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La sonrisa de Xie Lian desapareció en cuanto cerró la puerta de su departamento.
Se quitó los zapatos e hizo un esfuerzo sobrehumano para llegar hasta su cama y dejarse caer allí.
Agradecía que Shi QingXuan intentara animarlo, cada semana pasaba por su sitio y le traía regalos, (a veces demasiado caros para el gusto de Xie Lian) le escribía a diario y no se molestaba si no le respondía.
Los fines de semana le insistía para salir juntos, y, aunque Xie Lian siempre intentaba rechazarlo, de alguna forma QingXuan acababa arrastrándolo consigo, esa noche no había sido la excepción.
Aún si Xie Lian agradecía el cuidado de su amigo, sabía que no era algo que se diera en situaciones normales, desde que QingXuan descubrió que Xie Lian tenía un diagnóstico de depresión, se pegó a él como chicle. Los intentos de su amigo por sacarlo adelante, al contrario de animarlo, lo hacían sentir como lo más molesto del universo, pero esto era algo que él nunca le confesaría.
Frente a QingXuan actuaba lo más animado que podía, sonreía, hacía chistes y hasta tomaba la iniciativa para divertirse, pero cuándo cruzaba el umbral de su puerta, las fachadas caían y su verdadero y despreciable yo se cernía sobre él.
Habían veces donde Xie Lian se metía tanto en personaje que casi se creía su propia mentira; que estaba sanando, que estaba volviéndose alguien funcional y poco a poco dejaría de depender de los cuidados de los demás.
Era un iluso, lo veía cuando miraba su reflejo en el espejo, ojeras marcadas, pelo despeinado, ¿y sus dientes? A veces pasaba días seguidos sin lavarlos. Su propio yo le causaba náuseas, quería arrancarse el cabello, desprenderse la piel y arrancar esos horribles huesos en su boca, las personas solían decirle que tenía una sonrisa bonita.
La odiaba.
Quería morir.
Xie Lian se removió incómodo en su cama, pensando que no importaba lo cansado que estaba, debía ponerse su pijama, se lo había prometido a QingXuan.
Ignoró las crecientes ganas de vomitar todo lo que había ingerido y comenzó a desabrochar su camisa.
QingXuan tenía muchos amigos, solía invitarlos a sus salidas, probablemente solo para que Xie Lian socializara con alguien más que no fuera él.
Hoy le había presentado a un chico que Xie Lian odió, al parecer era amigo de su novio, He Xuan.
Era alto, su cabello era largo y salvaje, caía sobre sus hombros como una cascada, Xie Lian envidió lo brillante que se veía.
Sus ojos eran de dos colores diferentes, — Heterocromía.— Había dicho el chico. Xie Lian pensó que estaba mintiendo, seguro eran lentes de contacto, nadie se creería que unos ojos tan bonitos fueran reales.
También odió su sonrisa, y su estupida ropa roja ¿Por qué se vestía todo de rojo? Su gusto era horrible. Ni hablar de la forma en que lo miraba, Xie Lian se sentía expuesto, cada vez que hacía un chiste sentía que este hombre miraba su alma, él sabía que Xie Lian no se estaba divirtiendo, sabía que tenía una máscara, que todo lo que salía de su boca eran mentiras.
No le gustaba en absoluto.
Cuando QingXuan y él se retiraron del bar, el estúpido hombre de rojo le sonrió como si fuera lo más bello que tenía delante y le dijo que esperaba verlo pronto, de solo recordarlo le daba un tic nervioso.
Xie Lian terminó de colocarse el pijama y, contra todo pronóstico, en vez de volver a la cama, se dirigió al baño a cepillarse los dientes, el resentimiento que le tenía a aquel hombre le había dado un pico de adrenalina, quizás si se lavaba los dientes hoy, se verían igual de bonitos que los de él. — Espero no volverlo a ver nunca más.— resopló frustrado.
Para desgracia de Xie Lian, su próximo encuentro ocurririá más pronto de lo que esperaba.
