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La distancia es, en su forma más simple, la razón de todas sus desgracias.
O bueno, más que la distancia es el no tener a Nakamura cerca y siendo ese el verdadero centro de todos sus males.
Con la llegada de las vacaciones de verano y una agenda mucho más libre, pensó en hacer mil cosas: ir a acampar con su padre, hornear algo con su madre, evitar a su hermana y salir con sus amigos; pues podría jugar voleibol con Mukai y Takeuchi, jugar algo con Oomori o hacer cualquier cosa con Nakamura.
¡Nakamura! Su buen y muy, muy querido Nakamura sobre el cual jamás pensó que llegarían a ser tan cercanos y, hasta cierto punto, volverse su persona más cercana.
Que no se malentienda, aprecia a sus amigos, ellos son geniales, pero no son Nakamura.
Planeo una serie de actividades con él para estas vacaciones como ir a pescar o a la alberca, algunos días podrían ir al acuario y otros quedarse en casa a ver alguna película o jugar algo, o bueno, que él lo haga porque su amigo parece estar muy feliz con solo verlo jugar, ¡pero cualquier cosa resulta genial si lo hacen entre los dos!
Incluso había planeado alguna que otra pijamada con una serie de películas de terror —porque esta dispuesto a superar su miedo y que Nakamura deje de pensar que es un miedoso— con palomitas y todo, sus padres estuvieron de acuerdo.
Todo estaba planificado a más mínimo detalle y cada día que se acercaba para acabar con el curso lo emocionaba. Estuvo feliz hasta esa fatídica tarde en la que Nakamura le comento con fastidio que pasaría las vacaciones donde una tía junto a Kana, esto por petición de su madre.
Con eso, todas las ilusiones que tuvo en algún momento se derrumbaron frente a sus ojos, cada plan siendo pisoteado y una profunda decepción haciendo mella en él.
Bien, entonces sus vacaciones sin Nakamura. Todavía podía hacerlo.
Y sí podía hacerlo, los días con sus amigos estaban bien… pero faltaba algo y ese algo se encontraba a cientos de kilómetros de distancia de él.
Cuando Nakamura se fue supo que la decepción de no pasar el verano juntos era mutua, eso al menos lo reconforto un poco. Lo suficiente para darle ánimos al chico más callado.
—Cuando vuelvas todavía podremos salir.
Sus ojos lo vieron con un brillo lleno de una emoción que lograba enternecerlo. —Claro, todavía buscaremos algo que hacer incluso si vuelves el ultimo día en la noche.
«Y más porque tengo esos boletos para el acuario y no sé qué hacer con ellos si no estás»
Con esas palabras dichas y la promesa de que se estarían hablando todo el verano, Nakamura se marchó más tranquilo, dejándolo a él con una sensación de satisfacción que no le duro demasiado.
No cuando ya habían pasado tres semanas y no han hablado con Nakamura lo suficiente, lo que los ha llevado a solo tener uno que otro mensaje por LINE.
Eso le resulta más molesto de lo que quiere admitir.
Sin embargo, puede contar con que Nakamura le responderá incluso si se tarde. Eso lo hace mirar con una constancia casi maniaca su celular a lo largo del día.
Hirose:
¿Cómo van las vacaciones con tu tía?
Enviado a las 8:03 a.m.
Okuto 🐙:
Francamente, preferiría estar en casa con la rutina de Niou-sensei. Es más fácil.
Enviado a las 8:04 a.m.
Hirose:
Jaja, ¿son tan malas?
Enviado a las 8:04 a.m.
Okuto 🐙:
No son tan malas, pero es como tener a Kana multiplicada por cinco.
Tal vez si es un poco malo.
Bastante, de hecho.
Enviado a las 8:05 a.m.
Hirose:
Bien, eso no parece muy bueno para ti, así que te deseo suerte.
Por cierto, ¿qué harás hoy?
Enviado a las 8:05 a.m.
Okuto 🐙:
Perdona, vinieron a llamarme para desayunar. Creo que todas quieren salir, mi tía quiere que las acompañe.
Enviado a las 8:55 a.m.
Hirose A.:
No te preocupes, comprendo :)
¿Algún lugar en específico al que irán?
Enviado a las 8:56 a.m.
Okuto 🐙:
Al final terminamos en el centro comercial porque quieren ir más tarde a la playa, hay una cerca de donde vive.
Enviado a las 10:32 a.m.
Hirose A.:
¿Tienes que cuidar a seis chicas en el centro comercial? Al menos tienes a tu tía para que te ayude.
Enviado a las 10:37 a.m.
Okuto 🐙:
Mi tía es una adolescente más, me tienen cargando las bolsas de todas.
[Foto adjunta]
Enviado a las 10:45 a.m.
Hirose A.:
Wow, ¿estas cargando todo eso tú solo?
Enviado a las 10:46 a.m.
Okuto 🐙:
Sí, lo bueno es que la rutina de entrenamiento sí me ha servido de algo así que no esta TAN mal.
Enviado a las 10:50 a.m.
Hirose A.:
Bueno, sí es verdad que en los últimos meses te has puesto más fuerte.
:)
Enviado a las 10:52 a.m.
Okuto 🐙:
Espero que eso que dices sea real porque me acaban de obligar a comprar un traje de baño.
Enviado a las 11:33 a.m.
Hirose A.:
Jaja, cree en mi palabra. Te ves bien.
Enviado a las 11:52 a.m.
Hirose A.:
Cuando puedas, mándame una foto. Tengo curiosidad de qué cosa te hicieron comprar.
Enviado a las 12:10 p.m.
Okuto 🐙:
Ya estamos en la playa. La tía nos hizo una merienda, no está tan mal.
[Foto adjunta]
No es mi mejor foto, pero creo que lo puedes apreciar mejor. Me la tomo Kaoru-chan porque mi hermana no quiso.
Enviado a las 2:47 p.m.
La cosa es que después de haber recibido esa foto de Nakamura no supo que responder más que con un “se ve cool” y es que, sinceramente, ¿qué más diría?
Ha pasado el resto del día viendo de forma casi devota la foto que le había enviado Nakamura en donde tres niñas de diferentes edades lo rodean, él claramente siendo el más grande de ellas.
Este parado recto, casi como un militar pese a que sus manos escondidas dentro de los bolsillos del traje de baño de azul marino con pequeñas palmeras negras lo cubren desde las caderas hasta unos cinco dedos por encima de la rodilla.
