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toronja

Summary:

Alejandro siempre ha sido cariñoso y coqueto, pero últimamente Gabi ha empezado a sentir cosas reales con cada roce, con cada toque, con cada caricia; se volverá loco si Alejandro Aramburú le sigue dando cuerda.

¿Es todo marketing promoviendo un ship o existe algo real en esos pequeños actos?

Notes:

Esto es ficción estúpida y debe ser entendida como tal, quien se lo tome en serio es gay

Work Text:

Gabi está convencido de que Alejandro lo volverá loco, mal plan. Este es su cuarto comeback, el grupo está en una perfecta posición, han seguido ganando premios y recibiendo más reconocimiento. Él intenta enfocarse y ser profesional, en el baile, en el canto y todavía más en su inglés que estaba bastante carente, pero bendito Alejandro Aramburú lo vuelve una tarea imposible. En cada live, entrevista, video que hacen se la pasa pegadito a él, tocándole el lóbulo de la oreja, abrazándolo, poniendo su cabeza en su hombro, tomando su mano o su pierna, siempre busca sentarse junto a él.

Al inicio Gabi justificaba todo con que se consideraban mejores amigos y Ale simplemente era así: cariñoso, él mismo lo dice, es un cursi sensible de lo peor, pero la situación solo ha empeorado. Ya no son cosas que Gabi pueda sacudirse, son roces de piel que se marinan entre sus pensamientos que le quitan el sueño. Cada sonrisita que Ale le dirije se queda impregnada en su memoria, lo distrae, cada que Ale reitera lo mucho lo que lo quiere, siente una deliciosa satisfacción. Pero también han habido efectos secundarios, Gabi ha sentido celos de esos que carcomen cada que el otro se pone muy cariñoso con Drew específicamente, o cuando está más concentrado guiñándole a los fans que tomándole de la mano.

Ha pensado en tomar más iniciativa, pero de solo imaginárselo siente que va a morir y… a Gabi ni le gustan los hombres, en cambio a Drew si. No sabe mucho de la sexualidad de Ale, pero si en efecto le tira a la calle de en frente, Drew sería la persona ideal, ¿no? Es guapísimo, es mayor, muy maduro y organizado, Gabi se siente como un niño hormonal junto al líder, siempre tan sabio y elocuente.

Gabi miró al reloj, quedó con Ale y Kenneth de hacer un live de noche de juegos que con el tiempo se ha vuelto tradición entre ellos. A veces Kaue o Drew se unen, pero por hoy serían solo ellos tres, como lo era originalmente. Se verían en el cuarto de Ken en unos 20 minutos (ya casi se gradúa de la prepa, entonces tiene que estudiar mucho) y jugarán FIFA y Smash. Se llevó las manos a la cara, la sintió grasosa y decidió pararse a lavarla, quería verse bien, no solo por el live pero… también por Ale.

¿Desde cuándo pensaba en esta clase de cosas? A Gabi claro que le habían gustado chicas, sólo chicas realmente, era como si su cerebro estuviese revolviendo cables, o como si Alejandro tuviese un efecto, algo en su química que cambió a Gabi y su forma de enamorarse. Se secó el rostro y se miró en el espejo. Ahí estaba él, güerito, mamado, con esos ojos azules que tanto le chulean. ¿Tendrá probabilidades con alguien como Ale? Es el favorito del grupo, el coqueto, ¿y desde cuándo es él tan inseguro?

Gabi se echó más agua en el rostro, como si eso le fuese a resbalar las ideas nocivas.

Se puso un sport negro que le quedaba ya un poco chico y se dejó los pants holgados. Se sacudió el pelo y exhaló antes de salir de su habitación.

Tocó la puerta que decía "Kenneth" en letras grandes para ser recibido con la cálida sonrisa del maknae del grupo. Aunque para Gabi seguía siendo un niño, Ken ya tenía 18, su rostro se había endurecido un poco, sus hombros se habían ampliado y su vocecilla estaba unos cuantos tonos más abajo.

"Pásale Gabi, justo acabé con álgebra."

"No se ni cómo le haces con todo young boy," admitió Gabi, admirando cómo tan chico manejaba la vida de artista y estudiante de prepa. El cuarto tenía prendido el aire acondicionado para salvarse del calor al que Ken era algo intolerante, entonces el ambiente fresquito hizo que Gabi se erizara tantito.

Gabi se tiró a la cama mientras el más chico terminaba de guardar sus cosas, hoy se iba a pasar el finde con sus papás, entonces tenía que preparar su mochila porque ahora pasaba más tiempo en la casa de los Santos Bravos, "Ya sabes, desde chico hago eso del multitasking, además, estar con ustedes solo me llena de energía…"

"Ya shhh párele tú no andes tan cheesy."

Y entonces ese rostro perfecto de Alejandro Aramburú se asomó por la puerta, "¿puedo pasar?"

Kenneth cerró su mochila, "pásale Ale, Gabi pues ve prendiendo la play o poniendo el live no sé."

Los ojos de Ale, chiquitos y ligeramente rojos en los párpados cayeron sobre Gabi, su sonrisa se amplió e inadvertidamente, el corazón del portorriqueño se aceleró. Tenía el cabello mojado, pues se acababa de bañar y el aroma de su champú de toronja inundó el cuarto, su pelo ya era de su color castaño oscuro natural, como cuando se conocieron; y su estilo en este comeback era del pelo larguito. Le cubría las orejas y rodeaba sus cachetes al igual que envolvía su cuello, detalles que Gabi no solía notar en la gente. El chico llevaba una hoodie con el cuello muy amplio, donde se notaba esa cadenita que nunca se quita. En el cuarto frío de Kenneth, la frescura que emanaba Ale parecía irreal, como una fruta madura, recién lavada con esas gotitas escurriéndose en la vivaz cáscara.

