor.

 

—¿No querés que te busque? —Lionel no pudo evitar elevar el tono antes de que su hija se escape. 

 

—¡No! —Emma decidió parar su marcha y dar una última vuelta—. ¡Gracias igual! —Lanzando un beso en dirección a su padre, traspasó la puerta.

 

______

 

—Escuché que se acerca una convocatoria de mundial —dijo Pablo con una leve sonrisa. 

 

Estaban sentados en el desayunador.

Entre ellos, tostadas con palta y dos cafés.  

 

—Ah, ¿en serio? Pensé que todavía faltaba para que la publiquen. —La adolescente seguía concentrada en su celular—. ¿Qué día era que empezaban a concentrar? 

 

— No me refiero a nosotros. Me refiero al femenino, princesa. ¿No estás entusiasmada por saber si vas? 

 

Emma finalmente lo miró, sorprendida. Levantó sus hombros con timidez, una sonrisa asomándose. 

—Sí, puede ser, hace poco hablé con el técnico, la última vez me dijo que esté atenta.

 

La sonrisa del cordobés se agrandó. Estaba tan orgulloso. Le costaba horrores despegarse aún más de su hija y pensar en que cada día estaba más grande.

 

______

 

Sobre el brillante pasto de Casa Amarilla, la joven Emma se encontraba mirando hacia algún punto fijo del horizonte, pensativa. 

 

Había terminado el entrenamiento de la tarde y mientras sus compañeras de equipo se dirigían a cambiarse, ella se tomó unos minutos para sentir la brisa de otoño en La Boca. 

 

Se percibía en una mala racha últimamente. Boca perdía, su equipo perdía, se había sacado un tres en química y, como si fuera poco, se sentía desconectada de sus padres. 

 

Había empezado hace un tiempo, ya ni recuerda por qué. 

 

O bueno, quizá sí.

 

Era un domingo de noviembre, lluvia torrencial y Boca femenino jugaba once de la mañana contra Newell’s Old Boys. 

Partido complicado.

 

Durante el primer tiempo, Emma estuvo claramente distraída mirando hacia las gradas. Entendía que estaba lloviendo, y que el frío era fuerte para ser primavera, pero sus papás habían prometido ir a verla después de haberse perdido los anteriores por estar preparando los amistosos de la selección mayor. 

 

Ella intentaba concentrarse en el juego, meterse a recuperar la pelota, estar atenta de no resbalarse en el pasto mojado, pero no podía. La inseguridad la carcomía. 

 

Escuchó el silbato de la árbitra para hacer los cambios y a la técnica llamándola por su apellido.

Con un nudo en la garganta trotó hasta su compañera para que pudiera entrar. No sin antes recibir el reproche de Quiñones:

—Estuviste floja Scaloni. Si no queres jugar con lluvia, la próxima me avisas y ni concentras. 

 

El tono condescendiente de la mujer chocó fuerte con su ya deteriorada autoestima. Fue directo al vestuario para escapar.

 

El silencio se hacía notar a través del ruido de las gotas golpeando el techo de chapa. Emma se secaba el pelo como podía, cualquier contacto visual con alguna de sus compañeras podría llegar a desatar el llanto que se acumulaba tras sus ojos. 

 

Rodeada de gente, se sentía sola. 

 

Cuando el silbato final se escuchó, salió muy rápidamente del vestuario dirigiéndose hacia la puerta del predio. 

 

Escuchó una voz detrás suyo:

—Emi, mi amor, acá estamos. —Sus padres la estaban esperando para volverse juntos a casa.

 

Emma tragó duro para siquiera poder responder. 

—No los vi… ¿llegaron hace mucho? 

 

—En realidad no, creo que para la mitad del segundo tiempo —respondió Pablo, visiblemente avergonzado—. Vimos que ya no estabas jugando… 

 

—Perdón, princesita, que no llegamos, justo hubo una reunión de la AFA y ya viste cómo se pone el tráfico con este clima —acotó Lionel tratando de darle una explicación a la ausencia.

 

Emma no dijo nada. El dolor en su pecho la abrumaba y no la dejaba pensar.

 

—¿Vamos? Que hace frío y te podes enfermar.

 

Ese día Boca empató dos a dos, sin pena ni gloria. En el viaje de vuelta a su casa, Emma solo se dignó a mirar fijamente por la ventana del auto, dejando algunas lágrimas silenciosas caer.

 

—Emi, eu —su amiga y compañera de equipo, Lola, la llamó devuelta al presente. 

 

—¿Qué pasó? 

 

—Nada. —Lola hizo un puchero—. Hoy te veo medio en una.

 

—Puede que esté distraída. Mis viejos están raros. —Emma frunció el cejo—. De repente me están hablando todo el tiempo de fútbol cuando antes no lo hacían.

 

Lola se rió fuerte.

 

—Te sorprende que tus papás futbolistas te hablen de futbol. —No evitó levantar las cejas.

 

—Boluda, no me refiero al fútbol, no sé…normal. Me refiero que ahora me están todo el tiempo contando noticias de fútbol femenino como si fueran el diario. Se pasaron de progres.

 

Lola se sentó a su lado y la miró divertida.

 

—¿Vos no estabas todo el tiempo quejándote de que ellos no sabían nada? Capaz ahora le están tratando de poner más onda.

 

—Sí… —Emma miraba fijo a sus botines con una mueca no muy convencida—. Puede ser eso.