Puede ver la piel pálida cubierta de bloqueador dándole un brillo a la misma contrastando el tono de esta con el de la única prenda que viste. Los brazos están al descubierto y la leve protuberancia de un musculo se hace ver, el elástico se aferra a las caderas estrechas y parece poca tela para cubrir las piernas tan largas de Nakamura.
Piernas largas y firmes del mismo tono que su pecho, pero estas están cubiertas por una fina capa de vello oscuro que le hace tragar al verla. Todo acompañado de una sonrisa tímida de su amigo que se ha dejado el rostro descubierto pues para la foto se ha echado el cabello húmedo para atrás.
Tragar se le hace difícil, dejar de observar es directamente imposible.
Ese día descubrió que mirar a Nakamura es de hecho, un deleite.
Uno que egoístamente le quitaron.
Después de su ultimo mensaje Nakamura solo responde con la imagen de un pulpo y la promesa de que le hablara más tarde.
La cosa es que pasan las horas y no hay otro mensaje de Nakamura. Con esto mismo, llega la noche.
—¿Qué pasa, Aiki?
—¿Por qué preguntas?
—Luces molesto.
Al observar a su hermana que lo mira con una sonrisa dulce en sus labios, no puede evitar bufar.
No quiere interrogatorios ahorita. Poco importa si lo ven jugar con la comida.
—Los guisantes no tienen la culpa, Aiki —y bueno, es lo más cerca que tiene de un regaño de ella. Ventajas, supone, de que estén solo los dos esta noche.
Si fuese su madre ya lo habría regañado.
—¿Qué te molesta?
—Nada.
—¿No me quieres contar?
Niega, ella no insiste mucho más y la comida transcurre en silencio por un par de minutos más.
Su hermana come callada viéndose demasiado complacida consigo misma, ¿qué no estaba preocupada?
—Es que estoy algo frustrado.
Eso parece captar de nuevo su atención. Bien.
—¿Algo en específico?
Se la piensa unos segundos antes de hablar, ¿qué diría su hermana sobre esto? No es la mejor para guardar secretos… sin embargo, tampoco es como que lo suyo sea algo raro, ¿verdad?
—Es solo… había planeado mi itinerario con un amigo para las vacaciones, pero todo se fue al caño porque sus padres lo llevaron donde su tía a pasar todo el verano.
—¿Oomori se fue de la ciudad?
—No, él no. ¿Recuerdas a Nakamura?
—¿Tú amiguito de la obra de teatro?
Asiente. —Tenia varios planes, incluso compre unos boletos para que fuéramos al acuario…
Ignora la amargura en su voz, su hermana que parece no tener otra expresión facial, sonríe en respuesta. —Pueden ir después. No pasa nada.
—No es por las entradas.
—¿Entonces?
Bien, ¿cómo admitirlo sin ser raro? Ha pasado vacaciones enteras sin sus otros amigos, en otra ciudad, pero nunca se sintió tan amargado como esta vez.
No obstante, es consciente de que si no dice nada no solamente dejara que la bilis crezca, sino que su hermana comenzara a sospechar cosas raras en esa cabecita extraña suya.
No, definitivamente no.
—Es solo que…
—¿Sí…?
—Nakamura es un buen amigo —el mejor— y por culpa de nuestras rutinas casi no hemos hablado en un mes más que por mensajes de texto.
—Entonces lo extrañas —acota a lo que él asiente—. Supongo que cuando es un amigo tan cercano y pasas tiempo sin verlo puede ser frustrante.
—¿Lo crees?
—Estoy segura, pero ¿por qué no lo llamas?
—Nuestros horarios nunca coinciden y muchas veces su familia lo retiene hasta tarde.
—¿Y crees que sería un problema si lo llamas más tarde de improvisto?
Si… ¿no?
—No sabría decirlo.
—¿Crees que se moleste?
Bueno, esa es fácil. —No.
—Entonces llámale más tarde.
—¿Pero si está ocupado o durmiendo?
—Entonces le llamas mañana. No pasara nada, si es tu amigo también querrá hablar contigo.
Y bueno, en eso tiene razón su hermana porque el mismo Nakamura le ha reconocido con extrañar su casa, su cama, a Icchan y bueno a él o eso quiso dar a entender entre su nerviosismo.
—Creo que lo hare. Gracias, Akari.
Ella viéndose satisfecha con haber logrado mejorar su cambio de humor le insiste para seguir comiendo y que después pueda llamar a su amigo. Finalmente, entre más rápido se desocupe, más rápido podrá hablar con él, ¿no?
Nakamura no le contesta.
Le ha marcado dos veces y en esas dos ocasiones la llamada se fue a su buzón de voz. Solo pudo dejar un pequeño mensaje en donde le pedía que lo llamase cuando tuviera el tiempo.
Se siente patético.
Es tarde en la noche y ha intentado ver una película en su laptop, algo de unos supervillanos que van a salvar el mundo. Se la recomendó Takeuchi hace unos días y que está seguro de que, con otro humor, realmente la hubiese disfrutado, pero en su lugar deja que la película transcurra en la pantalla sin pena ni gloria mientras su mente se carcome en el hecho de que es otro día en el que no ha podido hablar con Nakamura.
«Nakamura».
El solo pensar en su amigo lo hace tener una variedad de sentimientos que no sabe identificar. No pensó que extrañaría tanto a alguien con quien no tiene tanto tiempo de amistad, sin embargo, Nakamura es diferente a todos los demás. Puede soportar un verano sin Oomori, Takeuchi, Mukai, Matsumara —sobre todo sin Matsumara—, pero la falta de contacto con Nakamura se le ha vuelto, en cierta forma, desesperante.
Incluso con los mensajes en LINE es complicado mantenerse en contacto. Esta seguro que sería mucho peor si no lo tuviese.
Al menos puede agradecer eso.
Pensando en Nakamura su mente viaja nuevamente a la foto que este le mando en la tarde, misma foto por la que su hermana le preguntó qué era lo que tanto miraba en el celular y tuvo que desviar el tema porque, sinceramente, ¿qué podría decir?, ¿Qué una foto en traje de baño de su mejor amigo lo dejo impactado?
No, lo miraría raro. Él mismo sabe que es un poco extraño.
Incluso así, no puede evitar sentir lo que siente.
Pensando en ello, toma el teléfono que no ha dejado descansar demasiado pues los dedos le arden de tanto estar tocando la pantalla constantemente en el día. Con ello, entra al chat que tiene con Nakamura viendo que su última conexión fue hace 5 horas.
Bien.
Va hasta varios mensajes más atrás para poder releer todo lo que han estado hablando en estas semanas que han estado separados. Conversaciones tontas en donde se cuentan sobre cómo les va en su día, Nakamura renegando de ser el único varón en una casa llena de niñas que le resultan demandantes.