"…¿Gabi?"

Se dio cuenta de que se quedó viendo y su sentido del escucha había quedado en segundo plano, nunca se le dio concentrarse en dos cosas al mismo tiempo, a diferencia de Kenneth,"¿Eu?"

"Que si puedes ir prendiendo la play en lo que veo lo del live", Ale se sentó junto a él en la cama con la app de Weverse abierta, lista para iniciar la grabación.

"Ah sí, sí claro," se paró y tomó el primer control que vio, presionando el botón de en medio para encender la consola y el festival bipolar de celos y gratificación comenzó.

"¡Hola DUAL! ¿Cómo están?" Dijo Ale emocionado, causando conmoción en los comentarios, Ken se le unió.

"Ayy chicos, ¡que alegría volver a tener una de nuestras game nights!" Kenneth parecía hablar todo el tiempo como si estuviese en un vlog de 2016, "vamos a machacar a estos dos, ¿va?"

"Ya quisiera el nene," agregó Gabi, volviendo al cuadro del live, sintiendo la mano de Ale en su hombro desnudo.

Satisfecho.

Pero luego Ale le mandó un beso a la cámara, seguido de un guiño, el chat se saturó entonces, "¡voten por mi DUAL! Perú es clave…"

Celoso.

Gabi se sentó a la orilla de la cama, "empecemos tú y yo Ale, ya luego aplasto al young boy…" así era como siempre le había dicho a Kenneth, incluso desde antes del debut.

Ale aprovechó la oportunidad para seguir volviendo loco a Gabi, "está bien, pero he mejorado mucho entonces no te pongas de sonzo, pretty boy."

Ahí estaba otra vez, con un apodo que puso rojo a Gabi pero según él, logró disimular decentemente, "claro claro."

Kenneth agarró el teléfono entusiasmado, listo para narrar el partido, pero con lo platicador que es, mientras elegían sus equipos el ya estaba hablando de quién sabe qué.

"Jugaré con la confiable selección portuguesa…" dijo Gabi, expectante de ver qué iba a elegir Ale, pero este solo se recorrió haciendo que sus hombros se toquen. El rubio lo volteó a ver, pero Ale solo le dio una sonrisa y su mirada osó a bajar a sus labios para rápidamente regresar a la pantalla. Las palabras de Kenneth ya eran solo ruido de fondo.

"Yo voy a jugar con… selección mexicana, que Kenneth me de sus fuerzas…" dijo en broma, mirando de regreso a Gabi, esperando risa o si acaso una sonrisa, pero el otro tenía la cara hecha piedra, como si Ale hubiese cometido algo atroz, este se preocupó, "¿todo bien?"

Gabi se lavó la cara mentalmente, "si, si perdona, ¡vamo' equipo!"

La noche prosiguió como de costumbre, pero cada que la oportunidad se daba, Ale estaba encima del rubio, abrazándolo del cuello, pegando sus caras, tomando sus manos. Pero al mismo tiempo coqueteaba con el chat, jugaba con la inseguridad recién descubierta de Gabi, que hoy parecía sentir con más intensidad de lo normal.

Gabi sentía que cada respiración era como arrancar un pétalo de una florecita, me quiere, no me quiere, me quiere… que un movimiento incorrecto y Ale se alejaría, un acercamiento más arriesgado de lo normal y pondría en jaque la imagen del grupo. Se quería volver piedra, no se podía permitir reaccionar a cómo el aliento de su compañero le cosquilleaba en la nuca mientras Kenneth monologaba.

En un abrir y cerrar de ojos terminaron el live y ya habían llegado a buscar a Kenneth, su papá estaba esperando afuera. Apagaron todo, el aire, la tele, la play y las luces, el cuarto estaría en desuso durante el sábado y domingo. Gabi cerró la puerta y siguió al otro par, Ale venía abrazando a Kenneth.

"Te cuidas mucho ¿eh?"

"Si me voy a mi casa Ale, no a otro país…" burló Kenneth, acomodando la mochila sobre su hombro, "si acaso estoy más seguro allá…"

"¿Qué insinúas?" Ale actuó ofendido mientras pasaban por la sala, ahí estaba Kaue y Drew andaba en la cocina. Kenneth se despidió de ambos y finalmente de Gabi. Salió feliz y apurado, emocionado de pasar más tiempo con sus papás. Qué suertudo era el Kenneth.

Ale caminó a la cocina, donde le robó algo de comida a Drew, en silencio se miraron mientras sonreían, como si coquetearan, la sangre en Gabi ardió. Drew ya hablaba español muy bien al igual que Kaue, ya casi no se usaba el inglés en la casa pero el espanglish (combo portugués) era el idioma oficial del grupo.

"Me hice unas quesadillas, ¿quiere?" Drew le preguntó al par que acababa de bajar mientras le echaba tantita salsa al par que se hizo, Ken los había estado entrenando por años ya para aguantar el picante y hasta disfrutarlo.

"Gracias Drewsky pero creo que cenaré más tarde," dijo Ale mientras empezaba a subir las escaleras, Gabi ya no estaba soportando, y como el hombre genuino y honesto que es, sabía que tenía que aclarar las cosas hoy. Agradeció la oferta de Drew y siguió rápidamente al castaño que subía por las escaleras.


