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A sus 22 años, Sanghyeok se arrepentía de muchas cosas. Le hubiera encantado haber cambiado algo de sus acciones para alterar el rumbo de su vida. Trabajaba de medio tiempo en una tienda de conveniencia, donde el avance de la tecnología probablemente pronto haría que su jefe ya no necesitara su ayuda. Vivía en un departamento sucio, frío y húmedo, ubicado en un barrio que estaba en proceso de renovación. Si el acuerdo se concretaba, lo más probable era que tuviera que mudarse. Sin duda, era una vida de desgracia.
Un día, mientras veía a un grupo de jóvenes afuera de la tienda haciendo una coreografía de K-pop al ritmo de una música suave que se filtraba por los ventanales, se preguntó: ¿Qué hubiera pasado si…? Sanghyeok había amado la danza desde pequeño, pero recordó haberla abandonado debido a su perfeccionismo después de sufrir un esguince.
Levantó la vista hacia la pequeña televisión de la tienda cuando reconoció una de las canciones populares que sonaba. Parecía ser de un programa de televisión, y el nombre del grupo, “Maknae’z”, aparecía en letras grandes en la pantalla. El nombre le pareció curioso, y soltó una risa leve. Se movían con agilidad y cantaban con notable estabilidad, sin duda una prueba de los frutos de su arduo trabajo como trainees tan jóvenes.
—Mira… Woonhak se ve tan guapo —escuchó decir a una de las chicas, que estaba pegada a la televisión, mientras la otra soltaba un puchero y un quejido.
— ¡Te dije que debíamos haber ido! Estaríamos viéndolos en el escenario ahorita mismo —dijo la otra chica, frunciendo el ceño mientras hacía un gesto a modo de burla.
Woonhak, creía haber escuchado ese nombre antes… 2006, líder de “Maknae’z” y el mayor del grupo, era bastante alto y tenía la actitud de un niño pequeño a pesar de ser el mayor. Sí, definitivamente creía haber escuchado de él. Le daba algo de envidia que él pudiera seguir sus sueños —o al menos eso parecía, ya que se le veía muy cómodo frente a la cámara y los fans— mientras que Sanghyeok se quedaba estancado.
Si tan solo pudiera cambiar una pequeña cosa…
Entonces despertó, encontrándose en medio de la nada. Todo estaba oscuro, salvo por unos pilares blancos rotos que marcaban un camino. Caminó tranquilamente hasta llegar a una tienda de vinilos. En el interior, los estantes estaban abarrotados de vinilos. Entró junto al sonido característico de la campanilla que anunciaba a los clientes y apareció un chico rubio teñido alto… era Yeonjun, un famoso idol y bailarín de la época. Pero, ¿qué hacía ahí?
— Bienvenido… ¿qué está buscando? —preguntó Yeonjun. Sanghyeok sabía que esto no era una tienda de vinilos convencional. Olía a una mezcla de lavanda y ceniza, y en un sueño, no se podían usar los sentidos que no fueran la vista. Era extraño.
— ¿Dónde estoy? —preguntó Sanghyeok, consciente de que esto no era una tienda de vinilos normal.
— Estás en mi tienda de vinilos, ¿sabías que las canciones cuentan historias? Normalmente se representan en un videoclip, pero siempre hay algo más escondido. — dijo Yeonjun, con un aire onírico, divagando entre sus palabras.
— ¿Dónde estoy? — repitió Sanghyeok, más serio y un poco cansado de las metáforas. No tenía ni idea de qué estaba pasando a su alrededor.
— Estás muerto. Bueno, no diría muerto más bien tu cuerpo está en ese estado, aunque no estás del todo muerto tampoco. — dijo Yeonjun, sus palabras cayendo sobre Sanghyeok como un balde de agua helada. ¿Muerto? ¿Él? Solo recordaba irse a casa mientras cruzaba la calle… oh okay, tenía algo de sentido.
— Si estoy muerto, ¿eso quiere decir que eres un fantasma, un ángel o tal vez Dios? — preguntó Sanghyeok, tratando de asimilar que estaba en un extraño limbo, en una tienda de vinilos junto a uno de los ídolos más aclamados de la realidad.
— Solo soy un simple vendedor de discos de vinilos. — dijo el rubio teñido, encogiéndose de hombros sin responder del todo a su pregunta. Sanghyeok miró los vinilos con detenimiento, cuestionándose por qué este lugar era así. El contrario carraspeó. — Las canciones cuentan historias.
— Eso ya lo dijiste. — dijo Sanghyeok, frunciendo el ceño, harto de esa reverberación.
— Estas son tus historias… — interrumpió Yeonjun con una sonrisa, finalmente habiendo captado la atención de Sanghyeok. Sus ojos recorrieron los vinilos, cada uno sin título, solo identificado por su color. Tomó uno rápidamente, solo para ser detenido por el vendedor. — No eres muy paciente, ¿verdad?