Fotos van y vienen sobre el día, las comidas y una de él cargando a su prima más pequeña a lo que lee la respuesta que dio a esa foto:
“Te ves lindo con bebés, ¿no has pensado en ser papá?”
Ahora que lo vuelve a leer siente su cara tornarse roja y, ¿no es eso un poco vergonzoso?, ¿por qué siquiera se lo escribió en primer lugar?
Al menos, Nakamura en toda su benigna amabilidad para con él, solamente le respondió con un:
“Jaja, ¿tú crees? Las más pequeñas no se me despegan. Es algo lindo.
Tal vez deberías conocerlas algún día, son agradables.
:)”
De nuevo algo extraño se asienta en su pecho al ver a Nakamura cargando a un niño. Un Nakamura que, ciertamente, se ha vuelto un poco más grande y que aún así logra verse dulce.
Nakamura, Nakamura, Nakamura.
Una imperiosa necesidad de ver más de él, de observarlo mejor dentro de sus posibilidades debido a la distancia lo absorben y rápidamente termina desplazándose hacia sus mensajes más recientes encontrando la foto de esa tarde.
Traga un poco cuando finalmente llega y de repente todo se torna más tenso a lo que fue hace horas.
Nakamura esta rodeado de dos chicas de la edad de su hermana, pero a una distancia suficiente que permite que él sea el centro de la foto. El protagonista que está destinado a ser visto, ¿y cómo no? Si es casi ridícula la forma en que se siente hipnotizado por verlo usando un simple traje de baño.
Recostándose en su cama en una mejor posición, usa sus dedos para hacer zoom en la imagen de Nakamura, bebiendo la forma en que el traje de baño oscuro contrasta con su piel lechosa. Es pálido, pero no de una forma enfermiza, sino que da la ilusión que su piel es de una porcelana que ha sido limpiada permitiéndose brillar contra la luz del radiante sol de la tarde.
La forma en que los colores contrastan y como pese a ser suelto, se aferra a sus caderas estrechas. Sus dedos van subiendo hasta poder explorar más la parte superior, una sonrisa tímida y su cabello oscuro echado para atrás dejan a la vista sus ojos.
«Siempre ha tenido unos ojos intensos»
Piensa, recordando la primera vez que se fijo en eso en la clase de artes cuando Nakamura dibujaba su retrato. En ese tiempo se asustó, ahora, cree que puede beber cada distinta mirada que el chico le da.
Le encanta la intensidad de esta y el contraste con su naturaleza más tímida y calmada de la que vez en cuando se le escapa el caos.
Eso no es lo único atractivo de Nakamura, pues con el tiempo y el entrenamiento poco a poco tanto su rostro como su cuerpo han adquirido más masa muscular y aunque sigue siendo un chico todavía delgado, puede notar los cambios mejor que él mismo chico como en el hecho de que su mandíbula parece ahora un poco más afilada que antes o que sus brazos están más llenos. También la forma en que su rostro se perfila mejor, los rastros de la juventud siguen predominando, pero dejan entrever lo que es la promesa de un adulto atractivo.
Uno bastante atractivo.
Sus ojos se deslizan por la pantalla y traga duro al seguir la línea de su cuello hasta llegar al pecho del contrario en donde todo parece brillar más ante sus ojos. La piel parece crema que resguarda dos pequeños botones que son sus pezones de un marrón más bien claro, algo pequeños con un pequeño lugar posándose con gracia bajo el pezón izquierdo.
Puede ver los resultados del entrenamiento ahí, un cuerpo más resistente, un abdomen un poco más marcado y esta seguro que, aunque no se vuelva un fisicoculturista, definitivamente no tendrá nada que despreciar de si mismo. No con esa cintura y la forma en que guía a un pequeño camino cubierto lleno de vellos oscuros que se pierden en el traje de baño.
«Nakamura es un poco velludo»
Por alguna razón, no le molesta la idea.
Observa con detenimiento la imagen bebiendo cada extensión de la piel de su amigo como si esta fuese algo que hubiese esperado ver toda su vida. Deleitándose en cada trazo, cada pequeño detalle que identifica como sus piernas largas y muslos más llenos, la mata de vello que ocupa parte de su cadera, sus brazos tonificados…
Sus pantalones han comenzado a apretarle.
Se reacomoda lo mejor que puede sobre su cama hasta quedar con la espalda recostada sobre el espaldar. El pantalón corto de su pijama es ancho y se supone que no debería sentirlo apretado, pero no es tonto, sabe qué es lo que está pasando.
No es como que fuese la primera vez y aun así…
Sin soltar su teléfono, baja su mano derecha para reacomodarse la ropa interior, buscando disminuir la incomodidad de alguna forma, pero esto no pasa, pues cuando su mano se desliza por encima de la prenda y hace contacto con esa área tan sensible un calor lo invade desde la parte baja de su estómago, haciéndolo más consciente de su situación.
«Mierda»
No aparta su mano.
La película sigue sonando de fondo, el teléfono con la imagen mostrándose orgullosa continua en su mano izquierda y la imperiosa necesidad de apretar su palma contra su miembro lo invade, así que lo hace.
—Mmn.
Sus ojos nunca se despegan de la pantalla, pero no lo necesita para saber que se ha comenzado a empalmar. A tientas, presiona un poco más, táctico, suave, pero buscando el contacto que su cuerpo le pide.
La película sigue sonando de fondo, puede escuchar algunos gritos en la pantalla que logran cubrir el ambiente de su cuarto. Usa la palma de su mano para dar caricias suaves mientras el calor en su estomago se extiende por su cuerpo, separa un poco las piernas, manteniéndolas dobladas para permitir que sus dedos comiencen a toquetear por encima de la tela.
La sensación es abrumadora, aunque apenas ha comenzado, pero piensa en Nakamura y la forma en como cada fracción del cuerpo del chico potencializa su deseo a un nivel que nunca antes ha experimentado.
Piensa en Nakamura sudado después de haber corrido en clase de gimnasia.
En Nakamura asustando a unos matones para salvarlo con esa apariencia aterradora que ahora le parece tan impresionante.
En la forma en que sus ojos negros adornan un rostro que se vuelve más maduro. La forma en que Nakamura va creciendo, volviéndose más un hombre al que desconoce cuándo comenzó a admirar de esta particular manera.
Piensa en Nakamura recostándolo en sus piernas cuando el cansancio lo ha vencido y puede sentir los muslos más tonificados debajo de su cabeza.