"¡Ale! Espera un segundito, cree', ¿cree' que podamos hablar?"

El chico se volteó, esa hoodie le quedaba tan bien, a pesar de que era como tres tallas más grande de lo necesario, por alguna razón hacía que su cuerpo se viera mucho más delicioso.

Inhala, me quiere…

Exhala, no me quiere…

Inhala, me quiere…

Gabi contuvo su respiración, notó que las manos le sudaban, se sentía tan fuera de personaje que era desesperante, como si su yo de la prepa, sudado y nervioso, lo hubiese poseído.

"¿Qué es, Gabi?" Dijo Ale con un sonrisa, sus ojos chiquitos arqueándose, sus pestañas largas acentuando ese rostro brilloso, su cabello ya seco abrazando todas las partes correctas.

"Es que, en velda, estoy algo confundido…" su voz salió bajita, temblorosa incluso, Ale se veía sacado de onda, arqueó una ceja y se apoyó en la pared.

"¿Con qué? Sabes que conmigo puedes hablar de lo que sea, bro."

Bro, no puede ser, aborten misión, repito, aborten misión.

Pero Gabi ya estaba ahí, puesto, colgado, parado frente al hombre más bello del mundo y decidió pasar esa palabra tan hermanezca por alto.

"¿Qué somos, Ale?"

La sonrisa se desvaneció en un instante, los ojos de Ale escaparon al suelo, su cuerpo también pareció tensarse, "¿de qué hablas?"

"No me trates por tonto, si eres todo un loro, Alejandro," de repente se volvió severo.

Ale se plantó, logrando contacto visual, "es fanservice, Gabi, obvio, ¿ya viste lo popular que es el Alebi ahorita en redes? Más con el live de recién, vamos, claro está que eres mi mejor amigo pero, si la gente nos shippea hay más… más… más engagement, fics, edits, etcétera…" Ale tragó saliva, "es una táctica de marketing."

Y la revelación de aquello fue como un tren pasando por encima del rubio, quien tenía los ojos llorosos y la boca en una mueca agria, "¿de verdad?"

La respiración del otro se había convertido en un ritmo sumamente irregular, "mhm," tragó de nuevo, pero como uno traga una comida que no le gusta, con la quijada tensada y los ojos incapaces de ver a Gabi.

"Ya, buenas noches Alejandro." Gabi pasó junto al otro, chocando hombros. Se metió a su cuarto y cerró la puerta un poco más fuerte de lo usual.

Apenas Gabi abandonó el pasillo, Ale soltó una bocanada de aire que no sabía que estaba manteniendo, pero ese aire destapó un amargo y quedito sollozo que logró disimular tapándose la boca. Se apresuró a llegar a su cuarto y al cerrar la puerta detrás de él, cayó al suelo. Sus piernas se habían debilitado y sentía un nudo punzante en la garganta. Confió en que las paredes no lo traicionarían y dejó el hilo de sollozos salir, desamarrando la soga en su cuello que se convirtió en lágrimas saladas.

Inhaló sus mocos y cubrió su rostro con las manos.

Gabi lo había descubierto, y le daba asco, claro estaba que Gabi era el más heterosexual del grupo, siempre hablando de chicas lindas y aparentemente sordo cuando Kenneth le preguntaba de crushes y vidas amorosas. A Ale le había gustado su mejor amigo casi desde el día uno. Tanto era así, que a pesar de que Alennis era más popular, Ale activamente intentaba alzar el Alebi. Lo tocaba todo el tiempo, decía pura cosa buena, estaba como hechizado por el chico nuevo en el bootcamp.

Hasta deseó que no debutaran juntos porque eso solo volvería sus sentimientos más complejos, y parece ser que su suerte se había acabado, Gabi lo había descubierto, su amistad estaba arruinada y no era la primera vez que le pasaba.

¿Pero cómo evitarlo?

¿Cómo podría uno disimular un amor que ya le duró casi tres años, con quien ha llorado, reído, ganado y perdido? Con quien podría vivir mil vidas porque cada segundo es una aventura, con quién había conectado a la perfección… que nunca podría ser recíproco. Alejandro se escondió detrás cariñitos superficiales, justificándose a sí mismo que todo era por el ship, para atraer fans con eso, para que les hagan fanfiction y edits juntos.

Solo es fanservice

Y esa fachada ya se le acabó.

Siguió sollozando hasta que se le acabaron las lágrimas y tuvo la fuerza de levantarse para tirarse a la cama de su cuarto astringentemente amarillo.


Los fines de semana Gabi no se pone alarmas, pero abrió los ojos a las seis y ya no los pudo volver a cerrar. Mirando al techo, se quedó pensando. Siempre puso la honestidad y autenticidad sobre todo, para que su relación con Alejandro, lo que creía más verdadero junto con su familia, ¿fuera una farsa?

No sonaba correcto, no tenía sentido, dio vueltas en la cama hasta que le rugió el estómago y bajó a hacerse algo de desayunar, en teoría hoy tenía que ir al gym y aprovechar el rato, pero sintió una intensa desmotivación por lo ocurrido. Se sirvió un vaso de leche mientras echaba tres huevos a la sartén, no tenía ganas de hacer algo más complicado. Se sentó en el comedor, solo. Drew y Ale normalmente seguían durmiendo a esta hora y Kauê seguramente había salido a correr.

