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𝑪𝒐𝒇𝒇𝒆𝒆 𝑩𝒐𝒚 (Esp)

Summary:

Tras su tercer despido en un mes, Hyunjin siente que no encaja en ningún lado. Su último recurso es Blueprint Coffee, la acogedora cafetería de su amigo Chan. Entre el aroma a café y una nueva familia, Hyunjin intentará encontrar su rumbo. Lo que no esperaba era que Felix, su compañero, de pecas dulces y voz profunda, se convirtiera en su guía, enseñándole que el amor y el café se cocinan mejor a fuego lento.

Chapter Text

- Estás despedido.

Aquellas dos palabras continuaron vibrando en los oídos de Hyunjin incluso después de que el eco de la puerta principal del local se apagara detrás suyo. El aire frío de la mañana le golpeó el rostro en cuanto pisó la acera. Eran apenas las nueve.

Miró el cielo gris de Seúl y soltó una carcajada amarga, desinflándose en su sitio. Tres trabajos en un solo mes. Debía de ser una especie de récord personal, uno del que definitivamente no se sentía orgulloso. No era que lo hiciera a propósito, simplemente parecía que su mente siempre estaba en otra parte, flotando a un ritmo diferente al del resto del mundo. No importa cuánto lo intentara, parecía que mientras más se esforzaba, peor salían las cosas, y para los supervisores, eso se traducía como incompetencia pura.

Ajustó las correas de su mochila, que se mecía con ligereza sobre su espalda debido a la falta de peso, y comenzó a caminar sin un rumbo fijo. Sus pies se movían por pura inercia, arrastrándose apenas sobre el pavimento húmedo mientras mantenía la mirada fija en la punta de sus zapatillas. Pasó de largo la florería de la esquina y el crujido de las hojas secas debajo de él apenas lograba sacarlo de sus pensamientos. Le invadió una pereza aplastante, mezclada con una punzada de ansiedad, al pensar en el ciclo sin fin que le esperaba. Revisar páginas de empleo, maquillar su currículum y sentarse en esas incómodas entrevistas donde siempre tenía que fingir ser el empleado perfecto y entusiasta que claramente no era.

Caminó el trayecto de regreso a casa como si llevara bloques de cemento dentro de los bolsillos. No quería llegar a su departamento, sabía perfectamente que Jisung, su roomie, con su energía inagotable y sus bromas ruidosas, sería demasiado para su cabeza en ese momento. Sin embargo, no tenía a dónde más ir.

Cuando las puertas del ascensor se abrieron en el sexto piso, el pasillo lo recibió con el silencio sepulcral de siempre. Sacó el manojo de llaves, cuyo tintineo exagerado por la cantidad de llaveros acumulados rompió la calma del lugar, y abrió la puerta con cautela.

Un silencio angelical lo envolvió al dar el primer paso hacia dentro.

Hyunjin soltó un suspiro de alivio que ni siquiera sabía que estaba reteniendo. Definitivamente Jisung no estaba. El departamento, aunque pequeño, era el refugio perfecto para ambos. La cocina americana se conectaba directamente con una sala de estar, y un pasillo corto conducía hacia las dos habitaciones.

Dejó caer la mochila sobre el sofá sin delicadeza y se arrastró hasta su cuarto. Se cambió de su ropa formal de trabajo, a unos pantalones de chándal desgastados y una camiseta de gran tamaño. Su cama, deshecha desde la mañana, se veía más tentadora que nunca. Se dejó caer, sintiendo cómo el colchón se hundía bajo su peso, y cerró los ojos, permitiendo que el cansancio mental lo arrastrara hacia un sueño profundo.

En sus sueños, el ambiente era cálido. Podía oler el césped recién cortado del patio trasero de la casa de sus padres y escuchar los ladridos amortiguados de Kkami, que corría de un lado al otro persiguiendo un juguete. Extrañaba tanto ese lugar que, incluso dormido, una parte de su cerebro anotó la urgencia de ir de visita en cuanto tuviera un respiro.

- ¡Hyunjin!

El ladrido de Kkami pareció transformarse en una voz distorsionada. No lo podía creer. Kkami podía hablar.

- ¡Hyunjin, despierta de una buena vez!

El agua helada le golpeó la cara antes de que pudiera procesar la transición entre el sueño y la realidad.

Hyunjin se incorporó de golpe, ahogando un grito, con el corazón acelerado y el cabello empapado pegado a la frente. Parpadeó repetidamente tratando de enfocar la figura que se alzaba junto a su cama. Jisung lo observaba sosteniendo un vaso de vidrio vacío, con una ceja levantada y una mezcla de diversión y genuina preocupación en el rostro. Su cabello azul resaltaba entre aquellas paredes blancas.

-¿Tenías que tirarme agua? - Logró articular, con la voz ronca por el sueño y el fastidio.