También en lo bien que se sintió la tarde en que este lo cargo en su espalda después de haberse lastimado el tobillo por una caída jugando voleibol, permitiéndole sentir su espalda contra su pecho, la forma en que sus pieles solo eran separadas por unas cuantas capas de tela y todavía así podía sentir cada musculo de él moviéndose mientras hacía gala de su fuerza al llevarlo.
Okuto Nakamura es, en cierta medida, intoxicante.
Y eso le gusta mucho más de lo que alguna vez pensó.
En un momento, su mano ha decidido abandonar los toques superficiales a medida que la estimulación daba más y más resultados. Con ello, sus dedos fueron a parar a la cinturilla de su pantalón.
«¿Debería…? No es como si se fuese a enterar»
«No lo hará»
Esa seguridad le da un poco de la valentía que le hace falta y aunque, todavía inseguro, lleva su mano más adentro, tentativo, como si estuviese midiendo algo de lo que no esta seguro de querer tener una respuesta que ya conoce. Se adentra dentro de su propia ropa, dudoso hasta rozar la mata de vello que lo anima a ir un poco más abajo hasta que el toque de sus dedos contra el miembro un poco más duro lo hace vibrar.
—Mierda… mierda…
Con las yemas, vaga entre la piel sensible que parece endurecerse a su toque. Comenzando con pequeñas caricias que podrían pasar por inocentes hasta que se aventura a ir un poco más allá y cubre la longitud con su palma. No aprieta, toca, pero es suficiente para hacerlo tragar en seco.
—Dios, esto es… agh.
No piensa demasiado en ello, no cuando las pequeñas sensaciones lo comienzan a abrumar desde su lugar. La película sigue sonando al fondo como ruido sordo y toda su casa está a oscuras dándole una privacidad que no había necesitado en su vida hasta este momento.
Observa la hora en su teléfono, son pasadas las once de la noche, por lo que lo más probable es que ahora mismo todos estén durmiendo. Le da una rápida mirada a su puerta, el pestillo ha pasado y al menos eso le da un poco más de seguridad para rascar un poco con sus dedos esa zona que ha comenzado a despertar a la par de su interés con el ambiente tornándose más caluroso.
Aún con el secretismo que le otorga la noche, se da cuenta que mirar su teléfono definitivamente no fue la mejor idea. No cuando la fotografía de Nakamura sigue ahí, cálida, alegre y tentadora de una forma que le invita a pecar.
Ese pecho pálido, pero ya más trabajado. Esos ojos oscuros que lo han dejado sin aliento más veces de las que puede admitir y esas piernas largas y lechosas que se ha encontrado mirando de forma obsesiva en clases de gimnasia cuando deben llevar pantalones cortos, recordando la forma en que se marcan en las extremidades delgadas y tan blancas que crean contrastes con el color de la tela.
Nakamura ha sido protagonista de varios de sus sueños desde hace un tiempo, variando desde las cosas más simples que lo han despertado confundido hasta cosas más intensas que ni su relación con Hana le hicieron sentir alguna vez.
Jamás se soñó besando a Hana hasta que el aire se les escapara de los pulmones ni se preguntó cómo se sentiría tocar la piel de su cintura, bajar por sus caderas. Nunca se despertó empalmado después de que su mente le presentara escenarios en donde ambos estuviesen en una cama, un salón de clases o el armario, completamente solos explorando su cuerpo con el miedo a ser vistos mientras los alientos chocan y las palabras se pierden.
Nunca con Hana, pero siempre con Nakamura y es algo a lo que se ha venido acostumbrando ya.
Sabe que sus sentimientos por Nakamura no son de una simple amistad, seria muy tonto pensarlo de esa manera y menos cuando la sola visión de su amigo vistiendo solo un traje de baño es suficiente para lograr despertar un hambre que nadie jamás le género, no obstante, todavía no sabe qué hacer con el cumulo de sentimientos que este chico le genera.
Son tantas, tan fuertes y demandantes que siempre buscan la forma de salir. Una caricia en la cabeza, un abrazo de improvisto, algún cumplido y en esta ocasión, la satisfacción propia, pues Nakamura es tanto que ha logrado dejarlo sin nada.
Sin cordura, sin dirección, sin autocontrol, pues por más que quiera reprenderse a sí mismo por estarse tocando, mirando la fotografía que este le había enviado no puede sentir que ningún deje de culpa lo invada. No cuando ante cada roce el calor en su estomago sigue creciendo, sus dedos se van torciendo y su propio miembro se va poniendo más duro mientras sus manos lo acarician con cada vez más desespero pese a la incomodidad que le genera el aprisionamiento de la ropa y lo áspero de su mano aún seca.
«Que incómodo»
Con eso en mente y sin abandonar el teléfono en su mano, maniobra lo suficiente para poder desprenderse de las prendas inferiores que lo cubre, quedando únicamente con su playera puesta. La sensación de las sabanas de su cama contra la piel desnuda es extraña, un tanto incomoda y la hipersensibilidad que lo abruma no ayuda demasiado, pero esta ahí, es más cómodo y suficiente.
Con eso, se permite ir más allá.
Recostándose nuevamente con la espalda apoyada contra el cabezal y la laptop en una esquina de su cama en donde está no estorbe, vuelve a cubrir su miembro con su mano. Su teléfono todavía en la izquierda mientras la derecha continúa trabajando, subiendo y bajando sobre el falo que parece crecer con cada toque, la piel caliente y palpitante contra su palma mientras su mente se inunda de imágenes de Nakamura, escenarios que lo llevan a un mundo idílico en el que se permite perderse en situaciones así.
En cómo se sentiría besas sus labios con él sentado en un escritorio de la escuela mientras envuelve el cuerpo más alto entre sus piernas y se permite una sesión de besos que los lleve a explorarse. La sensación de una lengua ajena invadiendo su boca o él llevándolo a ello porque Nakamura es tan tímido que sabe que sería él quien tendría que dar ese primer paso, guiándolo con paciencia para que tomara su cintura entre sus manos, aferrándose al otro mientras junta más sus cuerpos con las piernas, las pelvis chocando contra la otra entre incomodas capas de telas que los cubren hasta que el calor se haga insoportable y-
Su teléfono comienza a sonar.
“Okuto 🐙” se presenta en la pantalla. Grande, intrusivo, como si los cielos le hubiesen avisado que Hirose se encontraba haciendo algo que no debía y por eso está en la obligación de interrumpir.
No obstante, no sabe si contestar. No solo porque no quiere detenerse, no cuando todo se estaba poniendo mejor y estaba cerca de empezar a tocar el cielo, pero es Nakamura el que llama y no han hablado debidamente en varias semanas.
