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Ohyul no podía dejar de pensar en aquel chico que había conocido una semana atrás en una fiesta de su universidad: Kim Ryul. Habían tenido algo de una sola noche, y no era como si esa fuera la primera vez que Ohyul hacía algo así. De hecho, estaba acostumbrado a salir de fiesta con la intención de encontrar a alguien con quien pasar la noche. Pero Ryul tenía algo diferente, había algo en su mirada, en su forma de hablar, en la manera en que lo besaba que se había quedado grabado en la mente de Ohyul. Era como una droga, y él se había vuelto adicto. El único problema era que Ohyul tenía novio. Llevaba aproximadamente cuatro años saliendo con Kim Woonhak. Al principio, su relación había sido casi perfecta. Compartían clases, pasaban la mayor parte de su tiempo juntos, se hacían regalos y hablaban durante horas sobre cualquier cosa. Para cualquiera que los viera, parecían una pareja feliz. Pero, con el paso del tiempo, Ohyul comenzó a sentir que aquello no era lo que quería para el resto de su vida. No había una razón concreta, simplemente, la emoción se había ido apagando poco a poco. Woonhak seguía siendo amable, atento y cariñoso, pero eso ya no era suficiente para él. Entonces comenzaron las mentiras. La primera vez que engañó a Woonhak fue, según él, un accidente. No había planeado hacerlo. Estaba demasiado borracho para pensar con claridad cuando un chico alto y tatuado se acercó a él en un bar y le sugirió acompañarlo al baño, no pudo negarse a tal tentación. Después, mientras regresaba al departamento que compartía con Woonhak, pensó en contarle la verdad, incluso llegó a ensayar mentalmente lo que iba a decir, pero, al abrir la puerta y encontrar la comodidad de siempre esperándolo del otro lado, no pudo hacerlo. No quería perder aquello. Así que guardó el secreto. Y luego volvió a hacerlo. Una vez se convirtió en dos, dos, en cinco, y antes de que pudiera darse cuenta, había perdido la cuenta de cuántas veces había sido infiel. Pero tenía una regla: nunca volver a contactar a los chicos con los que se acostaba. Sin números de teléfono, sin mensajes y, sobre todo, sin segundas veces. Creía que, mientras mantuviera esa norma, nadie descubriría lo que hacía. Hasta que conoció a Kim Ryul. Ohyul no podía dejar de pensar en aquel chico que había conocido una semana atrás, incluso en momentos tan inoportunos como este, donde estaba teniendo sexo con Woonhak. Cada beso, cada toque, cada palabra, deseaba que fuera Ryul. Cuando Woonhak le besaba el cuello, recordaba las marcas que le había dejado Ryul (las cuales tuvo que quitar con todos los métodos que se encontró en internet), cuando Woonhak le quitaba la ropa, recordaba el deseo y la intensidad con la que Ryul lo hacía para después besar su cuerpo, cuando Woonhak lo tenía en cuatro, solo pudo recordar cuando Ryul lo follaba en esa misma posición mientras lo jalaba del cabello y le susurraba cosas al oído. Cuando por fin logró venirse, no fue por Woonhak, sino por pensar en todo lo que Ryul podría estar haciéndole si estuvieran juntos. En ese momento se dio cuenta de lo jodido que estaba. Nunca antes había fantaseado con volver a estar con uno de sus amantes, pero Ryul estaba todo el tiempo en su cabeza. Así que en ese momento decidió que la única forma de superar lo que sea que eso haya sido era rompiendo su única regla. Al día siguiente, Ohyul estaba en el lugar donde todo pasó, sabía que Ryul estaría ahí porque la última vez le había dicho que nunca se perdía las fiestas de Woojin, así que tomó una cerveza y esperó. Algunos minutos más tarde, por fin apareció y este se acercó a él. — Ohyul! Hola. — A ti te estaba buscando. — ¿A mí? ¿Me extrañaste? — rió — Yo también lo hice. — Necesito decirte algo. — No Ohyul, los hombres no pueden embarazarse, no voy a volver a caer en eso. — ¿Qué? No, es algo serio. — Ay no, tenías una ETS y me la pegaste y- — ¡NO! No es tan serio, ¿Podemos ir afuera? — Ryul siguió al mayor a su carro. — ¿Qué pasa? — Tengo novio Ryul. — soltó. — ¿Y me lo dices ahora? ¿Me quiere pegar? Seguro está aquí atrás, ¿verdad? — Eres un paranoico — rió — No está aquí, no te quiere pegar y ni siquiera sabe de esto. La verdad es que no es la primera vez que lo engaño, es algo constante. En realidad ya no siento nada por él, solo... supongo que