— Es que hablas muy lento…
— Estos vinilos narran tu vida si hubieras cambiado esa pequeña cosa que querías cambiar… ¿sabes? Te arrepientes demasiado. Deberías darte crédito. — Dijo mientras tomaba el vinilo que Sanghyeok había tomado y dejado en su lugar. Sanghyeok miraba los vinilos con un brillo en los ojos.
— Solo… di lo que querías cambiar, y te llevaré a esa vida… Tal vez sea la vida que deseas y te quedes ahí para siempre, o también puedes volver aquí a explorar otras opciones.
— Si me quedo en otra vida, ¿recordaré esto?
— No, creo que tiene sentido eso.
Sanghyeok había pasado lo que parecían días viviendo una vida tras otra. En una era, era un profesor de música en una prestigiosa universidad; en otra, un bailarín de renombre conocido por sus coreografías en varios grupos de k-pop. Cada vida era como un sueño, pero ninguna era suficientemente convincente como para que apenas se quedara en lo que parecían unas horas… hasta hace poco.
Despertó en un hotel, mirando a su alrededor y dándose cuenta de que compartía habitación con alguien más. Se levantó en silencio y se dirigió al baño compartido. Al encender la luz, notó que su cabello estaba más corto y tenía un tinte blanco ceniza. Buscó algo que le diera una pista sobre su identidad en esta vida, pero no encontró nada. Apagó las luces del baño y regresó sigilosamente a su cama, agarrando un teléfono (que parecía ser suyo) de la mesita de noche. De fondo, su perro Daebak aparecía en la pantalla. Al desbloquear el teléfono, notó algunas aplicaciones que le llamaron la atención, especialmente Weverse. Sin embargo, era diferente; era un idol, aunque también podría ser alguien del staff. Abrió la aplicación y fue recibido por un aluvión de notificaciones, todas dirigidas a él. Al revisar su perfil, vio que su apodo era Riwoo y que era parte de un grupo llamado BOYNEXTDOOR. Había numerosos mensajes de fans hablando sobre un próximo concierto. De repente, escuchó el sonido de sábanas moviéndose en la cama que estaba a su lado y miró hacia el lugar, donde alguien estaba acostado.
—Sanghyeok hyung, ¿qué haces despierto tan tarde?— preguntó la voz, que le resultaba familiar. Una cabellera castaña se levantó, revelando un rostro bastante conocido. Era Woonhak, pero esta vez parecía ser parte del mismo grupo de K-pop que él.
—U-uh, yo…— titubeó, sin saber qué decir. No tenía idea de cuál era su relación, si solo eran cordiales o realmente cercanos. Estaba completamente en la oscuridad.
— Uhm… ¿Tal vez Sanghyeok hyung quiera que duerma con él?— dijo algo tímido, como si hubiera estado pensando en esas palabras por un buen rato. Eso me mortificó. ¿Qué clase de relación teníamos? — O-olvídalo, hyung. Solo voy a dormir otra vez.
Lo vi girarse a dormir, viéndose avergonzado, y eso me dio un tirón en el estómago. ¿Qué era todo esto? ¿Una especie de bromance? ¿Era cierto que los miembros de un grupo se gustaban entre sí?
Después de ese momento, no desperté. Había pasado exactamente una semana desde que desperté en esta realidad. Me acostumbré rápidamente a la vida de idol: fan meetings, conciertos y un montón de tareas en el día. Mis compañeros también parecían muy cercanos a mí, pero había este chico, Woonhak, que parecía estar evadiéndome con una sonrisa nerviosa. No lo supe hasta una semana después, cuando terminé de hacer un en vivo después de una presentación. Ya había apagado la luz del aro de luz y el staff había salido de la habitación. Woonhak entró después, ya que volvíamos a compartir habitación esta vez.
— Puedes usar la ducha. Ya me duché en la habitación de Dongmin hyung — dijo el castaño, yendo hacia su cama y tirándose cansado en ella.
— ¿Por qué me ignoras? — dije sin tapujos. Estaba viendo fotos antiguas, y no siempre era distante. De hecho, había muchas fotos, incluso desde pre-debut. El menor se quedó estático por unos segundos antes de levantarse y mirarme de reojo, algo apenado.
— Hyung… solo quería disculparme por ese beso.
— ¡¿Beso?! — Interrumpí, un destello fugaz de una noche en los dormitorios me vino a la mente. Un beso tímido y compartido entre Woonhak y yo, antes de que yo transmigrara a esta realidad.