No es como que pueda rechazar esa oportunidad.
—Maldita sea —susurra mientras la solicitud para contestar sigue presentándose en su teléfono, la fotografía con la que había agendado a Nakamura de su visita al acuario presentándose ante él, insistente de que tome una decisión rápido.
«No lo notara» con esa esperanza y una idea en mente, contesta.
—H-hola, Nakamura-kun —no esperaba que su voz sonara tan nerviosa.
Al menos Nakamura decide ignorar eso. —Ah, Hirose, creí que no ibas a contestar.
—¿Cómo podría dejar pasar una llamada tuya?
Tal vez no es el mejor disimulando, no con su voz ronca porque Nakamura vuelve a hablar igual de nervioso que siempre.
—Es algo tarde… imagine que estarías durmiendo. Lo siento, si estas cansado te llamo después.
—¡No! —bien, no fue el mejor en ello porque hasta él se sobresaltó—. No tienes por qué colgar.
—Pero Hirose, ¿estas bien?
—S-sí, solamente algo aburrido. Estaba viendo una película.
—¿Al menos es buena?
—No lo sé —admite—. No le he puesto suficiente atención.
«He estado demasiado ocupado tocándome con tu foto» No lo añade, pero lo piensa porque bueno, si lo omite no es mentira.
—Ya veo… lamento no haberte contestado los mensajes. Ha sido un día largo.
—¿En serio?
Al otro lado de la línea Nakamura hace un sonido de afirmación. Es bajo y algo grave igual que su voz, la misma voz que le ha venido madurando más y más con el paso de los años y Dios, Nakamura simplemente es maravilloso en cada cosa que tiene.
Con esto, una idea viene a su mente. Tal vez no la mejor, pero con la mano todavía en su pene…
—¿Quieres contarme cómo te fue hoy?
El solo hecho de prolongar la conversación y desahogarse sobre su día parece ser suficiente para animarlo, pues con ello comienza un monologo entero de Nakamura en donde este le cuenta con pelos y señales su día desde que se escribieron el primer mensaje, ya que aparentemente ambos tienen la misma costumbre de cada mañana: enviar un mensaje de buenos días al otro.
—Entonces la tía nos llevó al centro comercial y tuvimos que almorzar algo allí porque ninguna decidía qué cosa comprarse.
—S-suena estresante, ¿cómo te fue en la playa?
—¡Mucho mejor de lo que creí! Resulta que había un arrecife y…
Deja que Nakamura siga hablando, le permite explayarse todo lo que quiera sin intervenir, dejándose acariciar con el sonido de su voz.
Tan suave, tan grave… los tintes de la juventud son todavía evidentes, sobre todo cuando se emociona al hablar, pero son la promesa de lo que será un hombre formidable en todos los sentidos.
El otro chico sigue hablando de los corales y de algunas conchas que ha conseguido con la promesa de llevarle unas de regalo. Él solo puede hacer sonidos afirmativos mientras Nakamura continua mientras él se concentra en acariciarse a sí mismo.
Con cada palabra dicha por Nakamura y el teléfono pegado a su oreja sosteniéndose entre la cabeza y el hombro se permite acariciar su miembro con una mano mientras la otra se aferra a su muslo, cada palabra dicha con esa voz sintiéndose como una caricia que recorre sus sentidos desde los pies hasta la punta del pene.
Las manos suben y bajan constantemente, ya se encuentra completamente duro, pero todavía no está listo para venirse. Necesita seguir escuchando más a Nakamura, sentirlo pegado a su oreja con esa voz cálida que le nubla el juicio mientras esparce un poco de liquido preseminal desde la punta hasta el falo.
La velocidad va aumentando y puede sentir cómo su respiración cambia a su vez que cada toque se va volviendo más descoordinado, salvaje con la fiebre apoderándose de todo su cuerpo.
Tan metido se encuentra en su propio mundo que no se percato de que de un momento a otro Nakamura paro de hablar, un sonido denso manteniéndose en la línea.
—¿H-Hirose? —la forma en que pronuncia su nombre es pequeña, algo insegura, pero cargada de un nerviosismo que hace mucho no le escuchaba.
«Carajo, mierda»
—Nakamura…
Nakamura no responde a su nombre. De hecho, no dice nada, parece demasiado absorto por algo.
—¿E-estas bien?
No dice nada, ¿qué diría? Ahora mismo no se encuentra en su mejor momento, no con la punta roja goteando atrapada entre su mano mientras sostiene el teléfono contra su cuello, no con Nakamura respirando pesado al otro lado de la línea mientras el silencio se asienta entre ellos.
No cuando se estaba masturbando con el sonido de la voz de Nakamura mientras este le comentaba sobre su día.
Al ver la falta de respuesta de su amigo, el contrario se aventura con cuidado. —Creo…. Creo que te escuche… extraño.
Su voz baja un poco más al hablar, cuidadosa, como si estuviese probando algo.
A él en realidad.
Con ello, da un nuevo apretón a su miembro. Uno suave mientras se desliza hacia abajo tocando la zona de los testículos.
—¿Mn? ¿T-te parece? —no se escuchó tan calmado como esperaba.
Escucha la forma en que la respiración de Nakamura se atraganta por un momento al otro lado de la línea, la manera en que carraspea para poder recomponerse de algo que este está sospechando.
«Lo sabe o al menos lo sospecha»
—C-como te decía Hirose, esta noche me dejaron en paz —y oh, ¿lo esta probando?
Traga, tratando de aclarar su voz antes de hablar, pero sin dejar de tocarse en ningún momento. —¿En serio?
—Ujum —escucha el sonido de unas telas al otro lado de la línea, hay cierto movimiento antes de que el otro chico vuelva a hablar—. La tía decidió que tuviera la noche para mí.
—Y-ya veo.
—Estoy solo en mi cuarto —añade—. Las niñas harán una pijamada.
Sabe lo que eso quiere decir: No me molestaran.
Es la primera vez en semanas en que Nakamura tiene completa privacidad.
Por un momento, sus movimientos se detienen permitiéndose absorber por la tensión en el cuarto. Nakamura sigue al otro lado de la línea, pero similar a él, su respiración a tomando un tono algo irregular, más entrecortado, uno que conoce muy bien.
—¿E-estas seguro?
—Sí —susurra, casi desesperado—. Nadie vendrá, ya es muy tarde.
Con la entrada abierta que le ha dado Nakamura y sin saber muy bien qué es lo que esta haciendo, decide arriesgarse un poco. —Entonces es bueno que me hayas llamado.
