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Los lugares vacíos en mi corazón [en algún lugar donde aún estás]

Summary:

«Confía en mí», Satoru habló con serenidad: «solo te presentas e intercambias saludos. Si no te agrada, podrán irse por caminos separados.»

Una ligera desazón envolvió a Yūta, pues en las palabras y gestos de su primo había algo más: como un secreto y la anticipación que este conllevaba.

Notes:

Disclaimer: Este trabajo de ficción, el cual se hace uso de los personajes de la obra original Jujutsu Kaisen, cuyo autor es Gege Akutami. Esta historia es únicamente para el entretenimiento del lector.

Para la Yutamaki week.
Día 01: Casamentero

(See the end of the work for more notes.)

Chapter Text

Hacía poco que Yūta había regresado del extranjero luego de años viviendo fuera, y Satoru ya lo había involucrado en asuntos con los que ni él mismo quería lidiar, como lo era su situación actual.

Satoru ya tenía más de cuarenta años, y uno pensaría que su familia ya se habría rendido en su intento de casarlo y, con ello, beneficiarse tanto ellos como el grupo, pero no estaban más que esforzándose en vano. De hecho, Satoru ya había anunciado en más de una ocasión que no se casaría jamás y que, mucho menos, pensaba tener hijos. Esa declaración logró que su abuelo fuera al hospital. Pero su determinación no logró más que volver aún más desesperados los intentos de persuadirlo, de convencerlo o de obligarlo. Claro que nada de eso parecía siquiera quitarle el sueño a Satoru.

«Yūta-kun~, debes volver. Tú eres el único racional de esta familia»

Conmovido (o chantajeado) por la petición de su primo, Yūta regresó a Japón tal como se le pidió, cosa que no complació a su madre, quien no había logrado eso por años, y Satoru, con una simple llamada lo hizo. Pero Yūta no tenía ni bien dos días y ya se arrepintía.

—Quita esa cara, es solo una pequeña reunión casual. Es importante establecer contactos y relaciones estrechas con personas prominentes —dijo Satoru con una sonrisa petulante y un tono sabiondo.

Y Yūta entendía todo eso: que, aunque él no era de la rama principal, seguía siendo miembro de la familia Gojo. Sin embargo,

—¿Y por qué debo ser yo quien lo haga? Según sé, eres con quien la familia quiere establecer una relación estrecha mediante matrimonio con ella -o cualquiera que sea conveniente, ¿no?

Yūta no conocía a la joven con la que se suponía que su primo debía encontrarse, pero estaba muy al tanto de la influencia de su familia.

—¿Por qué no? Eres perfecto para eso. Verás, ella es demasiado joven para mi gusto. Te aseguro que no tenemos mucho en común y no habría tema de conversación.

Aunque esa joven era más cercana en edad a Yūta que a Satoru, Yūta dudaba que eso fuera un impedimento para que su primo se encontrara con ella, como había dicho. Al menos como simple formalidad.

—Entiendo que no te llama la atención. Si prefieres, puedo cambiar el encuentro y en lugar de ella... ¿Qué tal el hermano? Es mayor que ella, pero es un cretino. Aun así, si esa es tu preferencia entonces...

—¡Sabes que no me refiero a eso! —replicó con urgencia y avergonzado por la implicación. Le frustraba que Satoru se divirtiera a su costa. Sentía el rostro caliente. 

La excusa de Satoru era que Yūta estableciera contactos, pero una cafetería de moda (un lugar típico para citas) y su reunión con la chica eran obvias: su intención era usarlo como remplazo en el desesperado juego de formar una alianza matrimonial de su familia.

—¿Me pediste que regresara a Japón solo para usarme como reemplazo?

—Para nada.

—Satoru...

—¿Podrías hacerme ese favor? Es mera formalidad. No puedo negarme al encuentro. Y ella es guapa, pero demasiado joven, y tú sabes que yo prefiero a las mujeres mayores —Satoru sonrió con picardía mientras le dio un guiño que parecía hacer rebotar un destello. Yūta no le siguió el juego— Claro que tengo interés en unir a la familia de esa joven a mi nuevo negocio, pero no a través del matrimonio.

—Sí, pero la familia-

—Te prometo, primito, que nunca he tenido interés en seguir el juego de la familia ni en ceder en lo que quieren —el hombre le ofreció una sonrisa brillante. Yūta le miró con duda, incluso con algo de desconfianza. Parecía sincero, pero Satoru era un hombre demasiado sagaz.— Nuestro Grupo es de los más importantes; nuestra familia y más que nadie, yo, ¿cómo podría anclarme de forma permanente en algo que solo me beneficiara un poco? Simplemente, casarse no lo vale.

Yūta entendía lo que decía su primo. Le conocía y Satoru no era alguien a quien consideraba hecho para el matrimonio. Él hacía lo que quería, cuando quería, y de ninguna manera cambiaría su libertad y su vida sin ataduras por beneficios a corto plazo.  Satoru era lo suficientemente poderoso como para vivir como quisiera.

Yūta, por otra parte, no tenía ni la posición ni las condiciones para hacer lo mismo que su primo si su familia se lo exigía. Por eso le ponía de nervios que Satoru pareciera estar empujándolo directo al fuego para que no arder él.

Sus preocupaciones silenciosas debieron ser notorias para el hombre, porque este solo resopló con algo de diversión mientras le revolvía el cabello -un acto que, cuando era niño, lograba animarlo, pero ahora sus estaturas no eran tan diferentes y Yūta ya no era tan crédulo.

—Confía en mí —pero Yūta le miró con clara desconfianza. Satoru habló con serenidad— Qué te parece si hacemos esto: solo vas, te presentas e intercambias saludos; ya sabes, preguntas sobre su vida, y si te da una buena impresión, te quedas un rato más. Pero si, por el contrario, ella no te despierta interés o te resulta desagradable, entonces le das algún cumplido y, luego de media hora, te levantas, pagas la cuenta y te despides. Ya con eso, eres libre de regresar a Australia, a América o adonde sea que estabas, ¿hm?

Sonaba coherente y sencillo. Lo que lo hacía aún más sospechoso. Nada era así de fácil con él. Satoru debía de ser la persona favorita de Yūta en su familia luego de su hermana, pero eso no era razón para omitir la verdad sobre su primo. Y es que Satoru era increíblemente bueno para manipular y engañar a los demás. Yūta le miró con cautela y deseaba que no estuviera usando gafas oscuras y así poder determinar la verdadera intención a través de su mirada y descifrar lo que realmente planeaba.

Luego de unos momentos, Yūta asintió lentamente en señal de aceptación. Intentar seguir y entender las intenciones de Satoru era algo que siempre le agotaba.

—Bien...

—¡Perfecto!

—Pero solo estaré un momento. También le explicaré que no me interesa y que solo estoy ahí por formalidad.

— ¡Claro! Si no te agrada, podrán irse por caminos separados. Sin consecuencias. sin arrepentimientos 

—Me debes una.

—Ah, primito, creo que será lo contrario.

La sonrisa de Satoru se mantuvo, pero un ligero desazón envolvió a Yūta. No podía identificar qué era, pero en las palabras y gestos de su primo había algo más: como un secreto y la anticipación que este conllevaba.

De pronto, Yūta tuvo el presentimiento de que no se libraría tan fácil como Satoru lo prometía.