— S-sí… no quería ser tan atrevido, pero ese día no te mentía, hyung. Me gustas muchísimo. — Podía sentir cómo mi cerebro aceleraba. ¿Qué era esta realidad? Una donde Woonhak, conocido en mi realidad como un chico atractivo que siempre mantuvo un perfil de rompecorazones, ¿sentía algo por mí? Sanghyeok apenas pudo formular alguna palabra antes de que Woonhak se acercara con esa cara de perro mojado, haciéndolo retroceder un poco. Woonhak continuó: — Y-yo entiendo que no sientas nada por mí, pero me gustaría que me lo dijeras tú.
Bueno, Sanghyeok no podía negarlo. En su realidad, Woonhak le parecía atractivo, pero inalcanzable. Y ahora, estar frente a él confesándole sus sentimientos era increíblemente tentador. Pero sabía que probablemente no estaría aquí por mucho tiempo. Sabía que todo era una ilusión de todas las vidas en las que pudo cambiar algo.
— Woonhak… la verdad es que, no sé si…
— Hyung, sea buena idea o no, prometo que me comportaré. No dejaré que nadie descubra lo nuestro, y si lo hacen… te protegeré. No dejaré que nos separen. — Woonhak interrumpió, tomando las manos de Sanghyeok con convicción.
Sanghyeok sabía que esto no duraría para siempre. Sabía que al final despertaría o eventualmente aparecería en la tienda de vino para comenzar otra historia. Lo sabía.
— Está bien, lo intentaremos.
Habían pasado unos meses, y parecía que realmente no volvería a esa tienda de vinilos y se quedaría aquí. Aunque no se quería confiar, Woonhak había sido increíblemente atento con él durante este tiempo. Le compraba su té favorito, lo acompañaba de compras e incluso le daba pequeños postres en secreto cuando Sanghyeok estaba en dietas de la empresa. Además, Woonhak era increíblemente cariñoso en privado. Apenas las puertas de la habitación se cerraban, él buscaba el toque de Sanghyeok y lo bañaba de besos y mensajes de confirmación.
— Hoy estabas demasiado lindo. Vi cómo muchas fans te miraban. Tal vez deberías usar menos atuendos reveladores. —dijo Woonhak, haciendo un puchero mientras tocaba el dobladillo del crop top de Sanghyeok de la presentación de hoy, que dejaba ver ligeramente su abdomen y ombligo. Sanghyeok solo sonrió y acarició el cabello castaño de Woonhak.
— ¿Estás celoso? Me gusta usar estos crop tops —respondió el mayor, acomodándose levemente en la cama para que Woonhak estuviera más cómodo recostado sobre su abdomen. Woonhak solo bufó sin responder y comenzó a repartir besos por el abdomen del teñido, sin ninguna intención más que mostrarle cariño.
— Sí, estoy celoso porque mi Sanghyeok hyung recibe miradas ajenas que no son mías —frunció el ceño el castaño para volver a acomodarse, rodeando sus brazos en la cintura del mayor y reposando su cabeza en su abdomen.
Si Sanghyeok fuera completamente honesto, admitiría que no quería despertar de esta realidad. Se había acostumbrado al cariño de los fans y, de alguna manera, el vacío que Woonhak llenaba con cada gesto lo hacía sentir vivo y en paz. —Prefiero esta vida donde tiene sentido estar vivo que volver a la realidad donde sé que terminaré sin rumbo— pensaba. Temía dormir y despertar de nuevo en esa tienda de vinilos o, peor aún, en su horrible departamento ya deteriorado de su realidad.
—Hyung, deberías dejar de sobrepensar… solo decía lo de estar celoso como una broma—. Sanghyeok no se había dado cuenta de que había estado mirando a un punto fijo demasiado tiempo sin decir nada, lo que preocupó al menor.
—Sé que lo decías de broma, sé que en secreto amas que use ese tipo de atuendos—. El teñido tomó las mejillas de su pareja, presionándolas levemente, y se acercó para darle un beso corto en los labios.
Definitivamente no quería despertar de este lugar…
—¿Y? ¿Cómo te fue?— preguntó Yeonjun onírico mientras reposaba los codos sobre el mostrador. Sanghyeok abrió los ojos y se encontró con la peor decepción de su vida. Había despertado y ya no estaba en ese lugar. Intentó reproducir el vinilo de nuevo, pero el lector parecía no reproducirlo.
—Déjame volver—. Fue más una orden que una petición. El mayor levantó las manos como si se librara de culpa.
— No puedes hacer eso. Una vez que los vinilos te traen de vuelta, no puedes volver a ellos. Son reglas místicas o algo así. — El rubio volvió a colocar sus manos en el mostrador mientras Sanghyeok parecía estar en un debate interno. Era demasiado bueno para ser verdad.
— ¿Qué pasó con quedarme en ese mundo? Yo quería quedarme ahí. Esto es injusto. — El más bajo comenzó a molestarse, levantándose para encarar al ser onírico. No quería pensar en qué pasaría en ese mundo si él no estaba presente. No quería perder ese cariño, ese vacío que llenaba un chico que siempre velaba por su bienestar.