—¿Te parece?
—Estoy seguro. Es solo que —piensa, piensa—… hoy no tengo demasiado sueño.
—¿No estas cansado?
—No, ¿y tú?
—Para nada.
«Mentiroso»
Lo pilla, pero le deja continuar. —Eso es bueno.
—Sí.
—Sí.
Por un segundo la línea se queda en silencio, el único sonido que los llena es la película que se ha vuelto eterna mientras se reproduce en su computadora. Ninguno dice palabra mientras él continúa agarrando su miembro, su mano deslizándose suavemente, tanteando que tan lejos puede llegar en esta situación.
Los movimientos son suaves, cuidadosos incluso con los leves sonidos que escapan de su boca y la humedad en el movimiento delatándolo.
Nakamura no dice nada, pero puede detectar movimiento al otro lado de la línea y un leve quejido que escapa de los labios de su amigo.
«Bien, bien. Puedo con esto»
Con eso, vuelve a hablar intentando demostrar una seguridad que no posee. —¿N-Nakamura?
—¿Mn?
—La foto que enviaste esta tarde.
—¿Qué pasa con la foto?
Da un leve apretón en la base antes de volver a subir a la punta, un jadeo escapándose de sus labios antes de continuar: —Me gusto.
Suelta, no lo piensa demasiado, no con sus dedos jugando con la punta. Es tortuoso y algo obsceno, torpe en realidad y aun así nunca había estado tan excitado como en este momento.
—T-te veías muy bien.
Nakamura traga al otro lado de la línea, demora un rato en hablar como si estuviese buscando sus propias palabras. —¿Te parece?
Con el líquido que ha tomado de la punta vuelve a bajar, ahora un poco más rápido, más descarado, aunque eso signifique que Nakamura empiece a escuchar lo que ocurre al otro lado de su línea.
De hecho, espera que lo escuche.
—Ajá —admite—. El entrenamiento y todo eso… te ves bien.
Nakamura jadea al otro lado de la línea. Escucha el sonido de sabanas como si el mayor se estuviese removiendo, lo que dura unos segundos que se sienten eternos hasta que vuelve a hablar después de haberse aclarado la voz.
—Tú también, Hirose.
—¿Yo?
—Sí —susurra—. Siempre te ves bien, con esa piel bronceada y- y ese cuerpo atlético. El ejercicio te sienta bien.
¿Su piel?, ¿su cuerpo? Bien, parece que Nakamura le ha dado entrada.
No sabe a quien agradecerle, pero sin duda buscara la forma en dar gracias por permitirle tocar ese terreno con Nakamura.
—Podría decir lo mismo, Okuto —la forma en que el nombre sabe en su lengua es dulce, pecaminosa. El otro chico gime al oírlo—. Tus brazos están un poco más grandes, tu abdomen… no sabía que tenias un lunar debajo de tu pezón izquierdo.
—N-no suelo quedarme mucho sin playera.
—Es lindo —añade rápidamente, da un tirón rápido antes de continuar con el movimiento rítmico—. No podía apartar la vista de él.
Algo parece ocurrir con Nakamura al otro lado de la línea pues escucha como se le escapa un “Ah” involuntario para intentar tomar aire después de este.
No dice nada permitiendo que Nakamura tome la decisión de continuar con este juego. Sabe que se ha arriesgado, ha lanzado una carta sobre la mesa y depende de Nakamura si tomarla o no.
Escucha el sonido de su respiración que cada vez se torna más desigual, una pequeña maldición escapa de la boca del otro chico —lo que es sinceramente, algo caliente para alguien tan aparentemente correcto como Nakamura— y el sonido de su tartamudeo ocupando la línea hasta que ha podido pronunciar palabra.
—A- a mí también me gusta.
—¿Qu-
—Tu cintura —interrumpe—. No es como que sea femenina, pero es pequeña y…
«Vamos, dilo, dilo»
—Y…
«Por favor»
—Me he preguntado cómo sería tomarla.
—Pero ya lo has hecho.
Y es verdad, de todo el tiempo que llevan de amigos Nakamura ha tomado tanta confianza que los toques se volvieron usuales. Especialmente en su cintura que parece aferrarse a ella en cada oportunidad.
—De otra forma, Hirose.
Oh.
Ohhh.
Siente como el calor sube de su pecho hasta su cuello y abarca todo su rostro. Piensa en las manos de Nakamura, tan bellas, fuertes y firmes tomándolo de la cintura con fuerza, pero esta vez no hay ropa de por medio, de hecho, no hay nada más que piel lisa y sudorosa, movimientos torpes y los dedos del chico más alto marcándose en su piel.
La vista es tan buena que no puede evitar ir un poco más rápido, sus manos subiendo y bajando con desesperación con el sonido del chasquido húmedo siendo escuchado con atención por su compañero en llamada mientras de su boca se escapa un pequeño quejido.
—Ahh, Nakamura —no esperaba sonar tan necesitado.
—M-me gustan tus piernas largas y tu piel pálida.
Nakamura no habla, le deja continuar mientras escucha el mismo chapoteo al otro lado de la línea. —Son tan largas y tu piel, Dioses.
—¿Qué ocurre?
Da un pequeño tirón antes de bajar sus dedos hacia sus testículos, dándose una suave caricia en la parte posterior. Sus piernas tiemblan y puede sentir como sus rodillas se contraen ante la estimulación como respuesta.
—Agh, ¿c-crees que si te hiciera un chupón en el cuello la marca te duraría mucho?
Jadea, sorprendido. —H-Hirose.
—Aiki.
—Aiki —corrige—. Yo…
—¿Qué piensas?
—Que podrías… tal vez, intentarlo.
La sola visión de él encima de Nakamura, repartiendo pequeños besos en el cuello del mayor para después tomar la sensible piel entre sus labios, chupándola con fuerza hasta que quedara marca, que un collar de marcas quedaran por esa piel lechosa que ha deseado probar desde hace más tiempo del que es consciente…
Un dedo explora un poco más abajo y roza su perineo, la sensación es suficiente para hacerlo arquearse. —Agh, Okuto.
Necesita continuar, necesita que Nakamura le diga más. Necesita decirle más y acabar con esto rápido porque sabe que no va a durar y esta seguro que Nakamura tampoco.
—Aiki —jadea el chico al otro lado de la línea. Su voz es suave y le hace sentir como si una pluma le acariciase la oreja mientras sus dedos exploran entre sus bolas y el espacio sensible que mantiene como puente entre ellas.
—¿T-te estas tocando?