Ale, seguro dormía tranquilito en su cama, con esos ojitos sellados y la boquita entre abierta, mostrando sus dientes- no, no podía seguir pensando en esas cosas. Tenía que controlarse, no podría dejar que esto arruinase el grupo, ¿qué culpa se tenían Drew, Kauê, especialmente su young boy, Kenneth?

Masticó el huevo como enojado y se acabó la leche de un sorbo gigantesco, no se había dado cuenta de lo hambriento que estaba. Escuchó unos pasos en las escaleras y se le heló la sangre, era Ale.

Se miraron sin decir nada por unos segundos, Ale tenía los ojos hinchados, sus parpados estaban caídos, sus pestañas mojadas por lágrimas y sus mejillas eran malísimas disimulando el enrojecimiento. Sus manos estaban escondidas por las mangas largas de la hoodie, se veía hecho chiquito, cansado, como que no durmió.

Y fue como si a Gabi se le hubiese olvidado el altercado de anoche, se levantó del comedor y corrió a ver a su mejor amigo, puso sus manos en las mejillas del otro, estaban calientes, pero eso solo pareció detonar más llanto de Alejandro, nuevamente soltando lágrimas.

"Gabi… yo, yo lo siento mucho, no quiero que nada cambie entre nosotros…"

"Yo tampoco," Gabi pasó su pulgar por la ruta de la lagrimita, que escurría como las gotas de lluvia en una ventana, "entiendo por qué lo hiciste, es buena promoción supongo, soy yo quien tiene que aceptar esa parte, pero quizá podamos, ya sabe', poner más límites," Gabi tragó saliva, "hasta que se me baje todo esto tantito."

Alejandro abrió sus ojos, confundido, se talló la cara e inhaló profundo, "espera, ¿tú en serio crees que…?" sus labios temblaron, "yo, yo estoy enamorado de ti, Gabi, e intenté esconder ese hecho en marketing pero después de pensarlo toda la noche, esa fachada era demasiado débil…"

Gabi tenía la boca abierta, negó con la cabeza y se rió tantito, "espera, ¿tú me estás diciendo que eso del fanservice era mentira?"

Alejandro rió mientras seguía llorando, incrédulo, "Gabi estamos bien pendejos…" se jaló los mocos y sonrió agridulce, causando maripositas en el estómago del otro, "tú me encantas, me encantas en serio…"

"Tu también, me tienes derreti'o Ale," sonrió Gabi ampliamente, mostrando dientes.

Alejandro se tapó la boca, "oh Dios y yo que creía que te daba asco o algo…"

La cara del rubio era confusión pura, "¿Alejandro Aramburú? ¿Asco? ¿Pero es que tu estás loco?"

El castaño abruptamente lo abrazó, con fuerza y decisión, Gabi devolvió el sentimiento, con todas sus ganas, quería sentir la calidez y el aromita suave a toronja bailando en su nariz por el resto de su vida. Aún entrelazados, Gabi comentó con sus labios directamente en el cabello perfecto, "me encanta que lo hayamos resuelto en una noche," Ale clavó su cara más profundamente en el cuello del otro.

"Si, no iba a soportar ni un día así…"

Gabi tomó nuevamente el rostro del otro entre sus manos, sus ojitos mojados estaban cristalinos, siguió quitando las lágrimas, mientras estudiaba esa carita que lo volvía loco, "ya estoy seguro, estoy seguro de que yo te amo, Alejandro Aramburú…"

El otro sonrió, tomando las manos que lo sostenían con sus propias, también intentando absorber cada pequeño detalle del hombre que tenía en frente, de su rostro ligeramente inclinado a la izquierda, de sus ojos grandes y claros como un cielo despejado, de esas cejas tan pobladas y pronunciadas, "yo siempre estuve seguro, desde el primer momento, de que yo te amaría como a nadie, Gabriel Bermúdez…"

"Ay, pero qué chue…"

Y en lugar de reponder, las manos de Ale le devolvieron el trato y acercaron el rostro de Gabi al suyo, preparándose para un beso, el primero, tenía que ser gentil y fresco, como el amanecer de un sábado, como la primera mordida a una manzana roja, tenía que ser cálido como un café pero dulce como el pan que lo suele acompañar. Labios con labios, sus bocas se sellaron en un piquito tierno y tímido, como el que mete su pie al agua para probar la temperatura.

Se separaron rápidamente con sonrisas estúpidas tatuadas. Las manos de Gabi se aventuraron a la cintura del otro.

"Es que no me vas a invitar por un café antes?" Bromeó el castaño con una curva inevitable en su boca y con ojos osadores que viajaban por el cuerpo expuesto de Gabi, con ese sport apretado desde ayer que delineaba su cuerpo amplio a la perfección.

"¿Mhm? Te puedo hacer uno… el desayuno… y nos los comemos en la cama…"

"No estoy tan seguro…" las manos de Gabi de repente estaban por debajo de la hoodie, revelando que Ale andaba con nada debajo de esta, por toda la curva de su espalda iban subiendo y bajando, estaba calientito, suave, el cuerpo que tanto había visto ahora estaba ahí: suplicando ser tocado, "capaz que el desayuno puede esperar, ¿no?"