- Estuve llamándote por 10 minutos y ni te movías. Por un segundo pensé que habías entrado en coma e iba a tener que llamar a una ambulancia.- Replicó el menor, dejando el vaso sobre la mesa de noche.- ¿O preferías que te despertara con un beso de amor verdadero, bella durmiente?

Hyunjin rodó los ojos y se pasó una mano por la cara para quitarse las gotas de agua.

- ¿Qué quieres?

- Tu teléfono no ha parado de sonar. Como estabas en el quinto sueño, contesté yo.- Jisung le tendió el aparato, que aún conservaba la pantalla encendida.- Era un tal Chan. Dijo que acaba de regresar de Australia y que se moría por verte. De hecho, él me dio la idea del agua, resulta que tenía razón cuando me dijo que era el único método efectivo contigo.

Al escuchar el nombre, las neuronas de Hyunjin finalmente parecieron reconectarse.

- ¿Chan? ¿Christopher Chan? ¿Cuándo volvió?

- Averígualo tu mismo, parece que está llamando de nuevo.- Dijo Jisung, dándole una palmada en la espalda antes de salir de la habitación, dándole el espacio que necesitaba.

Hyunjin miró la pantalla y, tras aceptar la llamada entrante, se llevó el teléfono al oído.

- ¿Hola?

- ¡Hyunjin! Vaya, al fin respondes, ya pensé que había pasado algo.- La risa familiar, cálida y ligeramente ruidosa de su viejo amigo resonó al otro lado de la línea, trayendo consigo una oleada instantánea de nostalgia. A pesar de que cada cierto tiempo hablaban por mensaje, casi nunca tenían la oportunidad de llamarse debido a la agenda apretada del australiano, por lo que escuchar su voz le sentaba bien.

- Chan, idiota. ¿Cuándo es que llegaste?

- Hace como dos meses, en realidad. Pero necesitaba arreglar un par de cosas antes de darte la sorpresa... ¡Sorpresa!

- Eres un maldito. Podrías haberme avisado.

- Lo sé, lo sé, pero así no hubiera sido una sorpresa.- Se burló Chan, aunque su tono cambió a uno un poco más suave y cauteloso.- De hecho... había pasado por tu trabajo hace una hora. Quería aparecer de improvisto, pero el mánager me dijo que te habían despedido esta mañana. Jin... ¿Cuántos van ya?

Hyunjin desvió la mirada hacia sus pies descalzos, sintiendo una pulsada de vergüenza. Con Chan no podía usar su fachada de indiferencia.

- Es el tercero en el mes. Un nuevo récord, supongo.

Hubo un breve silencio en la línea, pero no fue un silencio de juicio, sino de comprensión. Chan siempre había sido el cable a tierra de su grupo de amigos.

- No sé qué estás haciendo para que te echen tan rápido, pero da la casualidad de que yo conozco a un jefe que es bastante paciente. Dudo mucho que te despida.

Hyunjin esbozo una pequeña sonrisa, recostando la espalda contra la pared.

- Uh, miren al abuelo Chan y sus contactos influyentes. Cuéntame más.

- Ja, ja, qué gracioso.- Respondió el mayor con sarcasmo.- Ese jefe soy yo, Hwang. Y si me sigues diciendo abuelo, te voy a despedir antes de que empieces.

- Espera, ¿Qué?

- Abrí una cafetería, regresé para darle vida a este proyecto aquí. Hace un mes abrimos y nos está yendo bastante bien, pero el flujo de clientes aumentó y necesito un barista urgentemente. Pensé en ti de inmediato.

Hyunjin frunció el ceño, la inseguridad golpeó su pecho de nuevo.

- Chan... no sé nada de café. ¿De verdad crees que soy capaz de hacer eso sin incendiar el lugar?

- No te lo ofrecería si no supieras de lo que eres capaz. Solo necesitas un poco de estructura, y yo te voy a enseñar. Además...- Un fuerte estruendo de metal chocando contra el suelo interrumpió las palabras de Chan, seguido de unas carcajadas y un quejido en el fondo.- ¡Chicos! Lo siento Jin, tengo que colgar, Estos bobos acaban de tirar la caja de los cubiertos otra vez.

- ¿Qué bobos?

- Los conocerás si vienes mañana. Te espero a las nueve en punto, ¡No llegues tarde!

La llamada se cortó antes de que pudiera responderle. Segundos después, la pantalla vibró con la notificación de un nuevo mensaje. Era la dirección del local junto a un emoji de café y un corazón.

Hyunjin se quedó mirando el mapa en la pantalla, el peso de su pecho fue disminuyendo de a poco. Chan siempre aparecía cuando su mundo parecía desmoronarse. Suspiró, dejando caer el teléfono sobre las sábanas y miró hacia la ventana.

Al menos ya no tendría que pasar por otra entrevista de trabajo. ¿Qué tan difícil podía ser trabajar en una cafetería? Nada malo podría pasar.

¿Verdad?