La pregunta en cualquier otra situación le resultaría ridícula porque Nakamura sabe casi desde el inicio de la llamada que se ha estado tocando, probablemente sospechando que pensando en él. No obstante, no esta en su momento de mayor raciocinio, por lo que solo se permite ser honesto.
—Sí, ¿tú?
—También —admite—. La forma en que suena tu voz es suficiente para…
—¿Tocarte?
—Ni en mis mejores sueños espere que sonaras así —y algo ha ocurrido con Nakamura.
Puede que sea lo embriagante del momento o la honestidad falta de vergüenza que ambos sienten en este mismo momento al masturbarse con la voz de su mejor amigo, pero no cree haber escuchado a Nakamura tan firme como en este momento.
—Tú suenas justo como esperaba.
—¿Cómo?
—Caliente.
—Agh, Aiki.
Por un momento ninguno dice nada, dejándose llevar por el chasquido y la humedad que delatan que ambos están en la misma situación. Los jadeos de Nakamura son más largos, aunque más discretos comparados a los suyos que son más erráticos.
Sin embargo, el silencio no puede ser eterno y siente la necesidad de acabar con la voz de Nakamura en su oído.
—Okuto, ¿sabes que te he echado mucho de menos?
—¿Lo has hecho?
—Ajá, hoy más que nunca.
—Ya veo…
—Me gustaría que estuvieras aquí… en mi cuarto. Hubiéramos visto una película.
Y bien, en esta situación ver la película es simplemente una mentira, pero es el mejor hilo que tiene en este momento.
—Ver una película —suelta el otro a lo que él hace un sonido afirmativo. Su cuerpo recostándose más sobre la cama mientras su mano vuelve a subir y bajar por el falo mientras que con la otra sostiene el teléfono.
—Te hubieras quedado a dormir en mi cama, conmigo.
—Podríamos estar juntos… ahora.
—Sí —sisea—. Aunque la película no es tan buena, podríamos entretenernos.
—¿Cómo?
—Conmigo encima de ti —suelta y Dios, siente que ha abierto una llave—. Podría estar sentando encima tuyo… bajando por tu pecho hasta esa el pantalón de esa pijama fea que tienes.
—Aiki…
—Y tal vez, ¿sin el pantalón? Es una pijama muy fea, Okuto.
Escucha una risa al otro lado, suave y ronca como si le hubiese provocado con la tontería que acaba de decir. —Entonces, sin pijama.
—Sin pijama… y tal vez, no sé, me he preguntado c-cómo se sentiría tocar el vello oscuro que baja por tu pelvis, Okuto.
—Ahh, Aiki —la respiración de Nakamura es más densa, pesada y el chico se revuelca desde su lugar—. Hazlo, tócalo. Baja todo lo que quieras.
—¿Podría?
—Harías lo que quieras.
—¿Y tú?
—¿Y-yo?
—¿Qué harías?
Nakamura no dice nada por un momento, su respiración es pesada mientras Hirose sigue masturbándose de forma rítmica y aunque todo esta bien, más que bien de hecho, necesita la voz de Nakamura diciéndole todo lo que le haría para poder dar fin a esa tortura que se han autoimpuesto.
—Yo… yo…
—Me dejaría hacer lo que quieras, Nakamura Okuto.
Escucha la forma en que un gemido más fuerte, espeso, escapa de los labios del otro chico. Los sonidos rítmicos que se identifican al otro lado y sabe que ambos están en el mismo estado: intoxicados por un deseo que ninguno sabe mantener.
Nakamura no dice nada por un momento, como si buscase armarse de algún tipo de valentía para poder hablar pese a que ambos saben que están sosteniendo su pene pensando en el otro. Es por eso por lo que, como una forma de animarlo, sigue masturbándose, un poco más lento de lo que le gustaría, pero asegurándose de que cada jadeo, cada gemido pueda ser oído con claridad por el otro chico.
Sube y baja con cuidado, el líquido permitiéndole un movimiento más fácil a través del palo, observa su propio miembro encontrando la punta roja la cual sigue goteando y le pide que, por favor, le libere.
Esta tan concentrado en la vista y en las sensaciones que no puede evitar sobresaltarse cunado escucha la voz de Nakamura.
—M-me gustaría que estuvieses acostado sobre la cama, sin tu pijama.
—¿Con ropa interior?
—Sin nada —aclara—. Tienes un cuerpo… agh, me encanta tu cuerpo, Aiki.
—¿Qué harías entonces?
Oye un bufido, la forma en que se aclara la garganta para seguir. —Me imagino tenerte como estas ahora… recostado, lindo y viendo tu rostro mientras reemplazo tu mano con la mía.
—N-Nakamura.
—Okuto —es su turno de corregir.
—Okuto… sigue, por favor.
—Te tomaría entre mis manos, cambiando el ritmo. A veces un poco más rápido y otras veces más lento… tienes una cara muy expresiva, supongo que lo haría para poder ver la forma en que se abre tu boca para tomar aire y tu rostro sonrojado, tu cuello y piel sudada…
Cierra los ojos dejándose llevar por la narración de Nakamura. La forma en que su voz es baja, suave y gruesa, como si le estuviese confesando el pecado más grande del mundo entre las paredes de esta habitación acalorada cuando solamente le dice la forma en que lo tomaría, a quien se supone que es su mejor amigo.
Piensa en las manos de Nakamura masturbándolo, la forma en que sus dedos se cerrarían en su falo subiendo y bajando hasta llegar al glande. Nakamura puede ser malo, así que es probable que jugase con él, tal vez cubriendo con la yema la punta de su miembro para después tomar el líquido que se le escapa y seguir con su trabajo.
Acariciando con movimientos maliciosos mientras él se aferra a los hombros del más alto mientras movimientos erráticos sacuden su propio cuerpo, buscando más, más de ese placer, más de Nakamura y su piel caliente, lechosa que podía contrastar con la suya.
Nakamura.
Siempre de Nakamura.
—S-sigue.
—Tomar tus pezones con mi boca… cielos, Aiki. Es algo que he querido desde hace tanto tiempo, el poder averiguar cómo sabes… tu piel sudada contra mi boca y esos pezones tan lindos, pequeños y rosados. Parecen un dulce.
—O-Okuto.
Aun con la interrupción, continua. —Nunca los sacaría de mi boca, no si me lo permitieras. Tomaría todo lo que pudiera de ellos mientras mi mano sigue trabajando en tu miembro, y… ¿Aiki?
—¿S-sí?