"Si…" Gabi se aventuró a otro beso, con tanta potencia que la espalda de su víctima estaba pegada contra la pared, sus caderas comenzaron a jugar la una con la otra, sus bocas se separaron y se miraron nuevamente, como si estuviesen conociendo de nuevo, enamorando de nuevo cada segundo que pasaba. Pero entonces se empujaron mutuamente cuando se escuchó que la puerta principal estaba abriéndose, el triquiteo de las llaves con mil llaveros delatando a Kauê como disruptor de la escena.

Gabi corrió por su desayuno, como que se lo comía parado y Ale solo se apoyó contra la pared, intentando verse lo más casual posible.

"Hola chicos, ¿qué hay?" Preguntó Kauê educadamente mientras dejaba sus cosas, sudado y recién ejercitado.

"¿Cómo?" Dijo Gabi, el peor disimulando, sacando una sonrisita de Ale.

"Ah, que qué hay."

"Nada," respondió demasiado rápido.

Kauê volteó a ver a Alejandro, esperando una respuesta decente, pero este asintió y empezó a subir las escaleras, "creo que volveré a dormir, los veo al rato, chicos," pero antes de subir le tiró un guiño a su recién declarado amado.

Kauê pareció no notarlo y solo tomó de su agua, "te veo al rato," dijo Gabi, como apurado.

"Y tu desayuno…?"

"Todo tuyo," dijo Gabi, ya en el segundo piso. Kauê se encogió de hombros y comenzó a comer el huevo estrellado.

El rubio desesperadamente abrió la puerta a la habitación amarilla y en la cama vio a ese chico acostado, con la hoodie subida mostrando su abdomen plano y…

Gabi cerró la puerta detrás de él con una sonrisota al notar que Ale ya no tenía los pantalones puestos, estaba solo en su bóxer negro que abrazaba sus piernas a la perfección.

"¿Desayunamos?" Preguntó mientras se acercaba a la cama y le ponía seguro a la puerta. Gabi pronto escaló la cama para acompañarlo, Ale se sentó con la espalda contra la pared; por la longitud, su cabello ya estaba onduleándose, cosa que hizo que el rubio no tardara en pasarle la mano de nuevo. Se veía muy dulce, jovial, como en sus videos viejos de hace ya tres o cuatro años y ese color castañito con lámina de oro. Lo mismo con Gabi, Alejandro siempre había estado muy consciente de su belleza, pero hoy parecia brillar más fuerte debido a la revelación de sus palabras. De creer que todo estaba arruinado, a tenerlo a solo unos centímetros de su cara, sus ojos, grandes y de marea alta, su piel parecía dunas de una playa virgen, liso, beige, suave; y a pesar de que estaban uno encima del otro, no era suficiente, se necesitaban más cerca.

Alejandro fue quien lo tomó del pelo y forzó a otro beso, uno más lascivo, urgido, incluso ruidoso. Puta madre, pensó Gabi, notando el ligero acento dulce en los labios del otro, sabor untado en forma de hidratante. También le tomó del cabello, acercándolo a su nariz cada que podía para absorber ese aroma que ya lo venía enloqueciendo desde hace meses.

Aroma a toronja.

Y justo como un cítrico, la boca de Alejandro se abrió y como gajitos de fruta fresca explotó el sabor en la boca de Gabi, sintió el intercambio de salivas, maduro, en su punto; las manos de Gabi bajaron del cabello a la nuca, de la nuca a la clavícula, era un colono descubriendo una tierra rica y maravillosa. Ale se separó para recuperar el aliento, ojos aleteando, respiración agitada y de cereza sobre el pastel, unos labios mojados arqueados en una sonrisa pícara, hasta malvada se veía, Gabi sintió un escalofrío.

"Ya quítate la ropa," ordenó Ale, alzando su cabeza, haciendo como un efecto en el que veía a Gabi desde arriba, mostrando todo ese cuello con el monte de la manzana de Adán, "pero ya, Gabi."

El otro ni siquiera dudó, se quitó rápidamente el sport que traía y pateó los pants hasta que se escurrieron por el suelo. Alejandro se mordió la lengua, disfrutando el show. Gabi no estaba demasiado marcado, su musculatura era suave y ondulada, era cálida y no astringente, su abdomen plano subía y bajaba, los hombros amplios y fuertes también. Era una fuerza auténtica, de esas naturales y no exclusivamente vanidosas, eso le maravillaba a Ale, que devolvió el favor terminando de subirse la sudadera, mostrando el resto de su torso. El era más delgado, con la clásica figura de triángulo invertido. Se incó en la cama, mirando de pies a cabeza a Gabi, que seguía ahí parado como sonzo, sin reaccionar.

"Gabi… ¿qué te gustaría hacer?"

"La velda es que, no estoy seguro…"

Alejandro sonrió más amplio, sus ojitos casi cerrándose por completo, "alguna vez te la han hecho un mamu?"

Gabi burló, "¿un qué?"

"Que si te la han… chupado," pronto estaba en cuatro sobre la cama, intentando poner su mejor cara.

Gabi negó con la cabeza, aún anonadado, cuestionándose si esto era real. Pero no tuvo más chance de pensar cuando Alejandro tomó la resortera de su bóxer y lo acercó a la orilla de la cama, se paró y rápidamente hizo que cambiaran de locaciones. Gabi ahora estaba sentado en la esquina mientras el castaño bajaba lentamente, los ojos de ambos pegados a la perfección hasta que sus rodillas llegaron al suelo.