— Te pregunto yo ahora, ¿era realmente eso lo que querías? Ya sabes, llenaste un vacío que tenías, pero ¿es rentable siquiera llenarlo con alguien más en lugar de hacerlo por tus propias manos? — Sanghyeok solo se le desfiguró la cara en una expresión de incomprensión. Yeonjun onírico solo suspiró.
— Tienes que comprender que debes ser capaz de sentirte valorado y darte cuenta de que puedes cambiar eso en tu mundo. Te arrepientes de haber dejado el baile por un esguince. Creo que deberías replantearte algunas cosas para no arrepentirte más adelante.
Sanghyeok pensó por un momento. Claro que sabía que se arrepentía de haber dejado el baile, el cual le abría las puertas a ser querido por otros. Pero ¿era eso acaso para siempre?
— Te lo digo porque somos amigos, y eres bastante joven. Tienes la capacidad de cambiar tu realidad. No te rindas. — Justo cuando decía eso, el lugar comenzó a temblar, y los estantes abarrotados empezaron a derrumbarse. Sanghyeok se paralizó levemente ante el movimiento, aferrándose al mostrador.
— ¿Q-qué está pasando? — Su cuerpo se sentía pesado, y sus terminales nerviosas le exigían huir del lugar.
— Estás despertando… creo que tienes una oportunidad más. Un consejo: el que no arriesga, no gana. — Dijo Yeonjun onírico antes de empujarlo hacia la salida. Una luz cegadora golpeó el rostro del más joven.
… y despertó.
Mi cuerpo se sentía pesado, y una luz intensa me golpeaba el rostro. Traté de moverme, sintiendo un cable en mi brazo. Abrí los ojos y me encontré en un salón común. Había más personas en camillas a mi lado, pero solo nos separaba una cortinilla. Miré hacia la izquierda y vi a alguien con gorra y mascarilla. No podía identificar el rostro, pero estaba dormido en la silla contigua a mí.
Un doctor abrió la cortinilla, haciendo sobresaltar al chico que estaba durmiendo.
— Oh, estás despierto… — dijo el médico, posando sus ojos sobre mí. Moví el brazo y noté una intravenosa conectada a él. El otro chico carraspeó, mirando al médico como si quisiera decir algo. El médico continuó: — Señor Lee, usted casi fue víctima de un accidente automovilístico por un conductor ebrio. El señor Kim, que está aquí presente, lo salvó, pero por accidente golpeó una zona en la sien de su cabeza, causándole un desmayo temporal que duró una semana. El conductor ha sido procesado y sus familiares y cercanos han sido notificados sobre el accidente. Tuvo suerte. — Dijo mientras llenaba un informe y pasaba una luz frente a mis pupilas, haciéndome entrecerrar los ojos levemente. — Parece estar bien. No tiene lesiones mayores. Iré a rellenar y traer el informe del alta.
Con eso, el médico salió del lugar, dejándonos a mí y al tal “señor Kim” en un silencio algo incómodo. Moví la cabeza para ver al contrario, observándolo mientras se ajustaba la mascarilla incómoda por el uso prolongado.
— Uh… tú me salvaste del accidente. Muchas gracias. — dije, sintiéndome levemente incómodo y extrañamente en deuda con aquel hombre.
— Yo… no es nada. Creo que cualquiera en mi situación habría hecho lo mismo. — Mentira. Probablemente otra persona me habría dejado atropellar. Aunque pareció darse cuenta de lo que pensaba y miró hacia otro lado. El silencio se volvió aún más incómodo, y carraspeó de nuevo mientras se acomodaba la mascarilla.
— Uhm… ¿podrías quitarte eso? Se ve que te incomoda. Además, quiero saber quién me salvó. — Dije tranquilo mientras me acomodaba mejor en la camilla. El otro chico se removió en el sofá, bajando un poco más su gorra, aunque aún ocultaba parcialmente su identidad.
— No, no, estoy bien así. — Respondió el otro chico con una risa nerviosa. Frunció el ceño levemente, sonrió y desvió la mirada antes de volver a posarla en mí.
— Vamos… no diré nada. Solo quiero ver el rostro de la persona que me salvó de una posible muerte. — Hubo un silencio por un momento, y el desconocido me ayudó a reincorporarme en el sofá. Se quitó la gorra y la mascarilla, revelando un rostro bastante cuidado y conservado. Quedé sin palabras… era Woonhak, de su realidad. Había salvado mi vida, incluso en un mundo donde nunca creí que nos cruzaríamos.
…Eres bastante joven. Tienes el poder de cambiar tu realidad. No debes rendirte…
Tal vez era verdad. Podía cambiar algo hoy mismo, aunque no recordaba bien dónde había escuchado esa frase.