 

—¡Scaloni! —se escuchó a la distancia la voz del preparador físico—. Venga acá un minuto por favor. 

 

Emma giró su cabeza hacia su amiga, abriendo grande los ojos.

 

—Que miedo… —susurró. 

 

———

 

—¿Qué haces gringo? —Fabián Ayala miraba la pantalla de laptop del pujatense, no pudiendo evitar reír curioso—. ¿Qué es este partido? Mira que las chicas para la convocatoria no van.

 

Ya se encontraba todo el cuerpo técnico en el predio de Ezeiza preparando con mucho detalle quienes serían los elegidos para jugar el próximo mundial. 

 

—¿Estás mirando minas? —Las cejas de Luifa subían y bajaban mientras reía—. ¿Vos no te jactas de tener un marido? ¿solo se fue al baño? ¿o directamente te dejó? 

 

Lionel se sintió repentinamente incómodo. Los quería mucho, y cada uno de los integrantes del cuerpo técnico eran como familia para el. Pero en su cabeza solo pensaba en su hija y la angustia que había expresado. 

 

Había tantas cosas que al parecer no había notado hasta hoy. 

 

En cómo pareciera que ninguno recordara que Emma jugaba también en primera o cómo aparentemente a todos pareciera serle insólito que mirara un partido por gusto. 

 

—Eh… —Hizo su característico puchero—. Estoy viendo un partido de mi hija… 

 

El inmediato silencio en la oficina había logrado incomodar a todos. Matías levantó la mirada de su iPad moviendo sus pupilas entre el técnico y el preparador físico. 

 

—Cierto Lío… Discúlpame. Estuve fuera de lugar.

 

Juan Tamone, quien en algún punto todavía se sentía como un outsider, tosió mientras se rascaba la nuca. Eligiendo mirar hacia cualquier lado menos en dirección a sus compañeros.

 

Lo único que interrumpió ese eterno minuto de silencio fue Pablo entrando por la puerta. 

 

—¿Alguien más se fijó que cambiaron el color de las puertas del baño? —Subió la vista de su celular para encontrarse todos los ojos posados sobre el.—. ¿Pasó algo? 

 

_____

 

La vuelta en auto desde el predio fue muy silenciosa. Lionel ya le había contado a Pablo el pequeño altercado sucedido mientras estuvo ausente.

 

El camino en sí fue igual de largo que siempre, pero el cordobés miraba desde el asiento del conductor fijo hacia adelante, pensando solo en llegar y tirarse a la cama. 

 

Todavía flotaba sobre ellos una angustia no verbalizada. Quizá eran las dudas si lo estaban haciendo bien. Quizá era la sensación de no ser suficientes para la persona que más amaban en el mundo. 

 

Para la sorpresa de ambos, en su hogar fueron recibidos por un terremoto de energía. 

 

—¡Lo conseguí! ¡me convocaron! —Emma saltaba mientras corría hacia sus padres—. Me voy a Polonia a pelear la del mundo.

 

El living estalló en felicidad. Lionel la alzó por el torso como si ella todavía fuera el bebé que él aún siente que es.

 

Escuchó a su esposo protestar para que cuide su columna, pero se notaba la gracia en su tono de voz. 

 

—Gordita… —Lionel sorbió su nariz, comenzando a lagrimear—. No sabes lo que significa para nosotros este logro.

 

Pablo los miraba con los ojos achinados y una amplia sonrisa.

 

—Ay papá, tampoco exageres —respondió Emma, rodando los ojos con su sonrisa intacta.

 

—Es que… no sabes lo que fue para nosotros, pensar que quizá te hicimos sentir que tu pasión no era algo valioso. Que vos no eras valiosa. 

 

Pablo le dio un beso en la mejilla a su esposo y a su hija. Sus ojos empezando a aguarse. 

—Amor, tampoco es hacer esto sobre nosotros.

 

—Lo sé, lo sé, pero me daba terror pensar que te quedarás con alguna duda. Estamos muy orgullosos de vos —Lionel concluyó. 

 

Emma los miró por un largo segundo hasta que suspiró y decidió hablar. 

 

—Papá… —Lo miró a Lionel—. Papi… —Miró a Pablo—. Quería decirles que… —Bajó la mirada avergonzada—. Gracias por preocuparse, de verdad. Creo que no fui muy piadosa con ustedes. Me di cuenta lo que vienen haciendo estas últimas semanas, no fueron muy disimulados. —El más alto respondió a eso con una mueca—. Pero aunque sea un poquito cringe, me hace dar cuenta de lo mucho que quieren estar para mí. 

 

Pablo, que hasta ese momento era el que mantenía la compostura, empezó a llorar. Buscando con sus brazos a su hija. Lionel finalmente selló aquel abrazo familiar.

 

En medio del calor, Emma sonrió para sí misma. Quizá la suerte sí podía estar de su lado. 

Notes:

Espero les haya gustado! Se me ocurrió esta idea de mezclar dos cosas que me gustan mucho como el futfem y el scaimar.
En honor al comienzo del mundial masculino y la clasificación al mundial femenino de la mayor, la sub20 y la sub17.
Disculpen si hay algún error de gramática u ortografía, lo revise un par de veces, pero a veces se me escapan.
Me encantaría escuchar opiniones.
Soy @3mortem en twitter <3