Alejandro comenzó explorando los muslos del hombre que tenía en frente, sus manos querían tocar cada centímetro, apoyó su rostro en la entrepierna, agitado, pero aún con su sonrisa. Se lamió los labios, intentando controlarse ante la situación de ensueño que tenía en frente, ¿cuántas veces se había masturbado pensando en tener la pinga de Gabi en su boca? Ya no había que imaginarse, ahora lo tenía tan cerca y era suyo. Exhaló en la creciente erección del otro, quería divertirse, quería torturarlo ahora que podía como venganza de tenerlo colgado por tanto tiempo.

"A-Ale, ya, me tienes bien bellaco," la voz del menor estaba temblorosa, con una cadencia azucaroza que Alejandro no había tenido la suerte de escuchar; fue como golosinas en su cerebro que solo desencadenaron más tortura. Los labios de Ale se arrastraban en la tela blanca de la ropa interior del otro, sus ojos ensimismados en estudiar la expresión apanicada de Gabi. Se veía tan suave y tierno, "Ale… por favor…"

Le dio un beso en la punta del pene que ya empezaba a rebosar y transpirar en la tela delgada, "¿por favor qué?" Le sonrió al otro antes de tentativamente lamer solo la puntita otra vez.

"Porfa, ya, métela a tu boca, porfa…" La mano grande de Gabi se estiró queriendo alcanzar el cabello suavecito y dirigirlo a su pene para ser liberado de una vez por todas, pero Ale no necesitó mucho más que eso para ponerse las pilas. Mordió el resorte del bóxer y lo bajó con sus dientes, logrando que esa polla bonita y ya muy mojada rebotara.

"Uy…" su tono era como burlesco, "¿necesitas ayuda con eso, Gabi?" se llevó un dedo a la boca, queriendo que el rubio, ya a su merced, fuera más explícito.

"Si… Ale, ayúdame…" entre sus repiraciones agitadas, sonrió, "te lo suplico…"

"¿Cómo podría negarme, pretty boy?"

El apodo causó un pequeño temblor en las caderas de Gabi al igual que un gemido vergonzoso. Los labios de Ale finalmente hicieron contacto directo con la punta tan rojiza como estos, empezó con lamidas ligeras, tímidas, probando las aguas, pronto escaló a cosas que le causaron escalofríos al portorriqueño, lamidas desde la base hasta la punta, meter toda la parte superior y luego dar vueltas con la lengua, lubricándolo todo perfectamente. La saliva caía a gotas de la barbilla de Alejandro, quien estaba perfectamente concentrado, sus manos encargándose de los lugares a donde su boca no llegaba, su mente completamente hipnotizada por los gemiditos y suspiros que liberaba Gabi.

Sabía que era ruidoso en todos los aspectos de su vida, ¿porqué no lo sería en el sexo? En una de esas, los labios de Ale traspasaron su barrera de antaño, llegando más profundo, cerrando sus ojos para enfocarse en no provocarse mientras sus manos jugaban con los testículos que colgaban de entre las piernas pálidas pero fuertes.

"Ah- Ah- Ale, Alejandro, mta madre…" Gabi escupió entre gemidos, ya estaba completamente duro, enrojecido por el trato tan retador y con la frente mojada del sudor, "me vas a arruinar Ale…"

Sacó el pene de su boca lentamente, reduciendo sus mejillas y soltándolo con un ruidoso "pop". El miembro ya estaba todo lubricado y endurecido hasta su límite, era perfecto. Ale sonrió y apoyó su cabeza en la pierna izquierda de Gabi "que así sea, te quiero arruinar hasta que no puedas pensar en otra cosa…" saliva seguía mojando sus mejillas y barbilla, llegaba incluso a su cuello, ¿pero cómo no salivar como perro con tal pene?

"¿P- porqué paraste?" preguntó Gabi, plantándose.

"Mm, ¿quieres cachar?"

"¿Cachar qué cosa?" Alejandro volteó los ojos, recordando que estas palabras no son internacionales.

"No te hagas Gabi, ¿cómo le digo? Vamos a coger… follar… hacer el amor…" Ale se paró y sentó en el regazo del otro, abrazándolo por el cuello como tantas veces ya lo habían hecho, pero ahora era diferente. Gabi lo miró desde abajo, encantado, embobado, con la boca tantito abierta, lo suficiente para ver sus dientes.

"Si… si vamos…" respondió, con una sonrisa estúpida y sus manos sosteniendo la cintura pequeña de Ale, esa cintura con la que tanto se había torturado, pronto bajó y se enfocó en las nalgas; estaban imposiblemente suaves y tersas, eran un par redondo y jugoso. Desde ahí empezó a levantar a Ale, dándole más atención al pene que yacía ignorado al frotarlo contra su pecho, aún resguardado en esa truza negra de la que se deshicieron rápidamente.

"Necesito que me estires tantito antes, pretty boy…" dijo Ale, frotando contra el estómago y pecho de Gabi, abrazando su cabeza y sosteniéndose del pelo rubio y corto, "¿sabes cómo?" sintió el cabello sacudiéndose, ese era Gabi negando con la cabeza, "no te preocupes, yo te enseño bebé."

Ese nombre despertó otra cosa en Gabi, quien apretó con más fuerza las nalgas de Ale, logrando sacarle el primer gemido gutural, "pero si no es máquina…" Gabi rió, sacando otra sonrisa pícara de Ale mientras este le acariciaba el pelo, "dime, dime qué hago Alejandro…"

Ver ese rostro suavecito y esos labios partidos, listos para recibir órdenes, ojos cristalinos expectantes, como un perrito sentado esperando por un premio, Ale sabía que este era el cielo.