no quiero dejarlo por costumbre o algo así. No siento remordimiento por lo que hago y a este punto ya no me importa si se entera. — Eres una mierda Ohyul, pero eso no quita las ganas que tengo de follarte. — Ya sé que lo soy, pero aún no termino. Vine aquí solo para verte porque no dejo de pensar en ti. Ayer cogí con mi novio y mi mente estaba llena de ti. Rompí mi regla más importante por ti. — ¿Regla? — Nunca vuelvo a estar con una persona, no les doy mi número, ni mis redes, nada. — Entonces, ¿viniste para que te folle? — En resumen, sí. — Pudiste decirme eso, ¿sabes? A parte, ya sabía que tenías novio, esa noche, mientras dormías, no paraba de enviarte mensajes y soy un chismoso, entonces los vi. — ¿No te importa? — Pues si a ti no te importa, ¿por qué debería de importarme a mí? — ambos rieron. — Vamos a mi departamento. Ohyul agradeció que el trayecto hasta el departamento no fuera demasiado largo. Cada minuto que pasaba parecía eterno, y la cercanía de Ryul solo hacía más difícil ignorar el deseo que llevaba acumulando desde aquella noche. Apenas cruzaron la puerta, Ryul la cerró detrás de ellos y, antes de que cualquiera pudiera decir una palabra, sus labios volvieron a encontrarse. El beso fue intenso, desesperado, como si ambos hubieran estado esperando ese momento durante mucho más tiempo del que realmente había pasado. Cuando finalmente llegaron a la habitación, el ambiente ya estaba cargado de tensión. Ryul tomó el rostro de Ohyul entre sus manos y lo besó de nuevo, sintió un escalofrío recorrerle la espalda cuando los labios de Ryul descendieron por su mandíbula hasta su cuello y luego a su torso, dejando marcas por todos lados. Cerró los ojos y dejó escapar un gemido involuntario. Las manos de Ryul recorrieron su cuerpo mientras la distancia entre ellos desaparecía por completo. Ohyul se aferró a sus hombros, sintiendo cómo su corazón golpeaba con fuerza contra su pecho. Por un instante, el resto del mundo dejó de existir. No había problemas. No había responsabilidades. Y, sobre todo, no existía Woonhak. Solo estaban ellos dos, encerrados en aquella habitación, incapaces de apartarse el uno del otro. Las manos de Ryul bajaron con urgencia, quitándole la camiseta de un tirón y lanzándola al suelo. Sus dedos se clavaron en sus caderas, apretando con fuerza mientras frotaba su erección ya dura contra la de Ohyul por encima de la ropa. —Te voy a follar hasta que solo puedas pensar en mí, más de lo que ya lo haces—murmuró Ryul contra sus labios, la voz ronca— ¿Entendiste? Ohyul solo pudo gemir en respuesta, asintiendo desesperado. Ya estaba perdido. Ryul lo tiró sobre la cama y se quitó la camisa, revelando el pecho tatuado y los músculos marcados. Se subió encima, besándolo otra vez mientras le bajaba los pantalones y los boxers de un solo movimiento. El miembro de Ohyul saltó libre, duro y goteando pre-semen. Ryul sonrió con malicia y bajó la cabeza sin aviso. —Ahh... mierda... —jadeó Ohyul cuando sintió la boca caliente de Ryul tragándosela hasta el fondo. Ryul no fue suave. Chupó con fuerza, la lengua presionando mientras subía y bajaba la cabeza rápido, haciendo ruidos húmedos y obscenos. Cada vez que llegaba al fondo, tragaba alrededor de la cabeza, apretando la garganta. Ohyul arqueó la espalda y metió los dedos entre el cabello de Ryul, tirando sin control. —Ryul... sí... así... Ryul levantó la mirada, sus ojos estaban oscuros y llenos de lujuria, se sacó el pene de la boca solo para escupir sobre él y masturbarlo con fuerza. Ohyul estaba temblando, gimiendo, con las piernas abiertas. Cuando Ryul se sintió satisfecho de verlo deshecho, se incorporó, se bajó los pantalones y sacó su miembro grueso y completamente duro. Sin darle tiempo, agarró a Ohyul por los muslos y lo puso en cuatro, cara contras cama. —Separa bien las piernas —ordenó. Ohyul obedeció al instante. Ryul escupió sobre su agujero, frotó la cabeza de su pene contra él y empujó de un solo golpe hasta el fondo. —¡Ahh! ¡Ryul...! —gritó Ohyul, apretando las sábanas. Ryul soltó un gemido y empezó a follarlo con fuerza, profundo y rápido. El sonido de piel contra piel llenaba la habitación, junto con los gemidos húmedos de Ohyul y el golpeteo constante de su pelvis contra su culo. —Estás tan... tan bueno... —gruñó Ryul, una mano en la cadera de Ohyul y la otra jalándole el cabello