No esperaba que su voz saliese de esa forma, tan chillona y suplicante, pero puede sentir cómo la fiebre se ha apoderado de todo lo que es él. El cosquilleo en su vientre siento reemplazado por la bruma de placeres que lo ahogan mientras sus talones lo levantan mientras se acaricia con más y más fuerza, embriagado completamente por la voz de Nakamura que no para de hablarle.
Desea que nunca pare.
—¿Alguna vez has puesto un dedo ahí?
Le toma un momento a lo que se refiere Nakamura.
«Un dedo… maldito cretino»
Sin embargo…
—No —responde—, ¿por qué?
—¿Me dejarías?
Le hubiera gustado que la pregunta lo descolocara más. Claro que no es completamente inocente y sabe a lo que su amigo se refiere. Ha estado investigando sobre ciertas cosas que le han llevado desde hace un tiempo, pero decir que lo ha intentado seria mentir.
Jamás paso por su cabeza algo como eso, pero si se trata de Nakamura la respuesta es obvia.
—Sí —confiesa—, ¿pero cómo?
—S-solo uno, te prepararía bien con lubricante e iría dentro… estaría sobre ti, jamás te soltaría.
—Nakamura —ruega y el otro sigue.
—Seguiría masturbándote Hirose, tan rápido y constante que no sabrías si concentrarte en eso o en la forma en que mi dedo esta dentro tuyo, yendo más al fondo, buscando explorar todo de ti, con tus piernas apartadas y totalmente abierto mientras te deshaces.
Nunca creyó escuchar a Nakamura hablar tanto a menos que se tratara de pulpos o algo que lo haya hecho enojar. Pero descubre que no quiere que pare, la voz de Nakamura, sus relatos, es lo más maravilloso que ha podido conocer alguna vez en su vida.
Pensar en Nakamura tomándolo de todas las formas posibles, sus manos completamente dispuestas a su disposición con el otro chico entregándose a darle placer… es todo lo que necesita, todo lo que quiere y con ello deja que su mano viaje más rápido de arriba abajo, desesperado, la punta roja y siente como está a punto de venirse.
—Okuto —ruega. Nakamura entiende el mensaje,
—Te besaría en cada oportunidad. Te comería si me dejaras y te verías tan bien Hirose, con las piernas abiertas y el pecho subiendo y bajando mientras te sostengo en mis manos mientras mis dedos se pierden dentro tuyo, ese calor abrazador que los succiona.
—Nakamura, Okuto, N-Nakamura… ahh.
Jadea, siente la forma en que su cuerpo tiembla y siente que no puede más. Ni siquiera ha podido sostener el teléfono contra su oreja en un buen rato pues este solo está a su lado de la almohada dejándose llevar por la voz grave del otro chico mientras que con una se masturba y la otra se aferra a sus sabanas,
—Y-yo quiero...
—¿Sí?
—Lo que quieres, yo lo q-quiero.
Y es verdad. No puede dejar de pensar en el chico más alto sobre él, masturbándolo, en sus dedos largos perdiéndose dentro de él mientras lo mira con esos ojos oscuros llenos de hambre, la piel impoluta que quiere llenar de moretones para que todos sepan que Nakamura es suyo, su chico, su perdición, su Nakamura.
Traga con dificultad, la forma en que se pierde en la bruma del deseo es algo que jamás creyó experimentar. Jadea pidiendo aire y todo en su mente es Okuto, Okuto, Okuto.
Al otro lado de la línea puede escuchar que Nakamura no está mucho mejor. Los gemidos del chico son ahora más graves, sus jadeos más seguidos y la respiración del otro es errática.
Quiere estar ahí, desea estar ahí para tomar cada aliento desperdiciado entre su boca y perderse en un beso que los deje más tontos que la situación misma.
Desea, no, necesita tocar a Nakamura, sea de la forma que sea.
—Aiki —la voz de Nakamura es ronca, profunda y siente que se hunde más con ella.
—Okuto.
—Puedes venirte.
Ni siquiera sabia que estaban en ese tipo de juego, pero cuando Nakamura le dice esas palabras es todo lo que necesita para dar un último tirón, uno más fuerte que los anteriores logrando que su espalda se arquee mientras sus pies se clavan en el colchón. Parte de su cuerpo suspendiéndose por los segundos que se deja llevar por la avalancha de placer que le ha proporcionado el otro chico.
La forma en que tiras de semen choca contra su vientre con una fuerza que lo ha alcanzado hasta su pecho, la manera en que sus piernas tiemblan ante el esfuerzo y la sensación brumosa lo invade desde su vientre hasta dejarlo vacío, satisfecho.
Todo es demasiado, es intoxicante, abrumador e incluso así, solo puede llamar el nombre de Nakamura entre gemidos en su clímax.
Nakamura por su parte no se encuentra mucho mejor que él: —Hirose, Hirose… Aiki, ¡ahh! Aaaah.
Los dos se vienen al tiempo con el nombre del otro en la boca, con gemidos de placer puro y con ambos buscando aire.
Fue más intenso de lo que jamás creyó.
Puede escuchar a Nakamura jadear al otro lado como si buscase encontrar la paz en si mismo, no obstante, no puede decir o pensar demasiado cuando él se encuentra en la misma situación. El mundo se ha vuelto blanco y lo único que le hace saber que no ha ascendido a un nuevo plano es el sonido de la película que nunca estuvo destinada a verse.
Esto que ha ocurrido con Nakamura es sinceramente, lo mejor que le ha pasado alguna vez.
Espera que se repita.
Con su respiración tratando de regularizarse mientras su pecho continúa subiendo y bajando con la mancha de su pecado encima, ambos continúan en silencio un momento más. Nakamura igual, demasiado concentrado en encontrar las palabras correctas que decir en un momento como este.
De repente, escucha una explosión en la película y unos diálogos seguidos de ella. Sus ojos vagan por la habitación tenuemente iluminada que lo llevan ver su escritorio, específicamente, un par de boletas que se han mantenido en ese mismo lugar desde hace un mes.
Bien, eso es suficiente.
—Okuto —lo llama y bien, después de algo como esto cree que están en una confianza lo suficientemente buena para llamarse por su nombre.
Inseguro, el otro responde. —¿Sí?
—¿Te gustaría ir a una cita conmigo al acuario cuando vuelvas?
La pregunta queda suspendida en el aire, llenando el ambiente de una intimidad que no siente ni hace unos segundos. Puede sentir sus manos picar ante el silencio del otro chico y esta a punto de agregar algo más, cuando Nakamura responde.
—Me encantaría, Aiki.
Y es todo lo que necesita para saber que, de ahora en adelante, las cosas irán más que bien.
En realidad, mucho mejor que solo bien.