"Mira, dame tu dedo de en medio," Gabi obedeció y Ale terminó dirigendo el falange a sus labios, primero lo besó en un proceso similar al del pene, lo fue lamiendo y escupiendo hasta dejar todo escurriendo y hecho un desastre, lo soltó y dejó su lengua afuera un momento, "ya está lubricadito, ahora, con cuidado, vas a meterlo de poco a poco en mi culo…" sonrió cariñosamente y le acarició la mejilla caliente el otro.

"¿No te va a doler?"

Ale suspiró, "me dolía, antes, pero ya estoy acostumbrado… se siente bien, en serio…"

El otro asintió mientras con cuidado imposible buscaba el tan dichoso orificio, una vez lo hayó, comenzó a acariciarlo suavemente, temoroso de hacer algo incorrectamente. Ale suspiró y se mordió el labio, buena señal supuso Gabi, entonces se atrevió a más y empujó con fuerza la yema de su dedo. Pasó por la entradita, enseguida notó el calor y lo apretado que estaba el culo de Alejandro y gimió de solo imaginar su polla en lugar de su dedo.

"Más… puedes meterlo más…"

Gabi obedeció al instante, la mitad de su dedo ya estaba absorto en el agujero carnoso, Ale gimió más fuerte, cerca del lóbulo de la oreja del rubio.

"Buen chico, Gabi, te portas tan bien…"

Consecuentemente, empujó el resto de su dedo, estaba apretado y mojado y con la intención de hacer sentir mejor a su amante, empezó a moverlo de arriba a abajo, buscando algún punto especialmente sensible

"Ahora…" Ale susurraba en su oído, "intenta meter el otro…"

Y así lo hizo, con abrir el agujero ocasionó más gemidos del otro y sintió esa deliciosa satisfacción de cuando Ale es todo suyo. Pronto, ya estaban los dos dedos bien adentro meneándose dentro del chico que llevaba una sonrisa grande puesta y gemidos queditos y controlados.

"¿Listo, bebé?"

"Mhm," afirmó Gabi, "cuando me digas…"

Ale tomó la aún parada polla de Gabi y la direccionó al agujero preparado improvisadamente, cuando la puntita tocó la entrada, el rubio echó su cabeza para atrás, abrumado por el mar de sensaciones mientras Ale se empalaba a sí mismo, su cadera se acomodaba, su abdomen temblaba por la excitación y la respiración, era un sueño y quería disfrutar cada segundo.

"Gabi, Gabriel, mírame…" los ojos azules de pronto se dispararon hacia él, sonrió mientras terminaba de caer con todo su peso encima de la polla del hombre que ha amado por tanto tiempo, se besaron de nuevo, hambrientos y apuradamente. Alejandro seguía moviendo sus caderas en círculos con el pene bien enterrado en sus entrañas, lo sentía masajear todas las zonas lascivas y necesarias, sentía su propia pinga temblar ahogada en su erección, rozando con el torso tan bien formado de Gabi.

"Alejandro, Ale, te amo…" susurró Gabi labios con labios.

"Yo más, yo más, bebé…" declaró el mayor, aferrándose a ese bello cuello fornido. Ahí, inspirado y hebrio de amor, comenzó a subir y bajar su cadera, sus nalgas caían con un ruidoso "plap" mientras besaba y mordía los hombros y clavículas del otro.

Cada ascenso era un salto hacia el cielo, cada caída una mordida al fruto prohibido. El coño de Ale estaba tan apretado y mojado, carente de algo que lo llene, Gabi supo que ese sería su rol de ahora en adelante.

Estaba donde quería estar, con ese aroma a toronja, un cítrico tan específico inundando sus fosas nasales.

El ritmo de Ale se iba acelerando, sus muslos quemaban del esfuerzo pero siguió aumentando la velocidad hasta que con cada empuje Gabi gemía como bruto, era grave y venía desde la garganta. Se enfocó luego en los labios rosas y carnosos que vestían perlitas de saliva en las comisuras. De repente estuvo sediento y se lanzó a lamer dichas perlas.

"Más… métemela más profundo, bebé…" dijo Ale al empujar al otro haciendo que caiga acostado en la cama, con sus manos enrojecidas y aferradas a las sábanas blancas, la vista borrosa no le dejaba procesar bien qué pasaba. El mayor se puso de cuclillas, sus pies planos sobre la cama y sus piernas bien acomodadas, el pene aún dentro de su culo, goteando y a punto de explotar. Puso sus manos en el pecho de Gabi con el cual empezó a jugar mientras subía y bajaba su cadera. Pasaba las yemas de sus dedos suavemente sobre los pezones rositas del otro mientras él, con la lengua bien afuera, se reía, "aww mira nada más…"

"Ah, ah, uhhg, Ah-le, Ale…"

Alejandro interrumpió las caricias en el pecho y tomó a Gabi duramente de la quijada con una mano, detuvo su ritmo tortuoso y con lentitud jugó con los labios jugosos, con su pulgar, con el anular, se tomó su cruel tiempo hasta que empezó a dibujar círculos con su cadera. Su espalda se arqueaba y jorobaba con cada vuelta.

"¡Ahg! Ah puta madre Alejandro…" Gabi gimió y empezó a susurrar plegarias, o eso parecía.

"Gabriel… Gabi… bebé…" tomó otra vez la quijada, forzando contacto visual y pasando su pulgar por la tersa mejilla blanca, "háblame bonito y sucio," ahí estaba otra vez su sonrisa malévola.