hacia atrás—. ¿Esto es lo que querías mientras te cogía tu novio? ¿Pensabas en mí cogiéndote así? —Sí... sí, carajo... solo pensaba en ti... —confesó Ohyul entre gemidos, empujando hacia atrás para recibir cada embestida. Ryul lo folló más duro, inclinándose sobre su espalda para morderle el hombro y dejarle más marcas. Ohyul gritó de placer, su miembro goteaba sobre las sábanas, completamente olvidado. Ryul lo sacó de repente, lo tiró de espaldas y le levantó las piernas hasta casi doblarlo. Volvió a entrar de un empujón, follándolo cara a cara ahora. Esta vez era más lento pero más profundo, golpeando fuerte cada vez. —Mírame —exigió Ryul. Ohyul abrió los ojos, los tenía llorosos de tanto placer. Ryul lo besó, un beso sucio, lleno de saliva y mordidas, mientras seguía metiéndosela sin parar. —Quiero verte cuando te vengas —susurró contra su boca. Ohyul no aguantó mucho más, con un gemido largo, se corrió fuerte, disparando semen entre sus estómagos. Ryul gruñó, aceleró el ritmo y lo folló a través del orgasmo, persiguiendo el suyo. Minutos después se enterró hasta el fondo y se corrió dentro, llenándolo con chorros gruesos y calientes. Se quedó ahí vaciándose completamente. Cuando terminó, no salió de inmediato. Se quedó encima de él, besándole el cuello, la mandíbula, los labios con una suavidad que contrastaba con lo brutal que había sido segundos antes. —Eres mío ahora —murmuró contra su piel, aún dentro de él—. Cada vez que quieras que te folle así... solo tienes que pedírmelo. ¿Entendido? Ohyul, todavía temblando y con la respiración agitada, sonrió débilmente y pasó los dedos por el cabello de Ryul. —No pienso parar... Quiero más. Mucho más. Ryul soltó una risa y lo besó otra vez. Todavía estaba dentro de Ohyul cuando ambos se quedaron quietos un momento, disfrutando la sensación pegajosa y caliente. El semen de Ryul se escurría lentamente por el muslo de Ohyul. — ¿Segunda ronda? Justo en ese momento, el celular de Ohyul empezó a vibrar sobre la mesita. Era Woonhak. Ryul levantó una ceja y sonrió con pura malicia. —Qué oportuno. Ohyul miró el teléfono un segundo, luego miró a Ryul. No había ni una pizca de duda en su cara. —Contesta —dijo Ryul, sin salir de él. Al contrario, empezó a moverse otra vez, lento pero profundo. Ohyul estiró la mano, contestó y puso el altavoz. —¿Sí? —respondió con la voz todavía ronca. —Ohyul, ¿dónde estás? No has contestado en toda la noche. Me tenías preocupado, amor. Ryul soltó una risa silenciosa y aceleró las embestidas, clavándose más fuerte. Ohyul tuvo que morderse el labio para no gemir directo. —Estoy... ah... en casa de un amigo —logró decir. Woonhak se quedó callado un segundo. —¿Estás bien? Te escuchas raro. En ese momento Ryul le dio una estocada especialmente fuerte y profunda. Ohyul no pudo contenerlo. —Ahh... ¡mierda! —¿Ohyul? ¿Qué fue eso? ¿Estás...? Ryul se inclinó sobre su espalda, le tapó la boca solo a medias y susurró fuerte para que se escuchara. —Dile la verdad. Ohyul, jadeando, habló por fin —Estoy cogiendo, Woonhak. —¿Qué quieres? Estoy teniendo sexo. Del otro lado se escuchó un silencio largo. —¿...Qué dijiste? —Que me están cogiendo —gimió Ohyul sin vergüenza, mientras Ryul lo penetraba sin detenerse ni un segundo. —Ohyul, esto no es gracioso. ¿Estás borracho o qué carajos te pasa? Ryul agarró las caderas de Ohyul con más fuerza y empezó a follarlo más rápido. —Escucha —dijo Ryul en voz alta, dirigiéndose al teléfono—. Escucha cómo suena tu novio mientras me lo cojo. Ohyul soltó un gemido fuerte, sin intentar disimularlo. —Woonhak... tú nunca me coges así... nunca me haces gritar... Carajo, Ryul, más fuerte... —Ohyul... —la voz de Woonhak se quebró de dolor—. Por favor dime que estás mintiendo... que no estás haciendo esto mientras hablas conmigo. —No estoy mintiendo —jadeó Ohyul, descarado y sin remordimiento—. Me acaba de llenar y sigue follándome... me encanta todo de él. Ryul soltó una risa oscura y le dio una nalgada fuerte que se escuchó claramente por el teléfono. —Eres... eres un hijo de puta... Ohyul solo respondió con un gemido cuando Ryul le dio justo en su punto una y otra vez. La llamada se cortó de golpe. Ryul soltó una carcajada, sacó su miembro y abrazó a Ohyul por detrás. —Descarado... —rió contra su boca antes de besarlo— Ahora que ya lo sabe, puedo follarte tanto como quieras.