"Alejandro por favor, tu chocha es la cosa más rica del mundo…" tragó saliva, agitado, "úsame, quiero que te sientas bien, quiero ponerte bellaco, quiero ser tuyo…" exhaló temblorosamente, "s-solo tuyo, úsame bien, como a ti más te parezca…" sonrió, puro y genuino, "nada me gratifica más que obedecerte y tener tus ojos sobre mi…"

La mano de Alejandro bajó de la quijada al cuello y terminó su ruta en el abdomen, seguía moviendo su cadera lentamente y estaba maravillado por el buen comportamiento de Gabi, "mira namás… tan ansioso por mi atención…"

Gabi asintió, desesperado.

"Eso quieres, ¿no? Que te toque, que te mire, que te tenga todo para mi."

"Mhm… así es…"

Alejandro estiró sus piernas, dejando solo la punta de la polla dentro y luego se dejó caer, haciendo que su víctima voltee los ojos abrumado de placer.

"Si tan buen niño eres… ¿te vas correr adentro de mi verdad?"

Gabi asintió idióticamente, sus gemidos tomando control de todo tu cuerpo, una conquista de espasmos que maltrataba sus nervios.

"Mta madre, Gabriel, bebé, córrete, vente adentro de mí, quiero que me llenes…" su ritmo iba a una velocidad tan intensa que destilaba sudor por cada poro, "córrete, córrete…" empezó a masturbarse severamente mientras seguía con su actividad. Gabi, ensimismado en la excitación, empezó a empujar sus caderas hacia arriba cada que Ale bajaba, ocasionando un impacto delicioso. Como placas tectónicas chocaban y frotaban,

"Ah, ay, ay, Ale, Ale por dios voy a acabar…"

"Si, si, bien…" tomó la cabeza del otro y en el próximo impacto, su espalda se arqueó bellamente en una curva fluida mientras sus nalgas se aplastaban contra los muslos de Gabi; estos estaban tensados y ardían del esfuerzo, temblorosos y sudados. Gabi se aferró a la cintura del otro mientras lo jalaba hacia abajo, como si pudiera estar más profundo; fue en ese momento que se corrió, una sensación que lo cegó e hizo tiritar. En la chocha calientita, carnosa y apretada de Ale estaba ahora su semen, espeso, esparciéndose por donde encontrara lugar.

Ale se siguió masturbando hasta que también terminó, su semilla salpicado la cara y pecho de Gabi, quien intentó atrapar algo con su boca. Cuando Ale se corrió, gimió bajito y dulce, en un tono agudo, con su carita fruncida y las manos bien aferradas al cabello rubio. Gabi miró todo el show, maravillado, con gotitas de semen en su lengua y sediento de más, pero cansado.

Mientras ambos recuperaban su aliento, se quedaron viendo. Ale tomaba fotos con los ojos, se prometió a sí mismo que esta escena, esta vista, este momento, quedarían grabados a la perfección. Absorbió la mayor cantidad de detalles, aterrado de pasar por alto alguna dulce nimiedad que pudiera ser vital.

Gabi le tomó la mejilla, "Alejandro…"

Este se apoyó en la palma de la mano que lo tocaba, como un gato que suplica caricias, sus ojos de arroyo se enfocaron en el rostro arenoso de Gabi, "dígame."

"¿Quiere' ser mi… mi novio?"

Ale se rió, sacando de onda a Gabi, "Jaja, no me- no me malentiendas, claro que quiero, solo que lo dijiste tan lindo… tan lindo que dejé de procesar bien," inhaló con fuerza, la sonrisa regresando al rostro del menor, "me encantaría ser tu novio, Gabi, más que nada en el mundo pero…"

"¿Pero qué?"

"¿No crees que afecte mucho al grupo?" Alejandro se bajó del regazo fuerte y medio resbaloso, sentándose en la cama, semen escurriéndose entre sus piernas. Su pene palpitó tantito mientras el ya flácido de Gabi se resbalaba fuera de su agujero. Gimió ligeramente, pero el tema de conversación no lo dejaba sentir libremente.

"Digo, no lo tenemos que hacer público, al menos no justo ahora, ¿no?"

Ale se mordió el labio, "no, no tenemos que."

"Digo, tú sabe' cómo soy, podríamos hablarlo con los chicos, con los de PR, yo pongo la honestidad y el pecho al frente, pero también a ti, y quiero hacer lo que te haga sentir más cómodo ahorita."

Los ojos de Ale revolotearon, lágrimas tímidas amenazando con salir, estaba muy feliz, pero al mismo tiempo devastado y no sabía por qué. Se talló los ojos enrojecidos, "gracias, gracias en verdad, creo que por ahora podemos pensarlo…" puso su cabeza sobre el hombro del otro, "no hay nada que quiera más ahora que ser tu novio, pero pasar de mi fantasía a una realidad en un día…" rió entre sollozos, "me siento muy extraño" sus ojos encontraron los ajenos, "extraño, pero seguro de que te amo."

"Y eso es más que suficiente, mi Ale."

Alejandro se impulsó a besarlo, un piquito gentil, roces de alas de mariposas, labios contra labios, "te amo."

"Te amo más."

Gabi inhaló con fuerza en la coronilla de Alejandro, el aroma a toronja, ya leve y desgastado, seguía ahí, fantasmagórico y traslúcido. Sonrió a sus adentros, deseando que este hombre jamás cambie de champú.

Fin